SIN MIEDO

Prólogo: Tortura de una Osada

Los nudillos de Nolan dan contra mi mejilla, el dolor corre como un fogonazo y se queda anclado como un anzuelo en la parte interna de mi rostro. Esta vez el golpe ha sido lo suficientemente fuerte como para tumbarme con la silla incluida.

Doy contra el suelo con el hombro, pero apenas soy capaz de percatarme del ruido que se ha levantado, no veo todos los pies que se mueven ansiosos a mí alrededor, solo noto como las sienes me palpitan a golpe de martillo. Dejo caer la cabeza contra el suelo, ojalá el cemento pare todo este ritmo.

Hay algo pegajoso que me apelmaza el pelo, entorno los ojos y veo un pequeño charco de sangre que enseguida soy capaz de relacionar con el sabor metálico de mi boca y el calor pulsante en mi ceja. Pero hay algo más, el suelo parece encharcado. El líquido, fuera cual fuera, está frío y me calma el brazo dolorido.

Suelto el aire despacio, no quiero despertar las demás heridas. Antes, cuando fui capturada, en medio de la pelea, cuando mis nudillos despellejados partieron varias narices, no sentía el dolor de los golpes. La adrenalina escondía todas las heridas y me lanzaba a la pelea con la ferocidad que se me ha inculcado desde que tengo uso de razón, pero ahora me sentía como si acabara de caer del tren en marcha que siempre uso y me hubiera estampado contra el asfalto.

Algo destella en el borde de mi campo de visión, apenas consigo prepararme para la bota que se me incrusta en la barbilla y me lanza el rostro hacia atrás, dejando un reguero de sangre por todo el suelo. Los dientes me castañean durante el golpe y la boca vuelve a sangrarme hasta teñirme los labios de granate. Me duele tanto que ni siquiera puedo soltar un quejido, ya tengo el labio partido.

De golpe, la nuca que se me había quedado contra el borde de la silla sale despedida y mi oreja se golpea contra la esfera de madera que sale del lado derecho del respaldo. Alguien me ha levantado del suelo y ha vuelto a dejarme sentada en medio de la sala, maniatada a los reposabrazos y con los tobillos presos de igual forma a las patas.

—Sabes que no tengo paciencia, Ícara —el aliento de Nolan me da directamente contra el oído derecho, ahora ensangrentado también, está tan cerca que casi huelo las cebollas rancias que le retaron a comer la noche anterior, mientras todos nos divertíamos.

Dejé salir una risita insulsa, fue más un gruñido que la risa que me hubiera gustado soltar, pero seguro que con los dientes enrojecidos queda clara mi postura, tan clara como para que esta vez el puño se estrelle en mi sien, dejándome atontada por unos segundos.

— ¿Te crees muy valiente? ¿Muy osada? Que orgullosa debe de estar tu madre —siempre se ha pavoneado como un gallo sin plumas, maldito Nolan.

Consigo levantar el rostro, apenas consigo mantenerlo erguido, me cuesta encontrarle entre los puntitos verdes y rojos que atenazan mi vista, pero con todo y con eso, consigo enfrentarle su mirada sin miedo a sus golpes y el dolor que me infringe.

El labio hinchado me duele en cuanto sonrío, pero ni por asomo dejaré de hacerlo. Tengo la mejilla hinchada, parece estar a punto de interponerse sobre mi parpado, pero seguiré mirándole. La sangre de la ceja intenta obligarme a cerrar un ojo, no lo haré.

—Que te jodan Nolan.

Se yergue, suelta una risotada mientras mira a todos su amigotes, conozco a todos, y se vuelve contra mí. Alza el puño a toda velocidad, esta vez va directo contra mi nariz.

Me preparo para el golpe y cuando el dolor estalla como una explosión brillante en el centro de mi rostro todo se queda negro.

Vivo en una ciudad en vías de desarrollo, intentamos sobrevivir a una guerra casi apocalíptica y ahora hemos creado una sociedad en la que cada individuo decide la forma de vida que más le conviene y con la que contribuirá al resto de la comunidad.

De entre los eruditos, abnegados, veraces, osados y cordiales surge el equilibrio para no caer en la oscuridad del ser humano. De entre todas esas formas de vivir, todas esas "tribus" yo nací en Osadía.

Me encanta mi forma de vivir y derramaré mi sangre sobre el fuego el día de la Ceremonia de Elección sin dudar, aunque aún no sepa que por ello acabaré envuelta en una cacería secreta.

Aquí me conocen como Ícara y mi lucha no ha hecho más que empezar.


Un pequeño proyecto basado en la trama original de Divergente deVerónica Roth, no habrá conexión alguna con los personajes originales y pertenecientes a la trilogía, este es un mero fanfic en el que unos personajes propios tendrán que sobrevivir a una pequeña guerra oculta anterior a todo lo acontecido alrededor de Tris y que por lo tanto, son sucesos totalmente inconexos.

Espero que despierte interés.

-Oniros-