Nota Previa: Este es el primer crossover que escribo, también la primera vez que me atrevo con algo tan cercano al género de misterio policial, así que espero que podáis perdonar posibles fallos en esos aspectos; he intentado plasmar a los personajes de ambas series lo mejor que he podido (acostumbrada a verlas en inglés, escribirlos en castellano ha sido un pequeño retro, teniendo que traducir expresiones propias de los personajes que suenan mucho mejor en su lengua original).

Cronológicamente, este fanfic se sitúa aproximadamente un año después del final de la tercera temporada Warehouse 13 y de los dos primeros episodios de la tercera temporada de Rizzoli & Isles (exactamente, a partir del tercer capítulo se desvía completamente de la serie), por lo que contiene spoilers de ambas series hasta esos puntos. Probablemente, una vez comience la nueva temporada de Warehouse 13, esto va a ser un gran, gran UA xD.

Finalmente, agradecer a mi beta reader kaon-chan (a.k.a. Natsuki-ako) por revisar todos los capítulos de este crossover (vosotros vais a tener la suerte de leerlo prácticamente del tirón, ella tuvo que esperar varios meses entre los cuatro primeros capítulos y los cuatro siguientes).

Espero que os guste el resultado de esta idea de mezclar estas dos series.

Disclaimer: Warehouse 13 y Rizzoli & Isles son propiedad de sus respectivas cadenas de televisión, productoras y creadores, yo solo los tomo prestados un rato.


:— 01 —:

Varias chispas saltaron del contenedor metálico mientras uno de los agentes sumergía el objeto en él.

—Y ya está —dijo el agente—, otra espada mágica menos rondando por el mundo. No ha sido tan complicado al final, ¿eh? —comentó sonriente tras cerrar el contenedor en el suelo e incorporarse mirando a sus compañeras.

—¿Que no ha sido tan complicado? Habla por ti, Pete, tu no estás sangrando —Gruñó Myka sentada en el maletero abierto del todoterreno, la destrozada manga del brazo izquierdo subida hasta el codo, dejando a la vista un largo corte sangrante, que Helena, de pies junto a ella, estaba limpiando.

—Vamos, Mykes, no me negarás que por un momento ahí estabas disfrutando…

—¿En serio, Pete?

—Y la verdad es que ha sido bastante espectacular —continúo el agente—. Y eso que ya te había visto luchar con una espada antes.

—¡Pete, tengo el brazo abierto del codo a la muñeca! —Exclamó Myka—. ¡Au!

—Lo siento, pero si no dejas de moverte… —dijo Helena terminando de aplicar desinfectante a la herida—. Creo que vas a necesitar que te cosan la herida.

—Genial —masculló Myka.

—Entonces, ¿al hospital? —Inquirió Pete colocando el contenedor en el fondo del maletero.

—Sería el curso de acción correcto a seguir, sí —asintió Helena mientras vendaba el brazo de Myka para evitar que siguiera sangrando tan profusamente.

—No, nada de hospitales.

—Myka…

—¿En serio queréis explicar cómo me han herido así? —Miró a ambos poniéndose en pie, echó mano a su cazadora, pero desechó la idea de ponérsela de nuevo, el corte le palpitaba dolorosamente cada vez que movía el brazo y con solo imaginar la manga ajustándose sobre él, hacía que se le revolviera el estómago.

—Bastará con enseñar nuestras placas para que no hagan preguntas —se encogió de hombros Pete.

—Tiene razón, Myka. Además, el vendaje no es más que algo provisional.

—Pero… —trató de protestar la agente.

—Sin "peros", necesitas que te cosan la herida —Helena se acercó más a ella y le puso una mano en la mejilla—. Sé lo poco que te gustan los hospitales, amor, pero no puedes ir por ahí con el brazo así, ¿de acuerdo? Además, cuanto antes terminemos con esto, antes podremos empezar nuestras vacaciones.

Myka dejó descansar la mejilla en la cálida mano de Helena y tras exhalar un largo suspiro, asintió.

—Está bien —musitó y se dirigió al lado del acompañante del coche.

—H.G., tus poderes de persuasión me asombran —susurró divertido Pete a la mujer al pasar junto a ella.

Una vez los tres dentro del todoterreno, Myka introdujo la dirección del Mass General en el GPS con la mano sana y Helena puso el vehículo en marcha. Rodaron unos minutos en silencio, hasta que Pete les preguntó por esas vacaciones que Helena había mencionado.

—¿Y cómo es que yo no puedo acompañaros?

—¿Lo dices en serio? —Myka miró a su compañero girándose en el asiento.

—Aaah, ya veo, es una escapadita solo para dos, ¿eh? —dijo en tono sugerente y alzando las cejas varias veces.

—De verdad, Pete, a veces… —suspiró Myka.

—En realidad vamos a visitar a una amiga de Myka aquí en Boston —explicó Helena sin apartar los ojos de la carretera.

—¿Y yo no puedo conocerla? —se quejó el agente.

—Si no es absolutamente necesario, le podemos ahorrar la experiencia a la amiga de Myka —dijo Helena en aquel tono suyo tan particular.

—Oh, jaja, muy graciosa —Pete cruzó los brazos sobre el pecho—. De todas formas, ¿por qué vosotras tenéis vacaciones y yo no?

—Artie dijo algo sobre no poder tener solo a Steve y Claudia trabajando —contestó Myka.

—Hm, pero eso no explica por qué vosotras tenéis vacaciones.

—Porque las pedimos.

—¿Porque las pedist…? ¿Así sin más? ¿No esperarás que me lo crea? Venga, H.G., todos conocemos a Artie, no está en su naturaleza dar vacaciones solo por pedírselas.

—Pues no fue tan difícil. Deberías probar alguna vez a pedir las cosas educadamente.

—Ajá —asintió Pete con una expresión en el rostro que dejaba claro que no se estaba creyendo ni una palabra de aquello.

—Y ha sido una suerte que esta última misión fuera en Boston —dijo Helena ignorándole.

—Está bien —suspiró Pete dándose por vencido—. Eh ¿si vosotras os vais a quedar aquí, cómo vuelvo yo a Univille?

—Te dejaremos en el aeropuerto después de terminar en el hospital —contestó Helena.

—Por mí podemos ir directamente al aeropuerto.

—Voy a hacer como que no he oído eso —Helena le echó una rápida mirada reprobadora a la agente.

—Tenía que intentarlo —sonrió Myka.

—Así que… esa amiga tuya, ¿tiene nombre, Mykes?

—Dr. Maura Isles, es la Jefe Forense del Departamento de Policía de Boston.

—¿Y de qué conoces tú a una forense? —inquirió curioso Pete.

—De cuando estaba en D.C., se puede decir que "coincidimos" mientras llevaba a cabo una misión y desde entonces nos hemos mantenido en contacto.

—¿"Coincidisteis"? —Helena enarcó una ceja.

—Digamos que algo no fue exactamente como estaba planeado y yo tuve suerte de que una médico pasara por allí —contestó Myka en un tono que decía claramente que no iba a añadir nada más.

—Creía que habías dicho que era forense —intervino Pete.

—Y lo es. Pete, los forenses también estudian medicina.

—Oh, es verdad. Entonces, ¿puedo conocerla?

—No —respondió Myka ligeramente exasperada—. Cuando salgamos del hospital, te llevaremos directo al aeropuerto para que te lleves la espada al Almacén. Todavía me pregunto cómo la famosa Tizona ha podido acabar en manos de un simple ciudadano de Boston —sacudió la cabeza—. Será mejor no tenerla rondando por las calles más de lo necesario.

—Jo —resopló el hombre—, os quedáis con toda la diversión.

—Y, Pete —Myka se volvió en el asiento y le miró seriamente—, nada de sacar la espada del contenedor ni jugar con ella.

—No se me ocurriría —por el tono parecía ligeramente ofendido.

—Ya, seguro.

—Oh, vamos, solo porque me pillarás aquella vez con… y la otra en… y… ¡Agh! Está bien.

Las dos mujeres intercambiaron una rápida mirada y trataron de contener lo mejor posible la risa que pujaba por escapárseles; Pete parecía tener cierta tendencia a "jugar" con los artefactos, no importaba las veces que Artie, o cualquier otro miembro del equipo, le recordase lo mala idea que era o las nada agradables experiencias pasadas, aunque normalmente, la mención de cierto telégrafo conseguía pararle la mayoría de las veces.

Finalmente, llegaron al hospital y tras buscar un sitio donde aparcar, se dirigieron a la entrada de urgencias; la sala de espera estaba llena de gente esperando a ser atendida, afortunadamente sus placas les valieron para que les condujeran inmediatamente a una sala de curas que en ese momento estaba vacía. La enfermera indicó a Myka que se sentará en la camilla y les dijo que en breve un médico se pasaría por allí. Pete se disculpó y abandonó la sala para usar el Farnsworth e informar a Artie de que tenían el artefacto asegurado.

—Odio los hospitales —comentó Myka observando la venda que le cubría el brazo y que ya estaba manchada de sangre, el dolor había remitido algo, aunque no lo suficiente como para hacerle olvidar el tamaño y la profundidad del corte.

—Lo sé. ¿Sabes…? —Helena se acercó más a la camilla sobre la que Myka estaba sentada y le puso una mano acariciante en la nuca en un intento por calmarla y distraerla—, Pete tenía cierta razón antes, verte combatir con una espada ha sido interesante y… excitante.

—Excitante, ¿eh? —sus mejillas se ruborizaron ligeramente—. Creo que el efecto habría sido mejor si el tipo no me hubiese herido en el brazo —añadió disfrutando de la sensación de los dedos de Helena en la parte de atrás de su cuello.

—Bueno, estabas en cierta desventaja, él estaba usando un artefacto. Y aunque me haya gustado verte en acción, la próxima vez será mejor que uses tu Tesla, querida.

—Lo tenía Pete y no podía esperar a que llegaseis para intentar pararle. Y pegarle un tiro al hombre me pareció un poco exagerado, a fin de cuentas estaba bajo la influencia del artefacto… La espada del Cid, quién lo hubiera dicho. Yo habría jurado que estaría en España.

—Replicas y falsificaciones hay muchas por el mundo, Myka. Es una suerte que hayamos podido encontrarla antes de que empezase a haber víctimas mortales. Tengo entendido que su efecto sobre el portador es extremadamente peligroso.

—Sí, según Artie, provocaría que el portador de la espada persiguiera hasta la muerte a cualquier persona de origen árabe. En fin, —exhaló un suspiro— en cuanto el médico venga y me cosa, podremos empezar nuestras vacaciones y olvidarnos de capturar, embolsar y etiquetar por unos días.

. — . — . — .

—Así que… Maura, ¿cuándo decías que llegaba esa amiga tuya? —Preguntó Jane al entrar en la oficina de la forense.

—Esta tarde, las espero para la hora de la cena. Ten, este es el informe toxicológico por el que preguntabas antes —le tendió una carpeta cuando llegó a su altura.

—¿Las esperas? Creía que solo venía una amiga tuya —dijo Jane abriendo la carpeta y echando un vistazo a su contenido.

—Viene con su compañera. Algo sobre una misión de última hora aquí en Boston.

—Hm… —asintió Jane— ¿Su compañera como Frost mi compañero o como compañera-novia? —Inquirió la detective—. Porque creo recordar que comentaste que es una agente del Servicio Secreto.

—Mm —Maura ladeó la cabeza hacia un lado pensando—. Las dos serían respuestas validas. Por lo que Myka me ha contado en sus e-mails y llamadas telefónicas, la agente Wells es tanto su novia como su compañera de trabajo.

—¿Ah, si? Uno pensaría que podría haber normas contra la confraternización entre compañeros que trabajan juntos.

—Tú y yo trabajamos juntas y somos pareja.

—No es lo mismo, Maura.

—¿No? ¿No trabajamos en el mismo lugar y…?

—Sí, eso sí. Pero no me acompañas a interrogar sospechosos, al menos no demasiado, o a detenerlos. Trabajamos en el mismo sitio, sí, pero mi compañero es Frost.

—Oh, ya entiendo.

—Bien. En fin —Jane se encogió de hombros y cerró la carpeta—, si necesitas la casa de invitados para ellas, mi oferta de llevarme a mi madre a mi apartamento sigue en pie.

—No será necesario, duermas tú en casa o no, la habitación de invitados está libre, así que no hay necesidad de molestar a tu madre.

—¿Seguro? Te estoy dando la oportunidad de librarte de mi madre durante unos días, piénsatelo bien —Jane alzó las cejas varias veces.

—¿Por qué me parece que en realidad la que quiere librarse de tu madre eres tú? —la forense le dirigió una mirada suspicaz.

—Ey, la llevaría a mi apartamento, ¿cómo eso se traduce en que yo me quiero librar de ella? —replicó la detective en tono ofendido.

—Bueno, últimamente pasas más noches en mi casa que en la tuya, así que… —Maura dejó la frase en el aire y Jane tuvo la decencia de mostrarse un poco avergonzada.

—Está bien, está bien —rezongó—, puede que tengas razón. Es… Solo imagínatelo; vas a tener de invitadas a dos agentes del Servicio Secreto, ¿en serio crees que mi madre no va a querer pasarse a cotillear? Es de mi madre de quien estamos hablando aquí.

—Angela no tiene por qué saber a qué se dedican.

—¿En serio? —Jane enarcó las cejas.

—No, si tú no se lo dices ni yo tampoco. De verdad, no hace falta que se vaya. Myka me aseguró que con la habitación de invitados sería suficiente. Además —una sonrisa se dibujó en sus labios—, puede ser divertido, aunque estemos de guardia, el fin de semana sigue empezando esta tarde.

—Si tú lo dices —Jane sacudió ligeramente la cabeza—. De todas formas, tengo curiosidad por conocer a esta amiga tuya, no me habías hablado antes de ella. Servicio Secreto, eso es… como otro nivel. Aunque sea federal —sonrió de medio lado.

—Por favor, ya sé que los agentes federales no te gustan mucho, pero prométeme que…

—Me portaré bien, lo prometo —rió Jane—. Solo tengo problemas con los federales cuando se entrometen en mis casos y tu amiga viene de vacaciones, así que… —se encogió de hombros.

—Eso espero —sonrió Maura.

—Bueno, tengo que volver arriba antes de que Frost y Korsak manden una partida de búsqueda —tras echar una rápida mirada hacia las puertas de la oficina, se inclinó hacía delante sobre Maura, dándole un rápido beso en los labios—. Te veo luego.

Dicho aquello, la detective agitó la mano a modo de despedida y abandonó la oficina.

. — . — . — .

La única luz que había en la habitación provenía de una lamparilla sobre la mesilla de noche, iluminaba el cabecero de la cama y dejaba el resto del dormitorio sumido en sombras; una figura inmóvil yacía boca arriba sobre el lecho, los ojos cerrados, casi se podría decir que se había quedado dormido sobre la colcha y las mantas, sin embargo, su pecho no se movía ni el sonido de respiración alguna podía oírse. Una sombra se cernió sobre el cuerpo sin vida y con movimientos diestros y precisos clavó una jeringuilla en un brazo inerte y pálido, extrayendo unas gotas de sangre. Unos minutos después, el silencio del apartamento fue roto por el sonido de una puerta al abrirse y cerrarse suavemente y unas pisadas que se alejaban por el descansillo hacia las escaleras. El resto de inquilinos del edificio ajenos a lo ocurrido a uno de sus vecinos, mientras la noche caía sobre el sur de Boston.