Hi Honeys!

Disclaimer: Los personajes no me pertenecen, son de S.M. Solo la trama, Matt y algún otro personaje más son míos.

Beteado por Mentxu Masen del grupo de betas de Fanfiction Addiction de Facebook.

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6

A la luz de las velas

— ¿Estás completamente segura de querer ir a Viena la semana que viene? ¿No crees que es demasiado pronto, Bella? Alice se marchó hace solo unos días.

—Quiero ir, Matt la echa de menos y no sé si podré tener otra oportunidad de ir a Viena en un futuro lejano —le expliqué.

Estábamos en su despacho, sentados, él detrás del escritorio y yo en una de las sillas que había delante. Discutíamos sobre el viaje a Viena, yo quería ir lo antes posible pero él tenía sus reservas, prefería esperar un tiempo para visitar a Alice.

Hoy era uno de esos días raros en los que Edward no se iba. Estaba vestido como siempre que se quedaba en casa, unos pantalones desgastados cubrían sus piernas y una camiseta roja a rayas tapaba su torso. No sabía cómo me gustaba más, si con esos trajes y esas corbatas tan sensuales o vestido así, de esa manera tan informal que me hacía la boca agua.

Tenía un pequeño portátil encendido en un lado del amplio escritorio, y de vez en cuando se giraba en él para teclear algo, no sabía el que.

—Bella, ¿realmente estás segura?

—Al cien por cien, Edward. Quiero ir a Viena ahora que tengo la oportunidad. —Edward suspiró y se pasó una mano por la cara, exasperado.

—Como quieras, ¿qué día prefieres ir?

—Estaría bien salir el domingo por la noche, para llegar allí pronto por la mañana, ¿te parece bien?

—A mi me da igual, Bella.

— ¿No tendrás ningún inconveniente? —Edward me miró extrañado sin saber a que me refería y arrugó algo el ceño—. Me refiero a que muchas veces te vas a hacer no sé qué,, pero parece algo importante… —Gesticulé con las manos y dejé la frase inconclusa, esperando que me dijera algo sobre sus salidas.

—No habrá problema. Puedo encargarme de mis cosas desde Viena.

— ¿Entonces el domingo?

—El domingo será. ¿Qué te gustaría ver allí? —me preguntó apoyando los codos encima del escritorio y dejando descansar su cabeza en las manos.

— ¿Podremos salir?

—Un poco, supongo. Dime, ¿qué querrás ver de Viena?

—Mmmm… —Cerré los ojos y me puse a pensar, según sabía Viena era un lugar precioso—. El palacio de Sissi —respondí abriendo mis ojos, emocionada.

— ¿Con qué el palacio de Sissi, eh? Supongo que te referirás al Palacio Imperial de Hofburg y que sepas que no es el palacio de Sissi. Fue la residencia de invierno de la familia Habsburgo y en el cual ahora se encuentra el museo de Sissi. —Asentí frenéticamente con la cabeza.

—Sí, ese, ese. ¿Cómo sabes tanto de eso?

—Sé muchas cosas, Bella, que no te sorprenda. Además he pasado algunas temporadas en Viena, con Alice.

— ¿Entonces podemos ir al palacio ese? —pregunté ansiosa agarrando el borde del escritorio.

—Por supuesto.

Edward se levantó, se colocó a mi lado, giró la silla y puso sus manos en mis brazos, su boca viajó a la mía, mordiendo mi labio inferior y tirando de él suavemente hacía atrás. Su lengua se coló en mi boca recorriendo hasta las partes más insólitas de ella. Subí mis manos por sus brazos hasta conseguir rodearle el cuello y poder tirar de él para juntar más nuestros cuerpos, recosté todo lo que pude mi espalda en la silla y curvé mi pecho para quedar aún más pegados. Esa danza erótica y sensual que nuestras lenguas bailaban me provocaba un sinfín de corrientes eléctricas que recorrían cada parte de mi alma.

Cuando el aíre se hizo prácticamente inexistente en nuestros pulmones nos separamos unos pocos centímetros con la respiración jadeante.

—Ahora, Bella, tienes que irte, he de hacer unas cuantas cosas y pasaré todo el día encerrado en el despacho. Quiero que acuestes a Matt temprano y te pongas guapa está noche, tengo grandes planes para nosotros. A las nueve quiero que estés esperándome en las escaleras de la entrada.

— ¿Para qué? —pregunté desconcertada.

—Nada de preguntas señorita. Es una sorpresa, así que solo cumple lo que te digo.

—Eres sin duda alguien inaguantable, Edward.

—Pero me soportas. Haz lo que te he dicho. —Soltó mi agarré de su cuello y se separó de mi ayudándome a levantarme y llevándome hasta la puerta del despacho.

—Edward… —Iba a quejarme, pero no me dejó.

—Nos vemos está noche, Bella. —Me sacó del despacho y me cerró la puerta en las narices, literalmente.

Me dejó allí con la puerta cerrada a unos pocos centímetros de mí. Me crucé de brazos refunfuñando, hoy Edward parecía estar de un humor excelente, sin embargo me había echado de su despacho sin tener un mínimo de consideración. De todas formas no podía quejarme demasiado, había conseguido convencerle para ir en menos de una semana a Viena y ver de nuevo a Alice. Conocería otro de los lugares que tanto había deseado ver desde que de pequeña vi aquella película de Sissi Emperatriz. Suspiré encantada. ¡Vería el Palacio! ¡Conocería el lugar donde Sissi vivió por años! La admiraba con todo mi corazón, fue tan valiente y la gente, su pueblo, la amaba tanto. No tuvo una vida fácil y su muerte no fue preciosa ni esperada, pero… ella tenía algo tan especial…

Decidí subir a la habitación de Matt. Desde que Alice se había marchado no era el mismo niño de siempre, estaba triste, apagado y aquello me preocupaba mucho. No era posible que la marcha de Alice le hubiera afectado tanto, apenas la conocía de unos pocos días y, aunque habían creado un lazo especial entre ellos, no era normal. Por lo menos ahora tenía una muy buena noticia para él, seguro que saber que irían a ver a la tía Alice le volvía a poner de buen humor o eso esperaba.

Matt se encontraba tirado en el suelo rodeado de papeles con garabatos de colores. Hoy mi pequeño artista parecía estar algo más animado. Me acerqué a él y me tumbé a su lado apreciando las líneas rojas, verdes y naranjas de lo que estaba dibujando. No le encontraba sentido al dibujo, así que si me preguntaba debía de ser neutral para que no se diera cuenta.

—Buenos días Matt. —Le salude peinándole el pelo con los dedos.

—Hola mami. —Su dulce y tierna voz sonó algo triste.

— ¿Qué te sucede cariño? —le pregunté apoyando con delicadeza mi cabeza en su espalda.

—Nada mami.

—Matt, ¿por qué estás triste?

—Echo de menos a la tía Alice. —Dejó de dibujar y colocó su cabeza en el suelo formando con sus labios un lindo puchero.

—Shh… —Le cogí en brazos y le acuné contra mi pecho besando su cabecita—. Pronto la veremos de nuevo.

— ¿De verdad? —preguntó agarrando mi camiseta con las manos.

—Estoy completamente segura de ello. El lunes iremos a casa de la tía Alice.

— ¿En serio? —Se apartó de mí bruscamente con un brillo especial en la mirada, ese brillo que perdió cuando Alice se fue. Asentí con la cabeza.

—Sí. Aunque, hay que llamarla para decirle que vamos a ir, ¿quieres llamarla tú?

—Sí, mami, sí. —Se tiró a mis brazos para abrazarme fuertemente.

—Mi niño. —Reí negando con la cabeza e intentando guardar mi preocupación por él para otro momento.

No era normal el lazo que había creado con Alice. Aquello me preocupaba.

.

.

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Maldita cena de esta noche, o lo que sea que Edward tuviera preparado, maldije mentalmente. Me encontraba solo con una simple bata cubriendo mi cuerpo dentro del vestidor. Hacía media hora que había metido a Matt en la cama como Edward me había ordenado y ahora estaba en una lucha interna ya que no me decidía por ningún vestido.

Se me terminaría echando la hora encima y yo estaría sin prepararme. Tampoco sabía cómo me peinaría o maquillaría, era un completo desastre. Miré atentamente los tres vestidos que tenía delante de mí. El azul era sobrio y elegante, sin nada de escote y con un pequeño lazo en un costado a la altura de la cintura, llegaba por las rodillas y tenía un disimulado toque sensual.

El marrón, de un solo tirante, constaba de diferentes tonos tierra. La parte derecha del vestido y el único tirante que pasaba por el hombro izquierdo eran de un color pastel con una textura lisa, y a la vista se veía la tela arrugada. Un pequeño cinturón color chocolate cubría el vestido hasta la mitad de la cintura y el resto era liso y del mismo color. Llegaba muy por encima de los muslos.

El último vestido y por el que secretamente tenía una intensa obsesión era rosa pálido y vaporoso llegando por encima de los muslos. Solo tenía una manga suelta que llegaba hasta el codo y el otro brazo quedaba al descubierto, tenía unos detalles en color plata brillante que bajaban hasta casi el borde del vestido, que tenía una falda suelta. Era una difícil decisión. Suspiré, suspiré y suspiré, así una y otra vez, dándole vueltas a mis tres opciones. Los tres vestidos eran hermosos y cada uno tenía un toque especial, no sabía por cual decidirme.

Cerré los ojos y me puse a pensar detenidamente. No sabía qué era lo que Edward tenía preparado o estaba preparando, pero seguro que sería algo sensual que tendría cargado el ambiente en cada momento. ¿Me llevaría a cenar a algún sitio? ¿Quizás se le quitó el miedo de salir conmigo de esta casa y me llevaría al cine, al teatro? Aquello me ilusionaba, sería como una especie de primera cita y me consumían los nervios por saber que sucedería. Daba igual el lugar al que fuéramos, tenía que ir elegante, sobria, pero sin dejar de ser yo en ningún momento.

Me imaginé al lado de Edward con cada vestido, cogiendo su brazo, andando por las calles de Roma, yendo en coche, y solo uno de esos conjuntos terminó por convencerme.

Abrí los ojos y me detuve delante del vestido rosa pálido. Este era el que más me había gustado en todas las situaciones que había imaginado. Abrí uno de los cajones para sacar un sujetador beige sin tirantes con unas bragas del mismo tono para que no se transparentara nada con el vestido. Me quité la bata y comencé a vestirme lentamente. Miré el reloj y vi que todavía me quedaba una hora para prepararme. Pude respirar con tranquilidad, al final no tenía que correr para estar a tiempo.

El vestido traía un forro interior que se ajustaba delicadamente a cada curva de mi cuerpo para hacerme sentir más cómoda. Una vez con él puesto, me miré en el espejo y quedé maravillada con el reflejo que me devolvió. El vestido simplemente me quedaba precioso, a la perfección. Salí corriendo al baño para peinarme y darme un pequeño toque de maquillaje. Ricé un poco mi pelo con el rizador y cogí dos mechones sujetándolos en mi coronilla con un par de horquillas disimuladas, haciendo que el resto cayera por mi espalda y hombros como una dulce cascada de ondas. Me dejé unos mechones como flequillo, rizándolos hacía un lado de mi cabeza y sujetándolos también con una horquilla para que no cayeran en mi cara. Unté mi cara con algo de maquillaje, me pasé un delineador de ojos negro y con un poco de rímel destaqué mis pestañas. Mis labios los coloreé con un pintalabios de un rosa algo más fuerte que el vestido.

Faltaban diez minutos para las nueve de la noche y todavía me quedaban unos pocos detalles por completar. Volví a entrar corriendo al vestidor y saqué unos zapatos del mismo tono que el vestido con gran tacón y me los coloqué rápidamente. De unos de los cajones cogí una pulsera ancha de brillantes y unos pequeños pendientes que simulaban ser diamantes. Miré de nuevo el reloj, faltaban cinco minutos para las nueve. Respiré con tranquilidad y después de meter un espejo, una barra de labios y mi nuevo móvil en un bolso de mano salí de la habitación y bajé las escaleras. Cuando mis tacones tocaron el suelo del hall principal Edward apareció por el pasillo que llevaba a su despacho vestido impecablemente con un traje negro, una camisa azul eléctrico con los dos primeros botones desabrochados y sin corbata.

—Me gusta tú puntualidad, Bella.

—Es uno de mis mayores dones, Edward. —Se acercó a mí y me dio la mano haciéndome girar en mi propio eje.

—Simplemente perfecta. Hoy estás guapísima.

—Gracias. Tú no te quedas atrás. —Me cogió por la cintura y me atrajo hacía su cuerpo.

—No sabes todo lo que provocas en mí, Bella.

Nuestras bocas chocaron en un largo e intenso beso que fue caldeando el ambiente a nuestro alrededor. Mi respiración se agitó considerablemente y me agarré al cuello de su camisa tirando de él hacía mí. Nuestros labios se movían compenetrados el uno contra el otro suavemente. Miles de sensaciones inexplicables recorrieron mi cuerpo en ese instante, no sabía cómo definirlas. La textura rugosa de sus labios me nublaba la mente, hacía que perdiera la noción del tiempo por unas milésimas de segundo, todo a mi alrededor perdió cualquier sentido lógico, era como si solo existiéramos nosotros en ese momento y el resto hubiera desaparecido. Edward se apartó de mí unos segundos después, dejando nuestras frentes unidas y nuestras respiraciones agitadas.

— ¿A dónde… a dónde iremos? —pregunté con la voz entrecortada.

—Al jardín.

— ¿Cómo? —Me separé de él mirándole con el ceño fruncido.

—Vamos al jardín.

—Edward, si vamos al jardín, ¿para qué narices me he tenido que vestir así? —Señalé mi vestido hablándole con cierto tono exasperado en la voz.

—No hables de lo que no sabes Bella. —Ven aquí.

—Edward…

—Ven aquí. —Me cogió de la mano y me giró dejándome de espaldas a él.

Sentí como se movía detrás de mí y como, unos pocos segundos después, avanzaba un paso para dejar mi espalda pegada a su pecho. Sus manos subieron por mis brazos y algo que no reconocía acarició mi piel suavemente. Su cabeza y una de sus manos se dirigieron a mi oído, apartó el pelo que lo cubría y su aliento chocó contra mí, produciéndome unas leves cosquillas por todo mi cuerpo.

—Cierra los ojos, Bella.

Cerré los ojos tal y como él me pidió, dudé unos instantes al principio, pero luego no pude evitar seguir orden. Mi respiración se agitó por unos momentos, esperando a que hiciera Dios sabe qué. Aquello que había sentido recorrer mi brazo pasó por mi cuello y por mi cara hasta quedar a la altura de mis ojos. Era algo suave, del tacto del terciopelo y frío. Edward alzó su mano recorriendo mi cara brevemente para coger uno de los bordes de aquel objeto y luego taparme los ojos. Debía de ser un pañuelo, una venda o algo parecido ya que quise abrir los ojos pero no veía absolutamente nada, solo oscuridad.

—Edward, ¿qué haces? —pregunté llevando mis manos hacía mi cabeza intentando quitar la venda que cubría mi vista, pero él sujetó mis manos y me las apretó delicadamente.

—Shh… Bella, siento decirte que a veces exasperas con tantas preguntas. Solo déjate hacer. —Agachó su cabeza y besó mi cuello durante menos de un segundo.

Me giró entre sus brazos y con nuestras manos todavía unidas comenzó a dirigirme hacía algún lugar. Sabía que íbamos a los jardines, pero no sabía lo que allí me esperaba. Los nervios comenzaron a recorrer mi interior como una jauría de lobos hambrientos.

—Edward, voy a carme. Los tacones.

—Tranquila, no te dejaré caer.

— ¿Por qué todo esto? ¿Qué hay en los jardines?

—Bella… nada de preguntas, por favor. —Suspiré derrotada, parecía que no iba a decirme nada.

—De acuerdo.

El frío de la noche otoñal llegó a mí de repente erizándome la piel, cada vez hacía algo más de frío y pensé que debería haber cogido alguna chaqueta antes de salir. Me helaría estando toda la noche fuera con ese minúsculo vestido. Di una bocanada de aíre aspirando el dulce aroma que me rodeaba, una mezcla entre el olor de Edward que conseguía excitar cada poro de mi piel y el olor de las flores que nos rodeaban, toda esa mezcla volvía cálido el ambiente que nos rodeaba. Caldeaba mi corazón de una manera que no podía o no quería explicar. Por un segundo sentí miedo de todos esos sentimientos que me embargaron, pero decidí dejarlos en lo más profundo de mi interior, para pensar en ellos en otro momento. Ahora solo quería disfrutar de la noche.

Ya llevábamos un rato hablando, no sabía en qué parte en especial nos encontrábamos, pero hacía frío y esos olores… me volvían loca lentamente.

— ¡Edward! —grité cuando uno de mis tacones se atascó en algo que no reconocí y estuve a punto de caer, pero las fuertes manos de Edward me detuvieron de una caída segura.

—Shh… tranquila, ya estamos llegando, Bella.

Andamos durante unos cuantos minutos más hasta que por fin Edward paró de andar. Atrajo mi cuerpo hasta su pecho, dejándome allí apoyada todavía con la venda alrededor de mis ojos que no me dejaba ver absolutamente nada. Su aliento chocó contra mis labios y abrí mi boca involuntariamente intentando capturar ese halo de aíre que salía de él. Nuestras narices se rozaron despacio, Edward la tenía fría y estaba segura de que yo también, pero el contacto entre las dos pareció hacerlas arder. Sus labios absorbieron los míos durante un breve instante y después dejó un reguero de besos a lo largo de mis mejillas. Se puso detrás de mí y comenzó a desatar el nudo de la venda, de una manera tan lenta que parecía que lo hacía aposta prolongando mi tortura y desesperación.

La venda por fin cayó al suelo y yo abrí mis ojos despacio quedando asombrada por lo que iba viendo.

Todo estaba rodeado al completo por flores rosas y blancas. En el centro estaba una de las mesas de cristal de la terraza cubierta con un ligero mantel negro, llena de platos con comida, cubiertos, dos copas y una botella de vino en un cubilete con hielos. Dos sillas estaban a los lados de la mesa, una enfrente de la otra y unas cuantas velas alumbraban la oscuridad dándole a todo un toque muy… ¿romántico? Nunca pensé que Edward pudiera hacer algo así. Era especial.

—Edward… —Le miré asombrada y el solo me dirigió una tímida sonrisa.

— ¿Te sientas? —Se acercó a una de las sillas y la retiró un poco para que pudiera sentarme.

—Gracias —susurré.

Edward rodeó la mesa y se sentó en la otra silla, cogió la botella de vino y tras un par de intentos consiguió descorcharla.

— ¿Vino?

Asentí. Las palabras no eran capaces de salir de mi boca. Estaba alucinada, asombrada por todo esto. ¿Quién hubiera pensado que Edward haría algo así? Este hombre era tan complicado, tan difícil de seguir, tan confuso la mayor parte de las veces. No sabía nunca qué era lo que pasaba por su cabeza, era tan agotador emocionalmente. Tenía un aura especial que lo rodeaba y que me atraía, un aura que no me dejaba alejarme, que me ataba a él de una manera rara. Le miré, miré ese cabello suyo tan sedoso y brillante, esos ojos que penetraban hasta lo más profundo de mi alma, todos sus movimientos elegantes. Mi garganta se secó y cogí la copa llena de vino que me tendía pegando un pequeño sorbo que barriera esa sequedad.

— Esto… Edward… ¿Por qué todo esto? —le pregunté una vez que dejé la copa encima de la mesa y miré a nuestro alrededor.

— ¿Algún problema? ¿No puedo hacerlo? ¿No te gusta? —preguntó visiblemente nervioso.

—No es eso, es solo que… —Callé durante un par de minutos buscando las palabras adecuadas para explicarme—. Nunca imaginé que pudieras hacer algo así. Esto parece tan romántico.

—Bella, solo quiero que dejemos de discutir. Quería hacer algo especial para ti. Estoy totalmente seguro que ningún hombre ha hecho nada parecido por ti alguna vez.

—Estás en lo cierto, Edward, pero no sé. Esto es diferente. Yo…

—Bella, solo calla y disfruta de la noche. A veces hablas demasiado. —Suspiré y cerré mis ojos momentáneamente intentando olvidar todos esos pensamientos que atacaban mi cabeza.

—Tienes razón, hablo demasiado. —Le miré a los ojos y sonreí, sonrisa que él me devolvió haciendo que mi corazón se detuviera unos segundos.

—Por esta noche. —Alzó la copa esperando a que imitara sus movimientos.

—Por esta noche. —Estuve de acuerdo con él, chocando nuestras copas y brindando.

—He dicho que dejen todo dispuesto para nosotros, así que estaremos solos aquí, sin sirvientes, sin nadie que nos rodeé.

— ¿Eso es una indirecta? —le respondí apoyando un codo en la mesa y dejando mi cabeza reposar en mi mano.

—Por una única vez en la vida no estoy pensando en sexo, Bella, no hagas que la cosa cambie o me arrepienta de que por una vez esté pensando en cosas totalmente diferentes a meterte en mi cama.

—De acuerdo, de acuerdo, me callo.

Edward me sonrió alzando una ceja y comenzó a servir la comida en los platos. De primero había una ensalada fresca de salmón con frutos rojos y de segundo, ternera asada con miel y patatas al horno. Prácticamente devoré todo lo que Edward iba poniendo en mi plato. Él me miraba con una ceja alzada y una sonrisa divertida en la cara. Estuve a punto de chuparme los dedos por lo sabroso de la comida, pero me detuve antes de hacerlo. Creí que no estaría demasiado bien visto que lo hiciera, él comía despacio y como siempre, muy elegantemente y a cada poco tiempo daba sorbos a su copa de vino. Nunca en la vida había comido tan bien como estaba haciéndolo ahora. Estaba segura de que en poco tiempo engordaría, pero me daba absolutamente igual, si lo hacía lo haría feliz por lo buena que estaba toda la comida que me ponían en el plato.

Después de pasar tanto tiempo recorriendo las calles muerta de hambre, sabía aprovechar todo aquello. No desperdiciar ni un gramo de comida. Solo recordar aquella época me abría una brecha en el corazón y me era imposible no comer lo que sobraba aunque ya no tuviera más apetito. El hambre era horrible y más cuando ves a tu hijo llorar por él. Moví la cabeza varias veces, apartando esos pensamientos que hacían peligrar la noche.

— ¿Sucede algo Bella? —preguntó Edward al observar mi rostro que se había ensombrecido por los recuerdos.

—Nada, no te preocupes, solo son recuerdos.

—Puedes contármelos si quieres.

—Solo son recuerdos de mi pasado, de hace unos cuantos años.

— ¿De cuándo nació Matt? —Alargó la mano cogiendo y apretando la mía que descansaba encima de la mesa intentando darme fuerzas.

—Sí, de cuando nació Matt.

—Si no quieres hablar de ello no hace falta que lo hagas Bella. —Le miré durante unos segundos, me moría por contarle todo sobre mí pero no sabía si debía.

Sus ojos parecían sinceros, me miraban preocupados y aunque sonreía, en ese momento la sonrisa no llegaba a su mirada. Cerré los ojos suspirando y mis dedos se cerraron alrededor de los suyos con mucha más fuerza, la necesitaba para poder hablar de todo ello libremente sin que esos recuerdos dolorosos del pasado me hicieran venirme abajo.

—En serio Bella, si no quieres…

—Sí que quiero Edward, solo dame unos minutos, por favor. —Asintió y esperó pacientemente a que comenzara a hablar acariciando con dos de sus dedos la palma de mi mano, tranquilizándome.

Di un pequeño suspiro tembloroso y me mordí fuertemente el labio. Ordené un poco todos mis pensamientos y recuerdos para comenzar a hablar, pero Edward se me adelantó.

— ¿Qué pasó con el padre de Matt? —Apreté aún más fuerte su mano y comencé a hablar, a desnudar mi alma.

—Todo fue un engañó por su parte, yo caí como una idiota y se aprovechó de mi inocencia. Nunca fui nada para él y cuando le dije que estaba embarazada me corrió como si no fuera más que un envoltorio vacío que había que tirar a la basura.

— ¿Y tus padres qué dijeron, qué hicieron?

—Eran muy conservadores, así que cuando se enteraron cogieron todas mis cosas y me echaron de casa, dejándome sola en la calle.

— ¿No podías haber ido con nadie? ¿No tenías más familia?

—No, solo estábamos mis padres y yo y cuando supieron que estaba embarazada… solo quedé yo.

—No lo veo normal, unos padres deberían apoyar a sus hijos en ese tipo de cosas. —Sus ojos se ensombrecieron con un sentimiento que no pude descifrar.

—Los míos no. Para ellos era más importante las apariencias que el criar a una hija embarazada. No sé que dijeron cuando me echaron, nunca volví a saber nada de ellos.

—Bella, lo siento. —Se levantó y tiró de mi mano obligándome a que me levantara—. Ven.

Me llevó hasta donde él estaba y me sentó en sus rodillas rodeándome los hombros con un brazo.

—Estás helada.

—Hace algo de frío. —Admití temblando un poco.

Edward se quitó la chaqueta del traje y me la puso por encima cobijándome del frío de aquella primera noche de octubre. Frotó mis brazos con sus fuertes manos durante unos minutos y yo descansé mi cabeza en su pecho, que subía y bajaba con cada respiración. Me sentía tan reconfortada en ese momento, que me daba igual pensar en todo lo que me había tocado vivir, ahora para mí ya no existía nada de todo eso. Cerré mis ojos y reposé todo mi cuerpo contra él, sintiéndome algo mejor. Dejando que todo desapareciera por algunos instantes.

— ¿Cuándo vas a hablarme de ti, Edward?

—Pronto, solo dame tiempo, tengo que arreglar unas cosas.

—A veces esto es desesperante. Ya no sé si quiero saber qué oscuro secreto escondes o si sería mejor no saberlo y quedarme siempre con esta sensación extraña de vacío, de conocerte y a la vez no hacerlo.

—Bella, sabes que…

—Las cosas no son fáciles, lo sé. No hace falta que me lo repitas más veces Edward. Lo sé, lo sé.

El silencio nos rodeó durante un largo rato, ninguno de los dos parecía tener nada que decir y por extraño que pareciera, este silencio entre nosotros era el más cómodo que habíamos tenido desde que nos conocimos. Era como si sobraran las palabras, como si de alguna manera las palabras no hicieran falta y nos entendiéramos sin necesidad de hacer nada. El viento comenzó a soplar algo más fuerte y las llamas de las velas se movían furiosamente de un lado a otro amenazando con apagarse.

La imagen de Matt llegó a mi mente, su cara sonriente cuando hablaba con Alice, su rostro triste y llorando cuando Alice se marchó. Su tristeza y nostalgia de estos días que llegaba a contagiarme, cómo hoy me abrazó al saber que pronto veríamos a su querida tía de nuevo. Era mi niño, le quería con toda mi alma y eso que le unía a Alice me preocupaba, no creía que fuera demasiado conveniente para él estar así, pero era apenas un niño que en un mes y poco cumpliría cinco años. Pensé también en que debería haber empezado el colegio, y que en vez de estar aprendiendo junto a otros niños de su edad estaba aquí, conmigo, encerrado en esta enorme mansión que se había convertido en una cárcel para él. Alcé mi cabeza para mirar a Edward que tenía la vista fija en algún punto enfrente de nosotros.

—Estoy preocupada por Matt. —Apartó su vista de aquello que estaba mirando y la fijó en mis ojos.

— ¿Por qué? ¿Qué pasa con él?

—Ese sentimiento que tiene por Alice me preocupa y debería haber empezado el colegio, Edward. Tiene que aprender, rodearse de niños de su edad y no estar aquí encerrado.

—Hay dos cosas que no puedo hacer, no puedo hacer nada en lo referente a Alice y tampoco puedo permitir que le apuntes a ningún colegio de por aquí, pero podría contratar a algún profesor particular que le diera clases en casa.

— ¿Y su infancia? ¿La va a pasar encerrado en está estúpida casa que parece una cárcel, Edward? Es mi hijo, Matt es mi pequeño y eso es algo que no puedo permitir.

—Solo sería de momento, temporalmente Bella. Es eso o nada. —Suspiré y volví a cerrar mis ojos intentando calmar mis nervios.

— ¿Por cuánto tiempo Edward?

—Supongo que unos cuantos meses. Quizás para el próximo curso pueda ir a algún colegio, mientras tanto un profesor particular no está nada mal. ¿Aceptas mi oferta Bella?

—Me encantaría saber qué es lo que escondes, porqué lo escondes. Cual ese secreto tuyo, pero si me prometes que solo será temporalmente, entonces sí, aceptó tu propuesta de un profesor particular.

—Perfecto entonces, después de nuestro viaje a Viena hablaremos más tranquilamente de esto.

—Me parece bien Edward.

—Será mejor que vayamos pensando en ir a dormir. Se está haciendo muy tarde y yo he de madrugar mañana. —Asentí y nos levantamos. Miré la mesa durante unos segundos pensando en recoger todos los platos—. Deja eso ahí, luego lo recogerá alguien. Vamos.

Me dio la mano y andamos tranquilamente hasta llegar a la casa, separando nuestros caminos cuando llegamos a mi habitación. Edward se detuvo y me cobijó en sus brazos para darme un corto beso de despedida sin ninguna intención de llegar a más. Sus labios con sabor a miel y vino jugaron con los míos durante unos breves minutos, moviéndolos acompasadamente, hasta que creyó necesario separarse de mí.

—Buenas noches, Bella.

—Buenas noches, Edward.

Me soltó y se giró para entrar en su habitación que estaba a un par de puertas de la mía. Entré a mi cuarto y cerré los ojos apoyando mi espalda en la puerta. Me quité los tacones con un simple movimiento de pies y los dejé esparcidos de cualquier manera, ya me preocuparía por ordenar todo al día siguiente. Desabroché mi vestido dejándolo caer al suelo y quité las horquillas de mi pelo entrando en el baño.

Me miré durante unos minutos al espejo. La noche había sido rara. Esa cena romántica en cierta parte no había tenido sentido para mí, como tampoco tenía sentido lo que Edward deseaba conmigo. Agarré el lavabo con ambas manos y me mordí el labio. La conversación tranquila que luego había pasado a ser aquello que más atormentaba mi alma, contarle mis preocupaciones. Ese mutismo de él que me enloquecía y esos sentimientos extraños que me embargaban. Había sido una noche larga, pero que de seguro nunca podría olvidar. Mi primera cita con un hombre que no acabara después en una sesión salvaje de sexo y yo siendo pagada por mis servicios para irme un rato más tarde a mi casa a pasar algo de tiempo con mi hijo, sintiendo esa nube negra atormentándome por aquello a lo que me tenía que dedicar.

Lavé el maquillaje de mi cara y me hice una coleta baja para meterme en la cama. No me preocupé siquiera de ponerme un pijama. Quité la colcha y me arropé con ella, esperando poder dormirme enseguida y olvidar todo, absolutamente todo lo que pasaba por mi cabeza durante un rato.

Decidí pensar en nuestro próximo viaje a Viena, en lo bien que lo pasaríamos, en todo lo que veríamos y en que mi hijo volvería a sonreír nuevamente por estar con su tía Alice. Esa sería nuestra próxima parada, y deseaba saber en qué acabaría, cómo sería. Y sin más, los brazos de Morfeo me atraparon en un dulce sueño que por unos momentos deseé que fuera eterno.


Cena romántica, ¿eh? jajajaja. Parece ser que la cosa entre Edward y Bella va tomando forma aunque todavía no hay muchas explicaciones sobre la vida de Edward. ¿Quién será? Ya queda muy poco, lo prometo, pero como os dije a muchas antes tienen que pasar unas cuantas cosas que los unirá más. ¿Qué pensáis de ese viajecito que harán a Viena? ¿Qué cosas sucederán allí? Bueno, pues habrá algunas cuantas cosas que nos iluminarán más el camino hacía la verdad. Habrá sorpresas, más que sorpresas.

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Agradecer a todas aquellas que me dejaron rr:

Sarah-Crish Cullen, Maya Cullen Masen, Maru-Chan1296, Eve Runner, Karenov17, Ligia Rodriguez, Solcy Gonalez, Jupy, Gretchen Cullen Masen, CamilleJBCO, LadyMarianist, Zujeyane, Lady Andy Pao, Janalez, Briit, Sakura93, Elaine Haruno de Uchiha, Yolabertay, Gatita Swan, Joselina, Yekitab, Keimasen86, AnhitaStylesPattzStonefield, Daniela Lopez, Jennyteamedward.

Gracias a todas las lectora silenciosas que leyeron, a las chicas que me pusieron en alertas y favoritos. Animaos a dejarme vuestros msn o algo donde pueda comunicarme y hablar con cada una de vosotras si queréis y los rr anónimos, me gustaría poder contestaros personalmente.

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Un beso para mis DR 3, para las Reques, Cris, Sara, Mentxu y para todas mis nenas de FB! Os quiero! :D

Nos vemos dentro de una semana! :D

PRÓXIMO CAPÍTULO: Destino: Viena.

Firmado:

Heather.