Hola! Bienvenidos al primer capítulo de "Tulipanes rojos", con ideas de Petite24 y Altea Kaur y escrito por su servidora, Altea Kaur. Es la primera vez que redacto un fic sin magia y es muy emocionante, así que espero lo disfruten tanto como nosotras. Sólo recuerden que surgió en un día sin Internet y con mucha azúcar de por medio xD.

Dedicado a todas las lindas personitas que han leído nuestras historias y especialmente a quienes han dejado comentarios =D

Todo lo que no reconozcan salió de la imaginación de Petite24 y Altea Kaur, los personajes principales y demás, son de Rowling.

Café Granate.

Rose resopló con fastidio por enésima vez esa noche. Las ideas simplemente habían desparecido de su mente, quizás producto de la falta de sueño y su terquedad; porque si había algo que caracterizaba a Rose Weasley era eso: su terquedad. No por nada se había mudado de casa de sus padres nada más terminar la universidad para seguir su sueño de ser editora en una de las más famosas editoriales en Inglaterra. Su familia se había molestado mucho, pues no creían que su sueño fuera viable y bien remunerado, así como el de su primo Albus, quien sólo decía que algún día sus pinturas serían expuestas en la National Gallery.

Por el momento Rose y Albus, a los únicos que tenían era el uno al otro en ese viejo y destartalado departamento que habían rentado entre los dos para poder sobrevivir un tiempo en lo que sus trabajos como secretaria en Editoriales Greengrass y ayudante de restaurador de arte respectivamente, los llevaban hasta sus objetivos.

-Se terminó el café- anunció Sam, una de las chicas que trabajaba con Rose en la oficina. Ambas estaban cansadas, era casi media noche y llevaban desde las ocho sentadas en el sofá que hacía de sala en el departamento de Rose, intentando terminar sus historias, que parecían no querer ser escritas.

-Genial, a este paso no ganaremos el reto de la semana- bufó Rose mirando casi con odio su libreta llena de tachaduras.

-No seas pesimista- se burló Sam-. Por cómo lo veo, tú tienes más posibilidades que yo. Escribes muy lindo y tus historias son más originales que las del resto de nosotros, no por nada has ganado al menos quince veces…

-Da igual, todos aspiramos por el mismo puesto, pero no creo que la señorita Greengrass acepte que alguien que escribe de amor sin tener experiencia trabaje para ella como su mano derecha…

-Esa mujer no sabe de amor, todos lo saben. Es más fría que un congelador, y eso que algunos son bastante potentes… ¿te he dicho que cuando tenía cinco años se me quedó atascada la lengua en uno? Mamá tuvo que desconectar el refrigerador y todo se echó a perder, pero por lo menos mi lengua salió viva… ¿qué te estaba diciendo?

Rose rió levemente. Una de las cualidades de su amiga era que podía cambiar de tema demasiado deprisa y sin darse cuenta, siendo a veces muy graciosa.

-¿Cómo está Luca? Hace mucho que no va a verte a la oficina- Rose decidió cambiar de tema, a pesar de que los asuntos amorosos de la gente no le interesaban, pero le servía para distraerse de esos pensamientos y sentimientos negativos porque a veces le enfurecía que la señorita Greengrass (la directora general de la editorial) no tomara en cuenta el trabajo que hacían quienes estaban en las posiciones más bajas.

-Bien, ayer me pidió matrimonio en la cafetería esa que solemos frecuentar… hablando de eso ¿qué te parece si vamos por café al sitio donde trabaja tu primo? Sirve que nos distraemos y buscamos algo de inspiración…

Rose estaba con la boca abierta, no podía creer que esa chica le hablara de su matrimonio con tanta simpleza. En definitiva tenía problemas de concentración, y eso que era tres años mayor que ella… ahora se explicaba por qué no la ascendían de puesto en la editorial.

-Vamos- dijo Rose resignada. Se puso los tenis y peinó su lacio cabello pelirrojo-castaño en una cola de caballo. Antes de salir se miró al espejo que estaba cerca de la puerta. Tenía el maquillaje algo corrido y unas ojeras que ni con corrector se habían podido quitar. Menos mal que era tarde y la gente normal yacía ya en sus camas descansando, así no tendría que preocuparse por las críticas hacia su físico.

El paseo le había servido a Rose, pues la noche era fresca, estrellada y silenciosa, lo que le permitió acomodar sus pensamientos un poco mejor y darse cuenta de que sólo había un problema con su historia, y el problema era que no sabía cómo podía reaccionar un chico en la situación en la que lo había metido… Quizás Albus podría ayudarla, él era un chico después de todo.

La cafetería era un lugar bastante simpático y agradable que tenía cierto aire de calidez que a Rose simplemente le encantaba. La primera vez que había estado allí había sido con Albus, cuando éste fue a solicitar un empleo que, si bien no pagaba todo lo que necesitaban, al menos le daría un poco de dinero extra, así que cuando terminaba sus turnos en la galería, se iba directamente allí a cubrir cinco horas, hasta las dos de la mañana.

El Café Granate era un lugar pequeño, con paredes de piedra y mesitas de madera, así como ventanas con alfeizares llenos de flores rojas que daban a la empedrada calle. En las paredes colgaban fotografías de parejas tomándose de la mano, así como paisajes de atardeceres y lagos donde la felicidad de las personas era más que notable. Parecían haber sido tomadas sin ninguna premeditación.

Una campanita sonó anunciando la llegada de las chicas, y enseguida las recibió la sonrisa más linda que Rose hubiera contemplado nunca. Era un chico rubio de ojos grises, alto y delgado que llevaba el uniforme del personal: una playera roja y un delantal del mismo color, con lo que el contraste con su cabello le hicieron pensar a Rose que se veía como un atardecer viviente.

-Buenas noches- saludó el muchacho alegremente, dejando de lado un grueso libro que tenía entre las manos, en cuya cubierta no había título- ¿en qué puedo servirles?

-Hola- balbuceó Rose con las mejillas sonrosadas, sintiéndose estúpida ¿qué era lo que le pasaba?

-Dos frapuccinos, por favor- pidió Sam amablemente, dándole un codazo a Rose para que reaccionara-, uno de caramelo para esta pelirroja y uno normal para mí.

-Claro, en seguida- el joven puso manos a la obra pronto, por lo que a Rose le dio tiempo de fijar su vista en cada uno de sus movimientos tan precisos y rápidos, que tenían algo especial e hipnotizante.

-¿Qué hacen por aquí tan tarde?- preguntó el joven mientras el pedido estaba listo.

-Veníamos por inspiración para nuestras historias y a buscar al primo de Rose, se llama Albus ¿lo conoces?- respondió Sam, siempre tan honesta.

-Sí, claro- sonrió él- está en la parte de atrás haciendo el bosquejo de un dibujo, yo lo estoy cubriendo un rato, parecía importante.

-Él cree que todos sus dibujos son importantes- comentó Rose rodando los ojos, aunque sonreía sin saber por qué.

-He visto algunos y son muy buenos.

-No dije que no lo fueran, es sólo que es muy soñador en ocasiones y cree que su próximo dibujo será la siguiente "Noche estrellada"…

-Quizás algún día lo sea, nunca se sabe- replicó el otro sin dejar de sonreír y fue cuando Rose se preguntó si alguna vez dejaba de hacerlo.

Él se dio la vuelta para seguir con los pedidos, por lo que Sam aprovechó para intentar, mediante señas, que Rose le pidiera ayuda al desconocido en su historia en vez de a Albus, a lo que ella se negó varias veces, no quería que nadie creyera que su vida amorosa era inexistente… aunque lo fuera.

Nadie sabía por qué, pero a Rose nunca le habían interesado las historias de amor, ni las ajenas ni las propias, le eran algo ajeno que no comprendía y por eso siempre se mantenía al margen, por eso era que ese reto semanal le estaba sacando canas verdes.

Por alguna razón, Rose no quería irse. Estaba muy a gusto en compañía de ese chico, de quien no sabía ni el nombre, y le tomó unos minutos tomar valor para preguntárselo.

-¿Cómo te llamas?- bien, al menos las palabras no la habían matado.

-Soy Scorpius, es un placer, Rose- dijo él tendiéndole la mano, que ella tomó-. También es un gusto conocerte…

-Sam- se presentó la otra sin mucho interés, bebiendo de su frapuccino recién adquirido.

-¿Quieres sentarte con nosotras?- preguntó Rose antes de poderlo evitar. Había mucho que le atraía de Scorpius, algo que literalmente nunca le había sucedido con nadie.

-Claro, no creo que al dueño le importe, de todos modos ustedes han sido las únicas clientas desde hace tres horas. La gente comienza a perder el romanticismo en estos tiempos.

Se sentaron en la mesa junto a la ventana abierta y comenzaron a charlar. A veces Sam participaba, pero estaba más bien observándolos.

-¿De qué se trata eso de las historias que están escribiendo? ¿Lo hacen por diversión o…?

-Trabajamos de secretarias en una editorial, seguro la conoces, es algo famosa… Editoriales Greengrasss.

-Sí, he oído hablar de ella.

-Bien, pues los que estamos allí como apoyo administrativo o secretarias somos quienes algún día queremos sobresalir en este negocio de la escritura como editores o escritores… así que como entrenamiento, cada semana nos reunimos y nos ponemos un reto, hay un tema sobre el que todos debemos escribir y los sábados en la noche nos reunimos en la casa de alguno para relatarlos y elegir al ganador.

-Suena interesante- Scorpius sonaba realmente seducido por la idea.

-Supongo que sí, es una forma de mantenernos en la esperanza de que nos eleven de puesto algún día.

-¿Y sus jefes saben que lo hacen?

-No, para nada- Rose rió con la idea. Se le hacía absurdo que alguien como la señorita Greengrasss se interesara por algo así.

-¿Cuánto tiempo llevan trabajando allí?

-Yo sólo seis meses, desde que me gradué de la universidad. Sam lleva unos dos años.

Scorpius se quedó pensativo un momento, luego dijo:

-¿Y cuál es el reto de esta semana?

-Escribir sobre algo en lo que no tengamos experiencia y hacer que suene real- explicó Rose con la esperanza de que él no insistiera más.

-¿Y sobre qué escribes?

Rose titubeó, así que Sam contestó por ella, haciéndola sonrojar aún más.

-Amor romántico.

Scorpius no se rió, al contrario, parecía extrañado.

-No te creo.

-Pues es la verdad- musitó Rose- ¿Por qué no me crees?

-Una mujer tan linda como tú debe de tener pretendientes que salen hasta de debajo de la tierra…

Rose desvió la mirada, muchos le habían dicho eso, pero el amor era algo que ella no entendía, su único amor era su trabajo, algo que se tomaba muy en serio.

-Lo siento- se disculpó Scorpius y carraspeó- ¿Por eso vinieron a buscar inspiración?

-De hecho esperaba que Albus pudiera ayudarme un poco, necesito la opinión de un chico- Rose estaba tan sonrojada que sus mejillas podrían bien confundirse con las rosas del alféizar.

-Si te puedo ayudar en algo, dime, también soy un chico- bromeó Scorpius. Rose no consideró entonces tan mala idea las señas de Sam de minutos antes.

-Es bastante vergonzoso en realidad- murmuró Rose.

-No creo que sea tan malo…

-No, es vergonzoso que alguien sepa sobre esa parte de mi vida…- nunca lo había dicho en voz alta porque en realidad no le interesaba ese asunto, pero por alguna razón la mirada confundida del chico frente a ella la descolocaba y la hacía sentirse pequeñita, algo muy extraño, pues generalmente era una mujer muy segura de sí que a veces intimidaba.

-Yo no creo que sea para avergonzarse- Scorpius levantó las cejas, como decidido a defender su punto de vista-, me parece adorable. Además, volviendo a tu historia, conozco a muchas personas que no tienen nada de experiencia en lo que hacen y no por eso no pueden hablar de ello. De todos modos ¿por qué escribes sobre amor romántico si te avergüenza?

-Porque siempre se pone metas demasiado altas- contestó Sam en vez de Rose.

-¡Oye!

-¿Qué? Es cierto y lo sabes.

-Está bien, lo siento, no debí preguntar- rió Scorpius y siguió-¿Quieres contarme tu historia para entrar en contexto?

Era realmente deprimente que un simple vendedor de café la hubiera puesto en su lugar, pensaba Rose con el orgullo herido.

-Si así lo quieres…- comenzó tratando de quitarle importancia-La historia empieza en Roma, en la Piazza navona, donde este chico inglés está estudiando arte, allí conoce a una chica americana que sólo va de paso por dos semanas para visitar a una tía lejana que es rica y a la que los padres de la chica quieren quitarle su dinero. Ellos dos se conocen y se enamoran a primera vista (claro, como si eso existiera), pasan dos semanas increíbles y al final ella tiene qué irse a pesar de amarlo y él… bueno, allí es donde estoy atascada.

-¿Alguna vez has estado en Roma? ¿Te gusta?- preguntó Scorpius interesado.

-Pues no… supongo que es otra de las razones por las que escribí sobre eso, pero dime ¿qué harías si estuvieras en lugar del chico?

-Eso depende, hay que saber cómo es el personaje para poder darle vida propia ¿cómo es él?

-Algo despistado y enamoradizo.

-Entonces juntaría todos sus ahorros sin importarle nada e iría tras ella.

-¿Así de simple?

-Así de simple- repitió Scorpius-. A veces el amor vuelve tonto a la gente, y si él de por sí ya es despistado…

-¿Alguna vez te ha pasado? ¿Estar así de tonto por amor?- no supo por qué lo preguntó, pero se arrepintió casi al instante de haberlo hecho, no quería que creyera que estaba interesada en él ¡Ni siquiera tenía idea de lo que se sentía estar interesada en un chico!

-Sí, claro- respondió él con normalidad, ajeno a los dilemas mentales de Rose-. He tenido dos novias en toda mi vida con las cuales cometí estupideces en diversos sentidos.

-¿Las amabas?

-Claro, de diferente manera a cada una- respondió sincero-. No resultó bien con ninguna de ellas, así que terminamos. Una de ellas, Clarice, sigue siendo mi mejor amiga.

-¿Entonces crees en la amistad entre hombres y mujeres?

-No todas las personas pensamos solamente con la entrepierna como todo el mundo cree.

Rose no pudo evitar reír, Scorpius era muy simpático.

-¿Desde hace cuánto que escribes?- preguntó Scorpius con interés.

-Desde siempre… creo- contestó Rose, que en verdad no sabía cuándo había comenzado todo el asunto-. Mi madre es una mujer muy inteligente, amante del conocimiento, así que desde que aprendí a hablar me inculcó el amor por los libros, pero creo que la situación se le salió de las manos…

-¿Por qué?

Rose suspiró, dispuesta a contarle sus desventuras.

-Ella es abogada, una muy importante abogada, y muy influyente además. Mi padre es, al igual que el padre de Albus, uno de los directores de Scotland Yard.

Scorpius se mostró muy sorprendido.

-Debió ser duro para ti, seguro tenían mucho trabajo.

-A veces lo era, pero tengo a mi hermano Hugo, y a Albus que siempre ha estado conmigo, mi familia es muy numerosa.

-¿Y tus padres querían que fueras abogada?

-Era su más grande sueño- bufó Rose algo molesta, como siempre que se tocaba el tema-. Mi madre me educó prácticamente para que siguiera sus pasos, toda mi vida estaba planeada y cuando llegué a la universidad… no sé, no pude hacerlo- Rose se detuvo un momento, recordando-. Siempre he sido una persona metódica, con un plan, y esa vez… estaba en mi clase de Introducción y me pareció tan monótono… tan aburrido que, sin darme cuenta, salí del aula y vagué por los pasillos hasta llegar al edificio de Literatura y escuché una de las clases por detrás de la puerta. Estaba tan… desorientada… después me fui corriendo a buscar a Albus, él es… bueno, es otra historia, se opuso a sus padres y a la carrera que querían para él, buscó una beca y él mismo se pagaba sus estudios de arte. Hablé con él y me dijo que siguiera mis sueños, pero el problema era que ¡no tenía ningún sueño propio! El plan siempre había sido que yo me convertiría en abogada para seguir los pasos de mi madre, pero eso ya no me hacía feliz…. Así que, sin decirle a nadie, cancelé unas de mis clases y entré como oyente a las de Literatura.

"Cuando acabó el semestre y mis padres se dieron cuenta de lo que había hecho se molestaron mucho, pero accedieron a seguir pagándome los estudios porque tenían la esperanza de que fuera alguna rebeldía pasajera. Lo cierto es que amo la escritura, la literatura… es lo único que me hace feliz. Cuando me gradué mis padres estaban muy decepcionados, discutimos mucho y yo terminé siendo aceptada como secretaria en Editoriales Greengrass. Albus y yo nos mudamos juntos porque ninguno de los dos tenía mucho dinero, él no gana mucho con su trabajo de ayudante.

Scorpius la observaba y simplemente escuchaba, pero Rose malinterpretó su silencio.

-Lo siento, debe parecerte muy aburrido, no he dejado de hablar.

-Al contrario- dijo Scorpius de inmediato-. Lo que más me gusta de mi trabajo es escuchar las historias de las personas, me parecen muy interesantes y he de decirte que la tuya me sorprendió, no cualquiera se atreve a hacer lo que hiciste tú.

Un ronquido los sacó a ambos de sus pensamientos. Sam se había quedado dormida con la cabeza apoyada en la pared. Rose rió en silencio, acompañada de Scorpius, y dijo:

-Ya deberíamos irnos, es tarde- iba a sacar su billetera para pagar los frapuccinos, pero él se rehusó.

-Yo invito- dijo Scorpius amablemente-. Considéralo recompensa por dejarme escuchar tu historia.

-Pero sólo te hablé de ella superficialmente…

-Aún así fue linda.

-Si estás seguro- murmuró Rose desconfiada, aunque de todos modos podría usar el dinero para alguna emergencia-. Gracias por tu ayuda, Scorpius, no sólo por tus consejos, sino por cubrir a Albus, la pintura es su vida.

-Fue un verdadero placer- Scorpius sonrió auténticamente-. Si tienes algún problema de inspiración no dudes en decirme. Espero que ganes el reto de la semana, Rose.

-Gracias- Rose se quedó un momento abstraída en sus ojos, no pudo evitarlo, eran muy lindos.

Con un último adiós, Rose salió con una somnolienta Sam de la cafetería.

Una vez que llegaron al departamento de Rose, Sam llamó a su ahora prometido Luca para que fuera por ella. Rose apenas se dio cuenta, pues estaba demasiado ocupada escribiendo. Tampoco se dio cuenta cuando Albus llegó a dormir dos horas más tarde. Eso solía sucederle muy seguido, podía pasarse horas abstraída en una historia sin importarle la hora o el día.

Cuando terminó eran ya las cinco de la mañana, pero su historia estaba perfectamente escrita en su computadora portátil sin ninguna falta de ortografía y lista para ser mostrada más tarde.

Rose durmió durante varias horas seguidas, completamente exhausta. Esa había sido una semana pesada, dos libros de la editorial estaban a punto de salir a la venta y la señorita Greengrass quería todo perfecto, por lo que no dejaba lugar a equivocaciones y el que cometiera una falta sería fácilmente despedido. Era una fortuna que Rose fuera una obsesionada con su trabajo, nada le importaba más. Y es que, como ya se había mencionado, era bastante terca y siempre quería demostrar que tenía la razón, por lo que haría todo lo posible por mostrarles a sus padres que podía triunfar en lo que ella quisiera.

Ese sábado en la noche, Rose se aseguró de estar peinada a la perfección, abotonó su blusa blanca, cerró el cierre de su falda de cintura alta, y terminó abrochando la cinta de sus zapatillas. No era de las personas que se vestían casualmente, para ella el aspecto decía mucho y si quería ser tomada en serio, debía lucir profesional en ese mundo tan complicado que era la escritura. Debía admitir que extrañaba sus jeans y playeras con estampados que solía usar en la preparatoria y ahora yacían en el fondo de su armario, pero más le importaba ganar el reto de la semana, pues eso siempre daba cierto status entre sus colegas.

Eran las ocho, por lo que Rose tomó su bolso, salió del edificio y caminó dos cuadras hasta llegar al metro que la llevaría a casa de Francis, quien había ofrecido su casa esta vez. Para la mayoría se había hecho una costumbre hacer del reto de la semana una excusa para beber y fumar, pero Rose tenía en claro sus objetivos… siempre claros, así que había entrado en todo ese mundo y había aprendido a fumar sin lucir asqueada y tomar sin que se dieran cuenta de que era la primera vez que lo hacía. A veces lograba escaparse y simular que ya había bebido mucho y no podía más, pero otras era inevitable.

Cuando tocó el timbre, diez segundos después le abrió la puerta Sam, quien ya tenía un cigarrillo encendido en la mano. Todos sus colegas la saludaron entusiastas y le ofrecieron un lugar junto a la ventana, lo que ella agradeció porque al menos así podría alejarse un poco del hedor del humo del cigarro. En la sala había al menos unas veinte personas, todas con sus escritos en mano.

-Ya saben el orden, el que ganó la vez pasada empieza- dijo Francis (un hombre de unos treinta años que usaba peluquín) emocionado.

-Cálmate o te harás en los pantalones- se burló Mauricio, un joven obsesionado con Sam, sin que esta se diera por enterada.

-¿Quieren empezar ya?- refunfuñó Rose con fastidio.

-Ya vamos, señorita rezongona- se burló Anabeth, cuyo cubículo estaba frente al de Rose en la oficina.

Sin perder más tiempo, Robert, un joven de la edad de Rose que había ingresado al mismo tiempo que ella a la editorial, se puso en pie y comenzó a leer su escrito, dándole la entonación necesaria para que sonara como si de verdad estuvieran en un barco viajando por el océano hacia América, describía de manera excelente la maquinaria del barco y el movimiento de las olas al chocar contra éste. Dado el tema del reto de la semana, era obvio que Robert no tenía experiencia alguna en barcos.

Conforme pasaban los demás, Rose se ponía más nerviosa, todos hablaban de temas superficiales que hacían sonar interesantes, sólo a ella se le ocurría hablar de algo tan íntimo, ¿en qué estaba pensando? Seguro sería la burla de la oficina el lunes. Ella y su manía por hacer siempre todo al máximo.

Cuando fue su turno, se le quitó todo el miedo. Haría su mayor esfuerzo para ser la mejor, porque ella era la mejor. Así que, mientras leía, hablaba como si le contara todo a un gran amor (había tenido que ver una película romántica esa tarde para ver cómo era), dando las entonaciones adecuadas y haciendo pausas cuando era necesario, gracias a Dios que era buena actriz. Al final, todos sus compañeros estaban sin aliento, algunas mujeres tenían lágrimas en los ojos. Uno a uno, todos fueron aplaudiendo hasta que la sala fue un hervidero de emociones a flor de piel.

-Supongo que ahora no hay que discutir al ganador- bromeó Francis-. Felicidades, Rose, te lo mereces. Es una historia muy linda.

-Así que ¿amor?- preguntó uno de los chicos en voz alta-. Eso explica por qué a veces actúas como una amargada mojigata, te falta experiencia, niña.

-¿Qué hay de ti, Mauricio? ¿Qué acaso cuando te molestas al perder un reto tienes fantasías con esas mascotas de las que escribiste?- la defendió Anabeth molesta.

-Déjalo, Ann- dijo Rose con una sonrisa burlona hacia Mauricio-, todos sabemos que sólo tiene acción con su almohada y eso lo tiene frustrado…

Hubo una carcajada general y pronto todos comenzaron a recoger sus cosas para irse, pues ya eran más de las doce, olvidando los comentarios ácidos de momentos antes. Rose hizo lo propio, sin dejar de pensar en las palabras de su compañero, que, aunque no quería admitirlo en voz alta, le habían calado hondo.

No es que nunca hubiera tenido ningún chico babeando por ella ni nada, lo que sucedía es que ella nunca había estado interesada en tener una relación o salir con chicos, tampoco es que fuera lesbiana (porque no tenía nada contra ellas), simplemente una situación como la de su historia nunca se le había presentado, o alguna otra, en realidad… nunca había babeado litros de saliva por un chico, ni había fantaseado con uno como sus compañeras de la universidad, ni había hecho estupideces por atraer la atención de alguien a quien profesaba amor.

El amor no estaba en su plan de vida, y su vida eran las letras, punto.

Caminó desde el metro a su casa con lentitud, sin poder entender por qué era que le había afectado tanto que la llamaran amargada, muchos ya se lo habían dicho antes y ella sólo lo había ignorado ¿qué le sucedía?

Cuando abrió la puerta sonó el familiar chillido de los goznes, lo que la irritó más. Odiaba vivir en ese lugar en vez de en la cómoda vivienda de su familia, pero había tenido que adaptarse. Se sentó en el único sofá de la sala (el cual les había costado mucho comprar a ella y a Albus) y se quedó con la vista perdida, sin pensar en nada.

-¿Rose, no me oyes?

-Disculpa Albus, no estaba prestando atención- dijo Rose sonrojada.

-Te decía que si habías estado fumando de nuevo, sabes que no me gusta que lo hagas…

-Deja de comportarte como mi madre, Potter, sabes que fue una de las razones por las que me fui de casa…

Albus bufó y se encerró en su habitación. A Rose le dio igual, no estaba de humor para soportar sus regaños.

Esto es todo por ahora, no sabemos exactamente cada cuándo subiremos capítulo, pero no creo que sea mucho xD.

Que tengan un día Weasley!

Dom! Siento usar este medio, pero no te he podido contestar reviews porque no tienes habilitado el PM hehe