Rini decidió quedarse en casa durante algún tiempo. El secuestro realmente la afectó y si de por sí le tenía mucho miedo a las personas, ahora con mayor razón. No salía ni siquiera para ir a la escuela. La maestra le enviaba sus deberes y ella los hacía tranquilamente en su habitación. Realmente Rini no necesitaba estar presente en las explicaciones, pues era tan inteligente que entendía todo muy bien, o lo investigaba ella misma. La visité con frecuencia para ver cómo seguía. Darien se había regresado después de enterarse del secuestro y nunca terminó de agradecerme lo que hice por su hija. Llegó llorando a mi departamento y se lanzó a mis brazos. Darien se había convertido para mí en un amigo muy especial, y jamás creí cuando lo conocí que nos haríamos tan cercanos, y mucho menos que me confiaría el cuidado de Rini. Darien era un hombre muy especial a pesar de sus defectos, amaba a Rini y era un buen hombre, honrado, honesto, trabajador, buen amigo, buen amante y buen padre. Me daba lástima verlo tan herido cuando se trataba de Rini y Luna, su ex mujer. Por eso me sentía tan impotente acerca de Serena, ya que ella lo manejaba a su antojo y Darien ni siquiera lo notaba. Miles de veces traté de hacerle ver que esa relación no estaba bien y que no lo llevaría a nada bueno, pero Darien siempre decía que ya no podía ponerse a pensar en lo que estaba bien y mal, pues Serena lo había hechizado y él estaba profundamente enamorado de ella. Salían casi todos los días, se dejaban ver en público y aunque Serena trataba de aparentar que quería acercarse a Rini, Rini la rechazaba cada vez que podía.

Por mi parte, Serena no dejaba de molestarme. Iba todas las noches a mi departamento y yo trataba de ser fuerte y fingía no estar en casa o simplemente la corría. No podía seguir en esa situación pero Serena parecía dispuesta a arruinarme la vida y acosarme en cada instante. Cada vez que Serena se encontraba conmigo y Michiru se portaba demasiado hipócrita. Fingía ser la mujer más dulce del mundo y no se cansaba de adular a Michiru, además de todo siempre me hacía insinuaciones frente a Michiru, lo cual me hacía enojar mucho pero no podía hacer nada. Solo rogaba porque Michiru no se diera cuenta del comportamiento de Serena. No soportaba la actitud de Serena de querer creerse la mujer más bondadosa del planeta, simplemente me sacaba de quicio el verla comportarse como lo que no era y lo que nunca iba a poder hacer.


Michiru

Salí del supermercado ya cuando el día oscurecía. Batallaba un poco para cargar las bolsas al mismo tiempo y estuve a punto de caer con todo lo que traía cargando si no fuera porque recibí ayuda. Yaten había aparecido de la nada y se reía de mí mientras me quitaba todas las bolsas y me acompañaba hasta el carro.

-¿Qué haces tú aquí, Yaten? Eso sí que es una novedad…-dije mientras cerraba la cajuela del coche.

-Vine a buscar unas pastillas a la farmacia. Estaba cerca y solo se me ocurrió este lugar.

-¿Dónde esta tu auto?-pregunté mientras me recargaba en el metal.

-Lo dejé en la oficina, vine caminando pero estoy en mi tiempo libre.

-Muero de hambre, ¿no quieres ir a comer algo?

-Me parece, pero me llevas a mi oficina de nuevo.-rio.

Nos estacionamos en un McDonalds y después de ordenar nuestras respectivas cenas nos sentamos a esperar que estuvieran listas. Yaten recogió nuestras órdenes y mientras comíamos la conversación comenzó a tornarse algo confusa.

-¿Serena Tsukino?-pregunté cuando me di cuenta de que no comprendía su pregunta.

-Sí. ¿Te agrada?

-Bueno… en realidad no podría decirte, es una persona muy… peculiar.

-Solo lo pregunto porque ella es parte esencial en la vida de Seiya.

Lo miré sin comprender y di un trago a mi refresco.

-¿A qué te refieres?

-A que es alguien a quien conocemos desde hace mucho tiempo. ¿Acaso Seiya no te ha platicado la historia?

Negué con la cabeza. No podía responder porque estaba tragando y además no podía. Sabía que Serena era parte fundamental en la vida de mi novio pero no comprendía el tono de voz de Yaten.

-Estaré encantada de escucharla.-dije sonriendo para aparentar.

-¡Tonto Seiya!-dijo.-Siempre tengo que decirte todo yo, ¿no es cierto? Bueno, lo que sucede es que desde que éramos pequeños Serena siempre estuvo enamorada de Seiya, pero mi hermano jamás le hizo caso.

-¿Seiya? No puedo creerlo…

-Te lo juro. Era algo casi impresionante. Aunque Serena es algunos años menor que Seiya, siempre lo quiso, y siempre odió a todas sus novias. A pesar de todos los años que pasaron alejados, yo supuse que Serena al regresar seguiría enamorada de él, pero ahora que sale con Chiba, creo que no es así… Pero Seiya no podía quitársela de encima nunca, era como una garrapata. Serena sí que lo quería de verdad o… solo estaba loca.-rio.

-Esa parte de la historia no lo sabía.

-Supongo que porque a Seiya nunca le pareció importante, te digo que siempre la ignoró.

-¿Y tu crees, entonces, que Serena ya se olvidó de ese juego de niños?

-Sí. Si no te aseguro que ya te habría hecho daño.-volvió a reír.-Esa chica es una bomba, siempre trataba de alejar a todas las mujeres de mi hermano.

Platicamos durante un rato más hasta que llegó la hora de llevar a Yaten. De regreso a casa no pude evitar darle vueltas a todo lo que Yaten me había platicado. Seiya no me había contado nada y supuse que tenía razón en no hacerlo, pues si nunca le hizo caso a Serena no tenía sentido. Por otro lado, desde que había conocido a Serena me pareció que había algo extraño en ella. Su devoción por Seiya aún era palpable, incluso aunque ella tratara de ocultarlo y fingir, para mí era evidente que no podía olvidar tan fácilmente a Seiya. Me sentí inquieta de pronto, y dubitativa de todo lo que pasaba a mí alrededor. No lograba encontrar otra razón por la cual Serena había contratado a Seiya para ser su abogado, ni sus repentinos acosos, los cuales hasta ese día me parecían normales. De pronto comencé a pensar minuciosamente en la manera en que ella lo miraba, y la manera en que Seiya trataba de controlarla. Jamás había tenido miedo de perder a Seiya hasta ese día, y me odié por haber sido tan ingenua. Algo en Serena Tsukino no me gustaba, y no solo era el hecho de que cabía la posibilidad de que me quisiera quitar a mi novio, sino que me parecía que ocultaba muchas cosas y a nadie le decía la verdad. Ahora comprendía un poco mejor la razón por la cual Seiya sentía desagrado de su relación con Darien.

Tenía que solucionar aquello de alguna manera porque no quería vivir en medio de una enredadera en la que mi novio también estaba envuelto, y por supuesto no estaba dispuesta a perderlo. Al siguiente día me levanté muy temprano para ir a la oficina de Serena a preguntarle si sucedía algo con mi novio aparte de lo que yo sabía y así poder regresar a tiempo a la academia. Llegué justo cuando el reloj marcaba las ocho y media y esperé en la recepción hasta que la secretaria me permitió entrar al vestíbulo que se encontraba antes de entrar a la oficina de Serena. Me acerqué a la enorme puerta para tocar pero de pronto escuché la voz de Serena atravesar el enorme pedazo de madera que nos separaba. Su voz resonaba en todo el recinto y parecía estar muy enojada mientras hablaba por teléfono.

-No me importa, idiota, no te voy a dar absolutamente ni un peso, ni tú ni tus estúpidos asistentes no hicieron bien su trabajo.-dijo callando abruptamente.- ¡Por supuesto que no! La policía jamás va a creerte, queridito, ¿qué no sabes quién soy yo? Soy Serena Tsukino, una de las personas más rica en Japón y te puedo hundir si me da la gana. Acepta que no hiciste bien tu trabajo y que la mocosa salió viva de todo esto.-la palabra "mocosa" resonó en mi cabeza por demasiado tiempo y de principio no lo comprendí hasta que dijo lo siguiente.-Su trabajo era deshacerse de ella y me desobedecieron. Yo iba a pagarles el dinero suficiente para sobrevivir dos años enteros o mucho más y ustedes tenían que poner su codicia de por medio y arruinarlo todo pidiendo un rescate que no necesitaban, y lo más importante es que dejaron que Seiya se acercara a la mocosa…

Ya no pude seguir escuchando porque salí prácticamente corriendo de allí. Mi corazón bombeaba rápidamente y no lograba concebir todo lo que había escuchado. Esa perra de Serena Tsukino había mandado secuestrar a Rini para quitarla del camino. La odié como nunca detesté a nadie en mi vida y jamás creí que alguien pudiera ser tan malo. Sentí mucho miedo por Seiya y por Rini, no quería que esa maldita arpía les hiciera daño y tenía que decirle a Seiya lo que estaba pasando. Mientras caminaba hasta la academia me dediqué a pensar en todo. Estaba casi segura de que Seiya no creería ni una sola de mis palabras, antes tenía que juntar las pruebas necesarias para que él pudiera creerme y además para poder hundirla como lo que era, una delincuente.

Una vez que llegué a la academia, le pedí a Hotaru que se encargara de contactar al mejor detective que se le ocurriera y me programara una cita. El resto del día hice mis cosas instintivamente y por inercia sin dejar de pensar en las horribles palabras que habían salido de la boca de esa mujer. Cuando las clases terminaron, Hotaru me informó que había hecho una cita con el detectiva Fujimoto a las seis en punto en el café Punta del Cielo. Le di las gracias y salí antes de que se me hiciera tarde.

Cuando llegué al café divisé la figura de un hombre maduro de cabellos platinados y facciones toscas. Su sonrisa contrastaba con su expresión de disgusto y a juzgar por la gabardina que portaba pensé que sería él. Me acerqué lentamente esperando a que él hablase y como no lo hacía fui yo quien decidió hablar.

-¿Detective Fujimoto?

El hombre asintió al tiempo que apagaba su cigarrillo en el cenicero y me invitó a sentarme.

-Mucho gusto, señorita Kaioh, por favor, le ruego me explique lo que sucede.

Duramos poco más de una hora charlando sobre Serena Tsukino, todo lo que sabía de ella, todo lo que había escuchado y lo que le había sucedido a Rini. El detective no dejaba de hacer anotaciones y asentir mientras me escuchaba. De vez en cuando me interrumpía para hacer preguntas y luego le extendí un sobre con una generosa cantidad de dinero que cubriría los gastos para un mes entero y nos despedimos. Regresé a casa pensativa y silenciosa, esperando no encontrar a Seiya ahí, porque no sería capaz de callarme hasta después de haber meditado mucho tiempo.


Seiya

Serena entró a mi oficina sin ser llamada como acostumbraba. Me miró lascivamente y yo rodeé los ojos al verla. Se sentó frente a mí y comenzó a parlotear sin fin.

-Debemos partir mañana mismo hacia Bahía Azul.

-¿Bahía Azul? ¿No es ahí donde tus padres tienen una casa?

Asintió sonriendo maliciosamente.

-Precisamente, Sherlock.

-No comprendo para qué quieres ir allí.

-Asuntos de trabajo.

-¿Crees que nací ayer?

-El caso es, Seiya, que si no vas conmigo lo vas a lamentar. No te preocupes por tu noviesita, puedes mentirle, ¿no es así?

La miré inquisitivamente y dejé de escribir lo que estaba haciendo.

-No sé qué pretendes, Serena, pero no voy a ir contigo.

-Muy bien.-dijo levantándose.-Entonces supongo que esta misma noche hablaré con Michiru.

-No te atrevas.

-¿Quieres apostar?

-Bien.-dije molesto.-Iré contigo a ese maldito lugar, ahora vete de aquí.

Serena salió riendo como si fuera la bruja malvada de algún cuento y me dejó hundido en el silencio. Tenía que terminar con todo aquello de alguna manera pero no quería herir a Michiru y mucho menos quería que Serena le hiciera daño. Regresé resignado a mi departamento para descansar antes de hundirme en una peligrosa aventura con Serena Tsukino.

A la mañana siguiente, Serena y yo partimos en su coche hacia Bahía Azul. Le había dicho a Michiru que tendría que partir con Serena hacia un pueblo cercano para arreglar algunos asuntos del caso. Ella no se quedó muy satisfecha pero no tuve más opción que seguir con mi sentencia. Llegamos a la bahía a eso de las once de la mañana. El sol estaba en todo su esplendor y Serena se colocó los lentes de sol cuando bajamos del coche. La casa estaba situada justo frente al mar, rodeada por arena y palmeras. Era una pequeña pero lujosa casa amueblada muy al estilo de mi anfitriona. Nos metimos y me dediqué a estudiar el lugar con demasiada impresión.

Sentí los brazos de Serena rodearme por detrás e instintivamente me alejé de ella antes de que pudiera hacer algo. La miré molesto y ella comenzó a reírse de mí a carcajadas. Le resté importancia y decidí darle la espalda y seguir observando el lugar.

-Tarde o temprano vas a caer, Seiya, ¿crees que te traje aquí porque quería mostrarte la casa?-después salió de la habitación en la que nos encontrábamos y cuando quise responderle ya no estaba.

Me detuve a mirar por la ventana y la vi quitarse los zapatos en el exterior. Pisó la arena como si fuera cualquier piso ordinario y salió corriendo hasta la playa hasta sumergir sus pies en la marea que llegaba hasta la playa. ¿Qué estaba haciendo? Me estaba dejando manipular por Serena Tsukino, y lo peor de todo era que ella tenía razón, que en cualquier momento caería y no tendría remedio alguno. De pronto mi corazón comenzó a sentirse más pesado que antes y supe que si no salía de ahí pronto las cosas terminarían mal. Michiru había estado muy extraña por la mañana y temí que sospechara algo.

En ese momento la mirada de Serena se cruzó con la mía y ella sonrió. Su sonrisa de pronto me recordó a muchos años atrás, cuando apenas éramos unos chiquillos que jugaban. La vi llamarme con la mano y salí temblando. Cuando la alcancé se encontraba sentada sobre la arena y la marea alcanzaba sus pies ya mojados. Me senté junto a ella después de haberme quitado mis zapatos y miré hacia el horizonte.

-¿Lo ves, Seiya? Todo esto podría ser de nosotros… podríamos venir aquí cada fin de semana y pasarla muy bien juntos y solos…

-No comprendo bien qué es lo que quieres, Serena.

-A ti.

-Sabes mejor que nadie que eso no puede ser.

-¿Por qué?-me miró.- ¿Por esa noviecita ingenua que tienes?

-Por eso y por muchas otras cosas.

-Claro…-dijo desviando la mirada.- Porque eres un cobarde, por eso.

Me molesté muchísimo y la obligué a mirarme.

-Yo no soy ningún cobarde, Serena.

-Si no lo eres entonces por qué no le confiesas a Michiru lo que ha estado pasando y por qué no la dejas si no la quieres.

-Sí quiero a Michiru, ¿cuándo vas a entender eso?

-El día que dejes de hacerme el amor.

-Ya no te lo hago.

-Pero me deseas, lo veo en tus ojos.

-No te deseo, Serena, me haces enojar…

Serena se soltó de mis manos y comenzó a reírse.

-¿Lo ves? Eres un cobarde…

Me enojó tanto el tono de voz en que lo dijo que no dudé en agarrarla fuertemente de los brazos y sacudirla. Ella me miró penetrante y en ese momento la besé en los labios con tanta fuerza que casi se los destrocé. Me recosté sobre ella y le arranqué la poca ropa que traía puesta. Serena sonreía de excitación y se dejaba besar al tiempo que enredaba sus piernas en mi cuerpo y desabotonaba mi camisa. Me desabroché el pantalón con tanta agilidad que ni cuenta me di en qué momento lo hice y me acomodé entre sus piernas poco a poco hasta que la escuché gemir bajo mi cuerpo. Sentía tanta furia y euforia que la penetré rápido una y otra vez mientras su mirada me suplicaba por más y me enterraba las uñas en la espalda. Sentí sus senos rozar mi cuerpo y la suavidad de su piel blanca. Era como tocar la seda que se resbala de tus manos y te hace querer sostenerla por largo tiempo. Su cabello se llenaba de arena en cada movimiento y ella tan solo se dedicaba a besarme en el cuello. No había nadie en ese lugar más que nosotros y Serena parecía pertenecer a la arena. Parecía una sirena que se había escapado del mar en busca de aventuras, parecía que en cualquier momento iba a destrozarse. Justo en el momento del clímax la sostuve fuerte de las caderas y comencé a hacer los movimientos más pausados y tranquilos, lo que provocó que su cuerpo temblara en cada movimiento hasta estallar en mil pedazos.

Me tendí a su lado una vez que terminamos y mi respiración entrecortada se fue calmando poco a poco. Las nubes parecían cernirse sobre mí al tiempo que mis ojos trataban de adivinar qué formas tenían. Su voz llegó a mí como una aguja clavada en la médula.

-Ya lo vez. Tarde o temprano tú serás mío, Seiya, de una manera u otra.

-No te equivoques, Serena, esto solo es sexo.

Serena se incorporó y me miró directamente a los ojos.

-No te equivoques tú, Seiya Kou, estoy cansada de tus desplantes. Tú vas a ser mío, te lo digo y advierto, como sea pero te voy a conseguir. Tuviste que haber sido mío desde el primer momento en que te vi. No te imaginas cuánto te quise en ese instante y todos los años que siguieron. En Francia luché contra mí misma para no atosigarte con mis cosas, porque siempre en cada momento estabas en mi cabeza. Cuando te volví a ver supe que jamás podría olvidarte y que ahora sí iba a conseguirte.

-Serena, yo jamás te he dado pie para que pienses otras cosas. Desde que te conozco te he dicho que no te quiero, que solo eres mi amiga. ¿Cuándo vas a entenderlo? Jamás te he visto como una novia o mi amante.

-¿Entonces por qué me haces el amor?-gritó.

-Porque eres muy hermosa y me provocas. Yo soy hombre y por supuesto no me voy a negar a un plato delicioso. Soy un canalla, sí, pero no te quiero y no sé por qué jamás has logrado comprenderlo.

-Te detesto, Seiya, pero no me importa que no me quieras porque aun así voy a tenerte. No comprendo por qué nunca me has querido…

-Porque no se puede mandar en el corazón, Serena… Uno no puede elegir de quién enamorarse…

-Y no me digas que de esa sí estás enamorado.-se cruzó de brazos.

-Eso no te incumbe a ti, por supuesto. No tienes ni la más remota idea de lo que siento por Michiru, así que déjate de tus cosas. Y de una vez te informo que ya me cansé de tus juegos y que regresando voy a renunciar a tu caso. Ya conseguiré yo el dinero que necesito como pueda porque no estoy dispuesto a soportar tus cosas.

-Eso ya lo veremos, Seiya Kou, tú y todas las personas que quieres me las van a pagar. Si no puedo tenerte yo, entonces nadie. Ni Michiru ni la niña tonta ni nadie. Me vas a querer, Seiya, me vas a querer y entonces voy a hacer que te arrodilles ante mí y me pidas perdón por todo lo que me has hecho.

-No te he hecho nada. Lo único que te he hecho es no quererte como deseas.

-¿No es suficiente? Por eso voy a condenarte el resto de tu vida.

Serena salió corriendo a la casa y me quedé petrificado por sus palabras. No tenía idea de si podía cumplirlas o no pero me daba mucho miedo su mirada fría y calculadora, como si realmente estuviera planeando las más macabras situaciones en su mente. De alguna manera tenía que escaparme de ella y por supuesto sin hacerle daño a los demás, porque por alguna extraña razón sus palabras me parecían ciertas y estrictas.


Michiru.

Dos días después el detective Fujimoto me mandó llamar. Lo encontré sentado en una banca en el parque de diversiones y me saludó con la mano cuando me vio de lejos. Me senté junto a él después de saludarlo y me entregó un sobre.

-Es usted rápido.-le dije mientras lo abría.

-Ahí podrá encontrar usted lo que me pidió. Lo averigüé todo y efectivamente, la señorita Tsukino contrató a una banda de secuestradores para secuestrar a Rini. Solo dos de ellos la capturaron mientras que el jefe hacía las negociaciones con ella y las órdenes fueron estrictamente deshacerse de ella. Es decir, desaparecerla del mapa sin pedir recompensa, pero los hombres que la capturaron se les ocurrió hacerlo por su cuenta y es por eso que todo terminó así y gracias a su novio el plan se le mermó a la rubia.

-Es una maldita perra…

-¿Qué va a hacer ahora, señorita Kaioh?

-Enfrentarla, pero aún no. Necesitamos averiguar más de ella para poder hundirla como lo que es. ¿Qué tal si está maquinando otras cosas o si ya las hizo? No quiero que meta a mi novio en esto… ¿Podrá encargarse?

-Por supuesto, ya lo sabe. Le informaré en cuanto haya averiguado algo más.

Nos despedimos y regresé a mi departamento. Me dediqué toda la tarde a leer aquellos papeles que incriminaban y probaban lo que Serena había hecho y no podía creer que se hubiera atrevido a hacerlo. No podía concebir cómo alguien quería deshacerse de una niña para poder quedarse libremente con el padre. No podía permitir que Serena le volviera a hacer daño a Rini ni tampoco que lastimara a Darien de aquella manera y mucho menos a mí Seiya. Tenía que alejar a esa mujer de todos ellos porque si no tarde o temprano las cosas empeorarían. Decidí, aunque no estaba muy convencida de mi misma, que enfrentaría a Serena a escondidas de Seiya para pedirle explicaciones antes de encontrar más cosas que la inculparan.

Seguía leyendo cuando el celular comenzó a sonar y cuando vi la pantalla leí el nombre de Rini en ella. Contesté sin dudarlo ni un segundo y escuché su voz agitada y triste por el llanto.

-Michiru…-dijo mientras sorbía las lágrimas.-Mi padre…

-¿Qué sucede?-pregunté alarmada.

-Está en el hospital…

Colgué y salí inmediatamente al hospital. Cuando llegué, encontré a Rini y a su nana en el vestíbulo y ella corrió hasta mí. La abracé fuertemente y le pedí que me explicara qué sucedía.

-De pronto se sintió mal y se desmayó. Como no despertaba llamamos a una ambulancia pero no nos han dicho qué pasa.

-¿Viste acaso si previamente le sucedió algo?

-No precisamente… todo estaba normal solo que… había tosido durante el día, es todo.

-¿Tosido? Hmm…

Vi a Taiki aproximarse a nosotros y lo abordé con Rini tomada de la mano.

-Taiki, ¿qué le sucede a Darien?

-No es nada grave, no deben preocuparse. Está resfriado y se le bajaron las defensas, es por eso que se desmayó. Todo estará bien con las medicinas que le daré.-le sonrió a Rini.

Rini se limpió las lágrimas y le dio un abrazo a Taiki. Mientras ella y Taiki charlaban, decidí llamarle a Seiya para avisarle de lo sucedido. Cuando me contestó lo sentí asustarse mucho y dijo que volvería inmediatamente. Llevé a Rini y Darien a su casa y me quedé con ellos hasta que Seiya llegó por la noche.


Seiya

Cuando entré a casa de Darien sentí que algo no estaba del todo bien. Encontré a Michiru y Rini en la estancia viendo televisión. Cuando me vieron me acerqué a saludarlas y ambas me besaron. Pregunté por Darien y pasé a su habitación. Según Michiru, mi hermano solo había dicho que tenía un resfrío, pero algo no me cuadraba bien. Su aspecto era casi devastador. Lucía pálido y estaba tosiendo cuando entré. Al verme dibujó una sonrisa de oreja a oreja y pidió que me acercara.

-Qué bueno que llegas, Seiya, ya era hora de que me visitaras-bromeó.

-Luces muy mal.-dije ofreciéndole la mano.

-Gracias.-sonrió.-Solo es un resfrío, tu hermano dijo que reposara un par de días y estaría como nuevo.

-Bien, más te vale.

-¿Dónde has estado?-preguntó curioso.

Se me hizo un nudo en la garganta cuando lo recordé. No podía decirle donde, eso era obvio.

-Trabajando, tuve que ir a averiguar unas cosas para el caso…-mentí.

-¿Y cómo va todo?

-Pues aun nada… pero ya estoy más cerca de la verdad, tú no tienes por qué preocuparte.

-Si no me preocupo, incluso a veces pienso que debería dejar todo esto y pagarle a Serena…

-¡No! Darien, no vayas a cometer esa tontería, no porque Serena sea tu novia significa que debes ceder en esta demanda. ¿Imaginas cuánto perderás sin hablar de clientes y prestigio? Por supuesto no permitiremos nada de eso.

-¿Y si la pierdo?

-Si la pierdes quiere decir que no le interesabas de verdad, y entonces te darás cuenta de qué quiere en realidad.

-Eres muy duro con ella, Seiya, recuerda que es mi novia.

-No quiero pelearme contigo por eso, Darien, enserio. Mejor hablemos de otras cosas, ¿cómo esta Rini?

Nos inmiscuimos en una charla acerca de Rini y otras cosas durante algún rato más hasta que Michiru expresó su deseo de irse. La acompañé a su departamento y se despidió de mí furtivamente, como si no quisiera pasar más tiempo conmigo. Me pareció muy extraño pero no quise molestarla y me fui. Por un momento me pasó por la cabeza que tal vez ya lo sabía todo y que por eso se portaba así, pero luego recordé que Michiru siempre me decía las cosas de frente antes de mentirme y eso no lo haría.


Michiru

Me encontraba en la academia esa mañana. Hotaru me había llamado para decirme que no iría a trabajar por la mañana ya que tenía una cita con el médico. Me dediqué a ordenar algunos papeles que tenía Hotaru en su escritorio cuando escuché que llamaban a la puerta. Me levanté algo extrañada y mi corazón se achicó al ver a Serena Tsukino del otro lado de la puerta. Ella no podía verme porque la puerta estaba diseñada para ello. Dudé unos instantes, pero luego me di cuenta de que era lo mejor. La tenía allí y podría preguntarle toda la verdad sin problemas. Abrí la puerta lentamente.

Serena entró sin siquiera esperar a que la invitara y se puso a mirar todo con cierto desdén, como si lo despreciara. Finalmente me miró con esos ojos fríos y me cortó el aliento. No me gusta su persona para nada.

-¿Qué haces aquí, Serena?

-Solo venía a hablar contigo, queridita, de algo muy importante, es Se…

-No. Primero me vas a escuchar tú a mí.

El semblante de Serena cambió y se cruzó de brazos.

-Lo sé todo, Serena, sé muy bien que tú mandaste secuestrar a Rini.

La vi abrir los ojos como platos y dar algunos pasos hacia mí.

-¿De dónde sacaste semejante tontería?

-No importa de dónde, lo importante es que lo sé y tengo las pruebas. A mí no me engañas. Quizá a Darien y a Seiya sí, pero a mí no.

-¿Y qué piensas hacer? Nadie va a creerte.

-Te he dicho que tengo pruebas. Pruebas para hundirte y que Darien se dé cuenta de quién eres.

-Eso no va a pasar.-se acercó más.

-Tendrás que afrontarlo, quieras o no.

Me alejé de ella para poder llegar hasta el teléfono cuando de pronto sentí que algo me golpeaba y caí al suelo olvidándolo todo.


Hotaru entró a la academia sintiendo que todo estaba muy extraño. La puerta estaba abierta, cosa que nunca sucedía, pues siempre la tenían cerrada por dentro. Todo estaba muy silencioso y le asustaba aquello, pues con Michiru ahí, el lugar jamás estaba en silencio. Siempre el sonido del violín y otros instrumentos inundaban el lugar. Caminó algunos pasos para averiguar lo que sucedía. Por un momento creyó que sus ojos la engañaban y quiso desvanecerse, pero la fuerza que le provocó ver a su amiga tirada sobre el suelo y toda esa sangre que estaba derramada la hizo reaccionar con rapidez. Llamó a una ambulancia y luego a Seiya. Se tumbó a su lado y trató de averiguar qué había pasado. Encontró el jarrón de cristal que adornaba su escritorio a un costado del cuerpo de Michiru y lo vio lleno de sangre. Supuso de inmediato que había sido golpeada con él y quiso desmayarse. Comenzó a llorar desenfrenadamente temiendo que su amiga estuviera muerta y con toda la calma que pudo le tomó el pulso. Se alivió al ver que aún tenía, a pesar de que era lento. Afortunadamente la ambulancia llegó dos minutos después y se fue con ellos.


Seiya

Entré prácticamente corriendo a la academia. Apenas había comprendido lo que Hotaru me había dicho por teléfono, ya que su llanto no le permitía hablar con mucha claridad. Lo único que había entendido era "Michiru" "accidente" y "sangre". No había nadie en el lugar y lo único que encontré y que me hizo temblar de pies a cabeza fue un charco de sangre derramada en el suelo y un jarrón manchado con sangre. El corazón me dio un vuelco y comencé a sudar de preocupación. Un nudo se me hizo en la garganta y me agarré la cabeza en modo de desesperación. Traté de llamarle a Hotaru para preguntarle a dónde se la habían llevado y escuché la voz de Taiki del otro lado del teléfono.

-Hotaru no puede hablar, Seiya, está muy asustada. Ven de inmediato al hospital.

Sin responder colgué el teléfono, pero antes de moverme hubo algo que capturó mi atención. Un objeto brillante se encontraba tendido sobre el suelo a unos cuantos metros del charco de sangre. Me parecía extraño pues Michiru jamás usaba cosas así y me acerqué lentamente hasta sostenerlo entre mis manos. Era un broche dorado con pequeñas incrustaciones de diamantes. El corazón se me aceleró a mil por hora y algunas lágrimas resbalaron de mis mejillas. Supe de inmediato que todo aquello no había sido un accidente y que ese broche le pertenecía a Serena. Se lo había visto tantas veces que me era imposible olvidarlo. Salí disparado al hospital sintiendo que el mundo se me escapaba de las manos y que si perdía a Michiru entonces lo perdería todo.

Fue la primera vez desde que conocía a Michiru que tenía miedo de perderla. Fue la primera vez que me daba cuenta de lo mucho que la amaba y que deseaba tenerla a mi lado. Odié a Serena por haberle hecho eso y me juré a mí mismo que si algo le sucedía, Serena me pagaría todo. Cuando llegué al hospital, Hotaru me abrazó mientras lloraba. Taiki tuvo que separarme de ella porque nadie lograba controlarla. Me llevó a ver a mi novia pero no me dejó entrar a la habitación. Al verla recostada en la cama, inconsciente y con esos aparatos conectados a su cuerpo quise vomitar. Tenía varias vendas en la cabeza y lucía pálida y triste a pesar de tener los ojos cerrados.

-Seiya… Michiru perdió mucha sangre.-dijo Taiki.-No tenemos idea de cuánto tiempo duró inconsciente perdiendo sangre, pero eso lo complica todo…

-¿Qué tiene?-pregunté pegando mi cabeza al vidrio.

-Michiru no despertará… al menos por ahora. Necesito hacerle muchos estudios, curar bien su herida de la cabeza y encontrar su mismo tipo de sangre para transferirle y que pueda recuperar lo que perdió.

Lo miré extrañado y con los ojos nublados.

-¿A qué te refieres con que no va a despertar?

-A que entró en estado de coma.

Taiki se dispuso a decir otras cosas más, pero mi mente no escuchaba. Sentí un miedo terrible. Creí que la perdería y que jamás podría volver a sentir sus manos sobre las mías. Me sentí muy culpable. Era un idiota, un imbécil… por mi culpa Michiru estaba en ese estado. Taiki me acompañó a la sala de espera en donde Hotaru ya se había calmado y después de haberme calmado yo, llamé a Darien. No escuchaba nada de lo que me decían. Hotaru me trajo un café cargado y me lo tomé sin chistar. Ni siquiera me supo a nada porque yo no podía apartar mis pensamientos de Michiru. No podía perderla porque si lo hacía mi mundo iba a acabarse y yo tampoco iba a querer seguir viviendo.

Visualicé a Darien y Rini saliendo del elevador. No tenía idea de cuántas horas habían pasado y sentí los bracitos de Rini rodearme. Darien se sentó junto a mí y de pronto me di cuenta de que seguía igual de pálido que hacía unos días. Tosió unas cuantas veces antes de poder hablar.

-Seiya, ni Rini ni yo te dejaremos solos hasta que Michiru despierte, puedes contar conmigo para lo que sea.-

-Yo estaré contigo, Seiya, ya verás que Michiru se va a recuperar.-dijo Rini dándome un beso en la mejilla.

No respondí porque no podía. Las palabras no se formaban en mi boca y mi cerebro no respondía. Rato después, Hotaru se despidió y me dejó con Darien y Rini. Durante toda la noche nos quedamos allí hasta que Taiki mandó a Michiru fuera de terapia intensiva, ya que el mayor peligro había pasado. Nos dejó entrar a la habitación y de inmediato me postré a su lado. La besé ochenta veces en el rostro y le pedí perdón. Tanto Darien como Rini me observaban extrañados y tomaron asiento. Por la mañana, Darien se despidió porque tenía que trabajar, pero Rini se quedó conmigo.

Serena iba a escucharme. Iba a pagarme todo lo que estaba haciendo y yo no iba a permitir que se saliera con la suya. Taiki entró al medio día con un par de carpetas en las manos y me entregó una.

-Michiru necesita sangre O negativo. Es difícil encontrar ese tipo de sangre, Seiya. Todos nosotros debemos ayudar a encontrarla.

-¿Si le hacen una transfusión se recuperará?

-No puedo asegurártelo, porque recibió un golpe muy fuerte, pero es muy probable que lo haga, ya que no hubo daño en los neurotransmisores.-guardó silencio y luego retomó la palabra.-Hay otra cosa…-miró a Rini indicándole a Seiya que no podía escuchar.

-Rini, querida.-dije.-Taiki y yo necesitamos quedarnos solos un momento.

-Bien…-respondió.- ¿Quieres que te traiga un té?

-Si eres tan amable…

Rini salió sin decir más y nos dejó solos.

-¿Qué sucede?

-Es sobre Darien…

-Sí. Dijiste que estaba resfriado.

-Sí, lo estaba hace unos días, eso es lo que los estudios indicaron y sus síntomas. Ayer que lo vi me pareció extraño que siguiera tosiendo, y su aspecto… no me agradó.

-Ni a mí.

-Le dije a la enfermera que hiciera un estudio sobre su sangre y…

-¿Y?

-Parece ser que tiene una enfermedad que se está desarrollando rápido, pero ya hemos hecho todos los estudios posibles y no logramos encontrar qué virus es.

-¿Qué?-dije poniéndome de pie.- ¿Es muy grave?

-No podría decirte… te digo que es un virus muy extraño que jamás había visto, ni los doctores a los que les envié los resultados…

-Dios… Rini no puede enterarse…

-Quizá Rini no, pero Darien sí, hazme el favor de mandarlo a mi consultorio en cuanto llegue. Si no encontramos una solución pronto, Darien seguirá empeorando, y como no sabemos qué es lo que tiene, no podremos tratarlo. Me encargaré de enviar los estudios y resultados a un laboratorio en Beijing. Ahí son expertos y mucho más avanzados que aquí. Podrían encontrar algo más allá.

-Haz lo que tengas que hacer, Taiki, pero por favor, ayuda a Darien, él no puede enfermarse y dejar a Rini sola.

-No te preocupes, lo haré.

Taiki salió de la habitación y me encontré solo. Michiru tenía los ojos cerrados y respiraba gracias al aparato que colgaba de sus fosas nasales. Me sentía aprisionado. Michiru en coma con pocas probabilidades de despertar y Darien con una enfermedad extraña que lo hacía empeorar en cada hora. ¿Cómo iba a quedarme sin amigo y sin novia? No podía aceptarlo. Tenía que ayudar a ambos y pronto. Me tumbé sobre el sillón y coloqué la cabeza entre las rodillas tratando de pensar. Rini entró en ese instante con una taza en las manos y me la entregó antes de darme un beso. La miré a los ojos y ella sonreía. No soportaba la idea de verla quedarse sola sin padre y sin madre. La senté junto a mí y nos quedamos abrazados mientras ella charlaba algunas cosas y yo solo escuchaba tratando de calmar mi corazón.