Los días pasaron lentamente para mí. El trabajo me consumía la mayoría de mi tiempo puesto que tenía varios casos pendientes en los que me dediqué a trabajar mientras mis investigadores se encargaban del caso del corporativo Craft, así que aproveché para avanzar con otros más, sin mencionar que al fin terminé el de la señora Hachimoto. Rini me visitó en mi oficina un par de veces y cuando tenía tiempo la llevé a tomar helado. Darien y yo fuimos al Harajuku Bar unas cuantas veces más, ya se nos estaba haciendo costumbre y debo admitir que me agradó, porque gracias a él me distraía y me evitaba la pena de encontrarme con Serena en cada momento. Esa noche de viernes me quedé de ver con él nuevamente en el bar, agradecía internamente que al día siguiente Michiru al fin regresara después de tres largas semanas que me parecieron eternas. Lo vi sentado en la barra porque nuestra mesa estaba ocupada por un par de jovencitas que nada tenían que estar haciendo allí. Me senté a su lado y de pronto algo no me cuadraba. Lucía una ridícula sonrisa y sus ojos brillaban de una manera muy peculiar. Ordené a la camarera un Scotch en las rocas y lo observé detenidamente. Tenía varios días sin verlo y definitivamente estaba cambiado, por lo que no soporté más y tuve que preguntarle, aunque conociendo a Darien él tampoco hubiera podido resistirse a contarme lo que le sucedía.

-Y bien.-dije colocando mi vaso sobre la barra.- ¿Me dirás que te sucede?

-Por supuesto, aunque sería mejor no decírtelo porque seguramente me vas a regañar, o lo que es peor, podrías dejar a mi hija sin padre.-bromeó.

-Ya. Déjame adivinar… lo que te pasa tiene nombre y apellido.

-Seiya… no quiero que te molestes, pero es que esa mujer me vuelve loco. He salido con ella un par de veces y cada vez que la veo y la escucho pienso que es lo único que me gustaría hacer toda mi vida.

-¿No crees que esos pensamientos son algo precipitados?

-Lo son, sin duda, pero debes comprender que mi situación es algo precaria… tengo años sin pensar en ninguna mujer, Seiya, ocho, para ser exactos. Desde que Luna murió yo… yo nunca me he atrevido mirar a nadie, pero Serena Tsukino es diferente… ella enciende cosas en mí que creí que habían muerto hace mucho.

Me quedé estupefacto con las palabras de Darien. Realmente comenzaba a sentir cosas por Serena y eso me asustaba más que nada, porque Darien era una buena persona, de buenos sentimientos y muy pasional, fuera lo que fuera que Serena estaba maquinando, Darien no se lo merecía y por supuesto que no sería nada bueno viniendo de ella. Decidí que si comenzaba a hablarle mal de Serena se enojaría conmigo, por lo que era mejor que hablara con ella y no con él, aunque sería inútil pues ella no obedecía a nadie, pero no podía permitir que engañara a Darien tan deliberadamente.

-¿Acaso ella… te ha demostrado esa clase de interés?

-¡Por supuesto! Si no fuera así créeme que yo no estaría tan ridículamente emocionado. Se porta muy bien conmigo, es por eso que me siento como un adolescente. Creo que a pesar de que no la conozco del todo, siento que podría ser la mujer con quien puedo rehacer mi vida. Ella me dijo que hacía mucho tiempo que no se sentía así con alguien, ¿puedes creerlo?

-Ya.-dije sin pestañear.-Solo quiero saber una cosa, Darien, ¿qué va a suceder con la demanda? Fuiste tú quien la demandó y quien reclama su producto.

-Bueno, eso lo sé, no hemos hablado de eso, pero en cuanto haya alguna oportunidad abordaré el tema.

-¿Cuál es tu posición? Es decir… ¿si tanto te gusta aun quieres que prosiga todo?

-Pues… creo que aunque me guste mucho sigo queriendo mi producto, eso no cambiaría mucho nuestra situación legal, pero por otro lado… si ella me acepta estoy dispuesto a comenzar una relación.

Le di un trago a mi bebida sorprendido por todo lo que estaba escuchando. Definitivamente esto no era casualidad, ahora estaba más que seguro de que Serena tenía un malévolo plan entre manos. Lo único que me confortaba era que Darien seguía en pie con la demanda y que su situación con Serena no cambiaría las cosas, porque así Serena se enojaría y Darien podría ver sus intenciones reales.

-Debes de considerar muchas cosas.-traté de disuadirlo.-Primero que nada está tu hija, ella debe ser lo más importante para ti y qué tal si no le gusta Serena, además, Serena es muy joven para ti Darien… no me refiero a que seas viejo, pero la mujer apenas tiene 23 mientras que tú ya rondas los 33, eres diez años mayor que ella, ¿no crees que hay demasiada diferencia en cuanto a sus mentalidades?

-Quizá tienes razón, Seiya, soy muy maduro para una mujer de su edad, sin embargo, Serena me ha demostrado que es bastante madura para su edad, es muy inteligente y bueno… creo que por eso mismo se llevaría bien con Rini.

-No creo que a Rini le agrade nadie que se acerque a ti.

-En eso también tienes razón pero bueno… Rini tendrá que entender que quiero ser feliz nuevamente.

Darien tenía razón y yo no podía negarlo ni contradecirlo, él se merecía ser feliz nuevamente, pero Serena definitivamente no era la mujer indicada para él. Lo mejor sería cambiar de tema porque si no me sería muy difícil retener mis verdaderos pensamientos. Nos despedimos más temprano de lo usual porque yo tenía que ir muy temprano al aeropuerto por Michiru, así que a las doce de la noche yo ya me encontraba llegando a mi departamento. Cuando introduje la llave no pude evitar notar por el rabillo del ojo cómo se encendía una pequeña luz del otro lado del pasillo. Escuché el sonido de sus tacones contra el suelo mientras se acercaba a mí y noté el cigarrillo que acababa de ser encendido entre los dedos. Serena me miró fijamente como esperando a que la invitara pasar, pero preferí no abrir mi departamento aun.

-No sé por qué ya no me sorprende encontrarte.

-No creas que estoy contenta, Seiya Kou, odio, ¡odio que me ignores por días enteros!

-Tendrás que acostumbrarte a que te ignore por mucho más tiempo.

-¿Qué quieres decir con eso?

-Mira, Serena, podrás engañar a Darien Chiba pero a mí no, sé muy bien que algo te traes entre manos y quieres engañarlo.

Ella rió sin siquiera intentar negar mis acusaciones.

-Darien es un hombre muy apuesto, y con mucho dinero, claro, con más de lo que yo soñaba.

-Estás jugando sucio, si no te alejas de él te juro que voy a hacer lo que sea con tal de quitártelo de encima.

-Eso no será fácil, amor, ese hombre ya cayó, es muy tarde. Lo único que me queda hacer es portarme bien para amarrarlo y voila. El único obstáculo que aún no he logrado quitar es esa odiosa niñita.

-Está por demás decirte que mucho menos te quiero cerca de Rini, ¿me entiendes? Si quieres dañar a Darien, hazlo, pues ya es un adulto y si no se da cuenta de tus intenciones allá él, pero a Rini no se te ocurra tocarla.

-¡Dios! No creí que le hubieras tomado tanto cariño a la mocosa. ¿También me va a alejar de ti?-dijo intentando tocarme, pero me quité.-Si me aleja de su padre y además de ti, no la quiero rondando en mi vida.

-Vete.-dije girándome para entrar a mi departamento.-Le voy a demostrar a Darien que no vales nada y que solo quieres engatusarlo.

Escuché su risa mientras se burlaba de mí y de todos. Cerré la puerta con llave y además puse la aldaba. Duré un rato tratando de conciliar el sueño porque cada vez que pensaba en el asunto me daba miedo y temía lo que Serena pudiera hacer. No quería que le hiciera daño a mi amigo porque él ya estaba muy herido para soportar algo así.

Llegué al aeropuerto media hora antes de que el vuelo de Corea del Norte llegara. Estuve dando vueltas por el lugar y no me di cuenta de cuánto tiempo había pasado. Cuando llegué nuevamente al andén de vuelos asiáticos, me di cuenta de que estaba sucediendo algo malo. Los oficiales que estaban esperando el vuelo lucían ajetreados y corrían de un lado a otro mientras hablaban por radio. Me alerté porque presentí de inmediato que algo estaba mal, por lo que decidí acercarme a preguntar. Uno de ellos me dijo que no tenía tiempo porque había un enorme problema con el vuelvo que venía en camino. El corazón se me aceleró, en ese avión venía Michiru y yo no quería que le pasara nada, por lo que lo volví a intentar con otro hombre, argumentando que en el avión se encontraba mi novia y que si algo le sucedía los iba a culpar, además mencionando mi nombre el tipo se me quedó mirando con cara de terror, pues sabía a cuántos criminales había hundido en la cárcel. Me dijo que el avión había presentado una falla de último minuto y que una de sus turbinas no estaba funcionando, eso había afectado el aterrizaje y necesitaban pensar en algo para que no fueran a chocar ni a estrellarse. El corazón se me detuvo por unos minutos y me imaginé lo peor. Yo no podía perder a Michiru así que le exigí al hombre que pensara en algo rápido, aunque el oficial no tenía la culpa de esas fallas. Observamos el avión descender con tal rapidez desde las alturas que por un momento se estrellaría contra el suelo pero de pronto el piloto se encargó de jalarlo provocando que dejara de caer y siguiera una línea recta. El avión siguió ese curso hasta que fue frenando, pero la rapidez era tanto que aunque frenaba no pudo evitar golpearse contra uno de los muros que bordeaban el edifico, causando un incendio. Para ese entonces, todo el personal de seguridad, así como los de prevención, y por supuesto yo, salimos corriendo a la pista de aterrizajes. El incendio comenzó en la parte trasera del avión y un cuerpo de seguridad ya estaba sacando a los pasajeros, algunos estaban heridos, otros ilesos, pero necesitaba salir de ahí antes de que pudiera explotar o incendiarse completamente. Me apresuré a subir por las enormes escaleras que llegaban hasta la compuerta del avión y entré sin que me dieran permiso. Lo único que quería era encontrar a Michiru porque si algo le sucedía… la vi en su asiento medio desmayada con un golpe en la cabeza y con el cinturón todavía puesto. Estaba tratando de desabrocharse con las pocas fuerzas que le quedaban y llegué tan rápido como pude. Le desabroché el cinturón con tanta desesperación que por un momento creí que lo tendría que arrancar. La tomé con ambos brazos y salí del avión bajando con mucho cuidado. Ya había varias ambulancias en el perímetro y un paramédico me quitó a Michiru al verme corriendo con ella en brazos, por lo que la subió a la ambulancia y comenzaron a darle auxilio. Varios minutos pasaron hasta que reaccionó y le limpiaron la herida en la cabeza. Según me dijo el paramédico, no tenía nada grave, tan solo se había golpeado y una pierna se le había roto en un intento por salirse del asiento. Me dijo que tenía que ir al hospital general para que le enyesaran la pierna, así que me fui directo a mi coche para alcanzarlos allá, no sin antes recoger su equipaje. Media hora más tarde llegué al hospital, en donde Taiki me recibió en la sala de urgencias, llevándome directamente a la sala donde tenían a Michiru. Cuando me vio dibujó una pequeña sonrisa y me extendió el brazo para indicarme que me acercara.

-Amor.-me dijo con su voz suave y dulce.-No me he muerto, quita esa cara ya.

La besé tiernamente en los labios.

-No sabes el miedo que tenía de que te hubiera pasado algo… no hubiera podido soportarlo.

Taiki sonreía mientras nos escuchaba y seguía enyesando la pierna de Michiru.

-Créeme que yo tuve más miedo que tú… yo iba dentro.-dijo poniéndose seria.-Pero afortunadamente solo me rompí una pierna…

-No se preocupen.-intervino Taiki.-Solo tendrás que durar con el yeso sin apoyar el pie por una semana, tuviste suerte porque pudo haber sido peor y entonces tendrías que durar semanas con el yeso.

-Te extrañaba ya mucho.-me dijo Michiru.-Qué bueno que estabas ahí.

-Por supuesto que iba a estar ahí, no iba a dejar que llegaras sola. Y yo te extrañaba más.

Media hora después, Michiru y yo salimos del hospital, aunque Michiru tenía que usar unas horribles muletas que le ayudarían a no apoyar el pie. Nos dirigimos a su casa y durante todo el trayecto me platicó sobre cada cosa que hizo en su estancia en Corea. Me platicó sobre sus alumnos, los lugares que conoció, la comida, el hotel, las personas que había conocido. Cuando llegamos a su departamento, la ayudé a subir y duré todo el día a su lado, complaciéndola en todo momento y escuchando todo lo que tenía que decirme. Yo también le platiqué lo que había estado haciendo aunque omitiendo algunas cosas… realmente me sentía muy preocupado por lo que hubiera podido pasarle a Michiru en ese avión. Por un instante imaginé mi vida sin ella y el mundo se derrumbó delante de mis ojos. El solo hecho de pensar en perderla me destrozaba por dentro y no hubiera querido ni saber lo que eso significaba en mi vida. Me estuve a su lado todo el día, recostados en la cama, charlando, comiendo chucherías y viendo la televisión. En ese momento me di cuenta de lo mucho que Michiru me hacía falta y de lo perdido que me hubiera sentido sin ella, sin sus cuidados, sin sus consejos, sin sus pláticas, sin su cuerpo… me apreté contra ella mientras pasaba mi brazos por sus hombros y sentí cómo recargaba su cabeza en mi hombro. El aroma a sandía proveniente de su cabello llegó hasta mi nariz y hundí mi cara en su cabello sintiendo la suave textura en la piel de mi rostro.

Me quedé a dormir con ella porque aún no se acostumbraba a usar las muletas. Por la mañana la senté en la mesita de la cocina y me dediqué a prepararle su desayuno favorito, que consistía de huevos estrellados, tocino, pan tostado y jugo de naranja. Nunca fui un buen cocinero pero por alguna razón a Michiru siempre le gustaba ese desayuno cuando yo se lo hacía, así que decidí complacerla. Mientras servía en los platos, el timbré sonó y noté que Michiru pretendía levantarse, por lo que dejé lo que hacía y corrí hasta la puerta evitándole a Michiru el esfuerzo. Cuando abrí la puerta sentí cómo Rini se me echaba encima mientras me abrazaba.

-¡Seiya-chan!-dijo apretándome fuertemente.

-Rini.-dije sorprendido.-Qué haces por aquí.

-Obviamente viene a verme a mí.-interrumpió Michiru.

Entonces Rini me soltó y salió corriendo a los brazos de Michiru. Las vi abrazarse tiernamente y me pareció una escena muy bonita. Hasta ese día no las había visto juntas y no tenía idea de lo mucho que se querían. Michiru la besó en la mejilla y Rini se dedicó a observar su yeso. Tuve que sacar otro plato para servirle desayuno a Rini también. Coloqué los tres en la mesita y mientras comíamos, escuchábamos las noticias que Rini nos tenía mientras no dejaba de recordarle a Michiru cuánto la había extrañado y lo mucho que yo la había frecuentado para no dejarla sola y que por eso también me quería mucho.

-¿Y cómo se encuentra tu papá, Rini?-preguntó Michiru de pronto.

Rini reaccionó de una manera muy peculiar e hizo un gesto extraño arrugando el entrecejo.

-Salió.-dijo cortante.

Yo sabía perfectamente con quién, de otra manera no me explicaba la reacción de Rini.

-¿Cómo?-preguntó Michiru de nuevo.

-Salió con la víbora de Serena Tsukino.-soltó

Michiru abrió los ojos como platos mientras me miraba como para pedirme una explicación.

-Rini, te he dicho que no te expreses así, ¿acaso no te agrada Serena?

-Esa mujer es muy extraña… se porta muy bien con mi papá, pero cuando la veo a los ojos… es como si ocultara algo.

Decidí cambiar de tema porque no quería que ni Michiru ni Rini comenzaran a hablar más de eso, lo único que quería era olvidar el tema. Rini dijo que mi tocino era el mejor que había probado en el mundo y quiso dos tiras más. Pasamos el resto del día en el departamento de Michiru viendo películas de suspenso que muchas veces tardé en comprender, pero según Rini, esas películas te hacían pensar y las de Disney ya eran demasiado fáciles para su expandida mente. Me sentí realmente tonto cuando en algunas escenas me escondía bajo las sabanas y Michiru y Rini se burlaban de mí. Por la noche decidimos ir a cenar al Crown, ya que Michiru moría de ganas de probar comida de su Tokio pues estaba harta de la comida coreana. Rini, Michiru y yo llegamos al Crown a eso de las ocho. Nos sentamos en donde siempre y ordenamos la pizza que siempre pedíamos pero con tamaño doble porque ahora éramos tres. Michiru y yo vimos entrar a Darien con Serena en el momento en que Unazuki dejaba nuestra pizza en la mesa. Rini siguió nuestra mirada y se dio cuenta de lo que sucedía. Rodó los ojos y se giró en cuanto llegaron a nuestra mesa.

-Michiru.-dijo Darien sorprendido.- ¿Qué te ha pasado? Bueno, antes que nada, qué gusto verte.

-Igualmente, Darien, pues ha sido un accidente en realidad… Hola, Serena.

-¡Hay Michiru! Pero por Dios, eso ha sido horrible… luces terriblemente.-respondió Serena mientras enredaba su brazo en el de Darien.

Michiru torció la boca y estuvo a punto de responder pero decidí intervenir.

-A mí me parece que luce hermosa de todas formas.-sonreí mientras la miraba a los ojos.

Serena rodó los ojos discretamente y vi cómo le acariciaba el cabello a Rini, pero ésta se quitó al instante temiendo que Serena la siguiera tocando.

-Rini, no te comportes así.-le dijo Darien enojado.

-Descuida.-dijo Serena cruzándose de brazos.-Estoy seguro de que a Rini no le importara que nos sentemos con ustedes.

-De hecho.-respondió Rini.-Esta pizza solo alcanza para tres, lo siento.

-Pero Rini…-trató de decir Darien siendo interrumpido por Serena.

-Darien, he visto un restaurante a unas cuadras de aquí, ¿vamos?, me encantaría conocerlo.

Se despidieron de nosotros y salieron del lugar. Miré severamente a Rini quien sonreía con satisfacción al tiempo que se colocaba un enorme trozo de pizza en la boca. Decidimos olvidar lo ocurrido y nos dispusimos a devorarnos la enorme pizza. Dejamos a Rini en su casa dos horas después y yo llevé a Michiru también. Esta vez sí me quedé en mi departamento porque al siguiente día era día de trabajo.

Durante toda la semana, tanto Rini como yo cuidamos de Michiru, ayudándola en todo lo posible. Afortunadamente, el sábado, una semana después de su regreso, Taiki le quitó el yeso pidiéndole que por ese día y el domingo no se moviera para así el lunes poder moverse con toda naturalidad. Por lo que pasamos otro fin de semana en su departamento. El domingo por la noche, Darien me envió un mensaje de texto para vernos en el Harajuku Bar a las nueve, por lo que se lo mostré a Michiru y me dijo que no había problema por ella, así que dejé a Rini en su casa y luego me dirigí al bar. Llegué primero yo y diez minutos después lo vi entrar.

-¿Y Rini?

-Bueno, la dejé en casa, no pretendías que la trajera, ¿o sí?-bromee.

Darien se rió y le llamó a la mesera. Mientras nos traían las bebidas, le platiqué sobre el accidente de Michiru, a lo cual Darien me respondió que era sumamente extraño porque esos aviones tenían probabilidad de descomponerse en 1 de 100, eran casi invencibles y muy nuevos.

-Tuve que regañar a Rini después de haberse portado así con Serena.

-Te dije que ella no le agradaría que…

-Lo sé, lo sé, pero aun así se portó muy mal. Tiene que ir aceptando que Serena y yo estamos teniendo una relación.

-¿Cómo? ¿Ya es formal?-dije asustado.

-Así es.-sonrió.-Aceptó intentar una relación conmigo, traté de decírselo a Rini pero me fue imposible, no quiere escuchar nada que trate sobre Serena.

-Pero Darien… ¿estás completamente seguro?

-Ya habíamos hablado de esto, Seiya, ya te había dicho que Serena Tsukino me hace sentir cosas que creí muertas dentro de mí. Esa mujer me hace vibrar… me hace feliz y estoy seguro de que ella se siente igual.

-Hmmm….

-Bueno, bueno, en realidad tenía que contarte otra cosa. Me voy de viaje por negocios en tres días y quiero que me cuides a Rini mientras no estoy.

-No tienes ni que pedirlo, ya sabes que con mucho gusto le echaremos un ojo.

-Me siento más tranquilo… ella está segura en la casa, pero se siente mal de estar siempre encerrada sin hablar con nadie.

-Sabes que tanto Michiru como yo adoramos estar con Rini, vete sin cuidado.

Nos fuimos dos horas después porque teníamos trabajo al día siguiente. Llegué a casa con miles de pensamientos en la cabeza. Cuando estacioné mi coche vi por el espejo retrovisor un auto aparcado del otro lado de la calle que era tremendamente familiar y sentí la bilis recorrer mi cuerpo. Me bajé a paso lento tratando de evitar lo imposible. La vi de pie con una pierna recargada en la pared, fuera de mi departamento. Vi cómo tiraba la colilla del cigarro y la aplastaba lentamente con sus tacones. Se echó un mechón de cabello detrás de la oreja y sonrió burlonamente. Cuando estuve frente a ella sentí sus brazos rodear mi cuello e inmediatamente me tensé y la miré directamente a los ojos sin pestañear. Poker face.

-¡Dios! Puedo sentir cada músculo de tu cuerpo tensarse, Seiya, tómate un respiro.-susurró en mi oreja.

-Qué curioso que estés aquí, tenía que verte.

-¿Ah, sí? Aquí me tienes, en tus brazos, dispuesta a hacer lo que quieras.

-En ese caso…-dije al tiempo que pasaba mis brazos por su cintura la apreté tan fuerte como pude.-No quiero volver a decirte que te alejes de todos nosotros, ¿Qué pretendes de Darien? ¿Qué pretendes de mí?

Noté cómo se arrugaba su ceño y se apretó aún más contra mí.

-Se nota que tu noviecita no te ha tratado muy bien, debes estar muy necesitado.-besó mi mejilla.

-Deja a Michiru en paz.

Se rió.

-Ese accidente debió de afectarla mucho. ¡Qué horrible haber estado en ese avión!

La miré extrañado y fijamente. La separé de mí.

-¿Cómo sabes que el accidente fue de avión? No recuerdo habértelo dicho.

Serena se puso seria de pronto y se cruzó de brazos.

-Lo mencionó Rini Chiba.

La escruté con la mirada tratando de averiguar si hablaba enserio o si había algo más detrás de ese rostro hipócrita.

-Como sea, Serena, mejor vete de aquí.

Se me acercó y sin previo aviso me besó apasionadamente y con desesperación en los labios. Pasaron algunos segundos antes de que pudiera alejarla de mí.

-Recuerda estas palabras, Señor Kou, porque cuando sepas en lo que te has metido, no vas a poder sacarlas de tu cabecita. Todos al final van a sucumbir ante mí, van a terminar cayendo en mis brazos de todas las maneras posibles. Todos y cada uno de los que me desprecian, ya lo verás.-dijo con un tono tan severo que por un momento creí que de verdad lo cumpliría.

Se alejó con toda la tranquilidad de la que fue capaz, y fui yo quien terminó asustado. No supe qué me daba más miedo, si sus palabras, sus amenazas o su forma de ser… era difícil decidir. A la mañana siguiente recibí un mensaje de texto de Darien, diciéndome que ya había llegado a su destino y nuevamente me agradecía por aceptar cuidar a Rini. Le respondí diciéndole que no se preocupara y que disfrutara su viaje.

Michiru estaba completamente recuperada aunque aún batallaba un poco para caminar, pero al menos ya tenía los huesos en su lugar. Como Darien no estaba, aproveché para ir por Rini y llevarla a la escuela. Platicamos durante todo el camino y cuando llegamos le prometí que iría por ella a la hora de salida. Me dio un beso en la mejilla y se bajó del coche dando saltitos y acomodándose el cabello tras la oreja. Era la primera vez que veía a Rini con el cabello suelto y pensé que Michiru se sorprendería de su nuevo peinado. En la oficina, Aly y yo nos entretuvimos en algunos casos, arreglando papeles, firmando otros más, ordenando citas, haciendo llamadas. La mañana se pasó muy rápido hasta que Aly se ofreció a comprar desayuno, por lo que me dejó solo atendiendo a una señor que buscaba demandar a su ex esposa por la patria potestad de sus hijos. A las 2 de la tarde en punto salí de la oficina y me dirigí a la escuela de Rini. Aún era temprano así que para sorprenderle pasé a comprar unos tulipanes al mercado primero antes de llegar a la escuela. Esperé unos veinte minutos antes de que todos los niños comenzaran a salir, pero comencé a sentirme extraño cuando me di cuenta de que ya pasaban de las tres y Rini no salía. Estuve pendiente por si la veía entre la multitud de niños congregados a las afueras, pero no estaba con nadie y tampoco lograba distinguirla. Decidí acercarme a la maestra que se encontraba en la puerta principal.

-Buenas tardes, señorita, Seiya Kou.-le ofrecí la mano.

-Buenas tardes, ¿en qué puedo ayudarle?

-Estoy buscando a Rini Chiba. Ya había venido por ella.

-Oh, cierto, ya lo recuerdo. Es curioso que lo pregunte puesto que Rini no ha venido hoy a la escuela.

-¿Cómo? Tiene que estar equivocada.

-No, señor Kou. Esta mañana recibimos un mensaje de su padre diciendo que hoy no podría venir a clases.

-Señora, esto es una equivocación, yo mismo dejé a Rini aquí con sus cosas para la escuela. ¡Yo mismo! Y su padre no pudo haberle llamado porque ni siquiera está en la ciudad.-elevé la voz al punto de que casi eran gritos.

Observé el rostro de la mujer ponerse pálido y tuvo que sostenerse de los barrotes del barandal.

-Pero… ella no… ¿Qué tal si por su cuenta ella…?

-No, señora, Rini nunca se saltaría las clases, ella no…

Comencé a dar vueltas en mi propio eje, pensamientos horribles me venían a la cabeza y no podía soportar la idea de que pudiera haber huido o saltado sus clases. Rini no era así, ciertamente algo malo le había pasado. Tanto la maestra como yo entramos a la dirección y dimos parte a la policía. No podía creer lo que estaba pasando, ¿cómo le diría a Darien que su hija estaba perdida justo cuando me encargó cuidarla? Debí haber esperado que entrara… debí cuidarla… ¡qué idiota! El corazón me oprimía severamente. No soportaba la idea de perder a Rini, no quería que le sucediera nada malo y no tenía idea de qué hacer. Decidí decirle a Michiru, era la única persona que me ayudaría y comprendería. Media hora después llegó a la escuela, al mismo tiempo que los policías. La vi llegar mientras derramaba lágrimas, no podía culparla, probablemente yo también lo haría si no fuera porque soy hombre y me da vergüenza. La policía tomó declaraciones y mandaron a un grupo a buscar a los alrededores. Habían pasado ya muchas horas como para que Rini no hubiera aparecido. También mandaron buscar a su casa y no estaba allí. Tenía que encontrarla, así fuera lo último que hiciera en mi vida. Esa niña no podía sufrir nada malo, ¡no! Dos horas después, uno de los grupos regresó con una pista. Encontraron un arete el cual Michiru confirmó que pertenecía a ella, por lo que nos dijeron que probablemente alguien se la había llevado y entonces sería más difícil rastrearla. Nos recomendaron que nos fuéramos a casa y esperáramos sus indicaciones o información. Nos fuimos al departamento de Michiru y ni siquiera comimos por la preocupación. Alrededor de las seis de la tarde escuché mi celular timbrar y el corazón se me detuvo. Rogué por escuchar la voz de Rini del otro lado del auricular y cuando contesté me decepcioné.

-¿Seiya Kou?-dijo una voz de hombre que no tenía idea de quién pudiera ser, por lo que imaginé que era un policía.

-Él habla.

-Creo que tenemos algo que buscas.

Abrí los ojos como platos. ¿Secuestradores? ¿Cómo iba a recuperar a Rini?

-¿Quién habla? ¡Regrésenla ahora mismo!

-Escúchame, abogaducho, nosotros somos los que damos las órdenes aquí. Si quieres volver a ver a la niña tendrás que pagarnos mucho dinero, ¿entiendes?

-¡Di lo que quieras y dame a Rini!

-Si tanto la quieres tendrás que esperarte hasta mañana. Queremos cien mil dólares o te aseguro que la niña no va a sobrevivir el miércoles.

El sujeto colgó tan pronto que ni siquiera me dio tiempo de responder. Me quedé en silencio sopesando sus palabras, escuchando los gritos de Michiru quien lo había escuchado todo. ¿Cien mil pesos? ¿De dónde sacaría tanto dinero? ¿Esperar hasta mañana? Era demasiado tiempo y temía que pudieran hacerle daño a Rini. Tenía que conseguir ese dinero y solo había una persona en Tokio que podía ayudarme, así tuviera que tragarme el orgullo. Michiru no podría esperar hasta mañana y no dejaba de llorar. El solo hecho de verla en ese estado me preocupaba más y hacía que todo me pareciera complicado.

El sol se había ocultado ya cuando llegué al edifico en donde Serena vivía. No quise entrar todavía porque aun dudaba de si pedirle ayuda. Serena no quería a Rini y conociéndola quizá me negaría la ayuda. Miré la pantalla del celular esperando recibir otra llamada. Tenía que encontrar a Rini pero… ¿cómo podría encontrarla si ni siquiera tenía idea de dónde buscarla? No podía dejar que Darien se enterara de lo que sucedía o de lo contrario no volvería a confiar en mí nunca. Tenía que demostrarle que era de fiar y que Rini significaba para mí mucho más de lo que él imaginaba. Entonces fue cuando se me ocurrió una idea. Antes de hablar con Serena tenía que intentar otra cosa, por lo que me subí al coche de nuevo y manejé a toda velocidad hasta el otro lado de la ciudad.

Aparqué el coche y toqué en la casa de Kelvin Taylor, un antiguo compañero de la escuela que siempre me había ayudado cuando se lo pedía, al igual que yo le había ayudado muchas veces. Cuando me vio se sorprendió pero me invitó a pasar con gusto. Como no teníamos mucho tiempo le resumí la situación y le rogué ayuda lo más pronto posible. Kelvin era Ingeniero en Software y siempre había sabido mucho acerca de tecnología. Era probablemente el hombre más inteligente de todo Japón y era un excelente programador y hacker. No había nada de computadoras y tecnología que no supiera usar o investigar, así que le entregué mi celular para que lo revisara y localizara de dónde había venido la llamada. Inmediatamente Kelvin comenzó a mover aparatos, entrar a páginas de internet, picas botones, mover aquí y allá… yo no presté atención. Lo único que quería era que encontrara a Rini. Dos horas después noté que dibujaba una sonrisa en su rostro y me llamaba con la mano. Cuando me acerqué a él tenía una fotografía de satélite en la computadora.

-De ahí vino la llamada, Seiya.

-¿Estás completamente seguro?

-¿Dudas de mi inteligencia? Es de allí de donde viene y muy probablemente sea donde la tengan también. Está muy lejos de aquí, casi a la salida de Tokio.

-No me importa, voy a ir.

-¿Solo?

-Kelvin, necesito otro favor. Llama a la policía y diles hacia dónde voy, que me alcancen.

-Pero Seiya… esos tipos deben ser peligrosos, necesitas ayuda.

-Tengo un arma.

-Eso no es suficiente.

-Kelvin, has lo que te digo. Necesito hacer esto, no puedo esperar hasta mañana para recuperarla, y no puedo confiar en esos tipos, ¿qué tal si intentan engañarme?

No dejé a Kelvin seguir hablando, así que salí de su casa y arranqué el auto. Nunca había manejado tan rápido en mi vida como lo hice en ese momento. Fue muy difícil encontrar el lugar porque se encontraba en un callejón muy escondido en un barrio muy feo y lejos de la ciudad. Fuera del lugar había contenedores de basura y una lámpara que parpadeaba y nunca duraba más de dos minutos prendida antes de volver a parpadear. Parecía ser una bodega o algo por el estilo y no se escuchaba nada ni se veía a nadie. ¿Y si me había equivocado? ¿Y si me engañaron? Antes de que pudiera avanzar escuché que una de las puertas se abría, así que me oculté rápidamente tras uno de los contenedores lo mejor que pude. No podía ver nada, así que solo escuché unos pasos, parecían ser dos personas y eran voces de hombre.

-¿Cuánto tiempo vamos a tenerla aquí?

-Ya sabes que no mucho, las órdenes fueron muy claras, hay que deshacernos de ella.

-Pero… ¿no pedimos el rescate ya?

-Sí, sí, no seas idiota. El dinero es extra. Nos dan el dinero, nos quedamos con él y la niña se queda aquí quemada. Esas son las ordenes.

-Pero no tienen idea de que pedimos el dinero, debimos hacer la tarea desde esta mañana.

-Sabes que soy muy ambicioso.

Escuché que echaban algo al contenedor. Mi cuerpo temblaba y mi corazón se paralizaba con cada palabra que salía de la boca de esos dos imbéciles. Quise lanzarme sobre ellos y matarlos con mis propias manos, pero si me movía quizá a mí también me matarían y entonces no podría rescatar a mi Rini. ¿Matarla? ¿Quemarla? ¿A qué clase de monstruo se le ocurriría hacer eso con una niña? No podía permitir que la tocaran. Apreté los puños para resistir mi ira.

-Recibiremos nuestra considerable paga y además ingresos extra.

-Muy inteligente.

Fue lo último que alcancé a escuchar. La puerta volvió a cerrarse y entonces pude moverme y salir de mi escondite. Tenía que pensar pero no tenía la menor idea de cómo entraría y sacaría a Rini de allí. Fue entonces que se me ocurrió una idea que quizá no era tan maravillosa pero tenía que intentar algo o de lo contrario perdería a Rini para siempre. Saqué el revolver de mi bolsillo y sin pensarlo dos veces disparé hacia el contenedor tres veces. Volví a esconderme donde mismo y esperé a que los hombres salieran nuevamente. Mi plan funcionó. Al menos la primera parte de él. Los hombres salieron corriendo y por lo que escuché, estaban armados. Miraron a su alrededor y como no había nadie escuché que uno insistía en buscar hacia el rededor o podrían arriesgarse a que supieran del lugar. Una vez que escuché que se alejaban, salí de mi escondite y entré corriendo a la bodega, con mucho cuidado y sin guardar el arma por si había más hombres dentro. Estaba muy oscuro dentro y a lo lejos divisé una luz muy tenue. Sin detenerme y sin soltar el arma caminé hasta allí. Al dar la vuelta vi a mi pobre Rini recostada en el suelo, con los ojos vendados, al igual que sus extremidades. Entre toda esa oscuridad pude notar un par de lágrimas caer de sus mejillas y vi sus labios moverse.

-Señor… señor por favor… se lo pido una vez más…

Inmediatamente me agaché junto a ella y le toqué el rostro, sintiendo cómo se tensaba.

-Rini.-dije susurrando.-Soy yo… por favor, no grites ni hagas nada.

-¡Seiya!-dijo en voz baja.-Seiya.-sollozó.-Sácame de aquí, ¡sácame!

-¡Lo haré! Pero necesito que estés callada y me ayudes. Distraje a los hombres pero no sé si tengamos mucho tiempo. ¿Hay más?

-Son solo dos… no puedo decir con exactitud.

-Bien. Te levantaré.

Con cuidado la ayudé a ponerse de pie no sin antes desamarrar sus cuerdas y quitarle la venda de los ojos. Me dio un fuerte abrazo sin dejar de llorar y se aferró a mi brazo izquierdo mientras íbamos de camino a la salida. Antes de que pudiéramos hacer algo, escuchamos que se acercaban y nos escondimos en la oscuridad. Rini no podía dejar de sollozar y eso hacía difícil ocultarnos, pues el ruido nos delataría. Uno de los hombres se dio cuenta que Rini no estaba y el otro nos encontró gracias a los sollozos de Rini. Como estaba oscuro, logré golpearlo en el estómago fuerte y aturdirlo un rato, pero cuando corrimos hacia la salida el que no estaba golpeado tomó a Rini del cabello y la jaló. También tenía un arma y ahora amenazaba a Rini apuntándole en la cabeza. Lo apunté también sin saber qué más hacer. ¿Y ahora? Si algo le pasaba a Rini nunca me lo perdonaría… Lo único que pude pensar fue en dispararle al golpeado en la pierna y cuando lo hice el otro se distrajo, por lo que me acerqué rápidamente y lo golpee en el estómago, rostro y antes de dar otro golpe, la policía entró corriendo al lugar. Eran casi diez hombres y de inmediato nos rodearon. Dos de ellos agarraron al que estaba en el suelo mientras que los demás se encargaban del que tenía el arma. Se la quitaron y lo inmovilizaron. Rini corrió hacia mí y se soltó llorando nuevamente. Los policías tomaron mis declaraciones y las de Rini, pero Rini solo quería irse. Me desconsoló demasiado verla tan triste. Era casi la media noche cuando la policía nos dejó ir. Rini caminaba en silencio a mi lado, tomada de mi mano y con el saco que le había prestado puesto. Mi corazón se sentía verdaderamente aliviado. Por un momento olvidé todo y me espantó la idea de perder a ese pequeño ángel. De ahora en adelante no le quitaría la vista de encima, no me perdonaría jamás el hecho de haber permitido que le sucediera algo así.