¿Quién es ese chico, el de allá, en el escritorio? – decía una joven Lisa Cuddy, aspirante a medicina, mientras miraba a un muchacho parado frente al escritorio de la bibliotecaria, con un libro en mano, alto y bien parecido.

Mm, he escuchado su nombre, pero no puedo recordarlo. Sé que trae muertas a muchas chicas aquí en Michigan. – Respondió su amiga, Samanta, arqueando una ceja de manera incitante, riendo.

Se ve bastante interesante… – Comentó, sin quitar la mirada de aquel estudiante.

¿Interesante? ¿Sólo tienes para decir eso? – Cruzándose de brazos, esperando la verdadera respuesta de su amiga.

A parte de que está buenísimo… – Solo lo dijo para complacer a su amiga y que no comenzara con las indirectas, ya la conocía – se ve interesante – sonreía – No sé si lo notaste, pero el libro que tiene en mano es "Remoto pero posible", el que dijo el profesor Brooks hoy bien temprano. Dijo que sería inútil que lo leyéramos, ya que es demasiado extenso y es casi imposible que en nuestra carrera diagnostiquemos a alguien utilizando los métodos que explican allí.

¿Y eso te parece interesante? ¿Tú le observas el libro? Creo que si miras mejor, tiene cosas más "interesantes" que mirar – con tono burlón.

Ignorando el comentario de su amiga, Cuddy dijo:

Me pareció interesante que, sabiendo la inutilidad del libro, lo tomara para leerlo de todas formas, ha de ser muy curioso… eso es interesante, y lindo.

¡Háblale! ¡Háblale! – Decía Samanta, imitando a un niño insistente, zamarreándole el brazo.

Oh, cállate Sam! – Rodando los ojos – Mejor vamos a pedir estos libros y larguémonos de aquí, estoy muerta – mientras recogía los libros de la mesa en que estaban.

Sí, claro, adelántate que debo decirle algo a Jimmy – Dicho esto, corrió hacia otra mesa cerca de allí.

Si… claro, "adelántate", siempre termino llevando todo yo. – murmuraba.

Inconscientemente, Cuddy se apresuraba, esperaba que su intrigante chico continuara allí con la bibliotecaria para que, por lo menos, cruzaran miradas. Cuando levantó la vista, el ya no estaba. Resopló y siguió su camino, sin enojo.

Sí, a nombre de Lisa Cuddy, el miércoles próximo los devolveré, – le decía a la bibliotecaria – muchas gracias. – sonriente. Tomó sus libros rápidamente que casi le tapaban la vista, giró para seguir rumbo, pero un cuerpo alto la detuvo, tropezando con él y dejando caer todos sus libros, haciendo que él tirara los suyos.

Ay lo siento tanto! ¡No podía ver! – Dijo Lisa, apenada mientras juntaba sus libros del suelo.

Está bien, yo tampoco te vi – Respondió una voz grave pero amable, mientras también juntaba sus libros,

Creo que este es tuyo – decía a medida que se levantaba para dárselo – aunque de tantos que llevo ya no estoy seg… – en ese instante sus miradas se cruzaron y un extraño frío estremeció a Cuddy, mientras el trataba de ocultar la risa que le causó la reacción de la joven muchacha, a decir verdad estaba acostumbrada a que las chicas lo persigan o se queden calladas al verlo, aunque no podía negar que esta chica era superior a ellas, era muy hermosa, ni separar sus ojos de aquella mirada azulada, más tenue que la de él – seg, seg, segura. – terminó su frase, incorporándose en pie, nerviosa.

Te creo, esos libros deben pesar más que tu – agrego el alto ojiazul para cortar la tensión del ambiente. Cuddy soltó una risita.

Veo que llevas "Remoto pero posible"! Yo también tengo ganas de leerlo – mentía, pero aún no podía creer que hablaba con aquel chico que observaba desde hace un rato.

Y harás bien, no comparto la opinión de muchos profesores, creo que el saber nunca es inútil, uno nunca sabe con qué enfermedades ni con que pacientes se topará, y tener modos de diagnósticos diversos y poco convencionales me parece bueno. Seguramente encontraremos alguna enfermedad con la que se nos agoten los recursos de diagnóstico y ahí sería bueno tener… – En ese momento, Cuddy no pudo escucharlo más, estaba sumergida en sus pensamiento: "Que inteligente es, y que hermosos ojos tiene, muy profundos, tiene fuertes convicciones, mira su cuerpo, es perfecto, ojala supiera que… – ¿No lo crees? –…Lisa, despierta!" y ahí calló en la realidad – ¿No lo crees?

Perdón, ¿qué decías? – desorientada, sin tener idea.

Si no crees que al fin y al cabo el libro podría no ser tan inútil como dicen –

Si, totalmente – Mentira, no pensaba leerlo.

Segundos de silencio, incómodo silencio, en donde sus miradas se avocaron al suelo.

Ah! Nunca me presenté, House; Greg House! – Estirando la mano, cosa que nunca hacía pero esta chica lo merecía, con una pequeña sonrisa.

Lisa, Lisa Cuddy – estrechando su mano con la de él, sonriendo.

Bueno, un gusto conocerte LISA CUDDY – decía acentuando el nombre – Hasta pronto – Se despedía cortésmente, lo que le parecía un poco extraño a él, pero debía hacerlo. Era una mujer muy bonita y al parecer muy dulce, y realmente tenía una delantera que mataba!

Lo mismo digo – sonriente, rara vez se la veía a Lisa Cuddy sin una sonrisa, solo cuando sacaba menos de nueve – Hasta luego, Greg – Marchándose, ya se había olvidado hacia donde se dirigía, pero igual se marchaba, quedaría raro que se quedara parada, parecería muy anonadada por el encuentro. Aunque en realidad lo estaba, Greg House era un hombre excepcional! Además de sus ojos y el increíble cuerpo, para Lisa su modo de pensar fue lo que realmente le atrajo.