Amor es una palabra que tiene orígenes en las lenguas clásicas, y etimológicamente significa:

A: sin y MOR: muerte

Capítulo 3: Dos copos de nieve.

-Estaré bien – me dijo mientras acariciaba mis orejas.

-No vayas. Tengo un mal presentimiento – respondí, pero no me hizo caso como en muchas ocasiones.

Subió a ver a ese humano que llamaban Tarrlok. Tanto Mako, Bolin y Asami habían tenido un par de problemas con él, y ahora están en una prisión. ¿Por qué razón los humanos aprisionan gente y la lastiman si no es por supervivencia? Es como si nacieran con maldad e intenciones macabras.

Me quedé allí por un largo rato y vi que Korra no salía; sé como es, y pensé que saldría en un santiamén. Algo estaba mal.

-¡Déjame salir! – fue lo último que le escuché decir antes de oír rugir a una de esas bestias de metal de cuatro patas redondas. Su voz se fue alejando. Traté de entrar a ese lugar donde los humanos parloteaban cosas sin sentido y dedicaban a dominarse unos a otros, allí donde se suponía que solucionarían las cosas.

-¡Korra! ¡Korra! – grité, y no había rastro de ella. Todo el lugar estaba deshecho, y su olor iba hacia una de las calles.

-¡Korra! – seguí gritando mientras corría por las calles, y nadie parecía entenderme. Los pocos humanos que me veían parecían tenerme miedo –. ¡Ella también es su avatar! ¡Ayúdenme!

No hacían caso; estaba sola en esto.

-Tu mejor amiga es un perro oso polar. De algún modo tiene sentido – dijo el cachorro por el cual Korra sentía una especie de deseo de apareamiento, o lo que sea que se llame.

Korra había estado en todas las ocasiones cuando lo necesité. Cuando me encontró en la nieve, cuando su padre hirió por error mi pata, cuando enfermé gravemente y la Maestra Katara no me dio mucho tiempo de vida. Y yo había estado allí cuando comenzó a crecer para ser un espíritu fuerte y una gran luchadora; algo completamente excepcional para lo que los humanos eran. Todo ese tiempo, al menos hasta que nos mudamos a este lugar, Ciudad República, habíamos estado ella y yo.

Comenzó a salir el sol, y aún no lograba encontrar a Korra. Mis patas no quieren seguir su camino. ¡Despierten perezosas!

-¡Korra, no te rindas! ¡¿Dónde estás? – exclamé con desesperación a ese cielo indiferente que jamás me respondió, el cual seguía llorando en forma de nieve.

Me acerqué a un arroyo de agua congelada para beber algo de agua, ya que mi hocico se encontraba algo reseco. Arrojé mi pata contra el hielo y de aquel agujero comencé a sentir el trago de agua helada; seguía bebiendo, y en ese lapso vi a mi otro yo, ese que se ve en las superficies puras y suaves. Era entonces un enorme oso; un gran perro oso polar. Ya no era más la pequeña cachorra que se quedó varada en la nieve y que dejó morir a su madre en manos de las bestias más mortíferas que han existido sobre este mundo. ¡No iba a permitir que Korra muriera a manos de otro de esos monstruos que matan por placer! ¡No dejaría a una amiga abandonada! ¡No permitiría que le pasara lo mismo que a mi madre! ¡No a ella! ¡El poder estaba en mí!

Seguí corriendo por el bosque rastreando las huellas de la bestia de patas circulares, y llegó un punto donde la nieve ya no me dejó verlas. Tenía que encontrar un modo de rastrear a Korra; algún olor, algún algo.

-¡Korra! ¡Korra! – Grité a lo largo del bosque - ¿Dónde estás?

No obtuve nada, aunque alcancé a escuchar una voz que parecía recalcarle a alguien más sobre su falta de eficacia:

-Te dije que no la subestimaras – le dijo una voz de un humano macho. De repente, una especie de rasguño sobre el terreno interrumpió la paz del bosque. El hedor del miedo de Korra era más que evidente; aunque pocas veces lo había experimentado, reconocería el olor de sus temores a una distancia enorme.

Mis patas no resistirían más, pero no importaba. ¡Korra seguía con vida!

Aunque la nieve no me dejaba ver muy bien y caí un par de ocasiones, sentía que Korra ya estaba cerca. No olía a miedo; alcancé a sentir una respiración muy tenue bajo una capa de hielo.

-¡Korra! – exclamé. No dijo nada. Parece que estaba inconsciente.

Lamí su rostro para despertarla, y funcionó:

-Naga. Has venido por mí. ¡Buena niña!

Curiosamente los papeles se cambiaron por un instante; el cachorro de humano era salvado por la bestia más temida del hábitat original de Korra, cosa que había sido al revés cuando ambas éramos cachorros todavía.

Se subió en mi lomo, y el saber que estaba con vida le dio una motivación a mi cuerpo para proseguir su camino. Las luces de los humanos se veían a lo lejos, y es probable que los demás estuvieran buscándola.

-Estoy cansado – murmuró Oogi allá en los cielos. Si Oogi cruzaba la bóveda, entonces el macho Alfa debía estar dirigiéndolo, ese a quien llamaban Tenzin.

-¡Korra está conmigo! – grité con las pocas fuerzas que me quedaban; por suerte me lograron escuchar.

Me detuve en cuanto Oogi descendió.

-¡Korra! – dijo Tenzin – Por todos los cielos, estás bien.

-¿Dónde está Tarrlok? ¿Cómo escapaste? – alcanzó a decir la hembra al lado de aquél.

-¡Denle algo de espacio! – gritó Mako, tomando en sus patas delanteras a Korra; sé que esta pesadilla había terminado.

-Me tenías preocupado ¿estás bien? – le preguntó

-Estoy bien. Me alegra que estés aquí – contestó Korra.

Entonces la tomó hasta el lomo de Oogi, donde Mako cuidó de ella.

Sé ahora que no soy la única que temía perder a Korra en esos instantes; desde que vi como ese cachorro humano tomó a mi mejor amiga, sé que los humanos son capaces de ser bestias o seres desinteresados por un sentimiento verdadero.

Desde que vi la sangre en el hocico de mi madre, y ver a Korra ofreciéndome su amistad, entendí que los humanos son seres complejos, ya que ver la vida y el final de ésta en un instante es un impacto que ellos no logran ver por más sencillo que parezca.

Yo hice esto por ella, porque hemos estado juntas en esto desde cachorras. Porque si no hubiera ido por Korra, muchos hubiéramos sufrido por ella; pocos seres humanos han hecho lo que el cachorro citadino hoy. Pocos perros osos polares han recorrido una jungla de bestias para encontrar a una amiga, porque pocas bestias se atreven a romper la barrera entre el egoísmo y el amor. No diferimos en mucho; ellos no entienden lo que es el verdadero amor.

FIN

O-O-O-O-O-O-O-O

La última frase que marqué en negritas es un tanto ambivalente. Perdón si se les hizo algo tedioso de leer y un poco repetitivo con las palabras cachorro, cría y humano. Espero sus comentarios; respondo a todos y cada uno de ellos.