Hola! Vengo con una adaptación del libro Embarazada del Magnate Griego de Kathryn Ross. No sé si alguien ha hecho esta adaptación ya. Si lo ha hecho, que me avise y borraré la historia sin ningún problema.

Disclaimer: Nada de esto me pertenece. La historia es de Kathryn Ross y los personajes pertenecen a Stephenie Meyer. Espero y les guste

PRÓLOGO

Bella miró por la ventana y observó cómo el sol se ponía, envuelto en bruma rosada, sobre los tejados de Londres. Se dijo que tal vez no estaba embarazada. Sólo tenía una semana de retraso y, de todos modos, nunca había sido muy regular.

Debería hacerse la prueba inmediatamente. No hacía más que mirar el bolso y, cada vez que lo hacía, el corazón se le aceleraba por la aprensión. En aquel momento, cuando los teléfonos habían dejado de sonar y los despachos estaban vacíos, era el momento perfecto.

Cuanto antes lo supiera, antes podría tomar una decisión sobre lo que debía hacer.

¿Y qué haría si los resultados de la prueba eran po sitivos?

Apoyó la frente contra el frío cristal. No había duda de que su jefe era el hombre más guapo y fascinante que había conocido nunca, ni tampoco de que había estado disfrutando de aquella aventura. Sin embargo, sólo se trataba de eso. De una aventura.

Edward no era de la clase de hombres que sentaban la cabeza. Se lo había dejado muy claro desde el principio y a ella le había parecido bien. De hecho, mucho más que bien. Había estado completamente de acuerdo con él.

Había pensado que lo tenía todo controlado. Nada más lejos de la verdad Se dio la vuelta para no seguir mirando por la ventana. Acababa de comprender que, en aquellos momentos, estaba considerando su aventura con Alexi de un modo muy diferente y que, lo que veía, lo que sentía, la estaba asustando. Resultaba muy extraño cómo la vida podía cambiar en un instante.

Estaba a punto de tomar su bolso cuando un ruido le indicó que ya no estaba sola. Al levantar la mirada vio a Edward de pie en el umbral de la puerta. Como siempre que cruzaba la mirada con la de él, sus sentimientos se vieron envueltos en un torbellino de sensaciones. «Guapo a rabiar». Así era como había descrito en una ocasión al magnate griego y esa descripción era extremadamente exacta.

—Sabes que ya ha terminado por hoy todo el mundo, ¿verdad? —le preguntó él.

—Tenía que comprobar algunas cifras —replicó ella tratando de centrarse en los negocios. Se sentó de nuevo frente a su escritorio.

—Bueno, ¿cómo va?

—Ya casi he terminado —dijo ella. Sólo faltaban unos días para que su contrato allí concluyera.

Lo miró mientras él se acercaba un poco más. Le gustaba el modo en el que Edward vestía. Tenía la elegancia innata que los hombres de la Europa continental parecían alcanzar tan fácilmente. Sin embargo, no era eso lo que la atraía, como tampoco lo era el físico perfecto que se ocultaba bajo aquella ropa. Era otra cosa. Era el aura de poder que él portaba tan bien, el modo distante, seguro y casi cruel con el que era capaz de mantener la atención de Bella.

Ella hubiera querido que él no tuviera un efecto tan devastador sobre ella ni que le hiciera perder el control de sus sentimientos, pero así era.

Cuando Edward se detuvo justamente frente a su escritorio, trató precipitadamente de apartar estos sentimientos.

—Lo has hecho muy bien. Por supuesto, eso significa que tendremos que hacer tiempo para hablar de cómo van a ser las cosas a partir de ahora.

¿Emocionalmente, quería decir? Bella tragó saliva. No pudo responder.

—Me gustaría que te quedaras...

Estas palabras, pronunciadas suavemente, desataron en ella sentimientos que no se atrevía a analizar. Lo miró con cautela mientras el cuerpo se le tensaba, esperando.

—¿En qué puesto?

—El mismo que ahora. Voy a comprar una nueva empresa y me gustaría que te ocuparas de un proyecto similar en mi nombre.

Bella trató de controlar la desilusión. Por supuesto que Edward no había estado hablando de sentimientos. Él jamás hablaba de ellos. Eran tabú. Única y exclusivamente, Edward Cullen era un hombre de negocios.

—¿Y... nosotros? —preguntó ella, a duras penas.

—Bueno, podemos seguir como hasta ahora, ¿verdad? —respondió mirándola fijamente. Entonces, sonrió—. Divirtiéndonos.

Bella asintió y trató de parecer indiferente a aquel comentario.

—Bueno, ya podremos hablar de eso más tarde -Edward frunció el ceño durante un instante, como si lo hubieran sorprendido aquellas palabras.

—Entonces, supongo que la siguiente pregunta es... —dijo, inclinándose sobre la mesa y apoyando las manos sobre el escritorio— ¿en tu casa o en la mía?

Al escuchar aquella pregunta, Bella sintió que se le tensaban los músculos del vientre. Lo deseaba tanto... ansiaba apartarlo todo a un lado y dejar simplemente que él la abrazara. Sin embargo, esto no era justamente lo que Edward estaba pensando. Tenía la intención de hacerle el amor hasta que ella se quedara sin sentido y estuviera completamente saciada. Entonces, sonreiría lleno de satisfacción y le diría que era estupenda antes de apartarse de ella y dirigir la conversación y el estado de ánimo hacia los negocios.

Por primera vez en su relación, Bella se sintió como si ya no pudiera soportar esta situación. La sensación fue creciendo dentro de ella con inquietante intensidad.

—Pensaba que esta noche tenías una reunión con el director de Florida— replicó.

—Sí, pero no debería durar demasiado. Habré terminado sobre las diez —dijo él.

Rodeó el escritorio hasta llegar al lado en el que ella estaba y se sentó sobre la mesa. Aquella cercanía la turbó aún más.

—Edward, hoy ha sido un día de locura. No he parado y...

—¿Me estás dando plantón? —preguntó él. No parecía enojado, sino divertido.

—Me temo que sí. Una mujer tiene que ponerse al día con las horas de sueño que necesita para estar bella.

Edward extendió una mano y le levantó el rostro por la barbilla para que ella se viera obligada a mirarlo.

—A mí me parece que estás estupenda y no creo que necesites dormir para recuperar tu belleza —murmuró. El roce de los dedos contra la piel hizo que Bella se sintiera llena de deseo—. Pero te dejaré esta noche siempre que pienses en mi propuesta de negocios.

No la soltó inmediatamente. Los dedos le acariciaron suavemente el rostro antes de hundirse en la larga y oscura melena. Antes de que él pudiera besarla, Bella respiró profundamente.

Vaya si sabía besar... Sólo Edward podía encenderla por dentro, conseguir que ella lo deseara con una ur gencia que jamás había experimentado tanto. A lo largo de los últimos dos meses, se había rendido a él por completo, había gozado con los salvajes y excitantes sentimientos que él creaba dentro de ella, pero iquel día la maestría con la que Edward dominaba sus entimientos la asustaba.

No quería seguir sintiéndose así, pero no podía evitar dejarse llevar por el placer del momento.

El teléfono móvil de Edward comenzó a sonar. Durante un instante, él no le prestó atención. Entonces, se apartó de ella secamente.

—Lo siento, Bella. Es mejor que conteste esta llamada.

Ella se encogió de hombros y trató de que no le importara.

—Hola, Alec, ¿cómo está la situación en la oficina de Nueva York?

¿Cómo era posible que él fuera capaz de besar con tanta pasión y, tan sólo un momento después, sonar plenamente bajo control?

La propia Bella se respondió a su pregunta: porque no conectaba con ella a nivel emocional. Trató de recuperar el control de sí misma. Se apartó el cabello del rostro y extendió la mano para tomar su bolso.

—Tardaré un momento —murmuró ella al notar que Edward la miraba.

Él asintió.

—Limítate a ocuparte de ello, Alec —le espetó—. Yo no doy segundas oportunidades. Ese tipo lo ha fastidiado todo.

Bella se dirigió al pasillo. Edward era un hombre de negocios completamente cruel. Ya lo sabía. Sin embargo, también había leído muchas cosas sobre él en las revistas del corazón y sabía que lo podía ser también en su vida privada.

Había estado casado en una ocasión y, desde su divorcio, había cambiado de compañía femenina como el tiempo.

Si aquella prueba de embarazo resultaba positiva, iba a estar completamente sola. Había oído el rumor de que su matrimonio había terminado porque él no había deseado tener hijos y su ex esposa sí.

Desgraciadamente para Bella, la aventura que ellos dos tenían no significaba nada para él. ¿Cómo podía haber sido tan estúpida? Había crecido en una familia monoparental y había sido muy duro. Los recuerdos aún la perseguían.

Si la prueba era negativa, se prometió que aprendería la lección. Y terminaría con Edward de una vez por todas.

Bueno, bueno, aquí está el prólogo. ¿Les ha gustado? Espero que sí.

Me dejarían un review?

Besoos!