Traducción autorizada por dracosoftie

Disclaimer: Harry Potter es propiedad de J. K. Rowling, Bloomsbury Publishing, Scholastic Inc. y AOL/Time Warner Inc. La historia pertenece a dracosoftie, traduzco por mero entretenimiento.

Resumen: A través de una serie de correos electrónicos de un sitio de citas online, Harry cree que ha encontrado a la pareja perfecta. ¿El vínculo que han formado podrá sobrevivir después de que sus identidades sean reveladas?


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ATENCIÓN LECTORES: por favor, leed las notas finales que hay en el capítulo. Gracias.


Capítulo 19

—Harry, ¿estás seguro de saber lo que estás haciendo?—rompía Hermione con nerviosismo su servilleta, llenando la mesa de trozos de papel.

—No estoy seguro de cómo se ha enterado de ello, pero se trata de una ley perfectamente legítima—respondió Neville por Harry, ya que en ese momento el moreno estaba masticando.

Se volvió hacia Neville y éste encogió los hombros. No tendría que haber abierto la boca. Sabía cómo era Hermione cuando no entendía algo: despiadada.

—¿Es una ley?

Neville suspiró, echando una mirada anhelante a su plato de huevos que estaban enfriándose antes de contestar.

—Es una ley. El Delibero Pergeo ha estado en los libros desde 1322, cuando Durwand Ravenclaw estaba cortejando a Luella Maitland. Su familia, descendientes de Rowena, estaban en contra, porque según ellos Luella, su origen mágico era inferior.

Hermione estaba extasiada, su atención estaba completamente alejada de la servilleta rota que posaba en su regazo. Neville tomó un sorbo de café, últimamente estaba cansado del té, y continuó.

—El Consejo de Magos, sabes que ellos precedieron al Ministerio, ¿no?—Hermione asintió con la cabeza y Neville continuó—. Bueno, el Consejo de Magos intervino en nombre de los intereses de la familia Ravenclaw. La chica fue encarcelada para que no pudiese seguir con el cortejo y se hicieron arreglos para que Durward tuviese un matrimonio más adecuado.

Incluso Harry estaba escuchando atentamente. Conocía la ley, por supuesto, pero nunca había escuchado los detalles de cómo llegó a existir. Ron, quien al igual que Neville había crecido con la historia, la escuchó con desinterés mientras observaba el restaurante en busca de problemas. Habían ido a una cafetería muggle con el único propósito de evadir a la prensa mágica, queriendo asegurarse de que su conversación era privada.

—Durward se tomó el encarcelamiento de Luella como un insulto moral y apeló al consejo con cada pedazo de sabiduría Ravenclaw y toda la lógica que pudo reunir. Tardó cinco años, pero finalmente se ganó el derecho de cortejarla. El Delibero Pergeo fue la ley que propuso. Es un juramento mágico formal para seguir un noviazgo. Literalmente significa perseguir a alguien con determinación y decisión, o algo parecido.

Hermione frunció el ceño, tratando de procesar las palabras de Neville. Debía de haber algo más para justificar la sonrisa del Gato de Cheshire que Harry que tenía en el rostro.

—Lo que Neville no está diciendo, posiblemente porque no lo sabe, es que es ilegal interferir de forma alguna en el cortejo que se ha formado bajo el conjuro—dijo Harry, guiñándole un ojo a su amigo.

—¿Es ilegal interferir?—Hermione todavía no estaba segura de qué porte tenía el acecho de Harry a Draco.

—Harry supuso correctamente al pensar que parte de la vacilación de Draco estaba en la prensa, que probablemente iba a estar en el ojo del huracán si salía con el Elegido—dijo Neville, sacándole la lengua al moreno cuando éste arqueó una ceja—. Sí, conozco las implicaciones de la ley, Harry. Aún no he llegado ahí.

Harry abrió los brazos en una simulada invitación, haciendo un gesto a Neville para que continuase.

—Al invocarlo, sólo puede ser realizado por una persona que sea miembro de una de las familias de magos que existían por aquél entonces —Hermione, familia con F mayúscula—, que hace que sea ilegal hacer cualquier cosa que sea perjudicial para el cortejo de Draco.

Una lenta sonrisa se dibujó en el rostro de Hermione ante al comprender lo mencionado. Ron, que había estado mirando a otro lado estudiando a los clientes del restaurante, se giró hacia ellos, con una enorme sonrisa en su cara también. Todos los descendientes de las arcaicas familias eran bien educados en reglas que sólo se aplicaban a ellos. Nadie había hecho un cortejo tan público como en el que Harry y Malfoy estaban a punto de entrar, sin embargo, nadie había usado la ley en más de un siglo.

—Así que El Profeta…

—No puede imprimir una maldita cosa sobre mí de mis citas con Draco. He mandado esta mañana una lechuza tanto al editor y redactor de todos los periódicos del mundo mágico europeo—dijo Harry, sintiéndose satisfecho consigo mismo. Sus abogados estaban preparando cartas similares para Estados Unidos, así que la comunidad mágica americana también le encantaba seguir su vida amorosa.

—Brillante, hermano—dijo Ron, dándole una palmada en la espalda.

—Sí que lo ha sido—estuvo de acuerdo Neville, mirando a su alrededor antes de lanzar un hechizo de calentamiento sobre su olvidado desayuno. Metió la mano en sus huevos, su estómago rugiendo mientras comía—. Aún así—dijo entre bocado y bocado—, vas a tenerlo difícil con Draco. Espero que estés preparado.

Harry simplemente continuó sonriendo, el calculador brillo en sus ojos hizo que todos se sintiesen un poco incómodos.

—Sí, lo estoy.


—No quiero—hizo un mohín con voz petulante.

Blaise redujo el paso, no muy entusiasmado sobre estar en medio de otra pelea Malfoy.

—No me importa. No tienes opción en este asunto. Ahora, vete.

—Yo no quiero hacerlo.

Blaise oyó un profundo suspiro y un silencio ominoso. Contra su buen juicio, fue hacia delante, caminando a través de la puerta abierta en el estudio de Draco, sin ni siquiera llamar.

—¿Se está poniendo difícil otra vez?—arrastró las palabras, cruzando los brazos y haciendo todo lo posible por parecer severo.

—Como siempre—gruñó Draco, lanzándole una mirada significativa, que estaba mirándolo fijamente desde el otro lado de la habitación.

—No quiero irme a la cama. Tío Blaise, papá dile a papá que no tengo que irme a la cama—se quejó el chico, con sus ojos brillantes puestos en Blaise.

Su corazón se hablando ante la vista, pero se mantuvo firme. El muchacho tenía todos comiendo de su mano, pero Blaise sabía que no podía contradecir una orden directa de Draco.

—No, Cal, tienes que hacer caso a tu padre. Es hora de que los pequeños magos se vayan a la cama—dijo, moviendo la cabeza con severidad.

—¡No es justo!—gritó Cal, dando un fuerte pisotón.

Draco se rió sin humor y Blaise se mordió la lengua para abstenerse que la terquedad de Cal era sin duda un rasgo hereditario.

—La vida no es justa, Caleum. Ahora vete a la cama antes de que llame a tu grand-mère.

Los labios del pequeño temblaron ante la amenaza y Draco pudo ver lágrimas en los ojos de su hijo. No tenía ni idea de por qué la hora de irse a dormir se había convertido en una constante pelea, pero lo estaba empezando a volverse loco. Había pasado media hora tratando de convencer a Cal que se fuese a la cama y estaba perdiendo la cabeza.

Mamie no me obligaría—dijo Cal, sus lágrimas saliendo finalmente—. Ella dijo que tengo que cuidar de ti, porque eres demasiado estúpido como para dejar que otra persona lo haga.

Draco sintió como un puño de hierro estrujaba su corazón. Su hijo se había negado a irse de su lado durante días, y supuso que era porque pensaba que iba a estar con él a tiempo completo. Ni siquiera había considerado que Cal estaba cuidando de él.

Mon chou, ¿qué quieres decir? ¿Cuidar de mí? La labor de un padre es cuidar de su hijo, no al revés—dijo Draco, luchando por mantener su voz calmada.

Mamie dice que estás desperdiciando la oportunidad de tener a alguien que quieres—dijo Cal, cabizbajo—. Pero no es cierto. Yo te quiero. Eres el papá más inteligente que hay.

Blaise vio a Draco tensarse, sabiendo que el hombre no quería que Cal viese las emociones, que probablemente, se estaban mostrando en su cara. Fue hacia delante, alzando a Cal antes de que el niño pudiese protestar.

Blaise besó los rastros de lágrimas en el rostro de Cal, haciendo tontos ruidos al besarle. Animado por la risa reticente de chico, lo cambió de posición; sosteniéndolo boca abajo para poder hacerle cosquillas en la barriga con su mano libre.

—Tu padre tiene mucha gente que lo quiere—dijo Blaise, haciendo una pausa en las cosquillas que estaba haciéndole a Cal, por lo que estaba seguro de que podía escucharlo—. Y sin duda es uno de los magos más inteligentes que conozco y conozco muchos magos.

Reanudó su ataque contra la barriga del chiquillo, sin detenerse hasta que él comenzó a moverse y casi se le cae. Riendo para sí mismo, Blaise bajó al suelo al chico fatigado y lo puso gentilmente sobre el caro Aubusson.

—¿Tu grand-mère realmente ha llamado a tu padre estúpido?—preguntó Blaise con curiosidad por saber cómo había sido la conversación. No podía imaginar a Narcisa diciendo algo como eso, pero ella últimamente estaba furiosa con Draco.

—No—admitió Cal, sin dejar de sonreír—. Ella lo llamó salopard, pero yo no conozco esa palabra. Ella dijo que significaba que estaba siendo un tonto e idiota.

Blaise ahogó una risa, incluso los adustos labios de Draco se curvaron. Narcisa debía de estar de un humor inusual para llamarlo de esa manera delante de su nieto.

Blaise cogió al chico, llevándolo a su dormitorio, ayudándolo a prepararse para dormir. Pensó que Draco necesitaba un descanso o al menos la oportunidad de calmarse. No lo había visto tan afligido en años. Incluso el lío con Potter no le había disgustado tanto como las inocentes palabras de su hijo.

Draco seguía perdido en sus pensamientos cuando Blaise volvió, el mago tuvo la oportunidad de estudiar a su amigo. Estaba un poco más delgado que meses atrás, y las claras ojeras bajo sus ojos le informaron de que tampoco dormía bien.

—He hablado con él—dijo Blaise en silencio desde la puerta, sin saber si su amigo querría compañía esta noche—. Él está bien. Preocupado de que no seas feliz, pero bien.

La voz de Draco fue ronca cuando respondió, con tono amargo.

—No tiene que preocuparse por mí. Incluso tratando de hacer lo correcto, me las arreglo para cagarla.

Blaise vaciló y luego entró en la habitación. Draco necesitaba que alguien le dijese la cruda verdad y al parecer tendría que ser él.

—Harry te quiere.

—Así que ahora es Harry, ¿verdad?—se burló Draco, sus ojos estaban tristes cuando se encontró con la mirada de Blaise.

—Hemos tenido buenas conversaciones. Es el adecuado para ti, Draco, simplemente lo sé. Te quiere y tú te has enamorado de él también—dijo Blaise en voz baja.

Draco negó con la cabeza, cada vez más resignado. Era diferente a la ira que Blaise había esperado.

—¿Crees que no lo sé?—le preguntó, apoyando una mano sobre la chimenea mientras hablaba—. Creo que he estado medio enamorado de él todo estos años; y no me había dado cuenta.

Blaise esperó, sabiendo que iba a continuar. Estaba haciendo un gran esfuerzo para no gritarle al rubio, pero se contuvo.

—Es Harry Potter, por el amor de Dios. Cada medio de comunicación estará detrás de la historia. No puedo verlo Blaise, no me importa lo mucho que le quiero. No puedo exponer así a Cal.

Blaise miró a Draco como éste miraba las llamas, malhumorado, las cuales eran normales, lo que significaba que había cerrado la red flu. Al parecer, Draco sabía que esa noche hablarían y había tomado precauciones al respeto, pensó con ironía.

—No puedo exponer así a Cal—repitió Draco, pero las palabras sonaban menos seguras de que antes. Sabía que era cuestión de tiempo antes de hacer caso a su deseo y reunirse con Harry, y se odiaba por su debilidad.

—Pero él ha invocado…

Draco rió amargamente, apartándose de la chimenea para poder pasearse por la gran estancia. Pasó por un montón de lápices de colores y juguetes sin darse cuenta, con la mirada perdida mientras andaba.

—¿De verdad crees que el Delibero Pergeo va a detener a El Profeta? ¿O a cualquiera de los periódicos? Es una ley obsoleta que la mayoría de ellos probablemente no han ni odio hablar.

Blaise sonrió, sintiéndose más ligero de lo que se había sentido en semanas. Si esa era la última objeción de Draco, entonces las cosas estaban a punto de ponerse mejor para él y para todos lo que estaban sometidos a su estado de ánimo.

—¿No te ha enterado? Harry ha manado una carta a todos los periódicos europeos esta mañana explicando lo que significa ley. Incluso tiene a sus abogados enviando copias de la ley original y ha establecido una línea telefónica para que los periodistas llamen antes de imprimir cualquier cosa sobre él o el cortejo—dijo Blaise, hablando rápidamente con una gran sonrisa en su cara—. Y como lo ha invocado también para el matrimonio, el hechizo continuará si ambos decidís tomar ese paso. Nunca había visto el Delibero Pergeo interpretado de esa manera, pero tiene un abogado muy caro, el cual cree que puede hacerse.

Blaise casi suspiró de alivio cuando vio en los ojos grises un brillo de interés. Gracias a Merlín, pensó mientras miraba a Draco abrir la red flu para llamar a su abogado, sin pensar en las horas de diferencia.


—¿Qué necesitas, Harry?—preguntó Luna, atando su largo pelo rubio para que no le molestase.

El mago de cabello oscuro sonrió, buscando en su bolsillo un pequeño juguete de plástico. Colocó el dispensador PEZ sobre su escritorio y siguió buscando hasta que encontró una foto.

—¿Puedes transformarlo para que se parezca a la foto?—preguntó, señalando hacia los artículos colocados sobre su escritorio.

Luna había sido de gran ayuda para Harry los últimos días. Desde que había convocado el Delibero Pergeo, había comenzado un cortejo serio. Tenía la intención de cortejar a Draco de la manera adecuada para un sangre pura y no estaba dispuesto a saltarse paso alguno, aunque le llevase tun tiempo el poder reunirse con él.

El ritual del cortejo había sido diseñado en un tiempo regido por matrimonios arreglados, los cuales todavía eran populares entre la élite sangre pura. Draco había entrado en uno, Harry lo sabía. Había investigado extensamente a Draco, con la ayuda de Luna, antes de decirse invocar el Delibero Pergeo. Quería asegurarse que sabía todo lo posible sobre el rubio. Lo que supo, lo dejó con más preguntas que respuestas, especialmente su fallido matrimonio y sus dos años de desaparición.

Harry sabía que varios de sus amigos tenían la información restante, Neville, seguro, ya que había trabajado con él en algún lugar de Francia, y posiblemente Ginny, quién parecía tener la boca más sellada sobre el asunto de lo que había esperado.

No le importaba lo que el Slytherin escondía, sin embargo, Harry estaba seguro de poder manejar la situación. ¿Encarcelado en otro país? Ningún problema. ¿Problemas mentales? Parecía estar bien ahora, así que sin problema. ¿Rehabilitación por uso de pociones? Una situación bastante común con la que Harry podía fácilmente tratar.

Harry sonrió mientras sus pensamientos volvían al presente, mirando a Luna transformar los objetos. A pesar de ser un miembro de comunicación, sabía que podía confiar en ella para cualquier cosa. También era la persona con más talento de sus amigos en transformar cosas descabelladas, como el dispensador PEZ que le había dado. Además, al verlo entrar como una furia en las oficinas del Quisquilloso, sólo servía para subrayar su advertencia a los otros medios de comunicación. Si estuviese tan enfadado con uno de sus mejores amigos, ¿qué haría el gran Harry Potter a un desconocido que violase la ley? Él se rió, recordando la escena de ayer. Las lágrimas de Luna habían parecido lo bastante convincentes y casi se había sentido mal hasta que la vio guiñarle un ojo antes de gritarle por negarle al público información que merecían tener.

Ah, Luna, pensó con cariño, cogiéndola y besándola en la mejilla exuberantemente cuando había terminado el hechizo.

—¡Es perfecto!—exclamó, maravillado por la pequeña obra maestra posada en su mano.


Draco se rió en voz alta, cuando el último regalo de Harry llegó, absolutamente encantado. Era el compañero perfecto para el regalo que había recibido ayer.

—¿Qué es eso?—preguntó Neville, entrecerrando los ojos hacia el dispensador PEZ.

—Es un dulce muggle—respondió Draco, estudiando el tema con cuidado—. Harry los colecciona. Éste está hecho para que se parezca a Justin Timberlake.

Draco usó su pulgar para inclinar la cabeza del hombre de plástico para abrirla, haciendo que el dulce saliese y pusiese su mano para recogerlo. Se lo metió en la boca, haciendo un gesto por el gusto demasiado dulce. Le ofreció uno a Neville, quien lo rechazó cortésmente.

—¿Justin Timberlake? ¿Es un muggle importante?

Draco sonrió, su mirada se posó sobre su escritorio, donde el primero de sus regalos de cortejo, un CD que Harry le había mandado el día anterior, estaba escondido. Eran los grandes éxitos de NSYNC y moriría antes de admitirle a Harry o a otra persona que él ya tenía una copia.

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—No es la mejor manera de pasar tu cumpleaños, lo sé, pero ella insistió en que vinieses por si querías hacer unos cambios—dijo Hermione, disculpándose, llevando a James Evans por los familiares pasillos de la editorial.

—Sólo son unos minutos, luego podemos ir a divertirnos—dijo Harry con una sonrisa fácil. Había sido mucho más fácil estar cerca de Draco después de haber aceptado su oferta de cortejo hacía dos días.


Incluso Blaise había ido al cumpleaños de Harry y Grimmauld Place estaba repleto de gente. Había querido mantenerlo lo más en secreto posible, así que había optado hacer una fiesta en su casa en vez de ir a su pub favorito, como lo habría hecho normalmente.

—Todavía no entiendo por qué no has invitado a Draco—dijo Hermione, enfadada y derramando un poco de cerveza muggle cuando alguien la empujó por detrás.

—Porque no es adecuado verlo antes de que Draco haya aceptado los catorce primeros regalos—dijo Pansy, poniendo los ojos en blanco. Ella no odiaba a los magos o brujas nacidos de muggles, ni pensaba que debían ser excluidos de la vida de los magos, pero ella creía que debían tener algún tipo de educación compensatoria sobre cultura.

—¿Catorce?—jadeó Hermione, tosiéndose mientras se atragantaba con su bebida.

—Catorce—confirmó Pansy, dando un sorbo con calma a su propia bebida, si no que era un cóctel muggle que Harry amaba llamarlo Tom Collins. No estaba mal—. La mayoría de las parejas los mandan durante meses o semanas, pero nuestro Harry tiene prisa, así que está mandando uno por día. No tienen que ser caros, sólo tienen que mostrar afecto o respeto.

Oliver pasó un brazo alrededor de los hombros de su esposa, agachando la cabeza para darle un beso en el cuello.

—Oliver me mandó de todo, desde entradas para el quidditch hasta el collar heredado de su abuela—agregó, riéndose cuando la volvió a besar de nuevo.

—Yo no quería correr ningún riesgo contigo o con tus padres diciéndome que n—murmuró él, provocando más risas en Pansy.

—Eso es bárbaro—se quejó Hermione, arrastró las palabras debido a la demasiada celebración—. ¿Comprar el amor de alguien?

Oliver sacudió la cabeza, sus ojos serios al contestar su sarcástica pregunta.

—No lo es. Solía ser una manera de solidificar el hecho de que un mago quisiese cortejar, pero ahora es una manera de probar la estima antes de que el cortejo real comience. En estos días no hay contratos matrimoniales, ni siquiera los matrimonios arreglados son obligatorios.

Hermione resopló, claramente escéptica. Después de todo, parecía que todo era una estratagema para conseguir regalos. Harry, ayer estuvo frenético cuando aún no había recibido la respuesta de Draco sobre su regalo, preocupado por haber ofendido al hombre con algo tan trivial. La lechuza llegó poco después de su ataque de pánico, pero el recuerdo la preocupaba. ¿Y si Draco creía que los regalos de Draco no eran dignos?

—Es un romance a lo antiguo—dijo Pansy, simple, pasando su mano a lo largo de la mandíbula de Oliver con cariño. Se volvió hacia Hermione, frunciendo el ceño—. Tampoco es una calle de una sola dirección. Después de aceptar los catorce regalos del pretendiente, la persona que está siendo cortejada tiene que enviar un regalo a cambio. Uno que signifique si está dispuesto o no a seguir adelante con el cortejo.

Hermione no lo había escuchado aún. No creía que Harry lo estuviese haciendo muy bien, si el punto era el romance. No había entendido ni el primer, ni el segundo regalo: ¿un álbum y cosas de un grupo muggle americano? Y el regalo de hoy había sido igualmente extraño; un libro sobre el ciclo natural del árbol magnolia. Era evidente que Harry necesitaba un poco de ayuda con el tema romance.


Gracias por leer y comentar.


Respuesta a los anónimos:

-Guest: gracias por leer y comentar. Sí, ahora el rubio sabe que Potter lo quiere. Sobre el Delibero Pergeo, si has leído el capítulo 19, cosa que espero hagas xD, ya sabrás qué es. Un abrazo.


Notas del traductor: habrá doble actualización semanal de All is fair in the game called love y Must love quidditch, que se harán miércoles y domingos. Puede que haya algunos miércoles en los que no pueda publicar a causa de exámenes o trabajos de la universidad.