Hola queridas!... este es un fanfic que se me ocurrió un día cuando desperté jajajaja… no sé cómo pero la musa vino y me dijo "es una idea interesante!" y quisimos desarrollarla a ver qué pasaba. Aviso que habrá escenitas subiditas de tono y mucho, mucho romance!, ojalá que les guste… he intentado suavizar un poco mi escritura y no hacerla tan seria… espero que me dejen comentarios para saber qué piensan n_n

Debo aclarar que los personajes de Candy Candy no me pertenecen y este fanfic es sólo con el fin de entretenerlas n_n


El Tutor

Capítulo I

Conociéndote


Una chica rubia suspiró tras mirar su boletín de notas parciales, mientras caminaba hacia la biblioteca principal de la universidad para devolver un libro. Nuevamente una calificación insuficiente, por no decir pésima, en esa materia que la perseguía como su sombra. Si su abuela se enteraba… no, no podía decirle que si reprobaba esa materia otra vez su carrera se vería obstruida. Era la tercera vez que la cursaba. Aún no podía con esa horrenda materia y la correrían de la universidad si esta vez no la aprobaba.

-No entiendo por qué tengo que saber cálculo… eso no me servirá de nada en la vida… - murmuró con resignación arrugando el papel en su mano y arrojándolo en un basurero que estaba en el camino.

-Todos necesitan saber cálculo, niña… si no sabes cálculo, no sabes nada- Candy se paró en seco y se volteó pensando rápidamente un argumento lo suficientemente bueno para indicarle a ese cretino el por qué una enfermera no necesitaba saber integrales y esas porquerías, pero se quedó de piedra al verlo. ¡Era guapísimo! Alto, rubio como el sol y con unos ojos azules que brillaban como el cielo en verano. Sus facciones eran suaves sin llegar a ser femeninas, sus pómulos eran fuertes y su mandíbula ligeramente cuadrada, muy masculina. Tenía una pequeña barba algo descuidada que le daba un aspecto sexy y su cabello le llegaba un poco encima de los hombros. Él le sonrió con suficiencia y ella se sonrojó olvidando todos los posibles argumentos que hubiesen cruzado por su mente. Se volteó rápidamente y siguió su camino. Escuchó una risa tras ella y apuró el paso hasta llegar a su destino. Entró a la biblioteca sintiendo una presencia tras ella, sacó torpemente un libro de su bolso y se lo entregó al encargado para devolverlo. El hombre lo ingresó a la base de datos y le dijo amablemente que la multarían por entrega atrasada. Candy se sonrojó enormemente y sintió como su mundo se venía abajo. Sin libros no podría seguir estudiando, siendo tercera vez que cursaba la materia no conocía a ningún estudiante de su clase y no sabía cómo haría para estudiar. Asintió derrotada y se dispuso a salir de la biblioteca cabizbaja.

Unos ojos azules la miraron desde una esquina, interesados y curiosos, antes de reunirse con un joven castaño.

oOoOoOo

Candy llegó a su apartamento cansada y triste. En todas las materias que tenían que ver con su futura profesión le iba muy bien, pero con aquella no había caso. Iba a todas las clases, tomaba notas y apuntes de todo lo que su profesor decía, mas no lograba entender del todo cómo funcionaban las cosas y como estaba totalmente convencida de que ese ramo no le servía para nada, no tenía intención en ponerle más empeño del que ya le ponía. Sabía que tenía que aprobarlo, sí, pero no tenía ganas de hacer más y aunque sabía que eso no la ayudaba, no veía razón para hacerlo. Escuchó sonar el teléfono y corrió a contestarlo. Tal vez era Terry y él siempre la animaba. Era su mejor amigo y aunque sus vidas y sus carreras eran diametralmente diferentes, se llevaban de maravillas. Él era actor y daba clases en la universidad a la que ella asistía, como curso electivo. Candy intentó tomar el curso sólo para estar cerca de él porque lo encontraba muy guapo, pero cuando lo conoció como persona decidió que sólo podían ser amigos, pero serían de los mejores. Eran iguales en todo, alocados, poco serios pero muy comprometidos con lo que amaban, algo huraños pero buenas personas.

Cogió el teléfono y su sonrisa desapareció al escuchar la voz de su abuela. Se sintió culpable y la saludó tratando de parecer tranquila y despreocupada.

-Hola abuela Pony- dijo sonriendo aunque ella no la viera.

-Mi preciosa Candy, ¿cómo va todo?- escuchó al otro lado de la línea. Su corazón sintió dolor por tener que mentirle a su abuela. Ella era su única familia y esperaba que su nieta saliera adelante y pudiera tener un mejor futuro del que ella tuvo.

-Bien, todo va bien abuela…- respondió despreocupada –ya voy a mitad de camino… en un par de meses serán las vacaciones y me tendrás contigo de nuevo, sé que me extrañas- rió y sonrió con sinceridad al escuchar la risa de su abuela.

-Por supuesto querida, estaré encantada de que vengas para tus vacaciones- su abuela tenía una casita donde acogía niños huérfanos y le había enseñado el amor por la gente. Eso la había llevado a querer ser enfermera y ayudarla en su tarea de cuidar a los niños, porque a veces los gastos médicos eran muy altos y no tenían muchos patrocinadores.

Luego de unos diez minutos de conversación, donde Candy evadió olímpicamente el tema de sus calificaciones cortó la llamada. Decidió darse una ducha antes de ponerse a estudiar para un control del día siguiente de anatomía.

Anatomía.

Pensó en el chico de la tarde. ¡Seguramente tenía una anatomía de morirse! Bajo ese sweater gris y se adivinaba un pecho ancho y fuerte, sus brazos sostenían una mochila y un montón de libros y papeles y de seguro tenían mucha fuerza. Sus piernas estaban escondidas bajo un jean negro desteñido pero pudo notar sus muslos atléticos en donde se le ceñía el pantalón. Suspirando bajo el agua sintió algo de calor. Sacudió la cabeza recordando que debía estudiar y se quitó el jabón rápidamente para salir y ponerse un pijama rosado y felpudo. Encendió una pequeña estufa a gas en la salita del apartamento y se sentó frente a su escritorio a buscar entre sus cuadernos y papeles los apuntes que tenía. El brillo de la pantalla del computador la distrajo. No recordaba haberlo prendido, pero seguramente fue antes de meterse a bañar. Se rió de su distracción y abrió internet para mirar facebook. Un par de notificaciones de cursos, otras en que amigas que saldrían en una semana de sus clases lo celebraban. Y una solicitud de amistad. Se sorprendió porque tenía mucho cuidado de no indicarle su cuenta a extraños y tenía a la gente que conocía ya como amigo. Abrió la solicitud algo nerviosa y unos ojos azules la saludaron sonrientes. Su corazón se saltó un latido cuando los reconoció. Dudando si aceptar o no, exploró todo el perfil del chico de los ojos azules, que según eso se llamaba Albert. Luego de mirar toda la vida del chico y comprobar con satisfacción que estaba soltero, decidió ver la solicitud de amistad.

"Hola pequeña pecosa que odia el cálculo. Me has llamado la atención y mi amigo Terry me ha dicho que necesitas URGENTE un tutor." Candy se sintió atacada y avergonzada por el hecho de que destacara la palabra "urgente". "Soy ayudante y te podría enseñar algunas cosas si gustas, para ayudarte a aprobar cálculo, claro… Acepta la solicitud si estás interesada y hablaremos más de ello. Si no te interesa, pues no aceptes jajaja. Saludos"

El corazón de la chica comenzó a latir acelerado. No era posible que algo así le estuviera pasando. Un chico guapísimo interesado en enseñarle la materia que odiaba. ¡Y encima era amigo de Terry! ¿Cómo no lo había conocido antes? Tendría que llamar a Terry o hablar con él… aunque no sabía si para agradecerle o regañarlo. Aceptó la solicitud pensando en que tal vez este chico, Albert, sería un salvavidas para ella. Si él era capaz de ayudarla a pasar esa materia del demonio y podía mantenerse en su amada carrera, tendría que hacerle un altar. Olvidando lo guapo y renovando sus ganas de aprobar, esperó impaciente. De pronto una ventanita saltó en su pantalla.

-"Encuéntrame en la biblioteca central a las 12 mañana"- dijo Albert.

-"Mañana tengo examen de anatomía de 11 a 1 pm… ¿puede ser luego de las 3?"- respondió Candy rápidamente.

-"Estás atenta eh, me agrada eso. Está bien, a las 3. Nos vemos"- dijo el rubio. Candy creyó que no diría nada más y cerró la ventana para vagar por las actualizaciones de sus amigas. -"por cierto, vete a estudiar"- saltó nuevamente la ventanita y la rubia no pudo evitar soltar una risita. Apagó el computador y se enfocó en repasar todo lo que ya sabía pero que le costaba a veces recordar, hasta que fue la hora de dormir.

oOoOoOo

A las 3 en punto, tras almorzar y con la moral muy alta después de su examen, Candy se encontraba en la biblioteca. Estaba algo nerviosa y no sabía cómo ubicar a Albert, después de todo, la biblioteca era muy grande y estaba dividida en 5 secciones: estudio personal, pedidos y entregas de libros, estudio grupal, sala de préstamo de libros por hora y un subterráneo donde se encontraban los encargados, administrativos y los baños. Comenzó a buscarlo con la mirada por el área de estudio grupal hasta que un par de manos se posaron en sus hombros. Un escalofrío recorrió su espalda cuando sintió una voz en su oído.

-Te estaba esperando… Candice- dijo sensualmente la misma voz que la irritara el día anterior.

-Candy- se apresuró a decir ella. –Sólo Candy…- murmuró sonrojada, sintiendo el calor de las manos del rubio sobre sus hombros. "Seguramente es calentito y con él no pasaría frío en estos días de invierno…" sacudió su cabeza para alejar esos pensamientos.

-Muy bien, espero que hayas traído el material que necesitas para estudiar- dijo con voz seria el rubio rodeándola para quedar frente a ella. Candy bajó la cabeza, un tanto sorprendida por el cambio de actitud del rubio.

-Me han multado en la biblioteca… no he podido sacar el libro que necesito y…- Albert le puso dos dedos en los labios para callarla, lo que la hizo sonrojar y mirarlo con mezcla de miedo y confusión. Él sólo la miró.

-Lo sé, te vi ayer… por eso traje algunas guías y resúmenes que te pueden ayudar…- dijo Albert señalando su mochila -Lo que no entiendas te lo explicaré- sonrió y Candy sintió que se iba a derretir, aunque hicieran 10º Celsius afuera.

Albert guió a Candy hacia una mesa y repartió en ella todo el material de estudio que tenía en su mochila. Candy se preguntaba cómo tanto papel cabía en esa mochila mientras él le explicaba las cosas básicas que entrarían en el examen que venía.

-Candy- la llamó Albert sacándola de un ejercicio en el que intentaba concentrarse.

-Dime- respondió ella anotando algunas cosas al lado del desarrollo para no olvidarlas, siempre pulcra y ordenada.

-¿Qué estudias?- el rubio apoyó un brazo en la mesa y en esa mano su mejilla, para mirarla directamente a los ojos.

-Enfermería- respondió ella orgullosa. -quiero ayudar a las personas… a mi abuela en su orfanato y en realidad a todo aquel que lo necesite- continuó sintiendo su pecho hincharse de bienestar y satisfacción. Albert la miraba embelesado.

-Es una carrera que requiere mucha memoria- dijo por decir algo.

-Sí… y en realidad no me cuesta… pensarás que soy realmente tonta por no poder con estas cosas… pero es que simplemente no me gustan… ¡no concibo que las enfermeras debamos saber derivadas cuando no las usaremos en ningún minuto del resto de nuestras vidas!- dijo con mucha convicción, haciendo sentir a Albert que eso le habría dicho ella el día anterior. Le sonrió.

-Tienes razón…- ella lo miró con curiosidad -hay gente a la que no le servirá en su vida… pero te ayuda a abrir tu mente sabes, a ver más allá… a abrirte a nuevas ideas, a salir de lo cotidiano y a aprender a pensar… por eso les hacen aprender estas cosas- le dijo con un tono paternal que la enterneció. Tal vez así ella pondría un poco más de empeño en el asunto. Ella asintió.

-Puede ser… tal vez… en todo caso, debo aprobarlo… le pondré muchas ganas- dijo la rubia con una sonrisa radiante y Albert por un momento deseó que fuera sólo para él. Le sonrió de vuelta y le indicó que volviera al ejercicio que hacía.

Tras una tarde entera de estudiar Candy estaba cansada y algo frustrada. Aún no entendía la materia del todo y Albert, aunque tenía muy buena disposición parecía cansado también de intentar hacerle entender. Pensaba que tendría que buscar nuevos métodos.

-Se ha hecho bastante tarde…- murmuró Candy mirando por la ventana junto a la mesa.

-Sí, creo que está bien por hoy…- dijo Albert comenzando a ordenar el material. La miró sonriendo tras meter todo en su mochila. -¿te parece si estudiamos mañana o el jueves?... quedan 8 días para tu examen y creo que es más que suficiente… debes sacar un sobresaliente- ella lo miró con cara de perrito abandonado.

-Si tienes tiempo, te lo agradecería muchísimo- respondió sonriéndole aliviada y avergonzada.

-Claro que esta vez tendrás que dedicarte más a los ejercicios y menos a mirarme- dijo Albert soltando una carcajada. Candy abrió mucho los ojos y sus mejillas se tiñeron de un carmín brillante. -Tus pecas se pierden cuando te sonrojas- sonrió acercándose a ella y pasándole un dedo por la nariz rápidamente. Candy se sintió como un perrito confundido y sacudió la cabeza para ordenar sus ideas.

-¡Estás jugando conmigo!- reclamó la rubia. Albert sólo sonrió -No me molestes… sólo quiero pasar esta materia… de verdad… tú sabes, como te dije, una enfermera no usará estas cosas en su trabajo… pero debo aprobar y no soy amiga de las matemáticas…- dijo haciendo énfasis en el "no". Pequeñas lágrimas de frustración se asomaron en sus ojos y el corazón de Albert sintió un dejo de dolor al verlas. ¡Qué ganas tenía de consolarla! Pero ahora lo principal era ayudarla y hacerla sentir fuerte y optimista.

-Tranquila pequeña pecosa, yo te ayudaré- dijo guiñándole un ojo cómplice. Ella le sonrió y secó sus ojos con el dorso de su mano. -Pero quiero algo a cambio- Candy lo miró entre sorprendida, curiosa y extrañada. -¡Quiero que me invites a cenar!-

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Bueno, he dejado hasta acá el capítulo I, espero que les haya gustado y no tener muchas faltas :/
Jajajaja quise subir este capítulo anoche y FF no me dejó!... malvado! espero que ahora sí lo puedan ver... díganme qué opinan, vale :)?
Besitos a todas y perdónenme por no actualizar la otra historia… ocurre que la musa aún no me cuenta las ideas para esa u_u
Muchos saludos!
Pauli