Esta historia no me pertenece, los personajes son de S. Meyer y la autora es Lissa Bryan, yo sólo traduzco.

Gracia enormes para Isa por su colaboración.


~*~The Better Angels of Our Nature~*~

Por: Lissa Bryan

Edward despertó a Bella cuando llegaron al muelle. Ella estaba sentada en su regazo, usando el hombro de él como almohada con un ala sobre ella en forma de manta. Se frotó los ojos sentándose.

—¿Dónde estamos? —preguntó.

—En Chile —respondió Jenks al pasar por el pasillo hacia la puerta. La abrió y ella escuchó unos golpes y maldiciones cuando él anclaba el bote al muelle. Aire húmedo y caliente entró a la cabina, las personas se quitaron los abrigos que habían estado vistiendo o usando como cobijas durante el viaje. Bella se amarró la chamarra alrededor de la cintura.

—De acuerdo. Estamos atados. Todos salgan.

—¿Tendremos que pasar por aduana? —preguntó Bella confundida.

Jenks se rió entre dientes. —Se ve algo linda cuando está adormilada y tonta —le dijo a Edward.

Dave corrió por el pasillo y se paró sobre las piernas de Jenks. Le golpeó la rodilla con una pata al ver que no bajaba la mirada.

—Bella, tu chucho quiere algo.

—Probablemente salir —dijo Bella—, fue un viaje largo.

Jenks miró al perro con duda. —¿Y qué es lo que quiere que yo haga respecto a eso?

—¿Ahora quién es el tonto? Levántalo del bote hacia el muelle, Jenks. No te preocupes, tu clasificación como matón osco no se arruinará si te ven una vez tocando a un perrito.

—No puede bajar más de lo que ya lo ha hecho —dijo Forks con humor. Él fue quien cargó a Dave y le acarició rápidamente las orejas antes de dejar al perrito en el muelle y subir tras de él.

—¡No vayas muy lejos! —le gritó Edward a Dave.

Jenks se quedó de pie en el bote, ayudando a los pasajeros a subir al muelle. Los hombres solo tuvieron que agarrarse a una mano firme. Ellos cargaron a las mujeres, sin importar si quisieran o necesitaran la ayuda. Jenks se hizo para atrás cuando Bella llegó al frente, alzando las manos como una víctima de asalto a un banco. Sabía que a Edward no le gustaba que nadie más tocara a su humana. Edward levantó a Bella al muelle y saltó tras de ella. Bella se tropezó al intentar avanzar. El muelle parecía mecerse de atrás a adelante. Edward la cargó en sus brazos, lo cual no ayudó a su equilibrio, pero la salvó de la posibilidad de rodillas raspadas.

—Recuperarás la firmeza de tus piernas en poco tiempo —le prometió Edward. Él parecía ser el único, aparte de la tripulación de Jenks, que no había sufrido ningún efecto.

Los hombres de Jenks bajaron las misteriosas bolsas negras de lona y se las pasaron a los pasajeros para que las llevaran. La que Forks le dio a Edward tenía una abertura de más o menos una pulgada en la parte superior, así que Bella se asomó. No pudo evitar jadear. La bolsa estaba llena de dinero, billetes americanos de cien dólares, frescos y nuevos, envueltos en papel, acomodados en bloques y cubiertos de papel de plástico trasparente. Levantó la vista y vio a Jenks mirándola con la ceja alzada. Bella tragó, pero no dijo nada.

Collin abrió un panel en el piso del bote y le pasó los rifles a la tripulación. Le ofreció uno a Bella, pero ella sacudió la cabeza. Siguieron a la tripulación por el muelle hacia un camino que se adentraba en la selva. Dave salió de la maleza, ladrando con emoción mientras corría hacia Edward.

—Encontró la casa —le dijo Edward a Jenks—, y huele como si nadie hubiera estado ahí por un largo tiempo.

Jenks gruñó. —Malditos guerrillas de la selva. No puedes confiar en ellos. Se suponía que alguien iba a ir y revisar el lugar una vez a la semana. Probablemente ahora el lugar luce como una maldita ruina Maya.

Pasaron entre enormes plantas y Collin, a la cabeza del grupo, tuvo que cortar las plantas que habían crecido en el camino con el machete que llevaba. Bella miró a su alrededor asombrada. Nunca pensó que tendría la oportunidad de ver la selva. Estaba impresionada por el tamaño de las plantas, los enormes árboles se elevaban encima de sus cabezas y los estridentes llamados de animales no identificados hacían eco entre los árboles.

Hacía un calor sofocante y tan húmedo como un baño pequeño después de una humeante ducha. Bella estaba sudando minutos después de que bajaron del bote. Edward agitaba las alas para darle aire, pero solo esparcía el aire húmedo y no la ayudaba a enfriarse. Edward se veía tan fresco como un pepino, al parecer los ángeles no sudan. Le sonrió con simpatía.

—Podemos soportar temperaturas más extremas —le explicó.

Llegaron a un pequeño claro y vieron la casa en el centro. Era una moderna estructura enorme, toda de vidrio y con ángulos picudos, construida en el suelo con pilares de cemento. Jenks abrió una cajita de metal montada sobre uno de los pilares y metió un código. Se escuchó un zumbido mecánico y una escalera bajó.

Entra a mi salón, le dijo la araña a la mosca* —citó Jenks señalando la escalera. El grupo exhausto y acalorado entró uno por uno. Jenks los siguió adentro y presionó un botón que estaba en un panel en la pared al lado de la escalera, el cual subió la escalera al piso detrás de ellos.

—Vaya Jenks, este lugar es increíble —dijo Bella. Es como algo que se ve en Architectural Digest*. Las paredes eran de vidrio. El primer piso era solo una enorme habitación que iba desde la cocina hasta el comedor y luego a la enorme sala. En el centro había un pequeño cuadrado de paredes sólidas en donde se localizaba el baño. Los muebles eran modernos, bajos y elegantes con vidrio y mesas de metal. Una enorme pantalla plana colgaba de una pared en el centro de la habitación; en el lado opuesto a donde se encontraba la chimenea, lo cual hizo que Bella sacudiera la cabeza. ¿Quién necesitaba una chimenea en la selva?

—Activaré la electricidad —dijo Jenks—. Pronto tendremos aire acondicionado.

—¿Cómo es que funciona un generador aquí? —preguntó Bella—. No puedes estar transportando gasolina para hacerlo funcionar.

—Hay una tubería de gas natural no muy lejos de aquí —dijo Jenks—, solo era cuestión de abrir una línea de ahí.

Probablemente una de la que no está enterada la compañía de energía, imaginó Bella.

Un brillante piano de cola negro en un lado de la habitación atrajo la atención de Edward. Dejó a Bella sobre sus pies y se acercó a él. Presionó una tecla e hizo una mueca ante el tono desafinado.

—¿Tocas? —le preguntó Bella.

Edward asintió. —Viene con el paquete. Todos los ángeles están dotados musicalmente.

—Supongo que de ahí viene eso del arpa —dijo Forks.

Edward se rió entre dientes. —Sí, algo así.

Dave corrió por la casa, deslizándose en el piso de azulejo blanco. Jenks le metió el pie para detenerlo antes de que pudiera estrellarse contra la mesita de centro.

—Escucha chucho, si orinas en mi piso o muerdes mis muebles, te lanzaré de alimento a los pitones. ¿Entendido?

Edward atrajo la atención de Dave, aunque Bella dudaba que estuviera traduciendo el mensaje al pie de la letra. Dave se sentó y escuchó con la cabeza ladeada.

—Él promete no hacerlo si le pones una caja con periódico cortado en tiras. Eso fue lo que hicimos en el apartamento porque su vejiguita a veces no podría esperarnos.

Jenks hizo una mueca. —Eso es asqueroso.

—Es mejor que charcos en el piso —comentó Edward.

—Supongo. Bien. Ponle una caja, pero por favor cambia la maldita cosa con frecuencia antes de que empiece a apestar el lugar, ¿de acuerdo? — Jenks alzó la voz para ser escuchado sobre las pláticas de las personas en la habitación—. ¡Atención, cabrones! —Todos se callaron y lo miraron expectantes—. No hay habitaciones suficientes para que cada quien tenga la suya, así que vamos a tener que compartir. Las parejas tendrán su propia habitación y yo, que soy de rango alto, también tendré la mía. Vamos. Síganme. —Siguieron a Jenks por las escaleras. Cerró la puerta de una de las habitaciones—. Mía —dijo simplemente—, y ésta es la de Bella y Edward. —Cerró otra puerta y abarcó con un gesto las puertas abiertas que quedaban—. Peleen entre ustedes, pero no manchen mi piso de sangre.

—Jenks —dijo Bella con tono de reprobación. Se adelantó un paso y comenzó a asignar habitaciones a los residentes. Había otras diez habitaciones, era espacio suficiente para todos, y en el tercer piso había cuartos pequeños para el personal, perfectos para Rose y Emmett, pensó, pero se negaron a alejarse de sus humanas, así que Bella puso a Jane, Alice y Esme arriba. Las tres eran pequeñas, razonó, cabrían bien en la cama tamaño matrimonial con espacio de sobra. Afortunadamente Jane ya no era hostil con Alice, probablemente porque su mundo había sido destruido de nuevo y necesitaba en consuelo de caras familiares.

Esme todavía se aferraba a la grabadora. Bella y Edward subieron con ellas y se sentaron en la cama que compartirían. Estaba demasiado caliente arriba, pero aire frío comenzaba a circular por el conducto y pronto sería más cómodo.

—Te ves como si te sintieras mejor, Esme —dijo Bella.

—Me siento mejor, gracias —dijo Esme.

—Nunca pude agradecerte lo que hiciste por mí —le dijo Bella—. Me salvaste la vida. Un simple 'gracias' no parece ser suficiente.

Esme levantó la grabadora. —Esto. Esto es más que suficiente. Es tan difícil creer que tengo mi propio ángel y que está aquí conmigo.

Bella miró a Edward. No estaba segura de cuánto tiempo duraría esa situación porque Carlisle parecía estar desvaneciéndose de nuevo. Él se aferraba a Esme como su sombra, siempre tenía los ojos pegados a su rostro. Intentaba tocarla con frecuencia, pero sus manos pasaban a través de ella como humo a través de una cortina y cada vez se veía más abatido. Rose tenía razón, pensó Bella; era como ver a un hombre hambriento frente a un festín que no podía comer.

Rose y Emmett se veían un poco más fuertes, pero habían caído en el mismo comportamiento que Carlisle, miraban impotentes a sus humanas y Bella no podía soportar mirarlos a los ojos por más tiempo. Era difícil ver la intensidad de su nostalgia y tristeza. Ahora que estaban cerca de sus humanos habían perdido la habilidad de parecer sólidos, o tal vez era la fuerza de su desvanecimiento. Bella no sabía. La tripulación asumió que se habían 'ido' después de que terminó la batalla, o que tal vez habían sido víctimas de la misma. De cualquier forma ya no mencionaban ni a Rose ni a Emmett.

—La he escuchado tantas veces que ya hasta la memoricé —continuó Esme—. Solo desearía tener el poder de verlo como tú. ¿Dónde está ahora?

—De pie detrás de ti —dijo Bella. Tenía la garganta cerrada—. Tiene sus manos en tus hombros.

Esme se giró y extendió la mano, sintiendo el aire. Carlisle gimió cuando la mano atravesó su pecho. Envolvió sus alas alrededor de ella, pero Esme retrocedió pasando a través de ellas, incluso cuando Carlisle intentó jalarla de regreso con un gemido inarticulado.

—Vi su sombra —musitó Esme—. Eso tendrá que ser suficiente.

Bella no pudo detener la oleada de ira cuando Carlisle se envolvió en su humana de nuevo, invisible, inaudito, imperceptible. Querido Dios, soy Bella. Quiero que sepas que eres un cruel bastardo. Eso es todo.

—Bella, no — murmuró Edward—. No es la culpa del Altísimo que ellos hayan elegido este camino.

—Fue él quien diseñó este camino, ¿no? —espetó Bella.

—Quiero ir a jugar con Dave —dijo Jane, interrumpiendo los pensamientos enojados de Bella—. ¿Está bien, Bella?

—Claro —dijo Bella y Jane echó a correr, viéndose, por primera vez desde que Bella la conoce, como la niña que es. Rose se fue detrás de ellos. Vigílalos, pensó Bella para Edward. Jane todavía tenía ese aire cruel y enojado en ella y, aunque Bella no creía que Jane fuera a lastimar a Dave, era mejor prevenir que lamentar.

Edward la besó y salió de la habitación para seguir a Jane abajo.

—Él es tan hermoso —suspiró Esme.

—Sí —dijo simplemente Bella—, lo es. —No sabía qué rostro usaba Edward para esas personas, pero al final no importaba. Su corazón puro brillaba sobre todo y lo hacía hermoso sin importar qué apariencia llevara.

Alice se sentó junto a Bella en la cama.

—¿Puedes grabar a mi ángel para mí? —le preguntó con entusiasmo.

—Puedo intentarlo, pero no sé si funcionara de nuevo, no ahora que el Cielo sabe sobre esa laguna.

—Oh —Alice se veía decepcionada. Emmett intentó abrazarla, pero sus brazos sostuvieron solo al aire—. ¿Cómo se ve?

—Es grande, alto, de hombros anchos, con cabello y ojos negros. Su cabello está un poco rizado.

Alice suspiró. —Como siempre imaginé que se vería mi hermano —dijo—. Fui hija única, y siempre fui la más pequeña de mi grupo. Los otros niños me molestaban. Siempre fantaseaba acerca de tener un hermano mayor, que sería grande e intimidaría a los otros, pero dulce y gentil conmigo. —Soltó una suave risa—. Hay algo que apesta sobre ser una psíquica. Veía lo que los otros niños me iban a hacer ese día y luego tenía que ir a la escuela y vivirlo.

—¿Por qué no le dijiste a tu madre o a los maestros que te molestaban? —preguntó Esme.

Bella y Alice intercambiaron una mirada. Esme debió haber sido una de las niñas aceptadas entre las filas de sus compañeros, alguien que nunca había visto lo que era ser marginado.

—Echarlos de cabeza usualmente empeoraba las cosas —le dijo Alice—. En cuanto decidía decirle a alguien, veía cual sería el resultado y nunca era una mejora de mi situación.

—Oh, pobrecita —dijo Esme y jaló a Alice a sus brazos. Emmett y Carlisle suspiraron, ambos felices de ver a Esme entregar el consuelo que ellos no podían, pero al mismo tiempo sentían envidia.

—¿Bella? —Amanda se paró en el marco de la puerta—. Jenks quiere hablar contigo abajo.

Bella pensó que Amanda se refería a la sala, pero llevó a Bella a la habitación de Jenks. La habitación era enorme y lujosa, hermosamente decorada, con su propia área de descanso, que consistía en un pequeño sofá y dos sillones de orejeras con una mesita en el centro. Jenks estaba sentado en el centro del sofá, Collin estaba a su derecha y otro de la tripulación, Phoenix, un hombre que Bella no conocía muy bien, estaba sentado a su izquierda. Bella eligió una de las sillas y se sentó. Forks estaba de pie detrás del sofá, recargado contra él con los brazos apoyados en el respaldo.

—¿Podrías sentarte carajo? —le dijo Jenks—. Me pones nervioso con esa mierda 'amenazante'.

Forks se encogió de hombros y tomó la silla vacía, sentándose tan abajo que parecía haberse derretido.

—De acuerdo. Asumo que Edward está escuchando. Me contó sobre esa basura de fusión mental que ustedes tienen. Me dices si tiene que algo que agregar a esta conversación.

Bella sacudió la cabeza. —Lo siento, solo funciona en un sentido. Yo no puedo escucharlo.

—Entonces supongo que puede decirme después —Jenks se encogió de hombros—. Como sea, tenemos que pensar cuál será nuestro siguiente paso. Este lugar está muy bien escondido, y solo pocas personas saben que lo tengo, así que de momento estamos lo más a salvo posible. De todas formas no creo que debamos quedarnos aquí por mucho tiempo, e imagino que algunas de tus gentes querrán ir con sus familias.

—Es demasiado peligroso —protestó Bella—. Es casi seguro que tienen vigiladas a sus familias. No he visto las noticias desde que escapamos, pero imagino que ahora somos conocidos como un grupo terrorista y nos estarán buscando a todos.

Jenks habló con voz suave:

—Bella, ¿los vas a obligar a quedarse con nosotros? Creí que los rescataste para darles libertad, no para detenerlos tú misma.

—Lo hice —replicó Bella—, pero quiero que estén a salvo. Estuve años practicando para huir de "ellos" y aun así me atraparon. Algunas de esas personas no sabrían lo que están haciendo.

—Tendríamos más oportunidad si "ellos" estuvieran ocupados persiguiendo a docenas de grupos en lugar de a un solo grupo grande —señaló Forks.

Bella estaba atónita. —¿Sugieres que mandemos a alguna de nuestra gente como corderos para matanza para mantener a los lobos ocupados mientras el resto huimos?

—No, estoy diciendo que mover a un grupo grande como éste es muy difícil, especialmente al intentar ser cautelosos. Incrementamos nuestras oportunidades si nos separamos. Además no estamos seguro de poder confiar en todos los del grupo.

—Tengo interferidos los teléfonos y GPS en este lugar —dijo Jenks—, pero no es garantía sólida de que nadie podrá contactar alguien de afuera y decirles dónde estamos.

—Aquí va mi sugerencia —dijo Phoenix. Su voz hizo saltar a Bella porque era baja y grave, como piedra al ser pasada por papel de lija—. Vamos a Norte América y dejamos a la gente ahí con algo de dinero en las manos. No podemos mandarlos a un país extranjero sin pasaportes y sin conocer el idioma.

Jenks se rascó la barbilla. —¿Dónde los dejamos? ¿California?

—Digo que tomemos el CP hacia la costa este.

—¿CP? —repitió Bella.

—Canal de Panamá.

—A la chingada con eso —dijo Forks—. No tenemos papeles, ¿recuerdas? Y nos estarán buscando.

—Puedo pasarnos —dijo Phoenix—. El presidente me debe un favor.

—Es mejor que tu soborno sea mayor que lo que ofrece el Proyecto Theta —advirtió Jenks.

Forks habló: —Creo que deberíamos dejarlos en ambas costas. Hay más oportunidades si no se esparcen de un solo lugar.

—No sé si tengamos tanto tiempo —replicó Jenks—. Van a poner todos los recursos que tengan en esto. Por lo que Bella aquí presente me ha dicho, el gobierno tiene terror de que esas personas vayan a terminar en manos de otra nación, una que pueda usarlos como armas. Para ellos es como tener dos docenas de misiles perdidos. No sé si le dijeron la verdad sobre otros gobiernos intentando secuestrar a esas personas, pero voy a trabajar con la certeza de que todo el jodido mundo nos está buscando.

—Abandónalos, Jenks —dijo Collin. No miró en dirección de Bella al decir esto—. Es demasiado arriesgado. De todas formas, ¿por qué hacemos esto? No hay dinero involucrado y hay una probabilidad del noventa por ciento de que terminen volándonos las cabezas. ¿Y para qué?

—Lo hacemos porque es lo correcto —dijo Jenks.

Collin sacudió la cabeza. —Estás loco, amigo. En caso de que lo hayas olvidado, tienes una tripulación que trabaja para ti por dinero. Dinero que ganamos haciendo mierdas altamente ilegales y rentables. No somos la maldita Cruz Roja.

—Quieres salirte, bien. Toma tu parte del dinero y vete. —Jenks movió la cabeza hacia la puerta—. Lo mismo va para cualquiera de mis hombres. Hay suficiente para que todos tengan un retiro agradable y cómodo. Nadie te está jodidamente obligando. Pero yo ya terminé con las mierdas criminales.

—¿Ahora eres religioso? —espetó Collin.

—Tú viste lo mismo que yo. —Jenks lo miró a los ojos despiadadamente.

Collin sacudió la cabeza. —Nunca fui ateo, Jenks. Siempre supe lo que estaba eligiendo.

—Todavía hay tiempo para que cambies.

—Estás asumiendo que quiero hacerlo —replicó Collin.

El silencio siguió a esa declaración.

—Tu ángel está muriendo —dijo Bella—. Cada día se va desapareciendo más y más mientras tú ignoras los susurros en tu corazón. Una vez haya desaparecido tu ángel, ya no quedará esperanza para ti, Collin. Porque tu ángel representa todo lo bueno de ti, la mejor parte de tu naturaleza.

Collin miró a Bella por un largo momento y ella tembló ante sus ojos fríos y vacíos. Luego, se levantó y salió de la habitación sin decir otra palabra.

—Aw, Dios —dijo Jenks. Se frotó la cara con una mano y se alejó el cabello de la frente—. Se levanta la maldita sesión.


Esa noche Bella ayudó a Lauren a cocinar. Jenks tenía un congelador bien surtido que funcionaba con gas natural y nunca se apagaba, a diferencia de los otros electrodomésticos que funcionaban con el generador, y un montón de latas en la despensa. La cocina por si sola era el placer de todo chef con una enorme estufa de gas, con encimeras de mármol oscuro y casi todos los aparatos y accesorios de cocina existentes, la mayoría todavía nuevos con los precios o etiquetas pegadas a ellos.

Pusieron juntas muchas cacerolas con lasaña y la talentosa Lauren incluso hizo pan de ajo casero, lo cual impresionó profundamente a una Bella que estaba en desventaja culinaria. Platicaron mientras cocinaba y Bella descubrió que de verdad le agradaba Lauren. Era difícil creer que una mujer tan agradable y simpática fuera parte de la tripulación de matones de Jenks.

—¿Cómo es que te uniste a Jenks? —Finalmente reunió el valor para preguntar.

Lauren se congeló por un momento y luego siguió cortando la masa.

—Él me encontró —dijo—. Yo era…, bueno, era una prostituta con problemas de drogas, si quieres saber la verdad. Trabajaba en un club en Krung Threp… Bangkok, en inglés. Tenía un novio, él era un jugador, uno no muy bueno. Viajamos por todo el mundo buscando su "golpe de suerte", aunque cada vez que encontraba uno, lo apostaba. Como sea, una noche se quedó sin apuestas y la única cosa que le quedaba era yo. Me apostó en una "mano segura" y perdió.

—No puedes apostar a una persona —espetó Bella.

—En algunos lugares y dentro de ciertos círculos, sí, sí puedes. El tipo contra el que me perdió no le importó si yo estaba dispuesta o no y cuando terminó conmigo, me vendió a un club subterráneo que fue donde Jenks me encontró. Realmente me gustaba Jenks. Solía comprar tiempo conmigo solo para poder sentarnos a beber y platicar. Entones, una noche, me dijeron que empacara mis cosas porque me iban a cambiar de locación. Jenks intentó comprarme, pero el dueño del club no quería vender su atracción principal; rubias de ojos azules juntan mucho dinero en un lugar donde la mayoría de la gente tiene cabello oscuro. Sabían que Jenks no aceptaría un no como respuesta, porque ése es el tipo de hombre que es él, ¿sabes? No me cambiaron lo suficientemente rápido. Jenks y sus hombres allanaron el lugar, me robaron a mí y todo el dinero del casino, y dejaron que también las otras chicas se fueran. Intentó quitarle importancia diciendo que era algo que sus hombres hacían por dinero, pero yo sé que lo hizo para sacarme de ahí. Y yo haría cualquier cosa por él.

—Estoy feliz de que te haya sacado de ese horrible lugar.

Lauren sonrió ligeramente. —¿Sabías que Krung Threp significa 'Ciudad de Ángeles'? Jenks fue mi ángel. Me ayudó a quitarme mi adicción y a empezar a recuperar mi personalidad de debajo de las capas de hielo en las que me había envuelto para protegerme. Lo amo, Bella. Lo amo con todo mi corazón y hasta este día nunca ha puesto un dedo en mí. Dice que no quiere que me sienta usada como solía por todos esos otros hombres.

Bella abrazó impulsivamente a Lauren. Lauren se quedó rígida por un momento, pero luego le correspondió.

—Tal vez ahora que él está…, en el camino del bien…

Lauren sonrió. —Sí, quizás.

Para cuando sacaron las numerosas cacerolas de lasaña del horno, el aire acondicionado ya había enfriado la casa a una temperatura agradable y todos se regaron en el primer piso con los platos en los regazos porque ciertamente no había espacio suficiente en la mesa para todos.

Dave saltaba alrededor de la habitación, complacido con toda su gente nueva. Casi todos eran humanos agradables que le daban una caricia o le rascaban la oreja (y algunos incluso le dieron un pedacito de su pan de ajo), pero había un par a los que evitaba, especialmente al hombre oscuro. Dave le decía así por la sombra que parecía rodearlo, una sombra que Dave no podía ver ni oler, pero que de todas formas sabía que estaba ahí.

Dave esperó hasta que el hombre con alas terminó de comer. Otra mujer le había cocinado algo de comida a Dave, arroz hervido con caldo de pollo, el cual Dave consideró que estaba muy sabroso, casi tan bueno como una lata de comida para perro. Su pancita estaba agradablemente hinchada y lo que Dave de verdad quería era acurrucarse y tomar una siesta, pero necesitaba decirle a su humano acerca del hombre oscuro.

Se subió al regazo del hombre con alas y se paró con las patas recargadas contra el pecho del hombre. Le dio un respetuoso lametón en la barbilla, era algo que se tenía que hacer al saludar a un alfa. El hombre oscuro me asusta, le dijo al hombre con alas, dándole una imagen del hombre en cuestión.

No tengas miedo, respondió el hombre con alas. Ahora está perdido. Perdido y solo. Estamos intentando ayudarlo a encontrar el camino de regreso.

Dave lo consideró. Él sabía lo que era estar solo y triste. El dolor era casi suficiente para hacerlo querer morder a la gente. Tal vez necesita cariño, sugirió Dave. La hembra que está en el lugar esponjoso parece querer darle cariño.

No me había dado cuenta. El hombre con alas miró a la mujer, cuya mirada estaba pegada al hombre oscuro. El hombre con alas le hizo una seña a su hembra y vocalizaron suavemente. Seguro de que el hombre con alas lo solucionaría, Dave trotó buscando un lugar suave par dormir.


* Cita tomada del texto "The Spider and The Fly" escrito por Mary Howitt.

* Architectural Digest es la revista de arquitectura, diseño y estilo de vida más prestigiosa del mundo.