¡Hola chicas! ¿Cómo están? ¡Espero que todo marche sobre ruedas! Sé que últimamente me he demorado mucho en hacer acto de presencia por acá pero ha habido factores que no me permiten escribir tanto como yo quisiera. De todos modos, quiero que sepan que aunque sea a paso lento, todas y cada una de mis historias tendrán su conclusión, así me lleve toda una vida... Ok, ¡no! ^^

Bueno, sin más aquí les dejo el siguiente capítulo de este fic, espero que sea de su agrado y que no quieran matar a la autora del mismo... recuerden que siempre les he dicho que todo pasa por una razón, ¿va que va?

Y antes de que se me olvide, quiero agradecer y darle el crédito conveniente a mi melliza perdida, mi queridísima Usagi Brouillard por ayudarme en la edición y corrección de la parte "lime" ... ¡Gracias amiga, te quiero mucho! :)

Recordemos que los personajes le pertenecen a Naoko Takeuchi, yo sólo los uso con fines de entretenimiento y sin ningún tipo de lucro...


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MI SECRETO

NUNCA VOY A OLVIDARTE

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¿Quién no ha querido reiniciar alguno de sus días al menos una vez en su vida? ¿Por qué la vida no nos da esa simple oportunidad? Así, al menos podríamos corregir todos aquellos errores que hemos cometido y de esa forma, poder alcanzar la felicidad plena, aquél ápice de paz que cualquier individuo merece al menos, por salud mental. Daría lo que fuera porque esa simple oportunidad existiera.

Desafortunadamente, eso no es posible y justo en este momento, me encuentro frente a la mujer que alguna vez amé mucho más que a mi vida. Aquella chica que me entregó todo de sí misma y a quien también, alguna vez le di todo de mí sin pedir nada más a cambio. Quizá el destino fue quien quiso que no estuviéramos juntos… pero ese mismo destino, hoy se empeña en dejarnos frente a frente, haciendo que me pregunté, ¿qué demonios es lo que tiene planeado?

Llevamos media hora sumergidos en un silencio. No es nada incómodo tenerla frente a mí y supongo que para ella tampoco. Sin embargo, ninguno es capaz de decir qué es lo que siente, qué es lo que hemos pensado el uno del otro todo este tiempo. Qué ha sido de nuestras vidas además de haber formado una familia con otras personas.

Serena se ve titubeante, es como si me quisiera decir algo pero a la vez no se atreve, como si estuviera pensando seriamente en si me va a decir todo lo que pasa por su mente o no. Lo sé porque en algún momento de nuestras vidas, intuí todo aquello que pensaba, todo aquello que sentía y ella sabía también leer hasta el más mínimo detalle de cada movimiento que yo llevaba a cabo.

Lo mejor será esperar a que ella decida comenzar a hablar. No quiero que se sienta presionada, no quiero que diga cosas de las que tal vez después se llegue a arrepentir. Esta vez quiero que ella sea quien decida el rumbo que tomará esta plática, pues después de habernos saludado y haberme dicho que quiere una nueva oportunidad para nosotros, todo se volvió silencio. Todo se volvió una pesada carga que sé que ella tiene sobre los hombros, así que lo único que me queda es esperar…

Le doy un sorbo más a la tercera taza de café que llevo el día de hoy. Sé que esto no será nada benéfico para mí, pues con toda la presión que esta situación me está patrocinando, la noche será realmente larga. Bueno, supongo que también podría existir la posibilidad de que mi organismo procese todo esto de una forma diferente y una vez solucionado todo, pueda dormir tan tranquilamente como ya tiene varias semanas que no pudo lograrlo. Creo que estoy divagando demasiado. Creo que lo que no quiero aceptar, es que necesito que ella hable, que ella me diga por fin todo lo que siente, todo lo que piensa, todo lo que quiere de mí… un sorbo más seguido de otro, y otro, y otro…

—Darien…—. Por fin se anima a hablarme, pero tiene la mirada hacia abajo, ¿qué sucede? ¿Acaso ya se arrepintió y todo este tiempo ha sido en vano?

—Dime Serena, estoy aquí sólo para escucharte…

—Creo que será mejor que me vaya…—. Me dice totalmente decidida, mientras se levanta y da algunos pasos hacia la salida. Yo me giré aún sentado en la silla y con todo el rencor que quise detener desde el momento que la vi, le grité:

—¿Entonces es así como quieres que esto termine? ¿Sólo por eso me tuviste todo este tiempo frente a ti? ¿Para seguir como el completo idiota al que dejaste con una promesa sin cumplir?...

Ella se detuvo al instante. El mismo instante en el que me arrepentí de lo que dije, sobre todo por hacerlo frente a todas las personas que estaban tranquilamente platicando en la cafetería donde nos encontrábamos. Como vi que seguía sin moverse, rápidamente saqué dinero de mi billetera y lo dejé en la mesa, supongo que con eso cubriré la cuenta. Me levanté de la silla y caminé hacia donde estaba, inmóvil, como si su cuerpo de pronto se hubiese convertido en un témpano de hielo que era imposible de mover. La tomé de la mano y en voz baja le dije:

—Será mejor que nos vayamos a otro lugar, aquí ya no es adecuado que sigamos hablando…—. Ella sólo hizo un leve movimiento de cabeza en señal de aceptación y en un acto lleno de valentía, enlazó sus dedos con los míos, aún en silencio, aún con esa duda instalada en su mirada.

No tardamos mucho en llegar al estacionamiento. Caballerosamente le abrí la puerta del copiloto mientras ella titubeante, subía a mi auto. Sé que no está nada bien, pero lo primero que pensé fue llevarla al hotel en donde me hospedo. Quizá no sea la mejor solución a todo y además, no tengo la menor idea de dónde o cómo va a terminar esto, pero si he de irme al infierno con tal de terminar con este sufrimiento, lo haré… aceptaré los designios que el destino tenga preparados para mí.

Llegamos al hotel en completo silencio. Ninguno de los dos se atrevió a decir nada, sólo escuchábamos el lento respirar de cada uno, buscando la calma que no podíamos encontrar aún. Estacioné mi auto en el lugar correspondiente y de nuevo, le ofrecí la mano segundos después de abrirle la puerta. Ella se agarró de mí con fuerza, como si de ese momento dependiera su vida. Cerré la puerta y nos dirigimos al elevador. Primero pasé por la recepción, ya que había dejado la llave ahí.

Una vez que tuve en mis manos la llave de la habitación, me dirigí otra vez al elevador donde Serena me esperaba. Detuve mi andar unos segundos para darme cuenta de que se estaba mordiendo las uñas, algo tan típico de ella cuando no sabe qué hacer, cuando sus pensamientos no están del todo de acuerdo con lo que ella sabe que en realidad debe hacer. Sonrío amargamente, ¿cómo es posible que aún después de tanto tiempo siga recordando todos y cada uno de sus movimientos y los significados que de ellos se derivan?

Camino hacia ella de nuevo, voltea y me da una sonrisa nerviosa, dulce… el elevador abrió sus puertas y le hice una seña con la mano para que entrara. Una vez que ella estuvo dentro, yo también me metí y pulsé el botón que nos llevaría a nuestro destino.

— Darien…— habló por fin — ¿Crees que es una buena idea que hayamos venido hasta aquí?

Eso fue un golpe bajo.

—En realidad no lo sé Serena, pero ya estamos aquí…

Un nuevo silencio, el cual fue roto sólo por el timbre del elevador que nos avisó ya estábamos en el piso donde se encuentra mi habitación. Las puertas se abrieron nuevamente y ambos salimos con el mismo silencio… ¿acaso todo se reducirá a esto? Ágilmente abrí la puerta de mi habitación y nuevamente dejé que Serena entrara primero. Yo avancé hacia una mesita que está al lado de un simple, sencillo e incómodo sofá y puse las llaves encima de la misma. Serena se quedó en la puerta, observando cada detalle del lugar en el que estábamos.

—Sé que quizá esto no es lo que esperabas, pero es lo único para lo que mi presupuesto me alcanzó…—. Trato de bromear un poco, tal vez eso alivie el incómodo momento en el que estamos sumergidos.

—¡Darien! Eso no es lo que pensaba, es sólo que… no, olvídalo…—. Respondió sonriendo, creo que la táctica de una broma para romper el silencio, funcionó. Bien, es momento de saber qué es lo que ocurrió.

—Pero toma asiento Serena, por favor. Creo que ha llegado el momento de saber qué fue lo que sucedió, ¿no lo crees?

Ella hizo un movimiento afirmativo mientras tomaba su lugar en aquél incómodo sofá. Yo hago lo mismo, pero justo frente a ella, en la misma mesa donde acababa de poner las llaves. Mis modales me obligan a que antes de hacer cualquier cosa, primero debo ofrecerle algo de tomar, como un buen "anfitrión".

—¿Quieres que te ordene algo de tomar, de comer? ¿Algo para tu bebé?—. Ella negó con la cabeza mientras por inercia ponía una de sus manos encima de su vientre. Da una media sonrisa y después, toma todo el aire que es capaz de albergar en sus pulmones. Exhala por varios segundos y después, coloca sus orbes celestes sobre mi rostro. No cabe duda, en algunos momentos sigue siendo esa niña berrinchuda que conocí hace tiempo.

—Bien, creo que ya es hora, ¿cierto? ¿Por dónde quieres que comience?—. Me pregunta titubeante.

—Supongo que lo ideal sería que me dijeras, ¿qué fue lo que sucedió una vez que me fui?—. Le respondí con una serenidad que hasta a mí mismo me dejó sorprendido.

—Perfecto… pero antes dime, ¿por qué no respondiste ninguna de mis cartas?

—¿Cartas? ¿Qué cartas?—. Le dije más sorprendido que ella al escuchar mi pregunta. Al menos todo el tiempo que yo estuve en el extranjero, nunca recibí ni siquiera una postal de Serena…

—¿Cómo que qué cartas? Darien, todos y cada uno de los días que estuviste en Estados Unidos, yo te escribí una carta. Al menos durante el primer año que tú estuviste fuera. Sin embargo, al ver que nunca tuve una respuesta de tu parte, dejé de hacerlo…

—Serena, yo te juro por lo más sagrado que jamás… Nunca recibí una carta tuya, de hecho eso fue lo primero que me sorprendió, pues tú habías prometido que lo harías y…

—Bueno, eso ya no importa. Supongo que se habrán perdido o que la dirección que le diste a…—. De pronto se quedó callada y apretando los puños sobre sus piernas, exclamó: —¡Maldita sea, siempre he sido una completa estúpida!

—¿Qué sucede Serena?—. Pregunté totalmente sorprendido, pues al menos el tiempo que yo estuve a su lado, jamás lanzó una simple maldición. Ella se limitó a quedarse pensando unos segundos y después de levantarse del sofá, comenzó a caminar de un lado a otro. Llegó el momento en que me mareó, sin embargo de nuevo esperé a que ella misma fuera quien comenzara de nuevo con la conversación. Por fin se detuvo y me miró fijamente, después de respirar profundo, habló de nuevo:

—Sucede que… Darien, creo saber qué fue lo que pasó con esas cartas. Mira, desde el día que te dejé en el aeropuerto, lo primero que hice fue ir a la Biblioteca de la Preparatoria a escribirte una carta. Ese mismo día me encontré "por casualidad" —dijo marcando con sus dedos las comillas— con Diamante. Él me dijo que aún no había una dirección exacta de dónde ibas a hospedarte y yo le dije una y otra vez que tú me habías dicho que te las enviara a la Universidad, pues era lo más seguro en lo que encontrabas en dónde quedarte…

—¡Diamante!—. Exclamé con toda la furia que mi voz pudo contener. —Pero Serena, ¿por qué le entregaste las cartas a él? ¿Por qué no simplemente te limitaste a esperar a que yo te hablara?

—¡Es que no se las entregué! Darien, yo iba a diario a dejar una carta al buzón. De hecho, procuraba que fuera a la hora en que el cartero iba a recogerlas, para que no hubiera problema alguno y así, se "asegurara" que te llegaran…

—Entonces, ¿cómo fue que nunca me llegó nada?

—Yo supongo que Diamante encontró la manera de hacer que el cartero se las diera, qué sé yo…—. Respondió mientras se sentaba de nuevo en el sofá. Ambos nos quedamos en silencio, supongo que cada uno pensando en un "por qué".

—Bien. Serena, el misterio de las cartas que jamás me llegaron, se ha resuelto. Sabemos ya que Diamante quizá encontró la manera de que no me llegaran tus cartas y así, yo no pudiera comunicarme contigo ni que tú supieras cómo había llegado y dónde estaba, pero… ¿qué hay de mis llamadas? ¿Por qué Ikuko nunca te pasó mi mensaje?

—Ahora yo soy quien no sabe de qué hablas Darien… —. Me dijo.

—Serena… yo te llamé a tu casa una vez que llegué a Estados Unidos. De hecho, fue lo primero que hice en cuanto pisé el aeropuerto, además de comprar un celular ahí mismo con tal de que tuvieras un número al cual hablarme. —Le dije sonriendo ante el recuerdo que ese acto me había regalado. —Tu mamá fue quien me respondió y me dijo que estabas fuera, que no sabía a ciencia cierta dónde estabas, pero que en cuanto regresaras, ella te daría mi mensaje.

—Comprendo y ahora sé qué fue lo que sucedió con esa llamada. Darien, después de que tú te fuiste, no pasaron ni tres días cuando a mis padres los llamó un familiar del extranjero. Tuvieron que salir del país algunos días, así que supongo que eso hizo que a mi madre se le olvidara decirme… —. Me respondió agachando la cabeza, supongo que ella tiene los mismos pensamientos que yo ahora.

—Bien, mis cartas las hizo perder Diamante, mi mensaje se le olvidó a Ikuko. Pero, Serena… —dudo por algunos segundos, pero finalmente decido preguntar lo que nos ha traído hasta aquí —¿Por qué no me esperaste? ¿Por qué decidiste estar con Diamante y romper nuestra promesa?

Serena tragó saliva y exhaló de nuevo todo el aire que pudo. Se levantó lentamente, de modo que su espalda fuera lo que quedara frente a mí. De nuevo un silencio, ese maldito silencio que sólo se rompió cuando comenzó a sollozar:

—Darien, cuando tú te fuiste yo traté de hacer mi vida normal. Me levantaba y me iba a clases, salía con mis amigas y procuraba pensar que estabas bien. Quería darme valor a mí misma y sentirme al menos un poco alegre todos y cada uno de los días que no supe de ti. Sabía que la falta de noticias tuyas, se debía al hecho de que Estados Unidos es totalmente diferente a lo que es nuestro país. Quise pensar que tú estabas bien y que si aún no buscabas contacto conmigo, era porque primero debías acostumbrarte a tu nuevo hogar, a tu nuevo ritmo de vida…

—Serena, yo…

—¡No! por favor, no me interrumpas Darien… quiero seguir antes de que el valor y la poca dignidad que me queda, me permitan seguir explicando qué fue lo que sucedió… —yo sólo me quedé callado, dándole espacio a que ella pudiera continuar. —Si bien siempre supe que tú y yo teníamos una promesa, también estaba el hecho de que me sentía sola. Mi vida no fue lo mismo desde el momento en que te dejé ir, porque me hacía falta una parte de mí. A pesar de que sabía que tenía a mis amigas, nunca sentí la misma alegría que sentía cuando estabas tú acompañándome. Fue así como Diamante comenzó a entrar en mi rutina…

Me levanté en silencio y me acerqué a ella. En realidad no sé qué siento, no sé si es amor o sólo es la añoranza de saber qué hubiera pasado de habernos quedado juntos, pero siento que es mi deber proteger ese débil cuerpo que está ahora mismo conmigo; así que, rodeo su cintura con una de mis manos y con la otra le ofrezco un pañuelo. No puedo negarlo, también me duele verla llorar de ese modo.

Después de que ella tomó el pañuelo, pongo el otro brazo encima de su cintura y me permito abrazarla por completo, tan fuerte como su embarazo me lo permite. Sé que ella es de otro, pero al menos por unos minutos, quiero pensar que Serena sigue siendo mía, quiero imaginar que estamos en una realidad alternativa donde yo la consuelo después de una típica pelea conyugal. Inhalo un poco del aroma que ella despide… fresas, sigue teniendo ese dulce olor a fresas que hace tantos años me volvía completamente loco.

Mis pensamientos se ven rotos cuando ella suavemente se suelta de mi abrazo y se vuelve a sentar en el sofá. Yo simplemente me quedo ahí parado, sé que a pesar de cualquier cosa que decidamos, nada… absolutamente nada va a volver a ser igual.

—Diamante supo cómo ganarme poco a poco. Hoy no sé si era verdad o mentira, pero siempre me dijo que nunca pudo tener contacto contigo…

—¿Qué dijiste Serena?—. Fue la única manera en la que reaccioné. Giré mi cuerpo para poder verla por completo y así darme cuenta de lo sorprendida que estaba. Tomé asiento de nuevo en la mesa frente al sofá y con cuidado de no asustarla, tomé una de sus manos:

—Serena, Diamante y yo hablamos un par de veces, pues fue la segunda persona a la que yo le llamé en cuanto llegué a Estados Unidos.

—¿Lo ves? ¡Sabía que no era verdad eso! Darien, él me dijo que nunca pudo comunicarse contigo una vez que llegaste a tu destino y bueno, la segunda vez… no, no creo que eso importe ya. Ni mis cartas, ni tus llamadas fueron reveladas, así que supongo que fue una de esas típicas trampas que pone el destino para probar un amor…

—Eso quiere decir que, ¿ahora es cuando piensas que nuestro amor no fue verdadero?

—En realidad no lo sé Darien. Creo que tú y yo nos amábamos, pero tal vez no lo suficiente como para desafiar esos obstáculos que se nos atravesaron.

—No entiendo, en verdad que no entiendo Serena. Seguimos en el mismo punto, ¿por qué no sólo esperaste a que regresara de Estados Unidos, aclaráramos todo y así cumpliera la promesa que tenía contigo?

—Es que ese es precisamente mi error, Darien…

—¡Explícate!—. Sí, sé que estoy perdiendo los estribos pero esta situación me está confundiendo aún más de lo que ya estaba.

—Después de tu partida y de tratar de llevar una vida normal, yo me acerqué mucho a él, pues me daba la paz y la tranquilidad que necesitaba para sentirme segura. Además, era lo más cercano que tenía a ti…

—¿Lo más cercano?

—Sí, sé que soy una tonta Darien, pero llegué a pensar que Diamante, siendo tu mejor amigo, era el ejemplo más cercano a lo que yo tenía de ti, de tú recuerdo. En cierta forma, me sentía como si estuviese a tu lado cada vez que salía con él. Totalmente infantil y absurdo, pero así pensaba…

Comprobado, ya estoy más confundido que antes. No sé qué sentir o qué pensar, así que esta vez quien se quedó callado fui yo. Serena se levantó y de nuevo, dándome la espalda continuó:

—Al sentirme segura a su lado, quizá él de cierta forma sintió que podía asegurarse de que me quedara con él. Fue así que empezó a pedirme que saliéramos como novios. En un principio me negué, pero un día, mientras discutíamos, me dijo algo que me hizo pensar que tenía toda la razón…

—¿Qué te dijo? —. Por fin pude recobrar la voz.

—Que había logrado comunicarse contigo. Ahora supongo que fue esa segunda llamada de la que hablas…

—¿Qué más te dijo Serena? ¡Por Dios, habla ya!

Esta vez, ella se giró hacia mí con verdadero rencor y comenzó a gritar, llorando como si de ello dependiera su existencia:

—¿Qué, qué me dijo? ¡Darien! Me dijo que estabas sano y salvo en Estados Unidos, que después de haberte instalado en una pensión y que tus clases fueran un total éxito, tú… ¡Tú ya te habías olvidado de mí existencia y que ya no querías saber absolutamente nada de la idiota que habías dejado en tu país!

En cuanto terminó de hablar, se dejó caer de rodillas en el suelo. Creo que su energía estaba llegando al máximo y eso no es benéfico para ella, sobre todo tomando en cuenta que está embarazada. Me acerqué tan rápido como pude e intenté ayudarla para que se levantara, pero en lugar de eso se aferró a mis brazos, tan fuerte como su energía se lo permitió y comenzó a sacar todas esas lágrimas que supongo, estuvo aguantándose todo este tiempo.

—Serena, creo que lo mejor es que dejemos esta plática hasta aquí, no te ayuda en nada ponerte así, recuerda que estás embarazada…—. No sé el por qué, pero mi voz salió de mi garganta tan dulce que hasta a mí mismo me sorprendió. La rodeé con mis brazos y tan suavemente como pude, la levanté del suelo para llevarla de nueva cuenta hacia el sofá.

Se sentó aún sollozando y con la cabeza escondida en mi pecho. En ese momento era la Serena que yo conocí, aquella niña que se asustaba con los truenos derivados de una tarde lluviosa. La misma Serena que lloraba desconsolada cuando reprobaba un examen y estaba segura de que la castigarían sin televisión y sin salir, al menos durante un mes. Así, nos quedamos al menos diez minutos hasta que por fin se calmó, entonces tomó de nueva cuenta aire y habló de nuevo:

—Sé que me comporté como una estúpida Darien, sé que debí esperar a que regresaras y me explicaras por qué no supe nada de ti durante todo ese tiempo. Sin embargo, preferí ser cobarde, creer en todas y cada una de las mentiras que Diamante me dijo e intentar en vano, rehacer mi vida… perdóname, ¡por favor sólo perdóname!

—Serena… Serena yo, no tengo nada qué perdonarte porque no me hiciste daño a mí. Todas y cada una de nuestras decisiones, al final a quienes afectan esas consecuencias es a nosotros mismos. Lo mejor es que aceptes que quizá fuiste tú quien se equivocó y que pidas perdón, sí… pero perdón a ti misma.

Creo que ni yo mismo acabo de entender qué fue lo que dije. Sólo sé que es lo que mi corazón sintió en ese momento. Creo que ya todo este tiempo no importa, no hay nada en este mundo que suceda sin una razón. Si me pongo a pensar de ese modo, quizá alcance a comprender el por qué nos separamos y acepte por fin lo que tanto me he negado a ver…

—No es tan fácil Darien. Ni siquiera puedo perdonarme a mí misma cuando sé de todo el daño que te hice al dejarte. Al querer curar mi soledad con la compañía de alguien que simple y sencillamente me recordaba a ti en todo momento y lugar…

—¡Tranquila! Soy totalmente sincero cuando te digo que yo no tengo nada qué perdonarte. Las cosas sucedieron así, por alguna razón que aún no comprendemos o no hemos querido asimilar. Además, tengo entendido que tu vida ha sido realmente difícil al lado de ese imbécil… ¿quieres hablar sobre ello?

—¡No! la verdad es que siento que hemos desperdiciado mucho tiempo hablando de Diamante. Aunque sirvió porque ahora tengo más que claro que él fue quien en verdad se empeñó en separarnos…

—Tienes razón, creo que la situación ha quedado más que clara al revelar todo lo que pasó con nosotros. Es mejor pensar que tú y yo hemos formado una vida. Quizá no estemos juntos, pero tenemos razones por las cuales luchar, por las cuales sentir que todo esto que vivimos ha valido la pena…—. Digo sinceramente, pues es lo que mi mente ya despejada me ha dejado pensar. No sé cómo ni en qué momento, pero es hasta ahora que me doy cuenta de que seguimos abrazados y Serena aún conserva su cabeza apoyada sobre mi pecho.

—Darien—. Me dijo con voz baja.

—¿Dime?

—¿Todavía piensas que ya no hay una oportunidad de que tú y yo estemos juntos?

—Serena… — En realidad, no supe qué responderle. Ella aprovechó ese momento y unió sus labios a los míos. No sé por qué y a pesar de que ya tengo claros mis pensamientos, me dejé llevar.

Poco a poco, deja de estar abrazada a mí para irse posicionando lentamente sobre mis piernas. Ese beso que inició de forma inocente, ahora se convierte en un beso que desborda pasión a cada segundo. No sé cómo se las arregló, pero ahora ya siento sus manos encima de mi pecho desnudo, acariciándome con tanta pasión y ternura a la vez, que no sé si yo tenga la fuerza suficiente para detenerla.

—¡Darien! Por favor, sólo hoy… regálame la oportunidad de estar contigo al menos esta noche… —. Me dice viéndome a los ojos. Sus labios ligeramente inflamados por aquél beso desenfrenado, me nublan por completo la razón y me hace tomarla de la nuca para unir de nuevo nuestras bocas.

Esta vez soy yo quien toma la batuta de la situación y quien manda en aquél beso. Sé que quizá mañana me arrepienta de todo, pero por sólo un segundo quiero perder la compostura que por tanto tiempo he guardado…

Con la punta de mi lengua, delineo su labio inferior y esa es la señal que ella necesitaba para abrir sus labios y dejarme penetrar de lleno en su boca. Ya para este momento nada más existe, sólo ella y yo… sólo la lucha apasionada que se manifiesta beso tras beso, permitiéndonos explorar toda esa pasión inconclusa que estos años, por cobardes nos negamos.

Este momento es sólo de nosotros, simple y sencillamente de dos almas que se están reencontrando y redescubriendo, que están buscando quizá su lugar en el mundo.
Con una de mis manos, acaricio con frenesí pausado con toques de suavidad, una de sus largas y torneadas piernas, mientras con la otra me encargo del cierre de su vestido, el cual voy bajando tan lento como mi desesperación me lo permite. Ella arquea un poco su espalda después de separar nuestros labios en busca de aire y comprendo perfectamente que lo que desea es que expanda el calor humeante de mis labios a través de su níveo cuello. Nunca me había parecido tan cómodo como ahora, este viejo sofá.

Ahora que beso y hago mía la suave piel de Serena, ella cierra sus ojos y gime al compás de cada caricia recibida, emitiendo el inicio de un constante jadeo que nace desde lo más profundo de su garganta, demostrándome fehacientemente que mi esmero por complacerla no le es indiferente; haciéndome comprender que tanto ella y yo estamos conectados a nuestro momento de insensata búsqueda de nostalgia íntima, esa que hasta ahora esperó por concretarse y cumplirse como la palabra prometida desde los inicios de nuestra historia.

Segundos después, logro deshacerme de su vestido, el cual fue a dar a alguna parte de la habitación. Ella ya tenía varios minutos de haberme quitado la camisa, así que ambos estábamos casi en igualdad de condiciones.

Con delicadeza, la recuesto sobre el sofá llevándome a mí sobre ella como es completamente necesario. Serena sólo se deja llevar por el ritmo que cada una de mis acciones exigen. No hay palabras, no hay reproches. Sólo existen dos cuerpos en busca de la unión perfecta por la cual tanto esperamos.

Seguí recorriendo la seda de su cuello hecha piel, pasé y dejé cálidos susurros en su oído, besé sus sonrojadas mejillas para ahora estar de regreso sobre esos labios que yacen sumamente rojos e hinchados debido a la fuerza que el placer causa por su cuerpo; señales que invitan y alientan a que mi propia pasión derribe cada límite impuesto, dejándome libre para revivir la pasión en mí dormida, la que ella despierta y agita a su antojo al embestirme con su excitada belleza. Mis manos ya no quieren detenerse y no lo harán.

Llego hasta sus pechos y me aferro a ellos como si de eso dependiera mi vida. El éxtasis que siento al estar cada vez más cerca de ella, de poder al fin recorrer el cuerpo que recurrentemente aparecía en mis secretas fantasías, es similar al que siente un hombre después de haber encontrado un oasis en medio del desierto. Ese desierto en el que todos estos años me sentí, el desierto al que tantos años sin ella me llevaron.
Fui descendiendo con mis labios por toda la extensión de su abdomen, dejando en él inquietos y húmedos besos que no sólo me estaban llevando al límite a mí, sino también a ella. Fue entonces cuando la razón decidió regresar a mí, pues me di cuenta que en su vientre, ya se dejaba ver un pequeño bultito… un bultito que me hizo caer en mi triste realidad de nueva cuenta. Hace mucho que Serena y Darien dejaron de ser los protagonistas de nuestra historia, ya no somos sólo los dos.

Me separé bruscamente de ella y debido a la fuerza, caí sentado en el suelo. No supe qué hacer en ese momento, supuse que las palabras sobraban. Serena se levantó totalmente confundida y con esos orbes azules depositados sobre mí, simple y sencillamente me exigía una explicación…

—Serena, ¡perdóname! No debí dejar que todo esto llegara tan lejos… —. Fue lo único que pude decir mientras me levantaba en busca de mi camisa. Afortunadamente, no habíamos llegado a consumar algo de lo que después me iba a recriminar.

—¿Por qué te niegas esto Darien? ¿Por qué me lo niegas a mí? —. Preguntó, de nuevo con lágrimas en los ojos.

—¿Acaso no lo entiendes aún Serena?

—¿Entender? ¿Entender qué? ¿Qué tú y yo nos deseamos? ¿Qué tú estás negándote algo que sabes perfectamente bien que quieres y necesitas?

—¡No Serena! ¡Date cuenta de que ni tú ni yo estamos en condiciones de exigir nada!—. Esta vez ya me dejé llevar por mis emociones.

—No te entiendo Darien. Tú estás separado y yo puedo hacer exactamente lo mismo… ¿qué demonios impide que tú y yo estemos juntos? ¡Dilo, pero dilo ya por favor!—. Esta vez ella también ya estaba gritando.

Me quedé callado, en realidad no sabía qué decir, sólo sé que me dejé llevar por el momento. Por ese segundo de distracción que casi me llevó a cometer una locura. Este no es el rumbo que yo había pensado que iba a llevar la conversación. Pasé una de mis manos por mi cabello que ya estaba desordenado, intentando comprender todo el remolino de pensamientos que mi cabeza tenía justo en aquél instante.

—Estás embarazada…—. Solté por fin, con un amargo tono de voz.

—¿Y acaso no lo sabías desde el momento en que me volviste a ver?

—¡Claro que lo sabía Serena! ¿Es que acaso no lo entiendes?—. Mi voz salió amarga, pesada… ¿cómo es posible que ella cambiara tanto?

—¿Entender qué? ¿Qué te amo aún? ¿Qué necesito al menos una noche a tu lado para poder al menos intentar ser feliz?

—¿Estás loca Serena? ¡No seas egoísta, por Dios!—. Le dije, acercándome a ella y tomándola por los hombros. —¡Tú y yo no podemos estar juntos!

—¡Dame al menos una razón! Una estúpida razón que me haga ver que tú y yo no podemos estar juntos…

—¿Una? ¡Te doy cuatro! —Nuevamente grité y señalando mis dedos, comencé a enumerar mis razones—¿Te parecen poco Rini, Hotaru, tú bebé y Rei? Además, sé que él no tiene perdón, pero ningún hombre aún siendo la peor escoria sobre la Tierra, merece ser engañado, así que incluyo a Diamante.

—¡Todas esas son estupideces! ¿Acaso crees que Diamante no me ha engañado miles de veces con el pretexto de que soy muy poca mujer para él? ¿Crees que no sé que él se va con cualquier tipa que le ofrezca la pasión que yo jamás en mi estúpida y jodida vida he sabido darle?

—Quizá pensar así sea una estupidez Serena, pero yo sí soy un hombre. Sé el valor que tiene la mujer que ha estado a mi lado, sé que a pesar de dejarme llevar por unos minutos gracias a la pasión, no puedo concretar nada contigo… por respeto a ella, por respeto a mi hija. Deberías pensar también en Rini y en tu bebé…

Levanté su vestido del suelo y se lo ofrecí. Ella lo tomó malhumorada y se metió en el baño. En realidad, aún no estaba calmado por completo, así que me dirigí al refrigerador que estaba justo a un lado de aquél sofá y tomé una botella de agua helada. Sorbí dos veces de la misma y después, con cuidado rocié un poco del líquido en mis manos para después dejarlo caer en mi cara. Quizá con eso pueda tranquilizarme por completo…

No sé cuántos minutos pasaron, sólo sé que me quedé sentado en aquél sofá, pensando en lo que era mi vida antes de volver a ver a Serena. Quizá nunca lo supe, o nunca quise darme cuenta, pero hoy, en este instante ya estoy más que consciente de que mi lugar está al lado de Rei, de Hotaru… de que nunca debí dejarme llevar por un recuerdo y peor aún, hoy no debí dejar que mis instintos nublaran de esa forma mi razón. Debo hacer algo para remediar todo esto, algo que me ayude a recuperar mi vida, mi tranquilidad y sobre todo, algo que me ayude a recuperar a mi familia.

Fue en ese momento en que Serena salió del baño. Tenía la mirada instalada en el suelo, sé que está apenada por lo sucedido. Se sentó con cuidado junto a mí, me tomó una de las manos y la apretó con fuerza… el final de todo esto está cerca, lo sé.

—Darien, estos minutos me hicieron darme cuenta de que estaba realmente equivocada. Sé que no debí tratar de obligarte a estar conmigo, porque estoy plenamente consciente de que no me amas. Sólo soy un simple y grato recuerdo de tu primer gran amor. De ese amor que no es fácil de olvidar, pero que con el paso del tiempo, sabes que tienes que dejar ir…

—Serena…—. Traté de hablar, pero ella suavemente posó uno de sus dedos sobre mis labios en señal de que debía callar. Yo sólo sonreí, definitivamente todo está a punto de acabar.

—¿Sabes? Desde el primer momento en que volviste a verme con esos hermosos zafiros, supe que ya no me pertenecías. Sin embargo, fui necia tratando de buscar un remedio ante mi error. Una salida ante el infierno que he estado viviendo todos estos años. Sé que amas a Rei. Incluso, sé que la amas mucho más que a mí y me lo has demostrado frenando algo de lo cual ambos nos hubiéramos arrepentido de inmediato. Tú por haberle sido infiel a la mujer que quieres a tu lado por el resto de tu vida y yo… yo por haber dejado mi dignidad en un capricho que sé que no me llevará a ningún lado.

—Serena, discúlpame. Yo jamás quise hacerte sentir de ese modo… —. Esta vez hable yo. —Simple y sencillamente quiero que ambos entendamos que nuestro tiempo ya pasó. Sé hoy más que nunca que mi lugar está con Rei. Fue difícil de entender, pero ella me ha dado lo más hermoso de mi vida: mi hija. Además, ha sido la mujer con la que he compartido mis éxitos, mis fracasos y aunque nunca quise quitarme la venda de los ojos, hoy por fin lo logré y sé que la amo. La amo con toda la fuerza que mi corazón puede tener.

Serena bruscamente soltó mi mano y agachó la mirada. Sé que estuvo mal lo que dije, pero necesitaba que ella comprendiera que no podemos seguir luchando por un sueño que ya no compartimos. Por una utopía que jamás podrá convertirse en una realidad. Continué hablando, sé que puede sonar cruel pero ambos necesitamos poner los pies sobre la Tierra…

—Quizá tu destino no sea a mi lado Serena, pero debes entender sobre todas las cosas, que si Diamante no es bueno contigo, tampoco puedes quedarte ahí sólo por tus hijos. Rini y tu bebé merecen un ambiente de paz, pero paz completa y no una paz fingida. Además, tú necesitas encontrar a esa persona que realmente te ame y que te proporcione la seguridad, el amor y la felicidad que tú necesitas y mereces…

Serena comenzó a llorar de nuevo. Y no lo niego, yo también comencé a hacerlo. Eran sentimientos encontrados, pues a pesar de saber que eso es lo mejor y que eso es lo que realmente queremos, nuestras mentes y corazones sufren al dar por finalizada una hermosa etapa de nuestras vidas. Un secreto que hemos compartido en anónima complicidad. Un amor que nunca se realizó, pero que finalmente ha encontrado el final que merecía.

—Entonces Darien, a partir de ahora, ¿mi suerte será recordarte de este modo cada vez que volteé a ver la Luna Llena?

—No Serena. Ninguno de los dos tiene por qué sufrir… si recuerdas los momentos malos por los que ambos pasamos, es obvio que sentirás esa punzada de dolor en tu corazón. Pero, si te pones a recordar todos los momentos que vivimos felices, verás que una sonrisa va a aparecer en tu rostro y no vas a sentir ningún tipo de sufrimiento en tu pecho ni en tu mente…

Me acerqué a ella y puse una de sus manos sobre mi corazón, al tiempo que depositaba una de las mías sobre el suyo. La mire fijamente a los ojos y le dije:

—Cada vez que haya Luna Llena, no recuerdes al Darien que dejaste ir. Recuerda al Darien que siempre te guardará en un rinconcito de su corazón, como el hombre que alguna vez en tu vida te amó y con quien compartiste miles de cosas. Ese Darien que te ayudó a crecer, que te conoció como una jovencita con cabeza de chorlito pero que hoy te deja ir como la más valiente mujer que jamás haya conocido. Siempre serás ese secreto que por mucho tiempo albergué en mi corazón pero que por fin hoy, dejo en libertad…

Ella comenzó a llorar. Supongo que comparte el mismo sentimiento de nostalgia que yo. La seguí viendo fijamente, invitándola a que ella también se despidiera de mí, así que guardé algunos minutos de silencio en lo que ella se animaba a hablar. Con la mano libre se secó esas lágrimas que resbalaban por sus mejillas, aclaró su garganta y por fin comenzó a hablar:

—Cada vez que la luz de la Luna Llena llegue hacia ti, recuérdame como aquella jovencita que una vez te entregó más que su vida, su mente y su corazón. Como aquella niña berrinchuda que se aferraba a tu brazo como si no hubiera un mañana y por favor, trata de ser completamente feliz al lado de la mujer que has elegido. Cuida mucho de tu hija y siempre, siempre demuéstrale que el amor que sientes por su madre, no volverá a flaquear de esta forma. No sé si algún día podamos volver a vernos, pero puedes estar seguro que mi corazón también te guardará como el mayor secreto que he tenido en toda, toda mi vida.

Inmediatamente, ambos nos sumimos en un abrazo. Un abrazo tan fuerte que poco menos nos faltó para dejarnos sin respiración. Ya no había pasión, ya no había ansiedad. Sólo había la necesidad de cerrar una puerta, cuyo candado jamás se volvería a violar. Minutos después, Serena me miró fijamente… sabía que me iba a pedir algo y no sería capaz de negárselo.

—Darien, ¿puedo pedirte un favor?

—Claro, dime Serena… —. Le respondí mientras golpeaba su nariz con uno de mis dedos.

—Un beso… sólo regálame un beso como despedida, ¿sí?

No lo pensé dos veces, creo que finalmente nos merecíamos eso como una forma de despedida. De modo que, junté rápidamente mis labios con los suyos, empezando un beso que ya no tenía añoranza, que ya no conservaba la pasión de antes y mucho menos, tenía rencor… era un simple beso entre dos antiguos amantes que hoy por fin se daban el tiempo y la oportunidad de despedirse.

Nos fuimos separando poco a poco. Ambos derramábamos lágrimas llenas de nostalgia, pero finalmente estábamos llevando a cabo lo correcto. Aún cuando quisimos negarlo todos estos años, los dos ya estábamos conscientes de que ése es nuestro destino. Me sorprendió que, tal como si el mismo clima quisiera acompañarnos en esta despedida, comenzó a llover. Quizá el cielo también derramaba las mismas lágrimas que nosotros. O tal vez fue una simple coincidencia.

Cuando finalmente nos separamos, de nuevo nos dimos un abrazo. El último de todos, ese abrazo que también quedará para siempre en nuestras mentes. Poco a poco nos separamos y Serena tomó lentamente sus cosas. Ninguno quitó la vista fija del otro y de ese modo, se dirigió a la puerta. Paso por paso yo ya sabía que esto había terminado para ambos. Sabía que su recuerdo siempre quedará en mi mente pero hoy, hoy ya era hora de dejarla ir. De permitirme y permitirle ser feliz por completo.

Cuando llegó a la puerta, giró su cuerpo por completo hacia mí, yo aún tenía mi mirada fija sobre ella, así que le sonreí con toda la sinceridad que mi propia nostalgia me permitió y con voz baja, sólo me limité a decirle:

—Gracias...

Ella me devolvió la sonrisa, haciendo un gesto de despedida con su mano izquierda, mientras la derecha la llevaba hacia su corazón. Fue entonces cuando decidió hablar de nuevo:

—¡Gracias a ti Darien!

Después de esas palabras, sólo vi cómo abrió la puerta y se marchó. El final por fin llegó. Yo me dejé caer en el sillón, pensando… analizando y procesando todos los sentimientos encontrados que tenía en ese momento. Sin duda alguna, es hora de luchar por recuperar mi vida. No sé cuánto me cueste, pero sé que podré estar de nuevo al lado de mi esposa y de mi hija. Sé que podré ser feliz a partir de ahora, todo está en que yo mismo me lo proponga y en que no me deje llevar nunca más por el pasado. El futuro se construye con base en las acciones de hoy, no con los sucesos de ayer. Eso me ha quedado más que claro.

Y como si lo hubiera predicho, poco a poco fui cerrando los ojos. Hundiéndome en el sueño más profundo que desde hace tiempo no había logrado alcanzar. Mañana será por fin un nuevo día, pero ese nuevo día me permitirá levantarme y luchar por una segunda oportunidad, de eso estoy totalmente seguro.

—Adiós mi amor del pasado. Adiós Serena. Sé feliz en donde quiera que sea tu lugar. Puedes estar segura de que yo nunca te voy a olvidar, aunque ya no te pueda amar… —. Es lo último que digo antes de entregarme por completo a Morfeo.

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Si llegaron hasta acá es porque el capítulo fue de su agrado y eso lo agradezco como no tienen idea ... ¡Muchísimas gracias por su apoyo! En serio que esto no sería posible si no fuera por eso ... ¡Gracias, gracias, gracias!

Nuevamente me disculpo por no poder contestar uno a uno sus Review's, pero ya saben, el tiempo a veces puede ser nuestro peor enemigo... ¡Abrazos asfixiadores para todas ustedes! Y obviamente, menciono a mis queridas lectoras, agradeciéndoles todo su apoyo...

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MartithaJimenez - Usagi brouillard - Anónimo (Johana) - Nikitha Chiba - Rosa de Guadalup - Cherryhino - criztal -

ceres-windam - creepy-chan-cute-chan - Raye Kou - Guest - matildechiba - STARVENUS - Guest - VICO-darien

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¡Muchísimas gracias por todo su apoyo! También gracias a quienes me han puesto en alertas, favoritos o que pasan por acá en forma anónima, ya saben que siempre se les agradece que lean mis locas ideas. Por supuesto, no hace falta recordarles que estoy abierta a cualquier crítica, comentario, sugerencia o "tomatazo"... ¡Que tengan una gran semana! Nos leemos en el próximo capítulo. Ya saben: ¡No se les olvide decir qué les pareció! Y prometido: ¡Ya intentaré actualizar más seguido mis fics! Mil disculpas por los retrasos ^^

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