Esta historia no me pertenece, los personajes son de S. Meyer y la autora es Lissa Bryan, yo sólo traduzco.

Gracia enormes para Isa por su colaboración.


~*~The Better Angels of Our Nature~*~

Por: Lissa Bryan

Después de la cena Bella y Edward subieron las escaleras, fue entonces cuando se congelaron al escuchar las aspas de un helicóptero. Jenks se apuró hacia una de las ventanas y sus hombros de dejaron caer con alivio.

—¡No pasa nada! —les dijo a la gente ansiosa—. Conozco a esos tipos.

El helicóptero aterrizó en el pequeño prado y de él salieron tres hombres. Traían rifles colgados sobre los hombros, pero aparte de eso se veían como si fuera a atender a una reunión de accionistas. Bella no era una experta en moda, pero se comería sus pantalones si esos hermosos trajes hechos a la medida no eran de diseñador.

—¿Esos son tus "guerrillas de la selva"? —preguntó Bella.

Jenks se rió nerviosamente. —Es un apodito que tengo para ellos. —Se aclaró la garganta—. Uno que puede que sea mejor no mencionar cerca de ellos.

—Sí, entendido —dijo Bella.

Jenks metió un código y la escalera bajó para que los hombres subieran a la sala. El hombre que iba al principio era, probablemente, el hombre más atractivo sin ser ángel, que Bella había visto en su vida. Su cabello era negro como la tinta, tan brillante como una obsidiana, y su piel tenía un tono bronceado. Sus ojos eran los más oscuros que había visto, un verdadero negro, no solo café oscuro, sino de verdad negros, sin distinción visible entre el iris y la pupila. Su rostro perfectamente simétrico parecía cincelado, con pómulos altos y una mandíbula bien definida que fácilmente pudo haber agraciado la portada de alguna revista.

Ella solo podía mirarlo con la boca ligeramente abierta, y él parecía acostumbrado a ese tipo de reacción. Detrás de ella Edward gruñó un poco. Los dos hombres que lo seguían iban igual de bien vestidos, pero con apariencia lo suficientemente ordinaria para perderse entre la multitud. Ellos se quedaron separados del grupo, sus ojos pasaron sobre cada rostro, como buscando por problemas.

—Bella, éste es Amun —dijo Jenks. No presentó a los otros dos hombres, así que Bella asumió que debían ser algún tipo de guardaespaldas.

Amun tomó la mano de ella y en lugar de darle un apretón, se inclinó y dejó un suave beso en el dorso.

—Tu nombre es muy apto —ronroneó, y su acento delató orígenes exóticos. Edward gruñó de nuevo y puso sus manos en los hombros de Bella. Amun se rió entre dientes—. ¿Y quién es él?

—Es Edward —dijo Jenks—. No te metas con él. En serio.

Amun alzó una ceja. Miró al silencioso grupo por un momento antes de girarse de regreso a Jenks.

—Justo cuando creo haberte entendido, amigo mío, vas y me sorprendes de nuevo. ¿Qué es lo que tramas ahora?

Jenks se encogió de hombros. —¿Qué has escuchado?

—Oh, cosas como que destruiste un centro de investigación del gobierno, terrorismo y asesinato. Nada lejos de lo normal, pero en este caso no pude determinar los beneficios que te hacían moverte y es eso lo que me llamó la atención.

Jenks le dedicó una pequeña sonrisa a Bella.

—Estamos en una misión de Dios —dijo y encendió un cigarro. Le ofreció el paquete a los que estaban a su alrededor, pero todos se negaron.

—Por lo que he visto, Dios no le paga muy bien a sus empleados —dijo Amun.

Jenks se encogió de hombros. —No estoy en quiebra. De todas formas, ¿cuánto dinero puede necesitar un hombre?

—Tus amigos en Asia no están felices porque no llegaste como acordaron.

—Mi bote sufrió de una pequeña fuga —dijo Jenks—. En cuanto lo saque del fondo del Pacífico, les llamaré.

—Qué pena.

—Sí, le tenía algo de cariño a ese oxidado bote. Pero estoy seguro de que no estás aquí para ofrecer tus condolencias por la pérdida de mi barco.

—No, no es así. —Amun miró a la audiencia a su alrededor, mirando este intercambio como si fuera un interesante programa de televisión—. ¿Podemos hablar en tu oficina?

Bella ni siquiera sabía que Jenks tenía una oficina.

—Sí, ven. —Subieron las escaleras detrás de él. Amun se detuvo y miró detenidamente a Bella y Edward.

—Ellos también vienen —dijo Jenks—. Son los…, co-líderes en esta operación.

Amun no dijo nada. Él y sus guardias siguieron a Jenks por las escaleras, Bella y Edward detrás de ellos. En la cima de las escaleras Jenks golpeó la pared con un lado de su puño y apareció un panel escondido. Metió una serie de números y la pared se abrió.

—¡Vaya! —dijo Bella impresionada. No creía que cosas como éstas existieran fuera de las películas.

Jenks sonrió, e hizo un movimiento con la mano hacia la puerta nueva.

—Las damas primero.

Si a Bella le hubieran pedido que imaginara qué tipo de oficina tendría Jenks, hubiera empezado con un escritorio de metal gris, fotos pornográficas pegadas a las paredes manchadas de nicotina y pilas de papeles desordenados por todos lados. En lugar de eso, Jenks tenía un inmaculado escritorio de vidrio frente a una gran ventana y grabados enmarcados de Dürer en los paneles de las paredes. Hizo un gesto para que Bella y Amun tomaran asiento en las grandes sillas negras de piel que estaban frente a su escritorio, eran cosas raras, un arte más moderno que las sillas con forma de "S" sin brazos, pero sorprendentemente cómodas.

—Tengo un trabajo para ti —dijo Amun.

Jenks se ubicó en su propia silla y sacó una pluma de la bandeja lacada negra que estaba detrás del papel secante. La giro en sus manos como una batuta.

—Probablemente no estoy interesado —dijo.

—Un cuarto de millón.

Jenks se encogió de hombros.

—Medio millón.

Jenks se golpeteó el labio inferior con la pluma.

—¿De qué se trata?

—Hay cierta persona…

—No estoy interesado —dijo Jenks sacudiendo la cabeza.

—Oh, creo que lo estarás. Sucede que esta persona es el líder del centro de investigación que destruiste.

Jenks dejó caer la pluma y revoloteó las manos para agarrarla.

—¿Quién?

—Su nombre es Aro Volturi. Todavía tiene el rango de "general", aunque técnicamente ya está retirado. Según el registro es la cabeza del Proyecto Theta. Medio millón cuando sepa que el trabajo está concluido. Él usa un anillo que lo distingue. Tráemelo.

—¿Por qué? —preguntó Bella—. ¿Por qué lo quieres muerto?

Amun se giró para encararla con la mirada ardiendo.

—¿Conociste a una mujer llamada Victoria?

—¿Pelirroja? —preguntó Bella.

Amun asintió. —Ella…, era mía. Aro fue quien ordenó que la atraparan y fue quien ordenó su muerte.

—¿Cómo sabes eso? —preguntó Jenks.

Amun movió una mano. —No importa. —Se giró hacia Bella de nuevo—. Ya mataste al que jaló del gatillo, y por eso siempre tendrás mi gratitud. Te debo un favor.

Bella miró a Jenks y él tenía los ojos ampliados.

—Gracias —dijo Bella con vacilación. No sabía lo que significaba que Amun le debiera un favor, pero Jenks parecía pensar que era algo impresionante.

Amun metió la mano a su saco y sacó un sobre de la bolsa interior.

—Estos son los detalles que necesitaras. ¿Puedo contar contigo?

—Aw, joder. —Jenks se pasó una mano por la cara.

—Si él no lo hace, yo sí —dijo Bella.

Los ojos oscuros de Amun regresaron para unirse a los de ella. Él la estudió por un momento y luego asintió. —Que así sea.

Se puso de pie y le ofreció una mano a Jenks, quien la tomó con la expresión un poco aturdida. Besó la mano de Bella de nuevo y luego se fue con sus guardaespaldas siguiéndolo en silencio. Un momento después Bella escuchó las aspas del helicóptero de nuevo.

—Entiendes que acabas de aceptar un contrato, ¿verdad? —le dijo Jenks a Bella—. Qué carajo, niña, no eres sicario, o sicaria, como quieras llamarlo.

—Voy a terminar con el Proyecto Theta —dijo Bella—. De una vez por todas. No voy a vivir el resto de mi vida huyendo, y abajo hay una habitación llena de personas que tampoco deberían vivir así. Vamos a cazar a Aro y descubrir dónde están almacenados los archivos del Proyecto Theta. Cuando hayan sido destruidos, la mayoría de las personas podrán ser capaces de regresar a sus vidas normales.

—No parará con Aro —dijo Jenks—. Él no es la cima de la pila. Es más como un mando intermedio.

—Entonces tendremos que encontrar a la gente que está a cargo —replicó Bella.

—Bella, eso que planeas cometer es un gran pecado.

Bella asintió. —Lo sé. Pero lo veo igual que lo que Carlisle, Rose y Emmett hicieron. Si, por mi sacrificio, todas esas personas de abajo pueden tener vidas normales de nuevo, y nunca más volverá a haber niños arrebatados de sus familias, entonces valdrá la pena.

Jenks se puso de pie. —De acuerdo, niña. Estoy contigo. Ahora solo tenemos que ver cuántos de la tripulación están con nosotros en esto.


Bella no fue a la reunión de la tripulación. Sintió que debía ser una discusión privada entre ellos. Era casi como un hombre que le pedía el divorcio a su esposa después de muchos años porque a mitad de su vida le había llegado una epifanía.

Bella suspiró. Lo que más quería era subir las escaleras hasta su cuarto y acostarse con Edward, y que él envolviera sus alas a su alrededor, borrando el mundo con esa suave blancura. Pero no podía hacerlo. Los residentes del centro (a quienes la tripulación se refería amablemente como "Los Superdotados") la necesitaban. Parecían ver a Bella y Edward como si fueran líderes, lo cual la asustaba. Bella nunca había sido la líder de nada y no tenía ni idea de qué hacer.

Pasó entre la multitud, sonriéndole a todos, deteniéndose para platicar con esta persona o aquella, pero su meta era encontrar a su hermano. En la escuela Jasper había sido elogiado por su liderazgo. Había sido el presidente de la sociedad de alumnos en su último año y vicepresidente del club de debate. Si alguien podía ayudarla, era él.

—Hola —dijo ella, sentándose junto a él en el sofá. Edward se paró detrás de ella con una mano recargada ligeramente en su hombro. Bella cubrió la mano de él con la suya y le sonrió.

—Hola —respondió Jasper. Con algo de esfuerzo apartó los ojos de lo que estaba viendo. Bella siguió su mirada y descubrió que Jasper había estado viendo a Alice, quien jugaba Scrabble con Jane mientras comían.

—¿Alice, eh? —preguntó Bella. Reconoció esa mirada en el rostro de él. Jasper tenía la costumbre de sufrir flechazos con las mujeres y admirarlas de lejos en lugar de dar a conocer su interés y arriesgarse a ser rechazado.

Jasper se removió un poco, bajó su mirada y un sonrojo apareció en la parte superior de sus mejillas. Siempre había detestado sonrojarse con tanta facilidad como Bella.

—No está interesada.

—¿Cómo sabes? ¿Le preguntaste?

Jasper se encogió de hombros intentando parecer indiferente. —Está concentrada en ese tipo, Collin.

—Edward se dio cuenta de eso anoche —comentó Bella—. Él piensa que Alice sería buena para Collin. Ayudarlo…, uh…, a seguir el camino del bien.

—Tal vez deberías hablar con ella —dijo Jasper—. Y no solo digo eso porque…, pues, ya sabes…, lo digo porque no creo que él sea una muy buena persona y ella podría resultar herida.

Bella sacudió la cabeza. —No creo que él pudiera lastimar a una mujer. Jenks no tendría a ese tipo de hombres en su tripulación.

—No, no estoy hablando de esa forma. Me refiero a que si ella se involucra emocionalmente él podría romperle el corazón. No creo que él sea capaz de corresponder sus sentimientos. —Jasper había vuelto a verla—. Sabes que el dolor puede cambiar a las personas. Ella es tan dulce y amable. Mírala con Jane. Jane siempre era desagradable con ella en el centro y ahora Alice la protege como a una hermana. Él podría aplastar esa dulzura que tiene. —Él respiró temblorosamente—. Lo he visto antes. Ese tipo de hombres, son como vampiros que chupan la alegría y el corazón de las mujeres que los aman.

—Conozco el buen corazón que tiene, Jasper. Ella también era amable conmigo.

—Cree que sigues enojada con ella.

Bella se sorprendió por eso. —¿Por qué?

—Porque cree que te traicionó al rendirse ante la tortura. Ese idiota, Jacob Black, era un lector de mentes. Ella me dijo que intentó pensar en otras cosas cuando él estaba cerca, recitaba el Himno Nacional, ese tipo de cosas. Todos los días él iba con ella y…, bueno, ella le mostraba lo que había visto ese día. No podía evitarlo, Bella. Intentaba no mirar, pero sus visiones son poderosas. La mayoría del tiempo no las puede repeler.

Bella sacudió la cabeza. —Jasper, no la culpo por eso.

—¿Bella? —escuchó la voz de Rose, un ligero susurro en su oído.

—¿Sí? —Bella se giró hacia ella, e inmediatamente sintió una punzada de compasión en el corazón. Solo la parte superior del cuerpo de Rose estaba definido; debajo de la cintura no era nada más que volutas de humo.

—¿Con quién estás hablando? —Jasper miró a su alrededor.

Bella lo miró. —Un minuto, Jasper.

—Es Carlisle —dijo Rosalie—. Creo que se está…, yendo.

Bella soltó un jadeo que sonó más a sollozo. —Oh, no… ¿Estás segura?

Rose no dijo nada. No tenía que hacerlo. La tristeza de su mirada lo decía todo.

—Bella, sabías que esto iba a pasar —dijo Edward con gentileza.

—Pensé…, esperaba… —Bella no necesitaba decirlo. Edward sabía que esperaba un milagro, que creía que algo salvaría el día.

Ella se puso de pie. —Te veo después, Jasper.

—Oh, bien. —Se veía confundido.

Bella siguió a Rose. Encontraron a Esme sentada contra la pared de vidrio, en el lado más alejado de la habitación, mirando la selva que los rodeaba. Ella también se había desvanecido usando su poder para mezclarse con el fondo y así poder estar sola, sola a excepción del ángel que no podía ver, la ligera gasa de vapor que era el ángel acostado junto a ella en el piso, demasiado débil para intentar tocarla. Solo sus ojos parecían sólidos, con su mirada hambrienta y desesperada pegada a ella.

—¿Qué le pasará a ella? —Bella le preguntó a Edward, hablando en voz baja para no ser oída.

Edward sacudió la cabeza. —No podría saberlo. Es una buena persona, así que dudo que se vaya al lado oscuro, pero podría rendirse fácilmente a la desesperanza y desesperación.

Lágrimas calientes ardieron en sus ojos, bajando por las mejillas de Bella.

—¿Dónde está nuestro maldito milagro? ¡No se supone que debe terminar de esta manera! —Levantó la cabeza para mirar a la oscura alfombra de nubes que cubrían el cielo—. ¿Me oyes, Dios? Hicimos lo que querías, ¿y así termina él? ¿Me escuchas? —Golpeó el vidrio con un lado de su puño y se hundió contra él por un momento.

—Claro que Él te escucha, Bella —dijo Edward con gentileza.

—No te atrevas a empezar a hablar sobre un jodido "plan" —le advirtió Bella—. Hay un límite de patrañas que puedo aceptar.

—Detente, Bella —dijo Esme. Se puso de pie y caminó hasta ellos. En el piso Carlisle lloró e intentó alcanzarla, pero cayó de regreso al piso con un gemido.

—¡Esto no está bien! —gritó Bella. Se giró hacia Edward, su rostro se veía feroz debajo de las lágrimas—. Dile a tu Altísimo que la próxima vez que necesite un jodido favor, se lo pida a alguien más.

Esme tomó las manos de Bella en las suyas.

—Sé lo que está pasando —dijo. Cerró los ojos por un momento—. Puedo sentirlo. Puedo sentir que se derrite cono nieve en el sol. Pronto ya no quedará nada. Solo tendré esto. —Levantó la grabadora—. Bella, quiero que se vaya. No puedo soportar pensar que está sufriendo.

Bella dejó caer las manos y se arrodilló en el piso junto a Carlisle. Intentó levantar su cabeza para ponerla sobre su regazo, pero él se deslizaba entre sus dedos como humo. Bella sollozó. Intentó agarrarle la mano sin éxito alguno. Ella ni siquiera estaba segura de que él supiera que estaba ahí, que alguien estaba con él en sus últimos momentos, anhelando darle el más pequeño consuelo. Esme se sentó junto a Bella, justo al lado de Carlisle, y él suspiró, un suave sonido como el del aire a través de una delgada cortina. Él cerró los ojos.

Bella se cubrió la cara con las manos y soltó la tormenta de enojo y dolor que se construía dentro de ella, sus lágrimas lo atravesaban a él hacia el piso. Edward se arrodilló junto a ella y la jaló a sus brazos. Bella recostó la cabeza en su pecho y él la meció suavemente mientras ella lloraba.

—No está bien, no lo está —dijo Bella con amargura.

—Lo sé, nena —susurró él.

Rose y Emmett estaban a cada lado de Carlisle y unieron sus manos sobre el cuerpo de él que se desvanecía. Ambos extendieron al máximo sus alas. Las nubes de afuera se abrieron por un momento y un rayo de sol cayó a través de la ventana, reflejándose con tanto brillo sobre el piso que Bella tuvo que apartar la mirada por un momento. La luz y calidez se desvanecieron y cuando miró de nuevo Carlisle ya no estaba.

¡NO! —gritó. Luchó contra los brazos de Edward—. ¡No!

—Bella, Bella, escúchame…

—¡No! Maldición, ¡NO!

—Obtuviste tu milagro, Bella —dijo Edward.

Ella se congeló. Lo miró y una capa de lágrimas distorsionaban las facciones de él, pero ella vio una sonrisa.

—Está en casa, Bella. El Altísimo lo llevó a casa. Y él estará ahí, susurrándole al corazón de ella, esperándola cuando le llegue su momento.

—¿Qué? —dijo Bella—. Edward, ¿en serio? ¿En serio?

Él también estaba llorando, ella vio lágrimas caer por sus mejillas, pero las suyas eran de alegría, no de tristeza.

—Está en casa.


Bella y Edward pasaron junto a Jenks en las escaleras al dirigirse a su cuarto. Él vio las lágrimas y abrió los ojos alarmado. —¿Qué pasa?

—Nada —dijo Bella—. Ahora todo está bien. —Le sonrió a Edward y él le correspondió, jalando su cuerpo contra su costado—. ¿Qué tal te fue con la tripulación?

—Perdimos a dos —admitió Jenks—. Alan y Randy decidieron unirse a los hombres de Amun. El resto de los chicos se quedan.

—¿Incluso Collin?

—Se va a quedar para el golpe, al menos —dijo Jenks—. Bella, en realidad él no es malo. No lo tendría en mi tripulación si creyera que lo es. Es solo que…, pues ha estado en esto desde que era adolescente. Ésta es la única vida que conoce. Esta mierda de Dios…, creo que lo asusta y no sabe qué hacer con eso. Dale una oportunidad, ¿sí? Creo que al final elegirá lo que es correcto.

Para ahora, Bella ya sabía que los juicios de Jenks estaban usualmente bien.

—De acuerdo. ¿Cuál es el plan?

—Descansamos aquí por unos días y luego nos vamos al CP. Dejaremos al menos a la mitad de los Superdotados en diferentes locaciones a lo largo de la costa. Luego regresamos a la Costa Oeste para dejar a los demás antes de ir a buscar a Aro. Según el informe que me dio Amun, probablemente estará en Colorado durante el verano. Le gusta la pesca, o algo así.

—Suena bien —dijo Bella. Le sonrió y luego ella y Edward terminaron de subir las escaleras hasta su cuarto.

Y ahí, envuelta en los brazos de su ángel, a salvo en el suave mundo blanco en el que solo habitaban ellos dos, descansó. Y envió una oración de agradecimiento.


Ok, se revelo el misterio del hombre oscuro y la misteriosa chica, varias pensaron que se trataba de Lauren y Jenks. Digamos que aquí la relación de Jasper y Alice se va a dar de otra manera. Y no pierdan de vista a Amun, tiene más importancia de lo que parece.

Espero que les haya gustado.

Gracias por sus comentarios