Esta historia no me pertenece, los personajes son de S. Meyer y la autora es Lissa Bryan, yo sólo traduzco.

Gracia enormes para Isa por su colaboración.


~*~The Better Angels of Our Nature~*~

Por: Lissa Bryan

—No me voy a levantar —dijo Bella.

—Mm… —Estuvo de acuerdo Edward. Él se acurrucó más cerca de ella.

—De hecho, puede que me quede aquí todo el día —continuó Bella.

—Suena bien —murmuró Edward.

Sintieron un pequeño golpe a los pies de colchón y un perrito negro se subió en sus piernas, y se metió entre sus torsos. Usó su hocico para intentar meterse bajo las cobijas, pero Edward las levantó por él y Dave anduvo debajo de ellas sobre la cama. Encontró un lugar que le gustara detrás de la rodilla de Bella y se hizo bola ahí.

Alguien tocó la puerta y Bella gimió.

—¿Qué? —gruñó Edward.

—¿Bella? ¿Edward? Es hora de desayunar. —Era la voz de Alice y se escuchaba exasperantemente alegre.

Edward levantó la cabeza.

—Deja la comida afuera de la puerta. Vete.

—Jenks necesita ver a Bella.

—¡Joder, Alice, estamos durmiendo! —gritó Bella.

—Oh, bien… Lo siento. —Alice sonaba herida y Bella suspiró.

—Aw, maldición…, ya voy, Alice —le dijo—. Bueno, de todas formas dormir más era una buena idea. —Se quitó las cobijas de encima y se estiró con un ruidoso bostezo. Edward se sentó y sus alas estaban alborotadas con plumas apuntando en todas las direcciones; necesitaba una buena peinada. Bella agregó eso a su lista Un millón y uno cosas por hacer.

—No tienes que levantarte —le dijo ella—. No hay razón para que ambos tengamos que sufrir.

—Como sea, no puedo volver a dormirme sin ti —le dijo Edward. Se puso de pie estirando sus alas al máximo y se fue rascándose casualmente al caminar. Bella sacó a Dave de debajo de las cobijas.

—Lo siento, amigo, pero tengo que alzar la cama.

Dave soltó un bostezo como gritito y Bella no pudo evitar mimarlo un poco; criaturita manipuladora. Ella tenía la pequeña sospecha de que él sabía lo lindo que era. Ella lo dejó sobre su almohada y acomodó las cobijas y sábanas. Para cuando terminó, Edward ya había acabado en el baño y estaba recargado en el marco de la puerta.

—¿Un ducha? —dijo él con esperanza. Ella sacudió la cabeza.

—Es mejor que descubra qué es lo que quiere Jenks.

Él suspiró y abrió la puerta de la habitación.

—¡Edward! ¡Pantalones! —gritó Bella al mismo tiempo en que Alice, que seguía en el pasillo, chillaba y se tapaba los ojos con las manos.

Él cerró la puerta y le sonrió tímidamente a Bella.

—Lo siento.

—No es conmigo con quien te tienes que disculpar, es con la pobre chica a la que te exhibiste.

Se metió al baño y salió unos minutos después para escuchar a Alice decir:

—Entonces, ¿elegiste la apariencia que querías que tuviera tu cuerpo y no elegiste algo…, ya sabes…, más largo?

—Elegí el tamaño promedio para un hombre humano —se defendió Edward—. Además, lo que importa no es el tamaño, sino cómo lo usas.

—Buenos días —dijo Bella. Dejó la puerta entreabierta para que Dave pudiera entrar y salir a su antojo. A veces la casa era tan ruidosa que subía aquí buscando un lugar tranquilo para dormir.

—Bella, ¿crees que mi…?

—Eres perfecto —dijo Bella rápidamente.

—¿Ves? —Edward le sonrió a Alice.

Bajaron las escaleras. Edward olió el aire y dijo "¡Panqueques!" con la voz de un hombre enamorado.

Lauren trajo casi una docena de platos, manteniéndolos en equilibro como si fuera una combinación entre mesera y artista de circo. Los dejó en la mesa y le sonrió a Edward.

—Hice tus favoritos —dijo.

Edward se sentó ansiosamente en la mesa, agarrando un tenedor en una mano y un cuchillo en la otra, mirando con expectación su lugar.

—Oye, flojo, ¿por qué no vas tú mismo a la cocina y agarras un plato? —dijo Bella. Él se vio inmediatamente arrepentido y culpable.

—Lo siento, no pensé en ayudar. —Se puso de pie y se fue a la cocina.

Bella miró directamente a todos alrededor de la cocina.

—Una habitación llena de personas capaces y aun así todos esperan por Lauren. Ella no es una maldita sirvienta aquí, gente.

—Jenks ha sido una muy mala influencia para tu lenguaje, Bella —dijo Alice.

—Acostúmbrate, Psíquica —replicó Bella.

Varias personas se levantaron de sus lugares luciendo avergonzados y se fueron a la cocina para ofrecer su ayuda. Collin no fue uno de ellos, ya que se quedó en su silla con los brazos cruzados sobre su pecho y una ceja alzada en dirección de Bella como si estuviera diciendo, "¿Y si no qué vas a hacer?"

Bella rodó los ojos.

—Sí, Collin, tu maleante actitud de rebeldía ha sido debidamente notada. —Él parpadeó y se le borró la sonrisa—. ¿Dónde está Jenks? —preguntó Bella.

—No sé, estaba aquí. —Alice miró a su alrededor.

Bella lo localizó junto a una de las paredes de vidrio con un celular en la oreja. Ella se fue a la cocina y meneó los huevos revueltos que estaban en la estufa con su talento mientras agarraba un plato de empanadas fritas para llevárselo a la mesa. Para su sorpresa, Collin estaba justo detrás de ella. Él agarró unas jarras de leche y jugo, sin dirigirle una palabra, y las llevó a la mesa.

Jenks terminó con su llamada casi al mismo tiempo que ellos terminaron de llevar el desayuno a la mesa. Se sentó en la mesa, agarró su tenedor y comenzó a comer su primer bocado justo cuando Edward decía "Dios mío…" Él suspiró y esperó, hundiendo en jarabe el pedazo de panqueque que tenía en el tenedor.

—¿Tenemos que hacer esto cada vez que comemos? —preguntó después de que Edward dijo Amén—. Ya sabes, quizás podríamos hacer una oración de "actualización" una vez a la semana y decir "Seguimos agradecidos y esas mierdas".

—Es una oración, Jenks, no una cuenta de Twitter.

—Lo sé, pero se siente raro agradecerle a Dios por la comida cuando no creo que él haya tenido mucho que ver con…, ya sabes, el proceso de obtención. Yo la robé, Lauren la cocina.

Bella se encogió de hombros.

—Quizás él te dio la oportunidad de robarla y comerla sin que te atrapen.

—Decir "Querido Dios, gracias por el cargador que disparé" no parece ser apropiado.

—Pues ahí lo tienes entonces. Renunciar a tu vida de crímenes tiene agregado el beneficio de poder decir oraciones más agradables. De todas formas, ¿qué querías? Alice dijo que querías verme.

—Sí. —Se limpió la boca—. Necesito que vayas de compras.

—¿Compras? ¿De qué?

—Todas las mierdas que ellos necesitan. —Jenks apuntó con su tenedor a las personas comiendo en la sala. Dave descubrió que tenían comida y bajó corriendo las escaleras. Actualmente estaba corriendo ida y regreso entre Jane y Esme, quienes le lanzaban pedazos de tostada para que las atrapara. Ella suspiró. Iba a ser imposible implementar la regla "no comida de humanos", así que podrían rendirse ahora y esperar que eso fuera algo que se desvaneciera de la limitada memoria de Dave una vez que los Dotados fueran enviados cada uno por su camino.

—La gente se estaba quejando hoy en la mañana de que no tienen cepillos de dientes, ropa limpia y esas mierdas —dijo Jenks.

—¿Por qué yo? ¿Por qué no Alice? Ella me dijo una vez que en realidad sí le gustaba ir de compras.

Alice saltó un poco en su silla como si se estuviera esforzando en contenerse y no alzar la mano gritando "¡Elígeme a mí! ¡Elígeme a mí!"

—Ahí está el problema con eso —dijo Jenks—. Ella intentará combinar ropa y comprar mierdas de diseñador. Solo necesitamos ropa para ellos que les alcance a cubrir un periodo de una semana. Tú eres más reconocible, lo sé, pero eres la única que se puede defender casi de cualquier cosa con la que te ataquen, incluso sin Edward respaldándote. —Ella no podía discutir con su lógica.

—De acuerdo, ¿pero cómo voy a llegar allá? —Jenks se quedó mirándola.

—¿Olvidaste que tienes un ángel que puede volar?

—Él no cuenta con bodega de carga, Jenks, y me estás pidiendo que compre un montón de mierdas.

—Oh, sí… —Jenks se rascó la barbilla—. ¿Y si haces varios viajes?

—Supongo que lo arreglaremos después —dijo Bella—. ¿Quieres que saque el dinero de una de las bolsas de lona?

—No, tengo pesos en la oficina —replicó Jenks—. Te daré algunos después del almuerzo. Escucha, Bella, he estado pensando y en realidad no estoy a gusto con que tú… —Miró alrededor de la mesa—, con que hagas lo que pidió Amun. Hace rato estaba en el teléfono con un…, subcontratista. ¿Cómo te sentirías si trajera a alguien más a bordo?

—Si tú sientes que él es de confianza, entonces confío en tu juicio.

—Nos dejará menos ganancia —advirtió Jenks, pero Bella se encogió de hombros.

—No estoy en esto por el dinero. —Jenks se le quedó mirando.

—Piénsale un poco y me dices en la noche, ¿de acuerdo?

—Sí, de acuerdo —dijo Bella—. Pero en serio, Jenks, si crees que es buena idea, como dije, confío en tu juicio.

—Es eso, Bella, no estoy seguro de confiar yo en mi juicio en esta ocasión. No estoy seguro si estoy pensando en esto porque necesitamos la ayuda o si solo intento mantener tus manos limpias.

—Tú déjame a mí preocuparme por mi propia consciencia. —Bella se levantó de la mesa y llevó su plato al fregadero. Lo enjuagó y se giró para ponerlo en el lavavajillas topándose con Edward, lo que hizo que gritara—: Dios, ¿qué te he dicho sobre aparecerte así de la nada?

—Lo siento. Bella, puede que quieras aceptar la sugerencia de Jenks.

—¿Esa cosa de "las manos limpias"? Porque creo que Dios probablemente no estará muy de acuerdo en que yo esté planeando un asesinato y no se dejará distraer por pequeño detalles como quién será quien jalé el gatillo. Además ya he matado mucha gente, ¿qué importa uno más?

Ella lo sorprendió, se dio cuenta de eso. Él la miró en silencio mientras ella metía su plato y tenedor al lavavajillas.

—Importa para mí —dijo él—. No pretendas estar hastiada de esto, Bella, porque sé que no es así. Conozco tu corazón y he visto que estás empezando a procesar todo lo que pasó esa noche; estás empezando a sentirte mal por lo que hiciste en el centro de investigación.

—Ni siquiera estoy segura de qué hice en el centro —replicó Bella—, estaba viendo cosas, pero ésa no es una excusa o la única razón. La gente murió porque se atravesaron en mi camino.

—Eso no…

—Edward, ¿podemos dejar de hablar sobre esto? —Le dedicó una sonrisa adolorida—. No ahora, ¿bien?

—Bella, te sientes herida y es mi trabajo…

—Quizás necesito sentirme un poco herida —dijo Bella—. Quizás debería lastimarme un poco. Matar personas no debería ser algo de lo que te deshicieras así de simple, o que borraras de tu mente con mundanidades. ¿Recuerdas la película Los imperdonables? —Él asintió.

—Fuiste a verla al cine con Jasper y te quedaste dormida a la mitad.

—Hubo una frase que se me grabó: "Matar a un hombre es un infierno. Tú le arrebatas todo lo que tiene y lo que alguna vez tendrá". —Bella cerró el lavavajillas y subió las escaleras, dejando atrás a Edward en la cocina, viendo cómo ella se alejaba.


Bella se tapó el brillante cabello rojo con una gorra y se puso un par de gafas que le tomó prestadas a Jenks. Ella y Edward subieron al techo, el cual era una forma de salida fácil para Edward. Ella llevaba varias de las bolsas de lona metidas unas en otras. Edward pensó que él podría cargar una en cada mano y Bella podría cargar otra en su regazo. Algo más que eso y probablemente tendrían que hacer otro viaje.

Edward empezó a agitar sus alas mientras corría hacia la orilla del techo porque le gustaba la sensación de caída libre que tenía antes de que sus alas atraparan el aire; Bella decidió que a ella no. Ya estaban casi volando para cuando llegaron a la orilla y él se disparó suavemente sobre el bosque. Bella se rió en voz alta cuando vio que el pequeño parche de árboles que pensó que era una jungla rodeando la casa de Jenks, en realidad era poco más que un pequeño pedazo de bosque. Las casas estaban esparcidas en el terreno por aquí y por allá, eran haciendas de personas ricas, nada que ver con el desierto aislado y virgen que se había imaginado. No tenían líneas de electricidad o caminos de entrada, pero aparte de eso, Jenks no estaba tan fuera del terreno.

—¿Qué quieres hacer cuando esto termine? —preguntó Edward.

Bella no sabía cómo responder a eso. Nunca había imaginado un momento en que esto habría terminado, mucho menos había hecho planes.

—Sería bueno si lo hicieras —dijo él, siguiendo su línea de pensamientos—. Planear el futuro, esperar algo más adelante. ¿Qué tal un bebé?

—Pareces estar algo obsesionado con la idea de que tenga hijos —dijo Bella.

—Me gustan los niños —replicó Edward—. Si lo piensas bien, son muy parecidos a los ángeles.

Ella podía entender por qué él pensaba eso. Juguetones, entusiastas, curiosos…, hasta que la vida les quitara todo eso. Dios, se estaba haciendo muy cínica, pensó.

—Serías una buena madre —dijo él. Ella sacudió la cabeza.

—No querría pasar este…, talento a un niño.

—Podrías pensar de manera diferente si no hubieras sido programada para ver esto como una carga. La tripulación les llama los Dotados porque ellos en realidad ven esto como dones. La mayoría de la gente lo haría. Tienes la habilidad de hacer cosas increíbles, Bella, pero te has sentido como si tuvieras que esconder tu luz del mundo. Pero dime, ¿y si el mundo no fuera de esta forma?

—Sí, ¿y si no existiera el racismo o la xenofobia? No hay caso en especular cómo sería la vida en un mundo maravilloso donde todos aceptaran las diferencias y las disputas fueran terminadas con un jubiloso musical. Vivimos en este mundo, Edward, y en este mundo la gente piensa que las personas como yo somos fenómenos, y ellos querrán disecarte para ver qué es lo que te hace diferente.

Él se quedó en silencio por un momento.

—Te estás volviendo muy cínica, Bella.

—Yo le llamo "realista".

Edward se dirigió hacia un centro comercial que tenía una extensa cadena de tiendas al final. Aterrizaron en un lado, detrás de un contenedor de basura, y Bella dejó las bolsas detrás de éste. Edward agarró su mano y entraron a la tienda.

—Probablemente esto será más rápido si nos separamos —dijo Bella—. ¿Podrías ir por favor a la sección de salud y belleza para agarrar suficientes cepillos de dientes, peines, cepillos para cabello y esas cosas para todos? Yo iré por la ropa.

Él estaba reticente.

—Anda —dijo ella—. Estoy a cien pies de distancia. Si hay problemas, podrías llegar a mí en un instante.

Él asintió y la besó antes de ir a hacer lo que le pidió.

Bella fue primero al pasillo de ropa interior porque probablemente eso sería lo más fácil. Sostenes deportivos y ropa interior de algodón en paquetes de cinco que contenían varias tallas para las damas y bóxers de algodón para los hombres. Calcetines —olvidó incluirlos en su lista—. Giró el carrito y se fue al siguiente pasillo, lanzando dentro paquetes de calcetines negros en diferentes estilos. El negro combinaba con todo, ¿cierto?

Agarró casi todas las pantaloneras negras que había en la repisa; la diferencia de tallas se ajustaría mejor que los vaqueros, y también serían más cómodos.

—Bueno, hola Bella.

Bella se giró alzando su escudo. Sintió una descarga de electricidad pasar por su pecho como si fuera una batería cargándose y luego vio quién había hablado.

—¡Oh! Hola Amun.

Él sonrió, y eso le dio a su atractivo rostro un aire infantil. Sus dos guardaespaldas estaban detrás de él, con los rostros tan oscuros como si se tratara de la procesión en un funeral.

—Te ves un poco alterada, Bella.

—Ser la chica del poster de la INTERPOL tiene esos efectos en ti —dijo. Ella miró a su alrededor. De pie ahí, en su hermoso traje de diseñador hecho a la medida, Amun se veía tan fuera de lugar como una monja en un bar de motociclistas—. ¿Qué estás haciendo aquí?

Él levantó un envase de espuma para afeitar.

—Se me acabó esta mañana.

¿Él compraba sus propios artículos de aseo? ¿En un supermercado? Bella habría esperado que él usara una oscura marca Europea cuyo nombre ella no podría pronunciar.

—No sabía que vivías en la ciudad. —Él sonrió.

—No es así. Solo que encontré algo…, que atrapó mi interés y pensé en quedarme aquí un tiempo.

Ella escuchó un zumbido detrás de sí y se giró para ver a Edward caminar hacia ellos; traía los brazos llenos de coloridos cepillos de dientes. Se iban cayendo de sus brazos al caminar pero ni por eso se detuvo. Sus ojos se habían reducido a pequeñas rendijas.

La sonrisa de Amun se agrandó y sus guardaespaldas prestaron atención de repente. Metieron las manos a sus chaquetas.

—Hola… Edmund, ¿cierto?

Edward —lo corrigió Bella.

—Necesitamos. Pasta. Dental. —Edward dejó caer los cepillos de dientes al carrito como si lanzara un guante de acero a los pies de Amun.

Amun se veía bastante alegre con la reacción de Edward.

—Es bueno verte de nuevo.

Edward no dijo nada. Tenía un espasmo en la mejilla.

—Bueno, es mejor que vayamos por esa pasta dental. Fue bueno verte de nuevo. — Bella se sentía incómoda. Es por esto que siempre odió las situaciones sociales, porque nunca sabía qué decir o cómo suavizar momentos de tensión. Se agachó para recoger unos de los cepillos que se habían caído y los lanzó al carrito. Escuchó de nuevo ese retumbante sonido cuando se iban y se le quedó viendo a Edward.

—¿Estás gruñendo? ¿Por qué le gruñes a Amun?

—No me agrada. —La mandíbula de Edward estaba tensa y tenía los nudillos blancos sobre el asa del carrito.

—Bien —dijo ella—. ¿Alguna razón en particular?

Edward no respondió.

Bella agarró unas cajas de pasta, unas botellas de gel para afeitar y grandes paquetes de rastrillos desechables. Eso la hizo pensar en la vez que Edward intentó rasurarse y sonrió.

—¿Por qué estás sonriendo? —le exigió Edward. Ella lo miró parpadeando.

—¿No lo sabes?

Él se pasó una mano por el cabello.

—No…, es confuso.

—Estaba pensando en la ocasión en que intentaste rasurarte —dijo lentamente—. Edward, ¿estás bien?

—Bien —replicó con voz brusca. Ella nunca antes lo había escuchado usar ese tono y no sabía qué hacer—. ¿Terminamos? —le preguntó.

—Solo unas cosas más —le prometió ella. Agarró una caja de tinte al azar, en esta ocasión rubio. Agarró botellas de champú y acondicionador, cepillos y peines, y luego se le ocurrió que sería buena idea tener a la mano algunos productos femeninos de higiene personal. Se giró para echarlos al carrito y lo vio de pie ahí con una botella de champú en las manos.

—Me gusta éste —dijo él. Ella lo agarró y lo olió; fresas—. Olería bien en ti —dijo él. Puso la botella en el carrito y luego puso las manos sobre los hombros de ella—. Bella, perdón por contestarte mal.

—No pasa nada —dijo ella. Era algo inevitable en cada relación, pasaba una vez que la etapa de luna de miel se terminaba.

—¡No! —Él la envolvió en sus brazos—. Bella, no, no voy a tratarte de forma diferente. Yo… Pasó algo extraño y no sé qué pensar. Necesito hablar con Emmett y Rose.

Ella le sonrió con gentileza.

—Paguemos por esto para poder ir a casa.

Afortunadamente fueron capaces de meter todo en las bolsas y regresar en un solo viaje. Bella se sintió como Santa Claus cuando todos la rodearon, ansiosos por su ropa nueva y artículos de aseo. Ella fue pasando las cosas, haciendo notas mentales de las cosas que olvidó comprar y vio a Edward sentado cerca de Esme, hablando seriamente con Rose y Emmett, pero cuando terminó se veía más agravado que nunca. Supuso que él le contaría qué pasaba cuando estuviera listo, pero en realidad deseaba poder saber qué le estaba molestando tanto. ¿Era algo que ella había hecho? ¿Qué podría causar que su mente se nublara para él?

Y entonces la golpeó con un horrible entumecimiento: quizás ella se estaba haciendo mala. Él le había dicho que las personas que se cruzaban al lado oscuro ya no podían escuchar el susurro de sus ángeles en el corazón; quizás funcionaba en ambos sentidos. Y quizás se había alterado antes porque no se sentía bien. Ella podría estar haciendo que él se desvaneciera.

Oh no, no no no.

Oh, ¿por qué no había escuchado a Jenks? ¿Por qué había saltado al frente cuando él vaciló en aceptar el contrato? Ella se había comprometido a hacer algo que podría destruir a su ángel.


Disculpen la larga espera.

¡Gracias a todas por sus comentarios!