Disclimer: Del clásico inmortal del gran J.M. Barrie, toda la magia le pertenece a él, yo sólo lo homenajeo con una pequeña historia. Peter Pan es suyo, aunque también de todos, niños y no tan niños.


Sinopsis:

Las historias de Peter Pan, como él mismo, son eternas, pero en este caso nuestro protagonista es otro, o más bien otra. Danielle Garfio vuelve a casa, al Jolly Rogers, a pesar de haber cumplido los 18, y nos demuestra que, si lo deseas de verdad, siempre podremos volver a Nunca Jamás, porque la edad va por dentro, y a pesar de que pasen los años, algunos nunca, jamás, creceremos.


¡Holas! Sé que llevaba mucho sin actualizar, pero parece que mi inspiración se secó. Tal vez me relea el libro por tercera vez para recuperar el ánimo creador Bueno, como siempre muchísimas gracias por vuestros reviews, que sin ellos no habría historia ^^ Y ahora, quiero responder a Kimb, que al mandar su review como Guest no puedo contestarle en privado:

Primeramente, gracias por leerme y comentar, y ahora responderé a tus dudas. Lamentablemente, parece que nos has prestado mucha atención a lo que leías, o yo no lo he sabido explicar bien, pero, OBVIAMENTE Danielle no llega a Nunca Jamás como joven de 18 años xDD Y veo innecesario lo de "¿sabes cuanto mide una persona promedio de 18 años o tu protagonista es enana?" pues si te has leído mi perfil, cuento con 19 primaveras, así que lo sé bastante bien xD No me gusta que me traten de idiota, perdona si soy un poco ruda.

Ahora a lo fundamental: creí que quedaba claro, pero cuando Peter la cogió de la mano Danielle volvió a aparentar 8 años. ¿Cómo iba sino a infiltrarse con los Niños Perdidos? Y claro que sé que Peter desconfía de los adultos, pero no es lo mismo un "adulto" que ver crecida a una niña que fue su amiga durante muchísimos años en Nunca Jamás. ¿No has leído "Cuando Wendy creció"? A ella la trata igual que cuando era niña, aunque claro que siente mucho verla así. Te aseguro que tengo bastante estudiada la historia y los personajes, así que no te preocupes que no me salgo del contexto. De todas formas, teniendo en cuenta que hablamos de Peter Pan, una obra de FANTASÍA, algunas cosas simplemente no pueden explicarse sin usar un poquito la imaginación. En fin, espero haber resuelto tus dudas y que disfrutes de la historia :)

Si alguien tiene más dudas, las responderé encantada. ¡Muchas gracias por leerme, de verdad! ^^ Y ahora, volvamos a la historia.


VII. Una dama del engaño

Atardecer en Nunca Jamás, los animales diurnos vuelven a sus guardias, y las flores se cierran sobre sí mismas, atemorizadas con la llegada de las sombras. Como ya sabéis, cuando el sol cae y deja reinar a la luna, la isla es un lugar peligroso. Cientos de sombras se mueven en la oscuridad, silenciosas, esperando su momento para atacar. Y entre estas sombras, nuestra protagonista, bien ataviada como un chiquillo, se dispone a infiltrarse con los Niños Perdidos.

Los piratas la esperan en la orilla, armados hasta los dientes y temblando de emoción al verse por fin en otra escaramuza. Mientras, la niña de rizos azabache, tira de la liana secreta que da paso a la escalera de la encantadora casita. Cuando llega arriba, ve las luces encendidas. Resopla hondo y se coloca bien la gorra que le ha puesto Smee para ocultar su larga cabellera negra como el ala de un cuervo. Entra sin llamar, y se encuentra a todos los niños, incluyendo a Peter, alrededor de Wendy, que les cuenta con voz maternal otra de sus historias. Nadie le hizo caso al entrar por la puerta, ni tampoco cuando se sentó entre ellos para prestar atención al cuento. Danielle era una pirata, sí, pero también era una niña, y los cuentos hacen que los niños olviden todos sus problemas –o los que pueda tener alguien tan pequeño- para sumergirse en una historia diferente.

El cuento era Cenicienta, el favorito de Peter y los niños, lo habían oído cientos de veces de cada una de sus madres, pero siempre lo acababan olvidando y necesitaban que se lo volvieran a repetir. Lo bueno de olvidar tan rápido, es que puedes oír lo mismo una y otra vez y seguirá conservando la misma emoción que el primer día. Así, Miss Garfio olvidó por completo el plan para centrarse en Wendy, hasta que acabó el cuento y volvió a la realidad. Se puso en pie de un salto antes de los demás niños se levantaran del suelo, para captar su atención.

-¡Niño! –les llamó, todos la miraron, reparando por primera vez en ella.

-¿Quién eres? –preguntó el más entrado en carnes, adelantándose a los demás. Danielle puso los brazos en jarras.

-¿Quién voy a ser? ¡Soy Danielle! –le indicó, una decena de pares de ojos la miraban extrañados. –Sí, bueno, voy disfrazada de chico. –suspiró. –Pero eso no importa, lo importante es que la tripulación de Garfio os atacará esta noche. ¡Debéis dejar la casita! –luego miró a Peter. –¿Se lo habías dicho ya?

El niño parpadeó un par de veces.

-No, yo no lo sabía, no soy pirata. –murmuró, confuso. La niña respiró hondo, mirando al cielo en un ruego silencioso. Volvió a bajar la vista para menear la cabeza con reprobación.

–Da igual, el caso es que tenéis que iros, y rápido.

Los niños se miraron unos a otros, para empezar a chillar con alegría de pronto, dando saltos y revoloteando en el aire dentro de la casita.

-¡Por fin otra aventura! –chilló el más pequeño, saltando sobre la cama. Peter cacareó con fuerza, elevándose sobre ellos.

-¡A formar! –ordenó. Todos se pusieron en posición, a las órdenes de su capitán. El pelirrojo caminó por el aire frente a ellos, con gesto severo.

-¿Tenemos las armas? –preguntó, siguiendo el juego de sargento.

-¡Sí, mi capitán! –respondieron los niños a la vez. Al niño se le escapó una sonrisa divertida.

-¿Y tenemos ganas de matar piratas?

Los niños volvieron a volverse locos, saltando, volando y chillando por toda respuesta. Peter se rio a gusto, feliz de poder enfrentarse a su némesis de nuevo. Luego bajó para quedarse frente a Danielle, que lo miraba todo sin mover un músculo, con el ceño fruncido.

-Eh, Dani, ¿lucharás con nosotros esta vez? –le preguntó con la ilusión brillando en sus ojos castaños. La joven negó con la cabeza.

-Le debo lealtad a mi padre. –luego pasó a sonreír con picardía. –Y espero enfrentarme a ti en combate, niño insolente. –dijo, imitando el tono de Garfio, haciendo incluso como si llevara un garfio al arquear un dedo. Peter rio de nuevo. La joven de bucles morenos parecía haber olvidado su idea de que evitar el enfrentamiento. Su sangre pirata le hervía en las venas, pidiéndole que empuñara la espada y se dispusiera a la batalla. Quizá el ánimo de los niños la hubiera contagiado, quizá la isla entera la hubiera contagiado. –Eh, Peter. –le llamó después, antes de irse. -¿Sigues enfadado por lo de esta tarde? –preguntó con timidez.

-¿El qué? –inquirió extrañado el chico. Miss Garfio iba a ponerse a chillar de la desesperación cuando Peter estalló en carcajadas. -¡Te tomaba el pelo, bacalao! –exclamó. La niña resopló, con una sonrisa de alivio. –No olvido tanto como crees. –aseguró después, cruzándose de brazos con gesto orgulloso.

-Ya, eres genial, no hace falta que lo digas. –musitó con ironía la joven. Ironía que Peter no pareció entender, pues levantó aun más la cabeza.

-Exacto. –dijo. Luego miró a los niños, y a ella otra vez. –Ve a prepararte. –ordenó, haciendo aspavientos con la mano. –No te lo voy a poner fácil. –sonrió como un diablillo después. Danielle le devolvió la misma sonrisa, y cuando se giró hacia la puerta, se encontró cara a cara con Campanilla.

-Eh, Campanita, ¿me ayudas a volver? –le sonrió alegremente al hada. El pequeño brillo revoloteó a su alrededor para llenarla de polvos, y después bajó hasta su cara para depositar un mordico cariñoso en su mejilla. "Buena suerte", era lo que significaba el gesto. Danielle se rio. –¡Gracias! –dijo después, antes de echar a volar. Se despidió con la mano de Peter y los niños y desapareció en la mágica y tenebrosa noche de Nunca Jamás.

Campanilla y ella siempre se habían llevado bien; Danielle respetaba al hada, conocía cuan importante era para ella Peter Pan, y el hada sabía que Dani no albergaba ningunas intenciones para con el niño, al contrario que las odiosas "Wendies".

En esos pensamientos, y disfrutando del frescor de los cielos de la isla, llegó Danielle hasta el bosque cercano a la playa, y desde ahí a ésta, donde la esperaban sus bucaneros.

-¡Misión cumplida, señores! –exclamó la niña al ir acercándose a ellos, quitándose la gorra por fin para liberar su larga melena azabache. Se ató un pañuelo rojo alrededor de la frente para que el pelo no la molestara en la batalla. –Acabemos con ese diablo. –sonrió de lado, caminando entre los piratas, hasta llegar a su padre, que estaba al final del grupo. Se colocó frente a él y se cruzó de brazos, levantando una ceja. –Me debe una disculpa, padre. –le recordó.

-Sería de una pésima educación no hacerlo, querida. Buen trabajo. –reconoció, haciéndole una leve reverencia.

-¡Sí, sí! ¡Muy bien, señorita! –aplaudió Smee, mostrando demasiada emoción, como siempre. Dani sonrió a los dos hombres.

-¡Seguidme, muchachos! –les gritó a los piratas, alzando su espada y volviendo a salir de la muchedumbre para echar a andar hacia el bosque, de donde venía. Los sanguinarios bucaneros la siguieron, quedando rezagados Smee y Garfio.

-Su hija es una gran pirata, mi capitán. –sonrió Smee, peloteando al pérfido Garfio, como siempre. El capitán alzó ambas cejas con elegancia.

-Por supuesto, lleva mi sangre en las venas. –comentó, orgulloso. –Es toda una dama del engaño. –Smee le dio la razón, y ninguno de los dos sabía hasta que punto era aquello cierto.


Ya, ya sé lo cortito que es el capítulo xD Pero en fin, es un preludio a la batalla, así que lo importante está por venir :) ¿No os da un poco de pena Garfio? Danielle no es buena, pero era de esperar de la hija de un malvado pirata e_e ¡Espero que os haya gustado! ¿Me dejaréis reviews para saber que me sigue leyendo gente? xD ¡Gracias por llegar hasta aquí! ^^