Esta historia no me pertenece, los personajes son de S. Meyer y la autora es Lissa Bryan, yo sólo traduzco.

Gracia enormes para Isa por su colaboración.


~*~Los Mejores Ángeles de Nuestra Naturaleza~*~

Por: Lissa Bryan

Amun estaba sentado en la mesa cuando Bella bajó a desayunar la mañana siguiente. Se congeló en su lugar tan abruptamente que Edward chocó contra su espalda y tuvo que agarrarla rápidamente antes de que cayera por las escaleras.

—¿Qué estás haciendo aquí? —le preguntó ella.

Alzó el tenedor.

—Comiendo panqueques.

Bella bajó las escaleras y se acercó a Jenks, que estaba sentado en el sofá, apoyando un tobillo en la rodilla opuesta, y con los ojos pegados a la televisión. Edward se detuvo a los pies de las escaleras, mirando hacia el comedor y luego hacia Bella, y luego de regreso al comedor, claramente desgarrado entre si debería seguirla o rendirse al llamado de la sirena de panqueques caseros. Bella le sonrió y le hizo una seña de que siguiera, y él se rindió por los panqueques.

—Jenks.

—¿Qué? —Ni siquiera se molestó en verla.

—¡Jenks! —Bella levantó el pie y de un golpe tiró el tobillo que tenía apoyado en su pierna. Él saltó y la miró mal.

—¿Qué jodidos?

—¿Qué está haciendo Amun comiendo panqueques en el comedor?

—Quería venir. ¿Se suponía que tenía que decirle "no" o algo?

—¿Después de que me jodiste anoche por salir a cenar con él? Sí, probablemente eso hubiera sido lo correcto.

Jenks se aclaró la garganta.

—No le puedes decir a un hombre como Amun que se chingue solo, a menos de que estés listo para retractarte. Y te lo diré ahora, yo no estoy listo. Edward quizás sí, pero yo no.

—Bella, ven a desayunar —la llamó Amun—. Te guardé un lugar.

—En un minuto —respondió Bella con un falso tono alegre.

—Dijo que quería hablar con Jane —le dijo Jenks—. Sobre Victoria.

—Creo que está abusando un poco de esa cosa de viudo en duelo —dijo Bella agriamente. Se fue al comedor y Amun se puso de pie, ofreciéndole el asiento junto al suyo. Él metió la silla mientras Bella se sentaba, luego Edward le cambió el lugar a Esme para estar sentado a su izquierda. Bella le sonrió y él le dio un gran beso ruidoso en los labios. Él agarró un panqueque del centro con las pinzas y lo puso en el plato de ella.

—¿Jarabe? —preguntó Amun levantando la jarra.

—No, gracias —dijo Bella, aunque sí le gustaba el jarabe en sus panqueques. Solo no le agradaba la idea de aceptar algo de él. Se acercó más a Edward.

—¿Ya leíste mi informe sobre Aro, Bella? —preguntó Amun con voz de negocios.

Ella se sentía como un niño que no había hecho la tarea.

—Creo que Jenks todavía lo tiene.

—Pues lo resumiré para ti: sería más fácil si intentaras invadir la Casa Blanca. Ese hombre tiene la mejor seguridad del mundo. Espero que tu equipo tenga a alguien experto en electrónica… ¿Sistemas de seguridad y esas cosas?

—Ben —dijo ella asintiendo en dirección del mencionado. Ben escuchó su nombre y se quitó los audífonos del iPod.

—¿Sí?

—Pregunta de concurso, campeón: ¿cómo desactivas un sistema TanseraNet?

—¿Un qué? —dijo Ben.

De acuerdo, demasiado para su experto en electrónica.

—El general también tiene unos Dotados muy poderosos trabajando en su equipo de seguridad.

—Recuerdo que Jacob dijo que podíamos ser entrenados para ese tipo de cosas. ¿De qué tanto poder estamos hablando?

—Esperemos que un vistazo al ordenador central del Proyecto Theta nos lo diga.

—¿Nos? —preguntó Bella—. ¿A qué te refieres con nosotros?

—Me refiero a que necesitas mi ayuda. Ben es bueno, pero no tan bueno. Jenks lleva trabajando dos días con sus contactos y todavía no ha podido descubrir dónde está el ordenador central. A mí me tomaría diez minutos descubrirlo incluyendo mi descanso para fumar.

—¿Sabes dónde están almacenados todos los archivos? —jadeó Bella.

—Sí.

—¿Dónde?

—Llevaré a tu equipo cuando estén listos —dijo Amun. Una sonrisita tiraba de sus labios.

—Es nuestro trabajo. Tú nos vas a pagar a nosotros por hacerlo, ¿recuerdas?

—Quiero que tengan éxito y eso no sucederá a menos de que tengan las herramientas adecuadas. Si te dijera dónde está el ordenador central, ¿qué harías?

—Ver si Ben puede acceder a él para conseguir la información que necesitamos y luego aplastarlos hasta morir, supongo.

—¿Y no pensarías en las copias de seguridad?

—Me iría con la seguridad de que Ben sabría qué tendríamos que hacer —admitió Bella. Ella era un fiasco para hacer planes, lo cual era la razón por la que Jenks había estado afinando los detalles para su regreso a Estados Unidos.

Amun sacudió la cabeza.

—Sin ofenderte, Ben, pero esto es más de lo que conoces.

—No hay problema —replicó Ben—, conozco mis limitaciones.

—Quieres que esos archivos sean destruidos, ¿no? —le preguntó Amun a Bella.

Ella asintió. Para ella era la parte más importante de la misión. Eso le permitiría a los Dotados vivir vidas normales sin tener que estar escapando, mirando constantemente sobre sus hombros en busca de "ellos".

—Entonces me necesitas. —Sonrió—. Puedo garantizarte la limpieza completa de su sistema.

—¿Cómo puedes estar tan seguro?

—Porque lo he hecho antes.

Bella soltó su tenedor.

—¿Qué quieres decir? ¿Qué has hecho antes?

—Quiero decir que destruí un sistema similar en otro país. Arrasé con cada trazo de él en la tierra. —Amun se sirvió otro panqueque y lo untó de mantequilla.

—¿Por qué nos contrataste para matar a Aro, entonces, si puedes hacerlo tú solo?

Amun dio un sorbo a su taza de café.

—En ese momento no me interesaba hacer el esfuerzo. Ahora sí.

Edward pasó un brazo alrededor de Bella y le lanzó dagas con la mirada a Amun. Eso solo hizo que Amun sonriera.

—No te exaltes, Edmund. No intentaré robarte a Bella. Ella dejó en claro que no está interesada.

Edward —lo corrigió Bella.

—Todo empezó como un asesinato sencillo, pero luego descubrí que tú y yo tenemos metas similares. Yo quiero a Aro muerto y tú quieres los archivos destruidos. Necesitamos esos archivos para saber quién está trabajando con él y contra qué nos estamos enfrentando. Si tú vas y fallas, él aumentará su seguridad y pasarán años antes de que él esté tranquilo de nuevo.

Bella se había olvidado por completo del desayuno.

—¿Por qué destruiste el otro programa?

—Por dinero —replicó Amun, y se metió un gran pedazo de panqueque a la boca.

Ella se preguntó si habría algo más detrás de lo que él estaba dispuesto a decir, pero sabía que no iba a sonsacarle nada en ese momento.

Él y Edward estiraron la mano por el último panqueque al mismo tiempo, ambos con el tenedor listo para agarrarlo. Se congelaron y las dagas en la mirada salieron de nuevo. La mirada de Edward ardía con intensidad, muy parecida a las llamas en su espada, mientras que la de Amun era fría y te congelaba la sangre; la obsidiana mirada sin piedad de un tiburón. Bella no conocía mucho a Amun pero estaba bastante segura de que no era un humano ordinario. Tenía la impresión de que estaba a punto de desatarse la Tercera Guerra Mundial y no podía hacer nada más que mirarlos con preocupación. La segunda comenzó por la muerte de un archiduque. La historia registraría que fue un simple panqueque el que había causado la destrucción de una civilización entera. Al parecer Ben se sentía de la misma forma, porque se puso de pie y leeeeentamente se retiró de la mesa. Esme desvaneció, desapareciendo virtualmente de la vista de Bella.

—Chicos, chicos —dijo Lauren con ligereza y alejó el plato de ellos—. Prepararé más en un segundo, ¿de acuerdo?

—Maravilloso. Gracias. —Amun rompió la competencia de miradas y su expresión cambió más rápido de lo que Bella tardaba en parpadear. Él le dio una de esas infantiles sonrisas encantadoras y Lauren se sonrojó.

Bella estiró la mano y giró la cara de Edward hacia ella. Los ojos de él se suavizaron al instante.

—Déjalo ir —le dijo con suavidad.

—No me agrada —dijo Edward.

Amun sonrió.

—No me digas.

Edward se puso de pie.

—Terminé.

—No te vayas ya, apenas empieza a ponerse interesante. —El tono de Amun era completamente alegre.

Bella escuchó el zumbido de la escalera retráctil y el rápido golpeteo de garras en el piso. Dave corría hacia Edward, pero cuando vio a Amun empezó a frenar y se deslizó quedando sobre su cola. Se puso de pie, retrocedió un paso y lloriqueó.

—Dave. —Edward le hizo una seña y el perrito corrió hacia él. Edward cargó al perrito en brazos—. Regresemos a nuestra habitación, Bella.

—Buena idea —contestó. Ella lo siguió por las escaleras sin mirar atrás.

—Bueno, eso fue raro —dijo en cuanto Edward cerró la puerta—. El otro día él estaba muy confiado en que Jenks podría matar a Aro, ¿y ahora, de repente, está tan preocupado que tiene que ir con nosotros para asegurarse de que lo hagamos bien?

—No creo en absoluto que esa sea la razón —dijo Edward.

—¿Qué dijo Dave?

—Llamó a Amun "el hombre negro".

—Pues Amun está algo bronceado, pero yo no le diría negro.

Edward sacudió la cabeza.

—Recuerda que a Collin lo llamo "el hombre oscuro". Está diciendo que Amun es incluso más oscuro. Negro. Dave le tiene miedo.

Bella se sentó en la cama y Edward dejó a Dave junto a ella. Se subió al regazo de ella y golpeó su mano con su cabeza para recordarle que debería estarle haciendo cariños. Bella obedeció.

—Amun puede ser algo antagónico, pero no creo que sea malvado —dijo.

—Hay algo…, diferente en él. No sé qué es.

—¿Tienes alguna habilidad para descubrir cuándo alguien es malvado? ¿Como mirar en su corazón o algo así?

Sacudió la cabeza.

—Solo puedo mirar el tuyo. A veces puedo ver el corazón de una persona a través de los ojos, pero no puedo descubrir nada de Amun.

—Si de verdad es malvado, no podemos dejarlo venir en esta misión sin importar qué habilidades tenga.

Edward se arrodillo frente a ella y recostó la cabeza en su regazo. Ella le acarició el cabello.

—Estaba mintiendo cuando dijo que no iba a intentar alejarte de mí.

Bella le levantó la barbilla.

—Pues puede intentarlo, pero yo no me iré a ningún lugar. Te amo, Edward. Y si puedes ver dentro de mi corazón, verás que te pertenece a ti, y solo a ti.

Hubo un golpe en la puerta y Bella suspiró. Edward se puso de pie para responder, y Dave bajó de la cama para ponerse junto a él. Alice estaba de pie afuera y se veía agitada.

—¿Puedo hablar contigo por un minuto?

—Claro —dijo Bella—. ¿Qué pasa?

Alice se puso de pie en el centro de la habitación y se abrazó fuertemente con los brazos. Emmett se movía detrás de ella, ahora era poco más que una sombra blanca. Bella extrañaba a los Caídos. Después de que perdieron la habilidad de parecer sólidos a causa de estar cerca de sus humanos, nadie había vuelto a preguntar por ellos, era como si se hubieran borrado de la memoria de las personas al igual que ellos habían ido desapareciendo. Emmett flotaba alrededor de Alice como si buscara un ángulo que le permitiera sostenerla y consolarla como ella necesitaba.

Pasó un momento antes de que hablara, y cuando lo hizo, su voz fue aburrida y apática.

—Mis visiones se detuvieron.

—¿Cuándo?

—¿Hace una hora, quizás? No puedo ver. Nada.

—Quizás es temporal, como un dolor de cabeza —sugirió Bella.

—No entiendes. Nunca me había pasado. Cada momento del día tenía visiones mundanas. Si alguien agarraba un lápiz, me llegaba una visión de la letra que escribirían, o si agarraban el control remoto, tenía una visión del programa que iban a ver. Y mis visiones cambiaban constantemente cuando ellos cambiaban de parecer, cuando tomaban decisiones diferentes que los dirigían a otro camino. La mayoría del tiempo ya no las notaba porque me acostumbré. Eran parte de mí. Hay muy pocas cosas que no puedo ver, como mi propio futuro, pero nunca antes había estado completamente ciega. Eso me asusta.

—Sé cómo se siente —dijo Edward de repente—. Fue horrible cuando me bloquearon de la mente de mi Bella.

Bella tronó los dedos.

—¿Qué tienen en común esas dos situaciones?

Ellos la miraron expectantes.

—¡Amun! Quizás de alguna manera él…, corta tus habilidades. Fue temporal con Edward, así que quizás contigo también lo sea.

—¿Quieres decir algo así como el niño de X-Men? ¿Crees que Amun absorbe nuestros Dones?

Bella no tenía ni idea de qué era lo que estaba diciendo.

—No sé si lo hace intencionalmente o no, pero si está haciendo algo, el efecto no es permanente. Edward, te recuperaste como en una hora, ¿no?

—Sí —replicó. Sus ojos se veían suaves y compasivos—. Te sientes pérdida y sola en este momento, Alice, porque ya no puedes sentir a tu ángel. Pero él irá a casa pronto.

Alice parpadeó, y la confusión pasó por sus ojos, pero cuando hubo un golpe en la puerta, se olvidó de eso completamente. Bella gimió internamente. Solía pensar que su habitación era una tranquila forma de escapar del mundo. Abrió la puerta.

—¡Collin! —gritó Alice y se sonrojó ante el evidente entusiasmo en su voz.

—Hola enana —dijo él. Su mirada se movió hacia Edward y Bella, y al perrito negro en la cama, y se quedó de pie torpemente en el marco de la puerta.

—Yo…, uh…, te vi,… ya sabes…, molesta por algo y yo…, uh…, quería ver si estabas…, um…, bien.

—Gracias, Collin —dijo Alice con suavidad.

—Bueno, yo…, ya sabes…

Alice sonrió, se acercó a él y tomó su mano. Él miró sus manos unidas con una expresión cercana a la admiración.

—¿Quieres…, ah…, ir a caminar, o algo?

—Me encantaría —replicó Alice. Les sonrió a Edward y Bella, y cerró la puerta tras de ellos cuando se fueron. La neblina que era su ángel guardián rondó detrás de ella, invisible, mudo, imperceptible. El que Carlisle regresara a casa les había brindado a Emmett y Rose un rayo de esperanza, lo cual, irónicamente, los había fortalecido lo suficiente para hacer que su tormento siguiera por más tiempo.

—Ella es buena para él —dijo Edward.

—Sí, pero no estoy tan segura de que él sea bueno para ella —replicó Bella.

Él ladeó la cabeza.

—¿Estás segura que no tienes prejuicios porque a Jasper le gusta?

—Alice no debe estar con alguien oscuro —dijo Bella—. Él tiene muchas cosas que cambiar en sí mismo antes de poder ser lo que ella necesita, y él nos dijo que no quería cambiar.

—Quizás lo haría, por amor —sugirió Edward.

Bella sonrió.

—¿Quién es ahora el que ha visto demasiadas películas?


Cuando Bella bajó para ayudar a Lauren a preparar la cena, encontró a Jane sentada sola en la cocina vacía, rodando la pelota para que Dave la atrapara.

Fue difícil explicarle a él que ya no vería a Carlisle.

—Se fue a casa, y está muy lejos, así que no puede regresar —le dijo Edward. Dave lloró y escondió la cara entre sus patas. Edward acarició gentilmente su lomo. Bella no necesitaba que le tradujeran lo que Dave estaba sintiendo y ella se sentó para acariciarlo también, rascando ese lugar que le picaba debajo del collar.

Desde entonces él le había estado ofreciendo su pelota al primero que la aceptara, pero la mayoría de los humanos solo jugaban con él poco tiempo o la lanzaban con fuerza para perderla y que Dave tuviera que buscarla. Con Jane había encontrado el premio mayor. Ella jugaba con él hasta que se cansaba y luego lo dejaba dormir en su regazo.

Bella estaba sorprendida por los cambios que este perrito había desatado en los Dotados. Había visto a los matones de Jenks acostados en el piso para jugar al tira y afloja con Dave y lo dejaban ganar. Desde ese momento siempre cargaba su cuerda de juguete para todos lados con él como un campeón de boxeo con su cinturón de oro. Veía a las mujeres hacerle cariñitos y mientras lo hacían, encontraban que era más fácil hablar con otros sobre lo que les había pasado. Y la que había sufrido los cambios más increíbles fue Jane. Él le había enseñado a sentir empatía. Ella se preocupaba de cómo se sentía esta pequeña criaturita, e incluso más increíble (a los ojos de Jane), él parecía quererla también. El enojo y la hostilidad de Jane parecían desvanecerse cada vez más día con día, como la última nevada en primavera que se alejaba dejando atrás un pasto esmeralda y capullos de flores.

—¿No hay cena esta noche? —preguntó Bella. Vio a Rose por el rabillo del ojo y se giró, pero para cuando se dio la vuelta la imagen ya se había desvanecido. Se preguntó si a esto se debería las apariciones de fantasmas, de las personas alcanzando a ver un vistazo de un ángel que se desaparece.

—No, nos van a traer pizza —replicó Jane.

—¿Pizza? ¿La van a traer? —¿Cómo podría un repartidor de pizza encontrar este lugar sin camino de entrada o correo?

—Amun la va a traer.

Bella cerró los ojos. No había forma de deshacerse de él y parecía que iba a tener que aceptarlo como parte de la tripulación, le gustara o no.

—¿Qué piensas de él? —le preguntó Bella.

Jane se encogió de hombros.

—Está bien, supongo. Tenía muchas preguntas sobre Victoria, sobre lo que hacía en el centro. No pude responder la mayoría porque en realidad nunca hablaba de su talento o las pruebas que le hacían.

Era un tema extraño en qué concentrarse. Él le había dicho a Bella que quería saber sobre su vida y si había sufrido en el centro, no cómo eran las pruebas.

—¿Bella?

—¿Sí?

La voz de Jane sonó baja y suave, como si esperara un severo rechazo.

—¿Puedo quedarme contigo y con Edward?

—¿A qué te refieres?

—Vas a llevar a todos de regreso a América para que puedan ir a casa. Yo no quiero irme. Quiero quedarme con ustedes.

—¿Qué hay de tu mamá y tu papá? ¿No quieres verlos?

Jane dejó caer la delgada capa de indiferencia bajo la que se había estado escondiendo. Levantó sus tristes ojos hacia Bella.

—En realidad nunca los conocí. Supongo que me querían a su manera, pero siempre estaban muy ocupados, ¿sabes? Sentía que eran mis compañeros de cuarto, no mi familia.

—Jane, no sé cómo ser una mamá —confesó Bella.

—Y yo ya no sé cómo ser una hija. —Rodó gentilmente la pelota y Dave corrió tras de ella—. Supongo que podemos descubrirlo juntas. Quiero decir, eres muy linda, Bella. Eres amable con todos, incluso cuando no lo merecen, y ayudas cuando alguien lo necesita, y he visto la forma en que las personas acuden a ti con sus problemas. Todo eso ahí son cosas maternales. —Jane rodó la pelota de nuevo, bajando los ojos al azulejo—. Y no estarás atrapada conmigo por mucho tiempo. Unos cinco años nada más.

—Jane, no me preocupa estar "atrapada" contigo. Me preocupa no poder ser lo que necesitas.

—Creo que, quizás, ya lo eres. —Rodó la pelota un par de veces más antes de hablar de nuevo, y otra vez su voz se volvió suave y tentativa—. Perdón por la forma en que actué en el centro. Ahora me arrepiento, y me siento muy mal por la forma en que traté a Alice. Ella siempre parecía estar alegre y feliz, y eso me hacía enojar, porque yo me sentía como, "Aquí estamos, secuestrados y metidos en este laboratorio, y tú actúas como una jodida Princesa de Disney". Ahora sé que ella solo intentaba estar alegre para animarnos y me preocupa que ahora se sienta demasiado triste para ser feliz de nuevo. Ella sabe cosas. ¿Y si sabe que algo malo va a pasar?

—No, Jane, no es así. He hablado con ella, y no es porque vea que algo malo va a pasar. En absoluto, te lo prometo.

Jane sonrió.

—¿Ves? Estás siendo tranquilizadora y esas cosas. Tienes manejado estas cosas de ser mamá por completo.

Tiempo después esa misma tarde, Edward apoyó la idea cuando lo estuvo platicando con él. Habían agarrado unos cuantos pedazos de pizza y huyeron de regreso a su habitación.

—Bella, la característica más importante de una mamá es el amor, y tú tienes eso de sobra. Recuerdas lo que Rose dijo sobre Jane necesitando amor. Mira lo que Dave ha hecho con ella; imagina qué más podría pasar si tuviera esa figura materna que siempre ha anhelado.

—¿No sería mejor alguien como Esme? —preguntó Bella—. Es ella en quien pienso cuando dicen "figura materna".

—Bella, Jane es más inteligente de lo que piensas. No te lo hubiera pedido si no estuviera segura de que serías una buena madre. ¿Y yo? Conozco tu corazón de adentro a afuera y sé que puedes hacerlo, podemos darle a Jane el hogar amoroso y estable que necesita.

—No hasta que terminemos con Aro —dijo Bella sombríamente—. Aguanta, niña, jugaré a June Cleaver después de que termine de matar y quemar. —Sabía que a Edward no le gustaba esa voz cínica y sarcástica, pero a veces era la única manera en que podía expresar lo que la estaba consumiendo.

—Si supiera, ¿no crees que estaría impresionada a lo que estás dispuesta a llegar para asegurarte de que se encuentre a salvo? ¿No crees que estaría impresionada con tu valor?

—Tengo miedo —dijo Bella de repente—. Tengo miedo de perder el control de nuevo y matar a todos en mi camino como lo hice en el centro.

Él se quedo en silencio por un largo momento.

—Creo que te has estado escondiendo de mí de nuevo.

—No intencionalmente. O quizás sí. Ya no lo sé. —Ella dejó su rebanada de pizza en el plato de cartón, ya no tenía hambre—. No quiero ser mala —susurró—. Recuerdo lo que Jane y Quil me contaron sobre que se sentía bien usar su poder, y creo que experimenté algo así cuando estaba en el campo de batalla. Sentí…, me sentí como un dios, como si nadie pudiera detenerme, como si pudiera bajar la luna si me lo proponía.

—¿Y estás asustada de que tener esa pequeña parte de ti a la que le gusta el poder te haga malvada?

Bella no sabía cómo responder.

Edward se acostó en la cama y abrió sus brazos para ella. Ella se acurrucó en ellos con agradecimiento, y acostó la cabeza sobre su pecho.

—Estoy feliz de que Jane sea nuestra primera hija —dijo él—. Al llevarla a ella hacia la luz, creo que tú comenzarás a ver la luz que ya tienes a tu alrededor.


¡Gracias a todas por sus comentarios!

Soemarie Grey, Anilu-Belikov, camilaflordeloto, crizthal, Elena, Karina Masen, Joha Asecas, yolabertay, freckles03, Denisse-Pattinson-Cullen, tayloves, Tattys, Nohemi, Gabriela Cullen, VictoriaMasenCullenVulturi, lokaxtv, Gretchen CullenMasen, Mapi Hale, Robmy