Disclaimer: los personajes usados en este fic son propiedad de S. Meyer, aclarando que solo tomo como referencia un libro para realizar esta adaptación, esto lo hago sin fines de lucro solo el saber que les gusta con sus reviews es suficiente pago para mi, gracias…

Capitulo 13:

Edward entró con aspecto cansado a las cuatro de la madrugada, enfadado con el mundo. Había logrado reservar la última plaza libre en el torneo de whist, pero no podía evitar fruncir el ceño. Su única opción en aquel momento era ganar. Derrotar a los mejores jugadores de Inglaterra. Si perdía, no solo Bella no volvería a ver el interior de Talbot Old Hall, sino que él también se quedaría sin casa.

Tras desprenderse de las cinco mil libras que había ganado jugando, se había visto obligado a pagar la otra mitad de la cuota de inscripción apostando todas las cosas de valor que le quedaban como garantía subsidiaria: su querida residencia de soltero en la mansión Althorpe y todos los muebles restantes, incluida su legendaria cama. En fin. Al volver la vista atrás, pensó que podía haber vendido su casa desde el principio para comprar la vivienda de Bella a James, pero antes de su estancia en Brighton y de vivir con Bella a diario, semejante sacrificio le habría parecido incomprensible. «Cabrón egoísta», pensó lanzando un suspiro. Por fin debía de estar listo para el matrimonio, porque ofrecer todo lo que tenía por ella se estaba convirtiendo en una costumbre, aunque en la actualidad la querida destinataria de todos sus esfuerzos ya no sentía la menor compasión por él.

Recordando con inquietud las miradas encendidas que se habían lanzado lady Victoria y el príncipe James, Edward entró penosamente en la casa, de muy mal humor. Acababa de darse cuenta, sintiendo una punzada de culpabilidad, de que había vuelto a abandonar a Emmett y a Jasper en el baile de los Lieven sin decirles nada, cuando de repente oyó unas carcajadas procedentes del piso de arriba. Se detuvo, arqueó las cejas y frunció el ceño. Edward siguió el sonido hasta el comedor. Cuando cruzó la puerta descubrió su origen: Bella y Jacob se hallaban sentados cómodamente a la mesa, bebiendo café, charlando como viejos amigos y comiendo pudín. Su pudín.

‐ Vaya, mira quién está aquí ‐ dijo Jacob, mirándolo con rencor de forma arrogante y acusadora, mientras se recostaba en su silla a la cabecera de la mesa.

‐ Eso mismo estaba pensando yo ‐ murmuró Edward, mirándolo a los ojos.

‐ Pero si es el hombre de los secretos –

‐ Creía que te estabas recuperando de los excesos del otro día ‐ contestó Edward con precaución.

‐ Amigo mío, tienes que dar algunas explicaciones ‐ replicó Jacob.

Bella se limpió los labios con su servilleta y desvió la mirada con inquietud del visitante a Edward.

‐ ¿Te apetece pudín? ‐ preguntó, con la esperanza de evitar una pelea.

‐ Sí ‐ dijo Rush cansinamente ‐ Te hemos guardado un poco. Aunque nos ha costado. La señorita Swan cocina muy bien –

Cuando su amigo rico, atractivo y poseedor de un título de nobleza lanzó a Bella una mirada de conspirador, Edward se estremeció, hirviendo de celos.

‐ Ya lo creo – Se dirigió hacia ellos despacio y con cautela, hecho una furia.

‐ ¿Quién habría dicho que cocinar podía ser tan divertido? ‐ dijo Jacob en tono de mofa, con una sonrisa cómplice.

Menudo desgraciado. Bella bajó la vista, reprimiendo una sonrisa ligeramente picara. Edward frunció el ceño. ¿Cómo se atrevían a burlarse de él? Cuando llegó junto a Bella, se inclinó para darle un beso posesivo, pero ella apartó la cara. Solo llegó a rozarle la comisura de la boca. Ella le lanzó una mirada altiva con el rabillo del ojo.

‐ ¿Dónde has estado? ‐ preguntó Bella con serenidad ‐ El baile acabó hace horas –

Edward volvió a enderezarse y de repente comprendió el motivo de tan frío recibimiento. Al echar un vistazo al reloj de la pared, recordó que eran pasadas las cuatro de la madrugada. «Maldita sea» Solo Dios sabía lo que Bella debía de estar pensando. Era muy tarde, y ella todavía no había obtenido ninguna respuesta con relación a lady Victoria. Al no disponer de más información, tenía motivos para sospechar lo peor. Pero si Bella creía posible que él hubiera estado hasta aquellas horas en compañía de otra mujer, ¿hasta dónde habría llegado en sus coqueteos con Jacob, el famoso ladrón de amantes?

‐ Jacob, amigo mío, ¿puedo hablar contigo, por favor? –

‐ Desde luego ‐ respondió rápidamente Jacob, con una mirada de reproche ‐ Señorita Swan, si me disculpa ‐ dijo a Bella, empleando sus mejores modales con ella.

Menudo cambio respecto al día en que se habían conocido en la puerta de Jasper, pensó Edward cínicamente; le desagradaba saber que su amigo podía ser un temible rival cuando se lo proponía, Bella despidió al futuro marqués con un elegante gesto de cabeza. Jacob se levantó y le hizo una reverencia antes de marcharse, mientras Edward permanecía junto a la silla de ella lleno de ira. Indicó a Jacob con un gesto que se dirigiera al salón situado al otro lado del pasillo. Cuando Jacob pasó por delante de él, Edward, que seguía resentido, alargó la mano hacia el pudín húmedo, arrancó un pequeño trozo y se lo metió en la boca con un gesto desafiante mientras sostenía la mirada rebelde de Bella. Ella lo miró entornando los ojos.

Edward entró resueltamente en el salón, no se anduvo con rodeos.

‐ Las manos quietas, Jacob. Esa chica es mía ‐ Jacob arqueó sus pobladas cejas morenas y acto seguido se rió de él sacudiendo la cabeza.

‐ No seas tonto, Edward. No estoy intentando conquistar a tu dama. Tranquilízate –

‐ ¡Va a ser mi esposa!-

‐ No si no le cuentas la verdad sobre Victoria ‐ dijo Jacob de forma inexpresiva. Edward palideció.

‐ ¿Qué le has contado?-

‐ Nada. Cuentas con mi lealtad, por supuesto. Desde luego, ella ha estado intentando sonsacármelo toda la noche, pero yo no pienso entrometerme. Aunque me lo ha contado todo sobre vosotros dos ‐ añadió.

Edward puso los brazos en jarras ‐ Ah, ¿sí?-

‐ Puedo ser un confidente muy comprensivo-

‐ Sí, cuando quieres llevar a una mujer a la cama-

‐ Esta vez no. Claro que si a ti no te interesa es otra…-

‐ ¡Me interesa!-

Rush arqueó las cejas ‐ Pues entonces podrías intentar contárselo porque no está segura de qué sientes por ella-

Edward apartó la mirada con inquietud, adoptando un gesto de obstinación con la mandíbula; no necesitaba que Jacob le dijera cómo se sentía Bella.

‐ ¿Qué demonios te pasa? ‐ insistió su amigo ‐ ¡Santo Dios, te has comprometido! ¿Cómo has podido ocultarnos algo así somos tus amigos? Por lo menos, yo creía que lo éramos. Sabía que escondías algo, pero… demonios, ¿una prometida?-

‐ ¡No podía decírselos!-

‐ ¿Porqué?-

‐ ¡Porque ella está en peligro! ‐ exclamó Edward finalmente, harto de cargar con todo el peso sobre sus hombros ‐ Alguien está intentando matar a esa chica, Jacob. ¿Te ha contado eso?-

‐ No ‐ contestó él asombrado.

‐ La situación es muy grave. He estado escondiéndola aquí para mantenerla a salvo. Por eso estaba en la puerta de Jasper la otra noche ‐ explicó ‐ No era una fulana; estaba huyendo. La tormenta la sorprendió. No tenía otro lugar adonde ir-

Rush dio un paso en dirección a él con expresión airada ‐ ¿Quién podría hacer daño a una criatura tan adorable?-

Edward respondió dubitativo:

‐ No te lo he contado hasta ahora, y sigo sin estar seguro de poder hacerlo, porque no puedo arriesgarme a que nadie cometa un descuido. Su vida está en juego-

‐ Así que ese es el motivo por el que has estado comportándote de esa forma tan extraña-

Edward se encogió de hombros. A él no le parecía que hubiera estado comportándose de forma extraña.

‐ Caramba ‐ dijo Jacob asombrado ‐ Si eso es cierto, con más motivo nos necesitas a Jasper, a Emmett y a mí. A estas alturas ya deberías saber que puedes contar con nosotros-

Edward se quedó mirándolo ‐ ¿De verdad?-

‐ ¡Sí! Por ti y por ella. Si esa chica está en peligro, tienes que dejar que te ayudemos a protegerla-

‐ No debes hablar de ella con nadie-

‐ ¡Por supuesto!-

‐ Muy bien ‐ Edward asintió con la cabeza con gesto arrepentido ‐ No me vendría mal que alguien me cubriera la espalda-

‐ Lo que necesites ‐ Jacob le dio una palmada en su brazo lleno de cicatrices y asintió con la cabeza.

‐ Pásate por aquí mañana al mediodía con Emmett y Jasper, y os lo contare-

‐ Hecho. Me voy. Seguro que queréis estar solos. Por cierto, una advertencia: en este momento ella está bastante furiosa contigo. Yo en tu lugar andaría con pies de plomo. Cuéntale lo de Victoria. Ella no es Tanya. Esa chica podrá soportarlo-

Edward frunció el ceño, y aunque no le hacía gracia que le dijeran como tenía que tratar a su mujer, Jacob nunca vacilaba en decir lo que pensaba.

‐ No la espantes como has hecho con las demás. Te lo digo como amigo: esa chica es lo mejor que te ha pasado en la vida-

‐ Lo sé ‐ admitió él entre dientes.

‐ Hagas lo que hagas, no la provoques ‐ añadió Jacob, con un brillo de picardía en los ojos.

Edward sonrió irónicamente, y Jacob se despidió. Después de quitarse el frac negro de etiqueta, Edward se dirigió de nuevo al comedor para ver a Bella, pero ella ya iba hacia el salón. Edward la miró con anhelo cuando pasó por delante de él para servirse un jerez; ataviada con un escotado vestido de noche de satén escarlata que se pegaba a sus generosas curvas, era pura poesía en movimiento.

‐ ¿Así que lord Jacob se ha ido?-

‐ No llores, chérie. Volverá mañana ‐ dijo él en un ligero tono de mofa, mientras arrojaba la chaqueta sobre el respaldo del sillón más próximo ‐ Aunque no creo que para entonces quede pudín ‐ Se dirigió hacia ella sin prisa, clavándole su ardiente mirada ‐ Ni un solo bocado-

Ella bebió su jerez a sorbos con un mohín de recelo; tras días de frustración contenida, el deseo reprimido se percibía entre ellos.

‐ Bonito vestido ‐ susurró él, echándole un vistazo con atrevimiento al pasar por detrás de ella ‐ ¿Qué se celebra?-

Ella se volvió hacia él con una mirada imperiosa ‐ Esperaba que celebráramos que habíamos recuperado mi casa. ¿Y bien? ¿Qué ha pasado?-

‐ Todo a su debido tiempo, querida. Primero, dime una cosa. ¿Llevas ese vestido por mí o por Jacob?-

Ella resopló ‐ Llevaba puesto el camisón cuando él apareció. Fue lo primero que cogí del vestidor y una de las pocas cosas que puedo ponerme sin ayuda de la criada. Está durmiendo-

‐ ¿Jacob te vio en camisón? ‐ Edward dominó su irritación apretando la mandíbula ‐¿Sabes que es uno de los más famosos libertinos de la sociedad?-

‐ ¿Todavía más famoso que usted, lord Edward? ‐ preguntó ella en tono inocente.

Él entrecerró los ojos en señal de advertencia. Mientras se miraban fijamente el uno al otro con intensa hostilidad y mutuo deseo, iban girando como boxeadores que se calentaran en el ring.

‐ ¿Por qué has vuelto tan tarde? ‐ preguntó ella ‐ Dime dónde has estado. ¿O tampoco se me permite saberlo? ¿Se supone que tengo que creerte?-

Edward era consciente de que él había provocado aquella situación, de que su silencio y sus secretos habían hecho que se tambaleara la confianza de Bella en él, pero por el momento no podía hacer otra cosa que sacudir la cabeza.

‐ ¿Sabes? Es muy curioso que me pidas que confíe en ti cuando al parecer tú no confías en mí-

Ella dejó su copa con una mirada de desaliento ‐ ¡He estado muy preocupada!-

‐ ¿Preocupada? ¿O celosa otra vez? ‐preguntó él con suavidad.

‐ ¡Tú eres el que está celoso! ¿Dónde has estado? ¿Qué ha pasado con James?-

‐ ¿Qué ha pasado con Jacob?-

‐ ¡Nada! Vino a buscarte. Le permití que me hiciera compañía-

‐ ¿Solo le permitiste que hiciera eso? ‐preguntó él, y le rodeó la cintura con un brazo cuando ella le dio la espalda.

‐ No seas tonto-

‐ ¿Crees que este jueguecito tuyo tiene gracia? ‐le susurró él, al oído mientras la atraía hacia sí, sujetándola por la cintura ‐ Así es como empiezan los duelos, chérie-

Edward notó que ella temblaba ‐ No he hecho nada malo-

‐ Él te desea, ¿sabes? ‐ Edward le rozó la curva del cuello con los Libios ‐ ¿Y sabes otra cosa, Bella? ‐ susurró ‐ Yo también-

‐ Suéltame, bruto ‐ Ella le dio un empujón en el pecho con el codo, pero él no la soltó. A decir verdad, el esfuerzo de Bella no fue muy convincente ‐ ¡No tengo ni idea de dónde has estado todas estas horas… ni con quién! ¿Has estado con esa mujer horrible en el baile? Te juro que si has estado con ella, Edward…-

Él interrumpió su pregunta besándola con fuerza y de forma posesiva, mientras la hacía girar parcialmente entre sus brazos.

‐ No he estado con nadie ‐ dijo él en tono monótono, y le cogió la mano y la acercó a su miembro cada vez más duro ‐ Ya te he dicho que soy tuyo. ¿Lo ves? Y tú eres mía. Parece que necesites que te lo recuerde-

‐ Oh, ¿qué pasa, cariño? ‐ replicó ella en un susurro entrecortado ‐¿Sigues celoso? ‐ Los ojos brillantes de Bella se burlaban de él, lo retaban, le proponían un desafío sensual.

Edward movió la cabeza esbozando una sonrisa ardorosa. Qué ánimo. Qué valor. La fogosidad de ella lo embargó de un oscuro deleite. Bruja impertinente. Le rodeó la nuca con una mano de forma suave pero dominante y la atrajo más hacia sí, mirando con ardor sus exuberantes labios rosados.

‐ No olvides a quién perteneces-

Edward volvió a besarla con brusquedad, y el tenue gemido que Bella emitió con la lengua de él metida en la boca, completamente abierta a modo de anhelante recibimiento, le dijo todo lo que necesitaba saber. Le acarició la cara, tratando de atemperar el deseo que sentía por ella; ambos se detuvieron, respiraron y a continuación simplemente se lanzaron el uno sobre el otro como comensales hambrientos en un banquete.

A Edward le temblaban las manos como a un joven inexperto. La tocó por todas partes con avidez. Acarició el satén rosado, pero deseaba notar su piel blanca. Le rasgó su bonito corpiño con las prisas por tocarle los pechos, mientras ella le desabrochaba con la misma premura los botones del chaleco y se lo quitaba por los hombros. Él le quitó las horquillas del pelo, que llevaba recogido hacia atrás, y dejó que cayera y se derramara, exuberante, entre sus dedos, como una multitud de hebras de seda marrón. Luego se arrodilló ante ella y chupó con ansia sus rígidos pezones. Ella le abrazó la cabeza contra el pecho, enredando los dedos en su cabello. Momentos más tarde Bella le sacó la camisa blanca por la cabeza y, con el torso desnudo, Edward tiró de ella hacia el suelo de forma impetuosa y precipitada. Bella lo seguía como ninguna mujer lo había hecho antes. Una vez que los dos estuvieron arrodillados, Edward hizo que se inclinara sobre la alargada tumbona de seda, le levantó la falda y la tomó por detrás con rápidas y fuertes embestidas.

Ella arqueó la espalda y lo apremió a que continuara; él la agarró de las caderas y aceleró el ritmo, poseyéndola con un goce puro y abrumador, sin que mediara una palabra entre ambos. Su miembro alcanzó un tamaño enorme al deslizarse dentro de ella, como la pica de un lancero o el mástil de una fragata. En su vida había estado tan excitado. Tras acariciar las redondeadas nalgas de Bella, ascendió con sus dedos por su espalda, agarró la maroma sedosa de su pelo y tiró de la cabeza hacia atrás suavemente, con la fuerza justa para asegurarse de que ella sabía quién mandaba. Ella gimió de indefenso placer, sometiéndose a su dominio, tal vez a su pesar. Edward cerró los ojos, disfrutando de la sedosa humedad de su sexo empapado. Mientras le acariciaba las curvas cálidas y flexibles de la espalda, una sensación celestial recorrió todo su cuerpo como un hormigueo.

‐ Ah, Bella-

Rodeó su esbelta cintura con un brazo y le cubrió la espalda, la nuca y los hombros con besos tórridos. Se lo dijo con el cuerpo, con su forma posesiva de agarrarla, mientras sus dedos se clavaban en la carne blanda de sus caderas; se lo dijo con cada una de sus profundas embestidas, hundido en ella hasta el fondo; e incluso le dijo con las leves marcas de los dientes que le dejó en su tierno hombro que bajo ningún concepto iba a permitir que ella renunciara a casarse con él.

‐ Eres mía ‐ susurró.

Ella gimió su nombre y se estremeció violentamente cuando él empezó a juguetear con la punta del dedo corazón en su clítoris duro.

‐ Oh, sí, Edward. No pares-

‐ No, Bella, jamás-

Ella lo arrastró consigo cuando la oleada caliente del orgasmo se precipitó por su cuerpo núbil, haciéndola temblar y empujar contra él, sacudiendo sus nalgas desenfrenadamente contra la ingle de Edward. Tenía la piel empapada de sudor. Edward hundió la cara en el pelo de ella y la siguió ciegamente hasta alcanzar un estado de inconsciencia. Con las últimas arremetidas de sus caderas, entró en otro mundo, en el que solo existían su mujer, el placer y una dulce oscuridad.

‐ Bella ‐dijo en voz baja, a medida que ella se relajaba entre sus brazos.

Apenas podía abrir los ojos, pero mientras una gota de sudor caía por la mejilla, dejó de abrazarla por la cintura de forma dominante y pasó a hacerlo con un nuevo afecto. Sin salir de su interior, le acarició el dulce hombro que momentos antes había llenado de mordiscos amorosos.

‐ Ah, ángel mío. Eres milagrosa ‐ Ella emitió un pequeño y tembloroso suspiro cuando él se apartó ‐ ¿Estás bien?-

Ella asintió con la cabeza, y de repente adoptó un aire tímido después de su desenfrenada cópula. Edward sonrió al reparar en su rubor carmesí. Era adorable, pensó embelesado.

‐ Ven aquí ‐ Le arregló un poco el vestido roto, se abrochó los pantalones y la miró a los ojos con cautela ‐ ¿Quieres hablar ahora?-

Ella arqueó las cejas, escudriñando sus ojos ‐ ¿Quieres hablar tú?-

Edward asintió con la cabeza seriamente, sin pronunciar palabra. Tal vez si dejaba de huir de sus demonios y los miraba a los ojos, el pasado perdería parte del poder que ejercía sobre él. Sí, había llegado el momento de acabar con él y afrontar las consecuencias. Bella le cogió la cara con una mano y a continuación apoyo una mejilla contra la de él, acariciando su piel con las pestañas.

‐ Sea lo que sea, Edward, lo superaremos juntos-

Él la envolvió con los brazos y cerró los ojos, rezando mientras la abrazaba para que lo que ella había dicho no fueran solo palabras bonitas. Luego se puso en pie y la levantó con él. Ella le rodeó el cuello con las manos y sostuvo su mirada mientras él la subía despacio por la escalera hasta la cama de verano.

‐ Me había acostumbrado a ganar. Ganar… era todo para mí. Pero hará un año y medio que tuve una racha de mala suerte. Una racha de mala suerte bastante… espectacular-

Poco después Edward empezó su confesión. Su murmullo grave llegaba hasta Bella desde las sombras de su lado de la cama de verano. Se habían puesto la ropa de dormir y habían ocupado sus respectivos lados de la cama, que había servido de escenario íntimo para tantas conversaciones susurradas. La luz de la luna penetraba en la habitación; una leve brisa agitaba las cortinas. Bella se puso de lado y contempló la silueta musculosa de Edward.

‐ El faraón y los juegos de azar ‐ dijo con un tenue suspiro ‐ Los juegos de azar eran mi perdición. No hay estrategia que valga con ellos. Solo hay que poner el dinero y esperar a ver qué pasa. Esa era la clase de juegos a los que más me gustaba ganar-

‐ ¿Por qué?-

‐ No lo sé. Hacía que me sintiera… señalado por el destino. Querido por la diosa Fortuna. Elegido. Supongo que parece absurdo ‐ La almohada emitió un susurro cuando él movió la cabeza y alzó la vista hacia el dosel que había encima de ellos ‐Pero si en esas ocasiones me sentía particularmente bendecido, cuando perdía, como podrás imaginar, me sentía maldito. No dejaba de pensar que podía recuperarme, como si me estuvieran poniendo a prueba. Me negaba a rendirme. Otra tirada de dados, otra partida de cartas. Me obsesioné con recuperar mi prestigio-

‐ ¿Por qué te interesaba tanto eso? ‐preguntó ella con suavidad.

Él meditó la pregunta ‐ Supongo que me ayudaba a no pensar en otras cosas-

‐ ¿Cómo cuáles?-

‐ Pues, por ejemplo, que podía tenerlo todo y sin embargo no era feliz ‐ dijo él en tono vacilante ‐ Podía tener tanto como quisiera y sin embargo…-

‐ ¿No llenaba tu vacío? ‐preguntó ella suavemente.

Él volvió la cabeza y se quedó mirándola un momento. Luego asintió lentamente con seriedad.

‐ Continúa-

Edward se recostó de nuevo y contempló el dosel con los brazos cruzados bajo la cabeza.

‐ Cuanto más aguantaba tratando de recuperarme, peor me iba. Se avecinaba un desastre, pero yo me negaba a reconocer la derrota. Carlisle me advirtió un par de veces de que me estaba metiendo en terreno peligroso, pero yo no le hice caso. Al final, canceló mi renta en un intento de obligarme a abandonar. No tenía opción, la verdad. Lo hizo por mi bien… pero yo no estaba dispuesto a permitir que las cosas quedaran de aquella manera. De modo que, discretamente, me informé de cómo pedir un crédito al banco con el que cubrir mis gastos hasta que recuperara la suerte. Fue una mala idea, lo sé. En cualquier caso, los prestamistas de confianza de Londres se enteraron de que me había quedado sin fondos. Sin el aval de Carlisle, se negaban a darme ni un cuarto de penique. Y entonces las cosas se pusieron muy… interesantes-

‐ ¿Qué pasó?-

‐ Algunos de mis acreedores se enteraron de mi situación y vinieron a llamar a mi puerta. Había pedido prestado a mis amigos todo lo que había podido; todavía se lo debía todo. No me sentía con valor para pedirles un penique más. Incluso un jugador arruinado tiene su orgullo. Estaba muy enfadado conmigo mismo y muy indignado‐ dijo, mientras su voz se iba empañando por la emoción ‐ Los alguaciles estaban al acecho para llevarme a la cárcel de deudores, y sabía que Carlisle me dejaría allí metido, me lo había advertido. Temía que fuera la única forma de que yo aprendiera-

Bella escuchaba en silencio.

‐ Bueno, yo sabía que, si me dejaba encerrar, sería el fin de lord Edward Cullen, capitán de los libertinos de Londres ‐ dijo cínicamente ‐ Ya era bastante grave haberme convertido inexplicablemente en un perdedor de la noche a la mañana, pero si hubiera ido a la cárcel de deudores, me habría vuelto un marginado social. La vida de la alta sociedad puede ser muy superficial, pero es el único estilo de vida que he conocido. No pensaba con claridad ‐ reconoció en la oscuridad ‐ Así que hice algo… increíblemente estúpido-

‐ ¿Qué hiciste? ‐murmuró ella.

‐ Recibí un préstamo del señor Dunmire ‐ Edward se colocó de lado y posó la mejilla en su mano, con el codo apoyado sobre la almohada. Sus ojos relucían a la luz plateada de la luna ‐ Es una especie de hombre de negocios de los bajos fondos, otro tipo de delincuente. Es dueño de media docena de casas de juego deshonestas. Burdeles. Pubs de mala muerte en los que suelen organizarse peleas de gallos. Tiene un ejército de estafadores que se aprovechan de los jugadores. Sabía que tratar con él podía ser un suicidio, pero al ser la única opción honrosa que tenía, por así decirlo, cierto atractivo, acabé aceptando-

‐ Oh, Edward-

Ella se estremeció al recordar a los jugadores que aparecían en los periódicos por haberse volado los sesos o haberse ahorcado, tras haber perseguido la ruina hasta el final. Aquellas vías de escape eran descritas como prácticas habituales, frías, realistas. Actos de honor. Y es que cuando un caballero orgulloso se había deshonrado con el juego hasta el punto de no poder recuperarse, el suicidio era contemplado como la única forma de responder al oprobio que él mismo se había buscado.

‐ Pero aun así me negaba a perder la esperanza ‐ dijo Edward ‐ La tasa de interés del préstamo era escandalosa, pero estaba totalmente convencido de que mi suerte tenía que cambiar algún día. En cuanto recibí el dinero de Dunmire, pagué algunas deudas y me libré de los alguaciles, pero cuando venció el primer plazo del préstamo… ‐ movió la cabeza con gesto de disgusto ‐ No pude pagar-

‐ Oh, no ‐ dijo ella con voz queda, e hizo una mueca mientras le sostenía la mirada.

‐ Dunmire no tardó en mandar a sus matones a por mí. Una noche, cuando volvía a casa de una fiesta solo y borracho, se me echaron encima. Hice todo lo que pude para protegerme de ellos, pero no estaba en condiciones. Si hubiera estado sobrio, estoy seguro de que podría haberme enfrentado a ellos. Me vencieron sin problema. Me estamparon la cabeza contra el suelo hasta que empecé a ver doble y luego uno de ellos saltó encima de mi pierna y me la rompió… en señal de advertencia-

‐ Oh, cariño ‐ Bella se incorporó, atravesó el hueco que los separaba y se colocó en el lado de la cama de Edward. Escrutó su rostro con una preocupación teñida de asombro.

Él se apoyó contra la cabecera de la cama, con el torso descubierto y una rodilla flexionada ‐ Ojalá pudiera decirte que fui atrevido y me mantuve firme, pero no fue precisamente el caso‐ Torció los labios mientras contemplaba la mirada interrogativa de Bella ‐ Después de conseguir escapar cojeando de ellos, y bastante indefenso por el estado en que me habían dejado, me escondí en Cullen House… al menos durante unas semanas, mientras me recuperaba. Ni siquiera le conté a mi familia lo que estaba pasando. Les dije que me lo había hecho en una apuesta de borrachos con mis amigos. Ellos me creyeron y, en vista de las heridas, llamaron a un médico y me acogieron‐ Tomó la mano de Bella y bajó la vista ‐ Los matones de Dunmire no tardaron en encontrarme. Una noche estaba sentado en la terraza jugando al ajedrez con la señorita Tanya cuando se acercaron a la valla y me dijeron que no podía esconderme allí para siempre, y que si volvía a salir, era hombre muerto. Para entonces, naturalmente, ya me había saltado varios pagos más-

Ella le acarició el hombro con una compasión llena de dolor ‐ Por desgracia, Tanya se había enterado de todo. Ya te he hablado de ella, como recordarás: era la acompañante de mi hermana-

Bella asintió con la cabeza ‐ Se lo había estado ocultando a todo el mundo, pero ella estaba delante cuando pasó aquello y, evidentemente, se enteró. Me preguntó por el asunto, y como había sido muy amable conmigo y había cuidado de mí mientras andaba con muletas, fui incapaz de mentirle. Al final me derrumbé y le conté la verdad, pero le hice jurar que no se lo contaría a los demás. ¿Sabes lo que hizo por mí?-

Bella negó con la cabeza. Edward estaba pálido; las superficies planas y los ángulos marcados de su cara estaban tensos de dolor.

‐ Cogió la dote que le había dejado su padre y… me la dio para que le devolviera el dinero a Dunmire-

Bella posó la mano en su antebrazo. No pudo evitar sentirse ligeramente amenazada por el vínculo del pasado entre él y la señorita Tanya… Deseó haber conocido a Edward de toda la vida, como Tanya. Por otra parte, daba gracias porque él hubiera tenido a una amiga como Tanya cuando más la necesitaba.

‐ Debía de quererte mucho ‐dijo con melancolía.

‐ Casi tanto como yo me despreciaba ‐contestó él en voz baja. Hizo una pausa ‐ Lo cierto es que nunca llegó a conocerme de verdad. No como tú. Ella estaba enamorada de una imagen de mí que había creado en su cabeza. Al final llegó a darse cuenta, porque lo que descubrió más tarde con Riley era auténtico comparado con lo que había entre nosotros. En cualquier caso, la generosidad que demostró aquel día hizo que me sintiera totalmente humillado. Tanya es de origen humilde; el dinero que me estaba ofreciendo representaba todo su futuro. Al principio lo acepté porque ella insistió. Y porque estaba entre la espada y la pared: creía que no tenía alternativa. Pero camino del despacho de Dunmire, me di cuenta de que no podía seguir adelante. No habría podido vivir conmigo mismo. Así que en lugar de eso… ‐ Bajó la voz hasta hablar en un angustioso susurro ‐ Le dije al cochero que me llevara a casa de lady Victoria-

Bella lo observó con aprensión. El le tocó el brazo un instante, respiró hondo y a continuación se obligó visiblemente a continuar.

‐ Victoria… es una viuda que ha heredado una fortuna. Puede hacer lo que le plazca, cuando le plazca y con quien le plazca. Hacía años que intentaba llevarme a la cama, pero yo nunca… Había oído cosas sobre ella, sobre las cosas que le gustan. Yo nunca… así que hicimos un trato-

‐ Entiendo-

Aquella palabra susurrada brotó de los labios de Bella con una exhalación, como si alguien le hubiera dado un puñetazo en el estómago o le hubiera clavado un puñal en el corazón. Bajó la vista. Por fuera, permaneció completamente inmóvil, pero por dentro todo le daba vueltas, pues comprendió lo que Edward se disponía a contarle. Él tragó saliva, un tanto pálido, pero se obligó a zanjar aquel asunto con una mirada de pétrea determinación, y Bella cerró los ojos cuando el pronunció las palabras.

‐ Victoria pagó a Dunmire a cambio de mis servicios en la cama-

Bella se quedó muy quieta, abrazándose fuerte la cintura con un brazo. En realidad, estaba horrorizada, profundamente afectada.

‐ Nuestra relación duró más de un año. Ella se negó a pagarle a Dunmire todo de una vez porque disfrutaba mucho con el poder que había adquirido sobre mí. Alardeaba de ese poder delante de todo el mundo; disfrutaba probando hasta qué punto podía presionarme-

‐ ¿Cómo te permitió hacer eso tu familia? ‐ dijo Bella temblando.

‐ No sabían lo grave que era mi situación, y yo no estaba dispuesto a involucrarlos más en unos acontecimientos que había provocado con mi insensatez. No soportaba la idea de que su concepto de mí empeorase todavía más ‐ Tragó saliva ‐ Simplemente me alegraba de no estar en la cárcel, y Dunmire estaba satisfecho. Por lo que respecta a la sociedad, algunas personas se escandalizaron (dejé de recibir parte de las invitaciones que me mandaban de toda la ciudad), pero en general la gente me dejó seguir con aquello como si no fuera más que una broma, la travesura de un libertino. Yo planté cara a la situación como si fuera una especie de diversión, sabiendo al mismo tiempo que la pobre Tanya se había quedado hecha polvo. Mi «diversión» no hizo más que destrozarla, por lo menos hasta que apareció Riley-

‐ Oh, Edward-

‐ Pero ¿sabes qué es lo peor que hice?-

Ella lo miró alarmada, con la cara todavía más pálida. «¿Hay algo peor?»

‐ Cuando vi que Riley y Tanya se enamoraban, intenté recuperarla. También intenté arrebatarle aquello… de forma irreflexiva y egoísta ‐ Hizo una pausa ‐ Incluso le pedí que se casara conmigo-

Bella se estremeció, invadida por una mezcla de celos y dolor ante aquellas desconcertantes revelaciones.

‐ ¿La querías de verdad?-

Él permaneció callado un rato ‐ No sentía por ella lo que siento por ti. Tanya es una chica encantadora a la que siempre tendré en gran estima, pero a causa de mi egoísmo, la principal razón por la que le propuse matrimonio era un miedo abyecto a que, si ella escogía a Riley, no quedara nadie en el mundo que me quisiera. Entonces te conocí a ti. Y pensé que tal vez la respuesta no sea recibir, sino dar-

Bella lo miró a los ojos sintiendo un acceso de ternura. Las sombras azuladas de la luz de la luna esculpían el rostro de Edward mientras escudriñaba los ojos de ella.

‐ Cuando te vi por primera vez aquella noche y te confundí con una prostituta, sentí… que simpatizaba contigo. Sentí que podía ayudar a alguien como tú y que… tú no me juzgarías. Que comprenderías lo que era eso. No sabía que eras inocente. A decir verdad, Bella, había olvidado qué era la inocencia-

Ella se estremeció al advertir el dolor que se reflejaba en su susurro y bajó la vista.

‐ Estando contigo he tenido la oportunidad de entregarme a otra persona como no lo había hecho antes, e independientemente de lo que puedas decir sobre lo que te he contado, siempre te estaré agradecido por haberme dejado ayudarte y haber confiado tanto en mí como para permitirme cuidar de ti. Para mí, significa más de lo que crees. Me has dado la oportunidad de volver a sentirme orgulloso de quien soy ‐ Apartó la vista ‐ De todas formas, sinceramente iba a contarte todo esto cuando el asunto de James hubiera terminado. No quería que dejaras de confiar en mí; solo habría servido para que tuvieras miedo de mi capacidad para protegerte. Y… yo también tenía miedo. Miedo a perderte ‐ La miró de reojo con una gran cautela ‐ ¿Te he perdido?-

Bella tenía ganas de llorar. Lo miró fijamente por un instante y luego agachó la cabeza y posó las manos en su regazo. No sabía qué decir. Sus emociones estaban en completo desorden. Sentía ira ante aquella situación. Dolor y sorpresa. Edward permaneció a la espera tras haber desnudado su alma ante ella; se encontraba en un estado de absoluta vulnerabilidad. Ella cerró los ojos, deseando retirarse y curar sus sentimientos heridos después de lo que él le había contado. Pero ella era quien había insistido en oírlo todo, y después de que él le hubiera abierto su corazón, sabía que si le hacía daño nunca volvería a confiar en ella. Ni tenía por qué hacerlo. Se dio cuenta de que tenía que elegir. O desahogaba su ira y de ese modo él no volvería a confesarse a ella, o superaba aquel episodio y lo dejaba atrás para poder estar junto a él cuando más la necesitaba. Respiró hondo y soltó el aire; a continuación lo miró. Observó su rostro de hermosas facciones, recelosa de aquella poderosa belleza masculina que él había utilizado para sobrevivir.

‐ Lo siento ‐ dijo Edward, en cuyos ojos azules se reflejaba un gran pesar ‐No tienes por qué casarte conmigo si ya no lo deseas. Lo entenderé-

Ella se estremeció; sus temores le decían que escapara mientras tenía la posibilidad. Una mujer tendría que estar loca para arriesgarse a compartir su vida con un hombre capaz de hacer cosas tan temerarias y desenfrenadas. Pero en medio del silencio, mientras debatía consigo misma, Bella optó por no hacer caso a sus temores. Era el vacío lo que había llevado a Edward a realizar aquellos actos; no se trataba de un verdadero reflejo de cómo era él. Un vacío que ella podía curar. No, hacerle daño en aquel momento sería peor que todo lo que Edward había hecho. La decisión de llegar a él estaba tomada. Tras levantar la mano que Edward tenía apoyada en la cama, inclinó la cabeza, cerró los ojos y la besó despacio. Cuando sus lágrimas cayeron sobre la mano de él, oyó que Edward aspiraba temblorosamente. Besó sus nudillos grandes y gruesos una y otra vez, de forma tranquilizadora, reafirmando en todo momento su voluntad y su decisión de llegar hasta el fondo de su alma y mostrarle amor. El amor que él no había conocido nunca.

‐ Oh, cariño ‐ susurró Bella, alzando su mirada afligida hacia la de él una vez más ‐ lo hiciste lo mejor que pudiste-

Él pronunció su nombre en voz baja. Mientras sostenía su mirada a través de la bruma de las lágrimas, Bella advirtió que él se había quedado atónito ante su reacción. Volvió

a tocarle la mejilla y le dio otro beso en la palma de la mano.

‐ No me importa el pasado, Edward ‐susurró con una lealtad inquebrantable ‐Quiero que te perdones por lo que hiciste-

Él tragó saliva y negó con la cabeza ‐ No puedo, a menos que tú me perdones-

‐ No me corresponde a mí conceder o negar el perdón. A mí no me hiciste ningún mal. Ni siquiera me conocías entonces-

Él la miraba como si no creyera lo que estaba ocurriendo.

‐ Fíjate en la decisión que tomaste en aquellas circunstancias tan terribles. Sacrificaste tu orgullo en lugar de aprovecharte de la señorita Tanya. Sí que te importa la gente, Edward. Es una de las cosas que hacen de ti una persona maravillosa-

Él retiró la mano de la de ella y apartó la vista con aspecto afectado ‐ No lo entiendo-

Ella buscó una forma de explicarse ‐ ¿Te ha perdonado la señorita Tanya?-

‐ Sí. Ahora es feliz con Riley ‐dijo él con cautela.

‐ ¿Te ha perdonado tu familia?-

‐ Claro que sí. Ellos… ‐ De repente se detuvo, como si estuviera oyendo sus propias palabras por primera vez y se diera cuenta de ello ‐ Ellos… me quieren-

Bella le dedicó una sonrisa trémula entre lágrimas ‐ ¿Lo ves? ‐ susurró ‐ Lo has arreglado todo lo mejor que has podido, así que ¿por qué sigues castigándote?-

Él no tenía respuesta para aquella pregunta.

‐ ¿Te acuerdas de la primera noche, cuando estábamos debajo de aquella marquesina y te amenacé con romperte la cabeza con el apagavelas? ¿Te acuerdas? Tú creías que yo era una… una prostituta-

La débil sonrisa de Edward ante el recordatorio de su improvisada arma se desvaneció; a continuación asintió con la cabeza, como sacudido por un estremecimiento.

‐ ¿Y si lo hubiera sido? ‐ preguntó ella cándidamente ‐ Recuerda aquella noche, querido. Recuerda lo amable que fuiste, la compasión que mostraste conmigo. La dignidad y la amabilidad con que me trataste. Aunque creías que era una simple fulana, me ofreciste la mejor comida de la ciudad. Me abriste la puerta de tu casa. No tenías por qué haber hecho nada de eso. Desde luego, tus amigos no se habrían molestado ¿Por qué te esforzaste tanto por una simple chica de la calle?-

‐ Porque… sabía que fuera lo que fuese lo que te había ocurrido, eras una buena persona y no habrías escogido esa vida a menos que no te quedara otra opción-

Ella asintió lentamente. Él asimiló aquello y agachó la cabeza.

‐ Pero tu amabilidad conmigo no se acabó allí, Edward. ¿Te acuerdas de lo mucho que te esmeraste para tranquilizarme y hacerme sonreír? Y luego… ‐ Le cogió la mano una vez más y la sostuvo entre las suyas ‐ Me hiciste el amor con mucha ternura ‐ Le acarició la mano, recordando aquella noche de nuevo.

Él le lanzó una rápida mirada llena de un angustioso ardor por debajo del mechón de su frente.

‐ Aquella noche no te comportaste como un hombre que solo lleva a una mujer a su casa para seducirla ‐murmuró ella‐ Te portaste conmigo como un buen samaritano… y al día siguiente, cuando demostraste que eras mi caballero de brillante armadura, también. Me propusiste que me casara contigo cuando te enteraste de que era virgen… aunque yo te había engañado. Puede que no hayas llegado a formar parte de la caballería de Wellington, Edward, pero para mí tú tienes madera de héroe-

‐ ¿Yo? ‐susurró él.

‐ Sí ‐contestó ella, deseando estrecharlo entre sus brazos, pero aguardó, pues todavía le quedaban muchas cosas por decir y por hacer entender a Edward ‐ Dices que eres una especie de canalla egoísta, pero eso no es lo que yo veo ‐ Sus sentimientos por él, que últimamente habían estado confusos, afloraron con más claridad a medida que hablaba de ellos ‐No has dejado de arriesgarte por mí… y de qué manera. Por el amor de Dios, peleaste con los malditos cosacos. ¡Todos los ejércitos de Europa les tienen miedo! Me trajiste aquí a riesgo de enfurecer a tu familia, y sé qué importante es para ti. Te aseguraste de que estaba a salvo, me diste de comer e incluso me vestiste‐ Bella acarició cada uno de sus dedos, recorriéndolos suavemente y siguiendo con la vista el movimiento de su mano ‐ Jugaste una noche tras otra para ayudarme a recuperar mi casa y salvar mi pueblo, a pesar de que el juego había sido tu enemigo mortal en el pasado. En ningún momento me has pedido algo a cambio, salvo que confiara en ti‐ Alzó la cabeza y lo miró ‐ ¿No es ese el espíritu de la caballerosidad? ¿No crees que un hombre así merece ser perdonado?-

El estaba contemplando la pared opuesta con la boca fruncida en una línea tensa, pero cuando la miró con una abrumadora emoción reflejada en los ojos, Bella se lanzó a sus brazos. Se abrazaron fuerte. El elocuente amante de Bella apenas podía hablar. La envolvió con sus brazos y se aferró a ella como si hubiera llegado el momento de la redención. Edward cerró los ojos y ocultó la cara entre los largos mechones de ella.

‐ Oh, Dios, todo lo que he hecho por ti no es nada comparado con lo que estaría dispuesto a hacer ‐dijo con voz ahogada, de forma apenas audible‐ Bella… moriría por ti-

Ella acarició su pelo broncineo al tiempo que negaba con la cabeza ‐ No. Ni siquiera lo menciones. Te necesito vivo, y quiero que seas feliz, Edward, que estés en paz contigo mismo, que no te tortures por un pasado que no puedes cambiar, y desde luego que no temas perder mi amor. Haría falta alguien mucho más poderoso que lady Victoria para destruir lo que hay entre nosotros ‐ Levantó la cabeza del hombro de él y lo miró a los ojos, mientras le acariciaba la cara con ternura ‐ Eres un hombre bueno, y te quiero-

Un silencio de sobrecogimiento inundó la estancia ante aquella simple declaración. Edward, que la miraba fijamente, parecía tan aturdido por sus palabras como un hombre que se hubiera caído de un caballo.

‐ ¿Me quieres?-

A Edward se le escapó la pregunta con voz queda. La soledad y la tristeza de sus grandes ojos azules hicieron brotar lágrimas en los de ella. Bella le acarició la mejilla con la mano.

‐ Más de lo que puedo expresar, cariño-

Él la miró a los ojos, haciendo un gran esfuerzo por reaccionar. Ella sacudió la cabeza y sonrió cariñosamente entre lágrimas.

‐ No pasa nada, cielo ‐dijo Bella melancólica, al tiempo que apartaba la mano de su cara ‐ No tienes que contestarme hasta que no estés preparado-

‐ Lo siento-

‐ No. No tienes que sentirlo ‐ Ella le apartó el pelo de los ojos ‐ Has pasado por mucho en materia de amor. Lo único que te pido es que me dejes seguir diciéndolo. ¿Podrás vivir con ello?-

Él escudriñó su rostro con un débil y vacilante asomo de sonrisa. El hombre estaba perplejo.

‐ De… de acuerdo-

‐ Bien. ¿Quieres volver a oírlo?-

‐ No… estoy seguro-

‐ Probemos a ver qué pasa ‐Bella se inclinó y le besó la frente ‐ Te quiero, cariño‐ Recorrió su frente, sus párpados y su nariz dándole besos suaves y rápidos ‐ Te quiero, Edward Cullen-

Cuando se detuvo, él respiraba aceleradamente; abrió las ojos despacio para mirar los de ella.

‐ Enséñame-

‐ ¿Cómo?-

Él bajó la vista a los labios de Bella.

‐ Hazme el amor-

Bella arqueó una ceja. Edward se lamió los labios y esperó a ver qué hacía ella, mientras su mirada desafiante y provocadora amenazaba con oscurecer una vez más las profundidades de sus ojos. Ella sonrió. Aquel hombre era insaciable, pero Bella se colocó a horcajadas sobre su regazo sin rechistar, mirándolo con ternura. Sus heridas se curarían con el tiempo. Si por el momento su temor requería una prueba de su amor para poder creer, ella se la ofrecería. Si su vacío precisaba que ella se rindiera para poder verse lleno, ella se entregaría.

Todavía tenía el sexo mojado de la sesión del salón. Con los ojos brillantes y las manos temblorosas, Edward sacó su grueso falo erecto una vez más y le levantó la blusa mientras ella permanecía sobre él; la penetró despacio. Ella se estremeció al notar que le sujetaba los muslos con sus manos calientes y tiraba de ella sobre su miembro rígido. Como había ocurrido la vez anterior, la sumisión voluntaria de ella despertó una parte salvaje de él, mientras que la pasión de él encendió el alma de ella. Habían hecho el amor hacía menos de una hora, pero Bella estaba encantada de entregarse si aquello era lo que él necesitaba para convencerse de que estaba a salvo entre sus brazos. Ella no iba a utilizarlo ni a aprovecharse de él; no lo abandonaría ni lo traicionaría. Si él necesitaba que ella se sometiera para volver a sentirse como un hombre después del golpe que su orgullo había sufrido al tener que venderse como objeto sexual de una mujer rica, ella cedería gustosamente y brindaría todo el control a Edward.

Él recibió ese control con avidez, gozando de la bienvenida que le ofrecía el cuerpo de ella con una mirada lujuriosa de embriaguez, pero un momento después la colocó boca arriba sobre la cama y la tomó. Tomó lo que deseaba. Nada de juegos amorosos, nada de bromas. Caliente y excitado entre las piernas de Bella, imperioso y dominante, empujaba con embestidas rápidas y profundas. Su torso desnudo chocaba contra el de ella con cada acometida; su respiración áspera le soplaba al oído. Bella hizo una mueca de ligero malestar ante su brusquedad, pero no se le pasó por la cabeza detenerlo. Era maravilloso entregarse de aquella forma: en cuerpo y mente, por completo, con el corazón y el alma. Ella deslizaba las manos arriba y abajo por los costados suaves y ondulados de él con una firme convicción; se abría a él sin arrepentimiento.

Estaba fascinada por la forma en que él la poseía; el Edward más profundo y auténtico se revelaba bajo su resplandeciente encanto y sus numerosas máscaras: un hombre sediento de amor. Oh, sí, ella había empezado a entender cómo funcionaba su mente. Él necesitaba aquello.

Bella lo rodeó con las piernas. Apoyado con las manos por encima de ella, Edward empujaba ferozmente mientras disfrutaba de ella. Con un áspero murmullo, él le preguntó si quería que le ofreciera otro orgasmo. Ella negó con la cabeza, jadeando. «Esto es solo para ti» Él bajó las pestañas y aceptó la ofrenda. Al cabo de un rato, la aferró más fuerte y la sujetó debajo de él a su antojo. Le agarró los pechos con las manos.

‐ ¡Oh, Bella! ‐dijo con voz entrecortada, y acto seguido se quedó rígido entre sus brazos y alcanzó el clímax con una fuerza estruendosa. Lanzó un largo y extraño gemido que se fue desvaneciendo hasta convertirse en un susurro. Luego todo quedó en silencio, a excepción de los jadeos que él emitía mientras permanecía tumbado pesadamente sobre ella.

Bella le acarició la espalda y le meció la cabeza en la curva de su cuello.

‐ Te quiero ‐susurró.

‐ ¿Incluso ahora? ‐preguntó él en un murmullo ronco.

‐ Siempre-

Edward se apoyó en los codos, bajó la cabeza y la besó con una intensa y abrumadora vehemencia, con el cuerpo todavía envuelto por el de ella. Cuando terminó de besarla de forma posesiva, salió de dentro de ella y apoyó la cabeza en su pecho lanzando una trémula exhalación.

‐ No lo entiendo ‐dijo.

‐ Lo entenderás-

Bella gozó de su presencia, acariciándolo y deseando poder protegerlo del mundo con su amor-

‐ Eres una mujer muy dulce-

Ella sonrió con ternura ante su murmullo pensativo, pero no dijo nada. Edward abrió la mano sobre el vientre de ella mientras lo miraba con expresión meditabunda. Un instante después, alzó la cabeza y la miró a los ojos.

‐ ¿Sigues dispuesta a casarte conmigo?-

‐ ¿Sigues queriéndome tú por esposa?-

Él arqueó las cejas sorprendido, se incorporó y la miró fijamente ‐ ¿Que si te quiero por esposa? Santo Dios, Bella, eres la única mujer que he conocido que podría mantenerme a raya-

Ella le dedicó una sonrisa irónica, pero sus ojos resplandecieron de alegría al oír su respuesta.

‐ No eres tan difícil. Eres un desafío, pero… merece la pena-

Él le lanzó una de sus sonrisas radiantes y picaras y la cogió sobre su regazo. Bella le rodeó el cuello con los brazos y lo miró detenidamente a los ojos sonriendo.

‐ Claro que sigo queriendo casarme contigo. Eres el único hombre que podría hacerme feliz-

‐ ¿Yo? ‐ susurró él.

En el fondo de sus ojos se reflejaba la confianza auténtica y profunda que había empezado a crecer en su seno. Ella recorrió su mejilla con las puntas de los dedos.

‐ Sí, cariño. Tú-

Él le besó los labios con dulzura.

‐ No más secretos entre nosotros, Edward. Prométemelo ‐rogó ella, al tiempo que se separaba un poco ‐ Sé que si me das tu palabra, no la romperás nunca-

‐ Mi querida esposa, no puedo negarte nada-

Ella sonrió y se ruborizó al oír sus tiernas palabras de cariño. Naturalmente, no sería oficial hasta que pronunciasen los votos, pero tan solo era cuestión de tiempo.

‐ Te doy mi palabra ‐susurró él, mientras la obsequiaba con otro beso ‐No más secretos entre nosotros, jamás-

Acá está lo prometido es deuda, si no lo subí antes es porque el FF no me ha dejado esta lentísimo para cargar los caps, mañana si me da chance subo otro así que estense pendientes… ya díganme que opinan de este capítulo, termino de una manera muy tierna y al fin Edward se sincero completamente con Bella… bueno nos leemos mañana Dios mediante besos chicas.