Disclaimer: los personajes usados en este fic son propiedad de S. Meyer, aclarando que solo tomo como referencia un libro para realizar esta adaptación, esto lo hago sin fines de lucro solo el saber que les gusta con sus reviews es suficiente pago para mi, gracias…

Capitulo 14:

A la mañana siguiente Edward se despertó con un celo renovado por proteger a Bella y llevarla de vuelta a su hogar. Se marchó de casa temprano antes de que ella despertara, para hacer un reconocimiento de la casa de Westland en previsión de la siguiente fase de su misión: revelar los crímenes de James a las autoridades. Antes de que se durmieran la noche anterior, él le había informado de que su primo había ofrecido la casa como prenda en el torneo de whist y de que él había conseguido inscribirse en el certamen apostando sus habitaciones de la mansión Althorpe, a Bella la conmovió que estuviera dispuesto a sacrificar su hogar para intentar recuperar el de ella, pero, a decir verdad, después de lo ocurrido la noche anterior, era lo mínimo que Edward podía hacer. Ahora estaban en aquello juntos hasta el final.

Mientras conducía por Brighton su faetón alquilado, no lograba quitarse de la cabeza la expresión de ella, aunque tampoco lo deseaba. No podía olvidar la dulzura de sus ojos al mirarlo mientras él le hacía el amor. «Dijo que me quiere.» No dejaba de maravillarse. En el pasado, sus amantes le habían dicho aquellas dos palabras dulcemente traicioneras en un intento de poseerlo, pero él no había creído a ninguna de ellas. Le creía a Bella. Nadie se había portado tan bien con él. Nadie había sido tan paciente. Nadie lo había aceptado de forma tan completa. Nadie había creído tanto en su valía, y menos aún él mismo.

La noche anterior había atravesado con ella una línea que nunca antes se había aventurado a cruzar, un lugar más allá del cual no había vuelta atrás y lo había hecho de buena gana, superando su miedo; ella había conseguido que saliera del mundo oscuro que tan bien conocía y entrara en un territorio nuevo y extraño; era como despertar en otro mundo. Todo parecía igual, las calles y las casas, el cielo y los árboles, pero la intensa luz dorada del amanecer iluminaba todas las superficies desde un nuevo ángulo, enfocándolo todo nítidamente. La tierra parecía recién limpiada, como después de una fuerte lluvia, y en el aire se respiraba un olor a genuina libertad. Aunque en cierto sentido se encontraba en un estado de maravilloso desconcierto, se sentía más preparado que nunca para enfrentarse a lo que se le presentara. La noche anterior se había propuesto contarle la verdad a Bella porque se lo debía y ella lo merecía; lo que no esperaba era que aquella hermosa criatura asestara un golpe mortal a los demonios de su vieja inseguridad. Pero al parecer lo había hecho. Hacía mucho tiempo que deseaba un cambio, pero por primera vez desde hacía una eternidad sentía que el poder para lograrlo estaba en sus manos. Por fin controlaba su propio destino; ya no estaba sometido a las órdenes de Carlisle o del resto de sus familiares, ni a la diosa Fortuna ni a lady Victoria, ni siquiera a sus propias compulsiones. Ahora tenía en sus manos las riendas de su vida. De algún modo Bella lo había devuelto a sí mismo. Se preguntaba qué pensaría ella de su incapacidad para decirle aquellas dos peligrosas palabras. Lo que menos deseaba él era hacerle daño. La noche anterior había temido que Bella se enfadara con él al ver que vacilaba; sin embargo, ella le había sonreído con ternura. No sabía por qué le costaba tanto decir aquellas palabras, pero se le trababa la lengua al enfrentarse a ellas, como si solo él supiera que encerraban un hechizo de magia negra que, una vez pronunciado, invocaría al mismísimo demonio.

Por lo visto el demonio no asustaba a Bella Swan. Edward estaba empezando a preguntarse si había algo que la asustara. No dejaba de sorprenderlo con su fortaleza. Aquella mañana la había estado observando unos minutos con asombro y reverencia mientras dormía, tratando de comprender qué la hacía tan hermosa, qué la hacía tan valiente. Había visto en sus ojos el dolor que le había causado su confesión, y la había visto salir triunfante de ella. Qué mujer tan intrépida y llena de coraje. Ella lo estimulaba. ¿Podía ser amor aquel ardor confuso que anidaba en su pecho? Pero él siempre había creído a los poetas que describían el amor como suaves brisas y dulces arroyos. Siempre le había parecido algo mortalmente aburrido. Lo que sentía por Bella se parecía más a una tormenta causada por un incendio en su interior, la certeza de que sería capaz de quemar el mundo si suponía una amenaza para ella. El «amor» sobre el que cantaban los poetas guardaba poca semejanza con el violento ardor que él sentía por ella.

En cualquier caso, recordó una vez más cómo ella lo había animado a que se perdonase por el error que había cometido, y aunque la idea le intrigaba, no era tan fácil de conseguir. Tal vez cuando hubiera logrado lo que se había propuesto, hubiera entregado la escritura de Talbot Old Hall a Bella y se hubiera asegurado de que ella estaba a salvo para siempre, podría hacer lo que le había pedido, tal vez entonces sería digno de ello. Cuando volvió a la casa de campo tras su visita matutina de reconocimiento, para asistir a la reunión que iba a mantener con sus amigos al mediodía, su humor se había ensombrecido después de lo que había visto: todavía había soldados apostados discretamente en el exterior de la residencia de Westland. Se alegraba de haberse mantenido a distancia, pues al parecer James todavía estaba controlando todas las entradas y salidas de la casa del duque. Pese a no llevar uniforme, los hombres de James no habían pasado inadvertidos a los expertos ojos de Edward. Los individuos corpulentos, toscos y de aspecto extranjero que merodeaban aquí y allá intentando no llamar la atención podrían haberse mezclado con la gente de Londres, pero Brighton era una localidad menos poblada y más refinada. Los soldados vigilaban todo el perímetro de la casa, pero cuando el carruaje del duque salió, dos de ellos lo siguieron en un sencillo carruaje cubierto, mientras los demás mantenían sus puestos.

Semejante insistencia provocó un escalofrío a Edward, pensó que James se estaba volviendo loco, consciente de que Bella seguía fugada y todavía poseía información que podía suponer la perdición para él. Si el príncipe se estaba tomando tantas molestias, era muy posible que también hubiera sobornado a algún criado del servicio de Westland para que espiara por él, pensó Edward. Era bastante fácil organizar aquellas prácticas. Recordaba un incidente ocurrido años atrás en Cullen House, cuando un ayudante de mayordomo fue despedido por hurgar en la correspondencia de Carlisle. El tipo se había dedicado a leer las cartas de los colegas que el duque tenía y a informar de sus descubrimientos a unos miembros anónimos de su partido rival. Una vez que el insolente canalla hubo aprendido a abrir los sellos de cera, incluso leyó algunas cartas de amor enviadas a su hermana Alice por sus incontables pretendientes. En cualquier caso, los recursos de James ponían todavía más difíciles las cosas a Edward y a Bella. No solo era poco probable que el duque de Westland los tomara en serio, tras haber llegado a la conclusión de que Bella estaba loca y Edward era un mujeriego, sino que ahora parecía imposible llegar hasta su excelencia sin que James lo descubriera y les cerrara el paso. Tal vez había otra persona a quien podía presentar su caso aparte de Westland, meditó Edward mientras regresaba a la casa de campo dando grandes zancadas. ¿El conde Lieven, el embajador ruso? Era un hombre poderoso y desde luego no parecía tener mucha estima por su compatriota…

Sin dejar de dar vueltas a aquellas ideas, le contó a Bella lo que había descubierto mientras los dos esperaban a que llegaran sus amigos. De repente, la puerta principal se abrió de golpe, y Jasper apareció con aspecto azorado.

‐ ¡Edward! ¡Ha ocurrido un desastre! ¡Tengo que hablar contigo ahora mismo! ¡Se trata de Irina!-

Edward fue resueltamente al vestíbulo para reunirse con él mientras Jacob y Emmett entraban en la casa detrás de Jasper.

‐ ¿Qué pasa?-

Jasper agarró a Edward de los brazos, escrutando su rostro con cara de espanto.

‐ Anoche hablé con ella en el baile… Emmett y yo. ¿Y sabes qué dijo?-

‐ No. No tengo ni idea. ¿Qué?-

‐ Me dijo que tiene intención de aceptar la proposición de matrimonio de otro hombre. ¡Tardé media hora en conseguir que me dijera de quién se trataba!-

‐ ¿El príncipe James? ‐dijo Edward haciendo una mueca, Jasper se quedó boquiabierto.

‐ ¿Cómo lo has sabido?-

‐ Caballeros ‐dijo Edward irónico, haciendo un amplio gesto con el brazo en dirección al salón ‐ ¿Quieren hacer el favor de pasar?-

Jasper asintió con la cabeza. Edward observó con una punzada de celos cómo Jacob saludaba a Bella efusivamente y se inclinaba para besarle la mano.

‐ Señorita Ward, está todavía más hermosa que ayer-

Ella le dedicó una sonrisa de agradecimiento, pero reparó en la mirada de Edward y le lanzó un alegre y discreto beso antes de subir la escalera detrás de Jacob. Emmett fue el último en subir, pero carraspeó ruidosamente al pasar por delante de Edward al pie de la escalera.

‐ ¿Es verdad que vas a casarte? ‐preguntó.

Edward lamentó verse de nuevo sorprendido guardando secretos, esta vez con sus amigos.

‐ Sí, es verdad-

Emmett lo miró asombrado.

‐ Pero ¿por qué?-

Edward se rió en voz baja, le dio una palmada en el hombro e hizo girar a Emmett hacia la escalera.

‐ Ven a conocerla y sabrás por qué, amigo mío. Es la criatura más maravillosa del mundo-

‐ ¡Nos lo podrías haber dicho! ‐murmuró con el ceño fruncido.

‐ ¿Y daros la oportunidad de que me convencierais para que no lo haga? ‐preguntó Edward divertido.

‐ ¡Exacto! Por lo visto la diversión ha terminado. En fin. Enhorabuena de todas formas‐ Emmett sonrió con picardía y se dirigió al salón.

Mientras observaba cómo su amigo subía la escalera con pesadez, Edward no pudo evitar sentirse un poco mezquino por haberles ocultado aquella información. Qué demonios, sus amigos nunca habían sido famosos por su discreción. Pero ahora no tenía más remedio que confiar en ellos. Después de todo, alguien tenía que proteger a Bella mientras él estaba en el torneo de whist. Se reunió con ellos en el salón y se pasó la siguiente hora explicándoles sus intenciones de recuperar Talbot Old Hall y de llevar a James a los tribunales. La última parte de la conversación estuvo a punto de provocar un ataque a Jasper.

‐ ¡No podemos permitir que encuentre a Bella! ¡Le retaremos a un duelo! ¡Sí, eso es! ¡Lo mataremos en el campo de honor!-

‐ No seas bobo ‐dijo Jacob en tono cansino.

‐ Lord Jasper, Jasper no solo es un famoso guerrero ‐ dijo Bella ‐sino que utiliza a todos sus soldados para que hagan el trabajo sucio por él. James no pierde el tiempo con duelos. Lo más probable es que los matara a todos antes de que empezara el duelo-

Jasper soltó una maldición.

‐ Pues tenemos que hacer algo-

‐ Advertiremos a Irina… después del torneo de whist ‐dijo Edward intencionadamente.

‐ Lo principal es que Irina todavía no está en peligro. Por lo menos hasta que se case con James ‐añadió Bella entre dientes.

‐ No podemos reaccionar exageradamente. Puede que Irina acabe con el orgullo herido cuando se descubra que su pretendiente es un criminal, pero si no mantenéis la boca cerrada, Bella podría acabar muerta-

‐ Yo podría hacerlo ‐propuso ella de repente ‐ Yo podría advertirle. Todos la miraron sorprendidos-

Bella se cruzó de brazos y apoyó la cadera contra el brazo del sofá decorado con volutas.

‐ Ni siquiera James, con todas sus tretas y sus soldados, podría entrar en la playa de las damas ‐ dijo ella, mirándolos uno a uno con seguridad -Yo podría ir allí y hablar con Irina a escondidas dentro de una de las casetas. Podría contarle lo que está pasando. Ni siquiera hace falta que nadie nos vea hablando-

‐ Vaya, ella podría hacerlo ‐murmuró Emmett.

‐ De ninguna manera ‐dijo Edward rotundamente.

‐ ¿Por qué? ‐replicó Bella ‐ Si todos vais a tomaros tantas molestias por mí, es justo que yo también ayude. Además, es sencillo. Podría hacerlo en un santiamén. Es imposible que James o sus hombres anden cerca de allí. La playa de las damas es privada, con el fin de velar por el decoro de las bañistas. Solo se admiten mujeres-

‐ Sí y no ‐la interrumpió Emmett. Bella lo miró en actitud interrogativa. Emmett vaciló y adoptó una expresión tímida.

‐ Da la casualidad de que en lo alto de la colina de la playa de las damas hay un lugar desde el que, lamento tener que decirlo, cualquier joven interesado puede verlo todo con un telescopio-

Ella abrió los ojos como platos ‐ ¿De verdad?-

Edward se rascó la mejilla mientras sus amigos y él cruzaban miradas de culpabilidad.

‐ Sí, pero podríamos ir allí arriba y si encontramos a alguien espiando con un telescopio, hacérselo tragar ‐propuso Jasper, con creciente convicción.

‐ O tirarlo por el acantilado ‐asintió Jacob alegremente.

‐ Entiendo lo que queréis decir y parece bastante sencillo ‐admitió Edward ‐ pero si le contamos a Irina la verdad sobre James, ¿qué pasara si él se da cuenta de que sospecha? Entonces podría correr un verdadero peligro… y Bella también-

‐ No hace falta que se lo cuente todo ‐dijo Bella en tono razonable ‐Solo lo bastante para ponerla en guardia-

‐ ¿No te reconocerá?-

‐ Lo dudo. Si estuviéramos en mi pueblito, probablemente se acordaría de mí, pero fuera de allí, será incapaz de identificarme-

‐ ¿Se puede confiar en ella? ‐preguntó Jacob ‐ ¿Irina será capaz de tener la boca cerrada si le advertimos de que se mantenga alejada de James por el momento?-

‐ Desde luego, Irina no es tonta. Es una joven inteligente- confeso Emmett.

‐ Estoy de acuerdo ‐ Bella se levantó con seguridad ‐ Es la mejor solución. No solo podemos advertir a lady Irina de que guarde las distancias con mi primo, sino que, si conseguimos tenerla en nuestro bando, también podremos asegurarnos de que su padre lea mi informe cuando más nos convenga. Westland escuchará a Irina antes que a ninguno de nosotros, pero no le diré nada que le haga temer a James. Él no debe notar ningún cambio en su conducta o empezará a desconfiar-

‐ Podría funcionar ‐murmuró Rush, asintiendo con la cabeza.

‐ Sigue sin gustarme ‐gruñó Edward.

Bella lo miró con franqueza ‐ Puedo hacerlo, confía en mí-

El orgullo de ella penetró en el corazón de Edward como una oleada intensa pero agitada. Escudriñó sus ojos con inquietud.

‐ No tienes por qué arriesgarte-

‐ Tú te has arriesgado ‐ contestó ella, sosteniéndole la mirada un instante antes de apartar la vista y empezar a andar en actitud pensativa ‐Es la solución más sencilla. Haré una copia de mi informe y me encargaré de que Irina lo reciba. Si los criados están interceptando la correspondencia, como tú sospechas, podemos mandar los papeles escondidos en otra cosa: algo inocuo. Una entrega de la lavandería o del taller de costura. Pero ella tiene que saber con antelación que debe buscarlos para que no acaben en las manos equivocadas. De esa forma, Irina podrá hacerse con ellos antes de que terminen en poder del espía que James pueda tener en el servicio y podrá asegurarse de que llegan a su padre-

‐ Pero no le diga que uno de los criados está en contra de ella ‐ declaró Jasper ‐ Los Westland no tolerarían algo así ni un segundo. Apuesto a que pondrían la casa patas arriba enseguida para encontrar al traidor. Puede que incluso llamaran a la policía, y entonces James sabría que se está tramando algo-

‐ De acuerdo ‐ dijo Edward, asintiendo con la cabeza mientras ponía los brazos en jarras ‐ No podemos actuar precipitadamente con ese canalla. Por lo menos hasta que yo tenga la escritura de la casa en mis manos y estemos preparados para enfrentarnos a él. No debemos alertarlo de lo que está pasando antes de tiempo. Un hombre con tanto poder, riqueza y contactos es muy escurridizo. Tenemos que pillarlo en el momento exacto-

‐ Bueno, entonces está decidido ‐dijo Jacob.

Bella le lanzó una mirada desafiante ‐ ¿Edward?-

Él cedió a regañadientes asintiendo con la cabeza, al tiempo que escudriñaba sus ojos.

‐ Muy bien. Habla con Irina mientras nosotros vigilamos. Y si vemos algún soldado…-

‐ O a algún hombre con un telescopio ‐intervino Emmett.

‐ Los distraeremos ‐concluyó Jasper.

‐ Más les vale pensar que solo haremos eso ‐murmuró Edward, haciendo crujir los nudillos.

Las casetas pintadas con vivos colores parecían diminutas cabañas a rayas colocadas sobre ruedas de carromatos. Los únicos varones presentes en la playa de las damas eran niños de ocho o nueve años, demasiado pequeños para que las bañistas se preocuparan por si les veían fugazmente parte de un tobillo. Su trabajo consistía en manejar a los enormes y mansos caballos de tiro empleados para meter las casetas en el agua dando marcha atrás. Una dama que estuviera deseosa de bañase en el mar por motivos de salud y de placer se subía en una de aquellas diminutas construcciones; a continuación, se introducía el artilugio en el agua hasta los ejes de las ruedas, evitando a la pasajera la incomodidad de pisar los guijarros y ser azotada por las olas de la orilla. Cuando la caseta alcanzaba una profundidad de casi un metro, la puertecita se abría y la dama aparecía vestida con su largo y recatado bañador y su gorro de baño. Indefensa y parpadeando como un gatito recién nacido que se protege de la luz del sol, la mujer descendía con pasos medidos por la escalerilla con la ayuda de dos gruesas campesinas tocadas con sombreros de ala ancha que se encontraban en el agua y cuya función era ayudar a la dama a meterse en el agua fría y salada.

Bella observó el proceso con atención mientras cruzaba la playa llena de piedras hasta la orilla, haciendo crujir los guijarros a cada paso. No tenía intención de utilizar uno de aquellos ridículos armatostes y confiaba en que sus piernas la conducirían perfectamente hasta el agua. Llevaba la cara oculta con un sombrero de ala ancha, y lucía a modo de traje de baño una ligera pelliza verde encima de un vestido fino y recatado de percal de color pardo. Era lo bastante holgado para permitirle moverse con soltura y tenía el cuello alto y las mangas largas para proteger su piel del sol. Mientras alzaba la vista hacia la lejana cima de la colina frunciendo el ceño vagamente, se quitó el gorro y la pelliza y los arrojó al suelo para recogerlos más tarde. El agua debía de estar muy fría e iba a necesitar la cómoda chaqueta sin mangas para ponérsela encima de la ropa mojada cuando hubiera cumplido con su misión. Entornó los ojos y se detuvo a quitarse las botas de suave piel de cabritilla que le habían prestado. Unas impertinentes gaviotas discutían por un cangrejo muerto que había cerca; Bella arrugó la nariz y apartó la vista. El agua se arremolinaba y formaba espuma alrededor de sus piernas, y los viscosos pedazos de algas la rozaban a medida que se adentraba en las olas indolentes, que limpiaban las piedras y las hacían rodar incesantemente sobre la capa de arena de debajo. La brisa jugaba con su larga trenza mientras buscaba a Irina Westland entre las olas, intentando no quedarse embelesada por la belleza del mar. El reino acuático en el que había nacido la hipnotizaba; el mar le infundía fuerza.

Bella jadeó ligeramente cuando llegó a la zona donde el agua le llegaba hasta la cintura y reparó en que aquel día las mujeres que ayudaban a las damas a meterse en el agua estaban muy ocupadas. Quizá había cincuenta bañistas retozando en las aguas poco profundas, y había cinco casetas que no paraban de traer a más féminas. Cuando vio a tantas chicas de su edad riéndose y nadando juntas entre las olas, no pudo evitar sentirse un poco triste al pensar en todo lo que se había perdido por culpa del inconmovible rencor de su abuelo hacia su madre. Era una lástima haberse visto privada de fiestas y vestidos bonitos, y a Bella le habría gustado haber encontrado al menos unas buenas amigas de su condición. Pero no tenía sentido preocuparse por ello en aquel momento. Se encogió de hombros y dejó de pensar en el asunto. Los dientes le castañetearon ligeramente al examinar de nuevo a la multitud de bañistas, protegiéndose los ojos del sol. ¡Allí estaba Irina Westland! Reprimió una sonrisa burlona al ver lo empapada y desaliñada que se encontraba la elegante dama. «Bien.» Lo único que tenía que hacer era esperar el momento adecuado. Bella se zambulló en el agua y empezó a nadar despreocupadamente hacia Irina. El sol, el movimiento y el agua fría del mar la refrescaron enormemente. La impresión inicial de frío pasó, y Bella lo pasó en grande, aunque sin quitar el ojo de encima a su presa. Antes de emprender su misión, le había preguntado a Edward, experto miembro de la alta sociedad, cómo podía llamar la atención de Irina para que la escuchara.

‐ Sencillo. Conquístala-

‐ ¿Cómo?-

‐ A mí siempre me parece más seguro apelar a la vanidad ‐ dijo él secamente. A continuación la ayudó a inventar una historia sencilla pero convincente con la que formular la información de la forma más idónea para obtener la cooperación de Irina ‐Me da igual lo que diga la gente ‐ le confesó Edward en voz baja mientras caminaban delante de los demás hacia el carruaje ‐ Es una chica arrogante. Hagas lo que hagas, intenta no dar la impresión de que te consideras su igual, o se negará a escuchar una palabra de lo que digas-

‐ ¿Tengo que adularla? ‐preguntó Bella lamentándose.

‐ Solo esta vez ‐ contestó él, lanzándole un beso pícaro ‐ Si puedes soportarlo-

Bueno, si tenía que mentir un poco, lo haría, pensó. La verdad saldría a la luz a su debido tiempo. Pasó varios minutos flotando boca arriba, con la falda del vestido extendida sobre las olas, que la mecían suavemente. Mientras estiraba los brazos a los lados, contempló las nubes blancas y esponjosas sobre el cielo azul. Todavía estaba asombrada de que Edward hubiera apostado su casa por ella. Si perdía en el torneo de whist, él también se quedaría desamparado y desvalido. No quería ni plantearse qué harían en aquel caso. Pero en cierto sentido, ese día Edward parecía distinto; dominaba perfectamente la situación. De repente se incorporó y apartó aquellos pensamientos de su cabeza; Irina regresaba a una de las casetas. «Perfecto» Bella tomó impulso desde el fondo del mar y nadó despreocupadamente hacia la caseta en cuestión. Cuando la hija del duque subió por la escalerilla ayudada por las dos mujeres, Bella estaba justo detrás de ella. Una vez dentro del tambaleante artilugio, cerró rápidamente la portezuela y echó el pestillo.

‐ ¡Oiga! ‐ exclamó Irina, que dejó de secarse la oreja con una toalla ‐¿Qué está haciendo, señora? ¡Esta es una caseta privada!-

‐ Lady Irina, debo hablar con usted de un asunto muy urgente ‐

Bella tiró de la cuerda de la campanilla que indicaba al muchacho que llevara el caballo de nuevo a la orilla.

‐ ¿Quién es usted? ‐ preguntó ella, con una mezcla de altivez e inquietud.

‐ Una amiga-

‐ Usted no es amiga mía. No la he visto en mi vida. ¿Qué significa esta intrusión? ¡Explíquese inmediatamente!-

«Bueno, por lo menos no me reconoce», pensó Bella.

‐ Tenemos poco tiempo. He venido a advertirle, milady. Temo que pueda estar en peligro-

‐ ¿Peligro? ¿Qué demonios…? ¿Qué clase de peligro?-

‐ El peligro de la humillación pública… ¡y de cometer posiblemente el mayor error de su vida!-

El tono melodramático que confirió a sus palabras captó toda la atención de Irina. Edward, se habría sentido orgulloso de ella, pensó. Bella se sentó en el banco situado enfrente de Irina, mientras la caseta avanzaba lentamente dando tumbos hacia la orilla.

‐ Milady, soy huérfana de un marinero ‐ dijo Bella, ciñéndose a la historia que los dos habían inventado ‐ Usted, con su labor benéfica en el torneo de whist, nos ha ayudado a mi pobre madre, a mis hermanos y hermanas pequeños y a mí-

‐ ¿De verdad?-

‐ Oh, sí… y sus esfuerzos la han convertido en nuestra benefactora. Mis… siete hermanos y hermanas pequeños y yo, y nuestra pobre, enferma y anciana madre rezamos cada noche por usted en nuestra humilde mesa-

‐ Ah… son ustedes muy amables ‐admitió ella, un tanto apaciguada.

‐ Naturalmente, después de todo el bien que usted nos ha hecho, no desearía por nada del mundo que sufriera algún daño. No debería estar aquí. Podría costarme la vida, pero mi madre ha dicho que debemos advertirle del peligro que corre ‐ Bella lanzó una convincente mirada de nerviosismo a su alrededor y bajó la voz ‐Verá, milady, trabajo como sirvienta para un caballero muy importante del gobierno-

‐ ¿Whig?-

‐ Tory. Un lord de la nobleza, relacionado con el Ministerio de Asuntos Exteriores-

‐ Entiendo ‐ Inmediatamente, Bella detectó que el cerebro de Irina se ponía en funcionamiento intentando adivinar de quién podía tratarse.

‐ He oído a mi señor y a algunos de sus colegas tratar unos asuntos muy desagradables sobre… ‐ Bella bajó la voz hasta hablar en un susurro ‐ el príncipe James- Irina arqueó la ceja derecha.

‐ No me diga-

‐ Ya sé que no debería escuchar a escondidas las conversaciones de mi patrón, pero cuando estaba… limpiando el polvo del salón, oí hablar a mi señor en su estudio con cierto caballero del Ministerio de Asuntos Exteriores, y dijeron que habían descubierto una mancha en la reputación del príncipe James… de cuando vivía en Rusia ‐ añadió apresuradamente ‐La sociedad de Londres todavía no lo sabe, pero lo sabrá-

‐ ¿Qué tipo de mancha? ‐ preguntó Irina con escepticismo, aunque su cara empezaba a expresar preocupación.

«Excelente», pensó Bella. Había picado. A lo mejor, durante su cortejo, Irina había advertido que había algo poco fiable en James.

‐ No lo sé, milady. No deseo ser impertinente, pero parecía grave, y debo confesar que pensé en usted de inmediato. Perdone mi atrevimiento, pero una vez los vi a usted y al príncipe paseando tranquilamente, y los periódicos de chismes han insinuado que dentro de poco podría anunciarse una alianza entre ustedes-

‐ No debería leer los periódicos de chismes, señorita…-

‐ Marie, milady. Llámeme Marie-

‐ Si ha tenido la suerte de haber aprendido a leer, Marie, debería educarse estudiando un material más digno de su lectura-

‐ Desde luego, señora. Lo siento ‐murmuró Bella, tragándose su impaciencia-

Irina apartó la vista con el ceño fruncido.

‐ Ojalá pudiera contarme más ‐masculló, preguntándose de forma visible qué trapos sucios concernientes a su prometido tendrían los tories. Se volvió de nuevo hacia Bella ‐Tal vez sea algo que ocurrió durante la guerra. ¿Problemas económicos?‐ Arqueó las cejas ‐ Espero que no sea algo relacionado con otra mujer-

‐ No lo sé con seguridad, pero por la forma en que estaban hablando, milady, me… temo que puede ser algo todavía peor que eso-

‐ ¿De verdad? ‐ dijo Irina en voz baja, con los ojos muy abiertos.

Bella asintió con la cabeza con verdadera sinceridad.

‐ Después de todo lo que usted ha hecho por mi familia y por mí, siento que es mi deber advertir a milady de que tal vez prefiera aplazar la decisión de aceptar la petición de mano del príncipe hasta que sus actos del pasado salgan a la luz-

Irina frunció el entrecejo y movió la cabeza en señal de disgusto.

‐ Papá dice que nunca hay que confiar en un tory. A lo mejor solo están intentando manchar la reputación de James porque se ha afiliado al partido whig. ¡Tienen envidia!-

‐ Tienen un testigo ocular. Una persona de considerable credibilidad ‐ añadió Bella, incapaz de resistirse ‐ Ojalá hubiera podido oír más, pero el ama de llaves por poco me pilló fisgando-

‐ Entiendo ‐ Irina entrecerró los ojos en actitud pensativa ‐Marie, ha hecho lo correcto acudiendo a mí-

‐ Gracias, milady-

‐ Aunque todo resulte ser falso, más vale prevenir que curar. Aun así, me gustaría que tuviéramos más información-

‐ Tal vez haya una forma… ‐ Bella fingió indecisión ‐ Vi que mi señor guardaba unos papeles en un cajón cerrado con llave. Creo que están relacionados con el caso. No pude verlos…-

Irina se acercó a ella.

‐ Marie ‐dijo‐ ¿no podría acceder a esos papeles? Simplemente echarles un vistazo. ¿Qué me dice? ¡El príncipe ha pedido permiso a mi padre para casarse conmigo!-

‐ ¡Oh! Dios mío. En ese caso… ‐ Bella hizo una pausa y a continuación dio el golpe de gracia adoptando una expresión de creciente preocupación ‐ Lady Irina, ¿cree que es posible que los tories hayan planeado ocultar los actos del príncipe James hasta que usted se haya casado con él, para luego soltar la verdad de su infamia una vez que la unión se haya sellado? Con ello, podrían provocar un gran disgusto a su noble padre-

Irina palideció.

‐ Oh, serían capaces de eso. ¡Sí! Papá ha sido un incordio para ellos desde hace mucho tiempo como líder de los whigs. ¡Pues si James tiene secretos que esconder ‐declaró‐ no nos hundirá a papá y a mí con él!-

Irina se inclinó hacia Bella y la agarró del hombro con fuerza, lo cual la sorprendió bastante.

‐ Marie ‐dijo Irina con perspicacia‐ ¿puede traerme esos papeles?-

‐ Cielo santo… no sé si me atreveré.-

La hija del duque alzó la barbilla ‐ No importa si la despiden de su empleo. ¿Quién quiere trabajar para un viejo tory malhumorado? ¡Cuándo todo esto se haya resuelto, trabajará para mí! Sí, incluso dejaré que la formen para trabajar de doncella, si lo desea ‐ anunció con gran magnanimidad.

‐ ¡Dios mío, señora, es usted todavía más generosa de lo que creía! ‐ Riéndose para sus adentros, Bella fingió una sincera gratitud, y se alegró de que Irina creyera que todo se le había ocurrido a ella ‐¡Lo haré! ‐ dijo con valentía ‐ Pero mientras tanto, le ruego, milady, que no revele a su alteza que tiene motivos para dudar de él-

‐ ¿No?-

‐ No, porque si es inocente, puede que lo pierda. A nadie le agrada despertar dudas en la persona que ama, milady-

Sus palabras la hicieron sentirse orgullosa al recordar cómo había manejado la situación con Edward la noche anterior, optando por superar las dudas y confiar en él. La reacción de asombro de él había hecho que mereciera la pena.

‐ Tiene razón ‐ asintió Parthenia, y pareció estimulada por aquella pequeña y emocionante intriga ‐ Guardaré para mí las dudas y no emitiré ningún juicio hasta que usted me traiga esos papeles y los lea yo misma-

‐ Una decisión muy sabia, señora ‐Bella asintió con la cabeza en actitud reverente ‐Teniendo en cuenta que podría considerarse un robo…-

‐ ¿Robo? ¡No! Al fin y al cabo, solo vamos a cogerlos prestados- Irina sonrió ‐ Los devolverá después de que yo los haya leído, ¿verdad?-

‐ Oh, sí, milady. Aun así, quizá sería mejor no dejar que nadie más viera los papeles, por seguridad. Se los mandaré camuflados en otra cosa. ¿Una entrega del taller de costura, por ejemplo?-

‐ Buena idea. Pero, Marie, tendré que enseñárselos a papá. Si James está ocultando algo, tengo que decírselo a mi padre. Él siempre sabe qué hacer-

‐ Muy bien, señora. Si lee los papeles y se los lleva directamente a su excelencia, luego yo podré recuperarlos y guardarlos otra vez en el cajón antes de que los echen en falta-

‐ Perfecto. Vaya, debería alegrarme de tener a una doncella tan lista, Marie. Es usted fuera de lo común-

‐ Gracias, milady ‐ Bella reprimió una sonrisa e inclinó la cabeza.

‐ No me las dé. Soy yo quien debería darle las gracias a usted ‐ declaró Irina ‐ Sería muy molesto anunciar mi unión con el príncipe y que luego saliera a la luz una información desagradable. En ese caso, tendría que romper el compromiso, y no soportaría que todo el mundo creyera que James me ha partido el corazón… ¡porque no puede hacer tal cosa!-

‐ ¿No está… enamorada de él? ‐ preguntó Bella con cautela, intentando mantener una actitud humilde.

‐ Bah, no. Solo le he dado esperanzas para complacer a papá. Lo cierto es que amo a otro hombre ‐ confesó con una sonrisa irónica, bajando la guardia a la luz de su pequeña conspiración ‐ Por desgracia, él no me corresponde-

‐ ¿Está segura de ello, milady? ‐ preguntó Bella con los ojos brillantes. Irina lanzó un suspiro y asintió con la cabeza melancólicamente mientras la caseta llegaba a la orilla llena de piedras dando bandazos.

‐ Del todo. ¿Sabe, Marie? Si se pudiera dejar la educación a un lado… En este mundo hay ciertos caballeros a los que dan ganas de darles un puñetazo en las narices-

Bella asintió con la cabeza conteniendo una carcajada.

‐ Oh, milady, sé exactamente a qué se refiere-

Hola chicas, acá estoy con un nuevo capítulo y si sé que he tardado mucho en subir, pero entre mis ocupaciones y los pocos review que dejan no me he animado a seguirlo, si no quieren que lo culmine háganmelo saber y lo elimino, sino bueno estaré subiendo el próximo en el transcurso de los días, pero de verdad porfa necesito sus opiniones pasa ver que tal les parece la historia… nos leemos pronto cuídense….