Disclaimer: Ninguno de los personajes de Sailor Moon me pertenecen, son propiedad de Naoko Takeuchi, sólo la historia desarrollada a continuación es © derecho reservado de esta "autora" con poco que hacer, esto lo hago sin fines de lucro, única y exclusivamente por el placer de escribir.

Universo Alterno


Pieza primera

"Sin embargo, creo que debo seguir viviendo,

conservándolo todo hasta el final."


—¡Hey! No espera, espera debes decirme —pidió el pelinegro—, ¡Anda dímelo ya!

—Que no Nicolas, déjame tranquila. —la chica se detuvo en seco respirando profundamente. —¿Qué no entiendes? —su boca se contrajo en una mueca de evidente fastidio.

—¡Yah! Rei sólo dime y te dejaré en paz —insistió de nuevo.

—¡Aish! ¿te hablo en chino o qué? ya déjame tranquila —La pelinegra rodó los ojos para después mirarlo fijamente—. ¿Sabes? estoy muy ocupada estos días, tengo mucho que estudiar, lo siento —avanzó unos pasos y después se detuvo—, además ¿por qué tendría yo que organizarlo?

—Porque eres mi mejor amiga —afirmó el chico en un puchero.

—Sí, tú mejor amiga, no tu novia.

Ante aquellas respuestas el joven se encogió de hombros y suspiró profundo.

—No lo puedo creer, ni siquiera Yaten me ha llamado —respondió triste.

Rei lo miró con un dejo de la tristeza combinada con lastima. —Nicolas no pongas esa cara conmigo, no funcionará; en estos días todos estamos ocupados, tú también deberías estarlo ya se acercan los exámenes y lo único que haces es pasártela de fiesta todas las noches, después no quiero que vengas a buscarnos para que te ayudemos a pasar los finales.

—Ya, ya está bien me iré —dio media vuelta lentamente, la chica sonrió de lado sabía reconocer perfectamente las tácticas de su amigo.

—Oye —lo llamó, él se giró de inmediato—, feliz cumpleaños —dijo al tiempo que lo abrazaba fuertemente.

—Esto es comprometedor ¿qué pasa si te ven mis admiradoras?

—Cállate tonto, mejor que lo disfrutes porque no te volveré a dar otro hasta el próximo año.

El abrazo duró algunos minutos, ambos sonreían. Para Nicolas era algo nuevo pero no inesperado, conocía a Rei, aunque la verdad era que no estaba acostumbrado a esa clase de cosas.

—Y para que veas que soy muy buena amiga te prepararé la cena esta noche, así que te espero en mi departamento a las siete, llega puntual… y sobrio —indicó mientras lo soltaba.

—Ok, ok estaré ahí puntual, así que no me haga esperar mucho y prepara un buen postre —le giñó el ojo, y se alejó tarareando alguna melodía.

- . -

El timbre sonó por decima vez en media hora, dentro, todo quedó en silencio mientras Rei se dirigía a la puerta.

—¡Hola! —dijo el chico a traje, la mirada de desaprobación de Rei se tornó un poco más suave.

—¡Hola Haruka! pasa —respondió abriéndole camino.

—Lo lamento, tuve un pequeño contratiempo.

—Sí ya nos dimos cuenta —la chica lo examinó desaprobatoriamente—. Allá adentro hay una furia así que… bueno pobre de ti —tras sus palabras escapó de sus labios una pequeña risa.

Cuando la puerta de departamento se hubo cerrado tras la anfitriona y el recién llegado Haruka, todos los invitados reanudaron sus charlas; la mayoría se preguntaba donde era que estaba el supuesto festejado.

—¿Estás segura que estaba poniéndote atención cuando le dijiste? —Yaten miraba su reloj impaciente.

—Sí, estoy segura —respondió Rei— pero estará muerto cuando llegue, le dije claramente la hora, eso me pasa por meterme donde no me llaman.

—Ya, ya Rei sabemos que aprecias a Nicolas por eso organizaste su fiesta, pero es tan tonto que bueno se podría esperar cualquier cosa de él, quizá fue a buscar su posible fiesta sorpresa en alguna otra parte —Zafiro que sostenía en su mano una copa de vino se acercó al grupo donde Yaten, Serena y Rei platicaban tranquilamente en espera de Nicolas.

El reloj marcaba las diez cuarenta y cinco de la noche, la mayoría de los invitados por no decir todos se había marchado, sólo quedaban los más importantes, los mismos de siempre quienes se habían conocido desde el último año de preparatoria. Rei y Haruka estaban hechos unas furias, uno se quejaba por la pérdida de tiempo y la otra por lo mismo más el comportamiento estúpido de Nicolas, por su lado Lita ya se había comido la mitad del pastel mientras Seiya trataba de controlar sus locuras causadas por el azúcar, Michiru y Zafiro conversaban con Serena sobre sus últimas composiciones y Yaten taciturno miraba su reloj de vez en vez mientras se perdía en las luces de la ciudad que relucían a través de la ventana.

—Nicolas ¡estás muerto! —Rei torció la servilleta de tela blanca entre sus manos. Las campañillas del reloj comenzaron a sonar anunciando las once de la noche en punto—. Definitivamente está muerto.

Las palabras de la chica pelinegra fueron seguidas por golpeteos en la puerta, sus ojos llameantes miraron el sitio como adivinando quien estaba detrás de las paredes; con pasos rápidos se encaminó para abrir.

—¡Hey! ¡Rei no lo mates! Aún… deja algo para nosotros —Lita gritó desde el comedor mientras Seiya trataba de quitarle el plato de pastel de las manos.

Nicolas se recargó en la pared del pasillo a la espera de que atendieran su llamado, cerró los ojos como tratando de que las copas de más que se había tomado en el camino se esfumaran para que de alguna manera Rei no las notara mucho, sonrió, de verdad había perdido su valioso tiempo esperando encontrar la sorpresa en algún sitio, quizá organizado por Yaten o Zafiro, pero en vez de eso había encontrado un montón de chicas rutinarias y tontas; estaba casi seguro que Rei estaba más que molesta y quizá fuera esa la razón por la que ella aún seguía siendo su amiga. Movió la cabeza en una risa liviana mientras la puerta se abría detrás, se giró para encontrarse con el rostro de su amiga.

—¡Hola preciosa! —dijo descansando el lado derecho de su cuerpo en el marco de la puerta muy cerca de Rei, su rostro en un ángulo bajo esbozaba una sonrisa de las que solamente él podía tener.

—¿Quién eres tú? no te conozco —la joven lo miró de arriba abajo sondeándolo— no tengo nada para darle a los indigentes.

—¿Qué? ¿indigente? ¡esta camisa es muy cara! —refutó el chico—. Sé que es un poco tarde, ¡discúlpame! tuve un pequeño lio en el camino.

—¿Un poco tarde? llegas cuatro horas tarde.

—Rei, déjalo pasar, también queremos decirle algunas cosas —gritó Haruka desde dentro con los brazos cruzados.

Rei abrió la puerta e hizo una seña a Nicolas para que terminara de entrar, el chico miró los preparativos mal logrados que había en el lugar, mientras sus amigos le hacían señas desaprobatorias.

—¿Qué pasó aquí? —preguntó confundido.

—Echaste a perder tu fiesta sorpresa —respondió Michiru.

—¡Ah! Rei me engañaste, estuve como tonto buscando por todo Tokio mi sorpresa, por eso llego tan tarde —reclamó molesto.

—Que les dije —explicó Zafiro en tono victorioso— de él se puede esperar todo.

—No nos eches la culpa Nicolas que tonto eres desde que naciste —respondió Rei aún molesta.

—¿Qué acabas de decir? te voy a castigar por eso —Nicolas caminó en dirección a su amiga con la mirada rencorosa puesta sobre ella, pero se detuvo a la mitad del pasillo frente a la sala que se encontraba ligeramente iluminada por la baja luz de las lámparas; miró al chico en el balcón mientras su expresión cambiaba drásticamente.

—¿Qué le pasa? —preguntó a los demás.

—Pues ya sabes, lo mismo de siempre —respondió Serena— pero parece que está noche está más extraño de lo normal.

—Triste… diría yo —Haruka se asomó desde detrás del hombro de Michiru para mirar a Yaten.

—Es normal —dijo Lita—, fue en un cumpleaños de Nicolas cuando todos nos reunimos por primera vez, cuando nos conocimos ¿recuerdan?

El silencio irrumpió en la estancia por un momento.

—¡Amor! —Nicolas gritó efusivo lanzándose en dirección a Yaten que al escucharlo se giró de inmediato—. ¡Amor! porque no me llamaste en todo el día, sabes que es un día importante y ni siquiera te acordaste, espero que me hayas comprado un lindo obsequio —dijo con un puchero mientras se colgaba del cuello del platinado; los demás vieron la escena con gracia y fastidio.

—Yo, lo siento, pero te compré una botella de vodka —respondió con voz sensual— después te mostraré la otra parte de tu obsequió.

—¿De verdad?

—No —Yaten confesó cambiando la expresión de su rostro—, ahora suéltame.

—¡Que malo eres conmigo! y yo que te amo tanto —manifestó el pelinegro indignado cual novia herida.

—No sería el cumpleaños de Nicolas si no hiciera sus escenas gays.

—Yo no hago escenas gays en mi cumpleaños, yo las hago todos los días —contestó orgulloso.

—Ya bueno, bueno, comamos el pastel —Rei llamó a todos al comedor— o lo que queda de él —dijo mirando lo poco que sobraba.

Los demás se dirigieron a la barra de la cocina para traer las cosas que aún estaban intactas y comenzar la tardía fiesta de cumpleaños.

—Oye Nicolas, gracias —Serena que se había sentado junto al festejado le dijo con una sonrisa y en voz baja.

—No me agradezcas, a mí tampoco me gusta verlo tan serio.

Después se sonrieron mutuamente y siguieron la velada como si nada hubiera pasado.

- . -

—¿Oye Mina me estás escuchando?

—¡Ah! ¿Qué? lo siento de verdad ¿qué me decías?

—¿Qué es lo que te pasa? has estado distraída todo el día, ni siquiera peleaste con el profe de administración y Rosalin te comió las participaciones de hoy, y eso ya es preocupante —la chica de cabello rizado junto a ella finalizó su comentario indignada.

—No es para tanto, lo siento pero tengo una extraña sensación es todo.

—Como sea, pero mañana tienes que estar perfectamente para la exposición de mercado, no quiero sacar mala nota, reprobaré el semestre, que digo el semestre el año.

—Hay ya cálmate no es para tanto.

—Bueno como no eres tú la que lo está pasando —agregó levantándose de su asiento—, como sea me voy, nos vemos mañana.

—Ok descansa, bye.

Mina se quedó un rato más en la biblioteca aunque no lograba concentrarse completamente en los libros que tenía enfrente, abrigaba un raro sentimiento, como una impresión de haber olvidado algo muy importante; varias veces había mirado su agenda como para cerciorarse de que no había dejado de lado ningún compromiso, encontrándose todas las veces con el mismo resultado, no tenía nada programado para esa fecha.

—¿Qué hay este día? —dijo para sí misma en voz alta—, esto es muy extraño, ¿qué será? —había repasado mentalmente las fechas importantes y no encontraba relación con ninguna. —¿Qué raro? es como si hubiera olvidado algo —su mirada pensativa se perdió en la nada—, bueno no importa.

Se estiró sobre la mesa y se dejó caer, después con los brazos extendidos suspirando largamente. —Tengo hambre —chilló—, mejor me iré a casa —estaba por retirarse cuando el profesor que impartía política exterior se acercó hasta su mesa.

—¿Te vas tan pronto?

—Sí, no puedo concentrarme bien y tengo hambre —dijo en una sonrisa.

—Te entiendo eso me pasa muy seguido —respondió el hombre— pero bueno antes de que te marches hay algo de lo que me gustaría hablarte.

La chica dejó nuevamente su mochila en la silla, —claro ¿de qué se trata?

—Bien verás, ya que eres una buena alumna y tu desempeño en mi materia ha ido progresando poco a poco, te he considerado para que tomes una beca de intercambio.

—¿Qué? ¿yo? —alegó impaciente—. Pero sabe que me cuesta trabajo, no entiendo muy bien, usted tiene alumnos muy brillantes que serian una mejor opción para ocupar la beca.

—Es cierto que hay alumnos mejores, pero por eso mismo no son aptos, además tu desempeño en las ultimas clases me ha gustado así que sólo te aviso ya entregué la carta de motivos a las junta académica creo que te llamaran en un par de días —el hombre terminó su discurso con una expresión triunfante mientras comenzaba a retirarse.

—Profesor, espere por lo menos dígame para que país es la beca —gritó.

—Japón —el educador respondió sin siquiera voltear, extendiendo una mano para despedirse—. Así que te aconsejo que comiences a estudiar japonés.

—Japonés… Japón… pero… —exclamó para sí misma con voz decepcionada.

Aquella charla la había dejado algo pensativa, buscaba la manera de rechazar la oferta educadamente si es que existía esa forma, era verdad que unas de las cosas que siempre quiso desde que tenía memoria y desde el momento en que decidió que estudiaría la carrera era conseguir una buena beca para estudiar en el extranjero, quizá Estados Unidos, China como potencias eran un panorama comprometedor, pero Japón, ¿qué sabía ella de Japón?

—¿Qué se supone que haré en Japón? —se preguntaba y respondía sola—. No, no puedo ir a… ¡Japón! es una locura no hay buena comida en ese país —se dirigió a casa con la mente perdida en un país que no conocía y no quería conocer, pero que había logrado acaparar su total atención.

- . -

La cálida mañana de martes era para Rei la mañana más hermosa de todas la semana; se despertaba siempre con una sonrisa en los labios esperando que el reloj marcara las doce del día para tomar su adorada clase de sistema penal y no era que el profesor y la clase le agradaran mucho pero ahí en el edificio central, en el salón quince del segundo piso, ahí tenia la perfecta vista al campo de entrenamiento, sí, la perfecta vista de un metro ochenta y cuatro centímetros de piel blanca. El profesor Andrew apenas era un par de años mayor que ella y que muchas de las alumnas de la universidad. Cada martes el profesor entrenaba a los corredores pasando exactamente frente a su edificio, a veces volteaba hacía donde Rei se encontraba y sonreía como si supiera que ella lo miraba, era algo que sinceramente le causaba un sentimiento de intriga.

—¡Las once cincuenta y cinco! —la pelinegra miró su reloj y luego hacia fuera de la ventana sin prestar mucha atención a la cátedra del profesor; lo vio venir desde lejos en el lado este con su uniforme negro y su camisa gris desmangada, sonrió tontamente para sus adentros, sabía que en cuanto cruzara exactamente frente al edificio giraría su cabeza y después el sol saldría detrás de su sonrisa.

Lo vio detenerse en el jardín, su corazón palpitó al ritmo lento que acompasaba los movimientos del rubio—, sólo un poco más —dijo en su mente esperando ver la reluciente sonrisa de Andrew; sus ojos vieron como la cabeza del joven profesor giraba en su último esfuerzo para por fin mirar de lleno al edificio.

—Disculpe profesor ¿podría hablar con Rei?

Aquella voz era como un molesto zumbido que se entrometía en su perfecta mañana de martes; no le tomó mucha importancia y se perdió de nuevo en su magnífica vista.

—Señorita Hino, se le requiere en la academia general…

—Señorita Hino ¿me escucha? —llamó el profesor sin mucho éxito.

—¿Rei?

Sintió un leve golpe en la espalda que ocasionó que volteara la mirada hacía su amigo justo en el momento en que parecía que el profesor de deportes había reparado en ella.

—¿Te sientes bien? —Nicolas preguntó preocupado.

—Sí, estoy bien —respondió brusca quitando la mano del moreno de su hombro.

—Te llaman en la academia.

—Ya voy.

Rei salió del salón más que molesta, Nicolas tras ella intentaba hablarle.

—Oye espérame.

—¿Qué quieres? —le gritó.

—¡Hey! ¿por qué estás molesta conmigo?

—¿Por qué? ¿todavía lo preguntas?

—¿Ahora qué te hice? —respondió en una mezcla de sorpresa e ingenuidad.

—Mira Nicolas ni te me acerques que no creas que ya me olvide de lo de la fiesta, ¿crees que soy tu estúpida o qué? —el chico permaneció frente a ella inerte y serio.

—Puede que tengas a toda mujer que te conocen a tus pies pero yo no soy de esas, conmigo no vas a poder y ni se te ocurra burlarte de mí otra vez porque te vas a arrepentir —Nicolas permaneció quieto mientras la veía alejarse.

- . -

Caminó despacio tratando de olvidar todo lo que le había dicho a Nicolas, después de haberle gritado tantas cosas sentía un ligero, pero muy ligero arrepentimiento, al final de cuentas todo se lo había buscado él mismo.

—Creo que no debí de haberle gritado… tanto —dijo—, tonto.

En un momento llegó al pequeño edificio, se encaminó a la sala de juntas donde se suponía que estarían el decano, entró en el sitio y se sorprendió al encontrarse con algunos otros alumnos.

—Bueno ya estamos todos, comencemos —en la pantalla de la sala se proyectaban algunos datos que parecía confusos.

—Quizá se pregunten qué haces aquí, la razón de haberlos llamado es para informarles que han sido elegidos para formar parte de un programa tutorial de estudiantes, pero no cualquier estudiantes si no de estudiantes de intercambio —habló firmemente uno de los profesores—, como saben para muchos extranjeros es un tanto difícil el integrarse a la comunidad tanto social como escolar; por ese motivo las organizaciones internacionales hemos puesto en marcha este programa motor donde estudiantes se encargaran de los estudiantes recién llegados, para ayudarlos a incorporarse más rápida y fácilmente a su nuevo entorno tanto escolar como social.

Rey con expresión poco grata bajó la cabeza, estaba algo enfadada por lo sucedido con Nicolas, en el salón de clases y ahora esto. —¿Qué pasará con los alumnos que no queramos hacerlo? —preguntó cortante.

—Bueno no pasará nada, pero deben saber que se les dará una ayuda económica por formar parte en este programa.

"Una ayuda económica no me vendría mal" —pensó—, "pero ya tengo suficiente aguantando a Nicolas."

El decano siguió hablando, explicando los procedimientos que debían llevar acabo si decidían formar parte del programa, la chica escuchaba no muy convencida pero sin más remedio, la mitad de su mente estaba en la charla, una cuarta parte con Nicolas y la otra con Andrew.

- . -

—¡Seiya dámelo! dámelo ya —el chico sostenía muy por encima de su cabeza un empaque de panecillos de chocolate que intentaba alejar de una chica relativamente desesperada por conseguirlos.

—Seiya Kou, dame mis panecillos, ¡ahora!

—No te dará nada —respondió en una sonrisa—, quítamelos si los quieres —la chica saltó un par de veces intentando atraparlos pero sin mucho éxito. Por un momento se mantuvo estática frente a él mirándolo con amenazante frialdad—, más te vale que me los regreses ahora.

—No te daré nada —tras sus palabras abrió el paquete y llevó un trozo del pan a su boca, la chica lo miró atónita, con pasos lentos dio medio vuelta y se alejó, Seiya miró extrañado el rastro de su espalda.

Caminaron varios minutos, Lita iba delante sin mirar siquiera que el chico la siguiera, Seiya no estaba seguro si debía o no ir junto a ella; en su opinión Lita era una chica demasiado temperamental y comenzaba a creer que haberse metido con sus preciados panecillos o mejor dicho con su preciada azúcar no había sido buena idea; pero se sentía culpable; algo le estrujaba el corazón o quizá el estomago cuando Lita se molestaba con él; no le gustaba discutir con ella.

Seiya fue regresado a la realidad de improviso cuando la joven se detuvo frente a un restaurante de comida italiana, le dirigió una rápida e indiferente mirada de rabillo y sin consideración entró en el sitio, tras un largo suspiro Seiya la siguió.

—Al fin —escuchó al entrar al privado del restaurante, —pensé que no llegarían —lo comprendió de repente, aquel día era viernes.

—Lo siento —respondieron ambos.

Tras un momento Rei llegó al sitio seguida por Nicolas que saludó sonriente y algo torpe; Yaten miró a su compañero.

—Nicolas ¿estás borracho?

El moreno resopló en una risilla. —No, sólo pasé a tomar unos tragos antes de venir.

Rei lo miró con más fastidio, Michiru se limitó a mirarlos alternadamente con un dejo de confusión mientras que Haruka la observaba a ella. Los únicos que parecían estar de buen humor era Serena y Zafiro que secreteándose cosas no paraban de reír.

—¡Ah! como es lindo del amor ¿verdad? —dijo Haruka de modo sarcástico—, bueno, bueno no estamos aquí para ver caras largas ¿verdad? mejor pidamos algo de beber y comencemos nuestro viernes.

—De comer querrás decir ¿no?, porque se te ve una cara de hambre —respondió Zafiro sin poder contener la risa.

Los demás asintieron en un movimiento de cabeza uniforme mientras Haruka los fulminaba con la mirada. En el transcurso de la cena cada uno comentó sobre sus actividades semanales, aquello ya era algo habitual en el grupo, para eso eran los viernes, al final de todo eran esos los días que estaban juntos. Rei les comentó sobre el proyecto escolar a la que la habían invitado a participar, Seiya sobre su nueva novela y los avances de los capítulos, Nicolas de un lindo gato gris que había encontrado en un basurero el cual gracias a sus magníficos cuidados médicos estaba mucho mejor de salud, Zafiro sobre las acosadoras alumnas del nuevo instituto de chicas donde daba clases, Michiru y Haruka sobre los preparativos de la boda, ante la cual Haru era el más animado, Yaten sobre su recién adquirido contrato y Serena, Serena en realidad nunca hablaba de nada en concreto, sólo dibujaba notas musicales en las orillas de lo que tuviera a la mano, la única que parecía no tener nada que decir era Lita que se había mantenido en estado pasivo desde el inicio de la reunión, todos miraron a Seiya interrogantes quien se limitó a encogerse de hombros y negar con las cabeza.

—¡Los tiempos han sido buenos! ¿no? —habló Yaten como rememorando cosas del pasado tratando de bajar un poco la tensión del ambiente.

- . -

—¿Estás completamente segura de que quieres esto?

—Mamá ya te dije que sí, me lo pensé muy bien, de verdad, o sea, no es que Japón sea mi máximo, pero se verá bien en mi historial académico y ni que decir de un curriculum.

—Está bien —suspiró—, pero hay algo que no me da confianza.

—Ma, no pasa nada, sólo estaré al otro lado del continente, en todo caso si algo no me agrada tomo el primer vuelo de regreso a Londres y listo.

—Como si fuera tan fácil —impugnó la mujer—. Además ni siquiera saber japonés.

—Ese no parece un problema, mi profesor del curso básico dice que soy un prodigio, en una semana he aprendido mucho, como si las palabras hubieran estado almacenadas en mi cabeza pero no lo supiera —indicó con la mano en la barbilla de modo pensativo.

—Mejor olvídalo y termina de empacar.

- . -

El reloj de pared en el cual ninguno había reparado marcaba la una de la mañana; las luces multicolores de la pequeña esfera en el centro de la habitación seguía girando sin parar desde hacía varias horas, Nicolas con la gran pantalla tras de sí interpretaba una canción al puro estilo trot; en un momento entre el coro y la segunda estrofa uno de los trabajadores del "Gusano cantarín" el karaoke preferido del grupo, interrumpió la sesión para informar que el lugar estaba por cerrar así que no de muy buena gana dejaron el sitio.

—Esto fue una estupenda sesión, ahora ¿por qué no vamos a tomar unos tragos? —sugirió un muy animado Nicolas.

—Al único lugar al que vas a ir es directo a tu departamento Nicolas, así que entra al auto —Michiru señaló el vehículo gris tras de ellos, el moreno se despidió con un movimiento de mano y fue a recargarse al coche.

—La pasamos genial, nos vemos la próxima semana —dijo Haruka mientras tomaba a Michiru por la cintura—. Bye —ella hizo un movimiento con la mano en señal de despedida.

—Nosotros también nos vamos —comentó Zafiro mientras Serena le daba las llaves de su auto—, Vamos chicas y chico, y tú —señaló a Yaten— conduce con cuidado.

Rei y Seiya se movieron en dirección a la camioneta acompañados de cerca por Serena y Zafiro quien al llegar al auto se percató de que Lita no se había movido de su sitio junto a Yaten.

—Lita vamos —exclamó Serena pero la aludida no se movió.

—Yo tomaré el autobús —dijo seria.

—¿Cómo va a tomar el autobús a esta hora? —respondió Rei en tono cansado.

—Me voy contigo —Seiya cerró la puerta del copiloto.

—No —respondió tajante.

—Lit… —el pelinegro no pudo terminar la frase.

—¡Que no Seiya! —gritó la joven.

—No se preocupen, yo la llevaré —intervino Yaten oportunamente tomándola de la mano, Lita intentó protestar.

—Nada, nada, camina, ya, anda vámonos.

Seiya la miró subir al auto de Yaten con expresión triste.

—Vamos Seiya —Zafiro habló a su amigo con voz suave— ella estará bien, vámonos ya —subieron al auto mientras las chicas se burlaban de él desde el asiento trasero.

—Calma Seiya no creo que Lita te sea infiel, por lo menos no con Yaten —la respuesta del pelinegro no fue inmediata pero fue fría.

—¿Qué van a entender ustedes? nunca entenderán nuestras razones, ninguno de nuestros motivos, todo eso que hace que Lita y yo compartamos ese algo especial —digo finalmente, después de eso se mantuvo en silencio.

Zafiro las miró por el espejo retrovisor, sus ojos parecían haber entendido cada palabra que Seiya había dicho o por lo menos esa fue la impresión que le dio a Serena cuando reparó en ellos, mientras, sin hablar, el blanquecino rostro de Zafiro parecía indicar que cesaran las burlas.

Aquella noche los tres vehículos arrancaron hacia lugares distintos.

Nota de la autora: Hola de nuevo ^^ bueno ya regresé a dar lata con otro fic, y agregaré que este es nuevecito, espero que tenga una buena acogida con este capi; antes que nada voy a aclarar algunas cosas: puede que este fic no sea muy apegado a los parámetros del anime por eso al principio he puesto que es UA, voy a manejar varias parejas en este fic pero claro la principal será nuestros ya amados Yaten y Mina… y creo que por el momento es todo; no sé pero me siento emocionada . tengo ya algunas páginas adelantadas de este fic pero aún así espero no demorar tanto en actualizar.

Como siempre ya saben que espero todos sus comentarios, eso me ayudará mucho a seguir con muchas ganas este fic.

Y bueno si quieren saber que le depara el destino a nuestros protagonistas no duden en volver para el próximo capítulo, nos vemos.

Hazuki.