Otra actualización! aprovechando mi ataque de creatividad!


S. Sorpresa


¿Quién pensaría que su estadía en Estados Unidos no sería ni la mínima parte de lo que pensó?

No podía negar que había hecho muchos amigos apenas llegó, por su buen dominio sobre el inglés pero no todo era fácil. Escuchar la voz de Usagi del otro lado de la línea era tan maravilloso como devastador. Cuando sonaba el timbre de corte, su realidad caía como pesas sobre su cabeza.

Estaba solo.

«¡Ven conmigo!» «No, este es tu sueño, no el mío.»

Le había pedido que lo acompañara pero ella no quiso…

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¡No quiero irme! —le había dicho mirando esos ojos azul cielo—. ¡Ven conmigo! ¡Vámonos!

No, este es tu sueño Mamo-chan, no el mío.

Entonces, casémonos.

¿Eh? —la sorpresa en su cara no logró quitarle la decisión de su rostro.

Sí, casémonos. Así ya no tendríamos que separarnos y… —no lo dejó terminar de hablar, dos dedos de su mano derecha lo acallaban.

Mamo-chan, me encantaría casarme contigo, ir contigo a Estados Unidos.

¿Y qué te lo impide?

La escuela —le recordó—. Apenas estoy en segundo de preparatoria, no quiero dejar a mis amigas ni a mi familia. Aún no.

Y en ese momento lo entendió, aquí el único que no tenía a nadie más que a ella, era él. Y no podía ser egoísta. Simplemente la abrazo y le dio un beso en la cabeza.

Volveré —le dijo para que supiera, que comprendía su posición.

Solo por eso te dejo ir —se separó de él, con una enorme sonrisa—. Solo porque sé que volverás, te dejo ir. Este es tu sueño, yo me quedaré a cumplir uno de los mios, que es graduarme de la preparatoria.

Sí, lo entiendo.

Y después —avergonzada, apoyó sus manos en el pecho de su novio—. Y después, tenemos que hacer nuestro sueño realidad.

Claro, Usako —se acercó a ella para besarla—. Y esa vez, no aceptaré una negativa como la de ahora.

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—Usagi, mi Usako —susurró, mirando el portarretratos donde salían ambos con su mejor sonrisa—, pronto, ya no falta mucho para volver a vernos.

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En la maravillosa ciudad de Tokio, una joven rubia peinada con dos coletas largas, estaba de aquí para allá junto con otra rubia, pero ésta traía un gran moño rojo en su cabello. Estaban frente a los aparadores de vestidos de fiestas, en solo dos días sería su graduación de la preparatoria. Serían al fin universitarias y estaban maravilladas.

—¡Este! —exclamó la princesa de Venus—. Éste es el vestido que he estado buscando toda mi vida.

—Me alegró —respondió la otra, pero no lucía muy feliz. Ningún vestido le había gustado, y eso que era la décima tienda que visitaban.

—¿Qué es lo que pasa? —preguntó mientras pagaba la prenda, la mirada de la princesa lunar estaba en el piso y sus manos apretaban con fuerza el lazo de su bolso.

—Es qué… no me gusta ningún vestido. Y no me puedo graduar en jean y polera.

—¡No pierdas los ánimos!

—Lo intentaré… —suspiró—. Sigamos mejor.

—¡Claro! —exclamó emocionada Minako—. Tenemos que conseguir los zapatos para este vestido.

Tras la maratónica compra con su par, Minako, Usagi regresó a su casa aún con menos ánimos.

—Ya llegué…

—¡Usagi! —exclamó su madre, saliendo de la cocina para recibirla—. Te ha llegado un paquete de la tienda de modas.

—¿Para mí? —se preguntó algo confundida, estaba segura de no haber comprado nada, y menos que Minako lo hubiera comprado después de declararse en Planta rota en vez de Banca Rota.

Pero como la curiosidad era más fuerte de ella, adelantó sus manos y levantó la tapa de la caja rectangular sobre la mesa de centro.

Un maravilloso y brillante vestido rosado la aguardaba dentro de la caja.

—¡Mentira! —dejó a un lado la tapa y levantó la suave tela entre las manos—. ¡Mamá! —corrió hasta su madre con el vestido en las manos.

—¡Usagi! Aquí estoy —le informó bajando las escaleras—. ¿Qué sucede?

—¡Gracias mamá está muy bonito! —Ikuko se la quedó mirando, y sonrió de lado.

—Me alegro hija, me alegra que te guste —cerró sus ojos—. Mamá conoce bien tus gustos.

—¡Me encanta! —le afirmó girando sobre sus pies—. ¡Gracias!

Ya con el vestido en mano, estaba totalmente despreocupada, subió a su recamara y se dejo caer sobre su cama. Ikuko, no tardó en volver a dirigirse a su hija.

—¡Usagi! ¡Mamoru-san al teléfono!

—¡Voy! —levantó el teléfono que tenía en su alcoba y lo encendió—. ¡Mamo-chan!

Usako, hola —se escuchó del otro lado—. ¿Cómo has estado?

—Muy bien —miró su bello vestido—. El viernes es mi graduación, al fin terminaré la preparatoria.

Me alegra mucho que pronto realices uno de tus sueños.

—¿Y los tuyos? —preguntó sentándose en su cama.

—¡Yo muy bien! Sólo me queda esperar por la nota de la tesis.

—Te extraño tanto —soltó la rubia con un sollozo, que cortó rápidamente—. Lo siento…

—¡No me digas que lo sientes! —se quejó él—. ¡Me extrañas, y yo a ti! —Usagi no lo veía, pero estaba segura de que sonreía—. Ya falta poco… Esperamos más de un año, que sigo tachando los días para volverte a ver.

—Yo igual… ¡Vuelve pronto!

Volveré pronto —le afirmó—. Cuídate, y que te vaya bien en tu graduación.

—Y a ti en tu tesis —le deseó y cortó la comunicación, nunca, nunca en todo ese tiempo, había sido capaz de despedirse de él cuando hablaban por teléfono. Y por suerte, nunca se lo reclamó.

—¡No voy a llorar! ¡No voy a llorar! —se repetía, acudiendo a todo su autocontrol.

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Mientras tanto, el moreno de cabellos azabaches, dejó caer sobre su cama el teléfono con el que hablaba con una sonrisa en sus labios.

—Aguantarte las lágrimas, princesa, podría hacerte mal —abrió el ventanal y observó la ciudad de noche—. Usako…

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Viernes en la tarde y en la casa de los Tsukino, era un caos.

Si bien, los padres de la egresada ya estaban cambiados y listos para salir, la rubia había perdido las entradas para el ingresó de su familia.

—¡Usagi, apúrate! —le pidió Kenji, su padre—. ¡Vamos a llegar tarde!

—¡Ya! —exclamó bajando rápidamente las escaleras con los zapatos rosados de tacón fino en las manos—. ¡Las encontré!

—Qué bueno —comentó Ikuko que tras mirar a su marido continuó—. Sabes, tenemos que pasar por un lugar antes… —Usagi miró a su madre sorprendida y aterrada—. Te llamé a un taxi para que te deje en la escuela.

—¡Pero mamá! —gruñó colocándose el zapato del pie derecho—. ¿Tiene que ser ahora?

—¡Sí, tiene que ser ahora! —y sin decir más nada, tomó a su marido por el brazo derecho y lo arrastró con ella hacia el exterior de la casa—. ¡Nos vemos allá!

—Ok… —afirmó dejándose caer al sillón; por ser una ocasión especial, había eliminado su clásico peinado y traía todo el cabello recogido y adornado con una rosa rosada. Su vestido tenía un solo hombro cubierto, de caída libre sobre su cuerpo al que se adaptaba muy bien y terminaba un poco más debajo de las rodillas. Miró la hora, solo faltaba una hora para su fiesta de graduación y el bendito chofer que no llegaba.

Cuando tras el sonido de una bocina, escuchó el timbre, se levantó echa una fiera para atacar al susodicho que la haría llegar sobre la hora, se colocó el chal y tomó su cartera, pero cuando abrió la puerta, la sonrisa de ese hombre la dejó paralizada.

—¿Lista señorita? —le preguntó

—¿Mamo-chan? —balbuceó perpleja.

—Creo que así me llamabas —respondió él, ampliando aún más su sonrisa.

—¿Qué haces aquí? —le preguntó al abrazarlo—. ¿Y tu tesis?

—Calificación perfecta —le contó abrazándola—. Por lo que no vi nada más que me atará en aquella lejana ciudad.

—Llegaste a tiempo —se separó de él aguantándose el sollozo una vez más—. No voy a llorar para no correrme el maquillaje…

—En realidad, llegué hace tres días.

—¿Qué?

—El vestido que llevas puesto, lo traje de mi viaje, tienes un vestido de una boutique de Nueva York.

—¡Mentira! —se miró la falda del vestido emocionadísima—.¿Y cómo le hiciste?

—Tú madre ha sido una buena cómplice.

—¡Mamo-chan! —volvió a abrazarlo.

—¡Quise darte una sorpresa!

—¡Y sí que me la diste! —le afirmó.

—Quiero acompañarte en este día, en el día que haces realidad uno de tus apreciados sueños.

—¡Gracias!

—Y también he vuelto por algo —buscó en su bolsillo y sacó de él, el anillo en forma de corazón que le había regalado dos años atrás.

—¡Mi anillo! —lo miró sorprendida—. Seguro que mi madre…

—¡Oh sí! —le tomó la mano izquierda—. Bien, mi pequeña princesa. ¿Aceptará a este recién graduado de medicina, como esposo?

—Claro que sí —le afirmó, mientras Mamoru deslizaba el anillo por el dedo anular—. ¡Es lo que más deseo!

—¡Te amo Usako! —elevó la mano y besó el anillo—. Ya no quiero estar separado de ti.

—¡Yo tampoco! —dijo con decisión, pero de pronto los nervios la atacaron—. ¡Llegamos tarde!

—¡Tranquila! —cerró la puerta tras ella, y la tomó de la mano nuevamente para guiarla hasta su automóvil—. ¡Llegáremos justo a tiempo!


El rinconcito de la que escribe!

Motivo de la letra:

Ninguno, empece a puro escribir y salio eso jajaja xD Paso entre Sueño, Separados haha hasta que quedo en Sorpresa.

Espero que les agrade.

Nos vemos en la T será Tuxedo. Jajaja

Saluditos!

Aquatic~