NADA DE ESTO ME PERTENECE ES DE NICK, SOLAMENTE ME DIVIERTO ESCRIBIENDO SIN GANAS UN PESO POR ELLO.

¡Hola a todos!

Se perfectamente que tengo muuuuchos fics que debería actualizar, pero la idea para éste me vino muy rápido y la desarrollé tan fácilmente que no tuve más opciones. Espero me sepan disculpar.

He visto todos los capítulos de "Avatar, la Leyenda de Korra" que se han transmitido por ahora (hasta el once) y aunque la idea y muy buena parte de la trama me gustaron, siento que le faltó algo. Esta historia empieza justo al final del capítulo once, cuando Korra recupera sus poderes y sabemos que Amón muere con Tarlock.

Analizando más fríamente, me di cuenta que no me gustó del todo la serie porque buena parte de la sabiduría y los dilemas con los que más simpaticé en "La leyenda de Aang" no estaban presentes en Korra. Era más una serie de acción. Y aunque me gustan, ahí se deshiló demasiado del concepto original. En este fic trato de retomar un poco todo el rumbo filosófico y espiritual que Korra nunca demostró.

Espero lo disfruten de la misma idea en que yo he disfrutado haciéndolo. Hasta el momento, el fic no da para más de diez capítulos (y se me hacen muchos)

Disfruten.


DEDICATORIA.

Nieve Taisho.-Que has estado siguiendo cada uno de mis proyectos alocados desde hace dos años, cuando me adentré a este mundo de fanfiction. Muchas gracias por todo tu apoyo y así como has sabido encontrar emociones en mis demás fics, encuentres muchas mas cosas en este.


EL VIAJE DE KORRA

By

Nefertari Queen.


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Capitulo 1

Los Regalos de Katara

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La Isla del Templo Aire.

Un calmado lugar para relajarse. Hogar por años del Avatar Aang. Ahora, de su hijo Tenzin, que continuaba con la tradición de los Maestros Aire. El Avatar Korra había acabado con la amenaza de Amón hacia casi un mes, y devuelto sus poderes a todos los Maestros que fueron despojados de su control por obra de ese malvado Maestro Sangre.

Pero eso había quedado atrás. Las hojas comenzaban a caer de los árboles por la llegada del otoño. Las brisas frescas se colaban por las ventanas e iban despertando, cooperando con los rayos del sol, a las personas plácidamente dormidas. En una de las habitaciones, reposaba tranquila sobre el mullido colchón una mujer anciana con el cabello blanco y trenzado, usando ropas azules.

Era conocida en el mundo como la Maestra Katara. Heroína de la guerra de los cien años, viuda del Avatar, la madre de sus tres hijos, una de las mejores Maestras Agua y la mejor curandera del mundo. Pero en esos minutos, solo era Katara. La buena mujer cuyos años la convirtieron en la fuente de fortaleza y sabiduría que aún hoy despertaba en toda su familia.

La mujer sintió una brisa particular en su rostro, que la despertó. No fue fuerte, más bien, era tierna. Como si el aire la estuviera acariciando. Sonrió, todas las mañanas de su vida, desde la muerte de Aang, exactamente ese tipo de aire la despertaba. Era una forma de sentirse unida a él, a pesar de la muerte.

Katara se sentó con movimientos lentos y gráciles. Se puso unas sandalias y caminó hacia la ventana. Las brisas no cesaban, seguían acariciándola de esa forma tan dulce. Pero, en esa ocasión, había algo más. Independiente a la alegría y afecto que siempre le propiciaba ese aire, un dejo de tristeza se colaba en la caricia.

No, no era tristeza. Era más bien… preocupación. ¿Aang estaba preocupado? No veía el porqué. Todos estaban felices y el mundo libre de la principal amenaza que tenía en años: Amón. Entonces, súbitamente, entendió por qué Aang estaba preocupado. Su rostro esbozó una sonrisa melancólica "Al fin" pensó la vieja maestra.

"Es muy buen momento" se dijo a sí misma. Ella se dio la vuelta para ir al armario, de donde sacó un vestido típico de la Tribu Agua y se lo puso en tiempo récord. Peinó sus cabellos de la forma habitual y tarareaba una nana dulce y antigua. La misma que Gran-Gran le cantaba tantos años atrás.

Por la posición del sol, supo que era muy temprano. Ella siempre tenía la costumbre de madrugar, para aprovechar al máximo cada día. Salió entonces de sus aposentos y paseó por el Templo donde vivió toda su juventud al lado de su marido, criando a sus hijos, y que conocía como la palma de su mano. Iba a un lugar particular: el ático superior.

Pocos acólitos estaban despiertos y nadie la vio cuando subió los escalones de peldaño en peldaño. No tenía muchas cosas guardadas ahí, fue más bien Pema la que lo usó para acomodar viejas pertenencias suyas. Pero al fondo en la derecha, estaban unas cajitas acomodadas con su caligrafía. Nadie las tocaba, ni cuando Katara se mudó al Polo Sur. Todos la respetaban demasiado.

Reacomodó las cajas para sacar una particular. No pensaba mucho en realidad. La sostuvo mientras regresaba a su alcoba, dejándola en el suelo. Después, se fue a la cocina.

-o-

—¿A qué huele?—preguntó Mako, mientras se vestía en la habitación que compartía con su hermano Boilin—Es tan… raro.

—No lo sé—respondió el Maestro Tierra—Pero me da la impresión que es delicioso.

—Es más bien diferente.

Fue en ese momento que tocaron la puerta ansiosamente. Mako, que ya estaba listo, caminó para semi-abrirla. El rostro radiante de Korra, que siempre le quitaba el aliento, apareció.

—¡Rápido!—les dijo—¡Katara ha cocinado sus deliciosas Ciruelas de Mar!

—¿Sus qué?

—¡Vengan o me las acabaré!

Salió corriendo en dirección al comedor. Mako volteó para ver a su hermano, ya debidamente vestido.

—¿Le entendiste?—preguntó.

—No del todo. Pero vayamos a comer.

Los dos salieron y en el pasillo se encontraron a Tenzin con Asami. Se saludaron y pronto llegaron al comedor. Bumi estaba sentado en la mesa, contándole historias a Jinora, Ikki y Meelo. Los tres niños estaban sentados prestándole toda la atención del mundo, cosa que causó una punzada de envidia a su padre ¿Pero qué demonios hacia Bumi para mantenerlos calmados?

Bumi era un genio loco, tal y como le difunto Rey Bumi que fue gran amigo de Aang. Inquieto y extrovertido, muchas veces Aang y Katara bendijeron la sabiduría de los espíritus al no concederle al más intrépido de sus hijos ninguna habilidad sobre los elementos. Bumi era un gran maestro en artes marciales y en armas desde espadas hasta boomerang. Y el mejor estratega del mundo, superado solo por Iroh.

—Y entonces… ¡Zaz! ¡Un golpe por la espalda!—dijo, mientras chocaba una mano con la otra simulando el sonido, causando fascinación en sus sobrinos. Los niños siempre adoraron a su tío Bumi, con el cual podían pasar mas aventuras en un día que todo un mes con su padre—Yo me volteó desorientado, pero como pude llevé una mano hacia mi cuchillo y lo desenvainé. Miré a los ojos del retador, estábamos cansados, pero yo menos que él ¡Y supe que era el momento de actuar!...

—Las historias para más tarde por favor.—dijo una voz femenina que apareció repentinamente, haciendo a los niños levantarse para correr hacia ella—Quiero contar las mías.

—¡Tía Kya! ¡Tía Kya!

La mujer, canosa, se inclinó y abrazó a sus sobrinas con mucha fuerza. Le encantaban los niños. Kya era la hija mayor de Aang y Katara, una mujer dulce que tenía el carácter maternal de su madre y el humor tan desarrollado de su padre. Ella estaba casada con un gran y bondadoso Maestro Agua del Polo Norte, llamado Tok. Tenían cuatro hijos, mayores, y dos nietos.

Kya era la comandante de la subdivisión Norte de las Fuerzas Unidas. Sus tropas mantenían el orden en el Polo Norte, así como en las regiones e islas norteñas del Reino Tierra y la Nación de Fuego (el Templo Aire del Norte, aún habitado, no tenía ningún problema político hasta ahora) Maestra Agua por excelencia, Kya estaba de visita en la reunión familiar tan esporádica que se llevó acabo en la Isla de su hermano menor Tenzin.

—¡Jinora, pero que grande estás!—expreso, mientras cargaba a Meelo—Y tu pequeñín ¿Sigues molestando a tu madre?

—¡No tanto como antes tía!

—Bienvenida Kya—dijo Tenzin, adelantándose para besar la mejilla de su hermana—Siempre es bueno verte.

—Lo mismo digo Tinny—giñó un ojo.

—¡Kya!—reclamó Tenzin. Sus tres hijos reían intensamente.

—¿Tinny?—dijo Jinora—¡Ay papá, ya veo porqué odias los apodos!

—¡Jaja, Tinny!—reía Bumi estruendosamente—¡Grande!

—También me alegro de verte Bimmy—decía Kya—¿O era Brunny?

Más risas, mientras Bumi se callaba para ver a Tenzin carcajearse.

—No hay nada mejor que escuchar las risas de tus hijos, unidos a pesar de los años—Katara apareció, saliendo de la cocina con una bandeja plateada en sus manos—¡Hola hija!

—¡Madre!—Kya se acercó y abrazo a Katara con fuerza—¡Me alegro mucho de verte!

—Pues bien, ya que estamos al fin toda la familia reunida—colocó la bandeja en la mesa, retirando la tapa—A comer.

Las ciruelas de mar nadaban en un líquido algo espeso. Era una de las recetas más tradicionales del Polo Sur, y un platillo que Katara adoraba desde su infancia. Kya, que más cosas heredó de su madre que nadie, lo amaba de igual forma. Bumi le gustaba, aunque no lo consideraba de lo mejor. Tenzin, digno hijo de su padre, lo odiaba.

—¿Qué?—reclamó el Maestro Aire—¿Por qué?

—O no te preocupes—Pema salió sosteniendo una bandeja llena de verduras—Hice ensalada pensando en ti y en los amigos de Korra.

Mako, Boilin y Asami, que habían permanecido en silencio contemplando la reunión familiar tan amena y feliz, miraron a Pema extrañados. Korra se apresuró a explicar.

—No a muchos les gustan las Ciruelas de Mar.

—Vaya, tu debes ser Korra—dijo Kya a la morena sureña—Es un honor conocerte.

—El honor es mío Maestra Kya.—repuso la Avatar—Sus técnicas son legendarias, casi tanto como las de su madre.

—Es muy… interesante estar comiendo con personas de tanto renombre mundial—dijo Asami, mientras se servía ciruelas—Nunca pensé que llegaría a conocer a la familia del legendario Avatar Aang.

—La gente suele subestimar a nuestro padre—respondió Bumi apresuradamente—No solo era el Avatar, era un ser humano. Y no somos una familia especial.

—Créeme, una tarde con nosotros tres juntos—Kya abrazó a sus dos hermanos con los dos brazos—Y verás que no somos muy diferentes a las demás personas.

—¡Ja! ¡Si es que nos siguen el paso!—respondió Bumi—Tinny ¿Recuerdas cuando fuimos a la Arena de Combate Pro-Bending?

—El peor día de mi vida, gracias por recordármelo—reclamó Tenzin—¡Y no me digas Tinny, por favor!

—Oh vamos ¿Te molesto el buen baño que te dimos?

—A mí más—Katara se metió en la conversación—Tuve que cuidarlo tres días por ese horrible resfriado que pescó ¡Y contagió a Aang! ¿Saben lo difícil que es cuidar a dos Maestros Aire mientras estornudan?

Los presentes inmediatamente rieron, imaginándose la situación. Menos Pema, que gimió en voz alta.

—¿Qué?—miró a su suegra asustada—¿Qué tan difícil es?

—Oh, no te preocupes—le respondió maternalmente—Tenzin te podrá ayudar.

La conversación siguió. Kya y Bumi contaban muchas historias interesantes, Tenzin se les unió pronto y Katara narró varias anécdotas de su juventud. Los presentes escuchaban ansiosos y duraron ahí sentados por horas.

-o-

—¿Está bien, madre?—preguntó Tenzin, con voz angustiada y ansiosa, entrando en la recámara de Katara—¿Me mandó llamar?

Katara estaba inclinada orando. Al escuchar a su hijo se puso de pie y lo miró fijamente a los ojos. Le dedicó una maternal sonrisa mientras señalaba una caja grande de madera que estaba cuidadosamente colocada en el suelo.

—¿Podrías cargarla por mí, hijo? No tengo la fuerza de antes.

—Claro.

Tenzin se agachó y agarró la caja, no estaba muy pesada, pero no cuestionó las peticiones de su madre. Katara abrió la puerta de su alcoba y caminó lento, grácil, hacia la sala. Ahí estaban todos reunidos. Korra enfrente de Mako y Boilin. Pema en la mesa charlando con Asumi; sus nietos se movían alrededor de la habitación con energía, aprovechando sus últimos minutos de juegos antes de irse a la cama.

—Hola niños—los saludó—Quiero darles unas pocas cosas, aprovechando mi estadía aquí. Tenzin ¿Podrías hablarle a tus hermanos, por favor?

—Claro.

Tenzin dejó la casa en la mesa principal y salió. No tardó ni cinco minutos cuando reapareció con Kya y Bumi. Los tres miraron a su madre extrañados. Katara dejó que todos se quedaran con sus dudas, solamente abrió la caja y rebuscó un poco en el contenido. Su rostro iluminado por una sonrisa cuando agarró el primero objeto. Era un collar de cuentas de madera talladas, que sostenían un tallado con el símbolo del Aire-Control.

—Tenzin, esto es para ti—se lo tendió—Perteneció al Monje Gyatso, el mentor de tu padre. Cuando Aang reconstruyó los Templos del Aire, enterró los cuerpos de los Nómadas, incluido el esqueleto de Gyatso. Conservó unas pocas cosas de ellos, como éste collar. Fue una de las posesiones más valiosas de tu padre.

—Pero madre, yo no puedo aceptar…

—Hijo, por favor, no seas necio ¿Para qué queremos las cosas guardadas en cajas de donde nunca saldrán, amontonando polvo? Deben usarse y lucirse. Solo cuídalo bien, tiene casi doscientos años de antigüedad.

Tenzin agarró el collar con extremo cuidado, casi como si el solo tocarlo fuera capaz de destruirlo. Con movimientos concienzudos se lo colocó alrededor del cuello y lo observó orgulloso. Desprendía una gran cantidad de energía. Katara metió la mano en la caja otra vez y en ésta ocasión, sacó una especie de cinturón de tela; era color verde intenso con el símbolo de la Tierra-Control, bellamente bordado.

—El cinturón real del Rey Bumi, de Omashu, uno de los mejores amigos de tu padre antes y después de la guerra—se lo dio a su hijo que llevaba el mismo nombre—Ya que llevas el nombre de este ilustre personaje, me pareció apropiado que también lucieras una de sus pertenencias ¿Te agrada?

Bumi cogió la prenda en manos de su madre y de inmediato se la colocó alrededor de la cintura.

—¿Qué si me agrada? Me encantó mamá.

—Eso es bueno—se inclinó y sacó una navaja pequeña, hermosamente decorada y de puñal fino—Asami, quiero que tengas esto. Fue una de las dagas que mi hermano Sokka diseñó para él mismo. Me la heredó a mí antes de su muerte, con el fin de que pasara al nuevo "Equipo Avatar"—mencionando el título que Sokka les dio al grupo de amigos en tiempos de guerra, la maestra agua sonrió muy animada—Ya sabes artes marciales, esta daga es muy filosa, seguro te será muy útil.

Asami no podía salir de su asombro. Después de todo ¿Porqué iría ella a merecer un obsequio de la Maestra Katara? Observó la hermosa arma por un momento largo, hasta reaccionar y cogerla dudosa. La sacó de su funda, contemplando la hoja filosa relucir bajo la luz. No podía ser que esa arma la forjara el Maestro Sokka, gran guerrero y el mejor espadachín del mundo ¿Estaba acaso soñando?

—Yo… no sé que decir—su voz sonaba ahogada, llena de estupor—Solo… gracias… yo.

—Me alegro que te guste—Katara la cortó, no quería discursos muy largos. Sacó ahora un brazalete de roca pulida, tendiéndoselo a Boilin—Toph perfeccionó algunas especies de tierras y metales que fueran más maleables, para usarlos en caso de emergencias. Éste fue muy especial, un maestro tierra puede darle al brazalete la forma que desee y así usarlo durante las batallas.

—¡Maestra no se hubiera molestado!—Boilin apenas lo tuvo en sus manos comenzó a darle las más raras formas al brazalete, una roca, una serpiente, una esfera—¡Asombroso!

—Mako—el aludido miró la caja roja con el símbolo de la Familia Real de la Nación de Fuego y la agarró por inercia, mientras Katara explicaba—Esa contiene pergaminos especiales que Zuko escribió donde explicaba todo el arte del Fuego-Control, así como muchas de sus técnicas. Solo él y sus hijos las conocen, si te las confío, es porque sé plenamente que las ocuparás y eres una persona responsable.

—Gracias maestra Katara.

Kya, que se estaba sintiendo olvidada, vio a su madre elevar ambas manos, arrugadas y viejas, hacia la parte posterior de su cuello. Desenredaba el collar de listón azul y tallado que Katara llevó puesto desde su más tierna infancia. Contempló aquella gema por unos instantes en sus manos, y se la pasó a su hija sin recelo.

—Madre, yo no puedo aceptar esto—replicó inmediatamente—Es el único recuerdo que tiene de mi abuela… yo… no puedo.

—Kya, hija mía, llevas el nombre de mi madre porque siempre fue mi intención pasártelo, continuar con ésta tradición—explicó sonriendo.—No solo me recuerda a tu abuela. Es también el símbolo de mi Agua-Control y de mi matrimonio con tu padre. Llévalo con orgullo.

Kya sostuvo la gema cuidadosamente, poniéndosela en el acto, y sintiendo cómo la piedra se ajustaba a su cuello, moldeándose con cada curva.

—Korra, ven—así lo hizo, parándose al lado de Katara.

La vieja Maestra le dedicó una maternal sonrisa mientras le tendía una caja alargada de madera. Ésta tenía el símbolo del Aire-Control y los detalles tallados y pintados alegaban las ondulaciones del aire. Ella la sostuvo, no pesaba mucho.

—Estas son cartas que Aang te escribió antes de morir.—explicaba Katara con simpleza—Él tuvo visiones sobre la nueva Avatar y sus preocupaciones, comenzó a prepararlo todo para facilitarte tus deberes. Escribió esas cartas, van enumeradas y debes leerlas en orden. Por favor, cumple las instrucciones que te haya dejado. Era su última voluntad.

Korra sostuvo la caja contra su pecho.

—Lo haré. Pero ¿Por qué me las das ahora?—preguntó curiosa. Digo, toda su vida se la pasó al lado de Katara, ella fue su maestra—¿Por qué no antes?

—Todo tiene su momento Korra. Deberás entender eso.

—Muchas gracias por los detalles—se adelantó Asami—No debió molestarse.

—No fue ninguna molestia. Espero que cada vez que vean estos presentes, me mantengan en su memoria. Así como soy ahora, no como aquella maestra tan poderosa que derrotó a la princesa Azula el día del cometa. ¿Entienden?

—Completamente—respondió Mako—Creo entender por qué el difunto Avatar Aang se enamoró tanto de usted. Es una mujer demasiado buena y noble para ser real.

—La mejor madre de todas—Kya colocó una mano sobre el hombro de su madre, como corroborando lo que decía.

—Gracias hija. Todos ustedes ocupan un lugar muy especial en mi corazón ¿Lo saben?

—Si—respondieron casi al unísono.

—Entonces he cumplido mi deber.

La mujer charló con ellos de una manera muy cariñosa, se despidió abrazándolos y besando sus mejillas, antes de retirarse a sus aposentos para dormir.

Korra vio partir a la mujer que la entrenó desde que era una niña, hacia la cual sentía gran respeto y devoción. Un presentimiento de que las cosas iban mal se adueñó de su corazón, pero contuvo los impulsos. Katara no tenía nada que esconder ¿verdad?

En la oscuridad de su alcoba, Katara se puso una pijama muy bonita, especial, y se recostó en la cama grácil en posición cómoda y reconfortable. El cansancio que había empezado a arrastrar desde que inició su vejez acreció enormemente. Sus huesos, tan usados, clamaban por paz. Su cuerpo ya marchito se enfriaba lentamente.

Y ella pudo sentirlo, en el ambiente. Pudo sentir los latidos de su corazón bajar el ritmo y sus respiraciones más lentas. Ese cansancio colándose más profundo en su interior. Lejos de sentirse triste, ella se sentía plena. Porque la brisa acariciadora de su rostro no había cesado en ningún momento y parecía darle más apoyo que nunca.

"Allá voy…" pensó, mientras sentía un dolor agudísimo en su pecho. Fue intenso, como un calambre recorrerle y la electricidad de un rayo. Entonces…

Nada.


Continuará...

Espero que les haya gustado la reunión familiar. Solamente en la escena tan pequeña que vimos a Bumi pude ver que era igual al amigo de Aang, de ahí que lleve su nombre. Solamente nos faltaba conocer a Kya y por la referencia de nombres, y sabiendo que es una maestra agua, pensé que sería igual o muy parecida a Katara.

Esto es todo por ahora. El próximo capítulo veremos las cartas que Katara le dejó a Korra y además, iniciará un viaje interesante.

Muchas gracias por leer :)

chao!