-El sello del ángel-

Capítulo 4: Libérame

El perro gigante se lanzó hacia ellos con la boca bien abierta para devorarlos de un solo mordisco, pero los dos pequeños chicos lo esquivaban como pudieron. Era increíble que todo eso les estuviera pasando a ellos, solo podían correr, era lo único que podían hacer para no acabar en el estómago de ese perro demoniaco. Necesitaban alguien o algo que les salvara y no pensaban que ninguna persona de la aldea pudiera enfrentar a un demonio de esas características, o tal vez, sí existía una persona

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Habían pasado varios minutos desde que el demonio le había dicho que le contaría el porqué de toda esa cacería que no hacia ni una semana había empezado a su alrededor, pero en todo el tiempo que había pasado, él no había dicho ni una palabra. Parecía meditar lo que diría, seguramente estaba pensando lo que le podía contar, y aquello que se guardaría para él mismo pero eso no hacia más que aumentar su desesperación y ganas de que le dijera todo lo más rápido posible, quería saber qué había pasado en el infierno para que todos esos demonios vinieran a cazarla justo en ese momento y no anteriormente.

El chico suspiró y se apoyó en la pared para poder estar más cómodo. Le había prometido que le contaría todo pero… no tenia por qué ser todo, tal vez con una mínima parte, sería más que suficiente para una humana.

—Cada cierto tiempo, cuando los poderes del Rey de los demonios menguan, cuando se siente débil e incapaz de seguir controlando a los otros, hay una selección entre los habitantes del infierno para escoger al próximo Rey—Comenzó Hiruma

La chica lo miró poniendo toda su atención en cada una de las palabras que salían por su boca. No se esperaba que comenzara a explicar las cosas tan de improvisto teniendo en cuenta que había estado esperando mucho tiempo para empezar.

—En esta selección, el demonio que quiera participar debe ir al mundo terrenal, a la superficie, y devorar por completo la vitalidad del humano que posea los poderes más fuertes, para poder incrementar su fuerza.

Mamori abrió los ojos a más no poder. Si analizaba lo que decía, entonces la persona a la que los demonios debían quitar su vitalidad era a ella, pero esa idea era estúpida, ella solo era una persona normal, con algo de capacidad para pararle los pies a algún que otro demonio menor, pero contra demonios igual de poderosos que el que tenia enfrente… era una autentica debilucha. Definitivamente Hiruma se había equivocado con ella, no podía ser.

—Los demonios tienden a usar los poderes que absorben de los humanos convirtiéndolos en su propia energía. El demonio que consiga arrebatarle los poderes a ese maldito humano y tenga el poder más grande, será coronado como próximo Rey de los demonios.

—Pero… siendo tú el Príncipe de los demonios… ¿No deberías ser la persona que lo suceda en el trono?

Hiruma comenzó a reírse ante las palabras inocentes de esa maldita humana, definitivamente aunque pareciera bastante inteligente podía llegar a ser una autentica despistada en otras asuntos, era demasiado angelical como para ponerse en la piel de un demonio.

—No me hagas reír maldita humana… todos los demonios son unos malditos salvajes y el Rey no está ahí para sentarse en un maldito trono, sino para controlar a esas bestias. Solo al más fuerte le tienen, como poco, miedo y respeto.

—Ahora entiendo… entonces… el Rey está débil y se preparan para sustituirlo… pero… ¿Por qué me atacan a mi? Seguro que hay otras personas más fuertes que yo por ahí.

—No lo sé… Es algo que atrae a los demonios hacia ti, algo en tu maldito olor y en tu forma de ser, de todas formas, seguramente yo no he sido el primero, otros demonios menores han debido atacarte antes que yo maldita humana, haz memoria.

Mamori intentó recordar si algún demonio antes que él la había atacado, él tenía razón. Él no había sido el primero en atacarla, muchos menores lo había hecho hacia unas semanas pero al ser demonios de bajo poder no les había dado ninguna importancia, solo se había fijado en él porque era el primer demonio de la corte que la había atacado, el único que le había hecho sentir miedo y desesperación.

—¿Tenía razón entonces? Kekeke. Muchos demonios desean conseguir tu poder y te puedo asegurar que no he sido ni el primero, ni el último.

—Supongo que las cosas se complican cada vez más…

Hiruma miró a la chica, su rostro estaba tranquilo, no había un solo atisbo de miedo o alguna otra emoción en su rostro, parecía pensar en algo, suponía que intentaba digerir como pudiera toda esa información confusa y extraña para los humanos. Había hecho bien en buscarla, aunque lo de cazarla no había sido tan fácil como imaginaba, era una criatura bastante interesante.

—¿Qué sabes exactamente de los demonios?—Preguntó Hiruma

—Bastante, aunque no creo que sepa tanto como tú.—Mamori lo miró y dejó ver una pequeña sonrisa en sus labios—Supongo que podrías darme algún que otro consejo para que no me maten ¿no crees?

El demonio puso cara de pocos amigos, ya estaba abriendo demasiado la boca y esa maldita humana aun le pedía más información, pero si quería que ningún demonio a parte de él le quitara sus poderes y ganarse algo se su confianza para que lo liberara, tendría que decirle, por lo menos, como defenderse, aunque no le hiciera ninguna gracia hacerlo. No le quedaba más remedio.

—Adelántate siempre a sus acciones, si ves que van a atacarte, atácales tú primero. No centres nunca una batalla en tu defensa, te cansarás pronto y te recuerdo que ellos son más resistentes que tú.

Mamori puso mucha atención a cada una de sus palabras, estaba bastante asombrada, pensaba que la iba a mandar a paseo en cuando pronunció esa oración pero parecía que no era tan malo como hacia creer a los demás, en verdad, la estaba ayudando mucho.

—Te hablarán, te engatusarán, te mentirán y te engañarán. Te dirán aquello que quieres escuchar, porque saben leer el fondo de tu alma, se convertirán en lo que más odias o lo que más quieres solamente para jugar con una pequeña ventaja. En un demonio las malas artes y las trampas son lo principal…

Hiruma paró en seco, eso era, en un demonio las trampas, malas artes y demás eran lo primordial, podría haber perdido todo su poder pero aun seguía siendo el mismo demonio, el rey de las amenazas, el más astuto de los demonios, y una maldita mocosa no podría pararlo.

—Tranquilo, no soy tan fácil de engañar…

Mamori vio que Hiruma levantaba una ceja y sonreía de medio lado con clara intención de burlarse de ella, por un momento pensó que él la quería engañar de alguna manera, que planeaba algo. Todos sus movimientos, sus expresiones, su forma de ser, todo eso la hacía confundirse cada vez más, no sabia cuando mentía. El hombre frente a ella no era cualquier idiota fácil de leer, en verdad, se estaba convirtiendo en un puzzle difícil de resolver, no tenia ni idea de lo que estaba pensando, ni siquiera sabía por qué la ayudaba si en un principio planeaba matarla, él era un hombre muy extraño, un auténtico enigma viviente.

La muchacha suspiró y volvió a mirar al chico demonio descubriendo que su rostro estaba cada vez más cerca del suyo propio, ¿Cómo había llegado él a estar tan cerca sin que se diera cuenta de su presencia? Mamori cerró los ojos fuertemente. Iba a besarla, estaba segura de que la besaría pero no sabia el motivo, ni tampoco como habían pasado de la conversación que tenían a una situación tan extraña y comprometida.

Cuando Hiruma estuvo a varios milímetros de la chica se paró y comenzó a sonreír de forma burlona. Mamori abrió uno de sus ojos y lo vio reír de esa manera tan molesta, la había engañado por completo, no iba a besarla, iba a hacer que se tragara sus propias palabras, ese hombre era un autentico demonio.

—Pues yo pienso que engañarte es más fácil que quitarle un maldito caramelo a un niño kekeke.

La chica se estaba poniendo cada vez más nerviosa e iracunda, había pensado por un momento que ese demonio no era tan horrible como aparentaba pero tenia razón, no era horrible, era peor, un hombre manipulador, vulgar, astuto y demoniaco.

—Eres demasiado blanda y te fías demasiado de la gente—Comenzó Hiruma—Tal vez deberías plantearte hacer un contrato conmigo maldita humana, aunque ahora mismo no tengo poderes sigo siendo un demonio.

—¿Un contrato? ¿Contigo?

—Así es—Continuó—Yo te protejo de los otros demonios y tú me liberas de esta maldita maldición que me has puesto.

—Y… ¿Qué harás cuando los otros demonios se hayan ido?

Hiruma sonrió de forma maligna, casi se podría decir que su rostro se veía totalmente desencajado en esa sonrisa semejante a una mueca. Ese demonio parecía estar disfrutando cada segundo que pasaba poniendo esa expresión retorcida, porque sabía lo que podía provocar después de hacerla. Miedo.

La muchacha comenzó a sentirse helada aunque eso era totalmente imposible teniendo en cuenta que aun notaba el cuerpo tibio del demonio muy cerca del suyo propio, era algo diferente, no era frío, esa sensación era parecida al frío invernal y le oprimía el pecho como si la estuvieran aplastando. Pero en toda esa confusión que notaba en el interior de su cuerpo, estaba completamente segura de algo, todo eso lo provocaba esa sonrisa siniestra.

Mamori estaba muy ocupada intentando controlar esa sensación extraña y ni siquiera se dio cuenta de que ese demonio, que estaba a unos escasos milímetros de ella, aun seguía acercándose más y más hacia su rostro, o más bien, aproximándose a su oído.

Una especie de escalofrío le recorrió toda la columna al darse cuenta de que los brazos fuertes de ese demonio la abrazaban por la cintura, y al sentir el aliento del demonio chocándose contra el lóbulo de su oreja, podía describirlo perfectamente, un aliento cálido que dejaba una sensación húmeda y gélida a su paso, lo que hizo que parara de respirar repentinamente. La chica cada vez se estaba poniendo más nerviosa y empezaba a notar algo demasiado extraño en el interior de su cuerpo, algo diferente a la antigua sensación de frío.

Tal vez había sido por la cercanía de sus cuerpos, o por el aliento calido del chico chocando contra su oído, no lo sabía con certeza, pero estaba completamente segura de que él había sido el motivo principal por el que se había puesto de esa manera.

—Cuando se hayan ido…—Le dijo Hiruma en el oído con un tono muy bajo y casi imperceptible—Te devoraré…

Eso era demasiado, su corazón estaba empezando a latir cada vez más fuerte, tenia la sensación de que latía con tanta fuerza que en cualquier momento saldría de su pecho con la misma potencia que un misil y se desmayaría en los brazos de ese hombre. Esa sensación era muy extraña, su respiración comenzaba a ser intermitente y sus manos comenzaban a sudar. Tenia que resistir ante eso, no sabía que le había hecho ese demonio pero no lo dejaría seguir, tenía que ser fuerte, tenía que tranquilizarse, dejar de temerle.

—¿Y piensas que voy a aceptar que me devores tan tranquilamete?—Dijo la chica sin demostrar lo que habían provocado sus palabras en ella.

—Si no te devoro yo, lo hará otro, y créeme cuando te digo que los demonios son unos bárbaros maldita humana, no van a tener piedad ante una maldita mocosa como tú.

La chica abrió los ojos como si fueran dos platos perfectamente redondos, sorprendida por sus duras palabras, y miró a Hiruma, quien se dio cuenta del cambio súbito en la fuerza que usaba ella para soltarse. Mamori, usando toda la fuerza de sus delgados brazos empujó a Hiruma mandándolo todo lo lejos que pudo, que no fueron más de un par de metros.

Intentó normalizar su respiración procurando tranquilizarse, aunque sabía que tardaría un rato en volver a la normalidad no podía mostrarle a ese demonio que la había alterado lo más mínimo, porque eso era lo que quería él, mostrarle que era débil ante las palabras, trampas y engaños, enseñarle que los demonios no solo eran seres malignos por su poder oscuro sino por sus acciones y sus hábiles enredos, y él quería enredarla para que le dijera que sí ante ese contrato, para que se sintiera insegura, que quisiera protección, para que viera que él era la mejor opción a la hora de morir y lo liberara, pero no lo iba a conseguir, no si era ella a la que tenia que convencer.

—¿Sabes qué Hiruma Youichi? Incluso si no me proteges no voy a morir, sé protegerme yo solita, siempre lo he hecho…

—Siempre te has protegido, sí, puede ser—Dijo él con un tono aburrido—Pero nunca contra demonios como los que te van a atacar ahora maldita humana, algunos son tan grandes y poderosos que te podrían usar como un maldito mondadientes.

—¡No voy a morir!—Gritó Mamori a todo pulmón.

—¿En serio? ¿Y cual es ese maldito seguro de vida para decir que no vas a morir?

—No puedo morir porque…—Se paró a pensar un momento como si le costara que las palabras salieran de su boca—…le prometí a mi abuela que iba a vivir por ellos…—Los ojos de Mamori empezaron a verse vidriosos—Que iba a vivir por mis padres…

—¿Y por eso no vas a morir? ¡Sé realista! por una maldita promesa no tienes asegurada tu vida.

—Puede que te suene estúpido pero yo sé que voy a vivir, que voy a luchar hasta el final, por ellos, y con mi propia fuerza, para proteger mi vida y a las personas que quiero, yo… los protegeré a todos.

Hiruma observó de nuevo a la muchacha que se presentaba frente a él. Sus ojos se llenaban de lagrimas que amenazaban con salir de forma inminente, pero al mismo tiempo, su rostro era serio y se podría decir que desprendía una fuerza increíble y una convicción admirable, y aunque eso no le serviría de nada frente a un demonio real, algo en él se removía.

Le gustaba lo que veía, y no sabia por qué, algo en su interior le decía que era adictivo ver todas esas diferentes expresiones que podía hacer esa maldita humana en cuestión de segundos, y también observar esa fuerza y luz que se desprendían de la chica en todos sus movimientos. Quería verla durante más tiempo.

Debía estar volviéndose loco por estar atrapado en un lugar como el mundo terrenal, tan diferente a su mundo, sí, eso debía ser, estaba seguro, de otra forma jamás habría pensado eso de una simple humana con expresiones y sentimientos humanos. Seguramente su cuerpo estaba reaccionando, simplemente, a esa inestabilidad emocional que podían llegar a sentir los humanos y de la que ella hacia un uso bastante frecuente, era capaz de pasar de la aparente tranquilidad y firmeza, a la ira y tristeza en cuestión de segundos.

El chico quería replicar, quería decirle que todas esas cosas que había dicho ella eran muy bonitas en la ficción pero en la realidad, que la golpearía en cualquier momento, las cosas eran mucho más difíciles, pero había algo que le impedía decírselo, algo que lo paraba, y estaba comenzando a enfadarse consigo mismo porque sabía el motivo: No quería que las lágrimas que estaban a punto de caer siguieran su camino hasta rozar la piel de la chica. Ese mundo lo estaba volviendo blando.

De repente, un ruido salvaje y arrollador hizo que el muchacho se parara en seco, muy nervioso por el sonido que acababa de percibir por sus sentidos y que creía conocer a la perfección. Una sonrisa siniestra volvió a hacer aparición en sus finos labios alertando a Mamori de que algo iba a pasar.

—Bueno, creo que ahora mismo te vas a dar cuenta de que mi oferta es mucho más tentadora de lo que crees maldita humana kekeke.

El sonido desgarrador se iba intensificando acompañado de gritos y golpes, como si medio mundo estuviera yéndose abajo, o más bien, medio bosque se estuviera destruyendo. Mamori no soportó durante mucho tiempo la curiosidad y horror que le producía lo que había dicho el demonio, así que cogió su arco y salió como alma que lleva el diablo fuera de la casa para ver de qué se trataba todo aquel revuelo.

Los pasos y aquel ruido, que más bien parecía un gruñido, se acercaban a su casa rápidamente, a velocidad casi hipersónica y cuando se dio cuenta, dos figuras pequeñas y muy conocidas por ella pasaron por delante de sus ojos como un huracán.

—¡Mamori-san! ¿Una ayudita?—Gritó Monta a punto del colapso

—Mamori-neechan ¡ayuda!—Gritó Sena pasando por delante suya como un rayo.

Ni siquiera se pararon a explicar qué estaba pasando exactamente para tenerlos así y eso la había dejado más que confundida ¿en qué los tenía que ayudar exactamente? No tenia ni la más remota idea de lo que estaba pasando. Aunque no tuvo que esperar mucho tiempo para saberlo porque su pregunta fue respondida en cuestión de segundos.

Un enorme y amenazante perro demoniaco apareció ante sus ojos destruyendo algunos pobres e inocentes árboles a su paso. Era realmente grande y parecía tener mucha hambre porque se veía desesperado persiguiendo a los dos pequeños muchachos que huían despavoridos evitando ser engullidos por el animal. El demonio perro se paró al detectar la presencia de la chica y se giró hacia ella para mirarla bien.

Cuando la chica sintió que los ojos de esa bestia miraban fijamente los suyos propios, unas palabras que le había dicho Hiruma hacia unos minutos pasaron por su mente "algunos demonios son tan grandes y poderosos que te podrían usar como un maldito mondadientes" tal vez ese demonio podría ser uno de los demonios a los que se refería el chico y parecía estar fijándose demasiado en ella. El perro abrió la boca y dejó que Mamori pudiera contemplar esos blancos y afilados dientes que podrían triturar cualquier cosa.

El ser demoniaco comenzó a caminar lentamente hacia ella relamiéndose ante la tan apetitosa comida que estaba a punto de devorar, había perdido demasiado tiempo persiguiendo a esos dos pequeños y escuálidos niños y esa comida que tenia enfrente se había quedado quieta mirándolo, era más cómodo tener su aperitivo quieto de esa manera que no perseguirlo por todas partes.

En cuanto el perro comenzó a acercarse Mamori se puso alerta, no podía ponerse nerviosa o ese enorme perro la devoraría de un solo mordisco. La chica preparó lentamente sus flechas para poder atacar al gigantesco demonio en cuanto se abalanzara hacia ella, suponía, que ya que era tan grande, sus movimientos serian lentos y no muy precisos así que tendría tiempo de sobra para hacer todos sus movimientos y poder acabar rápidamente con él. Pero estaba equivocada.

El demonio perro se abalanzó hacia ella tan rápidamente que solamente tuvo tiempo de esquivarlo, ni siquiera pudo lanzar ni una simple flecha hacía él, era mucho más veloz de lo que parecía a simple vista, se movía de una forma increíble, sobretodo para ser tan grande y pesado.

Mamori salió corriendo a toda la velocidad que daban sus piernas, debía distraerlo, hacer que se desorientara, buscar el mejor momento para atacar, pero ese perro era muchísimo más rápido que ella. Una raíz de un árbol ,que la chica no logró ver, la hizo caer al suelo y la dejó completamente a merced de esa bestia. El demonio la atacó, pero Mamori rodó intentando no ser engullida por él. En un despiste del perro demoniaco, al que se le había quedado atrapada una pata con algo, Mamori logró lanzarle una flecha pero éste, que la había visto acercarse en cuanto la lanzó, la atrapó con sus dientes afilados como si se tratara de un simple juguete que podía morder. El perro apretó un poco los dientes y en un segundo la flecha quedó destruida en unas pequeñas astillas que no tardaron nada en ser completamente trituradas por esos fuertes dientes.

Mamori miraba desde el suelo como ese perro demoniaco rompía su flecha en cachitos microscópicos. Tenia miedo, si sus flechas no servían contra él, no sabia que podría salvarla en ese momento, parecía ser que Hiruma tenia razón, no podría cumplir la promesa que le había hecho a su abuela, pero no moriría sin luchar así que preparó otra de sus flechas para lanzarla contra esa bestia.

El objeto que había dejado atrapada la pata del demonio, se rompió en mil pedazos cuando el perro lo pisó con la pata que le quedaba libre, y en cuanto se vio libre, volvió a lanzarse sobre la chica para engullirla por completo, aunque hubo algo que lo paró.

—Cerberos, quieto—Ordenó una voz.

La chica observó como ese perro demoniaco se paraba en seco con esa simple orden, reconociendo en un segundo la voz de la persona que había ordenado la pausa de su muerte inminente. Hiruma Youichi, el príncipe de los demonios, se acercaba tranquilamente hacia ella como si no le preocupara para nada ese perro que había estado a punto de comérsela.

—¿Ya has comprobado lo que decía maldita mujer? No puedes sobrevivir sin mi ayuda y que yo me quede con tus poderes es cien veces mejor y menos doloroso que morir entre los dientes de este maldito chucho demoniaco ¿no crees?

—Yo… yo…

Aun ni siquiera podía razonar, no podía decir ni una palabra, había estado a punto de morir devorada por ese perro y era la segunda vez en poco tiempo que sentía el frío aliento de la muerte en su nuca, la primera vez a raíz de lo que había pasado con Hiruma y la segunda vez, por ese perro demoniaco. Su cuerpo no reaccionaba y parecía que sus piernas estaban temblando un poco.

Mamori miró al demonio que la había "salvado" de ese perro, había algo que andaba mal entre él y el animal. El perro lo miraba extrañado, no se había movido desde que Hiruma hizo acto de presencia pero no se fiaba nada de él, parecía no conocerlo de nada, aunque estaba segura de que Hiruma era su dueño, el perro no parecía estar muy convencido, tenia ciertas dudas.

Mientras la muchacha observaba la confusión del perro demoniaco una mano delgada y larguirucha, apareció delante de sus narices. La chica levantó la cabeza y miró al dueño de la mano sin fiarse de sus intenciones ¿le estaba tendiendo la mano para que se levantara? Mamori agarró la mano sin fiarse mucho y el chico estiró para levantarla quedándose frente a frente.

—¿No me das las gracias maldita humana? ¿Tan desagradecida llegas a ser?

El animal detrás de Hiruma comenzó a inquietarse. Ella estaba en lo cierto, había algo que andaba mal, tal vez el perro estaba confundido al ver a su dueño convertido en humano, seguramente no pensaba en el Hiruma de ese momento como su amo sino como un humano extraño que sabia su nombre.

—¿Es tu "perrito"?—Dijo ella ignorando por completo la pregunta de Hiruma.

—¿Te salvo de que te devoren y lo único que se te ocurre es eso?

El perro comenzó a moverse y a gruñir de forma muy baja detrás de su dueño. Parecía estar a la defensiva con Hiruma aunque él no se había percatado todavía de que su "perrito" no se fiaba ni un pelo de él.

—Hi…Hiruma-kun… El perro…

El chico se giró alertado por el gruñido que se había intensificado y miró de lleno al perro demoniaco que se acercaba a ellos de forma amenazante con su boca abierta a más no poder. Hiruma lo miraba sin creerse lo que veía, ese estúpido perro se estaba atreviendo a encararlo de frente como si fuera un igual.

El chico abrió los ojos dándose cuenta de algo que estaba más que claro desde el principio. Ese chucho solamente lo obedecía a él, siempre lo había obedecido, pero en su forma demoníaca, ahora él era humano y si había parado cuando le gritó era porque el perro todavía no lo había visto, solamente había reconocido su voz. Ese chucho estaba confundido por encontrar a un humano que se parecía a su amo.

—Maldito chucho… ¡soy yo!—Gritó Hiruma al perro.

El animal demoniaco paró un segundo y giró la cabeza a modo de confusión, mirando de arriba abajo a la persona que se presentaba enfrente de él sin estar muy convencido todavía de que él fuera su dueño. Ese chico parecía mucho más débil que su amo, pero su voz era la misma, no sabia que pensar.

El perro gruñó aun más fuerte al no saber como afrontar esa horrible confusión que lo atormentaba y optó por la solución más fácil. Si ese chico era su amo no podría vencerle, pero si se lo comía antes de que pudiera atacar eso significaba que no era su amo.

El perro se lanzó hacia ellos y Hiruma se puso delante de la chica para ver si podía convencer al perro, aunque no estaba muy seguro de poder lograrlo antes de ser engullido por el animal.

En cuanto el perro se lanzó hacia ellos, unos cuchillos oscuros salieron desde el interior del bosque llevándose al perro por delante. El animal soltó un gruñido de dolor e intentó encarar los cuchillos, pero comenzaron a atacarle tan seguido que no pudo hacer nada más que recibir golpes hasta que cayó al suelo retorciéndose de dolor.

—¡Cerberos!—Gritó Hiruma mirando al perro que acababa de colapsar.

Mamori observó sorprendida como el perro que hasta hacía unos segundos la había hecho temblar de miedo debido a su gran envergadura, se rodeaba de una luz pálida y disminuía hasta el tamaño de un perro normal y corriente, como si nunca hubiera sido un demonio.

Por fin estaban salvados, aunque por otra parte le daba un poco de pena el perro y aun más Hiruma, que no había presentado emoción alguna desde que había gritado el nombre del animal. Mamori se preguntaba si estaba triste por ver caer a su perro de esa manera, aunque parecía más preocupado por el hueco oscuro por el que acababan de salir esos extraños cuchillos. Ella también lo estaba, no podía siquiera imaginar el tipo de bestia que podía haber derrotado a Cerberos, y se esperaba lo peor.

Algunos arbustos comenzaron a moverse avisando a los dos muchachos de que la bestia que había derrotado al perro demoniaco se acercaba poco a poco hacia donde se encontraban. Ambos se pusieron alerta esperando a otro monstruo igual o peor que el perro demoniaco, pero descubrieron algo que ninguno de los dos se imaginaba. Un viejo monje de cabellos blanquecinos apareció desde la oscuridad del bosque dirigiéndose hacia ellos con paso clamado y algunos sellos de papel arrugado en la mano.

—¿Estáis bien jovencitos? Esa bestia podría haberos engullido de un solo mordisco, menos mal que estaba por los alrededores, no todos los días se puede ver a un guardián del infierno, debéis ser extrañamente afortunados.

—Esto… Sí… gracias, en verdad temíamos ser comidos por él—Dijo Mamori esbozando una pequeña sonrisa.

Mamori sonrió aliviada porque por una vez, el que los había salvado había sido un monje y no un demonio de la corte de los que la andaba buscando para matarla, en esos días ya llevaba demasiados sustos y había visto tantos demonios que nunca hubiera pensado que su salvador sería humano.

La chica intentó acercarse al monje pero Hiruma la agarró del brazo acercándola hacia él. Solo en ese momento Mamori se dio cuenta de la forma extraña con la que Hiruma miraba al monje, tenía una mirada fija y un rostro serio e imperturbable, su sonrisa burlona y socarrona había desaparecido de un plumazo y podía leer algo en sus ojos que la desconcertaba "No te fíes de ese monje" pero… no entendía el motivo por el que no podía fiarse de su salvador si era humano…

—¿Ocurre algo jovencito? Te ves extraño…

—No, no es nada—La sonrisa de Hiruma volvió a hacerse presente en sus labios—Aunque… quizás me puedes responder a una cosa… ¿Cómo un maldito humano sabe que Cerberos es un guardián del infierno y no un simple demonio menor?

Mamori se dio cuenta entonces de algo, ni ella sabia la existencia de esos "guardianes del infierno", como los había llamado Hiruma, su abuela, que lo sabia todo por lo que le había contado su abuelo, jamás le había hablado de esas criaturas llamadas "guardianes" y un simple monje era imposible que supiera eso.

—¡Oh! ¡Vamos! Todo monje o sacerdotisa debe saberlo…

—No, no deberían—Dijo Mamori apuntándole con su arco—El infierno es un gran enigma para los humanos, un monje solo sabe del infierno lo que ve en este mundo.

—Se acabó el maldito juego Habashira, tu camuflaje de camaleón no sirve conmigo.

El monje comenzó a reírse y se rodeó de una luz pálida transformándose en un muchacho joven con largos brazos y aspecto de camaleón. Mamori observó horrorizada lo que podían hacer los demonios, parecía tan real… ni siquiera pudo sentir algún poder oscuro proveniente del monje. Las capacidades de los demonios podían ser demasiado espeluznantes incluso para alguien como ella, que creía conocerlos mejor que los humanos ordinarios.

—Me has descubierto Hiruma, pero… ¡Con la forma que tienes ahora no estoy muy seguro de que puedas hacer nada para impedir que me convierta en Rey!

Habashira se lanzó hasta donde estaban los dos muchachos, a velocidad de vértigo, y le pegó un "pequeño" puñetazo a Hiruma que lo hizo salir volando por los aires. Mamori observó como el demonio saltaba por los aires y se empotraba con un árbol cayendo al suelo en pocos segundos. Aun en el suelo, Hiruma consiguió dibujar en su rostro esa sonrisa torcida de la que parecía enorgullecerse a todas horas y la chica no pudo creer que él siguiera sonriendo de esa manera después de ese golpe, era imposible que no le doliera el costado donde tenia la herida que el mismo Habashira le había hecho en su ultimo encuentro, pero parecía ser demasiado orgulloso como para hacer que los demás se dieran cuenta de que en ese momento era débil.

—Aun siendo humano creo que puedo soportar esos malditos golpes de bebé kekeke.

Habashira empezaba a ponerse rojo de rabia ante las burlas de Hiruma y Mamori no podía ni creer siquiera que ese idiota estuviera provocando a un demonio de la corte en su forma humana, definitivamente él quería morir joven.

—¡Maldito seas Hiruma!—Gritó Habashira a punto de estallar.

El demonio camaleón se lanzó hasta donde estaba Hiruma pero tuvo que parar al ver como una flecha lo atacaba directamente, casi lo atravesaba, se había olvidado que la humana también era un oponente en esa batalla, a parte de ser el premio claro estaba, pero tenía tantas ganas de acabar con ese idiota de Hiruma que solo tenia ojos para él. Otra flecha lo atacó aunque esta vez le costó bastante más esquivarla y le rozó la mejilla haciendo que esta comenzara a sangrar un poco. Definitivamente esa humana era un enemigo en potencia para él.

—No te acerques más a él.

Habashira chasqueó la lengua en señal de aburrimiento y levantó una de sus manos, lo que pareció a Mamori que era algún tipo de señal. De repente, soldados demoniacos comenzaron a salir de todas partes rodeando a Mamori quien en una milésima de segundo se vio completamente rodeada por ellos, sin ninguna escapatoria posible.

—Espera ahí un momento y estate quieta mientras me encargo de él—El demonio camaleón volvió a mirar a Hiruma y sonrió—Esto va a ser muy divertido.

Habashira se acercó a Hiruma y comenzó a golpearlo por todas partes como si de un saco de boxeo se tratara bajo la atenta mirada de Mamori, que estaba siendo atacada por los soldados de Habashira. Librarse de ellos estaba siendo bastante complicado porque eran muchos, aunque se notaba que eran demonios más débiles que Habashira o el propio Cerberos.

Un golpe seco la hizo mirar hacia donde se encontraban Hiruma y el demonio camaleón. Hiruma había caído al suelo y parecía haberse roto el labio porque sangraba sin parar. Ese simple descuido de la chica, les bastó a los soldados de Habashira para agarrarla intentando inmovilizarla. Mamori intentó resistirse pero los continuos golpes de Habashira y los inútiles intentos de Hiruma por devolvérselos, la tenían demasiado distraída y preocupada como para fijarse en la situación en la que se encontraba ella misma.

No podía aguantarlo más. Él estaba sufriendo por su culpa, sufría por su cabezonería y por intentar protegerla, bueno, a ella y a sus poderes porque si ella moría no podría volver a recuperarlos y suponía que él luchaba por ellos y no para salvarla.

Mamori se quedó un segundo pensando en lo que acababa de decir en su cabeza, "sus poderes", eso era, solo debía liberarlo y él dejaría de sufrir de esa manera, pero por otra parte, eso ponía en riesgo su propia vida, aunque en ese momento ya estaba en peligro. Una patada del demonio camaleón hacia la herida del dorso de Hiruma hizo que Mamori reaccionara y por fin eligiera el camino que, según ella, era mejor.

La chica se soltó del agarre del soldado demoniaco que la aprisionaba y salió corriendo hacia donde estaban los dos hombres llamando la atención de Hiruma, que aunque tirado en el suelo y tan dolorido como estaba, se dio cuenta de que la chica se acercaba hacia ellos apretando con fuerza el colgante que tenía en el cuello.

—¡Yo te libero príncipe de los demonios!

Hiruma, que aun se encontraba en el suelo, sintió como su corazón se aceleraba cada vez más y percibió una especie de punzada bastante dolorosa en el pecho, algo estaba cambiando en su interior tras las palabras de la muchacha, que después de todo había decidido liberarlo, algo estaba transformándose dentro de su cuerpo y esperaba que funcionara rápido.

Segundos después, y tras una luz tan fuerte que hizo retroceder a Habashira, Hiruma Youichi volvía a tener su forma original. Su pelo rubio había regresado, al igual que sus pendientes y sus dientes totalmente puntiagudos y esperaba, que no solamente hubiera regresado eso sino también sus poderes demoniacos.

—Bueno… ¿Dónde decías que estábamos?—Dijo el demonio haciendo aparecer como por arte de magia sus armas.

—Ma…ma…¡maldito Hiruma!—Gritó Habashira sacando también su espada.

Habashira se lanzó hacia Hiruma intentando noquearlo de un solo golpe pero Hiruma disparaba demasiado rápido y muchas de esas demoníacas esferas que le lanzaba, impactaban contra él haciéndolo retroceder.

—¡Atacadle estúpidos!—Gritó Habashira a sus soldados para que también atacaran a Hiruma.

Hiruma apuntó una de sus armas contra ellos y en un segundo se quitó a muchos de ellos de encima, aunque seguían siendo demasiados. Uno de ellos consiguió llegar hasta donde él se encontraba y estaba a punto de llegar hasta su objetivo pero una flecha lo atravesó en su camino.

Hiruma observó a la chica, se notaba cansada y su respiración estaba entrecortada, seguramente debido al poder que había utilizarlo para quitarle el sello, pero aun así se veía fuerte y lanzaba flechas a todo aquel que se acercara a ella, incluido Habashira que debido al miedo que sentía al ver de nuevo a Hiruma en su forma de demonio, había ido hasta donde se encontraba ella para conseguir aumentar sus poderes con los de la chica.

Cuando Hiruma consiguió acabar con el ultimo de los soldados de Habashira, se acercó a él y lo apuntó con sus armas mostrándole la diferencia de poderes que había en ese momento entre los dos. Un disparo más de Hiruma bastó para que Habashira cayera al suelo con el hombro ensangrentado y justo cuando iba a encargarse de él, la misma mujer demonio de la ultima vez apareció para volver a llevárselo en un suspiro.

Mamori suspiró, al parecer, todo había acabado por fin. La chica miró a su alrededor observando al perro demoniaco que parecía moverse un poco en el suelo, no estaba muerto. Aun tenia tiempo de salvar al animal, si lo curaba podría vivir. La chica se giró para contarle a Hiruma lo que acababa de descubrir encontrándose al demonio justo enfrente de ella. Había olvidado por completo que él tenia la misma intención de Habashira.

La chica cogió su arco e intentó poner una de sus flechas en él pero él fue más rápido y se lo arrebató haciendo que Mamori cayera para atrás y quedara totalmente a merced de él. Mamori intentó levantarse pero cuando se dio cuenta él ya estaba encima de ella aprisionándola con sus piernas.

—¿Así es como tratas al demonio que acaba de salvar tu vida maldita humana? —Dijo Hiruma quedándose a escasos milímetros de su rostro.

—Bu…bueno… yo…—Titubeó Mamori

—¿Quieres decir algo señorita plato principal?

—E…el perro, está vivo ¿no estás contento? Tal vez sería mejor que te fueras a cura…

Mamori intentó levantarse pero el chico se lo impidió con un suave pero efectivo empujoncito en el hombro. La muchacha estaba cada vez más nerviosa, se habría librado a duras penas, y gracias a Hiruma, de Habashira pero aun estaba en manos de ese demonio que no lograba comprender y que tenia una extraña mirada que la ponía de los nervios.

—Ya lo sabía, no es tan fácil matar a Cerberos solo volvió a su forma original, no es un problema tan grave…

—¿Fo…forma original? ¿El tamaño que tiene ahora es su tamaño original?

—Deja el asunto del maldito chucho de lado, tú y yo tenemos negocios ahora—Hiruma volvió a sonreír de manera torcida lo que hizo que un escalofrío recorriera la espalda de la chica—¿Recuerdas que hiciste un pacto conmigo? Yo podría devorante si te protegía de ese tipo y lo he hecho.

—¡¿Cuándo te he hecho yo una promesa como esa?!

—Hace un momento me liberaste, ¿no estabas preparada entonces para asumir las consecuencias?

—Sí, te liberé, pero no acepté nada de eso, además me debes una, ¡he roto el sello!

—Tener mis poderes sellados por una patética niña como tú seguramente ha sido la peor experiencia de mi vida, lo último que puedo hacer ahora es mostrarte algo de piedad. Bienvenida a tu infierno personal maldita humana.

Mamori estaba temblando de miedo, se encontraba completamente acorralada, no podría hacer nada para salvarse de ese demonio sin corazón pero tenía que hacer algo o él la devoraría, pero debía ser rápida o sería demasiado tarde.

—¡Detente!

El chico acercó sus labios a los de ella, y ella se colapsó. Iba a besarla de nuevo. Mamori comenzó a ponerse roja, los demonios le quitaban sus poderes a los humanos mediante un beso, no se acordaba de esa parte vergonzosa del asunto, y se puso cada vez más roja, no quería que la volviera a besar, ya lo había hecho una vez y no estaba dispuesta a pasar por una segunda, solo quería besar al hombre que amara con todas sus fuerzas, siempre lo tuvo claro, y ese hombre al que le daría su vida, no era el demonio que estaba intentando volver a atrapar sus labios.

—¡Apártate! ¡Yo te ato a mi príncipe de los demonios!

—¡¿Qué demonios…?!

Hiruma volvió a sentir esa extraña sensación en el pecho, y para cuando se dio cuenta, había vuelto otra vez a su forma humana, a sentirse débil. Tanto Hiruma como Mamori se miraban sin entender nada de lo que había pasado, perplejos.

—Al parecer… se puede usar tantas veces como quieras…—Hiruma la miró confundido—El sello del… colgante…

—Ya lo veo…—Hiruma salió de su shock temporal y comenzó a enfadarse—¡Vuelve a liberarme maldita humana!

—No, nunca volveré a hacer algo como eso Hiruma-kun.

Mamori consiguió librarse del agarre del chico y se levantó para ver en qué estado se encontraba el perro demoniaco, aunque Hiruma dijera que estaba bien ,su aspecto no era el de un perrito saludable, estaba agotado y golpeado por todas partes.

—¡Cerberos está bien, es un demonio!—La chica cogió unas hierbas que llevaba siempre con ella— ¿me estás escuchando?

—Sí, sí…—Dijo Mamori sin hacerle ningún caso.

Hiruma suspiró mirando al cielo. Al parecer tendría que convivir más tiempo con esa maldita niña de ojos azules y sonrisa cálida, y aunque deseaba con todas sus fuerzas recuperar sus poderes, no le importaba tener que estar más tiempo con ella, porque por un lado, había encontrado a un espécimen bastante interesante. Miró a la chica colocándole las hierbas medianiles al perro demoniaco en una de sus patas y sonrió. No era un espécimen interesante, era una estúpida mamá gallina y eso, aunque lo negara con todas sus fuerzas, le estaba empezando a gustar.

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Me disculpo sinceramente por la tardanza, pero últimamente con las clases no podía escribir ni siquiera una línea, lo siento, aun he tardado más que la ultima vez, no tengo perdón por haceros sufrir durante tanto tiempo.

Como compensación por lo que he tardado, el capítulo es un poco más largo y un completo Hirumamo sin centrarse en historias de secundarios ;)

También quería aprovechar para darle las gracias a todos los que dejaron un review en el anterior capitulo, a las chicas del grupo de Face y todos aquellos que lo leen en general ¡Gracias!

¡Y tranquilos, esta historia sigue en pie! aunque vaya más lenta que una tortuga *COF COF* mejor lenta que sin acabar (o eso creo yo XD)

¡Espero que les guste! ;)

Rei sama18