¡Hola chicas! Antes que nada, disculpen la tardanza pero ya saben, ¡no abandonaré mis historias por nada del mundo! Simplemente tardaré un poco en actualizar porque acabo de regresar a clases en la Universidad un semestre para mi titulación y bueno, entre las clases, los trámites y todas esas cosas, el tiempo me absorbe ... ¡Pero espero que entre clases pueda escribir! Y si no, ¿para eso están los fines de semana, no? jejeje ^^

Aquí les dejo un nuevo capítulo, espero que sea de su agrado. ¡Gracias por leer! Y ya saben, los personajes son de Naoko Takeuchi, yo sólo me adjudico la historia...

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MI SECRETO

¿SEGUNDA OPORTUNIDAD?

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"A veces, la vida se empeña en ponernos obstáculos, piedras en medio del camino que nos impiden avanzar"… creo que ése es el pretexto que siempre usamos cuando queremos disfrazar un error, cuando intentamos hacerle pensar a los demás que nosotros no fuimos quienes tomamos una decisión incorrecta. Lo mejor que podemos decir es que fue la vida la que nos arruinó, la que no nos dejó alcanzar la felicidad.

¿O acaso no tengo razón? Bueno, creo que tampoco soy el indicado como para estar hablando de estas cosas, pero también tengo que intentar creer que mi vida no es la mierda que es. Y yo que siempre intenté ocultar lo que pasaba por mi mente, ignorando ese amor que en mí nunca se extinguió. Ese amor que en algún momento de mi vida fue una bendición y que ahora, es la peor situación por la que pude haber pasado.

Hoy, hace exactamente un mes que estoy solo como un perro. Han sido treinta malditos días en los que he vivido sin mi hija, sin mi esposa y con una licencia en el trabajo porque no soy capaz de concentrarme. ¿Qué me sucede? ¡Yo no soy esto en lo que me he convertido! Pero hoy más que nunca me siento confundido, totalmente fuera de lugar.

Estiro mi cuerpo poco a poco y me siento más que perturbado ante el estrés bajo el cual estoy. Anoche otra vez salí a un bar a desahogar mis penas en el licor. ¡Valiente solución la que he encontrado! Sé que está realmente mal, pero al menos en estado de ebriedad no siento tanto dolor, tanta confusión y mucho menos, siento que amo a esas dos mujeres más que a mi vida, creyendo que puedo ser capaz de cualquier cosa con tal de tener a las dos a mi lado… ¡Soy patético, lo sé!

Me levanto de la cama y tomo un sorbo del vaso con agua que está en el buró. El dolor de cabeza ocasionado por la resaca me tiene realmente mal. Lo mejor es que me de un buen baño y después, vaya a buscar un lugar en el cual pueda desayunar. Más tarde intentaré ver a Hotaru, pidiéndole al cielo y a la fuerza más grande que exista que hoy tenga ganas de verme. Le fallé como padre y como amigo… fallé ante la promesa que nos hicimos y ante ese "secreto" que nos había vuelto tan unidos.

Mientras el agua caliente cae sobre cada uno de mis músculos, el recuerdo de esa tarde viene de nuevo a mi mente. Si al menos no hubiera sido tan imbécil y hubiera tratado de disimular un poco, otra sería mi situación. Si "hubiera"… ¡Já! Creo que nunca voy a entender que ese verbo no existe, que para quienes cometemos un error tras otro, esa palabra significa todo y a la vez nada.

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Flashback…

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Era una tarde sombría, en la que una ambulancia recorría a toda prisa las transitadas calles de la ciudad, en su interior los paramédicos seguían las órdenes del doctor que los acompañaba, intentando ayudar a una joven mujer que minutos antes había perdido el conocimiento.

-Doctor Chiba, en apariencia sus signos vitales están en orden, pero tal parece que la paciente es la que se niega a reaccionar…-. Decía con nerviosismo uno de los paramédicos.

-¡Serena, Serena! Despierta por favor pequeña, ¡no me hagas esto!... ¡No nos hagas esto! Tú eres una mujer muy fuerte, sé que vas a reaccionar y nos vas a dar la oportunidad de aclarar todo, de cerrar ese círculo. Despierta mi amor, ¡por favor!-, hablaba con preocupación el médico mientras gruesas lágrimas resbalaban por sus mejillas.

Esas palabras fueron como magia para la mujer, pues en cuanto Darien terminó de pronunciarlas, poco a poco fue abriendo los ojos, dejando escapar las lágrimas que había guardado desde hace muchos años: -Da… Darien, ¿qué sucede? ¿Por qué estás llorando? ¿A dónde me llevan?...-, decía la rubia con dificultad.

-¡Al fin reaccionas pequeña! Por favor, no te alteres ni hagas esfuerzo. En cuanto te revise y sepa qué tienes, hablaremos, ¿de acuerdo?-, respondió el pelinegro después de soltar todo el aire que había contenido por la tensión. Iba a dejar un beso en la mano de la rubia, pero se vio interrumpido por el paramédico que en ese momento, le avisaba que habían llegado al hospital. Con cuidado, bajaron a Serena de la ambulancia y se dirigieron de inmediato al área de urgencias, pues era necesario hacerle una revisión completa.

Como Darien se encontraba muy alterado ante la situación, decidió pedirle a uno de sus colegas que se encargara de revisar el estado de Serena, mientras él lograba controlarse un poco. Una vez hecho esto, esperó afuera de la pequeña sala donde la rubia estaba siendo examinada y justo cuando había transcurrido media hora, el médico encargado salió para darle el informe.

-Darien, qué bueno que sigues aquí, necesitamos hablar…-, le dijo seriamente el Doctor Nicholas Kumada, uno de los amigos en común de Darien y Rei. Se trataba de un hombre con aproximadamente treinta años, cabello castaño a la altura de los hombros, un poco más bajo que Darien, piel morena clara y ojos cafés. Llevaba una camisa y pantalón de color negro, debajo de su bata completamente blanca.

-¿Sucede algo malo? ¿Qué es lo que tiene Serena?-, preguntaba preocupado el pelinegro.

-Prefiero que lo hablemos en mi consultorio, ¿vamos?

El pelinegro asintió y caminó detrás del Doctor Kumada, envueltos en un silencio que le parecía más que perturbador. Cuando llegaron al consultorio, Nicholas abrió la puerta y entró seguido por Darien. Se acomodó en la silla que estaba detrás de su escritorio y puso el expediente de Serena encima de éste. El pelinegro se sentó en una de las sillas frente a Nicholas y ambos cayeron en un nuevo e incómodo silencio, el cual el castaño decidió romper.

-Darien, para mí es complicado decir esto porque nunca había enfrentado un caso de esta índole…

-¿Qué sucede Nicholas? ¿A qué te refieres?-; preguntaba con preocupación el pelinegro.

-Mira -suspiró-; nos estamos enfrentando un caso de violencia intrafamiliar. El imbécil del esposo de Serena le propinó una golpiza, que por fortuna no afectó a ninguno de los dos…

-¿A ninguno de los dos? ¿De qué hablas?...

-De que Serena tiene tres meses de embarazo, pero eso no es lo peor Darien…

En ese momento, Darien abrió los ojos tanto como pudo. Estaba más confundido que antes, pues si bien ya había encontrado a Serena y se había dado cuenta de que no era feliz, ella estaba embarazada, ¡embarazada! ¿Ahora qué podría hacer? ¿Cómo podría siquiera intentar reconquistar su corazón? Se recordó a sí mismo que Nicholas le seguía hablando, así que dejando sus pensamientos a un lado, hizo el intento de hablar: -¿Falta algo más?

-Tú sabes que la Doctora Mizuno es la mejor gineco-obstetra del país, ¿cierto?-. Darien asintió levemente con la cabeza, al parecer ya estaba imaginando cuál era la parte del diagnóstico que faltaba. –Bien, no sé cómo decirte esto…-, continuó Nicholas.

-Sólo dilo y ya, por favor…

-Bien. Pues Amy ya tiene el diagnóstico y no es nada bueno; al parecer, Serena tiene varias lesiones producto de...-. Se quedó callado de forma precipitada, mientras ponía en puños ambas manos. –Lo siento, no puedo continuar. Me imagino que sabes a lo que me refiero…

-¡Lo sé Nicholas y no sabes las ganas que tengo de matar a ese animal!...-. Los ojos y la voz de Darien irradiaban odio, con sólo pensar en las veces que Diamante obligó a Serena a estar con él. Se levantó tan rápido como pudo de su asiento y salió del consultorio de su amigo sin decir una palabra más. ¿Su destino? La habitación de Serena.

Entró sigilosamente y la vio dormida. Tenía una mano sobre su vientre mientras que la otra descansaba a un lado de la cama. Las ojeras debajo de sus ojos era lo que más resaltaba en su rostro, que en ese momento lucía sumamente pálido. Su cabello rubio estaba suelto por toda la almohada, haciendo que se viera desarreglado. Sin embargo, ante la mirada de Darien, la rubia parecía un verdadero ángel… un ángel que estaba sufriendo demasiado.

Por instinto, llevó una de sus manos a la aguja que atravesaba la piel de la mano de Serena y por la cual el suero la ayudaba a rehidratarse. Sonrió cuando se imaginó que en el momento en que ella despertara, haría todo lo posible por deshacerse de la misma, ya que una de sus mayores fobias era a las agujas o cualquier cosa que tuviera que ver con las inyecciones. Sin saber por qué, tomó la mano de Serena y la llevó hacia sus labios, dejando el beso que tanto había anhelado darle.

Se quedó observándola unos minutos más, dejando que ese anhelo de tenerla cerca cobrara sentido aún cuando fuera en esa situación. Quizá mañana ya no podría verla, quizá tendría que arreglar muchas cosas, aclarar otras más y explicar todos esos sentimientos guardados por tanto tiempo. Pero no le importó. Lo único que quería en ese instante, era tener cerca a su amada Serena, a la pequeña que un día le juró amarlo por siempre y para siempre.

-¡Serena tonta! ¿Por qué no me esperaste? ¿Por qué te casaste con Diamante? Quizá nunca creíste que tu destino era conmigo y créeme que yo habría sido capaz de dejarte ir con tal de que fueras feliz. Pero ahora, sabiendo esto… ¿Cómo le hago? ¿Cómo me deshago de todo esto que aún siento por ti?-, lehablaba el pelinegro con lágrimas en los ojos.

Pasaron varios minutos que para Darien fueron una eternidad. De pronto, la puerta se abrió y por ella entró una de las enfermeras para avisarle que el esposo de Serena estaba en la recepción preguntando por su estado de salud. El pelinegro asintió con la cabeza y salió disparado hacia donde le habían dicho que se encontraban Diamante Black. Primero, pensó que lo mejor era tomar las cosas con calma; hablar con alguna otra persona cercana a la rubia, alguien que le dijera qué hacer con la información que tenía.

Sin embargo, en el momento en que vio a Diamante ahí, con la hija de Serena entre sus brazos, su furia regresó e hizo lo peor que le pudo pasar por la cabeza: golpearlo, golpearlo como si no hubiera un mañana. Como si nada más importara. Como si su hija y su esposa no estuvieran ahí, viendo cómo defendía a capa y espada a otra una mujer…

-¡Eres un maldito Diamante Black! ¡Desgraciado! ¿Cómo te atreves a golpear a tu esposa? ¿Cómo animal? ¡Aún cuando sabes que está embarazada!... ¡Eres un…!

-¡Papá, deténte!-, se escuchó la voz asustada de Hotaru.

Darien se quedó inmóvil varios segundos, tratando de poner en orden sus ideas y buscando una buena explicación para darle a su hija. Giró el rostro hacia donde ella estaba y lo que vio realmente le destrozó el corazón: Hotaru abrazada a la cintura de Rei, su esposa. Ambas tenían una mueca de dolor, el cual se hacía notar a través de las gruesas lágrimas que corrían por sus ojos. En ese momento, el mundo para él se detuvo.

Se levantó del suelo, dejando caer la cabeza de Diamante bruscamente e intentó acercarse a sus dos mujeres. Pero ellas no lo quisieron así, simplemente le dieron una mirada llena de dolor y se dieron la vuelta dejándolo ahí, solo. El trató de seguirlas, pero una pequeña mano lo detuvo. Bajó la mirada para ver de quién se trataba encontrándose con los ojos llorosos e hinchados de la hija de Serena, quien lo veía con gran confusión…

-Doctor, ¿cómo está mi mami? ¿Por qué le pegó a mi papi y dice que él hizo lo mismo con mi mami? ¿Ella va a estar bien?-. Le preguntó la pequeña ante la mirada llena de compasión por todos los presentes. Él quiso zafarse e ir en busca de su familia, pero algo le dijo que debía quedarse a tratar de explicarle a la niña qué era lo que estaba sucediendo. Sólo rogaba porque su esposa y su hija quisieran escucharlo después…

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Fin Flashback…

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¡Vaya! No sé por cuánto tiempo he estado bajo el agua, sólo sé que ya está extremadamente fría, así que lo mejor será que me vaya a arreglar. Tomo dos toallas, una la enredo en mi cintura y la otra la pongo sobre mis hombros. Recuerdo que Rei siempre dice que me veo realmente sensual cuando salgo de la ducha… ¡Dios mío, estoy muy confundido! ¿En serio se puede amar a dos personas a la vez?

Me dirijo hacia la maleta en la que guardé la ropa limpia que ayer llevé a la lavandería y busco en ésta lo ideal para ponerme hoy. Por mero instinto, tomé la camisa morada y el pantalón negro que Rei y Hotaru me regalaron el día de mi cumpleaños, iniciando así con mi ritual de arreglo personal. Al fin me he quitado la barba que desde hace días había crecido y acomodo mi cabello como suele encantarle a Rei… ¡Rei!

¡Listo! He acabado de arreglarme, así que tomo las llaves de mi auto, mi celular, la cartera y mis lentes obscuros. Por alguna razón, ya no quiero que la gente vea mi mirada. Quizá sea porque estoy en un mal momento, o porque no quiero que se den cuenta que he sido el más vil de los hombres… ¡Qué importa! Sólo me oculto tras ese armazón obscuro, así nadie se dará cuenta de lo que sufro.

Llego al estacionamiento y entro al auto. Me acomodo el cinturón de seguridad y enciendo el motor. Cuando arranco, lo hago lo más rápido que puedo, sólo así descargo un poco de la tensión que tengo encima y mientras manejo, planeo mi día: primero iré a desayunar, después compraré el ramo de rosas más grande que haya para mi esposa y uno de los vestidos más lindos para mi hija… sé que con cosas materiales no voy a arreglar nada de lo que ha pasado, pero al menos se darán cuenta de que quiero tener un detalle con ellas.

Creo que para ahorrar tiempo, lo mejor es que desayune en el centro comercial, así hago ahí mismo mis compras y después iré a casa. Sólo espero que estén despiertas, pues como estamos en medio de un fin de semana largo, lo más seguro es que mis hermosas mujeres estén completamente en los brazos de Morfeo.

Estaciono el auto y me bajo con dirección al elevador que me llevará a las tiendas del centro comercial. La verdad es que nunca me ha gustado venir a este tipo de lugares, sólo cuando vengo con mi esposa o mi hija… ¡Rei, otra vez tú! ¿Cuántas veces te he pensado hoy?... Subí al elevador y toco el botón que indica el primer piso. Volteo el rostro y me doy cuenta de que también aquí estoy solo… creo que últimamente mi vida está así, triste, vacía y llena de soledad. ¿Quién lo diría, no? Hace apenas una semana planeando con mi esposa tener un nuevo bebé y ahora, estoy sonriendo como idiota y amargado frente al espejo de un elevador. ¡Qué ironía!

Escucho el timbre que me avisa que he llegado a mi destino y salgo de ese cubo con un montón de pensamientos en mi cabeza. Llego a la primera cafetería que encuentro y me meto, buscando saciar al menos mi ansiedad de comida. El capitán de meseros me indica en qué mesa debo sentarme y pocos minutos después, una nueva mesera llega conmigo para preguntarme qué voy a ordenar. Veo el menú y simplemente pido café, jugo de naranja, algo de fruta y unos hot cakes, recordando que ése es el desayuno favorito de mi princesa.

La mesera se retira y yo me dedico a observar a mí alrededor, consiguiendo solamente el deprimirme más, pues en todas o casi todas las mesas, la gente está en familia. Mamá, papa, hijos… ¿Y yo? ¡Yo estoy sólo por idiota! Tomo mi celular y por reflejo, empiezo a repasar una y otra vez las fotos donde estamos los tres juntos y trato de que el nudo que se formó en mi garganta se apiade de mí y no me permita llorar enfrente de tanta gente. Eso no lo puedo permitir, debo ser fuerte… ¡Debo encontrar una solución!

Justo estaba cerrando la carpeta donde tengo mis fotos cuando un aroma bastante conocido me llega. Suspiro profundamente, pues creo que estoy soñando y tímidamente, giro el rostro para verificar si mis sospechas son ciertas o no… ¡Maldición, es ella! Mis ojos se abren como platos y la veo ahí, detrás de mí con el rostro totalmente serio y una mirada llena de nostalgia, de anhelo, de… ¿amor? ¿Será posible? Me obligo a pensar coherentemente, mientras mis labios pronuncian por fin ése nombre. El nombre que han tenido guardado desde hace tanto tiempo…

-¡Serena! ¿Qué haces aquí?

-Creo que es momento de que hablemos, Darien. ¿Me puedo sentar?

-¿Eh? ¡Claro, claro!-, me levanto como un verdadero imbécil para ayudarla a sentarse. Aún tiene marcadas esas ojeras en su rostro, pero su piel ya no está tan pálida como la última vez que la vi. Creo que el destino se empeña en hacerme sufrir, o de lo contrario… ¿Cuál fue la razón por la que me puso aquí?

-¡Darien! ¿Sí me estás escuchando?

-¿Eh? Claro, dime Serena… ¿de qué quieres hablar?

-De nosotros Darien. Ha llegado la hora de que aclaremos todo, de que sepamos por qué no pudimos realizar nuestro amor… De que averigüemos si aún podemos tener la oportunidad de ser felices…

Esas últimas palabras han hecho que mi corazón comience a latir más rápido de lo normal. ¿Será que el destino me dará una segunda oportunidad?

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¡Muchísimas gracias por leer! Espero que les haya gustado el capítulo. Por cierto, siento no responderles unos a uno los maravillosos Rw's que me han dejado, pero la luz me anda fallando ... ya saben, tendrán respuesta en el próximo capítulo pero saben que les AGRADEZCO CON TODO MI SER las bellas palabras que me han dejado.

Y como siempre les digo, cualquier pregunta, duda, comentario, sugerencia o "tomatazo" se acepta con infinita gratitud. ¡Les mando montones de abrazos! ¡Me dicen qué tal estuvo este capítulo, no lo olviden! Y que tengan una gran semana... ¡Tampoco se olviden de sonreír!

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