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Epilogo 1

Bueno, después de lo que parecen años, regreso con esta historia, bueno, ya estaba terminada, solo vengo a agregarle un poco más a ese final que ya les he mostrado. Por cierto, disculpen mi poca originalidad al no ponerle un nombre al epílogo.

Epilogo 1

–¡Akari-chan! Papá necesita eso – Decía Naruto haciendo que yo riera, pues esa era una señal de que ya habían despertado.

–Asaki baka – Escuché a Akari llamar a su hermano y por un momento me alarmé pues escuché un sonido similar al que hacen varios objetos al caer.

Rápidamente dejé lo que estaba haciendo para ver qué había ocurrido, pero antes de llegar a las habitaciones, a mitad del pasillo se encontraban las causas de aquel alboroto.

Tirado en el suelo se encontraba mi esposo, siendo aprisionado por nuestros dos hijos. Incluso Asaki, el más serio de los tres, se encontraba riendo por lo que sea que hubiesen hecho.

–Lamento arruinar la diversión, pero si no se dan prisa, llegarán tarde – Les dije.

–Es cierto, debemos ir a la escuela – Exclamó Asaki, poniéndose de pie y acomodando sus ropas. Su manera de ser tan propia, me recordaba a mi padre.

–Papá, no quiero ir a la escuela – Se quejó Akari con Naruto haciendo un puchero

–Uumm, no lo sé, es importante que vayas a la escuela y… – Y ahí estaba esa mirada que hacía que el gran Naruto Namikaze, se dejara dominar por una niña de 5 años – Sabes que, si no quieres no vayas – Akari sonrió y se puso de pie dejando que su padre hiciera lo mismo.

–Papá… – Asaki le habló seriamente como si los papeles se hubieran cambiado.

–Está decidido, esperaremos un año para la academia ttebayo – Dijo cargando a su hija para encararme – Verdad ¿Hina…ta? – Solo le bastó ver mi cara para saber que nada de lo que él y su hija dijeran me harían cambiar de opinión.

–Asaki, ve a lavarte las manos, cuando bajes estará listo el desayuno – Le indiqué con una sonrisa a mi hijo – Akari, acompaña a tu hermano, tengo que hablar con tu padre – Le dije antes de que su padre la bajara de sus brazos.

–Pero mamá – Comenzó a reprochar Akari.

–Hina-chan, solo por hoy – Agregó Naruto consiguiendo que yo entrecerrara los ojos.

–Lo voy a poner así – Les advertí – No hay escuela, no hay Ramen –

–¡Queeeee! – Exclamaron los dos con horror.

–Ya me oyeron – Les dije.

–¡No, no, no! Ya vamos – Exclamó Akari siguiendo los pasos de su hermano, Naruto iba tras de ella pero yo lo detuve.

–Naruto… – Lo llamé y él se volteó a verme – No puedes hacer siempre lo que Akari quiera, es una niña y necesita de un padre que sepa ponerle altos – Le dije.

–Lo sé, y de verdad que lo intento pero… – Me decía y yo negué con la cabeza con una sonrisa.

–Lo sé, esos niños tienen sangre Uzumaki después de todo y al igual que su abuela y su padre, saben salirse con la suya – Dije con una sonrisa.

–Ahora que lo recuerdo, tú eres igual con Asaki ttebayo – Se quejó.

–Sí, pero yo tengo la suerte de que él ocupe esa habilidad en pocas ocasiones – Me excusé – … – Suspiré – Al menos nos tenemos el uno al otro para educar a nuestros hijos.

–Tienes razón Hime – Reconoció – Hagamos nuestro mejor esfuerzo –

–Muy bien, acompaña a tus hijos – Le dije – Y nada de hacer desastres en el baño – Le advertí recordando la última vez que por poco inundan el lugar.

–No prometo nada – Me dijo y yo me crucé de brazos – Solo bromeo – Me dijo con una sonrisa y dándome un beso en la mejilla.

Negué con la cabeza con una sonrisa, pues a veces sentía que era la madre de tres niños. Pero al final, esa era mi familia, a la cual amaba y que por nada del mundo cambiaría.

El resto de la mañana transcurrió lo que se podría considerar normal dentro de nuestra familia, hasta que llegó el momento de dejar la casa. Era el primer día de clases para Asaki y Akari, por lo que tanto Naruto como yo, llevábamos a nuestros hijos de la mano para acompañarlos hasta la entrada de la academia.

Una vez que ellos entraron a sus clases, acompañé a mi esposo a su trabajo, y tuve que hacer un gran esfuerzo para no intentar persuadirlo de que no fuera y se quedara conmigo en casa.

Pero al final lo conseguí, llegando a casa sola, comencé con las tareas del día terminando demasiado pronto para mi gusto. Normalmente, cuando eso sucedía, llevaba a mis hijos de paseo por la aldea o simplemente nos dirigíamos a la casa de sus abuelos.

Sin embrago, ahora ellos debían ir a la academia. Suspiré, pues sabía que me iba a costar acostumbrarme a esa nueva rutina. Decidí que iría a visitar a mi suegra, sin embrago, inmediatamente recordé que tanto ella como su esposo, habían salido en una "misión" al país del té desde la tarde del día anterior. Supuestamente debían regresar hoy, pero yo tenía mis dudas al respecto,

Me encontraba con los preparativos para la comida cuando alguien me sorprendió por la espalda.

–No hagas eso Naruto –Me quejé debido a la sorpresa.

–Es divertido – Reconoció, lo que me hizo entrecerrar los ojos.

–Tendré que buscarte más ocupaciones porque al parecer el trabajo de Hokage te deja mucho tiempo libre – Le dije.

–De hecho es todo lo contrario – Respondió – Solo paso para avisarte que debemos ir a Suna inmediatamente – Me informó

–¿Debemos¿ – Le pregunté sin entender el comentario.

–Gaara no me dio muchos detalles, pero al parecer se trata de un acto protocolario con los señores feudales – Me explicó

–No comprendo por qué debo estar también – Le dije. No quería decir que me molestara el ir, solo que durante el tiempo en el que Naruto llevaba como Hokage, las ocasiones en las que debía acompañarlo a sus reuniones eran contadas.

–Al parecer citaron tanto a los Kages como a sus esposas – Me explicó.

–Ya veo… – Como decía Naruto, seguramente se trataba de un acto protocolario – Y ¿Qué pasará con Asaki y Akari¿ – Le pregunté, pues la hora de que salieran no estaba muy lejana.

–Ya encomendé a un Ambu para que pase por ellos y los lleve a casa de tus padres – Sugirió.

–¿Y por qué no hablaste directamente con mis padres para que fueran ellos¿ – Comenté, pues no se me hacía del todo correcto que asignara tareas personales a cualquiera de los shinobis de la aldea

–… – Se golpeó la cabeza – No lo pensé, por la urgencia de la situación se me hizo más fácil encomendar a alguien – Se explicó.

–No importa, al menos el problema está solucionado – Reconocí –Dame 1 minuto para cambiarme y nos vamos – Le pedí

–¿Cambiarte¿ – Preguntó – Pero si estás perfecta, como siempre – Me alagó.

–Lo dices porque eres mi esposo – Le sonreí – Pero discutiremos más tarde tu poca objetividad respecto a mi apariencia – Dije antes de subir la escaleras a la carrera. Entre más pronto nos fuéramos, más pronto regresaríamos

Al final, la reunión resultó ser simplemente una invitación para la boda entre los hijos de los señores feudales de los países del fuego y el viento. Pudieron haberse limitado a enviar invitaciones, pero prefirieron hacer toda una ceremonia de anuncio.

A veces creía que esos hombres eran demasiado superficiales, pero para no alargar la estadía me limité a sonreír y aparentar que la situación se me hacía más importante de lo que pensaba que era. Por suerte mi esposo se encargaría de que estuviéramos de regreso a casa en poco tiempo.

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–¡¿Estas tratando de decirme que una niña de 5 años logró escapar de un ninja nivel Anbu?! – No necesitaba mi Byakugan para darme cuenta de que el chakra de Naruto se estaba alterando.

Acabábamos de regresar a Konoha. Naruto se había dirigido a la torre Hokage mientras que yo iba en busca de nuestros hijos a casa de mis padres, sin embargo, al llega a mi destino, me enteré de la noticia que hizo que mi corazón saliera de mi pecho.

–Hokage-sama… – Aquel pobre hombre intentaba explicarse pero la presencia de Naruto lograba intimidar a cualquiera.

–¿Qué debería hacer? –Dijo cruzado de brazos y con un tono de voz que intentaba controlar su furia – Tal vez debería empezar regresándote a la academia – Le dijo golpeando su escritorio al cual se le formó una grieta.

–Naruto – Lo llamé tomando su mano que aún permanecía en puño. Él no me miró pero sentí como la tensión de su mano disminuía casi imperceptiblemente.

–Será mejor que te retires – Le dijo a aquel hombre – Y será mejor que ruegues para que mi hija aparezca, de otra forma… Desearás la muerte mil veces antes de lo que haré contigo – Lo amenazó y yo me alarmé pues nunca había escuchado una amenaza de Naruto que se escuchara tan seria.

Miré con una disculpa a aquel hombre indicándole que lo mejor era que se fuera, pues en este momento, ni yo sabía de lo que era capaz Naruto.

–Cálmate Naruto – Le dijo Sasuke y hasta yo supe que había sido un error. Naruto apartó su mano de la mía y rió fría y secamente.

–Que me calme… – Dijo mientras se ponía de pie mirando al ventanal de su oficina – Casi anochece y mi hija de 5 años está perdida – Hablaba pausadamente – ¡Y TU ME PIDES QUE ME CALME! – Gritó por fin liberando toda su frustración mientras pateaba su escritorio, el cual se estrelló en la pared contraria partiéndose en multiples pedazos.

En un momento estaba junto al ventanal y en menos de un segundo estaba del otro lado de la habitación sosteniendo a Sasuke por el cuello y estrellándolo contra la pared

–Si valoras tu vida, dime algo que no sea que me calme – Sasuke era el único que en ese momento podía verlo a los ojos sin una gota de miedo. En ese momento entendí que tan grande era su amistad.

–Si te digo que te calmes, es para que puedas pensar con claridad y la puedas encontrar – Le dijo intentando calmarlo.

–¿Y qué crees que estoy haciendo? – Le respondió – No me trates como si fuera un estúpido que no puede pensar y golpearte la cara al mismo tiempo – Ante eso Sasuke lo golpeó en el estómago para poder liberarse. Naruto lo miró fijamente dispuesto para responder al ataque.

Y así lo hizo, pero Sasuke actuó rápido y se apartó del camino, siendo el muro el que recibió el golpe, y he de confesar que no me extrañó en lo absoluto que este se viniera abajo.

–¿No te parece que este no es el momento de pelear? – Sakura hablaba tranquilamente. Menos mal ella había pertenecido por muchos años al mismo equipo que ellos dos, de otra forma, no sé si podría presenciar todo eso con tanta naturalidad como lo estaba haciendo.

–Voy a buscar a mi hija, cuando termines puedes acompañarme si quieres – Dije con una mano en la puerta mientras miraba a mi esposo. Me sentía culpable por dejar a sus dos amigos lidiar con mi implacable esposo, pero como bien dijo Naruto, casi anochece y mi hija esta extraviada.

Ya fuera de la torre, una lágrima resbaló por mi mejilla, y rápidamente la limpié. Estaba preocupada por Akari, y el ver como mi esposo perdía la cabeza, no me ayudaba a sentirme mejor. Pero era su madre, y debía ser fuerte para salir de esto. Pensé en todo lo que sabía hasta el momento.

El hombre que había sido encomendado a traer a mis dos hijos y llevarlos a la casa de mis padres, no había podido cumplir su misión, pues tanto Asaki como Akari se las habían ingeniado para escapar del Anbu. La diferencia radicaba en que Asaki al final había llegado a la casa de mis padres y Akari seguía desaparecida.

Así que decidí que al primer lugar al que iría sería con Asaki, tal vez él tenía una pista de donde podría estar su hermana. Inicié con el camino y me sorprendí de la prontitud con la que llegué a mi destino.

–Mamá… – Dijo mi hijo yendo a mi encuentro – Akari… – Dijo esperando que le diera noticias. Yo negué con la cabeza y al mirarlo a los ojos me percaté de dos hechos. El primero era que sus ojos estaban rojos, señal de que había estado llorando y segundo, que en cuanto le di las noticias, sus ojos volvieron a humedecerse.

–No llores pequeño, la vamos a encontrar – Le dije dándole un abrazo y haciendo un esfuerzo inhumano por controlar las lágrimas. En este momento, mi hijo me necesitaba fuerte.

–Debí cuidarla mejor – Se lamentaba – Es mi culpa mamá, ella es mi responsabilidad – Decía.

–Asaki – Lo llamé levantándole el rostro para que me mirara – Que te quede claro, esto NO es tu culpa – Le expliqué. Me dolía que mi hijo se culpara y asumiera responsabilidades que no son propias de un niño de su edad – Eres su hermano mayor, pero solo por unos minutos corazón –Agregué – Es lindo que la cuides, pero no debes culparte de todo lo que sucede a su alrededor.

–… – No dijo nada, solo se aferró más a mí,

–Pero sabes, puedes ayudarnos a encontrarla ¿Te gustaría? – Lo animé.

–Claro, ¿En qué puedo ayudar mamá? –Preguntó ansioso.

–No lo sé, te dijo algo tu hermana antes de que se separaran, o viste algo fuera de lo común – Le pregunté

–… – Asaki se quedó pensativo – Cuando salimos de la academia, y vimos que en lugar de papá llegó un Anbu, comenzamos a idear un plan para escaparnos – Dijo apenado, pero yo le sonreí para que continuara.

–El plan original era ir a casa de la abuela Kushina para que ella nos ayudara en nuestro plan de revancha contra papá – Me explicó.

–¿Plan de revancha? – Le pregunté

–Por lo que pasó en la mañana y por no cumplir su promesa de ir por nosotros – Me explicó – Lo siento mamá, sé que fue una idea infantil – Se disculpó.

–Asaki, ustedes son niños, es normal que tengan ideas infantiles – Le expliqué

–Pero cuando llegamos a casa de la abuela Kushina, ella no estaba, entonces decidimos venir a casa del abuelo Hiashi y pensar nosotros mismos en el plan –Continuó con su relato. Era tan maduro que sabía conservar la importancia de las conversaciones – ¡Es cierto! Cuando estábamos a punto de llegar, ella dijo algo sobre darle una lección a papá y cambió el rumbo – Me explicó y comencé a entender la situación – La seguí por unas calles, pero me dijo que no iba a tardar, que mejor fuera a casa de los abuelo para que no se preocuparan – Asentí imaginándome la situación –Le hice caso porque parecía que se dirigía a la torre Hokage – Concluyó.

–Asaki… ¿Ustedes sabían la razón por la que papá no llegó? – Le pregunté.

–Sí, antes de que escapáramos del Anbu, nos dijo que había tenido que salir a una reunión con el Kazekage… oohh – Exclamó al mismo tiempo en el que yo llegué a mi conclusión – ¿Crees que haya salido hacia Suna? – Me preguntó.

–Es probable. Será mejor que vaya a verificarlo – Le dije tranquilizándolo

–Te acompaño – Se ofreció.

–No cariño, solo es una suposición, tal vez ella está en Konoha y puede decidir venir aquí a buscarte. En caso de que así sea, debes estar aquí para avisarle a tu padre – Le dije.

–Entiendo mamá – Me respondió firmemente recobrando la compostura.

–No tardaré – Le dije – Si papá viene, dile nuestra conclusión – Le dije con una sonrisa.

–Claro mamá – Me dijo antes de que yo me despidiera y saliera de la mansión. Cuando iba a la mitad del camino hacia la entrada de la aldea, me encontré con Naruto, Sakura y Sasuke.

–¿Mejor? – Le pregunté a mi esposo el cual seguía con una mirada seria.

–… – No me respondió, pero me tomó de la mano, dándome a entender que estaba haciendo todo lo posible por mantener la calma.

–Sasuke tenía razón, no estaba pensando claramente – Me dijo después de lo que pareció una eternidad – Invoqué varios clones en Sennin mode para poder detectar su chakra y todo parece indicar que salió de la aldea – Me informó, confirmando mis sospechas.

–Probablemente se dirige a Suna – Le dije, y él me miró sorprendido – Hablé con Asaki, y dice que ellos sabían que tú estabas ahí y creemos que fue en tu búsqueda –Le expliqué.

–… – No dijo nada, solo frunció el ceño, y como pocas veces me pasaba, no podía saber que estaba pensando exactamente.

Comenzamos nuestro camino hacia Suna, y como precaución, Naruto invocó otros clones y los dirigió en otras direcciones. Cada metro que avanzábamos nos ponían más ansiosos y yo sabía que tanto Naruto como Sasuke, podían ir más rápido que nosotras, pero no sabía por qué seguían nuestro ritmo.

Activé mi Byakugan y apenas iba a sugerir que ellos se adelantaran cuando vi algo. Seguí avanzando, pero Naruto escuchó perfectamente cuando mi aliento escapó de mis labios.

–¿Qué sucede Hinata? – Me preguntó Naruto, pero yo no quise responder hasta no estar segura. Aún tenía miedo de que mi mente me estuviera jugando bromas insensibles.

Pero cada vez que nos acercábamos era más claro para mí. Estaba segura, no había error alguno y según mis cálculos ya estábamos a menos de un kilómetro de distancia, por eso me atreví a hablar.

–La veo – Le dije a Naruto y el siguió mi mirada – Alguien la trae en su espalda – Expliqué

–¿Está herida? – Preguntó alarmado mi esposo.

–No lo creo, su chakra luce normal – Le expliqué

–¿Puedes ver quien viene con ella? – Me preguntó ansioso, pues era la única que podía ver lo que estaba pasando.

–No estoy segura parece ser… – Ahora que ya nos habíamos acercado más, enfoqué más mi mirada y me atreví a adivinar de quien se trataba – Si no me equivoco, el que viene con ella es Konohamaru – Le expliqué.

Los cuatro aumentamos la velocidad para acudir a su encuentro y en muy poco tiempo mis tres acompañantes pudieron ver lo que yo había visto antes.

–Konohamaru – Lo llamó Naruto.

–Oye Naruto, que… – Antes de que pudiera terminar su frase, ambos llegamos a su encuentro y rápidamente Naruto tomó en sus brazos a la pequeña Akari que dormía profundamente. Yo los abracé a ambos sintiendo un gran alivio.

–Naruto, que clase de… –Por el tono de voz de Konohamaru, sabía que le iba a hacer un comentario respecto a la situación, pero rápidamente me giré para decirle con la mirada que no era el momento.

Al parecer no fui la única que le mandó el mensaje, pues después de verme a mí, miró hacia donde se encontraban Sasuke y Sakura, y gracias a eso, evitamos que el comentario saliera.

–Donde estaba – Le preguntó Naruto a su amigo.

–Regresaba de una misión cuando la encontré varios kilómetros hacia el norte, estaba tomando un descanso y al poco tiempo se quedó dormida –Explicó.

–Gracias Konohamaru – Le agradeció – No sé qué habría pasado si no hubieras estado por aquí – Le dijo.

–No tienes que agradecerlo –Respondió.

–Muchas gracias Konohamaru – Le dije sorprendiéndolo con un abrazo – Te debo más que mi vida – Le dije sintiendo un gran alivio en el alma.

–Hinata, no es para tanto – Me respondió, y por su tono de voz comprendí que lo estaba haciendo sentir incomodo, así que me separé de él.

–Si no fuera por ti Konohamaru, probablemente Konoha estaría hecha escombros para el día de mañana – Dijo Sakura, y yo estaba completamente de acuerdo con la afirmación.

–Que exagerada – Exclamó Naruto con tono de indignación fingida y yo sonreí, pues eso significaba que ya estaba mejor.

–¡Casi matas a mi esposo! – Le reclamó.

–Lo siento Sakura, olvidé que el teme es demasiado débil para lidiar conmigo – Dijo bromeando

–¡Por favor! – Exclamó su amigo – Si no fuera porque sabía la situación, te habría dado tu merecido –Le respondió.

–Lo dudo – Respondió él.

–Bueno, basta de discusiones, debemos regresar a Konoha y tranquilizar las cosas – Les dije – Si tu madre regresa a Konoha antes que nosotros no quiero imaginar lo que es capaz de hacer – Le dije esta vez a Naruto.

–Tienes razón, démonos prisa – Acordó y sabía que en ese momento, nada ni nadie haría que se separara de su hija, así que lo dejé que dirigiera el camino de vuelta.

–Naruto, creo que deberías hablar con Asaki – Le dije una vez que dejó a nuestra hija en su cama.

–… – Me miró sin entenderme.

–Se siente culpable, por lo que pasó – Le expliqué – Y aunque ya le he hecho ver que no es así, creo que se sentirá mejor si tú también se lo dices – Agregué.

–Entiendo – Me dijo con un suspiro. Lo entendía, el día de hoy había sido muy estresante para todos

Me dirigí lentamente a la puerta de la recamara de mi hijo abriendo sigilosamente la puerta, pues no quería ser la causa de que se despertara en caso de que estuviera dormido.

Aquel niño, tan parecido y al mismo tiempo tan diferente a mí, estaba recostado en la cama, aún con las ropas que llevaba desde la mañana y sin haber destendido su cama. Miraba pensativamente el techo, así que me acerqué a él, sentándome en el borde de la cama.

–Asaki… ¿Quieres hablar conmigo? – Le pregunté. Mi voz logró sacarlo de su transe y se sentó en la cama, poniéndose a mi lado.

–Lo siento papá – Me dijo, sorprendiéndome un poco

–¿Por qué te disculpas? – Le pregunté intentando verlo a los ojos, pero tenía la mirada hacia el suelo.

–Fui irresponsable y no cuide de Akari – Me explicó – Era mi responsabilidad y por mi culpa, ustedes estuvieron preocupados – Escuchandolo, comprendía de que hablaba Hinata.

–Asaki, no fue tu culpa – Comencé a decirle.

–Eso mismo dijo mamá, pero yo sé que solo lo hacen para hacerme sentir mejor – Confesó.

–Sabes Asaki, estoy muy orgulloso de ti – Le dije dejándolo un poco sorprendido – Eres mucho más responsable y maduro que muchos adultos que conozco – Agregué – Incluso creo que eres más maduro que yo – Me miraba como si hubiera perdido la cabeza y eso me hizo reir.

–Pero sabes, solo tienes 6 años – Le dije mientras lo abrazaba – Y no quiero decir que no seas capaz de asumir responsabilidades, es solo que por ser un niño, tienes derecho de equivocarte, de ser infantil, de hacer berrinches, travesuras y todo lo que tú quieras – Le dije – Claro, todo con medida, pero sabes… – Agregué –Creo que eres lo suficientemente inteligente para encontrar un equilibrio.

Mi hijo se levantó en la cama y me abrazó apoyando su cabeza en mi hombro. Comencé a sentir como poco a poco su cuerpo se sacudia ligeramente y como sus lágrimas se pegaban en mi ropa.

–Quieres mucho a tu hermana ¿cierto? – Le pregunté y el solo respondió con un asentimiento de cabeza – Entonces te propongo algo – Le dije y el me miró atentamente.

–Tu madre y yo nos encargaremos de cuidarla de los peligros y problemas en los que ella se pueda meter y a cambio… – Me acerqué para susurrarle al oído – Tu te encargarás de alejar a los niños que se quieran acercar a ella ¿Estás de acuerdo? – Le pregunté y él me sonrió.

–¿Qué quieres que les haga a los niños papá? – Me preguntó y yo reí.

–Nada grave, o tu madre podría regañarnos – Le advertí – Basta con que los espantes y les hagas ver que nosotros queremos mucho a nuestra Akari – Le expliqué – Tal vez es muy pronto para esta misión, pero no te preocupes, te enseñaré como portarte con esos niños – Le dije con una sonrisa y él la respondió.

–Haré mi mejor esfuerzo – Me aseguró.

–Así se habla Asaki – Choqué puños con él – Pero creo que ya es hora de dormir, así que nos pondremos la pijama y nos iremos a dormir –Le dije mientras buscaba en sus cajones su pijama.

Naruto estaba tardando mucho en ir a la cama, así que decidí asomarme para ver que lo estaba demorando tanto. Pero al abrir la puerta de la habitación de mi hijo no pude evitar sonreir, pues mis dos chicos favoritos, estaban teniendo una batalla de almohadas. Y aunque sabía que al día siguiente tardaría mucho levantando ese desorden, no me preocupaba, pues la sonrisa de ambos valía mucho la pena.

Amaneció y extrañamente Naruto no estaba a mi lado. Normalmente soy yo la que despierta primero, pero sin darle importancia me levanté y me dirigí al baño.

Después de tomar una ducha, bajé a la cocina dispuesta a hacer el desayuno, sin embargo me sorprendí al encontrarme con Naruto a mitad de la tarea.

–Buenos días – Lo saludé con una sonrisa.

–Buenos días Hime – Respondió dándome la espalda. Me acerqué a él para ver su rostro, el cual estaba tranquilo pero mostraba un hecho innegable.

–No pudiste dormir ¿Cierto? – Afirmé, pues las ojeras en sus ojos eran muy notorias y parecía faltar la energía habitual en él.

–… – Suspiró – Estuve pensando – Me dijo. Apenas iba a preguntar que estuvo rondando por su mente cuando el continuó – Debo hablar seriamente con Akari – Lo abracé por la espalda

–Sé que es algo difícil para ti, pero es algo que ambos necesitan hacer – Le dije.

–… – Otro suspiro – Gracias Hime, no sé qué haría sin ti – Me dijo y yo sonreí.

–Probablemente Konoha ya no existiría – Dije con una risita.

–Lo siento – Me respondió.

–No tienes que hacerlo – Le dije – Es completamente normal que un padre se preocupe por sus hijos – Agregué.

–Siempre tan suave conmigo – Respondió con una risa – Deberías ser más severa conmigo – Me dijo.

–¿Debería castigarte? – Sugerí dándole la vuelta para encararlo.

–Mucho – Respondió haciendo que yo levantara una ceja.

–Pero parece que mis castigos los disfrutas más de lo que deberías – Le dije mientras sujetaba el borde de su pantalón

–Puedo fingir que la estoy pasando muy mal – Respondió rodeando mi cintura con sus manos.

– Uuummm… – Fingí pensarlo – No lo creo Hokage-sama – Le dije sabiendo perfectamente el efecto que esa palabra tenía en él – No habrá castigo para usted – Sonreí con suficiencia – Ese será su mejor condena – Declaré, separándome de él.

–Pero… – Apenas iba a discutir cuando lo interrumpí.

–Si no tiene cuidado va a incendiar la cocina, Hokage-sama –Le dije señalando el sartén sobre la estufa que comenzaba a soltar humo. Me miró con sorpresa y rápidamente regresó a su tarea y yo reí abiertamente.

–Eres cruel Hinata Namikaze – Me dijo mientras retomaba su labor.

–Iré a ver cómo van las cosas allá arriba – Le dije refiriéndome a nuestros hijos.

–Claro, no tardaré con esto – Me aseguró.

Despertar a Asaki no era problema, el verdadero reto era lograr que Akari despertara, pero después de un gran esfuerzo, lo logré. Yo también deseaba hacerle ver que lo que había hecho estaba mal, pero decidí que lo más prudente era ver cómo lo hacía Naruto, tal vez con su parte fuera suficiente.

Así que, actué como un día normal. Los ayudé a cambiarse y pronto estuvieron listos para bajar a desayunar. Akari bajó corriendo hacia el comedor mientras que Asaki y yo la seguíamos.

–¡Naruto! No cumpliste tu promesa – Dijo Akari a su padre que se encontraba colocando los platos en la mesa. No respondió.

–El desayuno está listo – Anunció formalmente. Todos nos sentamos mirando a Naruto de diferentes formas. Asaki lo miraba confundido, Akari con un puchero y yo con cierta preocupación.

–Naruto, no cumpliste tu promesa – Repitió Akari – Estoy enojada contigo – Dijo cruzándose de brazos.

–Qué curioso, yo también estoy enojado contigo – Le respondió, dejándola sorprendida – Pero hablaremos de eso después de comer – Le dijo tomando un tenedor.

–Pero… – Akari iba a discutir, pero su padre la interrumpió.

–Después de comer – Repitió – Itadakimasu

–Itadakimasu – Repetimos los tres después de él.

Estaba segura de que esta era la primera vez que comíamos en silencio, ya que normalmente, hablamos aunque sea de temas triviales. Pero no esta vez, y era claramente a causa de la mirada seria de Naruto. Raramente apartaba la mirada del plato.

Asaki me miró con una clara pregunta, a la que respondí con un suspiro que el claramente supo interpretar. Akari no apartaba la vista de su padre. Su confusión era notoria. Y estoy segura que se estaba preguntando la causa del comportamiento inusual de aquel hombre que siempre la trataba con sumo afecto.

Y no era para menos, pues estaba segura que esta era la primera vez que ella veía a su padre tan críptico. Y aunque me dolía verlos en esa situación, sabía que era algo que debían superar y que en ese momento, Naruto le estaba dando una de las mayores pruebas de amor que un padre puede brindar a su hija.

Finalmente todos terminamos de comer, por lo que comencé a levantar los platos, sin embargo, nadie hablaba mientras yo hacía mi tarea. Solo me llevó dos vueltas a la cocina terminar con aquello, y supuse que debía regresar a mi asiento.

–Ya terminamos de comer – Observó Akari. No me extrañó que ella comenzara a abordar el tema, pues era tan espontánea e impaciente como toda una Uzumaki.

–Decías que estabas enojada conmigo – Comentó Naruto.

–Prometiste ir por nosotros después de nuestro primer día de clases – Lo acusó con un puchero.

–Tuve que salir de emergencia – Respondió

–Pero lo prometiste – Insistió.

–No estuvo en mis manos – Replicó Naruto

–Una promesa es una promesa, tu siempre lo has dicho – Contestó levantando la voz.

–¿Y eso justifica lo que hiciste? – Le dijo severamente, haciendo que ella se encogiera.

–Necesitabas una lección – Susurró.

–La que necesita una lección eres tú – Pude notar la molestia en su voz – ¿Tienes idea todo lo que ocasionaste? – Le preguntó sin esperar a que ella respondiera – ¿Tienes idea de lo preocupada que estaba tu madre? Tu hermano paso toda la tarde culpándose de tu irresponsabilidad – Le explicó. Ella tenía la cabeza gacha.

–¿Acaso has pensado en lo que pudo ocurrir si Konohamaru no hubiera estado ahí? – Siguió con las preguntas – Pudiste salir herida, pudiste haberte perdido, pudieron haberte… – Dejó la frase inconclusa – Necesitas pensar en las consecuencias de tus actos – Le dijo mientras se levantaba de la mesa – Se hace tarde, deben ir a la escuela – Anunció – Y te lo advierto Akari, no quiero más problemas – Dijo antes de abandonar la habitación sin dirigirle la mirada a nadie.

La puerta se cerró y los tres nos quedamos en silencio. El primero en reaccionar fue Asaki, el cual se levantó y tomó una de las manos de su hermana. Sonreí al apreciar lo empático que mi hijo podía ser.

–Akari, vamos a la escuela – Le dijo con voz suave.

–… – Ella no respondió nada, simplemente se puso de pie y apoyó su cabeza en el hombro de su hermano. Creí que estaba llorando, pero antes de que pudiera acercarme, levantó el rostro hacia el cielo, suspiro profundamente intentando recomponerse.

–Vamos – Dijo seriamente.

Realmente estaba intrigada. No sabía cómo lo estaba pasando Naruto y sobre todo, no sabía que estaba pensando mi hija. Me preocupé, pues ella era una persona transparente, que siempre mostraba su estado de ánimo. Pero ahora mismo no parecía estar sintiendo alguna, pero yo sabía que lo hacía.

Por un momento consideré la opción de no enviarla a la escuela y dejar que se quedara en casa, pero después de ver que ella contaba con toda la disposición de asistir, supuse que tal vez el convivir con más niños la ayudaría a sentirse mejor.

Cuando regresé a casa después de dejar a mis hijos, intenté despejar mi mente con las tareas de casa, pero me era muy difícil. Simplemente el recordar a mi pequeña caminando de manera automática y sin motivación aparente, hacía que me sintiera desanimada también. O el no poder ver la mirada de Naruto para saber cómo lo estaba pasando, me hacía sentir ansiosa. Sabía que no había sido fácil para él regañar a su hija pero no sabía a qué grado le fue difícil.

Tan ansiosa estaba, que llegué varios minutos antes de que Asaki y Akari salieran de la escuela. Pero me alarmé cuando solo Asaki salió

–Asaki, ¿Dónde está tu hermana? – Le pregunté

–Se quedó adentro, no sé si está dormida o simplemente no quiere salir – Me dijo.

Dejé que él me guiara hacia donde estaba su hermana. Entramos a uno de los primeros salones y en uno de los últimos asientos se encontraba mi hija. Me acerqué a ella y la llamé, pero no respondió, y al girar un poco su rostro comprobé que estaba dormida, sin embargo, había un camino de lágrimas que recorrían su rostro. Mi corazón se estrujó. Y con un gran esfuerzo para no imitarla, la tomé en brazos y junto a su hermano salimos de aquel salón

Cuando llegamos a casa, la llevé a su recamara, y su hermano en ningún momento se separó de nosotras. La deposité en la cama y me percaté de que estaba despierta.

–Mamá – Me llamó con la voz ronca

–¿Qué sucede pequeña? – Respondí dulcemente

–Papá me odia – No era una pregunta

–Claro que no te odia cariño – La abracé

–Si me odia – Dijo contra mi pecho comenzando a llorar

–¿Cómo podría odiarte? – Le dije – Eres su princesa – Le recordé

–No, ya no lo soy –Afirmó – Me odia – Repitió.

–¿Por qué dices eso? – Le pregunté

–Solo lo sé – Respondió.

–Si lo dices por lo que ocurrió esta mañana, déjame decirte que no es así – Le aseguré – Sabes que lo que hiciste no está bien ¿Cierto? – Le dije

–Solo quería verlo – Se escusó

–Sé que no lo hiciste con mala intensión pero aun así estuvo mal – Le dije – Como él lo dijo, pudiste perderte, salir herida entre otras cosas – Le expliqué

–No lo pensé – Respondió sinceramente – Y ahora el me odia – Insistió.

–Cariño, tal vez eso es lo que piensas, pero no es así – Le aseguré – Lo que pasa es que lo preocupaste mucho, por eso te dice esas cosas, porque espera que no lo vuelvas a hacer – Agregué – Lo único que quiere es tu bienestar

–Me odia, me odia, me odia mucho – Repetía constantemente.

–Akari, debo mostrarte algo – Le dije haciendo que me viera a los ojos –Asaki, ¿Quieres venir con nosotras? – Le pregunté

–… – No respondió, solo asintió.

Caminar por las calles de Konoha le fue de ayuda a mi hija, ya que ahora se apreciaba un poco más tranquila. Aún le faltaba su característica alegría, pero eso era algo que me encargaría de recuperar a cualquier costo. Después de todo, estaba segura que Naruto no podría comportarse tan duro con ella por mucho tiempo. Simplemente no era su estilo.

Llegamos a la torre Hokage y subimos dispuestos a visitar la oficina de Naruto, sin embargo, antes de llegar a nuestro destino uno de los guardias nos detuvo.

–¿Qué sucede? – Le pregunté a aquel hombre

–Lo siento Hinata-sama, pero el Hokage no está recibiendo visitas – Me informó

–¿Está en alguna reunión? – Le pregunté

–No, desde que llegó en la mañana dijo que no recibiría a nadie – Me aclaró.

–Ya veo – Respondí – Bueno, no vengo a robarle mucho tiempo – Dije continuando con mi avance.

–Pero… – Aquel hombre se veía contrariado. Seguramente las órdenes que recibió fueron muy estrictas.

–No se preocupe, yo me haré cargo de todo – Le dije – Y asumiré toda la responsabilidad – Le dije tranquilizándolo

–… –Dudó por un momento – Si necesitan algo, háganmelo saber – Dijo con resignación.

–Muchas gracias – Le dije con una sonrisa intentando que se relajara.

Toqué la puerta e inmediatamente escuché la razón del nerviosismo de aquel hombre.

–Dije que nada de visitas – Vociferó desde el otro lado con gran molestia. Tanto Asaki como Akari se escondieron detrás de mí. Al parecer era la única a la que ese humor no le afectaba.

–Soy yo – Anuncié firmemente. Mi voluntad en ese momento era inquebrantable. Entraría a esa habitación a costa de lo que fuera.

–… –No hubo respuesta por un largo tiempo. Cuando estaba a punto de volver a tocar escuché una voz imperceptible – No es el momento – Me dijo levemente, y supuse que estaba justo detrás de la puerta.

–Solo necesito mostrarle algo a alguien, no tardaremos ni un minuto – Le aseguré – Puedes continuar con tu trabajo como si no estuviéramos aquí – Sugerí – Solo abre la puerta – Pedí – Seremos invisibles – Le aseguré.

–… – De nuevo no hubo respuesta de manera momentánea, pero cuando menos lo esperamos, la puerta se abrió, confirmando mis sospechas.

Naruto nos daba la espalda. Contemplaba la aldea desde el ventanal de su oficina. No decía ni una sola palabra, simplemente estaba ahí, como una estatua.

Di un paso para entrar siendo seguida por mis hijos, que se aferraban a la tela de mi falda de manera temerosa. Los liberé tomándolos de la mano, pero la inseguridad y la sorpresa seguían en sus rostros.

No sé qué estuvo haciendo todo este tiempo mi esposo, pero la habitación estaba tal cual la había visto el día anterior antes de salir en busca de mi hija. Los restos del escritorio estaban a un lado de la puerta, la pared donde había intentado golpear a Sasuke aún estaba hecha polvo, la misma puerta se veía desgastada desde el interior y muchos objetos seguían en el piso.

Mis dos hijos contemplaban el área de guerra sin poder creerlo. Cuando llegamos a la mitad de la habitación, me detuve, y dejé que ambos apreciaran la escena mientras yo me dedicaba a ver a mi esposo con la esperanza de que sintiera mi mirada y decidiera darse la vuelta.

Pude ver como giró imperceptiblemente el rostro y nos miraba por el rabillo del ojo. Solo fue un instante, menos de un segundo, pero lo que sea que vio, al parecer no le agradó, pues rápidamente paso a nuestro lado sin vernos y anunció su partida.

–Necesito un poco de aire – Nos dijo antes de salir de la habitación. Y una vez más, el sonido de su partida nos dejó congelados a los tres.

–¿Qué sucedió aquí mamá? – Me preguntó Asaki.

–Cuando tu padre recibió la noticia de lo que había pasado con Akari… – Dejé la oración inconclusa y sabía que él entendería – Estaba tan preocupado por ti, que perdió el control – Le dije esta vez a mi hija – Si te odiara, no se preocuparía tanto por ti – Agregué – El Hokage no sería nada sin su princesa y su caballero – Dije refiriéndome a ambos – Dale tiempo, para un padre que toda la vida a consentido a su princesa, es difícil tener que reprenderla – Le dije – No solo tú la estás pasando mal.

Akari no respondió, simplemente se limitaba a seguir observando el lugar. Suponiendo que estaba reflexionando, la dejé continuar con su tarea, mientras que Asaki no apartaba la mirada de su hermana, al parecer estaba a la espera de su reacción.

–¡¿Se puede saber qué significa eso de que no estas recibiendo a nadie?! –Vociferó una voz repentinamente, sorprendiéndonos a los tres.

–Kushina-san – Exclamé cuando me di cuenta de quién era nuestro nuevo acompañante.

–Hinata… –Exclamó dejando escapar su aliento al ver la escena

–¿Qué pasó aquí? – Cuestionó mi suegro que estaba detrás de ella

– ¿Dónde está Naruto? – Preguntó preocupada

–Naruto está bien –La tranquilicé – Dijo que necesitaba tomar aire – Agregué – Y respecto a lo que pasó aquí… Bueno, es una larga historia – Comenté

–Obasan – Akari la llamó con ojos llorosos – Papá me odia – Le dijo en el mismo tono desconsolado que me lo había dicho a mí.

–¿Por qué dices eso Akari-chan? – Mi suegra, al ver el rostro de su nieta, rápidamente llegó a su lado y la abrazó.

–Hice algo malo, y ahora me odia – Le respondió con la voz quebrada a causa de las lágrimas. Al escucharla, incuso Minato-san se acercó a ella.

–No estoy entendiendo nada – Reconoció la madre de mi esposo – Será mejor que vayamos a casa para que me expliquen todo lo que pasó mientras estuve fuera de Konoha – Sugirió.

Todos estuvimos de acuerdo e inmediatamente dejamos aquel lugar. Mi suegro llevaba a su nieto sobre los hombros mientras le contaba los detalles de su "Misión" en el país del Té, pero a mí no me engañaba, recientemente había pasado su aniversario de bodas, así que no necesitaba preguntar que habían estado haciendo.

Mientras que Kushina llevaba a mi hija tomada de la mano e intentaba animarla contándole sobre todas las cosas interesantes que habían en el país del Té y de todas las cosas que les habían comprado. Normalmente Akari habría estado totalmente emocionada con la plática de su abuela, ya que eran tan similares que parecían ser las mejores amigas. Pero en esta ocasión, Akari, solo sonreía ante sus comentarios y contestaba de manera amable, sin emoción alguna, hecho que Kushina no pasó por alto.

Les conté a mis suegros todo lo ocurrido, obviamente reservando algunos detalles a causa de mis hijos, ya que dudo que el escuchar que su padre estuvo amenazando de muerte a todo el mundo y el cómo casi mata a su amigo, fueran buenas imágenes para ellos.

–¡Ese niño! – Exclamó Kushina – ¿Acaso ya se olvidó de todas las travesuras que él me hizo? – Cuestionó al aire – A tu edad él era más travieso, así que ahora no puede pretender que tú actúes como una santa – Le decía a su nieta.

–Akari, tu papá no te odia – Le dijo su abuelo – Como padre te puedo decir que regañar a nuestros hijos, es la tarea más difícil del mundo – Tanto Asaki como Akari prestaban completa atención – Tal vez te parezca que fue muy duro, pero lo hace por tu bien y un día, cuando crezcas y tengas tus propio hijos lo entenderás – Le explicó. Y me di cuenta de que la sensación tan reconfortante de sus palabras, así como la sensación de estar recibiendo una gran lección, se debían a los años de experiencia que tenía como padre.

–Aunque… él tuvo la culpa por no cumplir su promesa – Agregó haciendo yo riera por lo bajo, Podría ser Hokage, un excelente padre, años de experiencia y sabiduría, pero como abuelo… No podía evitar ser tan consentidor como los otros tres. ¡Porque incluso el líder del clan Hyuga, estaba a merced de lo que mis dos hijos dispusieran!

–Estamos de acuerdo que Akari cometió un error – Comenzó a decir Kushina – Pero todos lo hacemos ttebane! – Exclamó – Lo importante es que ya sabes que estuvo mal, y estoy segura que no lo volverás a hacer ¿Cierto Akari-chan? – Le dijo a su nieta, la cual estaba más tranquila y asintió – Entonces esto es lo que haremos – Propuso Kushina… Oh si, se aproximaba uno de sus planes. – Prepararemos un regalo para Naruto para que Akari-chan le pida disculpas – Una pequeña sonrisa se asomó por el rostro de la aludida – Y si con eso no te perdona… ¡Yo misma me encargaré de que lo haga dattebane! – Concluyó.

No regresaría, definitivamente no lo haría. Me encontraba en la terraza de la torre Hokage y a pesar de ser un lugar completamente abierto, me sentía aprisionado, frustrado, impotente y porque no, la peor de las escorias.

Durante todo el día no pude quitarme de la mente la imagen de mi hija. Su carita viendo al suelo, y como poco a poco su ánimo decaía. Y lo peor es que yo había sido la causa de aquello. ¡Qué difícil era ser padre! Saber que eres el causante del dolor de tu pequeña y quedarte sin hacer nada, realmente podría ser la peor experiencia de todas.

Ahora que todo eso había pasado, sabía que en estos momentos no sería capaz de volver a hacerlo. En ese momento lo que me "ayudó" fue el recuerdo de la preocupación que ocasionó su extravío, la incertidumbre de no saber dónde está, la impotencia de no haber estado en el momento indicado, el miedo de que le pasara algo, la culpa de ser la causa de aquello, eso y el terror de perderla.

Me sentía la peor basura de todas, y el ver a mis dos hijos con una expresión de miedo ante mi presencia, definitivamente no ayudaba. Eso fue lo que me hizo salir, el ver a Hinata parada en medio de aquel caos, fungiendo de escudo entre mis hijos y yo, y ver como Asaki y Akari se aferraban a su madre e intentaban mantener su distancia de mí.

No sé cuánto tiempo estuve ahí, solo recuerdo que a mi llegada, el sol estaba sobre mí, y ahora se estaba ocultando. Suspiré, pues tarde o temprano debía volver con ellos, el problema era que no sabía qué hacer.

–Naruto… – Escuché que alguien me llamaba detrás. No necesitaba voltear a ver de quien se trataba, esa voz me había acompañado toda mi vida.

–¿Cómo les fue en su viaje? – Le pregunté.

–Bien, pero… Parece que sucedieron muchas cosas durante nuestra ausencia – Comentó.

–… – Suspiré – Debo decir que no me extraña que ya lo sepas – Respondí.

–Vamos a casa – Sugirió – Tu familia te está esperando.

–Supongo que te enviaron por mi ¿Me equivoco? – Supuse con una sonrisa.

–Así es –Afirmó – Así sea por las buenas o por las malas –Me amenazó.

–Contigo siempre es por las malas Kushina –Dije encarando a mi madre.

–…– Ella entrecerró los ojos y yo reí encogiéndome de hombros y llendo a su lado, porque sabía que su amenaza había sido enserio.

Me llevó a su casa, y preferí no preguntar la razón. Tal vez estaba exhausto mentalmente y por eso simplemente me estaba dejando llevar por ella. Incluso me atrevo a pensar que ella se percató de ese hecho, ya que normalmente, al verme tan callado, habría sacado algún tema de conversación para hacerme hablar, pero no esta vez.

–Llegamos – Anunció mi madre cuando entramos a su casa. Ella fue la primera en avanzar con dirección al comedor y de manera automática la seguí.

–Hay una persona que tiene algo que decirte – Me dijo antes de que entrara completamente a la habitación, y ahí, me encontré con una escena que se quedaría grabada en mi corazón permanentemente.

En la mesa principal había un pastel con la frase 'Te quiero papá' y parada detrás de este, estaba mi pequeña hija. Su mirada guardaba cierto temor, y nerviosismo, pero lo que más destacaba era una mirada de esperanza. Abrumado por todo aquello retrocedí un paso, como un ser de obscuridad que se enfrenta a la luz.

Y habría huido, pero antes de que lo hiciera, pude percatarme de un hecho que me hizo reaccionar. Akari había observado mi comportamiento e inmediatamente esa esperanza en su mirada se trasformó en desilusión reflejada en las lágrimas que comenzaban a nacer. Cerró sus ojos con fuerza dejando que un camino de esas lágrimas comenzara a formarse.

–No merezco esto – Dije ya estando a su lado y abrazándola – No merezco una hija tan noble y perfecta como tú – Le dije aferrándome a ella

–Por favor perdóname papá – Me suplicó con la voz quebrada.

–No tengo nada que perdonarte – Respondí – Yo soy el que debe disculparse contigo – Le aclaré – Debí comprenderte mejor, en lugar de hacerte sentir mal – Le dije.

–¿Ya no me odias – Me preguntó temerosamente.

–¿Odiarte – Pregunté sorprendido de que esa idea hubiera cruzado por su mente – Akari, yo jamás, jamás, JAMÁS podría odiarte pequeña – Le aseguré – Tú, tu hermano y tu madre son el mejor regalo que la vida me ha dado – Le confesé – Si actué de esa forma fue porque estaba aterrado de perderte – Le expliqué – Si algo te pasara, mi vida perdería sentido. Ustedes son mi familia, mi vida les pertenece, sin ustedes, me volvería completamente loco –

–Te quiero papi – Me dijo mi pequeña

–Yo también te quiero Akari-chan, con toda mi alma – Le respondí – Soy el peor padre de todos, pero te prometo hacer mi mayor esfuerzo para merecerte –Le prometí. Sentí como negó con la cabeza.

–Eres el mejor papá del mundo –Me aseguró aferrándose más a mí.

–Tiene razón – Agregó Asaki que ya estaba a mi lado. Le sonreí y lo abracé junto a su hermana.

–Gracias – Dije levantando la mirada hacia Hinata. Ella nos miraba con ternura, la misma ternura con la que miró a sus hijos la primera vez.

–Bueno, ya que todo ha sido perdonado y olvidado, vamos a celebrar ttebane–Exclamó mi madre.

–Papi, tienes que probar el pastel – Me dijo Akari con una sonrisa como las de siempre.

–¿Tu hiciste el pastel Akari-chan¿ – Pregunté con sorpresa y ella asintió

–La abuela Kushina me ayudo – Comentó.

– Seguramente es el mejor pastel del mundo dattebayo – Exclamé.

"Se dice que a partir de ese día, Akari aprendió a pensar sus actos antes de llevarlos a cabo. Sin embargo, en sus venas corría sangre Uzumaki, por lo que en ciertas ocasiones no podía evitar actuar a su manera. Sabía que el regaño de su padre que la estaría esperando sería duro para ambos, pero también sabía que lo hacía por su bien. Por ello, aunque siempre lloraba por ello, al final lograba encontrar la forma de solucionar las cosas al mismo tiempo que aprendía una nueva lección"

–Tenía razón, este es el mejor pastel del mundo ttebayo – Exclamó Naruto – ¿Verdad que si Asaki¿ – Le preguntó a su hijo.

–… – El niño no le respondió, pues tenía un gran pedazo del famoso pastel en la boca, por lo que solo se limitó a asentir con la cabeza.

–¿De verdad te gustó papá¿ –Preguntó Akari con cierta ansiedad.

–De verdad –Respondió inmediatamente.

–¿Tanto como el ramen¿ – Cuestionó.

–… –El rubio fingió pensarlo – Tanto como el Ramen de tu madre o tu abuela – Le respondió con una sonrisa.

–¿Escuchaste Kushina¿ Le gustó mucho – Le dijo la pequeña a su abuela

–Te lo dije Akari-chan – Le respondió con una sonrisa – Pero… ¿Desde cuándo me llamas Kushina¿ – Le preguntó con las manos apoyadas en su cadera.

–Papá te llama así – Comentó

–Porque él es un irrespetuoso ttebane! – Comentó – Pero tú, eres una niña buena, por eso debes llamarme abuela ttebane! – Le indicó.

–Relájate Kushina, no es nada grave – Le dijo Naruto saliendo en rescate de su hija – Ahora estamos festejando ttebayo! –

–Justo de lo que estoy hablando – Dijo Kushina – Deja de llamarme Kushina ttebane! Soy tu madre – Le reclamó.

–Abuela… ¿Cuándo nos enseñarán lo que trajeron de su misión¿ – Preguntó Asaki interviniendo. Hinata sonrió, pues justamente ella estaba a punto de intervenir con una distracción, pero no cabía duda que su hijo aprendía rápido.

–Tienes razón Asaki, casi lo olvido – Reconoció.

"También se dice que a partir de ese día, Naruto aprendió a manejar los regaños con su hija. Si bien odiaba verla triste y más cuando era por su culpa, sabía que al final le estaba dando una importante lección a su retoño. Y lo que lograba que no perdiera la cabeza, era que al final del regaño, ambos terminaban haciendo las pases de una manera muy emotiva, como solo los Uzumaki saben hacerlo. Y bueno, también se rumora que el Hokage aprendió a cumplir mejor sus promesas, sobre todo con su familia, y en especial, con la más pequeña de las integrantes"

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Podría contarles más detalles de ese día en la familia Namikaze, sin embargo, todos sabemos la cantidad de vivencias que pueden ocurrir en un solo día dentro de esta familia. Basta con decir que su día terminó con reconciliaciones enternecedoras, abundantes y contagiosas risas, pero sobre todo, con una princesa completamente feliz al haber recuperado a su único héroe.


Bueno, eso es todo. Si ninguna idea salvaje se asoma a mi cabeza, solo faltará un epílogo. Sin embargo, no me comprometo a publicarlo por ahora, sino hasta Julio. La razón: Estoy en mi último año de la carrea y literalmente mi tiempo no me pertenece. Tanto así que esto lo empecé a escribir en Enero y hasta ahora he podido terminarlo u.u

De igual forma, no me quiero comprometer a publicar nuevas historias y quiero dejar claro que esto no es un adiós, sino un hasta Julio.

Pero eso sí, prometo esforzarme para escribir en mis pocos tiempos libres y quien sabe, tal vez llegue con la sorpresa de publicar antes de lo pronosticado.

Hasta entonces