Esta noche en particular, bajo una luz opaca y la frialdad de su solitaria habitación, Rick se sentía un completo tonto. Aún sentía que la mejilla le ardía, y peor aún, oía las risas de Claudia en el interior de su cabeza. ¿En qué momento se le había ocurrido hacer caso de las locuras de Roy? ¿O es que había interpretado todo realmente mal? Sólo a un tonto se le habría ocurrido intentar seducir y robar un beso a la reina del hielo frente a sus dos mejores amigos.

Los llamados en su puerta se volvían incesantes, él no quería levantarse de su cama y abrir, no estaba de ánimos para nadie y menos para un loco que llevaba poco más de diez minutos llamando.

—Ríndete —susurró. Tenía la seguridad que no era Roy, él ya le habría echado la puerta abajo; no era Max, él se hubiera ido al minuto; no era Minmei, ella no tenía acceso a esa zona.

Se cubrió la cabeza con una almohada y dejó que los minutos pasaran, de pronto sólo se empeñaba en conciliar el sueño que negaba a aparecer, pensó que un vaso de agua le ayudaría, se lanzó fuera de la cama, echó a correr el agua. Instantáneamente los golpes en la puerta retornaron.

— ¿Qué demonios quieres? —preguntó hastiado al abrir, y en verdad le hubiese gustado no haber abierto la boca, Lisa estaba frente a él.

— ¿Puedo pasar?

Rick volvió la vista al interior, a ese espacio pequeño donde apenas cabía su cama, una silla, una mesilla empotrada a la pared, y el espacio de la llave delatora. Pensó en echarla con malas palabras.

—Si vienes a pedir que me disculpe, no.

Ella miró a su derecha al sentir pasos e instintivamente se internó en el cuarto. Él se dio cuenta que pretendía esconderse.

—Si no quieres que te vean aquí conmigo, no vengas.

Lisa se encargó de cerrar apresuradamente y lo encaró.

—Se vería muy mal un oficial de impecable reputación en el cuarto de un piloto, ¿no?

—Tienes que cuidar tu imagen.

—Minmei…

Rick la vio mirar en cada recoveco de su cuarto, y la mencionaba a ella como si fuese a tenerla escondida allí. Eso le molestó.

—La tengo escondida dentro de mi billetera—dijo secamente —.Si tocaste a mi puerta por no sé cuanto tiempo buscándola ella, te digo que viniste al lugar equivocado.

—No me equivoqué de lugar.

— ¿Entonces? —ella sólo guardó silencio y se mostró inquieta—.Bien, si no vas a hablar, vete.

—Yo…yo no vine a hablar.

Rick se sintió divertido y a su vez exasperado por no comprender lo que ella quería. Tenía turno a tempranas horas y si Lisa Hayes había decidido plantarse frente a él impidiendo conseguir conciliar el sueño, tenía razones para sentirse fastidiado.

—No quiero sacarte a fuerzas sólo para ir a un calabozo durante el resto de la noche—dijo, conteniendo el tono.

—Rick…

Ella intentó decir algo sin poder conseguirlo, y al final sólo hizo lo que su impulso le demandaba, se abalanzó intempestivamente sobre Rick y él comprendió lo que estaba sucediendo cuando sintió que sus labios estaban siendo acechados. Él se consideraba un caballero, no tuvo valor para quitársela de encima simplemente de un empujón, pero mientras buscaba la manera de apartarla la dulzura y tibieza de esos labios comenzaron a nublarle la mente.

o

Ahora se sentía más tonto que la noche anterior. No podía creer lo que había sucedido en esa habitación.

Retiró su brazo con cuidado y salió de la cama, anduvo en puntillas recogiendo sus ropas, la ducha que se dio después ayudó muchísimo, aunque nada le iba quitar la desazón que sentía en su interior. Roy estaría orgulloso de lo que hizo, pero no tenía que saberlo.

Viendo a Lisa profundamente dormida, pensó en cómo iba a mirarla en adelante, no podía simplemente plantarse frente a ella y olvidar todo, olvidarla a ella y a ese fuego en su interior que logró reducirle a un muñeco completamente manipulable, porque así había sucedido: ella quiso abusar de él y él se dejó.

"Minmei te va a matar Rick" Pensó en ello justo cuando comenzaba a sonreír sin saberlo, y eso le inquietó.

No podía, simplemente no podía estar allí cuando ella abriese los ojos. Cogió sus cosas y huyó, literalmente.

O

Su líder de escuadrón estaba de malas, había puesto a los muchachos a limpiar el fuselaje de los varitech, y era un hecho que él estaba condenado, llegaba tarde.

—Vuelo de reconocimiento, y Hunter, puedes comenzar a adivinar.

—Teniente…—no lo llamaban Pitbull por nada, y con su sola mirada sintió que las excusas quedaron atoradas en su garganta. Suspiró, apoderándose del cepillo de dientes de su mano—.Quedará reluciente.

— ¡Brillante como el sol!

No tenía sentido, pero un castigo era un castigo, y no había derecho a hablar o quitar la vista de su trabajo. Sólo al cabo de un par de horas terminó, o creyó hacerlo. Con su antebrazo se quitó el sudor que empapaba sus cejas y pestañas, el calor allí era horrible. De pronto se sobresaltó ante el contacto de una mano que se posó en su hombro, tembló de la idea en su mente, no podía ser ella, ¿o sí?

—Bien Hunter, te has ganado un puesto. Te quiero con traje de vuelo en diez minutos.

Pero Rick estaba con traje de vuelo en menos de cinco minutos, la alarma de ataque se había desatado y todos los escuadrones de vuelo se alistaban. Fue uno de los primeros en alcanzar su avión, entonces oyó su voz por el radio, ella, justo ella. Se dejó caer como un peso muerto sobre su asiento mientras con un toque de su dedo en el tablero activa el cierre de la carlinga, se ajustó el casco, la voz de Lisa seguía dando instrucciones, sonando como si nada hubiera pasado.

Debía salir, seguir a su líder, proteger a los de la fortaleza. ¿Dónde estaba Max en estos minutos? Apenas lo recordó, el motivo por el que estaba allí. Presionó un botón en su tablero, Lisa apareció en una pantalla.

—Después de esto, retira mi castigo.

Vio a Lisa mover su cabeza de lado a lado, nerviosa.

—Hunter, por si no te has dado cuenta estamos bajo ataque. —prácticamente lo susurró.

—Prometo callar si lo haces.

—Ahora resultaste ser chantajista.

—Tenemos un trato. —Cortó la comunicación.

Nunca era fácil enfrentarse a los ataques enemigos, menos si estos podían ocultarse en un cinturón de asteroides, nunca sabían por dónde vendría una nueva ráfaga y eso descontrolaba a más de alguno. Él tenía idea de cómo enfrentar al Zentradie, le hubiera gustado dirigir a los muchachos, no podía, ahora recibía órdenes, todo gracias a su gran boca que le quitó el mando.

— ¡Rick, tenemos intrusos! —Lisa lo alertó en cierto momento, en medio de una batalla llena de explosiones. Apenas se habían alejado de la fortaleza, las oleadas de pods se lo impedían, eran diestros, despiadados y seguros de su objetivo: destruir a todo aquél en el SDF-1

—Se te olvidó un detalle—siseó. Buscó a sus compañeros, no había nadie cerca, y las coordenadas llegaban a sus oídos. Tomó la decisión. Pronto estaba de regreso al interior, volando entre las calles, persiguiendo, destruyendo; alcanzó al primero, lo derribó…un segundo lo esperaba, se desplomaba bajo la terquedad del piloto de querer destruirle a toda costa. Habían tres personas en el radio de desplome. Eran ellos o nada. Decidió embestir.

O

Veinte días y unas cuantas horas en estado de coma había sido su premio por jugar a ser un héroe de manera estúpida. Ahora apenas podía sentarse en la cama debido a la torpeza de sus movimientos, y le dolía la espalda, era una sensación de tensión en su musculatura y de pronto no sabía si seguir recostado o intentar moverse para darle vida a sus articulaciones. En fin, Rick Hunter sentía que había dormido demasiado y era hora de salir de ese cuarto de hospital e ir por su VF. Como pudo bajó sus pies de la cama y con la punta de los dedos tocó el piso.

—No tan pronto, piloto.

La vieja enfermera que se asomaba en la puerta parecía una mujer seria y por su expresión Rick pudo deducir que seguir con su idea era una muy mala decisión. Recogió su pie, pero no volvió a recostarse, y la vio a ella acercándose a la repisa al lado de la cama; luego vio como revisaba unos frascos de medicina para posteriormente elegir una jeringa con una larga aguja. Si bien era un piloto que constantemente jugaba con la muerte recibiendo heridas en algunas ocasiones, alguien que se suponía valiente, de todas formas temblaba ante la idea de una inyección.

—Puedo proponerle otro método de aplicación, quizás una forma oral…—ella continuaba con lo suyo, parecía no oírle—.Estoy bien. Me siento muy bien. No necesito eso.

Ella le dedicó una corta mirada y volvió la vista a la jeringa ya preparada-Hágame el favor de recostarse.

El tono poco amistoso hizo que Rick obedeciera. Ella se acercó a la cama y suspiró.

—Y usted dice ser piloto—recriminó la mujer—. Voltéese.

Rato después Rick sintió una punzada de dolor sobre su nalga derecha.

—Juro que voy a cuidarme. —siseó.

—Eso me parece muy bien—dijo ella volviendo a acomodarle la camisola —.Listo. Después de todo eres un buen chico.

—Eso me dicen todos…—Rick se volteó. Ella se quitaba los guantes—¿Cuándo podré irme?

—No tan pronto—Lisa aparecía en la puerta, y desde allí lanzó una cajita a su lado en la cama. Miró el objeto y la miró a ella. —Te lo has ganado, piloto. Las tres personas están muy agradecidas.

— ¿Y Minmei? —Sólo pudo pensar en ella y la pregunta escapó de su boca. No notó que la alegría del rostro de Lisa se transformó en seriedad.

—Con Roy—respondió dando media vuelta—, enseguida los verás. —se marchó.