Huir es la vida. Quedarse, la muerte.

La muerte. La muerte es la vida. Porque la vida sin ella sencillamente no lo era. No había vida para el en ese lugar, y eso lo sabia muy bien. Lo supo desde el primer momento en que la había visto. El momento en el que ambos se hablaron. Desde el momento en el que realmente la conoció, supo que era suya.

Y ella también lo había sabido. Por primera vez en mucho tiempo lo había sentido. Ese sentimiento en su corazón, esa necesidad de protección, de querer estar con el. No por nada se lo había dejado por escrito. Tu Eli.

Y no por nada habían huido juntos. Un par de niños solos. Con el amor como única defensa contra el resto del mundo. Con sangre y terror a sus espaldas. Con gente buscándolos por doquier, porque un terror como el que habían dejado en el gimnasio no podía ser coincidencia. Pero no les importaba. Estaban juntos y eso lo significaba todo.

Por eso habían huido, porque huir significaba la vida para ellos, juntos.