Día de Compras

Un par de piernas largas y torneadas bajaron de un lujoso automóvil negro, frente a un elegante edificio Neoyorkino.

El la observo bajar del auto y entrar al edificio, desde la ventana de la habitación de la chica. Se sentó en silencio en una oscura esquina... a esperarla.

-Buenas tardes, señora Renesmee - saludo el portero con una sonrisa.

-Buenas tardes, Demetri - saludo la blanca chica de risos de cobre.

Tras de ella entro el chófer, cargado con las compras de Renesmee. El ascensor se abrió y de el bajaron la sirvienta de confianza y el mayordomo de la elegante chica, para ayudar al chófer con las compras de su señora.

-Pongan todo frente al espejo - ordeno la chica con una sonrisa, fascinada con sus nuevas compras, cuando estuvieron en el departamento.

Una vez sola, se quito los altos zapatos negros y bajo el cierre de su ajustado vestido rojo. Se desvistió por completo quedando solo en ropa interior, -para deleite del hombre que la veía desde las sombras-. Tomo lo primero que encontró en una de las bolsas y se puso la prenda de inmediato.

El había entrado sin que la servidumbre lo viera o lo escuchara. Entro a la habitación principal y se instalo en un lugar poco iluminado, donde no seria notado. Sabia que la chica que estaba observando saldría de casa durante la mañana y regresaría ya entrada la tarde. El había estado esperándola con mucha panciencia, sabia que esta seria muy bien recompensada. Miro el semi desnudo cuerpo de la chica, cada vez que se cambio de ropa. La vio ir y venir hasta el armario, combinando su nueva ropa con la que ya tenia, poniéndose uno que otro accesorio que haría destacar aun mas su atuendo.

Renesmee había comprado todas aquellas prendas reveladoras pero con clase, solo pensando en su marido, el cual se encontraba de viaje de negocios.

La chica se midió toda esa ropa frente a ese hombre, sin siquiera saberlo. Se puso faldas, blusas, vestidos, pantalones... Se vistió y desvistió una y otra vez mientras el se deleitaba con cada curva, con cada centímetro de su lisa, suave y blanca piel. Había soñado con ese momento durante mucho tiempo, ahora el estaba frente a ella. Ya estaba saboreando el momento en que por fin ella fuera suya, nada ni nadie la salvaría de todas las cosas que el le haría esa noche.

Renesmee comenzo a acomodar su nueva ropa tal y como la había enseñado su tía Alice. Por colores, por prendas, por temporadas, por material... Renesmee rió al recordar que desde pequeña, su tía le habia inculcado el sentido de la moda.

Al terminar su tarea, Renesmee saco unas cuantas pendas que ya no usaría y las llevaría a la caridad. Paseo en su delicada ropa interior de encaje, -un regalo de su esposo que compro en La Perla-, alistando su ropa para el día siguiente por la noche, cuando fuera a recoger a su marido al aeropuerto.

-Si te soy honesto, me gusto mas el sexy vestido negro, con la abertura a medio muslo - hablo por fin el hombre saliendo de su escondite.

Renesmee ahogo un grito dando un giro de 180 grados y miro desesperada a la puerta que ella misma había cerrado con llave.

-En verdad me gustaron tus compras... pero me gusta mas lo que traes puesto - murmuro el hombre acercandose a ella, mirando lascivamente su curvilineo y tembloroso cuerpo.

El alto y moreno hombre obsecionado con aquella hermosa chica de ojos color chocolate y labios llenos, se acerco aun mas. Mientras ella lo miraba en shock con los ojos muy abiertos, completamente estática.

-He pensado mucho en ti y en las cosas... malas que te haré - tomo la mano de la paralizada chica y la coloco en su entrepierna endurecida.

-No, por favor... - suplico Renesmee en un suave murmullo.

-Tu quedate quietecita, te va a gustar - le susurro en el oído apartándole el cabello del hombro.

Renesmee soltó unas risitas tontas cuando el hombre rodeo su cintura estrecha y sus dedos largos y fuertes se enterrron en su cadera.

-Eres un gran tonto, me diste el susto de mi vida, Jacob -murmuro la chica desabrochando la camisa del hombre que la besaba-. Los sirvientes... no, no me dijeron nada.

-Ellos no me vieron.

Jacob despojo a su esposa de la ropa interior, una vez que la llevo a la cama. Ella no se quedaba atrás, el hombre ya no traía camisa, ni pantalón.

-Por que no me dijiste que llegarías antes? - pregunto la chica con la respiración agitada.

-Y perderme tu desfile de moda? No, gracias. Es lo único que me gusta cuando vas de compras. Es lo único que hace soportable cuando pago las tarjetas.

Renesmee lo separo de su cuello y lo miro enfadada.

-Es broma, cariño.