Hola a todas. Ésta historia pretende ser algo así como una continuación de otra que estoy escribiendo que se llama "Desearía Nunca Haberte Conocido" la cual aún no termino. Es por eso que no la voy a continuar hasta haberla terminado, pero no podía quedarme con las ganas de perder ésta maravillosa idea que se me ha ocurrido y ver qué opinan, así que sí les agrada, espero que me tengan un poco de paciencia, porque valdrá la pena. :) Tenía muchas ganas hace tiempo ya de escribir HeliosxRini y al fin se me hizo. No me queda más que decir que los personajes son de Naoko Takeuchi y la historia mía. Espero les guste.

Pame.


Caminaba lentamente por la acera que llegaba hasta el edificio de la Facultad de Antropología e Historia en donde yo estudiaba. Me detuve un momento delante del vidrio de una tienda de joyas para ver mi reflejo. Siempre trataba de lucir bien, pero ese día mi aspecto era desaliñado a causa del fuerte viento que se colaba en la ciudad. Mi cabello rosado y largo, el cual me había crecido mucho durante los últimos años, me caía en cascada por la espalda, pues el listón con el que lo sostenía se me había volado unas cuantas manzanas atrás. Mi mirada vacía y sin chispa atravesaba el espejo, observando cada facción de mi rostro. Había cambiado mucho desde que era una niña. Me volví muy delgada, me crecieron los senos y los glúteos, aunque no lo suficiente, solo lo necesario, y como ya dije, el cabello también me creció mucho. También aumentó mi estatura, aunque seguía siendo algo bajita en comparación con las demás chicas de mi edad. Continué caminando porque ya era algo tarde para entrar a la clase. Lucía un vestido holgado que me llegaba hasta las rodillas de color azul marino. Estaba por cumplir 23 años y cursaba mi último año en la universidad para graduarme de la licenciatura en historia, pues siempre fue mi sueño ser historiadora. Divisé el jardín de la escuela a lo lejos y esbocé una sonrisa sin darme cuenta. Nunca he tenido muchos amigos porque prefiero refugiarme en mi soledad, en mi familia… Nunca se me ha dado bien eso de confiar en los demás, porque es muy difícil encontrar personas realmente sinceras hoy en día. Mi vida era sencilla, pero feliz, al menos desde que mi padre murió… pero nunca podré olvidar el día en que lo vi. Desde aquél eclipse de luna comencé a tener esos extraños sueños cada vez con más frecuencia. Un hombre aparecía en ellos, pero no me miraba, solo podía verlo sufrir, gritar, correr, pero él nunca se percataba de mi presencia por más que yo quería gritarle y llamar su atención. Al principio traté de ignorarlo, pero después eran más recurrentes hasta el punto de que sueño con él a diario. He querido ver a un doctor, pero creo que no hubiera sido de mucha ayuda…

Ese día llegué a la facultad apurada, tan apurada que ni siquiera me di cuenta de que había un hombre ahí, frente a mí, con el cual tropecé sin darme cuenta. Sentí cómo caía rápidamente sobre él. Nuestros cuerpos chocaron y terminé por sostenerme de su camisa. Cuando abrí los ojos ya estábamos en el suelo y nuestros rostros más cerca de lo que me hubiera gustado. Pude sentir su aliento golpearme el rostro y noté su expresión de susto. Pero entonces palidecí casi hasta la muerte al tiempo que mi corazón se detenía al entrar en contacto con aquellos ojos marrones. Él me miraba directamente sin pestañear, asustado y confundido, pero sin cambiar su expresión seria y distante. Era él. El hombre que yo soñaba, el hombre que aparecía en mis sueños todas las noches… Era él, de eso estaba segura. Pero eso era imposible… eran solo sueños, historias creadas en mi cabeza, él no podía existir realmente porque los sueños se quedan en la cabeza… debí de parecer una tonta mientras lo veía con mi cara de fantasma. Pero no podía creer que el sueño que tanto abrumaba mi vida estaba delante de mí, o más bien, debajo de mí…

Sentí sus manos sobre mi cintura al tiempo que me hacía a un lado y me colocaba en el suelo con cuidado. Un extraño cosquilleo recorrió mi espina dorsal al sentir su tacto sobre mi cuerpo, que luego se convirtió en vergüenza provocando un sonrojamiento de mejillas cuando me di cuenta de que el vestido se me había subido hasta los muslos y él me veía discretamente. Noté su mirada sobre mis piernas e inmediatamente me bajé el vestido con el rostro lleno de vergüenza. Se incorporó y después de sacudirse la ropa me tendió la mano y me ayudó a ponerme de pie también.

-Discúlpame…-dije mientras me llevaba un mechón de cabello detrás de la oreja.

Alex, uno de mis compañeros de clase, pasó en ese momento junto a nosotros observando la escena curioso.

-¡Conejo!-gritó.-La clase comenzó hace diez minutos.

Ni siquiera lo miré porque estaba ensimismada en sus ojos, y porque odiaba que me dijeran conejo. Él ni siquiera en decir una palabra, se dio la vuelta y se alejó de mí a paso apresurado. Pero yo me quedé allí viendo cómo caminaba con las piernas aun temblando por aquel extraño encuentro. Porque estaba segura de que era él… lo había visto tantas veces en mis sueños, lo dibujé tantas veces en hojas y servilletas, porque no quería olvidar su rostro, no quería olvidar su mirada… y ahí lo tenía, aquel rostro que conocía mejor que el mío. Preferí no entrar a mi clase porque estaba demasiado aturdida para pensar en nada. Mi mente no dejaba de dibujar su cuerpo, su cabello platinado y corto, alborotado, sus ojos marrones, su aliento… su nariz casi rozando con la mía… eso fue real. No era ningún sueño. Me estremecí al recordar sus manos en mi cintura, eso fue real, su tacto fue real. Tenía que averiguar quién era y qué hacía aquí, aunque le ocultaría mi pequeño secreto porque quizá podría pensar que estaba loca. Pero no estaría tranquila hasta saber quién era.

-¡Conejo!-escuché de nuevo en el jardín.

Busqué con la mirada de dónde provenía la voz y vi a Alex de nuevo acercándose a mí. Alex podía llamarse mi amigo, aunque trataba de no estarme mucho tiempo con él, porque siempre sentía que me atosigaba y eso no me gustaba.

-¿Qué haces aquí? Te esperé en clase.

-Se me atravesaron otros asuntos.

-Claro que noté al chico ese que nunca había andado por aquí, ¿Quién es?

-Es lo mismo que me pregunto.

-Vamos a averiguarlo.-dijo de pronto Alex tomándome la mano y obligándome a ponerme de pie.

Traté de zafarme pero me lo impidió. Eso era exactamente lo que detestaba de Alex, que era muy enérgico, feliz y que siempre quería que estuviera a su lado. Yo no era la chica más popular en la universidad, pero era muy bonita y los hombres siempre trataban de acercarse a mí, aunque nunca le hice caso a ninguno…

-¡Alex!-dije deteniéndome abruptamente.-No puedo. Tengo otras cosas que hacer.

-Pero Rini, creí que querías…

-Vaya, por lo menos has recordado mi nombre.

Alex rió.

-Hay, Conejo, ¿cuándo vas a cambiar?, te veo en el almuerzo.-sin preguntarme, me besó en la mejilla y salió corriendo.

Me disponía a ir a la siguiente clase cuando sentí que alguien me tomaba del brazo.

-¿Conejo?

Cuando giré mi rostro lo vi nuevamente con un semblante extraño. ¿Conejo? ¡¿Me había llamado Conejo? Maldito Alex, me las pagaría…

-¿Eh…?

-Solo quería disculparme por lo de hace rato, fui un grosero por no decir nada…

-Esta… bien.-dije comenzó a tartamudear, lo cual solo hacía cuando estaba nerviosa.

-Bien. Nos vemos después.-dijo mientras se daba la vuelta. Pero yo no estaba dispuesta a dejarlo ir nuevamente.

-¡Oye!-grité y luego miré hacia los lados temiendo que alguien me hubiera escuchado.

Él me miró de nuevo extrañado.

-¿Cómo… cómo te llamas?

-Helios.-dijo mientras se acercaba de nuevo a mí.

Observé cómo me tendía la mano y se la estreché volviendo a sentir ese cosquilleo cuando percibí su tacto.

-Helios Elysion.

Después de decirme su nombre completo volvió a alejarse de mí sin esperar siquiera a que yo le dijera el mío. Seguramente no le interesaba… y con toda razón… ¿Quién era yo para interesarle a un hombre como él? No era nadie… era el Conejo… Una punzada invadió mi pecho, una punzada que me indicaba cierto miedo en mi interior, como si temiera el no volver a verlo o el no volver a hablarle. Sentía miedo de no saber de él nunca más, y no quería sentir ese miedo. La única manera de quitármelo era averiguar más sobre él y tratar de acercarme, porque de no ser así, mi corazón podría colapsar en cientos de partículas, y algo me decía que solo él tenía el poder de volver a juntarlas. De pronto me di cuenta de que aquél hombre que ni siquiera conocía tenía un poder pero sobre mí, un poder que no se calmaría hasta no estar cerca de él. Repetí su nombre en mi cabeza durante todo aquél día, y durante los siguientes…