En Soledad Contigo

Capítulo 2

— Pues mírate no más. Con uniforme y todo. Nada mal, eh…

— ¿Qué haces aquí?

— ¿Así tratas a todo el mundo? No me extrañaría si nadie viene a visitarte entonces.

Gale la miraba atento. Todo a su alrededor le traía recuerdos de ella, pero, en su mente, Johanna se encontraba estrechamente relacionada con ella, y eso era algo para lo que no estaba preparado. Aún recordaba la primera vez que la vio en la pequeña televisión de la mina donde trabajaba. Todos los empleados eran forzados a ver las repeticiones de la especial cosecha del Vasallaje y cuando llegó el turno del distrito 7, Gale recuerda haber deseado su muerte instantáneamente. Johanna se veía fuerte, feroz, mortal. Si bien esa Johanna terminó siendo alguien completamente distinto de quien pudo conocer en el distrito 13, el temor que le provocaba su presencia y la posibilidad de que resurjan los recuerdos de esos días con Kat—ella, la hacían igual de temible.

— Bueno, ¿te vas a quedar allí parado todo el día? Esta mochila pesa bastante — dijo Johanna acomodando la mochila en su hombro, sacándolo de sus pensamientos.

Sin decir nada, Gale se acercó a ella y le quitó la mochila. Ambos lucharon un poco por un momento, no queriendo ceder la carga de la misma. Finalmente, Johanna la soltó de manera brusca y repentina, empujándolo un poco y haciendo que de unos pasos atrás, intentando recobrar el equilibrio. Miró de reojo el reloj en la pared a su derecha antes de volver su mirada en ella.

— ¿Dónde te estás alojando?

— ¿Qué? ¿Ni siquiera vas a ofrecerme un lugar para quedarme? Aunque sea puramente de cortesía, uno creería que tu madre—

Gale la interrumpió. — No tienes dónde quedarte, ¿cierto?

Johanna trató de esconder su vergüenza con esa mirada de superioridad que tanto le irrita a la gente pero que Gale encontraba cómica. No precisaba escuchar su respuesta para saber que había adivinado, así que simplemente se dirigió a la puerta y emprendió camino a su pequeño condominio.

Escuchaba los fuertes pasos de Johanna tras él. Tan distintos a los usuales suaves pasos de las mujeres que han caminado con él desde el bar en el centro de la ciudad hasta su casa…

— ¿Y la descerebrada? — preguntó Johanna repentinamente, rompiendo el silencio.

—Ya sabes donde está — respondió Gale cortante, no queriendo tocar el tema y haciéndoselo saber incluso a alguien tan metiche como Johanna, quien es conocida por tomar placer en meter el dedo en la llaga.

Johanna mordió su labio inferior brevemente antes de soltar una risa socarrona. — Pues era sabido, ¿no? A la chica en llamas siempre le ha asustado el fuego.

Gale la miró fijo, frunciendo el entrecejo, mientras tomaba los últimos pasos hasta su puerta, abriéndola y dejando pasar a la chica primero. Ella recorrió el pequeño cuarto donde se encontraba la pequeña cocina con una vieja mesa torcida y unas cuantas sillas de madera, un armario de mediano tamaño color negro y una cama.

—Para ser comandante no te han dado muchos privilegios —comentó con desdén, jugueteando con la vieja y polvorienta colcha de la cama.

— ¿Y a ti si? —Su tono antipático tampoco se quedaba atrás.

—Yo no necesito lujos como el Capitolio.

—Yo tampoco. Soy del 12, ¿recuerdas?

—Cómo olvidarlo, —ella dice sarcástica, poniendo los ojos en blanco. Johanna suspira y comienza a quitarse la musculosa. —Bueno, voy a dormir un rato. Fue un viaje largo. Pero no te creas que no me debes la cena —dijo, mientras se sacaba la ropa poco a poco, quedando completamente desnuda.

Antes de que Gale pudiera siquiera emitir sonido, ella ya se había metido en su cama, emitiendo un sonido de satisfacción. Casi como el ronroneo de un gato.

—Despiértame si grito. Las pesadillas aún son terribles. —Ésa era Johanna. Sin filtro.

Gale soltó una risa ahogada, más cercano a una fuerte exhalación que a una risa, pero se dio cuenta que era lo más cercano a un gesto de felicidad o gracia que había emitido en años. Se puso a preparar su comida, intentando no hacer demasiado ruido para no despertar a la chica, a pesar de que la profunda respiración de Johanna le indicaba que ya se encontraba completamente dormida. Una vez listo, se sentó con su cuenco de estofado de carne y arvejas recalentado, apoyando sus largas piernas en otra silla frente a él. Quién sabe cuánto tiempo estuvo ahí mirando a Johanna, intentando descifrar a esa extraña chica. Sí, todos conocían a Johanna. Sarcástica, sin rodeos, desinteresada, punzante, malhumorada… pero, ¿quién era realmente? ¿Qué buscaba?

— ¿Qué haces aquí? —preguntó nuevamente Gale en voz alta antes de darse cuenta.

Su voz no la alteró, pero la trajo de sus sueños poco a poco. Sus párpados pesados se abrieron lentamente, intentando enfocarse en sus ojos grises. Aún recostada, se volvió para mirar al techo y se encogió de hombros.

Ninguno dijo una palabra. Sumergidos en sus pensamientos se quedaron por varios momentos. Pues claro, ¿cómo esperaba recibir una respuesta directa de Johanna? Burlándose de su fugaz momento de inocencia, Gale se levantó y empezó a dirigirse al baño. Si se acostaba ahora, podría dormir tres horas antes de volver al trabajo.

Justo cuando estaba por pasar el umbral del baño, la oye susurrar.

—Estoy cansada de estar sola.


A/N: Mil disculpas por la larga espera! Soy estudiante universitaria así que se imaginarán el poco tiempo que tengo. Sumado a eso, el bloqueo de escritor que tengo ultimamente es de otro mundo =/

Pero (buenas noticias!) mientras terminaba este capítulo se me ocurrían pequeñas escenas para más adelante. Algunas ya las escribí así tipo borrador y de verdad me gustan mucho :)

Espero que les haya gustado este capítulo!

Por favor, cuentenme qué les pareció. Una review, un PM, ideas, comentarios, críticas constructivas, correr la voz... todo me pone increíblemente feliz :D