13: Combate a tres bandas (1ª Parte).

Cuarteles generales del Servicio de Inteligencia Extranjera (SVR)

Plaza Yasenevo, Ciudad de Moscú, Federación de Rusia (77, 99, 97, 177, 199, 197).

Noche del 19 al 20 de Septiembre, 2005.

Tres mil kilómetros al este, en un cálido despacho iluminado por tubos fluorescentes y decorado por una ventana medio cubierta de escarcha, un hombre de pelo corto y rubio, con gruesas gafas redondas y aspecto ligeramente desaliñado, se hallaba negligentemente sentado con los pies en la mesa y viendo en el ordenador un video en el que aparecía una bruja de largo cabello rojo llameante. Voces en japonés retumbaban en sus auriculares, cuando un fuerte pitido cortó el audio del video; una ventanita emergente apareció en la esquina inferior derecha.

—Vaya, hombre...—maldijo antes de minimizar el video y abrir la ventana con un par de clics. Accedió al servidor seguro de informes de agentes exteriores con sus claves de Control de la Misión y localizó el que buscaba en su bandeja asignada. En aquella ocasión, le habían derivado a la llamada "Operación Kosmos", en clara referencia al satélite pirateado al que la agente Akula estaba siguiendo la pista sobre el terreno.

Abrió el documento y lo examinó. Líneas y más líneas de información diversa, redactada en alfabeto cirílico, aparecieron en la pantalla.

—¿Pero que clase de informe es este?—se extrañó el recientemente derivado oficial de comunicaciones Dmitri Grazovich, al leer por encima el informe que les había enviado la agente Akula por la línea segura. En teoría, el informe de la misión era absolutamente fiable, al proceder de su mejor agente sobre el terreno. En la práctica, sin embargo, el informático no pudo evitar torcer el gesto al leerlo por encima—. Superordenadores... virus informáticos asesinos... estudiantes que luchan contra el mal... virtu... ¿virtualización? ¿Qué demonios se supone que pone aquí? ¡Akula ha perdido completamente el juicio! ¡Nos ha enviado el guión de una serie de televisión en vez del informe!—

Por lo que Grazovich sabía, no era la primera vez que se cometía aquel error.

En la Agencia aún se comentaba la historia del agente destacado en España; aficionado a las novelas de descarga directa, el tipo se había confundido y, en vez de enviar el informe sobre las defensas de la Base Aeronaval de Rota, había enviado por los canales de máxima seguridad los diez primeros capítulos de una novela sci-fi. En concreto, se trataba de la post-apocalíptica Dai-Go Shotai, novela de un español sobre una invasión extraterrestre por parte de una raza élfica muy similar a las Criaturas Mágicas de Eoin Collfer.

El director Lianov había despedido a este agente fulgurantemente en cuanto llegó a la parte en la que el autor del libro describía que Rusia y Estados Unidos se habían aniquilado mutuamente con los ICBM's, en vez de usarlos para atacar a los invasores alienígenas.

En los círculos de los agentes más rasos, se decía que el despido había sido motivado no tanto por el error, sino por que al director no le había gustado la trama de la novela. Un error de aquel tipo habría sido más propio de un agente novato, pero se suponía que Akula era de las mejores.

Inseguro, Grazovich descolgó el teléfono y llamó a Lianov directamente a su oficina, saltándose a su secretaria, que por otra parte ya se había ido a dormir. Por la hora que era, lo más probable era que su jefe estuviera, o bien a punto de irse a casa, o bien acabase de llegar.

—Director Lianov, soy Grazovich. Ha llegado el informe—anunció sin más preámbulos—. Pero creo que ha habido una equivocación por parte de Akula. Este informe... bueno, mas bien parece una obra de ficción.—

¡¿Ha leído el informe usted mismo?!—se encolerizó su superior.

Grazovich dudó. A Lianov le molestaba mucho que los oficiales leyeran los informes secretos antes que él, ya que lo consideraba una falta de respeto a la cadena de mando.

—Bueno...—dudó—. No pude evitar echarle un vistazo al recibirlo. Además—alegó en un rapto de inspiración—no puedo ser el Control de la Misión si no tengo nada que controlar.—

Para su sorpresa, Lianov pidió más datos, en vez de seguir regañándole.

¿Y cual es su valoración?—quiso saber su superior.

El informático meditó, buscando las palabras adecuadas.

Todo aquel informe era tan carente por completo de lógica, que le costaba creerse que Lianov estuviera dispuesto a tomárselo en serio. Como era muy poco probable que el jefe hubiera perdido el juicio, decidió que disponía de información avanzada que el, Grazovich, no tenía.

—Si no lo he entendido mal, Akula habla de un superordenador (cuyas coordenadas, por cierto, no son mencionadas en ninguna parte) que supuestamente alberga un mundo virtual en su interior—resumió mientras hojeaba el documento—. Esa supuesta maquina tiene además tres aparatos anexos, que Akula denomina "escáneres". De acuerdo con el informe, esos llamados escáneres permiten a la gente viajar desde nuestro mundo al interior de ese mundo virtual...—

Llegó a una página en concreto donde destacaba en negrita una palabra de cinco caracteres.

—Ah, aquí está. Ese mundo virtual tiene un nombre; Lyoko, lo llama. L-Y-O-K-O—deletreó con cautela—. Ignoro lo que significa, y parece que ella también. Figura el nombre, sin mas; lo más parecido es que "es el nombre que le dio un hombre al que los estudiantes conocen como Franz Hopper". Tal vez en nuestros archivos figure algo al respecto.—

Si hubieran estado en el mismo despacho, habría visto en el rostro del director del Servicio de Inteligencia Extranjera una expresión de triunfo tal, que solo era comprensible si le hubieran informado que Estados Unidos y China se habían aniquilado mutuamente, sin el precio de provocar una catástrofe mundial. Lianov aferró el teléfono con fuerza mientras encendía un habano febrilmente con la otra mano, tratando de controlar su emoción.

Por fin, tantos años de frustración y maquinaciones empezaban a dar sus frutos. ¡Que pena que Ismail no estuviese allí para compartir aquel momento de triunfo! ¡Y no digamos Vladimir!

Pero no podía hacer nada más al respecto en tanto no examinase personalmente las pruebas. Y por el momento las pruebas no eran precisamente alentadoras...

—¿Está seguro?—insistió dando una calada, pensativo.

Grazovich era de los mejores informáticos de su generación, algo que era muy bueno. Lo malo era que se trataba de la generación posterior al Colapso.

Lo cual se traducía en que, a ojos de Lianov, era terriblemente informal y tendía a cuestionarse prácticamente todo, incluido lo que le decían sus superiores. Algo que normalmente no sería un problema, pero que en aquel caso en concreto, que bordeaba lo simplemente increíble hasta llegar a límites más propios de la ciencia ficción, podía ser muy negativo.

Necesitaba un khaker voiny, un hacker de guerra, en el que pudiera confiar plenamente, para llevar aquel asunto a un final satisfactorio para la Rodina.

Completamente. Léalo usted mismo si no se fía—confirmó el informático—. Debería encontrarlo en el servidor. También dice algo acerca de un barco chino. ¿Qué desea que haga al respecto?

—Deje que lea el informe. Quiero verlo con todo detalle. Por el momento no haga nada—Lianov consultó el reloj especial que tenía en la pared, un modelo que tenía ocho agujas pequeñas de diferentes colores, cada una con una pequeña pantalla digital en la que podía leerse el nombre de una capital mundial. Si se buscaban aproximaciones más precisas, siempre se podían consultar los relojes digitales de debajo—. A estas horas, Akula estará durmiendo. Necesito que esté descansada, así que no la moleste.—

Entendido, señor—asintió Grazovich antes de que su jefe cortase la comunicación.

Cuando terminó de leer el informe, Lianov fue a coger el habano y se encontró que ya se había consumido en el cenicero. De ser cierto, aquello prometía ser un premio incluso mayor del que había esperado en sus sueños. No un Proyecto Carthago, el botín por el que había trabajado antes del Colapso, sino nada menos que un "Carthago 2.0". ¡Y plenamente operativo!

Con una decisión tomada, alzó el auricular y marcó un nuevo número en el teléfono.

—Con el Ministerio de la Guerra—ordenó autoritario—. Es sumamente importante que hable con el Almirante Vadimirov, y no me importa lo más mínimo si está durmiendo...—

Escuchó las débiles protestas del burócrata del otro lado y perdió la paciencia.

—¿Cómo que "qué clase de importancia"? ¡Estratégica para la nación, y no lo digo por decir, apparatchik piojoso! Así que a paso ligero. ¡Hop, hop!—

Sin esperar respuesta, pulsó el botón de colgar y marcó un segundo número.

—Preparen un comando de asalto para ayer—mandó a la persona que estaba al otro lado—. Estoy negociando los medios para la misión. Les quiero en el Mando Naval de Extremo Oriente antes de que amanezca. Allí recibirán instrucciones adicionales.—

Enseguida, señor—asintió la voz al otro lado de la línea—. Estaremos listos.

—Eso espero—Volvió a apretar el botón de colgar y empezó a marcar un tercer número, el número que había reservado para el final... y se detuvo a la mitad.

Meditó sobre aquello. ¿Realmente estaba dispuesto a llevar aquella misión hasta el final?

En la época de su primera misión, cuando eran el, Ismail y Vladimir contra el mundo, dirigidos por los cabezas locas del KGB, no habría tenido el menor problema. No sería hasta más tarde que había comprendido que en aquella época, como agente táctico, había muchos factores a tener en cuenta, de los que no había tenido ni idea. Era un ejecutor, no un estratega. Entonces no había elaborado los planes, había seguido planes ya dados y los había modificado a su manera cuando eran susceptibles de mejorar.

Ahora él era el estratega, y precisamente porque era consciente de todo lo que se jugaban, de que manera las condiciones eran claramente diferentes a las de entonces, vacilaba...

Una vez que hablase con la persona que estaba al otro lado del teléfono, ya no podría detener la maquinaria del Estado ruso. La misión continuaría, con el al timón o con cualquier otro, hasta su triunfo... o hasta otra amarga decepción.

Paseando la vista por el despacho, reparó en una esquina donde una bandera tricolor ocupaba el lugar de honor, delante de un estandarte del Cuerpo de Ejércitos del Centro.

"Ojalá mi viejo amigo hubiese aceptado entonces unirse a nosotros. Entonces la historia habría sido muy diferente... Tal vez aún seguiríamos siendo la Soyuz..." pensó, antes de menear la cabeza.

No, eso por si solo no habría bastado. No en aquella época; ya era demasiado tarde para que nada, ni siquiera el Proyecto Carthago y Athena unidos, pudieran salvar a la Soyuz. La crisis ya estaba demasiado avanzada para poder ser frenada, ni siquiera minimizada...

"Pero puedo hacer algo por la Madre Rusia" admitió dejando el auricular sobre la mesa. Aún caída, la Madre Rusia seguía siendo poderosa. Pero podía serlo aún mas, debía serlo. No tenía otro remedio: en Occidente se estaban confiando, el Presidente americano llevaba casi cinco años dando muestras de una política exterior autoritaria, errática y expansionista. La seguridad de que una Rusia "debilitada" no intervendría había permitido al personal de la OTAN repetir la última gran aventura soviética: invadir y ocupar militarmente Afganistán.

Irónicamente, en Afganistán los americanos se habían encontrado luchando contra los mismos fanáticos islámicos a los que ellos mismos habían armado y entrenado en los años 80 para luchar contra ellos, contra la Unión Soviética. De no haber perdido a varios buenos camaradas en aquel estúpido conflicto, Lianov habría considerado aquello como justicia poética.

Lianov sabía bien hasta que punto Rusia seguía siendo poderosa; había sido uno de los pocos que estaban en el secreto de los planes, planes desempolvados de la época más oscura de su historia. Planes para engañar al enemigo, ofreciendo al mundo una imagen exagerada de país debilitado y arruinado, en espera de una oportunidad mejor.

Una genialidad que aun así no podía negar el grave daño causado por el Colapso. Con la caída del Politburó, los nuevos burócratas ignorantes que habían tomado el poder se habían puesto a meter la tijera en proyectos de los que no tenían ni idea.

Muchos de los viejos proyectos habían sido cancelados, y los activos públicos malvendidos a tales niveles que prácticamente se podía decir que habían sido regalados.

El personal del Proyecto Athena, que el mismo había escogido y mimado, había sido licenciado y derivado a otros lugares; muchos de ellos se habían largado a Occidente, a lugares donde se apreciase su talento. La Base Soyuz, hogar del Proyecto Athena, había quedado abandonada y olvidada. La flota soviética, orgullo de la nación, se pudría en los muelles de Murmansk; los aviones se oxidaban en las bases aéreas, el transbordador Buran se había perdido cuando un maldito almacén se le había hundido encima, ¡y encima el nuevo Gobierno de Ucrania se había quedado con el único maldito AN-322 que existía en el mundo!

Empezó a marcar los números a toda prisa. Por el momento, los americanos llevaban ventaja. Incluso sin los Hopper, seguían contando con su equipo Carthago original. No había ninguna razón por la que no fuera a ser así; los americanos no solo no habían recortado su presencia militar en Europa, sino que habían hecho exactamente lo contrario, desplegando cada vez más tropas y prácticamente obligando a los países de Europa Oriental a ingresar en la OTAN.

Aparte de eso, las invasiones de Irak y Afganistán mostraban bien a las claras sus intenciones agresivas e imperialistas. En esas circunstancias, era imperativo para la supervivencia nacional el poseer su propia versión de Carthago.

—Buenas noches, señor Presidente—saludó Lianov con tono respetuoso—. Lamento mucho el tener que molestarle a estas horas, pero es muy importante. Verá, tenemos información que me permite suponer que podríamos tener acceso a Athena 2.0.—

Silencio al otro lado de la línea.

Doy por supuesto que está completamente seguro de lo que está diciendo, director Lianov—se oyó finalmente la voz del segundo hombre más poderoso de la Tierra.

—Existe una probabilidad muy elevada, en efecto. Seguimos trabajando en ello.—

En ese caso, sigan trabajando e infórmenme cuando esa probabilidad elevada se convierta en una certeza—ordenó el Presidente—. Dios sabe que aún me arrepiento de no haber insistido más en la confrontación de Dresde. Pero entonces no teníamos información que tenemos hoy.

—Lo se, señor Presidente. Una pena, pero no tiene sentido llorar por el ayer.—

Tiene razón. Ocupémonos del hoy para asegurar un mañana mejor. Está usted a cargo de las operaciones relacionadas con... Athena. Siga el procedimiento habitual.

—Bueno... Es que hay un problema... que implica a un barco chino...—Lianov le ofreció a su superior una versión abreviada del problema del Xue Long, así como de las medidas que había puesto en marcha para ello—...y esperaba que apruebe esas medidas.—

Como le digo, es una cuestión táctica. Pero sean discretos, y nada de muertes innecesarias. No somos americanos para entrar por ahí disparando tiros. Somos jugadores de ajedrez.


El Kadic.

Por la mañana.

—...y entonces las funciones cuadráticas son...—

Jeremie bostezó aburrido. Si había alguna clase que le aburría más que la de Educación Física, era la de Matemáticas, pero por el motivo contrario; si en Educación Física era el peor de la clase, en Matemáticas ya se lo sabía todo. ¿Y que gracia tenía prestar atención en una clase en la que el profesor sabía menos que el?

Lo bueno de aquello es que le permitía pensar en sus planes de ataque contra XANA. Una parte de el le amargaba, porque esa parte se alegraba de volver a tener un reto de aquel tipo.

XANA era lo más parecido a un igual intelectual, un rival digno de ese nombre, que Jeremie se había encontrado en su vida. Un reto al que no podía resistirse.

Los compañeros del Kadic que no estaban al tanto de las actividades de los Guerreros de Lyoko creían que su "rival final", su oponente número uno, era Hervé; no sabían nada. Por bueno que fuese Hervé en robótica y ciencias, al ser comparado con la malignidad de XANA, no era nada, absolutamente nada. Era casi más molesta Sissi que Hervé, pensó...

Que pensando en eso, era muy extraño que Sissi no les hubiese vuelto a molestar en lo que llevaban de curso. El año pasado, había estado muy pesada tratando de averiguar que era lo que estaban tramando. Más de una vez, habían tenido que activar la Vuelta al Pasado solo para anular los efectos de la intromisión de Sissi donde nadie la llamaba...

—...Jeremie—le llamó el profesor.

—¿Qué? Ah, si, el tetramonio de sodio se combina con el pentacloruro de amonio para...—empezó a decir Jeremie por puro reflejo.

Los alumnos se rieron. El profesor de Matemáticas le echó una mirada asesina.

—Estaba preguntándote por las funciones cuadráticas—explicó con tono hastiado—. Pero como veo que mi clase te parece tan interesante que te duermes, haz el favor de salir a la pizarra y resolver esta muy sencilla fórmula.—

Jeremie alzó la mirada y se encontró que la mitad de la pizarra estaba ocupada por una fórmula de esas que Odd llamaba "sopas de letras"; todo lleno de X, Y, Z, signos ortográficos varios y al menos cuatro juegos de paréntesis.

—De acuerdo—suspiró antes de salir a la pizarra. Argh, en aquel momento no estaba de humor para perder el tiempo pensando en aquellas fórmulas. Tenía cosas mejores que hacer, como por ejemplo pensar como derrotar a XANA.

Empezó a escribir los números y signos de forma automática, mientras seguía dándole vueltas al asunto. Para empezar, estaba el asunto de que XANA sin duda tendría sorpresas para ellos. El que hubiera construido una Replika en un barco era algo tan extraño que no podía evitar pensar que era parte de algún plan maestro. La duda era cual. Y como hacerle frente.

De todos modos, pensó, tenía un problema más apremiante: Taelia y William. ¿Qué se suponía que debía hacer con ellos exactamente? No se fiaba de ellos lo suficiente para volverlos a llevar a la Fábrica, pero tampoco podía ponerse a reclutar más personal. ¿De donde iba a sacarlos? ¿Y como podía saber que no acabarían siendo igual, o peores que William?

Y eso sin contar con el asunto Sergei Kruchov, el hombre que había tratado de entrar en la fábrica en pleno ataque de XANA. ¿Coincidencia? Muy poco probable.

Jeremie había tratado de buscarle en las bases de datos, sin éxito; no solo no había encontrado ninguna huella digital de Sergei Kruchov en las bases de datos públicas, sino que tenía la impresión de que, de algún modo, habían estado monitorizando su búsqueda.

Hablando de coincidencias, también era muy poco probable el resultado que había obtenido en la comparativa de los programas de Aelita y Taelia. Pero ahí seguía la cifra para martillearle en la cabeza: coincidencia del 66,5%. Una probabilidad entre 700 millones, según las estadísticas de la Policía francesa. Y Jeremie se negaba a aceptar que Taelia fuese la persona 700 millones.

Según las leyes de Laplace, era simplemente imposible.

"Pero al ordenador le ha bastado" recordó apretando la tiza con mucha furia "El ordenador la dio por buena y le permitió activar el Code Lyoko. Un ordenador al que no se puede engañar."

"Bueno, también William puede activar el Code XANA" le recordó su yo racional.

"¡Eso es diferente! Ni siquiera William sabe que clase de cosas le hizo XANA mientras estaba en el Mar Digital. No le costaría nada ajustarle para poder hacer eso. Con toda la información que le robó a Aelita, seguro que fue muy fácil..."

"Concretemos. ¿Lo que te molesta es que haya otra Aelita, o que no te admire?"

"Yo no soy así."

"Oh, si que lo eres. Admítelo. No te gusta que nadie te pise el trabajo. Estabas muy contento con la dinámica del equipo. Tú, el genio. Aelita, la heroína. Los demás, los brazos ejecutores. Y ahora ha llegado una chica que, por lo que has visto hasta ahora, combina los tres papeles en uno solo. Además está William. Ha pasado de enemigo a aliado. ¿Qué vas a hacer ahora, Jeremie?"

Jeremie estaba asombrado. ¿De verdad pensaba esas cosas? No podía ser verdad, decidió. La tensión era la que le estaba haciendo eso.

Para cuando acabó de resolver el problema, seguía igual de confuso que antes, pero al menos había alcanzado una determinación. No iban a volver a perder por culpa de no tener suficientes personas en el equipo. Tendría que tragarse el orgullo, decidió.

"Solo espero que el resto del grupo no proteste demasiado..."


La Fábrica, por la tarde.

Después de las clases, el resto del grupo se había reunido en la fábrica de nuevo. Como de costumbre, Odd había llevado a Kiwi con ellos.

—Jeremie, ¿qué estamos esperando?—preguntó Yumi, al ver que Jeremie no mostraba la menor intención de enviarlos a los escáneres.

—Estamos esperando al resto del grupo—explicó este con tono serio, sin dejar de teclear.

—Pero si ya estamos todos...—objetó Ulrich.

—No. Todos no—señaló Aelita—. Falta alguien. Que estuvo en nuestra última batalla.—

Ulrich maldijo, comprendiendo a que se refería Aelita.

—No puedo créermelo—se quejó Yumi—¿En serio? ¿Aún después de lo que pasó la última vez? ¡No quiero tener que pasarme otros seis meses persiguiendo a William por la red!—

—Es necesario reforzar el equipo. La primera vez nos costó muchísimo derrotar a XANA, esta vez necesitaremos mas personal—Jeremie se ajustó las gafas—. O les enviamos a ellos o no enviamos a nadie. ¿A quien sugerirías en su lugar? ¿Tal vez a Jim? ¿Hiroki? ¿Milly y Tamiya?—

Yumi apretó los puños, pero no dijo nada. Tampoco era como si tuvieran muchas opciones.

—Además, XANA ya los conoce. Con seguridad, tratará de matarlos o capturarlos, como ya hizo con nosotros—continuó Jeremie—. Necesitamos que estén cerca de nosotros; para poderlos proteger mejor, si lo queréis ver así. Y así solucionamos dos problemas a la vez...—

—Pero...—

Ese fue el momento en que se abrió la puerta del ascensor.

—Vaya, vaya—anunció William entrando con arrogancia, ignorando las miradas asesinas de Yumi, Ulrich y Odd—. No esperaba que me volvierais a admitir en el grupo.—

—Yo ya ni contaba con que os acordaseis de mi—Taelia había hecho una entrada más discreta, pasando desapercibida detrás de William—. Me sorprendió recibie tu mensaje, Belpois.—

—No malinterpretes esto, Dunbar. Y tú tampoco, Ermitage—Jeremie miró con severidad a Taelia y William, quienes se esforzaban por no reírse de lo serio que se había puesto el rubio—. Estáis aquí solo porque necesitamos todos los refuerzos posibles. No porque realmente confíe en vosotros. ¿Habéis entendido?—

—Claro que si, hombre—asintió Taelia.

—¿Quién te ha nombrado capitán de este equipo?—protestó William.

Jeremie se recolocó las gafas.

—No es una cuestión de quién es el capitán, sino de confianza—corrigió, antes de girarse hacia el ordenador y empezar a teclear—. Y por el momento, no habéis hecho nada para merecerla. Más bien darme motivos para desconfiar de vosotros. Así que id a los escáneres. Empezaré enviando a Odd, Taelia y Yumi.—

No añadió que no se fiaba de enviar a Taelia y Aelita a la vez. ¿Para que? Solamente les habría preocupado, y ya estaban todos bastante intrigados porque Taelia hubiera logrado "engañar" al superordenador. Teniendo en cuenta que no tenía información completa sobre ese tema, no quería arriesgarse a que las dos chicas quedasen fusionadas en una sola o algo parecido...

Se imaginó aquella escena: una Aelita con un ojo de cada color, vestida con tejanos en vez de falda, que poseyera el físico de su chica pero el carácter pendenciero de Taelia. No, decidió con un escalofrío de horror; no podría vivir con una chica que primero me besa y luego trata de estrangularme. Que otro masoquista aguantase a Taelia si era necesario; el desde luego prefería a Aelita. Además, así Odd dejaría de tontear con Aelita...

Se detuvo a medio teclear. Otra vez. ¿Pero que pasaba? Ya estaba de nuevo atribuyendo malas intenciones a los demás. Bueno, era cierto que Odd y Aelita se llevaban muy bien, pero...

Introdujo los códigos y sus compañeros desaparecieron en los escáneres. Luego envió al segundo grupo: Aelita, Ulrich y William.

Bostezando con cansancio, se dispuso a esperar mientras Aelita les conducía con el Skid hasta la Replika... momento en que se acordó de un problema relevante.

—Aelita. Aelita, ¿me recibes?—

Te recibo, Jeremie. ¿Qué ocurre?

—Me acabo de dar cuenta—Jeremie suspiró—. Cuando diseñamos el Skid, le pusimos cinco plazas, pero vosotros sois seis. Uno de vosotros deberá quedarse en Lyoko.—

Murmullos de decepción.

¡¿Queeee?! ¿Y nos lo dices ahora? ¿Pero que clase de analista estratégico eres?—protestó Taelia.

Jeremie meneó la cabeza. Ahora a ver quien se quedaba en Lyoko, ¿y que se suponía que era un "analista estratégico"?

Oh, bueno, eso no debería suponer ningún problema—intervino William.

—¿Y eso por qué?—Jeremie frunció el ceño; si había algo que le molestaba, era que se metiesen en su terreno.

Bueno, tenemos una plaza en otra nave—explicó William.

En el Sector 5, William dejó de hablar y se llevó la mano al símbolo de XANA que aún lucía en el pecho de su traje. Apretó el centro del símbolo con el dedo y extendió el brazo; una pantallita se materializó flotando encima de su muñeca, como una versión más pequeña de las que aparecían en las torres. Introdujo unos cuantos comandos y esperó.

—¿Qué estás haciendo exactamente?—se indignó Yumi, sacando sus abanicos.

—Sabes que no nos fiamos de ti ni un pelo—intervino Odd.

—Oh, por favor, no seáis tan suspicaces—gruñó William con disgusto; tanta sospecha le estaba empezando a cansar—. No he avisado a XANA si es lo que pensáis. Estaba llamando un taxi, como le gusta decir a Odd.—

Mientras decía eso, una nave de diseño similar a una cuña ascendió desde la entrada del túnel y se detuvo junto a ellos. Los Guerreros de Lyoko la miraron con cierto recelo; recordaban bien las constantes batallas que habían tenido contra esa nave, pilotada por William-XANA.

—¿Teníamos una segunda nave?—se extrañó Taelia—. Pero... parece diferente.—

—Es diferente—matizó William con cierto orgullo—. Es el Rorkhal. Lo construyó XANA para mi cuando... eh...—dudó, inseguro.

Cuando fuiste tan idiota como para dejarte capturar—intervino Jeremie desde ninguna parte—. Os recuerdo que tenemos una Replika flotante que destruir.

—Vaaale—asintió William entrando en la nave—. Nos vemos en la Replika.—

Despegó sin más y se alejó de ellos. El resto del grupo se dirigió a la plataforma del Skid.

—¿Y ahora que?—quiso saber Taelia.

—Ahora te sientas en la cabina y disfrutas del viaje—explicó Aelita, mientras se colocaban en las plataformas—. Puedes entretenerte consultando el manual de control del NavSkid.—

El viaje hacia la Replika transcurrió sin mayores incidentes, algo que hizo enarcar las cejas a Jeremie. Pero no demasiado; por regla general, los problemas empezaban en la Replika en si, y durante el viaje de vuelta. En el viaje de ida XANA solía dejarles en paz, pero aun así tanta calma se le hacía sospechosa.

Esperaba encontrarse algo extraño en su punto de destino, pero nada: el Xue Long seguía flotando en el Pacífico, fuera de las rutas comerciales, y ajeno a toda su actividad. Al activar la torre para amarrar el Skid, aprovechó para echarle un vistazo a los sensores del barco: nada en las cercanías. Bien. Aunque era extraño que no hubiera aparecido aún ningún grupo de rescate o algo parecido, era mejor para todos. Sería solo entrar, atacar y salir.

Y así se lo expuso al grupo.

No será tan sencillo, genio—le recordó William—. Olvidas a XANA.

—No lo olvido. Me preocupa más que no haya venido nadie aún al barco—explicó Jeremie.

No creo que sea tan fácil encontrarlo, ¿no? Es decir, el Pacífico es muy grande...—señaló Ulrich.

Cierto, pero ahora todo tiene chips localizadores—intervino Odd—¿Es que no habéis visto Valkyrie Special Operations? Todo tiene un chip de GPS.

—Como sea. Vamos a trabajar—Jeremie suspiró—. Yumi, Odd, vosotros iréis primero. Luego enviaré al resto. Dejaré a Ulrich y William de guardia.—

¿Queee?—protestaron los dos.

No me parece una distribución correcta—intervino Taelia.

Jeremie maldijo. Maldita sea, ¿Por qué todo el mundo se empeñaba en cuestionar sus órdenes?

—¿Y por que no?—se quejó.

Estás enviando a tus combatientes de larga distancia a un entorno donde primará el combate cercano, como es el interior de un barco. En cambio, dejas a los de combate cercano en una zona donde hay amplios espacios para disparar. Una distribución más equilibrada requiere un luchador de corta distancia, uno de larga, y un técnico. Que en este caso seríamos Aelita y yo, las que podemos hacer esa cosa rara... el Code Lyoko. De acuerdo con los principios de la estrategia militar...—

—Soy yo quien elabora las estrategias—la cortó Jeremie con dureza.

Tecleando con más fuerza de la necesaria, introdujo el código de teletransporte. Primero enviaría a Odd y Yumi de reconocimiento al barco, antes de enviar a los demás.

—Teletransportar Yumi—anunció pulsando Enter—Teletransportar Odd.—

Pulsó otra vez. Los impulsos electrónicos se concretaron en los dos chicos desapareciendo.

Xue Long, Oceano Pacífico.

Segundo intento de destruir el superordenador.

20 de Septiembre de 2005, 19:00 hora de Francia.

Nada mas aterrizar en la cubierta del barco, Yumi intuyó que en aquella ocasión había algo diferente. Y no se trataba de que fuese noche cerrada.

Tardó poco en percatarse de que era lo diferente; a escasos cinco metros de ella, tres hombres de expresiones duras, vestidos con uniformes militares negros, chalecos antibalas y armados hasta los dientes con fusiles que parecían sacados de las películas que le gustaban a Odd, la miraron fijamente. Un cuarto hombre asomó por encima de la borda, trepando por una escalera de cuerda sujeta a la barandilla.

—Jeremie, creo que tengo un problema...—empezó a decir.

El hombre más cercano le disparó una ráfaga con el fusil. Yumi gritó; a pesar de que las balas la atravesaron como si fuera un fantasma, notó una desagradable sensación como si le hubieran clavado agujas. Se agachó tras una escotilla y trató de alejarse... en el instante en que Odd se materializaba en la cubierta.

—¡Que bien, las tropas del Coronel Leonid!—se alegró Odd al ver a todos aquellos tipejos; dio un ágil salto y se colocó encima de unas cajas, antes de disparar sus flechas. El hombre que estaba disparando a Yumi recibió el impacto y cayó por la borda—. Aunque las del Coronel Leonid en Terror en el Hospital eran mas duras que vosotros...—

Los otros tres restantes se dividieron; uno fue a por Yumi y los otros dos avanzaron a por Odd, al que dispararon. El chico-gato desapareció corriendo a cuatro patas, ignorando las protestas y esquivando las balas como pudo.

—Ay, que mal carácter. ¡Jeremie, ¿no se suponía que no había torres activadas?!—se quejó.

En la fábrica, Jeremie estaba tecleando instrucciones en el programa de la Replika, extrañado por lo que le mostraban en segundo plano las cámaras del barco; ¿de donde habían salido aquellos hombres armados?

Activó una nueva utilidad que había programado en tercer plano y esperó mientras el ordenador buscaba coincidencias; desde la intrusión de Kruchov, había estado pensando en como saber si les estaban siguiendo los pasos. Por el momento, lo único que había conseguido programar era un identificador de armas y logotipos militares; algo poco útil en Francia, pero que en aquel momento parecía le iba a servir de algo. En la ventana emergente habían aparecido los diagramas de los fusiles y paginas de información.

—No hay ninguna torre activada—confirmó—. Y he logrado identificar a esa gente. Si sus armas nos sirven como indicio, habéis aterrizado en medio de un comando de las fuerzas especiales rusas.—

¡Vaya, gracias, genio! Ya lo había deducido yo solito, llevan AK's—dijo Odd con tono irónico—¿Y se puede saber como han aparecido aquí tan rápido y con ganas de pelea? ¡Se supone que son aliados de los chinos!

¡Vaya, gracias, genio! Ya lo había deducido yo solito, llevan AK's—dijo Odd con tono irónico—¿Y se puede saber como han aparecido aquí tan rápido y con ganas de pelea? ¡Se supone que son aliados de los chinos!

Jeremie meneó la cabeza. Aquellos temas se le escapaban. Decidió que tal vez había sido descuidado. Confiado en los sensores, no se había molestado en activar las cámaras del barco hasta aquel momento, ni en revisar la zona con satélite. Cosa que hizo ahora; entró en un satélite chino que andaba por la zona, lo ajustó y escudriñó el mar.

No tardó en encontrar lo que buscaba.

—¿Pero como han llegado hasta allí?—se extrañó el informático observando la imagen de satélite; el barco seguía aislado en medio de la nada, salvo por un par de lanchas inflables de color negro, atadas a la borda con garfios. Unas naves demasiado pequeñas para simplemente haber navegado en ellas desde la costa.

A bordo del Xue Long, Yumi había logrado bajar al nivel inmediatamente inferior al de la cubierta, donde no parecía haber nadie. Oyó más disparos procedentes de la zona del puente, seguidos por un par de pequeñas explosiones, y escuchó; aquella gente parecía haberse encontrado con los drones de XANA y plantándoles cara con energía.

Estaba inquieta por primera vez en una misión de aquel tipo; hasta entonces, sus únicos rivales en las misiones en la Tierra habían sido los humanos poseídos por XANA y las propias máquinas de XANA. Incluso entonces, se había tratado de personal técnico, no de gente con preparación y equipamiento militar.

"Menos mal que este teletransporte es a prueba de balas..." fue el único pensamiento que acudió a su mente con un escalofrío; de haber aparecido con su cuerpo real, seguramente ahora solo sería un cadáver en la cubierta del barco.

Una cosa era enfrentarse a la abstracción de morir en Lyoko, ya fuera cayendo al Mar Digital o por uno de los múltiples fallos del sistema (todavía tenía pesadillas recordando aquella vez que había quedado perdida en la Red a bordo de su NavSkid (0), pero otra muy diferente era enfrentarse a una posible muerte provocada por adversarios humanos.

Fuera como fuese, tendría que repensar su estrategia; oyó tras ella los fuertes pasos de un hombre, tal vez dos, y aceleró el paso. Con aquellos tipos por allí, el acceder directamente al superordenador iba a ser imposible...

Habría que despistarlos como fuera.

"Menos mal que son solo tipos con armas... ¿Pero de donde han salido? No había ningún barco por aquí cerca, o eso dijo Jeremie..."

Submarino AS-15 de la Armada de la Federación Rusa.

15 kilómetros al este del Xue Long.

El AS-15 era el único submarino de su clase que le quedaba operativo a la Armada de Rusia, así como en el resto del mundo. Perteneciente a una clase de tres submarinos de operaciones especiales desarrollados en los últimos días de la Unión Soviética, el Colapso había acabado con toda posibilidad de completar los dos que faltaban, por no hablar de la posibilidad de incorporar mejoras.

Como submarino de operaciones especiales, en cambio, era excelente; su pequeño tamaño, unido a su poderoso reactor nuclear, lo convertían a la vez en un peligro público para sus 36 tripulantes en caso de accidente… y en la opción ideal para transportar comandos de asalto a través de grandes distancias navales.

Por ejemplo, para abordar naves en aguas internacionales en busca de materiales peligrosos.

—Señor, informe del comando de asalto—anunció la oficial Jeckerov desde el puesto de radio.

—¿Que dicen?—inquirió el capitán Nikolai Kovalev.

Jeckerov escuchó, las gafas brillándole por la luz de las pantallas, mientras leía los informes por escrito que sintetizaba la máquina, transcribiéndolos.

—Afirman que han aparecido de la nada dos intrusos—fue informando a medida que llegaban los datos—. Una chica disfrazada de geisha y algo con cola y vestido de morado que... bueno, no saben muy bien qué es exactamente. Hablan en francés y han dicho algo de un tal "Jeremie". Las balas no les hacen nada, por cierto.—

El capitán Kovalev meditó, buscando una decisión. Como oficial de inteligencia, además de capitán de navío, estaba habituado a que surgieran todo tipo de complicaciones. Sin embargo, lo habitual era que esas complicaciones se atuvieran a las leyes de la física.

—Saquen al Domovoi—ordenó con firmeza—. Si hay un momento apropiado para probarlo en combate, es este. El MVD no nos lo asignó para que lo tuviésemos acumulando polvo en el almacén, ¿verdad?—

Jeckerov enarcó los ojos.

—Pero señor, nunca hemos lanzado ese aparato desde un submarino...—dudó.

—También se supone que no existe, y sin embargo lo tenemos. Ande, láncelo. Si algo puede detener a enemigos que no temen a las balas, es eso—Kovalev se giró hacia el panel de control e impartió órdenes adicionales—¡Profundidad de lanzamiento! Todos los sistemas en alerta. Vamos a lanzar el pájaro.—

Jeckerov asintió, antes de abrir una maleta que tenía debajo del escritorio y revelar un sistema de control similar a los de los drones; un joystick, una pantalla de ordenador, un mini-teclado y varios botones secundarios para ajustar los sistemas.

El rugido de los motores se incrementó, probando que el submarino estaba ascendiendo a profundidad de lanzamiento. Ignorando la maquinaria, se centró en su misión.

—Vamos a ver que tal va este aparato...—

Por la esquina apareció volando lo último que Odd esperaba encontrarse.

—¡Oh, mierda! ¡Creí que os habíamos matado a todos la última vez!—maldijo al reconocer aquella figura metálica.

—Odd, ¿que pasa ahora?—se extrañó Jeremie, consultando las cámaras de vigilancia de la nave; los Spetsnaz estaban recorriendo la cubierta o bajando a la sala de máquinas, presumiblemente para detener el barco—. No debería haber ninguno de esos comandos por tu zona.—

Es peor, Einstein, ¿recuerdas esos robots de Siberia? ¡Pues aquí hay uno, y parece muy enfadado porque destruí a sus amigos!

Como para olvidarlos; aquellos robots con armas láser habían sido el último desafío planteado por XANA. Ubicados en la última Replika que se habían molestado en destruir de forma física, se hallaban en una remota base militar ubicada en Siberia. Jeremie había buscado las coordenadas más tarde, en un atlas, y comprobado que se hallaba cerca de un pueblo minero llamado Ust-Nera (1).

Ni se había molestado en comprobar que pasaba con los robots; al haber destruido el superordenador, era imposible teletransportarse y comprobarlo, y de todos modos la base tenía todo el aspecto de llevar abandonada décadas. Luego habían surgido otras prioridades, y había olvidado el asunto por completo.

Hasta ahora.


¡Hola de nuevo a todos! Siento haberos tenido un poco abandonados estos días, pero entre mi vida real, mis otros proyectos que trato de seguir y un bajón de ideas, he andado poco inspirado. Además, está el asunto de que, aunque tengo la trama medianamente hilada y lista, es al pasarla al ordenador cuando se me hace mucho mas complicado. Gomenne.

A Natsumi Niikura: Me han hecho mucha gracia tus comentarios, espero que sigas leyendo y te siga gustando tanto como a mi me encanta tu versión, tanto ADQST como Xanadú (aunque en ADQST me da que los últimos capítulos son algo mas raros... debo volverlos a leer...). Aparte de eso, como te digo, ya se verá quienes son los espías... Y hombre, la madre de Yumi en concreto no, pero si que tengo planes con Hiroki... Efectivamente trato de sembrar detalles, lo cual a su vez me preocupa, porque pienso "A ver si en una de estas siembras le doy demasiada información a Natsumi-chan, es demasiado aguda para que se le escape..."

TitoKenny10: ¡Hola! Bienvenido a mi historia. Me alegra haber captado tu interés y espero que los próximos acontecimientos que tengo pensados te sorprendan agradablemente.

A todos los demás, igualmente, muchas gracias por leerme. A los que no comentáis pero me leeéis... por favor, no creo que sea tan complicado^^. Espero que os hayais emocionado con este capítulo.


Notas de autor

(0) Como se vio en el episodio 77 de la serie de Code Lyoko (4x12 para los que les gusta la numeración por temporadas), titulado "Perdida en el mar" (en francés, Torpilles Virtuelles, es decir, Torpedos Virtuales).

(1) En el episodio 92 de Code Lyoko se facilitan las coordenadas de la Base Soyuz (traducida como Base Unión), que son 63° 16′ 0″ N, 143° 15′ 0″ E.

Según Google Maps, esto la sitúa a diez kilómetros al Este de un pueblo llamado Tomtor, en la República de Sakha (También conocida como Yakutia).

Puede que en nuestro presente (2015 a 2017), consultar Google Maps sea lo mas normal del mundo, pero en Octubre de 2005 prácticamente lo acababan de estrenar; no sería hasta el 6 de Octubre que se lanzaría la versión definitiva. Obviamente Jeremie, al consultar las coordenadas en esa época, tuvo que conformarse con un atlas mundial en papel, que como mucho mostraría el cercano (y más grande) pueblo de Ust-Nerá, con 6.000 habitantes y a bastante mas distancia

En cuanto a la versión de esa época de Google Maps, era un invento demasiado reciente (Febrero de 2005); simplemente todavía no habían incluido Siberia entre las zonas mostradas.