Disclaimer: Ninguno de los personajes de Sailor Moon me pertenecen, son propiedad de Naoko Takeuchi, sólo la historia desarrollada a continuación es © derecho reservado de esta "autora" con poco que hacer, esto lo hago sin fines de lucro, única y exclusivamente por el placer de escribir.

Universo Alterno


Pieza Cuarta

"Esto nunca terminará, sostendré tu mano aún más fuerte

de modo que nunca vamos a estar separados,

me convertiré en el viento y te envolveré dulcemente,

ahora quiero volar al mundo donde tú estás

quiero verte… necesito verte

estoy esperando por ti, no me olvides."


El sol había llegado a su punto máximo desde hacía algunas horas, Serena se había levantado relativamente temprano en comparación a su horario normal, tenía algo de trabajo que debía terminar, una composición que por más que trataba de completar no lograba hacerlo; había limpiado la casa, el estudio, el jardín y había también lavado la ropa, al final, sentada frente al piano intentaba por todos los medios concentrarse, pero le parecía imposible; miró el reloj y después de pensárselo un momento decidió que no podía soportar ni un segundo más sentada ahí en completo silencio, la situación la exasperaba, se levantó del taburete y con firmeza se fue hacía el segundo piso.

Cuando abrió la puerta, la habitación estaba en completa obscuridad, aquello la puso de mal humor, en dos pasos ya estaba frente a la ventana corriendo las pesadas cortinas.

—¡Oye! —se quejó el chico en la cama que estaba justo frente a ella—, cierra esas cortinas —dijo tapándose la cabeza con la almohada.

—Seiya son las tres de la tarde, ya salió el sol, levántate —señaló la chica.

—Es demasiado temprano.

—Nada, levántate —agregó mientras le quitaba las cobijas.

—Déjame dormir un poco más —chilló el pelinegro.

—Sí no te levantas ahora no voy a permitir que saques nada del refrigerador —sentenció.

Seiya, abrió los adormilados ojos —Acabo de acostarme… hace un par de horas.

—Ese es tu problema, te he dicho que en esta casa las actividades comienzan temprano, se desayuna a las diez de la mañana y se toman tres comidas, tú por lo que veo eres un desastre.

—No soy un desastre, sólo soy escritor, así es este trabajo —se defendió.

—Pues no me importa, mientras vivas en mi casa vas a hacer las cosas como yo te diga, así que levántate y vete a dar una ducha.

—Cinco minutos más —pidió el pelinegro mientras se envolvía nuevamente en las mantas para escapar de la luz del sol.

—No, he dicho que te levantes, no hagas que te saque a golpes —Serena jaloneó las cobijas hasta sacar la mayoría de ellas. Seiya forcejeó pero al final terminó cediendo.

—Está bien —dijo sentándose al filo de la cama, despeinado y aún adormilado—, me bañaré pero quiero café primero ¿podrías hacerme café?

—¡Increíble!, no te quieres levantar y ahora tengo que prepararte café —refunfuñó. —Seiya vete a bañar —agregó la joven de mala gana mientras salía de la habitación, rumbo a la cocina.

La miró cerrar la puerta tras de sí y se volvió a acostar. —¿Cómo puedo soportar vivir aquí? —se preguntó.

Serena cerró la puerta de la cocina y se recargó en ella respirando profundamente —¿Cómo puedo soportar vivir aquí? —siguió de frente hasta la cafetera y la encendió, esperó a que la maquina terminara de hacer su trabajo y después vertió el liquido negro en dos tazas, tomó la suya y dejó la de Seiya sobre la mesa, sabía que en cualquier momento entraría por ella; al pensar aquello una especie de nerviosismo de apoderó de su ser.

Seiya sabía que Serena de verdad no lo dejaría tocar el refrigerador si no se levantaba ya mismo; con desgano y dificultad se quitó las cobijas de encima; en esos momentos todo lo que necesitaba era tomar una gran taza de café para poder despertar así que salió de la cama con la única intensión de ir directo a la cocina.

Escuchó a Seiya acercarse, tomó la taza que había servido para él y giró para entregársela. —Aquí está tu… —la taza cayó al piso derramando todo el liquido en la ropa de la joven que gritó apartando la vista de Seiya quien intentaba ayudarla.

—¿Qué te pasa?

—Aléjate, yo… estoy bien… vete.

—Déjame ayudarte —insistió.

—No, sólo vete y ponte algo de ropa, ¡por dios Seiya! —respondió sin levantar la vista mientras secaba con una franela de un cajón y secaba su ropa húmeda—, maldita sea, duele.

La escuchó quejarse y se acercó más. —¿Dónde te duele? ¿te lastimaste?

—Sí… no… ¡he dicho que vayas a vestirte!

En ese instante Seiya se miró sonrojándose un poco, hasta el momento no había notado que sólo tenía puesto un bóxer ajustado, había olvidado por completo ponerse pantalones antes de bajar, pero aún así no retrocedió—, iré… iré en un momento —dijo difícilmente—, primero déjame ver que te pasó.

—He dicho que no me toques… por favor… sólo… déjame, estoy bien —Serena se levantó un poco la blusa para verse el estomago, su piel estaba roja—, ¡soy una tonta! —dijo en un susurro.

El pelinegro miró aquella pequeña parte de piel desnuda y agradeció internamente el que sus mejillas ya estuvieran rojas—, espera, no te muevas —corrió escalera arriba hasta su ahora habitación, se puso un pantalón y bajó igual de rápido con un frasco en la mano—, a ver déjame ponerte un poco de esto.

—No —la rubia manoteó pero Seiya ignoró su reacción poniendo su mano en el vientre de su amiga untando algo que al tacto con la zona hacía que la piel se sintiera caliente, Serena dio un respingo por el dolor que aquello le provocó— es suficiente, puedo hacerlo yo…

—Espera, no te muevas casi termino —respondió sin levantar la vista— sentirás la piel un poco caliente, pero es muy buen remedio contra quemaduras, Lita me lo regaló porque dice que soy torpe —Seiya dijo todo aquello mientras ponía el bálsamo en el vientre de Serena— ¡listo! —agregó con una sonrisa.

—Deja yo lo hago —le arrebató el frasco de la mano de forma brusca—, puedo hacerlo sola —se fue a la sala ignorando completamente al pelinegro, se sentó en el sofá mientras seguía con los masajes circulares sobre su piel quemada; la mención de Lita la había vuelto a la realidad.

El acto brusco de Serena lo había sorprendido, no entendía su repentino comportamiento. Con un suspiro se preparó una nueva taza de café y fue a sentarse a la sala junto a ella. —Veo que terminaste de limpiar —dijo queriendo comenzar la conversación.

—He terminado —respondió cortante.

—¡Oye! ¿estás molesta porque me levanté tarde? vamos no es para tanto, pero me dormí tarde… más bien temprano, estaba editando algunas cosas —el chico se defendió.

—No estoy molesta Seiya —Serena lo miró brevemente.

—Lo siento —dijo Seiya de manera repentina.

—¿Por qué lo sientes? —el inesperado tono en el que el chico le había hablado la hizo sentir remordimientos por su anterior actitud.

—Siento haber olvidado ponerme ropa antes de bajar, de verdad lo siento pero estoy acostumbrado a andar así en casa.

—Yo siento haberte hablado tan mal, pero te pido que no olvides que ahora no vives solo, vivimos juntos… bueno no juntos... lo que quiero decir es que compartimos la casa —ese "juntos" provocó un ligero sonrojo cuando por su mente pasó la imagen de que ahora estaba viviendo como pareja.

—Lo siento, de verdad en cuanto termine de escribir este libro volveré a mi casa y no te molestaré más.

—No me molestas —respondió Serena en automático—, quiero decir que no tengo problemas, Zafiro me dijo que tenía que portarme un poco exigente contigo, creo que él sabía qué harías este tipo de cosas.

—¡Ah! ese Zafiro, no le hagas caso, ¿sabes qué va a casa a interrumpirme siempre que estoy escribiendo? llega con un bote de pollo y se sienta a mi lado y habla y habla y no me deja escribir… por favor no lo dejes venir —suplicó.

Serena soltó una carcajada —Zafiro es tan graciosos —dijo olvidándose completamente de la tensión anterior mientras recordaba a su amigo—, es muy divertido estar con él.

La simple reacción de Serena al hablar de Zafiro le causo molestia —Sí, ya veo que te divierte mucho —respondió agrio— iré a ducharme —se levantó del sofá— pero no te preocupes no andaré por ahí sin ropa, puedes hacer tus cosas normalmente —agregó de espaldas a ella mientras se marchaba.

La sonrisa de Serena se borró ante la actitud de Seiya —¿por qué la repentina molestia? —cuestionó.

—Nada… es sólo que quiero aprovechar el día, hoy quiero tener un adelanto considerable, entre más rápido termine mejor.

—Está bien, entonces no te molesto… continua —Serena se levantó de igual manera pasando delante del pelinegro, rumbo al segundo piso.

Seiya subió unos momentos después hablaba por lo bajo sobre algunas cosas referentes a Zafiro que eran apenas descifrable pero se detuvo al pasar frente a la habitación de Serena, la puerta estaba ligeramente abierta y cuando lo notó algo en su interior le asaltó, una absurda idea que así como surgió se desvaneció aunque pese a sus negativas terminó por acercarse a hurtadillas.

Serena no se sentía muy bien después del comportamiento que Seiya había tenido, pero no lo culpaba a fin de cuentas ella se había comportado de igual manera, un tanto brusca y grosera; aún así no pudo evitar sentir el corazón herido y más después de la mención tan vivaracha que Seiya había hecho a cerca de Lita. Sin ganas se desabotonó la camisa; de la cómoda sacó una limpia, antes de ponérsela reviso su estomago, la marca roja se extendía hasta debajo del pecho; se miró con un poco de dolor reflejado en el rostro.

Ella estaba de espaldas con sólo el sostén puesto cuando logró verla por la abertura de la puerta, la expresión en su rostro parecía un poco agobiada, su piel desnuda era tan hermosa al reflejo de la luz que entraba en la habitación que sintió su corazón palpitar agitadamente, entonces se dio vuelta y Seiya tuvo una clara vista de la mancha rojiza que recorría de la parte baja de su pecho y llegaba hasta su estomago, sintió ganas de ir a su lado y preguntarle si necesitaba ir al hospital pero se contuvo, lo más seguro era que si se daba cuenta de que había estado mirándola a escondidas las cosas terminarían mal.

Serena se puso la ropa mientras pensaba en lo que había sucedido; no dejaba de darle vueltas al asunto, era obvio que tenía que disculparse con Seiya, pero por otro lado, no sabía si hacerlo; se resignó y salió de la habitación, notando un movimiento en la puerta de la habitación contigua; un pensamiento cruzó por su mente, pensamiento que simplemente ignoró; la sola idea de que Seiya pudiera estarla espiándola era absurda, él podía ser lo que quisiera pero jamás un mirón pervertido. Sin más se fue al estudio, necesitaba distraer su mente, dejar de pensar en que Seiya seguía ahí arriba, suspiró largamente mientras algo empezaba a pasar en su interior.

Recargado en la pared del baño Seiya dejó que el agua callera en su cuerpo desnudo, la pelea con Serena le seguía dando vueltas por la cabeza y no terminaba de entender por qué las cosas habían llegado a tan absurdo final, quizá la sola mención de Lita la había puesto en ese estado, pero eso era imposible, por un momento dejó de entender cualquier pensamiento, entonces recordó como era que había ido a parar a casa de Serena. —La pianista, eso es, estoy aquí por la pianista —dijo en voz alta para sí mismo— entre más pronto termine de escribir mejor.

En el tiempo que llevaba viviendo con Serena no había escuchado su piano y eso era realmente lo que quería, quería estudiar su música para poder darle un carácter a su personaje; esa era la razón por la que estaba en esa casa, lo demás era secundario, así que se apresuró a terminar su ducha y proseguir con su escrito para así poder salir de ahí lo más rápido que le fuera posible.

Serena cerró los ojos, mientras de la obscuridad de su mente brotaban notas multicolor; en un acto reflejo sus dedos acariciaron las teclas del piano que de alguna manera le parecieron extremadamente suaves, la melodía comenzó a crearse despacio como en un rumor, delicadamente hermosa la melodía se volvía impaciente, saltando, clareando cada sonido; era como si el sentimiento de nostalgia y esperanza se encontremezclaran y acompañaran con un poco de impaciente soledad.

Seiya escuchó el eco surgir de la nada, se mantuvo quieto, atendiendo atentamente para después literalmente correr fuera de su habitación; se detuvo en las escaleras porque no quería causar ruido al bajar, se acercó silencioso hasta el estudio, como hechizado por la melodía. La escena que encontró fue exactamente lo que estaba esperando ver, era como si todo hubiera salido de su mente con el único fin de que él pudiera plasmarlo en las páginas que quería escribir. Aquella escena fue todo lo que necesitó para que el mar de sensaciones e ideas regresaran; el bloqueo que había permanecido aferrado en su cabeza se desvaneció junto con las lágrimas que sin darse cuenta recorrían su rostro.

- . -

Tenía un raro sentimiento, como si algo malo fuera a suceder; no era que confiara plenamente en su instinto de predicción, si es que algo como aquello existía en alguna parte del ser humano, era más bien qué de alguna forma algo estaba mal, aunque de hecho, todo estaba saliendo maravillosamente bien, tenía que aceptarlo se sentía genial teniendo a Zafiro pegado a ella todo el día, al principio intentó negar las emociones que le producía, pero con el transcurso de los días su corazón la había obligado a aceptar el hecho de que por dentro brincaba de felicidad.

En un segundo todo se había vuelto hermoso, como si los muchos momentos de tristeza que tiempo atrás le provocara el sólo hecho de pensar en Zafiro Black nunca hubieran existido, era como si el mundo hubiera tomado color en las últimas semanas, pero con todo y eso se sentía rara; ella era Lita Kino la chica fuerte, la que no se doblegaría ante los encantos y coqueteos de ese playboy bueno para nada, la que había guardado sus sentimientos abriéndolos sólo para la persona que como ella, secretamente miraba a ese alguien especial; y pensó por un momento que todo hubiera estado bien, que todo sería igual que antes de comenzar esa farsa si él no la hubiera tratado como una diosa en todo aquel tiempo.

—No, no, no, no, esto no puede estar pasándome —Lita se revolvía el cabello mientras repetía una y otra vez aquellas palabras—, maldita sea Zafiro te odio, te odio… no espera… —dijo congelándose en el acto— todo esto es mi culpa, si no le hubiera abierto la puerta aquella tarde, ¡ahhhhhh! Lita ¿cómo es que eres tan tonta? —se pateó mentalmente—, estúpida, estúpida —sin más, se dejó caer en el escritorio haciendo un hueco con sus brazos para esconder su cabeza. Giró su cara y fijó la vista en el anillo plateado que descansaba en su dedo anular que al movimiento de la luz hacía destellar la palabra "amor" que tenía escrita en japonés.

—Acéptalo Lita, lo que sientes está grabado en este anillo y nada te gustaría más que fuera real —suspiró mientras se quitaba la argolla— esto es una mentira, así que no te emociones, el hecho de que este anillo diga su nombre y el de él el tuyo no significa nada—. ¡Ahhh! me voy a volver loca, maldito playboy bueno para nada.

—¿Bueno para nada? ¿a caso hablas de mi hermano? —una voz proveniente de la puerta atrajo su mirada que al instante se cruzó con la de un chico delgado y palido.

—Sí le dices que me escuchaste decir eso estás muerto ¿entendiste Black? —el chico sonrió acercándose a ella.

—Ya, ya, no diré nada —dijo en tono divertido. Lita lo escrutó con la mirada.

—No es gracioso Diamante.

—Para mí sí lo es Lita —respondió acercándose a su rostro— ¿y bien él está aquí o no?

—No, no está ¿por qué debería tu hermano estar en mi casa? —cuestionó.

—No sé dímelo tú —Diamante sonrió maliciosamente—, sé que ustedes están metidos en algo, y es algo muy grande para que anden escondiéndose de todos, Zafiro no ha querido contarme y últimamente no para en casa —la miró en tono sínico y victorioso al notar un ligero nerviosismo por parte de su amiga.

—Mira Diamante, yo sólo soy amiga de Zafiro, no soy su nana no tengo idea de lo que haya estado haciendo en los últimos días —respondió tratando de sonar segura y elocuente.

—Sí, claro —Diamante se recargó en el respaldo del asiento del que se había apoderado minutos después de que su conversación con Lita comenzara; la sonrisa permanecía en su rostro mientras la joven intentaba revisar algunos papeles.

—Utilizaré tu baño —el chico salió de la habitación —por cierto, linda sortija —agregó, Lita suspiró.

Zafiro entró de repente en la habitación, llevaba en su rostro una gran sonrisa, miró a Lita que estaba recostada en el escritorio— Lita —llamó haciéndola levantar el rostro— tengo una sorpresa —amplió un poco más su sonrisa y acercándose a ella la jaló de la mano para que lo siguiera hasta la sala donde antes de entrar le tapó los ojos. —Tengo una sorpresa, estoy seguro de que te va a encantar —la dirigió con pasos lentos hasta detenerse, Lita no supo reconocer en su propia casa cual era el sitio al que habían llegado; despacio sintió las manos del peliazul separarse de su rostro, abrió sus ojos poco a poco para encontrarse de frente con un cuadro que la sorprendió.

Diamante escuchó la voz de su hermano desde el final del pasillo donde se encontraba el baño; agudizó el sentido para poder escuchar mejor lo que estaban hablando pero aún así no pudo escuchar nada. Salió acercándose silenciosamente, sabía que lo que estaba haciendo no eras para nada correcto pero algo escondían esos dos y tenía demasiada curiosidad como para dejarlo pasar.

—Vamos Diamante no es que te entrometas en lo que no debes, es simplemente que tienes una inclinación natural por la investigación —se dijo tratando de calmar su voz interior que le gritaba que no debía hacer aquello; sin hacer caso a sus quejas mentales siguió hasta toparse con una escena que no esperó encontrar, no por lo menos en un par de años.

Zafiro mantenía abrazada a Lita por la espalda, ambos se mecían de un lado a otro en un ligero vaivén mientras miraban con fija atención el enorme cuadro de la pared. Diamante miró entonces con más atención, notando en la mano de su hermano el anillo gemelo del que minutos antes había visto en el dedo de Lita.

—¿Usted, usted dos... se casaron? —en el momento que Diamante impelió su pregunta Lita se soltó de los brazos de Zafiro— ¿Qué significa esto? ¿de verdad ustedes se casaron? —sonrió victorioso.

—¿Tú qué haces aquí? —replicó el peliazul.

—Vine a buscarte hermano

—Pudiste haberme llamado.

—Quería verte, además —Diamante se acercó a ellos—, además sabía que traían algo y necesitaba averiguarlo, aunque ya lo suponía, pero no pensé que fuera algo tan grande.

—¿Qué? ¿a qué te refieres? —Zafiro lo encaró.

—Vamos, es obvio que al fin te animaste —Diamante fue interrumpido a mitad del sermón que estaba dándole a su hermano menor.

—Estás en un error —apeló Zafiro—, lo estás interpretando todo mal.

—¡Por dios Zafiro!, ¿a caso la estás negando? ¿estás negando a la mujer que amas? —la expresión sería de Diamante no pasó desapercibida— puede que tú lo niegues, pero tu rostro lo dice todo, nunca has sido muy bueno con las mentiras, ya deberías saberlo.

- . -

Mina estaba a mitad de la lectura que debía entregar para el día siguiente, en momentos miraba insistentemente su reloj, la paciencia no era una de sus virtudes bien habría podido irse sola a casa después de clases, pero no, su nuevo vecino con sentimiento de culpabilidad había insistido en ser su chaperón por todo el tiempo que le restaba llevar el yeso y a pesar de que conocía a Yaten desde hacía poco tiempo la verdad era que ya le tenía mucha confianza; pero en aquel momento su estomago le exigía comida y ella no podía marcharse porque Yaten estaba por llegar.

—Me estoy muriendo de hambre —se quejó poniendo mala cara; lo meditó un momento y decidió que le haría bien matar el tiempo ante su espera así que decidió caminar por la escuela; era una buena idea porque no había tenido la oportunidad de conocer el campus debido a su accidente así que decidió revisar las zonas cercanas. Emprendió la caminata intentando distraerse, algo que le resulto muy fácil; en pocos tiempo se había olvidado del hambre que tenía y todo gracias a la muy agradable vista que le brindaban las instalaciones; descuidadamente comenzó a caminar entre los edificios hasta que llegó a un hermoso jardín que llamó su atención, se apresuró para alcanzar el lugar y cuando estaba justo en la entrada junto a la barda que delimitaba el sitio sintió un fuerte tirón en el tirante del cabestrillo; el incidente la tomó por sorpresa y perdiendo el equilibro fue llevada directamente al piso.

—¡Maldita sea! —exclamó el platinado—, si no fuera por ese estúpido programa no hubiera tardado tanto. —Yaten tenía un considerable retraso en su cita con Mina, estaba muy molesto porque había planeado llevarla a comer antes de dejarla en el departamento, pero había tenido problemas en el trabajo y ahora, con un poco de suerte sólo le daría tiempo de dejarla a la mitad del camino y todo gracias a la importante junta que tenía para esa tarde.

—¡Contesta, contesta! —decía para sus adentros irritándose porque la rubia no contestaba el celular y ya llevaba un buen rato marcando. Llegó al lugar indicado, junto al edificio correspondiente de la facultad y se estacionó, mientras marcaba de nuevo sin obtener respuesta.

—Hola —escuchó a su lado; había estado tan distraído que no se percató de la presencia de Rei—, pareces irritado, ¿esperas a Mina?

—Hola Rei —respondió tranquilizando su evidente malestar— sí, me retrasé por culpa del trabajo, pero ella no me responde el teléfono, parece que está molesta.

—No creo, en estas circunstancias no creo, tal vez antes sí —agregó la pelinegra, Yaten la miró no muy contento con el comentario—, ya hombre no es para tanto —Rei se defendió— yo la llamaré, así podremos descubrir si está molesta contigo.

—Siéntete afortunada, por lo menos no te rompiste el otro brazo —el joven pelinegro que caminaba a su lado sonreía mientras amablemente la ayudaba.

—Si no hubiera sido por ti seguramente habría sufrido una caída horrible —Mina de alguna manera estaba hipnotizada por aquel chico.

—Soy tu salvador —sentenció el pelinegro— ¿verdad que lo soy? —agregó e impacientemente esperó con la mirada llena de expectación que ella respondiera.

—Sí, lo eres.

—Yaten deja en paz el reloj, me estas mareando —pidió Rei, dudando realmente que su acompañante la hubiera escuchado.

—La llamaré de nuevo.

—Pero si la acabas de llamar, ya déjalo quizá se fue a casa.

—Entonces me hubiera avisado —respondió furioso— no le costaba nada.

—Ni te pongas en ese plan que el que llegó tarde fuiste tú.

—Sí pero es que... —Yaten no terminó su oración, había tomado de nuevo el celular cuando a lo lejos vio a una pareja acercándose.

Mina y Nicolas platicaban de trivialidades mientras caminaban de regreso al edificio de la facultad; para el pelinegro habérsela encontrado de aquella manera, a pesar de que ya sabía que estaba en la universidad había sido una verdadera suerte porque a pesar de todo también era su amiga y aunque las cosas habían sucedido demasiado rápido después de que Serena les dijera la verdad, también había querido la oportunidad de verla y hablarle de nuevo, y el inesperado accidente le había dado los motivos necesarios para hacerlo sin tener que buscar excusas, aquella tarde Nicolas se sentía un poco más animado.

Yaten no apartaba la mirada de las dos siluetas que se acercaban, se sentía un poco irritado, la escena le recordaba un tanto él como había conocido a Mina y aquello no le hubiera importado si las cosas fueran diferentes, pero en aquel momento en realidad le estaba importando y se podría decir que bastante.

—Mina... —Yaten cambio su expresión cuando finalmente los tuvo de frente— ¿qué te pasó? —se acercó a ella ignorando a Nicolas que estaba a su lado.

—Me caí.

—¿Cómo que te caíste? y lo dices así tan fácil —la reprendió.

—Pues es que eso pasó —se defendió.

—Sólo se hizo un par de moretones —intervino finalmente Nicolas, después dibujando una enorme sonrisa en su rostro, se giró para mirar a la pelinegra. —Hola Rei.

—Hola —respondió la aludida sin mirarlo.

La expresión de Nicolas se tornó un tanto triste. —Mmmm ¿quieres ir a comer algo? ¿qué te parece un tazón de fideos? —propuso a su amiga.

—No, gracias.

—Anda vamos, yo pago —insistió dándole un ligero golpe con sus hombro, Rei respondió girando los ojos con tedio.

—Que no Nicolas, ya te dije que no.

Nicolas quiso seguir insistiendo pero un jalón a su camisa no se lo permitió. —No lo puedo creer, ¿no pudiste ser más cuidadoso? —cuestionó un Yaten muy molesto.

—¿Pero qué fue lo que hice? si fui yo quien la ayudó, además —despegó las manos de Yaten de su camisa—, fue un accidente, así que cálmate quieres.

El platinado se tragó las palabras que tenía en la lengua, a pesar de que estaba un tanto irritado trató de mantener la calma para poder hablar con Mina así que se giró y la miró. —Sé que prometí llevarte a comer, pero me surgió algo y después una junta y...

—No te preocupes, está bien —interrumpió ella, Yaten se sorprendió un poco por la reacción, no estaba acostumbrado a tal pasividad— sólo que ahora tendré que esperar para acomodar los muebles con los que me ibas a ayudar.

—lo siento, de verdad lo siento —Yaten insistió.

—Está bien lo entiendo.

—Bueno me voy ahora —no muy convencido se dispuso a entrar al auto—te veré en casa —agregó.

—¿Oye Yaten me acercarías a la salida? —preguntó Rei, Nicolas la miró con un poco de decepción.

—Claro.

Mientras el auto se alejaba Yaten miraba por el espejo retrovisor las manos levantadas de sus amigos y hubo una cosa que ni él ni Rei pudieron pasar por alto; claramente notaron la mirada que Mina le dedicaba al pelinegro mirada que no fue nada grata para ninguno.

Después de que Mina y Nicolas se perdieran de vista, Yaten enfocó su atención hacía Rei notando la molestia en su pequeño rostro y entonces apareció de repente la pregunta que siempre le rondaba la cabeza.

—¿Rei sigues molesta con Nicolas?

La pelinegra lo miró pensativa —no estoy molesta —respondió fijando su vista en el camino.

—Por favor Rei te conozco más de lo que piensas no creas que no he notado tus aires cuando se te acerca —Rei no respondió y Yaten sonrió victorioso porque dejarla sin una respuesta inmediata no era algo que se pudiera hacer frecuentemente.

—No sé a qué te refieres, yo no estoy molesta... —hizo una pausa y después sonrió con malicia—, mejor dime, tú si estás molesto con él por robarte la atención de Mina... de nuevo.

El platinado lo meditó por un segundo. —Claro que no, pero... tal vez usted si lo está señorita —Yaten paró el auto por un instante para poder mirar a su acompañante a los ojos—, dime Rei ¿es qué acaso estás celosa? ¿será que lo que a ti te pasa es tan sencillo como decir que te gusta Nicolas?

Rei notó como Yaten trataba de emplear su método de intimidación, entonces se echó a reír —¿Sabes? tus trucos no funcionan conmigo y sinceramente lo que dices es completamente absurdo; por favor estamos hablando de Nicolas el último hombre en el mundo en el que me fijaría, él es sólo un amigo y lo aprecio, pero nada más.

—¿Estás completamente segura? —Yaten interrogó insistente.

—Completamente segura —respondió, el chico fijó sus ojos en ella pero no dijo nada en cambio permanecieron en silencio lo que les restó del camino hasta llegar a la entrada principal donde se despidieron. Cuando Rei bajó del vehículo repasó mentalmente las palabras de Yaten; a decir verdad Nicolas era la razón de su constante irritación, pero claramente no iba a ir por ahí diciéndolo a todo el mundo, pero quizá si seguía jugando con su humor colmaría su paciencia y se lo gritaría a la cara, cosa que por supuesto no quería hacer porque lo apreciaba mucho, pero a veces se comportaba como chico en plena pubertad y una de las cosas que más aborrecía era a los hombres inmaduros.

La pelinegra ni siquiera se dio cuenta todo lo que había estado caminado gracias a su apasionada conversación consigo misma; fue hasta que chocó de frente con la firme espalda del joven profesor de deportes que volvió su atención al camino.

—Lo siento —indicó en el acto.

—No hay problema… Rei —respondió el profesor con una sonrisa. A Rei se le subieron los colores al rostro, era increíblemente, maravillosamente increíble que el hombre que se robaba todos sus martes, supiera su nombre.

—¡Oh! lo siento, no debí haberte hablado con tanta familiaridad así tan repentinamente, perdona el atrevimiento —explicó el rubio al notar el extraño silencio que se había creado.

—¡Ah! no para nada, ninguna molestia, puede llamarme como guste —respondió de inmediato.

—Entonces ya está, te llamaré Rei y por favor tú llámame Armand ¿estabas por irte? —cuestionó de nuevo ahora con tono interesado.

—Sí ya he terminado por el día de hoy, estaba por irme a casa —Rei respondió un poco apenada.

—Me parece muy bien, supe que eres asesora en el nuevo programa de intercambio, ¿debe ser cansado no? escuché que la chica de la que eres responsable tuvo un accidente en su primer día —Rei se sorprendió de la naturalidad que Armand tenía al hablar del tema, por un lado, estaba sorprendida de que supiera a cerca de sus actividades dentro de la escuela y por otro lado estába feliz, porque eso quería decir que no pasaba desapercibida para él.

—Bueno sí es algo complicado porque resulta que el chico que la atropelló es uno de mis mejores amigos y ahora ella es un lio porque le enyesaron la mano diestra pero creo que me las estoy arreglando bien —la joven hizo un ademán para restarle importancia a todas las cosas que había dicho momentos antes.

—Esa es en verdad una historia interesante, que tal si terminas de contarme mientras comemos algo yo invito ¿qué dices?

Rei pensó de repente que aquello debía de ser un sueño, no estaba segura si había escuchado bien o si le estaba tendiendo una broma así que se abstuvo de responder.

—¿Qué dices? iremos en mi coche ¿qué te gustaría comer? —insistió el rubio.

—Me apetece un tazón de fideos —respondió la chica con una gran sonrisa.

- . -

Agradecía enormemente el haber llevado su cámara consigo aquella tarde; había podido hacer algunas tomas de paisaje y estaba más que satisfecha, porque el trabajo la mantenía totalmente ocupada y poco era el tiempo que tenia para hacer las fotos que quería; se cuestionó mentalmente si las cosas le irían mejor en el futuro, no es que se quejara, bueno si se quejaba porque creía firmemente que no había peleado por años con sus padres para terminar de fotógrafa para catálogos; dejó el tema de lado y después de un momento disipó sus pensamientos y miró su reloj que marcaba un ligero pero tedioso retraso de quince minutos, eso no le agradaba nada y es que era ya una costumbre que Haruka repetía constantemente y en realidad la ponía de muy mal humor así que sin dejar de pensar en la situación decidió seguir cámara en mano tratando de buscar algunas tomas para no notar el tiempo transcurrir.

—¡Hola hermosa! —dijo Haruka que había llegado corriendo y se había plantado frente a la lente que Michiru sostenía—, perdona el retardo tuve una junta y el trafico es horrible —finalizó sonriendo.

Michiru miró su reloj, —te retrasaste media hora, seguramente perdimos la reservación que teníamos —la chica lo fulminó con la mirada.

—Lo siento de verdad —respondió Haruka acercándose a ella con una mirada extraña —pero así está mejor, podremos pasar este tiempo a solas —dijo mientras la abrazaba.

—Siempre tienes una excusa Haruka —respondió brusca— sabes que últimamente no tenemos mucho tiempo para salir, hace un mes que hicimos esa reservación —agregó alejándose de su abrazo.

—Está bien, ha sido mi error pero ya te pedí disculpas —el rubio trató de abrazarla nuevamente.

Michiru suspiró. —Vayamos a casa.

Haruka cerró sus ojos y trató de que su ánimo que empezaba a tornar a un mal estado no se notara —Ya estamos aquí, vamos a cenar a otro sitio y después, no sé, podemos caminar un rato y hablar… de los preparativos que están pendientes para nuestra boda —propuso alegre.

—¿Ya vas a comenzar con eso de nuevo? dijiste que tu madre se encargaría.

—Michiru mi madre no es la que va a casarse, ¿no crees que deberías empezar a interesarte un poco más?

—Haruka estoy ocupada con el trabajo además estoy segura de que tu madre lo hará bien.

—¿En realidad estás bien con esta boda? —el rubio soltó la pregunta de pronto.

—¿Qué? ¿a qué viene eso? —rebatió Michiru con sorpresa.

—No sé… quizá a que no veo que le pongas interés —contestó serio.

Michiru se quedó con las palabras en la boca, sabía muy bien que todo ese asunto la estaba martirizando más de lo normal y no era el hecho de no querer casarse con Haruka, era más bien que la decisión había sido demasiado precipitada o quizá fuera el hecho de que no habían sido ellos los que decidieran libremente y es que a veces le chocaba de sobremanera que la familia de su prometido se metiera en sus vidas; de ante mano estaba decidida a casarse con él pero la manera en que lo había impuesto su madre y lo que era peor, la manera en la que Haruka lo había permitido le molestaba en gran medida.

—Sabes que no es por eso, pero quiero que entiendas que las cosas en estos momentos son demasiado agotadoras para mí, el trabajo me está absorbiendo más de lo normal, además no es como si tú también estuvieras metido en los preparativos por completo.

—Pero de ante mano sabías que mi trabajo era demandante… —se defendió el chico.

—¿Entonces para ti está bien, pero para mí no? —cuestionó molesta.

—Eso no es… —Haruka trató de excusarse.

—No, perdón es que se me olvida que tú si puedes estar ocupado pero yo no —Michiru se cruzó de brazos frente a él en síntoma de evidente desagrado a sus comentarios.

—No comiences con esa actitud Michiru, no vamos a llegar a nada y lo sabes —Haruka adquirió la misma postura.

—Sí pues ya se ve que a ti nunca se te puede decir nada, para empezar si no hubieras llegado tarde esto no estaría pasando pero como siempre la culpa la tengo yo porque para el señor perfecto nunca hay errores que corregir —expuso molesta, se dio la vuelta y comenzó a caminar.

—¿A dónde vas? —gritó Haruka.

—Me voy a casa.

El rubio bufó con tedio y se fue tras ella sin decir nada; pensó que en cualquier momento tomaría un taxi o el autobús pero no fue así Michiru simplemente seguía caminando sin rumbo fijo mientras él la seguía a unos pasos de distancia, sabía que a ella no le gustaba la actitud de macho dominante que a veces quería tomar, sabía muy bien que no podía tratarla como si fuera cualquier mujer ella estaba acostumbrada a cosas diferentes y eso a veces le sacaba dolores de cabeza.

Michiru no quería estar así con él pero la situación realmente la frustraba y el comportamiento de Haruka agravaba las cosas, trató de tranquilizarse caminando un momento relativamente sola pero sabiendo que detrás de ella caminaba su futuro esposo. Haruka ya no sabía qué hacer o que decir para dejar las peleas a un lado, aunque nadie le sacaba de la cabeza la idea de que Michiru no quería casarse; últimamente las cosas eran tan explosivas que no podían estar más de un par de horas juntos sin terminar en pelea y no podía entender en qué momento su relación se había vuelto tan difícil. La vio detenerse y mirarlo pero sin decir nada; titubeó unos momentos no sabía si quedarse callado o ser el primero en hablar, no quería otra pelea, así que en una idea para establecer la paz le hizo una seña para que esperara y después echó a correr.

Ella se quedó paralizada había entendido su gesto pero verlo irse así sin más fue un poco confuso; miró por donde el chico había desaparecido y por alguna extraña manera tenía la impresión de que no regresaría.

Haruka corrió sin mirar atrás, esperaba que de verdad ella entendiera y no se marchara, quería hacer algo, algo que mucho tiempo antes había hecho por el simple hecho de querer ver la sonrisa de la mujer que amaba.; entre tantas peleas y preparativos se había olvidado que fueron los pequeños detalles los que lo habían ayudado a conquistarla, así que siguió corriendo hasta encontrar una tienda.

Estar ahí parada entre el tránsito de la gente la hacía sentir incomoda y lo peor era que Haruka no regresaba; dio media vuelta y vaciló antes de emprender la marcha—, y si regresa… —se dijo y decidió quedarse un poco más a esperar por él.

Aún a lo lejos notó que se giraba y caminaba un par de pasos por lo que apresuró su carrera para poder alcanzarla, de repente la vio detenerse y quedarse quieta, sonrió y corrió más aprisa. Un momento antes de que Michiru se girara sintió como Haruka pasaba los brazos alrededor de su cuello y susurraba en su oído, igual que aquella tarde que con las manos cargadas de jugos y un par de sándwiches le había dicho su primer te amo, se sobresaltó ante tan repentino acto, el tenerlo tan cerca a pesar de vivir juntos la puso muy nerviosa —¿Qué es esto? —preguntó sorprendida.

—La cena —respondió simple pero feliz, porque hacía mucho tiempo que parecían haber olvidado lo que era simplemente estar juntos por querer estarlo, aunque si tenía que ser sincero las cosas desde los planes de la boda había pasado a ser aburridas y rutinarias—, si te parece podemos ir y sentarnos en el jardín y tener una cena romántica.

—Eso suena a un picnic no a una cena romántica —a pesar de su observación, la voz de Michiru no sonó a queja, no quería arruinar los planes de Haruka pero siempre decía las cosas como las pensaba; aún así la simple intensión la llenó de felicidad.

Haruka rió ante su comentario —siempre eres tan tú —la abrazó—, bueno entonces tengamos aquí un picnic y una noche romántica en casa —agregó.

—De acuerdo —Michiru aceptó sin hacer ningún comentario, a cambio le ayudó a cargar los jugos.

- . -

Para cuando Yaten dejó la oficina el sol ya estaba ocultándose en el horizonte pero él no pudo notarlo, lo único que de verdad quería era llegar a casa y no precisamente a la suya; quería poder llegar con tiempo suficiente para hacerle una visita ocasional a Mina. Para esas horas del día ya había olvidado el incidente de la universidad y pensó que si no le había sido posible llevarla a comer entonces llevaría algo que seguro le encantaría, aunque no estaba muy seguro de si ella aún lo recordaba. La pastelería en la que estuvo pensando durante toda la reunión se hallaba en sentido contrario de su camino habitual, lo que significaba un poco menos de tiempo con ella pero a la vez esperaba que la sorpresa fuera grata; para él seguro que lo era porque esa pastelería tenía muchos de los preciosos recuerdos que ahora sólo quedaban en su memoria y no pudo dejar de preguntarse si llevarla a los lugares importantes en su historia podría ayudarla quizá no a recordar pero si a reescribir sus recuerdos juntos.

Tardó menos tiempo del que había pensado y cuando se dio cuenta estaba ya aparcando el coche con una completa expresión de felicidad, miró su reloj notando que era la hora perfecta para la cena así que tomó la caja del asiento del copolito y bajó del vehículo apresurándose a entrar.

Se detuvo un instante cuando estuvo frente a la puerta del departamento pensando en alguna buena excusa, se sintió tonto por primera vez después de mucho tiempo porque no tenía una razón para sentir tal cosa, el brazo roto de Mina era el mejor pretexto que tenía para ir a verla a la hora que fuera, sin más se aflojó la corbata y con gran ánimo tocó el timbre esperando expectante para ver el rostro que estuvo recordando todo el día asomarse por la puerta; pero su sonrisa se borró cuando en su lugar apareció una despeinada cabellera negra..

—¿Qué haces aquí? —preguntó con evidente molestia.

—A mí también me alegra verte amigo —respondió Nicolas restándole importancia a la actitud de Yaten.

—¿Nicolas quien es? —se escuchó la voz de Mina en el fondo del corredor.

—Es Yaten.

—¿Y por qué no entran? —dijo asomándose, Yaten miró a Nicolas un momento y después a Mina que sin poner atención hizo una seña para que terminaran de entrar.

—Mina tengo un poco de tiempo, podemos acomodar los muebles —dijo el platinado mientras la seguía dentro.

—¡Ah! no te preocupes por eso, Nicolas me ayudó y terminamos hace un rato —respondió la chica. Yaten le lanzó a Nicolas una mirada asesina.

—De hecho estábamos por salir a cenar —agregó el pelinegro.

—Sí, lo invité para agradecerle que se haya pasado todo el día ayudándome —intervino la rubia—, por cierto, Nicolas me contó que ustedes son buenos amigos.

—Somos mejores amigo —interrumpió Nicolas

—Que también son amigos de Rei y me contó de sus otros amigos del grupo selecto.

—¿De verdad? —exclamó Yaten aún mirando al pelinegro de mala manera— ¿qué más te contó?

—Muchas anécdotas de cuando eran más jóvenes, algunas fueron muy divertidas.

—Así es —apuntó Nicolas finalmente levantándose del sillón donde había estado plácidamente sentado— te podemos contar todos los detalles en la cena, ¿vas a acompañarnos verdad?

—Bueno… traía algo para después de acomodar los muebles —Yaten levantó la caja del pay que había comprado—, pero si ya tenían planes lo dejamos para otro día.

—Ya que lo trajiste porque no pedimos algo para comer en casa —sugirió Nicolas.

—Me parece una idea excelente —agregó Mina— porque no llaman ustedes que conocen mejor los lugares de por aquí mientras yo iré a preparar algo de café —los dos chicos asintieron y Mina se dirigió a la cocina.

—¿Qué se supone que haces tú aquí? —Yaten no pudo evitar hacer de nuevo la pregunta.

—Pues claramente vine a ayudar con los muebles.

—Para tu información eso me tocaba a mí, la charla que tuviste con ella era la charla que yo debía tener —reclamó molesto— y ahora gracias a ti me perdí una muy buena oportunidad.

Nicolas lo miró sorprendido, estaba consciente de lo que Yaten quería decir pero su actitud estaba siendo, a su parecer, paranoica y egoísta. —A ver Yaten, cálmate, con todo esto que me dices parece que lo único que te importa eres tú mismo, estás paranoico —como de costumbre las palabras de Nicolas eran despreocupadas pero verdaderas y es que la actitud posesiva de Yaten no podía seguir como iba o podía que las cosas terminaran mal.

—Mira Nicolas es obvio que no sabes lo que está pasando, no viste como te miró esta tarde —preguntó preocupado el platinado, Nicolas se echó a reír— ¡no es gracioso sabes!

—No espera... es que sí es gracioso, no puedo creer que uses esa excusa conmigo —respondió tratando de contener las lágrimas que se le formaban a causa de la risa. —Es que de verdad no me creo lo que me estás diciendo.

—Nunca tomas las cosas en serio Nicolas —Yaten que ya estaba molesto se sentó en el sofá, Nicolas trató de controlarse.

—Ok, ya me pongo serio, pero te digo todo esto como tu amigo, Yaten lo que estás haciendo no es sano ni para ti, ni para ella, ni para nadie, ¿a caso crees que aislándola de todos van a salir las cosas como quieres? —el moreno hizo una pausa a sus palabras en espera de una respuesta— sé que estos años no fueron los mejores para ti, pero me pregunto si has pensado como ha sido este tiempo para ella y para todos nosotros, porque a mí no me engañas con tus pretextos, sé muy bien que lo que no quieres es alguien le diga la verdad.

—De nada le serviría saberla —respondió.

—Creo que eso es algo que ni tú ni yo sabremos, ¿por qué no la dejas decidir eso?

—Yo… sólo quiero verla feliz.

—Lo sé, pero no es la manera —rebatió el pelinegro.

—Oigan alguno puede ayudarme con las tazas, por si no recuerdan tengo un brazo enyesado —Mina interrumpió su charla desde la cocina.

—Déjame hacer las cosas como creo que es mejor —Yaten se levantó antes que Nicolas para ir a ayudar a Mina— y enserio, aléjate de ella; quiero evitarme el mal rato —agregó advirtiendo a su amigo.

Nota de la autora: Hola de nuevo a todas mis maravillosas lectoras que han sido pacientes por este capi, sé que prometí actualizar cada mes pero me quede sin inter y bueno... En fin ya estamos aquí espero que hayan disfrutado.

Ahora tengo dos malas noticias y si las dos tienen que ver con actualizaciones: es muy probable que me atrase mucho el próximo mes, esto a causa de razones de fuerza mayor; lo que pasa es que tengo que estudiar para presentar examen de cambio de carrera y otro de admisión, ambos en febrero aparte de que tengo que conseguir empleo, por lo que mi tiempo para escribir se reducirá, pero espero que tenga ratitos libres e ideas para seguir escribiendo, demos gracias a la BlackBerry por el editor de textos jajaaja. De verdad espero no dejar a medias este fic.

Recuerden todos los reviews los responderé por MP, si no están registradas en FF pueden dejar su mail y con gusto les escribiré, pero todo cuando vuelva a tener internet. Muchas gracias a todas por leer.

Por cierto que se me había olvidado, los fragmentos que están en el encabezado son pedazos de canciones, les dejo la lista de las canciones utilizadas hasta este capi.

Pieza Primera: Capítulo 15 final - Fruits Basquet

Pieza Segunda: Can't Remember Name - SS501

Pieza Tercera: Approval – Jun Suh

Pieza Cuarta: Wasurenaide - Tohoshinki

De recompensa les adelantaré que en el próximo cap Mina tendrá flashazos de recuerdos, a Yaten se le va a caer el plan gracias a Nicolas que tendrá una decepción muy grande que a su vez ayudará a Lita con las indecisiones de Zafiro, Haruka dudará mucho de su prometida que estará muy misteriosa y Rei demasiado feliz, así que no se lo pueden perder.