Esta historia no me pertenece, los personajes son de S. Meyer y la autora es Lissa Bryan, yo sólo traduzco.

This story doesn't belong to me, the characters are property of S. Meyer and the author is Lissa Bryan, I just translate.


Capítulo Beteado por: Isa BetaTraductora Ffad

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~*~The Better Angels of Our Nature~*~

Por: Lissa Bryan

En retrospectiva, Bella reconocía que había sido su noble corazón el que la había llevado a este desastre, aún así no se arrepentía.

Estaba acostada en una mesa, mirando un techo de azulejos blancos. Había un solitario panel de luces fluorescentes en el centro. No se podía mover. Cualquier que fuera la droga que le habían inyectado la había dejado paralizada, tan solo capaz de parpadear. Su cuerpo había sido vestido con un conjunto de hospital beige y había una intravenosa pegada a su brazo.

Cerró los ojos y luchó contra las lágrimas. Intentó recitar mentalmente poesía, diálogos de películas, letras de canciones, cualquier cosa que la ayudara a alejar su mente del problema en el que estaba metida.

Estaba destinado a pasar tarde o temprano. Últimamente, Bella había estado cometiendo más deslices en público, era solo cuestión de tiempo antes de que ella fuera localizada y ellos aparecieran de nuevo. No sabía quiénes eran ellos, pero había estado consciente de su presencia en su vida algunas veces, siempre mudándose cuando veía a alguno.

Esta vez, ella había estado en un pequeño pueblo del Estado de Washington, un lugar donde ella creía que nadie pensaría en buscarla. Encontró un trabajo en una librería, una encantadora vocación para una bibliófila como ella, e incluso había tenido disponible un pequeño apartamento en el piso de arriba.

Probablemente el hecho de vivir sola era lo que había causado esos pequeños deslices en público. En casa, sola, nadie comentaría si la puerta del refrigerador se cierra sola o un libro sale del estante y, aparentemente por voluntad propia, llegaba flotando a sus manos. Se había acostumbrado a usar sus habilidades y ni siquiera había pensado en eso cuando estaba en el supermercado y no podía alcanzar una lata en un estante. La Señora Cope había visto eso. Ella era la dueña de la cafetería que estaba al cruzar la calle y probablemente era la chismosa más grande del pueblo. Bella no pudo dormir era noche debido a la preocupación, pero en realidad, ¿qué iba a decir la Señora Cope? —Vi una lata volar a las manos de la recepcionista de la biblioteca —. Nadie le creería, ¿cierto?

Aunque ella no diría eso. Bella había conocido a los de su tipo antes. Comenzaría con furtivas insinuaciones de que Bella era "extraña", que algo estaba "mal" con esa chica y antes de que ella lo supiera, las personas estarían mirándola en las tiendas y alejándose con nerviosismo cuando ella pasara junto a ellos. Generalmente esa era su señal para saber que era hora de mudarse a una ciudad nueva, con un nombre nuevo.

No había manera de ocultar el último incidente, lo cual es la razón de que se encuentre atrapada a una mesa, mirando al techo. Las personas habían tomado fotos y probablemente ahora estaban reproduciéndose por todo YouTube. Dios, había sido tan estúpida, pero no podía dejar que esa gente muriera, no cuando ella tenía la habilidad de salvarlos.

La puerta se abrió. Los ojos de Bella giraron hacia el sonido, pero estaba fuera de su alcance. Un hombre entró a su campo de visión, vistiendo una bata de laboratorio blanca sobre un traje negro, llevando un grueso expediente en una mano y una aguja hipodérmica en la otra. Él acerco una silla que estaba contra la pared para ponerla enseguida de la cama. Era joven, de unos veintitantos, el tono oscuro de su piel y el cabello negro indicaban una herencia de los Nativos Americanos. Estaba sonriendo, una sonrisa cálida y amigable que no hizo nada para hacerla sentir tranquila.

—Hola Bella, soy el Dr. Black. Voy a inyectarte ahora y serás capaz de moverte y hablar un poco —. Deslizó la aguja dentro de un tubo en la intravenosa.

La sensibilidad regresó e instintivamente Bella se sacudió contra las cuerdas. Miró a su alrededor rápidamente. No había nadie más en la habitación. Miró especulativamente al Dr. Black. Podría…

—No intentes nada —le advirtió. —Tengo mis propios talentos —él sonrió. —No te preocupes, entiendo. Estás asustada y es una reacción natural, pero nadie va a herirte, Bella. Estás segura aquí, más segura de lo que habrías estado allá afuera tú sola, te lo aseguro.

— ¿Quién eres? —preguntó Bella, y se alarmo ante lo ronca y hosca que había sonado su voz. Por todos los gritos, supuso. — ¿Qué es este lugar?

—El Proyecto Theta —replicó el Dr. Black. —Estás en un centro de investigación del gobierno de Estados Unidos.

Bella cerró los ojos. Esas eran las palabras que siempre había temido. — ¿Soy su nueva rata de laboratorio?

—Bella, no es de esa forma —le dijo el Dr. Black. Se inclinó hacia adelante en su silla. Su corbata colgaba como una plomada. —No queremos lastimarte, queremos ayudarte a desarrollar tus habilidades a su máximo potencial.

— ¿Puedo negarme?

—No, no puedes —dijo. —No estás a salvo allá afuera, Bella. No somos el único gobierno que selecciona a personas con talentos para nuestro programa.

"Seleccionar" igual a "Secuestrar".

Él siguió —Era solo cuestión de tiempo antes de que alguien te localizara. Hay países que pagarían una fortuna por alguien como tú y sus programas no son tan… suaves como los nuestros.

Bella sintió las lágrimas salir por las orillas de sus ojos y deslizarse por sus sienes.

Dr. Black abrió el expediente. —Te hemos estado siguiendo la pista por mucho tiempo, Bella. La primera vez que llamaste nuestra atención fue cuando sucedió el incidente de Tyler Crowley.

El estómago de Bella se revolvió ante la mención de ese nombre y, a regañadientes, los recuerdos de los que ella se arrepentía comenzaron a llegar a la superficie de su mente.

El Dr. Black estudió los papales. —Hmm… Mariscal de campo de la preparatoria, muerto en una habitación de hotel con una mujer casi histérica que gritaba por los servicios de emergencia, una mujer joven que parecía tener una hemorragia en la nariz —él la miró. —En ese entonces todavía no se había desarrollado por completo, ¿verdad?

—No —susurró Bella. Sus habilidades no habían adquirido fuerza y seguridad hasta que llegó a los veintitantos.

Dr. Black asintió. —Tiene sentido, tus habilidades van a la par de tu desarrollo cerebral. Una vez que tu cerebro estuvo completamente maduro, conseguiste manejarlas, me imagino —. Bajó la vista de nuevo a los papeles. —La autopsia revela que el corazón de Crowley fue aplastado como si un puño hubiera entrado a su pecho y lo hubiera apretado. Los médicos declararon que nunca habían visto nada como eso.

La voz de Bella se quebró por el nudo que tenía en la garganta. —No era mi intención… no era mi intención matarlo. Quería que se detuviera, yo solo… creo que empujé con demasiada fuerza —. Hubo una extraña sensación de alivio al poder, finalmente, hablar con alguien sobre eso. Las personas siempre sospecharon que ella tenía algo que ver con su muerte, especialmente por la hemorragia de la nariz. Ellos creen que él la golpeó y que ella hizo… algo. Eso causó que su último año fuera un infierno porque Tyler había sido popular y su novia, igual de popular, había llevado a cabo una vendetta personal contra Bella.

Bella había estado asombrada cuando Tyler la invitó a una fiesta con él. Su primera cita sería con el chico más popular de la escuela. Ella creía que era un sueño. Al final, resultó ser una pesadilla.

Bella era tímida y torpe de niña, pero mejoró mucho en la adolescencia. Pasó la mayor parte del tiempo intentando ser invisible para no convertirse en el objetivo de esas pequeñas explosiones de malicia y crueldad que los chicos muchas veces infligían cuando alguien era de un nivel social menor al de ellos.

Incluso cuando ella era más joven, sus compañeros sabían que había algo diferente en Bella, y eran como tiburones oliendo sangre en el agua. Cosas raras pasaban cuando Bella estaba cerca. Cuando era pequeña, la mayoría eran cosas que se caían de las estanterías o focos explotando cuando ella estaba molesta.

Su madre, Renee, sentía que la "diferencia" hacía que Bella fuera muy especial. Fue ella quien ayudó a Bella a aprender lo que podía hacer y cómo controlarlo. Retaba a Bella para que hiciera que las cosas se movieran con el poder de su mente, deslizar un libro a través de una mesa, levantar una toalla y doblarla, y tiempo después, cuando era adolescente, limpiar con la aspiradora mientras leía un libro. Su padre no estaba tan emocionado con las habilidades de Bella y siempre saltaba cuando veía un objeto flotar por sí mismo, pero era un padre amoroso y ella tuvo una maravillosa vida familiar. Su hermano, Jasper, siempre había sido su mejor amigo. Él también tenía un poco de talento y era el único que entendía lo que ella sentía.

Tyler le dijo que la fiesta iba a ser en un hotel que estaba a las orillas del pueblo, lo cual explicó que era porque así los chicos podrían beber sin tener que preocuparse por limpiar. Pero cuando abrió la puerta no había nadie adentro. Cuando la cerró detrás de ellos y le sonrió, ella supo que estaba en graves problemas.

—No fuiste la única —dijo el Dr. Black. —Violó a otras dos chicas, ambas marginadas al igual que tú. Ninguna estaba dispuesta a presentar cargos contra él. ¿Alguna vez consideraste que puede que le hayas hecho un favor al mundo?

Bella no dijo nada.

—Seis meses después nos llegó el reporte de un extraño accidente de carros. Una niña pequeña salió de su casa y andaba por la calle. La conductora no la vio, pero antes de que pudiera golpear a la niña, su carro chocó contra algo. Toda la defensa quedó hecha trizas —. Él le enseñó una foto del carro con el cofre golpeado y el parachoques doblado. —Aún más extraño, la conductora dijo que no había nada en la calle que pudiera golpear. Ningún otro carro involucrado. Los policías buscaron incluso en las tiendas de reparación por algo que pudiera coincidir con el choque y tu nombre salió en los reportes de la policía como la persona que llevó a la pequeña a su casa, de nuevo con hemorragia nasal. La madre pensó que tú debiste estar involucrada en el accidente.

Se sentó de nuevo en su silla y golpeó las puntas de sus dedos juntas. —Fue entonces cuando te fuiste. ¿Nos descubriste?

Bella sacudió la cabeza. —Fue mi hermano.

—Tu hermano también tiene su propio talento, ¿no?

Bella jadeó. El miedo se infiltró en ella. —P-por favor, por favor no…

Dr. Black sacudió una mano. —No te preocupes, Bella. Él está en una escala baja. Apenas llega al dos en una escala de diez. No aceptamos a nadie menor a cinco.

— ¿En qué estoy yo?

Dr. Black sonrió. —Tú, querida, estás en veinte. Mi gran amiga. Nuestras escalas no son lo suficientemente altas para ti. Monitoreamos tus ondas cerebrales mientras estabas inconsciente y tus ondas Delta-Theta van más allá de los gráficos. No puedo esperar para ver lo que puedes hacer.

— ¿Y si me niego?

—Me sentiré muy decepcionado, pero no puedo obligarte. Como sea, no te irás de aquí, sin importar si coperas o no. Necesitas aceptar eso, Bella. No podemos arriesgarnos a que caigas en las manos de nuestras naciones enemigas.

— ¿Mi familia? —susurró Bella.

Él sacudió la cabeza. —No podemos permitirte que tengas contacto con ellos.

— ¿Solo creerán que desaparecí? —. Jasper nunca aceptara eso, pensó. Él sabía que ella nunca se iría sin contactarlo. Sin importar qué tan de repente ella se fuera, siempre le hacía saber donde estaba. La tenacidad de Jasper significaba que él nunca dejaría esto así, nunca aceptaría que ella simplemente había muerto y que tendría que seguir con su vida. Él nunca dejaría de buscarla y haría tanto escándalo por eso como le fuese posible. ¿Se estaría poniendo a sí mismo en peligro? ¿Era esta el tipo de organización que "callaban" a las personas que fisgoneaban demasiado y se convertían en una irritación?

—Eres conocida por hacer eso, mudarte abruptamente sin dejar información alguna —. El Dr. Black se encogió de hombros. —No conseguirá mucha ayuda por parte de la ley.

Si el Dr. Black creía que todo lo que Jasper haría sería llamar a la policía para reportar su desaparición, eso significaba que no había estado vigilando muy de cerca a su familia, pero Bella no dijo nada.

El Dr. Black la liberó de las restricciones y Bella se sentó lentamente, su cabeza daba vueltas. —Te mostraré los alrededores. Vamos.

Se puso de pie, sus piernas temblaban inestablemente. El Dr. Black le ofreció su brazo y ella lo tomó, tenía miedo de caerse si no tenía algo en qué apoyarse. Tecleó varias series de números en un teclado, sonriéndole a ella sobre su hombro. —No te molestes en memorizarlos, nos dan códigos nuevos cada día —. La puerta sonó y él la empujó para abrirla, guiándola por un largo pasillo con paredes blancas y suelos de baldosas con manchas grises. Muy institucional, limpio e impersonal. Sin ventanas. Cada pocos metros había una cámara de seguridad en el techo y cada puerta tenía en un lado un teclado pegado a la pared. Ella se preguntó qué tanto de esta seguridad sería real, y qué tanto estaba destinado a hacer que los residentes se sintieran constantemente vigilados.

—Esta será tu habitación —. El Dr. Black presionó un número y abrió la puerta. Se veía como un lindo cuarto de hotel, con una pequeña salita/comedor a la derecha y la habitación a la izquierda. Con una alfombra café y paredes beige, en una de las cuales se mostraba una indiferente acuarela de un barco de vela.

El Dr. Black la llevó de nuevo al pasillo, el cual siguieron hasta que se abrió en una habitación grande para recreación. Tenía una mesa de billar, unas cuantas televisiones; una de ellas tenía conectado un videojuego que estaba siendo utilizado por un adolescente y unas pequeñas estanterías con libros y juegos de mesa. Cerca de una docena de personas holgazaneaban en las sillas o sofás, y todos utilizaban el mismo conjunto beige que utilizaba Bella. Unos cuantos levantaron la vista cuando el Dr. Black y Bella entraron, pero parecía tener muy poco interés en la recién llegada a su medio. Bella sintió indicios de malestar en su estómago. Los ojos de los residentes se veían aburridos y apáticos, los ojos de personas que no tenían esperanza alguna.

—Hola a todos —dijo el Dr. Black animadamente. —Esta es Bella.

Pocas voces dijeron –Hola–, pero la mayoría simplemente la vieron antes de regresar su atención a lo que fuera que hubieran estado haciendo antes de que ella entrara. Solo una persona se quedó mirándola, cuya expresión reflejaba una sombría lástima.

—Esa es la cafetería —le dijo el Dr. Black a Bella, arrastrándola a un arco abierto. Tenía el omnipresente olor que todas las cafeterías parecían compartir: los fantasmas de comidas pasadas, grasa y paños de cocina. Hizo que su estómago ya revuelto diera otra sacudida.

Siguió al doctor por otro pasillo el cual, según le dijo él, llevaba a las salas de investigación. Abrió la puerta de una de ellas y Bella exhaló el aliento que había estado conteniendo. No sabía que había estado esperando (y temiendo), pero era otra habitación de ambiente agradable con una mesa en el centro. En una pared había un espejo unidireccional como los que Bella había visto en los dramas policiacos, los cuales les permitían a las personas que estaban del otro lado ver sin ser vistos. La perturbaba un poco.

Como si el Dr. Black pudiera sentir el malestar de Bella, abrió la puerta para mostrarle el área de observación. Aquí la luz era más tenue, las cámaras señalaban al vidrio y había un grupo de computadoras debajo de ellas.

— ¿Has visto tu video? —preguntó el Dr. Black.

Bella sacudió la cabeza.

Tecleó algo en el teclado y se hizo para atrás. —Velo, de verdad es increíble.

Las imágenes comenzaron con un después del accidente. Un carro estaba encajado debajo de la mitad de un camión y las cadenas que sujetaban la carga de troncos se habían roto. Unos pocos ya se habían caído. Dos de ellos estaban sobre el carro, aplastando el techo y el cofre. El audio sonaba muy mal, pero Bella podía escuchar los débiles gritos que habían rasgado su corazón. El lugar del accidente estaba a solo unas calles de la librería y Bella había llegado a él durante su caminata matutina. La carretera era tan peligrosa; tanto carros como camiones madereros tomaban las curvas con demasiada rapidez y era un milagro que no hubieran más accidentes.

Las ambulancias todavía no habían llegado, pero ya se había juntado un pequeño grupo de espectadores, algunos tomando fotos, bromeando, platicando entre ellos, describiendo a otros accidentes que habían visto. Nadie estaba ayudando a la desenfrenada mujer que estaba atrapada en el carro, gritando. La carga de troncos crujió peligrosamente; la gravedad todavía no acababa con ellos.

Bella se vio a sí misma llegando a la escena y pudo ver su boca formar las palabras —Oh, mierda —cuando se dio cuenta de que el tronco que estaba arriba estaba a punto de caerse y lo haría justo sobre el parabrisas. Se movió ligeramente y la multitud jadeó. Las cámaras de celulares fueron levantadas. Por un momento Bella los odió, era como si estuvieran viendo una película, emocionados por ver que estaba a punto de suceder, pero completamente indiferentes ante el hecho de que un ser humano estaba a punto de morir frente a ellos.

Bella se acercó corriendo al coche y tiró de la puerta, pero al estar torcida no se podría abrir. Bella se concentró y arrancó las bisagras, lanzándolas a un lado. La mujer que estaba adentro era todo un sangriento desastre. No había estado usando su cinturón de seguridad y su cara se había encajado bruscamente en el volante. Bella la ayudó a salir.

—Mi bebé —jadeó la mujer. Y efectivamente, había un porta bebé en la parte trasera del lado del pasajero con un bebé envuelto en una manta rosa.

—La sacaré —le prometió Bella. Pero mientras hablaba, el tronco de encima perdió su batalla contra la gravedad y cayó de la pila yendo hacia ellas. La mujer gritó. Bella levantó las manos y lo agarró por una de las orillas. Su habilidad no requería que ella tocara el objeto, por supuesto, pero a veces involucrar sus músculos la ayudaba a concentrarse. Se tambaleó bajo su peso. Es demasiado pesado, no puedo.

— ¡Saque al maldito bebé! —le gritó Bella a la mamá, quién estaba congelada en su lugar. Su boca se abrió en una perfecta "O" de asombro. No podría sostenerlo por mucho tiempo más. Su cabeza estaba golpeteando y la sangre caía de su nariz. Demasiado pesado. Nunca antes había intentado sostener algo de este tamaño.

La madre entró a través del hueco donde antes había estado la puerta del conductor y se tambaleó para retirar los cinturones del bebé. Se retiró con el bebé aferrado en sus brazos y grito cuando la carga de troncos se movió otra vez. La multitud estaba demasiado cerca. Si se caían, rodarían hacia los espectadores boquiabiertos.

—Atrás —gritó Bella. —¡Todos ustedes, atrás!

Ella se alejó del tronco, tambaleándose como una borracha, intentando llegar a la seguridad del lado contrario de la carretera antes de colapsar. Llegó hasta la línea amarilla antes de perder su agarre mental en el tronco y esté cayera, trayendo consigo algunos de sus amigos. El lado del pasajero del carro quedo aplastado bajo su peso.

Bella se vio a sí misma caer de rodillas en medio de la carretera y luego obligarse lentamente a ponerse de pie de nuevo. Los espectadores la veían con asombro, algunos con horror. Bella ni siquiera los había visto en ese momento. Su único pensamiento era regresar a la seguridad de su apartamento.

—Fue todo un infierno para poder contener este —dijo el Dr. Black. —Cada vez que eliminábamos un video, volvían a subirlo desde otra fuente. Creemos que al fin pudimos eliminarlos todos, pero por si acaso inventamos que era un spot publicitario para una nueva película de superhéroes.

— ¿Qué hay de los testigos? ¿Los mataron?

—Dios, Bella, ¿por quién nos tomas? No, no los matamos. ¡Por Dios!

Sonaba tan ofendido que Bella se encontró a sí misma disculpándose.

—La mayoría parecieron tragarse la historia del spot publicitario, pero aquellos que no… bueno… ¿Quién les creería? Solo terminarían pareciendo estúpidos, como si hubieran sido engañados por el spot —la miró por un momento. —Tú todavía estabas fuera cuando mis hombres fueron a tu casa para atraparte.

Había sido la peor migraña que Bella había sufrido en toda su vida. Se había tomado unas píldoras que le habían sobrado de las que el médico le había recetado cuando tuvo un esguince en la muñeca en año pasado, pero no habían ayudado. Tomaron horas para que la sangre dejara de salir de su nariz y se había asustado al pensar que tal vez en esta ocasión sí se había lastimado algo dentro de ella, uno o dos vasos sanguíneos.

Había escuchado la puerta azotarse e instantáneamente supo qué pasaba. "Ellos" habían venido por ella. Se paró de un salto de la cama y corrió a ponerle seguro a la puerta de su habitación, atravesando el peinador en la puerta. Se tambaleo a través de la habitación hacia la ventana. El apartamento no había sido diseñado como una casa, pretendiendo que fuera utilizado como almacén para la tienda de abajo, así que las pocas ventanas que tenía eran demasiado altas y pequeñas. Tuvo que usar una silla de su tocador para alcanzarla. La abrió y salto. Tenía las manos en el alféizar, luchando por subir su cuerpo y salir. Desde allí arriba, el piso se veía mucho más lejos de lo que ella pensaba que estaría. Decidió que saltaría y se colgaría de las manos para intentar disminuir la altura de la caída.

Hubo un golpe detrás de ella y Bella lloriqueo, subiendo una rodilla para empujarse por la ventana y un par de manos la agarraron. Bella lo empujó con su habilidad, tirándolo demasiado fuerte por pánico y él voló a través de la habitación estrellándose contra una pared. Sintió dolor en la cabeza. Otro hombre la jaló por la ventana y Bella lo golpeó a él también, pero al parecer le faltó energía porque el hombre solo se tambaleó con el golpe invisible, volviendo a atraparla cuando ella se dio la vuelta para correr. Bella cayó de cara contra la alfombra y gritó cuando sintió el peso de él sobre ella. Pateó y peleó lo mejor que pudo, intentando recordar las cosas que Jasper le había querido enseñar acerca de defensa personal, pero su mente estaba en blanco por el pánico. Él atrapó ambas manos de ella.

El hombre al que había tirado se levantó del piso con un gemido. —Joder, eso dolió —jadeó. — ¿La tienes?

—Sí —. El hombre le había amarrado las manos con un seguro de plástico.

El hombre del piso buscó en su bolsillo y sacó un pequeño envase de plata. Lo abrió sacando una aguja hipodérmica, poniendo la aguja hacia arriba y golpeando los costados del frasquito.

Bella gritó de nuevo y los atacó a ambos con su talento. Salió sangre de su nariz, pero nada pasó. Sintió las manos del hombre en su brazo, un pequeño pinchazo de la aguja y después nada.

— ¿Herí a alguien? —preguntó.

El Dr. Black se rió. — ¿Estás preocupada por ellos?

Bella miró el piso.

—Están bien —le aseguró el Dr. Black. —Siento haberme reído de ti, pero nunca imaginé a alguien preocupándose por las personas que lo secuestraron. Créeme, están acostumbrados. El pobre Mike ha sido incendiado por un piroquinético, su mente ha sido atacada por un telépata y ha sido golpeado peor de lo que lo hiciste por telequinéticos como tú. Pero él solo lo asume y sigue adelante. Sana rápido.

La guió de regreso a la habitación con la mesa y ambos se sentaron. el Dr. Black, caballerosamente, le sacó la silla a Bella.

— ¿Desde hace cuánto tiempo han estado haciendo esto? —preguntó.

—Desde 1950. El gobierno Americano consiguió algunas películas Rusas sobre el estudio de la telequinesis, y The Powers That Be decidieron que Estados Unidos necesitaba desarrollar su propio programa. Como podrás imaginar, la idea de personas que podían asesinar a un líder a la distancia sin la necesidad de armas era un concepto de enormes proporciones. Hoy en día, tenemos telequinéticos entre los guardias personales del Presidente que pueden crear un escudo si lo necesitan.

— ¿Cómo esconden esto del público?

—No es tan difícil. La mayoría de las personas no creen en súper poderes y habilidades paranormales. Si presencian algo raro, se convencen a sí mismos de que sus ojos debieron engañarlos o sacan una conclusión alternativa. Nosotros solo los alentamos.

— ¿Qué hay del gobierno? Quiero decir, ¿el Presidente sabe de este lugar?

El Dr. Black sacudió la cabeza. —Solo pocos lo saben. Nuestro presupuesto se esconde bajo otros programas y es manejado por la milicia. Así que no te alarmes si ves soldados en los pasillos.

— ¿Cómo evitan que las personas encuentren este lugar y se pregunten qué hacen aquí?

—El lugar está en una isla desierta que no aparece en los mapas. Si buscas esta locación en Google Earth, no veras nada más que un extenso océano. Estamos lejos de cualquier ruta de navegación y los aviones tampoco vuelan por aquí arriba.

—Entonces, ¿dónde estamos exactamente?

Sonrió. —No puedo decirte eso, pero te diré que está más frío de lo que imaginas. Si intentas escapar, morirás congelada.

El Ártico, entonces. O tal vez cerca de la Antártida. Eso explicaría la falta de tráfico que podría poner en evidencia la fortaleza.

—Su factura de calefacción debe de costar muchísimo —dijo Bella y él se rió.

—La fortaleza está debajo de la tierra, lo cual ayuda.

Y ahí estaba la razón para la falta de ventanas.

Se mordió el labio. — ¿Existe alguna forma para poder dejar algún día este lugar?

Él se encogió de hombros. —Eso depende de ti. Si coperas, existe la posibilidad de que seas entrenada para ayudar al gobierno con varias… tareas.

— ¿Cómo un guardaespaldas?

Él le dedico una pequeña sonrisa. —Entre otras cosas, pero eso es en un futuro, algo que podemos discutir más adelante. La pregunta importante es si participarás en nuestras pruebas. También es para tu beneficio, Bella. Podemos enseñarte a explotar tus habilidades en formas que nunca te has imaginado. Podemos ayudarte a hacerte más fuerte. No más hemorragias nasales, no más dolores de cabeza.

Lo suficientemente fuerte para luchar para escaparme de aquí, pensó. —Lo haré.

La sonrisa de él era enorme y ella se preguntó si tal vez él era un lector de mentes. Y entonces se preguntó si esas personas de ojos aburridos que estaban en la sala de recreación alguna vez se preguntaron la misma cosa.


Espero que les haya gustado.

Besos,

Moni(: