¡Es mi primera historia así que espero que os guste y que disfruteis con ella!

Aquí esta la historia

KIRIAM

La luna llena brillaba en el cielo oscuro rodeada de miles de estrellas. Zía, a sus catorce años, nunca había visto una luna tan grande como aquella. Era como si todo el Universo se hubiera puesto de acuerdo para mostrar aquel impresionante paisaje. Zía llegó a su casa y entró en su habitación. Tenía el pelo revuelto por el viento. Se miró al espejo. Era una chica normal, sin nada especial. Cabello castaño ondulado, ojos oscuros, pecas... una chica cualquiera. Se cambió y se tumbó en la cama. Una noche normal, como cualquier otra, pero Zía no imaginaba que esa noche su vida cambiaría por completo.

Zía estaba sentada en su cama y por una razón que no comprendió se levantó y salió de su habitación. Llegó al pequeño pasillo y comenzó a bajar las escaleras, pero estas no terminaban. Cuando creía estar alcanzando el final, las escaleras se volvían a alargar una y otra vez. Entonces de repente aparecieron dos puertas, una frente a la otra. Las puertas eran exactamente iguales, nada las diferenciaba. Un impulso que provenía de su más profundo interior guió sus pasos hacia la izquierda y abrió la puerta.

Todo su alrededor se sumió en la oscuridad más absoluta. El corazón de Zía comenzó a latir cada vez más fuerte. Tenía miedo, mucho miedo. Comenzó a notar como le comenzaba a faltar el aire y una fuerte angustia se apoderó de ella. Zía se giró para escapar de aquel lugar, pero la puerta había desaparecido, solo quedaba aquella oscuridad que lo invadía todo. De repente un pequeño espacio se iluminó, lo justo para dejar ver un hombre bastante mayor por su aspecto que la observaba con una mirada de súplica y tristeza. El hombre abrió la mano y dejó caer un medallón al suelo. Entonces el hombre desapareció.

Zía fue hasta el lugar iluminado y comprobó que no quedaba nada de aquel hombre. Paseó la mirada por el suelo y se fijó en el medallón que había dejado caer el hombre. Se agachó y lo cogió. El medallón tenía forma de la cara de una pantera y se sujetaba por una cadena. Zía no pudo reconocer el material del que estaba echo y eso le fascinó. Era como piedra pero más fina y resistente y el color era como un bronce grisáceo sin ninguna imperfección.

Entonces una voz detrás suya susurró "Kiriam". Zía se giró rápidamente pero allí no había nadie. Kiriam, ¿qué significaría?.Entonces la luz se apagó y cerró los ojos.

Zía se despertó. Gotas de sudor recorrían su frente. Todo había sido un sueño, solo eso. Entonces notó un bulto en su mano que continuaba bajo las sábanas. Abrió la mano y vio el medallón. Notó como su corazón se paraba. Si solo había sido un sueño, ¿por qué tenía el medallón en la mano? Zía comenzó a palidecer y con un gran esfuerzo pudo mover sus entumecidas piernas y levantarse. Una vez de pie se colgó el medallón alrededor del cuello y salió de la habitación.

Zía escuchó unos gritos provenientes de la primera planta de la casa. Seguidos a aquellos gritos se escucharon unos rugidos. Su curiosidad venció al miedo que continuaba apremiándole en el pecho. Comenzó a bajar las escaleras. A mitad de la escalera pudo ver el escenario que le esperaba en el salón.

Allí un grupo de panteras negras estaban juntas en una esquina. Zía terminó de bajar las escaleras y pudo escuchar un gemido proveniente del grupo de panteras. Entonces pudo ver la mirada de su madre debajo de las panteras pidiéndole auxilio. Una oleada de temor y odio invadió el cuerpo de Zía. Las panteras repararon en su presencia y se apartaron de sus padres que seguían tumbados en el suelo. Zía se acercó corriendo hacia ellos y se agachó para intentar encontrarles el pulso, pero no lo consiguió.

Entonces una de las panteras –un macho, probablemente el líder porque era bastante más grande que las demás- rugió y se adelantó a las demás para quedarse mirando a Zía en posición de ataque. Zía sentía como un dolor le golpeaba el corazón, el dolor de la venganza. A partir de ese momento fue como si estuviese en un sueño, no era completamente consciente de lo que hacía.

La pantera le miró y en sus ojos pudo ver el odio y la sed de venganza, aunque por un segundo también le pareció distinguir el miedo, pero pronto se esfumó para dar paso a la ira. La pantera sabía que no tenía que temer nada de aquella chica, sabía quienes eran sus padres y hasta entonces no se había presentado ningún signo de que se transformara. Pero si lo era, la primera transformación sería muy poderosa, pero tampoco tenía porqué asustarse, puesto que no había nadie más poderoso que él.

Zía comenzó a notar como una fuerza en su interior comenzaba a surgir, cada vez más fuerte y le apremiaba dentro para salir. Su respiración se fue haciendo más agitada y sus ojos se fueron volviendo más duros y profundos. Las panteras, encabezadas por el líder, se volvieron y comenzaron a caminar en dirección opuesta y salieron de la casa. Zía las siguió y se quedó quieta en medio de la calle, donde todavía se veía la luna llena en todo su esplendor

–¡Eh! –gritó Zía para pararlas. Las panteras se volvieron y la miraron. Zía centró su mirada en el líder, mirándole fijamente a los ojos. -¿Dónde creéis que vais? No hemos terminado.

Zía no sabía por qué lo había dicho, ¿acaso creía que podía vencer a unas cinco panteras juntas, teniendo en cuenta que una de ellas era el doble que las demás? No lo sabía, simplemente había sido un impulso, pero no tuvo miedo.

La pantera le miraba desde la punta opuesta de la calle. Entonces esta echó a correr en su misma dirección. Zía vio como la pantera corría cada vez más. Todavía estaba bastante lejos de ella, pero no tardaría en alcanzarla. Pero Zía no se movió. La pantera estaba a unos tres metros de ella nada más, preparándose para saltar cuando, de repente, Zía se abalanzó sobre ella, pero antes de que la alcanzara, la pantera se dio cuenta de que aquella no era la chica cualquiera de catorce años, allí había un imponente lobo de un metro y medio que se lanzaba sobre ella.

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¡María, la esperada historia! Muchos besos, guapa.