ADVERTENCIA: LOS PERSONAJES AQUÍ EXPUESTOS PERTENECEN A MASAMI KURUMADA Y TOEI ANIMATION. MI INTENCIÓN ES MERAMENTE DE ENTRETENIMIENTO Y NO PERSIGUE FINES DE LUCRO.

CAPÍTULO 14

VERDADES QUE HIEREN

Aún con la sangre hirviéndole, Seiya permanecía fuera de la estación de policía; estaba haciendo un esfuerzo sobrehumano para calmarse (Aioria se lo había pedido y él no quería fallarle, fundamentalmente porque quería evitarle problemas con su hermana). No obstante, sus intentos eran en vano, apenas comenzaba a enfriar su cabeza para enfrentar a Milo e inmediatamente su mente empezaba a imaginar el rostro asustado de Saori, o quizás a Milo intentando hacerle algo e infinidad de cosas infames que sólo lo enfurecían.

Si bien tenía muchas ganas de matar a golpes a Milo, Seiya también se odiaba a sí mismo por permitir que Saori pasara por aquel traumático episodio, si no hubiese sido tan idiota con ella, la hubiera protegido (incluso con su vida). Pero ya era tarde para lamentarse por ello.

Por otro lado, había otra cuestión que descontrolaba a Seiya, el hecho de reaccionar de esa manera ante la posibilidad de que Saori estuviese en peligro. Toda aquella lucha interna lo estaba volviendo loco; por una parte, seguía amando a Saori (y también se odiaba a sí mismo por continuar guardando ese sentimiento hacía ella); por otra parte, le guardaba rencor por haberle mentido. El joven no sabía qué hacer con todo ese remolino de sentimientos.

De pronto, sus pensamientos se vieron interrumpidos cuando vio a su amigo Ikki salir del lugar, quien iba acompañado de (según recordaba) Aldebarán, el representante legal de la familia Kido.

-¡Ikki!- lo llamó.

-Ah Seiya… ¿qué haces aquí?- preguntó su amigo y entonces él recordó a Milo y nuevamente la sangre se le subió a la cabeza.

-Vengo a partirle la cara al desgraciado de Milo por lo que le hizo a Saori…- dijo un tanto alterado.

-Tranquilo…-sugirió su amigo- Estás muy agitado, además no lo encontrarás ahí adentro.

-¡¿Qué?!

-Hace unos minutos se lo llevaron a la prisión- explicó Aldebarán- Se determinó que, además de sus recientes actos, tenía otras cuentas pendientes con la justicia. Era inevitable que lo trasladaran.

-Si hubieras visto el "espectáculo" que se armó. Su mujer, armó un escándalo por él- agregó Ikki.

-Díganme a dónde se lo llevaron… tengo que hacerle pagar- continuó Seiya- Lo voy a matar.

-Te digo que te calmes… Mejor vámonos, necesito hablar contigo.

-Bien, yo los dejo- dijo Aldebarán- Joven Ikki, por favor guarde compostura, próximamente lo estaré buscando para informarle cómo va su caso. Y joven Seiya, le recuerdo que tenemos un asunto pendiente- le entregó una tarjeta- Aquí puede encontrarme cuando ya esté listo.

Se despidió y los jóvenes se quedaron ahí. De pronto Ikki sujetó con fuerza a Seiya y le habló por lo bajo- ¿Qué te pasa? ¿Estás loco o qué? No digas ni de broma que vas a matar a Milo; créeme, no podrías soportarlo, es un acto que te quebranta el espíritu y con lo que cargarás para siempre.

Sin soltarlo, se lo llevó de ahí. No habló para nada y Seiya, quien era un poco más bajo y débil que su amigo, no pudo más que permitir que se lo llevara. Finalmente, y después de caminar mucho, llegaron al viejo hogar de Ikki, entraron y su amigo prácticamente le ordenó que se sentara.

-Bueno, me trajiste hasta acá casi a la fuerza. Dime ¿de qué quieres hablar?- le cuestionó Seiya.

-Primero que eres un torpe. ¿Cómo se te ocurre decir que quieres matar a Milo?

-Ya te dije que quiero hacerle pagar por lo que hizo.

-¿Y quién te crees para ejecutar la justicia con tus propias manos? Milo ya está en prisión, está recibiendo su castigo- hizo una breve pausa- Además, si tanto te importa la señorita Saori, creo que erraste tu primera reacción; debiste ir a ver cómo está, en lugar de buscar pleito a lo tonto- Seiya no supo qué responderle, así que su amigo continuó- Deberías aprovechar que ella aún está aquí, que puedes verla, hablarle, protegerla…

Seiya comprendió que su amigo estaba recordando a Esmeralda, su viejo amor; aunque él (Seiya) no sabía qué hacer, estaba sumamente confundido por sus sentimientos hacia Saori- Pero no puedo ir a buscarla ella me…

-Ya para con eso- lo interrumpió- Mi hermano me contó un poco de lo sucedido. Eres un tonto, ¿cómo te atreviste a tratar así a la señorita Kido? Ella se ha comportado muy bien con nosotros, incluso contigo…

-No puede ser… Tú también, esa chica ya te compró.

-No. Yo sólo señalo lo evidente…- se sentó para verlo de frente- Insisto en que aproveches que ella está aquí… Después puede ser demasiado tarde…- hizo otra pausa y antes de que comenzara a recordar de nuevo a Esmeralda, continuó- Además, Saori Kido no nos ha comprado, sólo se ha ofrecido a ayudarnos. A mí apenas hace unas horas, como agradecimiento por "haberle salvado la vida" me dijo que le pidiera lo que fuera y ella haría todo lo posible para conseguirlo.

-¿Y qué le pediste?- preguntó intrigado.

-Nada- respondió su amigo estoico, como siempre- Me conoces Seiya, soy un ermitaño que prefiere valerse por sí mismo; aunque sí le pedí algo que no fuera para mí… -Seiya lo miró extrañado- Le pedí que ayudara a Pandora a viajar a Alemania para recuperar lo que sus padres le legaron, y no me refiero a dinero sino a objetos de valor sentimental.

-¿En serio?

-Sí, y la señorita Kido, admirada por mi petición, decidió que de todos modos me ayudaría a salir de la cárcel.

-Cómo, ¿estabas preso?

-Sí… el desgraciado de Milo me acusó de ladrón. Pero, según me explicó el tal Aldebarán, no había pruebas contundentes que me culparan y por eso heme aquí.

-Pero…- dudó un poco en agregar- ¿No se supone que al padre de Esmeralda…bueno, tú…?- no sabía cómo preguntarle a su amigo directamente.

-Te equivocas. Eso es un simple rumor, que incluso yo mismo llegué a creer durante años… Pero el padre de Esmeralda, aquella vez, estaba tan perdido en alcohol que fue un accidente. Y durante años me sentí responsable y tenía culpas…

-¿Y por qué no lo dijiste antes?

-Era sólo un asunto mío…- respondió de nuevo impasible- Pero volviendo al punto, Milo no logró su objetivo y no pudo fastidiarme.

-Ya veo… ese maldito intentó perjudicarte hasta el final.

-Así es, pero él está teniendo su castigo, no sólo tras las rejas. Aparentemente el tipo también tenía "sentimientos"…

-¿De qué hablas?- preguntó intrigado.

-Su mujer fue a verlo, tal parece que ambos estaban inmiscuidos en todo el asunto. Según escuché, él le decía que se culparía de todo para no involucrarla. Si me preguntas a mí, es un acto bastante valiente para tratarse de un tipo como Milo.

-Así que una mujer estaba detrás de lo que le hicieron a Saori…

-Sí, ella fue quien les pidió información sobre la señorita Kido, por esa razón Milo y Camus me golpearon, me sacaron información sobre ella y sobre ti.

-¿Sobre mí? ¿Y yo que tengo que ver en el asunto?- comentó extrañado.

-Es lo mismo que quisiera saber… De cualquier forma, habrá que estar pendientes, esa mujer está libre, al igual que Camus.

-¿Y qué fue de ese tipo?- preguntó, quizá con él sí podría desquitar la ira que traía consigo.

-Logró huir, pero me imagino que esa mujer lo buscará en su escondite para eliminarlo. Juró a gritos y llorando, enfrente de todos los que estábamos en la estación de policía, que todos nos iríamos al infierno por esto; sobre todo Camus.

-Vaya, hay que ser muy torpe para estar con una chica así, esa mujer sí que está loca…

-Supongo que cree que el amor que le tiene a Milo puede justificar todos sus actos…- sentenció Ikki- Cuando uno pierde a alguien especial, no hay nada que te pueda dar paz, sólo la venganza; pero ese no es el camino correcto.

Seiya quería saber más, pero la conversación se vio abruptamente interrumpida por la llegada de Pandora- ¡Ikki!- dijo cuando entró y fue directamente hacia el joven, quien se puso de pie y la abrazó- Ikki, Shaka me contó lo que pasó, tenía mucho miedo por ti… -la chica rompió en llanto y se ocultó en el pecho del joven.

-Tranquila. No te preocupes, ya estoy aquí y esta vez no pienso marcharme. Así que tendrás que soportarme por un largo tiempo- Ikki continuó abrazándola y le besó la frente.

En ese instante, Seiya comprendió que estaba de más ahí. Obviamente ellos tenían muchas cosas de qué hablar- Ah bueno yo me voy…Supongo que ustedes necesitan privacidad .

-Gracias Seiya- contestó su amigo.

-Ah… Seiya, lo siento- agregó la chica aún en los brazos de Ikki, estaba apenada por su reacción y (aún llorando) no quiso mirarlo- No te vi cuando entré.

-No te preocupes… -respondió Seiya comprendiéndola- Bueno, los veré pronto. Adiós.

Salió de ahí con varias ideas en la cabeza. Quizá Ikki tenía razón, debía ir a ver a Saori. En realidad, una parte de él necesitaba verla para cerciorarse de que estaba bien. Pasó varias horas caminando y pensando. Cuando se percató de la hora, ya era oscuro. Entonces pensó que quizás era el momento idóneo para ir a ver a Saori y aprovechar para aclarar varias cosas.

Como si se tratara de una vieja costumbre, al llegar al orfanato, saltó la reja y cruzó el amplio jardín hasta llegar a la enredadera que lo llevaba al balcón de la joven; subió sin dificultades, notó que la puerta estaba cerrada pero logró forzarla. Al entrar se sintió aliviado al ver que Saori estaba ahí, a salvo y completamente dormida.

Se acercó poco a poco a ella y con cada pasó sentía cómo su corazón se aceleraba. Cuando se paró junto a la joven, la vio tan hermosa, tan tranquila, como si fuera la criatura más inocente del mundo. Seiya tuvo ganas de besarla, despertarla a besos y no parar hasta que ella le pidiera que se detuviera, y si no lo hacía, continuar hasta llevar su amor hasta la última y más completa expresión. Sin embargo, también tuvo ganas de hablarle para que despertara y seguir reclamándole por ocultarle la verdad.

Seiya se encontraba en esa indesición cuando se acercó aún más a ella. Estaba a punto de posar su mano sobre la chica, aún sin saber bien lo que le diría, cuando de pronto ella se movió y Seiya vio en su mano algo que lo dejó helado, eso que desde la primera vez que vio lo obsesionó: el anillo de compromiso que Julián Solo le había entregado a Saori. En ese momento Seiya comprendió que había optado reanudar su compromiso con Solo; él por su parte, no podía reclamarle nada al respecto, era lo más natural que ella decidiera seguir adelante; después de que él la había tratado tan mal y le dejara en claro que se casaría con Shaina, era lógico que Saori no permanecería eternamente suplicándole.

Por una parte Seiya se alegró, creía que Saori se merecía a alguien mejor que él, y no en el aspecto económico (y más tomando en cuenta que ahora él era el heredero de la fortuna de la familia Kido) sino porque él se había comportado como un verdadero idiota. Julián Solo era un engreído, pero era la clase de personas que, aunque sea para guardar apariencias, no solía tratar mal a las mujeres, además era educado y había demostrado paciencia y dedicación al tardar años en convencer a Saori de que se casaran.

Decidió que él estaba demás, no tenía por qué molestar más a Saori; quizá más adelante sólo le pediría ciertas explicaciones, pero de momento no era oportuno molestarla. Ella se casaría, ahora sí, con Julián Solo y no quería hacerla sentir mal cuando un evento tan memorable se acercaba. Con el mismo sigilo con el que entró, salió de la habitación.

Regresó al hotel y notó que Shaina no se había parado por ahí en todo el día, se preocupó un poco. De pronto recordó que la había visto más temprano en una actitud y circunstancias muy extrañas, por lo que Aioria la había seguido. Rápidamente se dirigió a su casa, ya era tarde, pero con suerte averiguaría lo que sucedió con su aún prometida.

Al llegar a la pequeña morada le extrañó ver las luces encendidas, ya era tarde y no era común que se desvelaran. Entró y vio sentados a su hermana, su futuro cuñado y Aioros, parecía que estaban en una seria charla en ese momento, la cual fue interrumpida con su llegada.

-Seiya- dijo Marín- pasa, siéntate, estábamos esperándote.

-¿Qué sucede?

-Necesitamos hablar seriamente contigo- terció Aioria- sobre lo que pasó hoy.

Seiya notó que el ojiazul tenía una mano vendada- ¿Qué te pasó?- le preguntó.

-No te preocupes, estoy bien…

-Seiya- comenzó su hermana- Aioria se cortó la mano tratando de deterner a tu novia.

-¡¿Qué?!

-Ante todo, querémos que tomes esto con calma- intervino Aioros.

-Bueno ya díganmelo- reclamó Seiya un tanto desesperado.

-Esa mujer intentó eliminar al tal Camus, el otro tipo que atacó a Saori- explicó Marín- Aioria la logró detener antes de que hiciera una locura.

-Pero ¿qué dices? ¿Qué tiene que ver Shaina con todo esto?- preguntó; sin embargo, su cerebro recordó lo que Ikki le había contado: la mujer de Milo había jurado venganza, sobre todo a Camus; ella lo había ido a visitar a la estación de policía; esa mujer, a la que Milo había decidido no inculpar, estaba detrás de todo eso. La mujer de Milo. La mujer de Milo era…-¡Maldita sea!- expresó Seiya y se puso de pie.

-Tranquilo Seiya- le pidió su hermana.

Sin embargo, estaba inmerso en sus pensamientos. Recordó un detalle, cuando Saori le dijo que Shaina sólo estaba interesada en su dinero- ¡No puede ser! ¡No puede ser! ¡Maldición!- decía- ¡¿Dónde está ella?! ¡¿Dónde!? – exigió saber.

-Después de un pequeño forcejeo- explicó Aioria- donde me corté la mano intentando quitarle un cristal… No sé, me dio la impresión que me reconoció y me dio un rodillazo "ahí" y no pude detenerla. Ella… logró huir. Lo siento Seiya- se disculpó de antemano conociendo el carácter de su cuñado.

Seiya no respondió. Se quedó pensando. Se sintió aún más tonto que antes. Shaina le había tomado el pelo, quizá desde que se conocieron, y lo que más le dolía no era que lo engañara con otro, en realidad, eso le daba lo mismo (a final de cuentas él no la amaba), lo que le calaba era que fuera capaz de separarlo con las más viles intenciones de Saori, y que, incluso, se atreviera a planear algo para hacerle daño a la chica.

Se dejó caer pesadamente en su asiento- Soy un idiota…- se dijo.

-Seiya, sabes que cuentas con todo nuestro apoyo, no te dejaremos solo- le dijo Marín sentándose a su lado y poniendo su mano en su hombro.

-Gracias… - le respondió- Siempre me ayudas aunque sean un tonto.

-No lo eres Seiya, hay mujeres que utilizan sus encantos femeninos para cegar a los hombres. No eres el primero ni el último hombre que le puede pasar esto.

-Lo sé pero…- se interrupió lanzado un leve gruñido- Ella me separó de ustedes, de mis amigos… de Saori- de pronto cayó en al cuenta de algo importante- ¡Saori! Tengo que informale inmediatamente que esa Shaina fue quien planeó todo… y que está libre y no sabemos que intente hacer.

Los siguientes días, estuvo llamando a Saori con el pretexto de advertirle sobre Shaina, no tenía valor de presentarse ante ella (aunque anhelaba verla de frente), no sabía cómo reaccionaría ante ella. Por un lado estaba consciente que, después de lo que le sucedió, había aumentado su seguridad personal y estarían al pendiente de todos sus movimientos.

-¿Qué pasa Seiya?- le preguntó una tarde Aioros cuando lo vio recostado en el sofá con la mirada perdida.

-Estaba pensando- respondió.

-En la señorita Saori ¿cierto?- Seiya asintió- ¿Por qué no simplemente vas a hablar con ella?

-Es que no sé qué es exactamente lo que siento por ella. A veces creo que la odio tanto por no haberme dicho las cosas, pero… hay otros momentos en que el amor me gana, y necesito decirle que la amo como nunca imaginé…No sé qué hacer, te juro que me estoy volviendo loco.

-Bueno Seiya, es una situación difícil. Creo que invariablemente debes hablar con ella.

-Pero ¿cómo? Si no sé cómo hablarle, ni si quiera sé cómo voy a reaccionar al verla… No quiero herirla de nuevo con mis comentarios.

Aioros suspiró- Sugiero que vayas a verla con la mente muy despejada, sé que no será fácil lograrlo… Me imagino que podrás tomar una decisión cuando por fin escuches su versión de los hechos; creo que aún hay una pieza faltante en ese rompecabezas para que puedas definir lo que en verdad sientes por ella.- Seiya guardó silencio. Aioros comprendió un poco lo que pensaba su joven amigo- Seiya, hay algo importante que debes tener en cuenta, todos en esta vida cometemos errores, está bien y es completamente normal en la condición humana. Te has equivocado y lo sabes, no importa; lo que sí importa es que lo sepas reconocer y aprendas de ellos. También que estés consciente de que no eres el único que se puede equivocar.

Seiya intuía que hablaba de Saori y pensó que efectivamente tenía que entrevistarse con ella.
Después de la charla con Aioros, se dirigió al orfanato. Al llegar al ahí, vio a Hyoga sacando unas cajas; Shun estaba cerca de él, parecía que sostenía una agitada conversación; en ese momento llegó Shiryu en su automóvil. Al verlos juntos, recordó que también había sido grosero con ellos, por lo que les debía una disculpa.

-Pensé que no llegarías- le dijo Hyoga a Shiryu.

-Lo siento se me hizo tarde, Ryuho estaba un poco inquieto y no me dejaba salir... Pero estas son las cosa que quieres llevarte a tu nueva casa.

-Sí y te agradezco que me ayudes a llevarlas.

-No te preocupes, ¿Y por fin en qué quedaste con la Señorita Kido?-preguntó Shiryu.

-Creyó innecesario que me marchara y más tomando en cuenta que tanto Erii como yo seguiremos trabajando aquí; pero la verdad es que quiero hacerme responsable de mis actos y considero que independizarme será un buen inicio.

-Ya veo... ¿Y con quién discute Shun?

-Precisamente con la señorita Saori.

-Ah...-se quejó Shun una vez que colgó- No cabe duda que esta mujer es igual que Seiya, y yo pensé que no tenían nada en común.

-¿Qué te dijo o qué?- preguntó Hyoga.

-Se le metió la idea en la cabeza que estamos usando a Seiya para convencerla de que no se case con Solo, está aferrada de contraer nupcias y en no querer nada con Seiya.

-Bueno, después de cómo se comportó...-comenzó a decir Shiryu.

-No me sorprendería que ustedes tampoco quisieran dirigirme la palabra- interrumpió Seiya.

Sus amigos lo miraron y fue Hyoga fue quien habló primero- Fuiste un tonto.. -sentenció serio pero luego sonrió- siempre lo has sido, pero sabes que así te queremos. Somos amigos, y por eso siempre nos perdonamos.

Sin más le dio un fraternal abrazo al que Seiya correspondió.-Gracias.

Luego Shiryu le dio otro abrazo, después Shun, a quien le dijo-Perdóname, no debí dejarla ir.

-Descuida, el pasado es sólo eso, pasado- le respondió.

-Pero dime ¿Cómo está ella?

-De salud, un poco mejor. Pero de lo demás está un poco desubicada... Creo que escuchaste que casará con Julián Solo.

-Sí ya sabía algo, pero necesito que me ayuden; tengo que contarle algo importante- dijo Seiya pretextando que tenía que hablarle sobre Shaina- es sobre lo que esos tipos quisieron hacerle.

-Olvídalo Seiya- dijo Shiryu- Ya lo hemos intentado pero apenas mencionamos tu nombre en la conversación y ella la termina.

-Sí- agregó Hyoga- no quiere saber nada de ti. Además no está ahora, salió a ver unos asuntos de su boda con Solo.

-¿Cuándo será su boda?- preguntó un poco desesperado.

-El fin de semana-respondió Hyoga.

-¡¿Qué?!... Apenas en unos días… Tengo que hablar con ella urgentemente.

-Bueno- dijo Shun- ella me acaba de decir algo que me pareció extraño… Dijo que si realmente te interesaba aclarar algunas cosas… la buscaras, que sólo tú ya sabías cómo y en dónde.

Seiya comprendió, por lo que decidió ir esa misma noche a visitarla.

Una vez que el sol cayó, esperó pacientemente a que diera una hora para entrar y salir sin problemas del orfanato. Como le aconsejó Aioros, intentó mantener su mente en blanco. Salió de casa preparado para todo, escucharla y tomar una decisión.

Brincó la reja y atravesó el jardín. Comenzó a subir la enredadera que llevaba al balcón de Saori.

-Seiya…- dijo la chica detrás de él cuando apenas había escalado un poco. Su sorpresa fue tal que se cayó.

-¿Estás bien?- preguntó Saori levemente preocupada.

-Sí…- expresó el joven poniéndose de pie- Apenas caí un metro a lo mucho.

-Ah… me alegro- agregó con un tono serio- Sígueme por favor- le pidió antes de que Seiya pudiera preguntar porqué lo esperó en el jardín y no en su habitación.

Entraron sigilosamente en el edificio y se dirigieron al despacho de Saori- Toma asiento por favor- le pidió la joven una vez que llegaron a su destino, a lo que él obedeció- Te imaginarás…- comenzó a decir mientras tomaba asiento- que siendo una mujer comprometida no puedo permitir que entres y salgas de mi habitación como si nada.

Seiya sintió como si lo mojaran con un balde de agua helada, Saori estaba limitando sus visitas.

-En fin- continuó la chica- Supuse que vendrías en algún momento. Hace unos días suplicaba porque me escucharas y eso es precisamente lo que haré. Sólo hablaré, no quiero que me interrumpas, ya no me interesa lo que pienses hacer o decir.

-Saori yo…- intentó decir.

-Por favor, creo que ya perdiste la oportunidad de replicar. Ahora sólo limítate a escucharme y te quiero recordar que hay niños y gente dormida, por lo que te pido que limites tus ya conocidas expresiones.

Seiya no tuvo más que asentir, era cierto, ya había perdido la oportunidad de réplica.

-Bien, lo que quiero decirte es sólo para dejar en claro algunas cosas. En primer lugar, quiero limpiar el nombre de mi abuelo, bueno de Mitsumasa Kido. Como te dije alguna vez, él era un hombre bueno que cedió su hogar y algunos bienes para el bien de niños desprotegidos. Tú padre no era tan malo como crees.

Seiya le caló que se refiriera al viejo Kido como su padre, pero retuvo su enojo.

-Hace días, cuando te cité para que escucharas su testamento- continuó la joven- me pareció verme a mí misma escuchándolo por primera vez hace años, cuando mi querido abuelo murió. Al igual que tú, no entendía nada de lo que sucedía y pensé que se trataba de una broma de mal gusto. Como haz de imaginar, en aquella época yo era aún una chica arrogante y cínica; no negaré que, aunque me dolió la muerte de mi abuelo, estaba ansiosa por heredar todos sus bienes, llevar la vida que siempre creí merecer y, sobre todo, correr a todos los huérfanos de mi casa.

"Sin embargo- prosiguió- cuando escuché que tú eras su hijo y heredero universal, mis planes se fueron al caño. He de confesar Seiya que desde el primer momento en que llegaste al orfanato, siendo un niño acompañado de su hermana mayor, te odié. Desde tu llegada mi abuelo centraba gran parte de su atención en ti; siempre que estaba a solas con él me decía: tienes que ser más amable con los demás, como Seiya; tienes que esforzarte más en la escuela, como Seiya; debes conseguirte buenos amigos, como Seiya… Todo lo tenía que hacer como tú, todo eras tú; por eso te detestaba, creía que me estabas robando el cariño de mi abuelo. Después comprendí que se trataba del amor de padre que siempre te tuvo. Y no tienes ni la más remota idea de cómo sufrió cuando te fuiste, ese dolor lo llevó hasta su muerte".

"En fin, de la misma manera que lo hizo contigo, él me legó una carta donde me explicaba todo. Yo no tengo aún palabras para decir lo que él me confesó en esa carta, por eso quiero que la leas, teniendo en cuenta que sólo tú y yo sabremos su contenido"

Le tendió dicha carta. Estaba maltratada, inclusive era evidente que la rompió en pedazos para luego unirlos con cinta adhesiva.

"A mi querida Saori:

Mi niña, no tengo cómo explicar lo que acabas de escuchar. Lo lamento. Me imagino que esperabas ser la heredara de todos mis bienes, y te ha caído como bomba que Seiya sea mi hijo y beneficiario de todo en cuanto poseo. No es mi intención ventilar mi vida privada y mi relación con la madre de Seiya, sólo quiero confirmarte que por la sangre de ese joven sí corre mi sangre.

Mi verdadera intención en estas líneas es contarte una verdad, que sé que te herirá pero que es necesaria revelar para que por fin descanse en paz. Tú no eres mi nieta. Desde que eras niña y me preguntabas por tus padres, yo te respondía que cuando crecieras te hablaría de ellos, pero sólo era un pretexto para evitar lastimarte con sus verdaderos orígenes.

Hace años, cuando llevaba una vida de libertinaje, estaba de viaje en Grecia. Recuerdo que había salido para que la mujer a la que abandoné esperando a un hijo mío no me buscara más. Aquella noche yo salía de una fiesta con algunas copas de más. Le pedí a Tatsumi que fuera por el automóvil para por fin irme a descansar al hotel; de pronto escuché el llanto de un bebé. Aún un poco mareado, busqué el origen de ese llanto. Y ahí, en medio de esa calle oscura y solitaria, te encontré. Mi impresión fue tal que el efecto del alcohol se desvaneció, en ese instante me pareciste la criatura más linda y frágil que jamás había visto. Cuando Tatsumi llegó, intentamos ayudarte. Te llevamos con nosotros y cuidamos de ti, intentamos buscar por todos los medios a quien te abandonó, pero no tuvimos éxito. Mientras tanto, yo me encariñé contigo y no comprendía cómo alguien era tan cruel para desamparar algo bello e inocente como lo eras. En ese momento comprendí que yo había sido igual de cruel al abandonar a mi hijo que venía en camino; para mí, tu llegada fue como una revelación, me hizo darme cuenta de lo estúpido que era al dejar a su suerte a un inocente. Decidí adoptarte y llamarte mi nieta; asimismo, me inspiraste para buscar a mi hijo; y en esa búsqueda encontré a tantos niños que habían perdido a sus padres y sus historias me conmovían tanto que decidí fundar el orfanato. A veces siento que los mismísimos dioses te enviaron a mí para darme cuenta de mis errores y compensarlos.

No sé si estuve mal al nunca decirte que en realidad fuiste la primera huérfana de mi fundación y que, a diferencia de los demás niños, tú no perdiste a tus padres, sino que ellos te abandonaron apenas habías nacido. Por eso insistía en que jamás menospreciaras a esos niños, pues ustedes tenían más en común de lo que creías.

Sólo me resta pedirte perdón. Y aún con mi vergüenza, te pido un enorme favor. Si Seiya no ha regresado para cuando yo muera, te suplico que lo busques, que sepa la verdad. Sé que es pedirte demasiado, ustedes dos no se soportan (aunque me hubiera encantado que se llevaran bien) y para ti es casi una ofensa que te pida esto; pero te juro que será la última molestia que te daré, después de eso eres libre de hacer lo que quieras.

Sin más me despido de ti, recordándote que mi cariño hacia ti siempre fue sincero. De verdad te quise como a una nieta y deseo de todo corazón que seas feliz.

Hasta siempre

Mitsumasa Kido.

Cuando Seiya terminó de leer, se dio cuenta que Saori ya estaba llorando- Como puedes ver- dijo la joven- esa es la razón por la que te busque. De alguna manera quería devolverme todo lo que me dio mi abuelo, le debía, no sólo que me diera un nombre y un hogar, sino que me salvara la vida…Y tenías razón, quise tener a tus amigos cerca y ayudarte con el asunto de tu hermana para ganarme tu confianza... no lo niego, quería decírtelo todo y librarme de problemas pero no me resultó fácil"- hizo una pausa.

"Cuando leí eso por primera vez, te juro que me quise morir, inclusive en más de una ocasión pensé terminar con mi vida. Yo no tenía amigos, ni era una persona agradable; lo único que me enorgullecía era mi "sangre privilegiada", ser una Kido, esa era mi única razón de existir. Pero me di cuenta que jamás valí nada, ni siquiera para mis padres… ellos me botaron como a una basura"

Su llanto se hacía más intenso y Seiya no dudó en acercarse y consolarla. –Saori…

-¡Suéltame! No me toques… No quiero verte Seiya, no tienes idea de cómo me duele esto…y jamás quise contárselo a nadie, para mí es mi mayor desgracia y la vergüenza de mi vida… pero no me dejaste opción. … ¡Te odio por reabrir esta herida!

Se puso de pie salió corriendo del despacho- ¡Saori espera!- intentó seguirla, ella ya había subido las escaleras hacia su habitación, él apenas estaba en el primer escalón cuando alguien lo detuvo

-Déjala- dijo Jabu, quien apareció entre las sombras.

-Suéltame tonto- forcejeó con él.

Sin embargo, Seiya comprendió que, igual que él cuando escuchó el testamento de Kido, Saori necesitaba espacio. Además, él ya no tenía nada que ver con ella, lo odiaba y en pocos días se casaría con Julián Solo. Ya la había perdido para siempre.

CONTINUARÁ…