Algunos días después nos reunimos en el salón a discutir el libro que nos había encargado leer. Mi reporte se encontraba en una carpeta, bien escrito, cuidadosamente elaborado y cuidado. Tenía que causarle una buena impresión. Tenía que hacerle notar mi capacidad para los estudios y toda la dedicación que ponía en la escuela. Fui la primera en llegar al salón. Me senté mientras revisaba por última vez el trabajo y sonreí abiertamente. Fue Alex quien llegó minutos después y quien interrumpió mi alegría.

-Eso sí que es nuevo. El Conejo sonriendo por nada, aunque no me creo esa de que es por nada, ¿Qué te pasa?-dijo sentándose a mi lado.

-A mí nada, Alex, a ti te pasa algo, ¿no se puede sonreír?

-Bueno, sí, pero eso es raro en ti, Conejo, debe ser algo muy importante.

-Ya. No me molestes, déjame ser.-respondí mientras sonreía de oreja a oreja solo para molestarlo.

Un rato después llegaron los demás y al final entró Helios con su ropa formal, bien fajadito y una corbata del mismo color de su pantalón, pero sin saco. Lo estudié de pies a cabeza hasta llegar a sus ojos marrones y enormes que me miraban con indiferencia. Me sonrojé al contacto de su mirada y desvié la mía a los papeles que traía en la mano. Nos hizo acomodar las sillas en círculo y él se sentó también en el círculo.

-Muy bien, jóvenes, vamos a ver qué pueden decirme de el buen Gabriel García Márquez. Se dice que el libro está basado en una historia verídica que sucedió en Colombia, incluso hay elementos autobiográficos en el libro, ¿qué pueden decirme ustedes de eso?

-Él.-dije de pronto sin pensar en los demás.-Es él el narrador de la historia, lo cual hacer al libro más verídico. Como usted dice, la historia está basado en la realidad. Gabriel lo demuestra narrando los hechos él mismo y hasta incluye a algunos familiares de personajes.

-Exactamente.-me respondió mirándome con una sonrisita de complicidad.-Ya que la señorita parece haber analizado bastante bien el libro, ¿por qué no nos explica los hechos y por qué el nombre?

Los siguientes minutos me dediqué a explicarle a los demás cómo fueron sucediendo los hechos y alguna vez mis compañeros me interrumpían para añadir eventos o datos importantes. Me callé para dejar que los demás participaran y nos adentramos en una discusión sobre si era culpable o no de lo sucedido Santiago Nasar. El tiempo se fue volando mientras discutíamos y opinábamos sobre cada tema importante del libro. Cada vez que hablaba me dedicaba a mirarlo solamente a él y a nadie más que a él. Él siempre me regalaba esa mirada indiferente que comencé por odiar, porque por más que me esforcé por lucir inteligente, él no se inmutaba y le parecía lo más común del mundo. De vez en cuando sonreía ante mis comentarios feministas y cuando creía que iba a contradecirme, prefería cambiar de tema y prestarle atención a alguien más. El coraje iba aumentando en mi interior poco a poco, estuve a punto de gritar muchas veces pero me conformaba con apretar los puños y agachar la mirada. ¿Acaso no era yo lo suficientemente buena para él o por qué ni siquiera le interesaba lo que yo decía?

Cuando la clase terminó, tomé mis cosas apresuradamente. Solo quería salir de allí y gritar, hasta estaba dispuesta a irme con Alex solo por el hecho de huir. Pero antes de que pudiera salir del salón escuché su voz que me llamaba.

-¿Puede esperarme un momento?-dijo mientras miraba a Alex indicándole con los ojos que nos dejara solos.

Comencé a temblar y me acerqué a él lentamente.

-¿Puede usted explicarme por qué me mintió?

-¿A qué se refiere?-pregunté algo intimidada.

-Usted es la señorita Chiba, no Tsukino.

Abrí los ojos como platos y apreté los puños por detrás del cuerpo.

-¿Por qué habría de hacer algo así?-se cruzó de brazos.

-Yo... solo... no quería que los demás se enteraran que entré al proyecto.-mentí.

-Claro.-rió.-¿Será porque puede ser que la reconozcan?

-¿De qué habla?-pregunté asustada. No quería que se enterara.

-Bueno, pues sé muy bien que es usted muy famosa. Hija del famoso Darien Chiba, dueño de los supermercados más famosos, y que desde su muerte usted y su nuevo padre, Seiya Kou, son los encargados. Los medios hablan de usted.

Me enojé. No quería que él se enterara de quién era yo realmente, no quería que supiera mi verdad ni mi vida privada. Él debió notar mi frustramiento porque cambió de expresión.

-Usted no es nadie para juzgar si quiero o no que me reconozcan. Y tiene razón, no quiero que nadie sepa lo que hago, estoy harta de que todos quieran saber en qué estoy metida, qué haré después. A nadie debería interesarle lo que hago o dejo de hacer, ¿ahora usted va a decirle a los demás quién soy?

-Tus compañeros lo saben.-dijo sin cambiar de expresión.

-Sí, lo saben y no por eso me quieren. Me quieren por quién soy y cómo soy, no porque soy Chiba. Toda mi vida he odiado ser reconocida y desde que soy pequeña he sido retraída, pero eso a usted no le interesa.-dije cuando me di cuenta que algunas lágrimas se amontonaban en mis ojos y me dio vergüenza llorar frente a él.-Me metí a estudiar ésta carrera porque además de amar todo lo que implica, sabía que aquí las personas eran comprensivas y que lo último que les interesa es si tu familia es reconocida o no.

Fue entonces cuando no logré contenerme más y un par de lágrimas resbalaron por mis mejillas. Casi de inmediato le di la espalda y salí del salón a refugiarme en el jardín trasero, donde casi nadie iba. Lloré como hace mucho tiempo no lloraba. Recordé a mi padre y todo lo que sucedió en esos días. Odiaba tener que recordar esos eventos de mi pasado que me habían cambiado para siempre. Quise recordar a mi madre, pero no pude. Jamás la había conocido porque yo era una bebé cuando se fue. Sin embargo la extrañaba a pesar de jamás haber convivido con ella. Extrañaba ser esa niña que no tenía preocupaciones. Cuando acabé de llorar regresé a mis asuntos. Pasé el día inmersa en las clases y sin prestar atención a nada. Justo cuando me dirigía a la estación del metro sentí que alguien me seguía y cuando me giré lo vi de pie, mirándome seriamente.

-Señorita Chiba.-dijo acercándose.-No quería que se fuera usted en mal estado.

-Estoy perfectamente.-dije apurada, como si tuviera miedo de otra conversación.-¿Viene a burlarse de mí? ¿A burlarse de mis lágrimas? No quería...

-Nunca podría burlarme de sus lágrimas.-me miró muy raro.-Al contrario, me da gusto darme cuenta de que es usted sensible. Me conmovió.

Me enojé pero al mismo tiempo me emocioné y me acerqué a él instintivamente. Nuestros rostros estaban muy cerca y noté que Helios se ponía tenso mientras que yo viajaba la mirada de sus ojos a sus labios.

-Me da gusto ver que ya está mejor.-se alejó.-La espero mañana para comenzar con el proyecto.

Sonreí internamente ante su miedo hacia mi persona. Sin pensarlo dos veces me colgué de su cuello y lo abracé fuertemente, hundiendo la cabeza en su pecho. Sentí que volaba y no quería separarme de él. Helios no supo qué hacer con sus manos y con cuidado me alejó de él sin dejar de mirarme.

-Disculpe, señorita Chiba, me tengo que ir. No está bien que ande abrazando a los profesores, y estoy muy ocupado.

Lo vi caminar hasta la facultad y comencé a reír sola. ¿No estaba bien y sin embargo me siguió hasta acá? Regresé a casa tan feliz como había llegado a la escuela. Sentir su cuerpo tan pegado al mío me encendió. Era cálido y fuerte. Lo quería todo para mí y solo para mí. Llegué a casa y ni siquiera recordaba cómo. Durante todo el camino me había dedicado a divagar sin contemplaciones. Una vez en casa, Michiru me pidió que la ayudara a hacer algunos asuntos de la compañía y me senté a su lado mientras lo hacía en silencio. Después de algunas horas, la vi levantarse e ir a la cocina. Regresó poco tiempo después con una taza en la mano y la dejó frente a mí.

-No has comido hoy. Tómate ese té.

La miré algo confundida pero la obedecí. Yo nunca me atrevía a desafiar a Michiru, ella siempre había estado a mi lado.

-Rini.-dijo de pronto.-Tienes horas enteras sin abrir la boca. ¿Sucede algo malo?

-Para nada, Michiru. No debes preocuparte. Tú bien sabes cómo soy yo.

-Claro que lo sé, pequeña, pero también sé que esa actitud no es muy propia tuya. Sé bien que si no quieres no hablas pero creo que últimamente sueles estar demasiado callada.

Miré a Michiru y supe que ella no tenía la culpa de mis problemas, ni ella ni nadie, así que le sonreí como siempre lo hacía cuando ya no quería seguir hablando de algo y le tomé la mano.

-Discúlpame, Michiru, quizá estoy muy inmersa en mis asuntos escolares, y más ahora que me he entretenido con el proyecto del nuevo profesor.-dije mientras pensaba que eso tenía doble sentido.

-Pequeña, yo entiendo bien si no quieres hablar de algo, y no te reclamo. Pero quiero que recuerdes que tanto yo como Seiya estamos aquí para ti.

-Siempre lo tengo en cuenta, créeme. Sabes que yo sin ustedes no sería nadie.

Michiru se puse de pie y se dispuso a guardar sus papeles.

-Está bien, pequeña, debo ir a la oficina, nos vemos por la noche.-sonrió.

Me quedé sola nuevamente. Recogí todos los papeles que ya había terminado de llenar y me dirigí a mi habitación para cambiarme de ropa. Siempre fui una chica algo seria, pero siempre me llamó la atención la moda, por lo que mi closet siempre estaba repleto de vestidos, botas, blusas bonitas, algunos tacones, accesorios, maquillaje, etc. pero siempre prefería tener vestidos porque me hacían sentir diferente, como si fueran parte de mi personalidad. Escogí uno color rosa pálido y unas botas cafés. Cepillé mi largo cabello hasta que se aplacó un poco, me puse un collar largo, mi abrigo marrón, un poco de perfume y tomé mi bolso. Salí en el coche que a veces usaba para salir en la noche y manejé hasta el Crown en donde iba a encontrarme con Akane y Yukiko.

Akane y Yukiko eran las únicas amigas que había tenido nunca. Las había conocido en la secundaria y desde entonces logré pertenecer a ellas poco a poco. Eran un poco diferentes a mí, pero siempre me aceptaron y siempre fueron muy buenas amigas conmigo. Akane estudiaba psicología y Yukiko administración de empresas, por eso casi no teníamos oportunidad de vernos, pero siempre tratábamos de vernos al menos una vez a la semana. Me estacioné en el primer lugar que encontré y me adentré en el restaurante. Ese restaurante era para mí muy especial, lo conocía desde que era muy pequeña a pesar de que ya había cambiado bastante y en lugar de tener el área de videojuegos del otro lado, se había convertido en un bar muy recurrido y popular. Las vi sentadas al fondo mientras charlaban y me acerqué a ellas con paso lento. Me senté del otro lado de la mesa y las saludé con entusiasmo.

-Qué linda te ves hoy, Conejo, pero tú siempre.-dijo Akane.

-Ya, ya, ya vas a empezar con tus halagos.-intervino Yukiko.-Mejor comencemos a platicar lo que teníamos que platicar.

Decidí contarles lo que me pasaba con Helios. Tuve que confesarles lo que sentí desde el primer momento en que lo vi hasta ese día. Aun seguía sin explicarme a mí misma por qué me sentía tan desesperada por él. Helios ni siquiera se mostraba interesado y yo ya no podía seguir viviendo por estar pensando en él. Ellas me escuchaban con atención, sorprendidas y eufóricas al mismo tiempo. Lo describí de pies a cabeza, como si fuera algo completamente mío y cuando menos me di cuenta mis amigas ya levaban dos cervezas y yo tres. Ambas me miraron entre sorprendidas y dubitativas, como si no supieran decidir si lo que yo sentía estaba bien o mal.

-Rini.-comenzó Yukiko quien era la más cuerda de las tres.-Comprendo muy bien por qué te sientas así respecto a él, pero lo que no logro comprender es por qué sientes algo tan fuerte cuando él ni siquiera te ha dado pie para que pienses así.

-Es verdad.-siguió Akane.-Pero en estas cosas no puedes hacer nada al respecto.-sonrió.-Simplemente si lo sientes, lo sientes y ya, no hay nada que puedas hacer para cambiarlo.

-Es su profesor.-respondió Yukiko.-En este caso no puede pasarle, porque es imposible y punto.-Yuki me miró inquisitivamente y se cruzó de brazos.-No puedes arruinar toda tu vida solo por un profesor, Rini Chiba, piensa las cosas.

-¡Ya!-dije haciendo un puchero.-De cualquier manera él no me hace caso, simplemente… me siento demasiado extraña cerca de él. Jamás en mi vida había sentido esta fuerza hacia alguien, es como si… me jalara hasta él…

-Yo digo que vayamos al bar y sigamos bebiendo allí, ya que aquí estamos haciendo demasiado ruido.-intervino Akane.

Después de pagar cruzamos la puerta divisoria y entramos al bar. El lugar estaba abarrotado y la música inundaba mis sentidos. La mayoría de los jóvenes nos miraban mientras avanzábamos hasta la barra y allí ordenamos tres margaritas. Akane se encontró a Ryu, el chico que estaba a punto de ser su novio y quien resultó ser amigo de Alex, mi compañero de la escuela, y Ichiro Kou, un primo de Seiya, así que nos sentamos en la mesa en donde ellos estaban. Akane y Ryu tenían más de dos meses saliendo, y ambos se veían bastante interesados el uno hacia el otro, mientras que percibí un interés inmediato de Alex hacia Yuki. No tuve más remedio que platicar con Ichiro, el chico más odioso sobre la tierra al que yo conocía. Lo había conocido un par de años atrás cuando llegó a Tokio a pedirle ayuda a Seiya, su primo, para alojarse unos meses mientras se instalaba por completo. Seiya, por supuesto, decidió ayudarlo y tuvo que vivir algún tiempo en mi casa. Jamás lo quise porque siempre me parecía un fantoche y sentía que siempre quería sorprender a todos. No podía negar que era bastante guapo. Se parecía mucho a Seiya, hasta cierto punto. Era de esos hombres que tenían una mirada profunda, ojos azules, como los de Seiya, y siempre parecían estar entrecerrados, como si tuviera sueño. Cabello hasta los hombros y oscuro, pero azulado. Alto, fuerte, bien vestido, pero algo en él no me agradaba para nada.

Lo que más odiaba de él era el hecho de que siempre trataba de impresionarme, a pesar de que varias veces tuve que dejarlo en su lugar e ignorarlo por completo. Después de que se instaló en su propio departamento dejé de hablar con él y cada vez que lo veía en casa o en la oficina, simplemente lo ignoraba. Seiya me regañaba mucho, pero no podía evitarlo, y lo único que podía hacer de vez en cuando era charlar con él, al menos cuando no tenía otra opción, como esa noche. Lo escuché durante algún tiempo sin preocuparme, tratando de no parecer aburrida ni tampoco enajenada. Simplemente lo miré y me dejé llevar por el rumbo de la conversación, respondiendo a todo lo que me preguntaba y asintiendo de vez en cuando. A ese punto de la noche, yo ya llevaba varias copas encima. Mí alrededor comenzaba a difuminarse y decidí ir al baño antes de que comenzara a marearme.

Caminé despacio para no hacer obvio mi estado y agradecí por aun estar un poco consiente de lo que hacía. Cuando llegué a los baños, me metí rápidamente y terminé con el asunto. Una vez que terminé, me di cuenta de que me había metido al sanitario de los hombres, y que el de las mujeres se encontraba en el otro extremo. Me sentí realmente estúpido y agradecí porque nadie estuviera cerca. Me lavé las manos rápidamente y cuando abrí la puerta supe que era la peor noche de mi vida.

Helios se encontraba fuera del baño, recargado en la pared como si estuviera esperando. Me miró, aunque no supe si sorprendido o simplemente divertido. Agaché la cabeza y cerré los ojos por la vergüenza. Cuando volví a mirarlo ya se había acercado a mí un poco y ahora se encontraba recargado en el marco de la puerta, esperando a mi reacción. Me encontré con sus ojos marrones, con temor a ser rechazada y mucho más burlada hice ademan de alejarme de ahí cuanto antes, pero hubo algo que me detuvo. Sentí su mano en mi cintura y por un momento creí que mi estado de ebriedad movía el suelo bajo mis pies, pero cuando menos me di cuenta ambos ya estábamos adentro del baño y noté que Helios cerraba la puerta tras de él.

-Señorita Chiba.-dijo en voz baja, como si temiera que alguien lo escuchara.- ¿Qué hace usted en el baño de los hombres?

Mientras arrastraba las palabras, vi su mano dirigirse al apagador y jalarlo hasta quedarnos completamente en oscuridad. En segundos me tenía encarcelada contra la pared y sentí su respiración en mi cuello. Comencé a temblar instintivamente y no supe qué hacer. Soñé mil veces tenerlo tan cerca y en ese momento tenía mucho miedo, pero al mismo tiempo deseaba no salir de allí nunca.

-Yo no…

-Silencio.-dijo Helios mientras colocaba una de sus manos en mi boca para callarme.-Una joven como usted no debería estar por estos lugares sola, ¿sabe?, puede encontrarse con personas muy peligrosas.

Justo cuando terminó de hablar, quitó la mano de mi boca y la llevó hasta la parte inferior de mi vestido y comenzó a levantarlo poco a poco. Mi cuerpo temblaba de nerviosismo y yo no sabía qué hacer. La oscuridad invadía el cuarto y no podía ver absolutamente nada, solo sentir. La mano de Helios ahora se movía lentamente bajo la tela hasta llegar a mi vientre, en donde se quedó un buen rato mientras hacia movimientos circulares con el dedo índice. Intenté moverme, intenté mover mis brazos pero sentí cómo Helios se apretaba más contra mí y me lo impedía.

-Ni se te ocurra.-dijo de pronto.-No te muevas, no hagas absolutamente nada.

Sentí su nariz en el cuello aspirando mi aroma para luego mordisquear el lóbulo de mi oreja. Su mano ahora se encontraba en uno de mis pechos y lo acariciaba por encima del sostén. Sin esperarlo, sentí algo duro contra mi pierna y conforme él me tocaba, yo me iba sintiendo más y más desesperada. No tenía idea de lo que estaba ocurriendo, ni tampoco tenía idea de que algo así iba a pasar, pero sí sabía que no tenía intenciones de moverme porque estaba justo donde había soñado, y no me atrevería a salir huyendo. Justo cuando su mano libre ahora se había introducido a mis pantaletas y acariciaba mis labios vaginales, comencé a respirar entrecortadamente. La humedad en mi sexo hacía las cosas mucho más fáciles, y Helios movía los dedos con demasiado agilidad, de un lado hacia otro, arriba, abajo, círculos… La desesperación aumentaba en mi interior, anhelando deseos que me parecían imposibles y al mismo tiempo, alcanzables.

-Está usted tan mojada.-dijo Helios en mi oído con una voz tan suave que de solo escucharlo me derretí.

Su mano se hizo más insistente y los movimientos eran ahora más rápidos y enérgicos. La mano que acariciaba mis senos ahora tocaba mi rostro nervioso y asustado. Jamás nadie me había tocado, y ahora Helios tocaba mi sexo con tanta insistencia, con tanto deseo que yo lo único que deseaba era quedarme allí mismo para siempre.

-Rini Chiba.-dijo muy cerca de mis labios.-Desde que te vi por primera vez he querido hacer esto.-de pronto y sin avisar, introdujo uno de sus dedos en mi vagina, lenta y suavemente. Emití un gemido el cual atrapó con sus labios en los míos. Me besó como nadie nunca me había besado.

Sonaba ridículo, pero mi primer beso se lo había dado a Helios Elysion. Sentí que deseaba desmayarme y que volaba. Sus labios eran tan suaves y dulces como los había imaginado, se movían al ritmo de los míos, me mordisqueaba, me lamía al tiempo que sus dedos jugaban con mi sexo y se introducían una y otra vez. Jamás había sentido algo tan delicioso en toda mi vida, ni siquiera cuando yo misma me tocaba. De pronto se detuvo para hacerme girar y ahora me encontraba dándole la espalda.

Acarició mis glúteos lentamente, como si fuera la primera vez que tocaba algo suave y firme. Los apretó con cuidado y enseguida volví a sentir su mano acariciando mi sexo. Sentí sus dedos jugar con mi clítoris, jugando con mis glúteos al tiempo que besaba mi cuello y espalda. Volvió a girarme y ésta vez escuché cómo se desabrochaba el pantalón y caía hasta que el cinturón golpeaba el suelo.

-Alguien va a venir.-logré decir con voz entrecortada. Tuve miedo. No sabía qué estaba a punto de pasar, no tenía idea de lo que tenía qué hacer y luego Helios volvía a tenerme aprisionada. Me besó nuevamente hasta dejarme sin aliento y entonces procedió a separarme las piernas con cuidado.

-Nadie vendrá a aquí.

Besó mi cuello, mis labios, el comienzo de mis pechos y entonces sentí cómo me tomaba de las caderas y con todas sus fuerzas me levantaba del suelo poco a poco. Sus manos sostenían fuertemente mis nalgas y comencé a sentir que se introducía en mí. Su miembro erecto, duro y caliente invadía mi cuerpo poco a poco hasta llenarme por completo. Helios me penetraba lenta y suavemente, mientras yo me retorcía del dolor y del placer. Me había dolido como nunca nada en mi vida pero al mismo tiempo era el placer más grande que iba a sentir jamás. Un líquido comenzó a brotar de mí y entonces Helios comenzó a moverse hacia dentro y fuera.

-Qué estrecha eres.-susurró en mis labios mientras se movía.

No pude contenerme más y comencé a gemir cada vez con más frecuencia.

-Sí.-Rápido.-Gime. Gime más. Rini Chiba, me encantas, me encanta lo pequeña y cerrada que eres.-Helios se movía cada vez con más rapidez dentro de mí.-Eres deliciosa.

-Bájame al suelo.-dije de pronto y sin pensarlo. No tenía idea de lo que me pasaba ni de lo que pensaba, lo único que quería hacer era moverme hasta perder la razón.

Helios me obedecía y en dos segundos ya nos encontrábamos en el suelo, a pesar de la oscuridad. Helios se acomodó debajo de mí y me sostuvo fuertemente de la cintura. Instintivamente me doblé hacia adelante, provocando una presión sobre su pene, enloqueciendo. Helios me agarró firmemente y se movió con fuerza y violencia dentro de mí, hasta el fondo. Sentí cómo su pene comenzaba a temblar, y fue entonces cuando Helios se detuvo, me jaló para salirse de mí y ambos nos pusimos de pie. No supe cómo Helios se había sentado en una taza y ahora me colocaba lentamente encima de él, dirigiendo su pene a mi vagina, introduciendo primero la punta y poco a poco obligándome a bajar hasta el fondo. Esta vez fui yo quien lo besé, no quería terminar nunca, no quería separarme de él. Helios me dirigía, me hacía moverme de arriba abajo. La humedad que salía de mi cuerpo mojaba su miembro que me penetraba con delicadeza, lentamente, con movimientos rítmicos. Sacó su pene completamente y luego volvió a introducirlo con cuidado, volvió a repetir los movimientos un par de veces más hasta que regresó a la rapidez de al principio, moviéndose aun más rápido que antes y reprimiendo sus gemidos en los míos, besándome y acariciándome los senos con firmeza. Algo dentro de mí comenzó a agitarse y una presión en mi vientre comenzó a crecer. Sentí que deseaba explotar en mil pedazos y con cada movimiento sentía que su miembro estaba más y más adentro de mí. Helios estaba a punto de explotar también, y en uno de sus movimientos se salió, llenando mi vientre con un líquido extraño y pegajoso. Justo en ese momento me estremecí de pies a cabeza, desde dentro hacia fuera, como cuando me masturbaba, esbozando una sonrisa de oreja a oreja. Me acomodó entre sus brazos y me besó profundamente. Todo terminó en un instante, pero yo sentía que flotaba en el aire y que ahora tenía que regresar a la Tierra.

Helios se abrochó el pantalón en la oscuridad. Lo escuché sin decir palabra alguna. Cuando hubo terminado se acercó a mí y volvió a besarme en los labios. Escuché que la puerta se abría y supe que me había quedado completamente sola. Aun no tenía el valor de salir y fingir que nada había pasado. Aun no lograba recuperarme del estremecimiento y la sensación de placer. Mis piernas seguían temblando y aproveché para acomodarme la ropa y peinarme. Encendí las luces y me vi en el espejo. Lucía enrojecida y agitada, mi cabello revuelto y un poco de sudor me brillaba en la frente. Me dediqué a arreglar mi aspecto mientras recordaba cada instante de aquél momento. De pronto creí que nada había sido verdad y que todo era producto de mi ebriedad, pero ya no estaba ebria y aun sentía la humedad en mi entrepierna. Sonreí de oreja a oreja mientras recordaba sus hermosos labios sobre los míos. Deseaba más. Lo deseaba con todas mis fuerzas y quería que me tocara para siempre. No podía creer que había accedido a sus caricias, a su deseo y en un baño. Yo jamás había sido tocada por un hombre y ahora un hombre me había tocado, me había besado y me había poseído completamente en un baño. Solo él era capaz de hacerme reaccionar, de hacerme acceder a sus deseos e instintos. Me quedé mirando la puerta para ver si regresaba, pero no lo hizo. Habían pasado tan solo unos minutos y yo ya deseaba estar en sus brazos nuevamente. Una vez arreglada, respiré profundamente y salí del baño. Mi vida ya no volvería a ser igual al salir de aquél baño y yo jamás podría desear nunca a nadie más que no fuera Helios Elysion.