Summary: La historia se desarrolla en un universo paralelo donde Mamori es una joven con un 25% de ángel y Hiruma es un demonio que desea apoderarse de sus poderes destruyendo a la chica por el camino, aunque la muchacha no tiene intención alguna de dejarse atrapar.

Disclaimer: Los personajes utilizados en este fic no son de mi propiedad (ya me gustaría) , pertenecen única y exclusivamente a sus respectivos autores.

Aviso de la autora: Esta historia, petición del grupo de Facebook "Fanfiction/HiruMamo-Fans…", se desarrollará en la época feudal japonesa, así que intentaré adaptar a muchos personajes (con sus personalidades incluidas) a esta época, aunque sea un poco difícil para mí.

Intentaré actualizar todas las semanas, me lo plantearé como un reto personal para que así me sea imposible abandonar esta historia (aunque no creo que lo haga ya que amo el Hirumamo)

¡Muchas gracias por su tiempo!

.

.

-El sello del ángel-

Capítulo 1: Encuentro

Era un día tranquilo en el que la temperatura era realmente agradable, debajo de un árbol descansaba una muchacha de pelo castaño rojizo que poseía unos hermosos ojos azules, algo muy poco común en Japón.

La chica aparentaba no más de 17 años y era realmente hermosa aunque en esos momentos parecía algo cansada, su respiración estaba agitada y su corazón latía con fuerza. La castaña estaba inmersa en sus pensamientos. Tan ocupada estaba en su mundo interior, que no se percató de que algo la había visto e iba directamente hacia ella.

—Mamori-san, te pillé—Dijo una voz infantil e inocente.

La mujer se giró y observó las pequeñas manitas que cogían su brazo, se había asustado de verdad, desde hacia un rato que sentía una presencia cerca de donde se encontraba pero no pensaba que fuera la pequeña niña. En un segundo había olvidado por completo que estaban jugando al escondite.

—Vaya Akari, si que me atrapaste rápido, ¿no hiciste trampas cierto?—La niña negó con la cabeza.

—Claro que no Mamori-san, en verdad soy muy buena en esto, ya he atrapado a todos los demás—Dijo con una amplia sonrisa—¡vengan todos! ¡He conseguido atrapar a Mamori-san!

Pronto aparecieron más y más niños que rodearon a la chica quien se incorporaba despacio del protector y frondoso árbol donde se encontraba apoyada. Mientras, los niños hacían preguntas a la chica, preguntas que parecían incomprensibles ya que todos hablaban al mismo tiempo. Era duro a veces ser la maestra de esos niños preguntones y curiosos pero estar con ellos era algo que le encantaba, que le tranquilizaba, que le recordaba que no estaba completamente sola.

—Es hermoso ¿cierto?—Dijo la muchacha intentando que los niños se tranquilizaran.

—¿El que?—Preguntaron todos los niños a la vez.

—El árbol, sabéis, hay una historia que cuenta que debajo de este árbol ángeles y demonios convivieron una vez en paz. Pero que la codicia, el ansia de poder y las diferencias entre las dos razas separaron ese único mundo en tres: el de los ángeles, que es el cielo; el terrenal, que es donde residen los humanos, y además es un mundo de transición donde ángeles y demonios han luchado a lo largo de los años; y por ultimo, el de los demonios, que como todos habréis adivinado ya, es el infierno.

—Increíble, yo pensaba que los únicos que se dejaban ver por aquí eran los demonios y que en realidad los ángeles no existían —Dijo un niño que no tenia mas de 7 años.

—¡No seas tonto!—Gritó Akari—Los ángeles si existen, mi padre dice que nos cuidan desde el cielo y que por eso nos pasan cosas buenas, si un ángel bajara a este mundo la gente a la que protege sufriría—La niña se giró mirando a Mamori—¿Tú me crees Mamori-san?

Mamori no sabia que decir. Decirle que sí a la niña y mentir, o contarle la verdad que sabia de los ángeles y que su padre estaba totalmente equivocado.

Los ángeles eran criaturas hermosas como bien se decía en todos los escritos que había encontrado, con hermosas alas blancas, en cierto modo, eran criaturas imponentes pero también era criaturas egoístas que no bajaban del cielo porque pensaban que su mundo era superior a los otros y que el mundo terrenal y el infierno eran lugares con existencia inútil, donde sólo había criaturas que ni siquiera merecían la pena.

Ella sabia mejor que nadie como eran los ángeles, su madre era un hibrido entre un humano y un ángel así que su abuela se había pasado media vida diciéndole lo desagradecidos que podían llegar a ser los ángeles.

Cuando era joven, su abuela se encontró un ángel desterrado del cielo, había sido enviado al mundo terrenal por traición y los otros ángeles habían colocado un cepo en sus alas para evitar que volara de vuelta a su mundo, él estaba herido así que su abuela le proporcionó cuidados y lo mantuvo en su casa durante muchos años. Con el tiempo, se fue enamorando del ángel y éste parecía sentir lo mismo que ella, así que su abuela le entregó todo a él esperando permanecer a su lado lo que le restaba de vida, pero un día, varios ángeles bajaron del cielo para recoger a su abuelo, le dijeron que habían descubierto que él no había cometido el acto de traición, le quitaron el cepo de las alas y le permitieron volver al cielo. El ángel aceptó la oferta y dejó a su abuela sola y con una criatura que iba de camino, su madre.

Por esa razón no sabia que decirle a la niña, tenia demasiada información de esas criaturas como para contar todo lo que sabia, pero tampoco podía encubrirlas. Se encontraba inmersa en un autentico dilema.

—¡Mamori-san! —La niña se quedó mirando a Mamori esperando su repuesta y Mamori asintió con la cabeza esperando que no volviera a preguntarle de nuevo.

—Bueno niños atención—Alzó la voz para que todos los niños la escucharan—Es hora de ir a casa, sus madres estarán muy preocupadas así que, hay que darse prisa.

Cuando se pusieron en marcha Mamori se giró para mirar de nuevo el árbol de la leyenda, notando de nuevo la presencia que hacía unos minutos había sentido. Era algo extraño, si hubiera sido uno de los demonios que residía en el bosque esa presencia no se sentiría tan débil, los demonios de bajo poder como los que vivían en ese bosque no sabían esconder su presencia y en ese lugar no había nada que a un demonio de la corte (como se llamaba a los demonios más poderosos del infierno) le pudiera interesar. Mamori no le dio importancia a la presencia que sentía y se encaminó hacia el pueblo acechada por todos los niños que la seguían como si de una mamá gallina se tratara.

Al llegar al pueblo, todos los ojos se posaron sobre la chica castaña, era normal verla con los niños pero seguían sin fiarse de ella. Sus ojos azules y su pelo castaño rojizo no eran muy normales, todas las personas de la aldea tenían cabello negro o castaño y ojos oscuros por eso, ver a una mujer con ojos azules claros les resultaba tan extraño.

Los ojos de Mamori la habían perseguido durante mucho tiempo, mucha gente creía que tener ojos azules era símbolo de que el poseedor de esos ojos era un demonio, por eso, cuando Mamori pasaba por el pueblo jamás pasaba desapercibida, aunque claro, también había gente que sabia que esa chica no era un demonio, su amigo Sena por ejemplo, él había estado junto a ella desde hacia muchos años y jamás había dicho nada malo sobre sus ojos.

Después de un rato dejando a los niños con sus respectivas madres, Akira fue la única que le quedaba por entregar. Al llegar a su casa, la madre de Akira y su hermana (una mujer joven de la edad de Mamori) estaban esperando impacientes a la niña. La madre le agradeció a Mamori por todo lo que hacia por su hija, aunque para Mamori no pasó desapercibida la manera distante con la que lo hacia.

La hermana de Akira se acercó a Mamori con una sonrisa torcida en su rostro y se interpuso entre Mamori y su madre.

—Así que otro día jugando y enseñándoles tonterías a los mocosos del pueblo ¿eh? ¿Cómo tengo que llamarte? ¿Mamori-san, Mamori-sensei o Mamori el demonio de ojos azules?—Mamori miraba a la chica sin decir una sola palabra.

—¡Fuka!—Saltó la madre para recriminarle a su hija— Anezaki-san es la nieta de la honorable sacerdotisa de la aldea así que discúlpate.

—Vamos madre, todo el mundo lo sabe, ningún hombre en su sano juicio se acercaría a ella, es un demonio, es un poco sospechoso que saliera de la nada con su abuela ¿o me vas a decir lo contrario?

En parte la mujer que se encontraba delante de ella tenia razón, su abuela y ella aparecieron de la nada un día de lluvia y su abuela se presentó como la nueva sacerdotisa de la aldea, pero en verdad, fue pura casualidad que necesitaran una sacerdotisa.

Antes del fatídico día de la muerte de sus padres, ella tenia una familia, una vida feliz, una vida sin preocupaciones, sin miedos, pero en la vida, nada parecía ser eterno. Aquel día, en el antiguo pueblo donde vivían, la mitad de los aldeanos se presentaron delante de su casa, estaban armados y repetían la palabra demonio todo el tiempo, por culpa del miedo de la gente a los demonios, su padre había perdido la vida protegiéndola y su madre había muerto por ser un "demonio", antes de que la mataran a ella también, su abuela se la llevó lejos intentando ser fuerte, después de todo, su propia hija había muerto.

Mamori recordaba solamente fragmentos minúsculos de ese día, era demasiado pequeña para recordarlo y daba gracias a dios por no recordarlo tan claramente como su abuela, quien le había dicho que los humanos que las atacaron ese día daban más miedo que los propios demonios a los que tanto temían.

—¡Por cierto, no te lo dije! Pronto voy a casarme con el hombre más guapo de toda la aldea, aunque claro, para ti un sólo hombre no será nada ¿no? Ya que eres la más hermosa de todas las mujeres de los alrededores. ¡A no! Es verdad, tu eres un demonio por lo tanto los hombres huyen de ti, disculpa por lo de antes, no dije nada.

Mamori estaba empezando a cansarse de esa mujer, que no tuviera ya un marido o un pretendiente no significaba que en un futuro no los tuviera ¿o si?

—Yo… tengo que irme, se hace tarde—Dijo girándose sin ni siquiera esperar a que Fuka y su madre se despidieran.

En ese momento, lo único que le apetecía era llorar, descargar todas esas lagrimas que no había podido soltar en años, era cierto que todos pensaban que era un demonio por sus ojos, pero también era cierto que la respetaban, después de todo su abuela era la gran sacerdotisa de la aldea.

Ahí se dio cuenta. A ella no la respetaban por ser ella misma sino por ser la nieta de la sacerdotisa, en cuanto a su abuela le pasara algo, esas personas que pensaban que era un demonio las atacarían, al igual que habían hecho en el pasado, nada había cambiado en absoluto.

Llegó a casa de su abuela, ellas vivían separadas desde hacia mucho tiempo, su abuela le dijo que para ser fuerte tenia que hacer las cosas por si misma, gracias a eso, Mamori se había convertido en una mujer fuerte y segura de sus capacidades que había soportado la soledad como podía, era cierto que su abuela la quería y la visitaba a menudo pero, también era verdad que se sentía sola y muchas veces la echaba de menos, así que fue a visitarla pero para su sorpresa, no había nadie, así que decidió ir al bosque a por hiervas medicinales, ya que ese tipo de hiervas nunca estaban de más en una casa.

.

.

Desde las ramas de un árbol, tres jóvenes observaban a la mujer de ojos azules buscar sus ansiadas hiervas, estaban esperando el momento justo para atacar, para probar si esa mujer era la fuerte sacerdotisa que estaban buscando. La habían estado vigilando durante todo el día pero ningún demonio menor del bosque la atacaba, querían probar si esa mujer era en verdad la chica de los rumores que circulaban por el infierno, así que estaban impacientes.

Uno de los chicos, que vigilaba desde el suelo (había roto mas de una rama así que, no lo probó más), miraba a sus dos compañeros sin estar de acuerdo del todo con lo que querían hacer, siempre le habían dicho que era muy blando para ser un demonio pero seguía pensando que atacar a una chica indefensa y tan bonita como esa debía ser un pecado más grande que comerse todos los dulces del infierno. Suspiró y volvió a mirar al demonio que había ideado ese plan maligno. Era alto y delgado, con el pelo desbaratado y rubio, lo que le daba un aire peligroso, los pendientes que adornaban sus orejas birlaban bajo ese Sol del mundo terrenal y sonreía de una forma maligna sin quitar la vista de la mujer que habían ido a atacar.

El otro chico que miraba desde lo alto del árbol parecía más viejo que su acompañante y tenia unos ojos penetrantes que lo hacían ver muy serio. Se podría decir que él pensaba igual que su acompañante, no quería atacar a la chica pero no había más remedio. Si ellos no la atacaban otro demonio lo haría antes y si su amigo quería conseguir aquello que siempre había deseado, tendría que robarle los poderes a ella primero.

El rubio bajó de un salto de la rama en la que estaba y sacó un pequeño frasco de sus ropas, lo movió un poco y sonrió al ver que lo que esa misma mañana había atrapado seguía allí, igual de feroz.

—Volved al infierno, no creo que me cueste mucho hacer esto, la atacaré justo después de que nuestro amiguito menor lo haga, de todas formas si se la come significa que no era la mujer que busco ¿no? kekeke—El rubio se reía mientras observaba el famoso frasco de cristal rojo que tenia entre sus manos.

—Pero Hiruma ¿Cómo puedes ser así? ¿y si no es esa mujer? ¿Vas a acabar con la vida de un ser tan hermoso y pacifico? ya viste antes como jugaba con los niños, es imposible que sea la mujer que buscas—El más grande de los chicos intentó parar al rubio—Tal vez puedas ganar con tus poderes actuales ¿no?

Los otros dos chicos ignoraron lo que decía el otro, sabían que no podría ganar sin los poderes de esa mujer y también sabían que si otro demonio los cogía antes seria el fin del infierno y de los otros mundos así que, simplemente ignoraron lo que dijo su compañero.

—Esta bien Hiruma, volveremos al infierno pero ten cuidado con lo que haces—Dijo el chico que parecia mayor y se fue dejando al chico a solas con el otro

—¿Qué haces aquí todavía maldito gordo? ¿estas preocupado por mi? Kekeke

—Hiruma ten cuidado, podría venir otro demonio de la corte a parte de nosotros y…

—¿Y que? Yo soy más poderoso que ellos maldito gordo no me harán nada, lárgate, no me dejas trabajar.

El chico se fue dejando al rubio solo con el frasco y con la vista fija en la mujer que tenia delante. Volvió a mover el frasco y sonrió, se lo iba a pasar muy bien ese día, tenia esa corazonada.

—Ahora escucha maldito menor, vas a atacar a esa mujer, esas son mis ordenes—Le dijo al frasco.

Quitó el tapón del frasco y un demonio negro y gris que parecía una serpiente se alzó ante él. El demonio tenia numerosos colmillos y no era nada hermoso, parecía como si un bebé hubiera moldeado su cuerpo a golpes, ese demonio era un menor creación de otro demonio.

Los menores, eran demonios de poder bajo que los humanos normales no podían vencer, eran seres salvajes pero tenían forma fija y no eran como el que el rubio había sacado del frasco. El demonio menor que se alzaba ante el rubio era otro tipo de menor creación de otro demonio, un ser tan asqueroso que normalmente los propios creadores (demonios de la corte) mataban debido al asco que les producía, estos demonios solo obedecían a sus dueños y a personas como el rubio quien lo había encerrado en el interior de un frasco demoníaco para controlarlo.

—Ve a por ella jodida serpiente menor.

La serpiente se metió entre el follaje para que la humana aun recogiendo plantas medicinales no la viera. Por otro lado, el chico se subió a un árbol y volvió a observar a la mujer quien parecía haberse percatado en el mismo momento que sacó la serpiente de su encierro que algo no andaba bien.

.

.

Mamori, quien seguía acuclillada cerca de las plantas, se percató de la presencia de un menor en el bosque pero ese menor ya estaba muy cerca, no sabia como había sido capaz de acercarse tanto sin que ella se fijara, pero en ese momento ya era demasiado tarde como para huir. La chica cogió su arco y se dispuso a atacar en cualquier momento al menor que se confundía con el denso follaje del bosque. Su cara siempre con una sonrisa, se había transformado en un rostro serio, esperaba lo peor, así que se preparó mentalmente, le había ganado a otros menores ¿Por qué no iba a poder con ese?

Y entonces lo vio, una serpiente gigante deforme de color negro y gris se acercaba a ella mostrando sus colmillos. A Mamori le dieron ganas de vomitar, era el menor más horrendo que había visto en su vida.

El menor se tiró a engullir a Mamori pero ésta pudo esquivarlo con un movimiento rápido, ese bicho era más rápido de lo que parecía y no le dejaba cargar sus flechas apropiadamente, sólo podía esquivarlo y evitar ser su comida, aunque en pocos segundos vio su salvación no muy lejos de ella.

El estanque que estaba a su derecha le daría un poco de tiempo, los menores no eran muy inteligentes, así que suponía que podía usarlo para ganar tiempo. Comenzó a correr huyendo del menor y después de la carrera se zambulló en el agua (un tanto embarrada) comenzando a cargar su arco, el menor se quedó quieto sin saber donde estaba la mujer gracias al agua embarrada y su mala visión.

Mamori consiguió el tiempo necesario para cargar su arco, salió del agua y disparó una flecha contra el menor. La flecha rodeada de una luz bastante potente, atravesó al demonio que en pocos segundos se desintegro soltando un último grito de dolor. Mamori suspiró cansada y embarrada, lo único que quería en ese instante era irse a casa y descansar.

Cuando salió del agua, una risa se oyó por todo el bosque y un poder mucho mayor que el del menor se sintió en aquel lugar. El rubio, quien había visto todo desde la rama del árbol, estaba eufórico e impaciente, él sabia que esa mujer era la que andaba buscando desde un principio, pero en ese momento, cuando ya lo había confirmado, estaba deseoso de probar sus futuros nuevos poderes.

Mamori se preparó para lo peor, ese poder no era mayor que el del menor que acababa de vencer, era muchísimo mayor. El menor, comparado con el demonio que iba a atacarla en ese preciso instante solo era una marioneta sin ningún potencial.

—YA-HA—Se escuchó por todo el bosque

La mujer miraba a todas partes y vio un brillo que se acercaba a ella desde el interior del bosque, cargó su arco. No quería estar desprotegida contra lo que venia a por ella en ese momento.

El rubio salió del bosque dejando que la mujer lo viera por completo y ésta se sorprendió al ver a un chico (aparentemente) de su edad salir a su encuentro. Ese hombre de ojos verdes y pelo rubio era muy atractivo, llevaba unos pendientes en las orejas que brillaban mientras se movía y ropa negra hecha con materiales extraños, nada que hubiera visto en su mundo antes.

—Tú…—Dijo la chica sin creer en lo que veía—Tú eres un demonio de la corte ¿verdad? ¿Qué haces aquí? Ningún demonio de la corte puede ver en mi mundo algo que le interese.

Las palabras de la chica le hicieron sonreír, ningún ser humano normal conocería el mundo de los demonios y mucho menos la clasificación de los demonios en escala de poder.

—Vaya, que gran insulto, ¿demonio de la corte? Kekeke para un demonio que bajen su escala de poder es el mayor insulto que le pueden decir ¿sabes?

Mamori no creía lo que había dicho ese hombre, los demonios de la corte eran los más poderosos en la "escala de poder" como él la llamaba, sólo había dos poderes más grandes que el de un demonio de la corte el…Mamori se quedó blanca y comenzó a temblar, no sabia como era posible que un demonio como él estuviera en el mundo terrenal, no había nada que alguien con tanto poder pudiera desear en un mundo donde las personas eran débiles y a duras penas podían vencer a demonios menores. Hiruma se fijo en el temblor de la chica y sonrió, ella ya sabia con quien se estaba enfrentando.

—Por fin te has dado cuenta del insulto ¿no? Llamar al Príncipe de los demonios Hiruma Youichi demonio de la corte es una gran ofensa y en cuanto a lo que quiero de este mundo…—Se acercó a ella quien estaba paralizada por sus ojos—Lo que quiero es tu poder maldita mujer kekeke

Mamori consiguió apartarse de él antes de que la besara porque era lo que iba a hacer, besarla pero ¿Por qué? Le lanzó una flecha a Hiruma pero él consiguió parla con una pantalla oscura que salió de su cuerpo.

—¡Que carácter! sólo quiero tus poderes, cuando los coja te dejaré no te preocupes—Sonrió—Es solo un beso no te vas a morir ¿o si? ¿tal vez te quedes en coma? No lo sé—Hiruma sonrió de forma maléfica.

La chica comenzó a tirar flechas más seguidas, si iba a morir no lo haría sin luchar antes. Hiruma paró todos sus golpes sin inmutarse y comenzó a bostezar, lo que hizo que Mamori se enfadara cada vez más.

—Pero serás… ¡Oye! ¡por lo menos si me vas a robar los poderes compórtate y no bosteces en mitad de la pelea!—En un segundo Mamori quiso no haber dicho eso ultimo.

De las palmas de la mano del demonio salieron unas armas grises, de apariencia fría y metálica que Mamori no había visto nunca, de ellas comenzaron a salir unas esferas negras que derribaron a la chica. La mujer que casi no se podía mover quiso alcanzar su arco, que había salido volando hacia no mucho tiempo, pero no pudo hacerlo, ya que Hiruma pisó el arco cuando ella lo tocó.

—Se una chica obediente y déjame absorber tus poderes, será más rápido si lo hago ya, piénsalo.

El demonio acercó sus labios a los de la chica y ésta al ver que iba a darle un beso le pegó un bofetón pero cuando iba a propinarle el siguiente, el demonio se colocó encima de ella sujetando sus brazos fuertemente contra el suelo.

—¡¿Se puede saber que intentas hacer?—Gritó ella roja como un tomate.

De repente, los dos sintieron que algo no iba bien, los pájaros que cantaban hacia unos minutos habían parado de hacerlo y se sentía otra fuerza diferente de la del demonio en ese lugar. En un a milésima de segundo, cinco soldados del infierno aparecieron en compañía de su capitán, un demonio de la corte. Hiruma se separó de Mamori y sonrió al ver a los demonios que estaban allí, parecía que se conocían.

—Habashira Rui, ¿Qué haces fuera del infierno? ¿te has perdido acaso?

El otro demonio sonrió al que ver a Hiruma intentaba tapar un poco con su cuerpo a la chica que estaba allí. Era un demonio con aspecto de camaleón, sus brazos eran demasiado largos, daba la impresión de que no iban acorde con su cuerpo.

—Al final encontraste a la chica, sabia que tú serias el primero Hiruma, pero yo seré lo último que vea ella, ¡Atacadlo idiotas!

Los cinco hombres se lanzaron contra Hiruma espada en mano mientras su capitán se lanzaba donde estaba Mamori para darle caza. Haciendo un esfuerzo sobrehumano Mamori llegó a coger su arco y le lanzó varias flechas al demonio camaleón lo que hizo que fuera más despacio, pero no se paró. Agarró a Mamori del brazo mientras Hiruma acababa con los otros hombres, por primera vez en todo el tiempo Mamori pensó que estaba en peligro y gritó. Su cuerpo comenzó a rodearse de una luz blanca que lanzó a Habashira Rui contra un árbol cercano. Estaba asustada pero no lo demostraría. Cogió su arco y comenzó a dispararles a los demonios que habían dejado a Hiruma y ahora la atacaban, los derribó a todos pero no se dio cuenta de que Rui se lanzaba contra ella con una de las espadas demoníacas que sus hombres habían dejado caer. Hiruma se interpuso entre la espada y la mujer comenzando a sangrar.

—Joder, esperaba poder pararlo—Se quitó la espada y disparó a Habashira una esfera que no pudo parar.

Justo después una mujer demonio apareció poniéndose al lado de Habashira y desapareció llevádselo con ella. Hiruma se giró y aunque se notaba que estaba herido no parecía sentir el dolor de la herida que le había hecho ese hombre.

—¿Donde estábamos?—El demonio sonrió y se volvió a acercar a la chica quien no podía creer que el demonio tuviera tanto aguante.

La chica decidió que era momento de usar el colgante de su abuela, el colgante tenia forma de frasco, era igual que el frasco del que el rubio había sacado al demonio menor, la única diferencia era que ese colgante pertenecía a su abuelo y que, según su abuela, era posible que pudiera sellar los poderes de un demonio aunque también podía ser que no funcionara, ya que ella no era un ángel.

Rápidamente, se quitó el colgante y se cortó con una de sus flechas poniendo su sangre en el interior del colgante, Hiruma intentó atraparla pero la chica salió corriendo y cogió la espada con la que aquel demonio había herido a Hiruma, cogió un poco de sangre de Hiruma de la espada y la colocó con la suya propia dentro de su colgante. La chica se giró de repente hacia el demonio y levantó el colgante en la dirección donde él se encontraba.

—No sabes lo que vas a hacer ¿cierto?, no funcionará, sólo un ángel podría sellar los poderes de un demonio, ríndete maldita mujer —Hiruma se notaba tranquilo aunque visto lo visto ya no se fiaba de sus reacciones.

—Sólo tengo que probarlo—Sonrió

La chica se volvió a rodear de la luz con la que había atacado a Habashira y cerró los ojos para después abrirlos de repente y decir unas palabras que cambiarían su vida desde el momento en el que las pronunció.

— ¡Yo te ato a mi Príncipe de los demonios!

.

.

.

Bueno antes de nada, muchas gracias por leer mi historia y espero que les haya gustado, es una historia un tanto rarita así que no sabia como plasmar mi imaginación loca con letras pero bueno… espero que no haya sido tan confusa como pienso que me ha quedado.

Por cierto, confió en que esto fuera o que el grupo quería, aunque no se yo...

Si tienen algún tipo de sugerencia, pueden hacerlas, estoy abierta a todo tipo de proposición para mejorar mi historia.

Así que de nuevo, ¡Muchas gracias!

Rei sama18