Hola Minna-san! Bueno antes que nada déjenme decirles que este fic no fue escrito por mi si no por una GRAAAAAAAAAN amiga ^^, espero que les guste y si tienen alguna pregunta dejenla con el comentario y ademas darle las gracias de parte de ella a Raygirl13. Ahora no os molesto mas, disfrutad del fic!

Prólogo

Uno en la vida puede encontrarse a muchos seres que conocer y a muchos a los que odiar, siempre sabemos que debemos tomar el buen camino pero para seguirlo a veces tenemos que ir por el malo. ¿Cuál convencería? Si sentís el amor nada más ver a alguien a simple vista, no ignoréis a ese sentimiento porque, simplemente, es imposible contradecirlo… Amad sin temer, el amor no es siempre desagradecido aún pese a causarnos dolor, angustia y continuos sufrimientos… Algún día, el amor nos será correspondido, tal vez, no en la persona que hayamos deseado en nuestras vidas…

Capítulo 1 El comienzo de una amistad, ¿Sentimientos inocentes o profundos?

Nos encontramos en el Bosque Hechizado, un paraje lleno de misterios, rebosa de verde por todos lados aún pese a su oscuridad y está rodeado de altísimos árboles. También abundan diferentes huecos que esconden tesoros y árboles de tonos azulados y de otros colores exóticos y nunca vistos.

Su joya más preciada, no se encuentra en un lugar escondido bajo la protección de un inmenso poder, si no a los ojos de cualquiera… Una joya oscura, iluminada por estrellas que brillan tanto o más que un diamante… ¿Lo sabéis ya? Pues bien, habéis acertado, esa joya es ni más ni menos que… El propio cielo.

En el Bosque Hechizado, donde se preparaba una fiesta para el cumpleaños de Tily, una hada que era conocida por pocos, aún pese a ser hija de la reina del bosque, cumple hoy, catorce años de edad.

Tily es un hada de baja estatura, de cuerpo amarronado y algo amarillento con algunas marcas marrones pastel por todo su cuerpo junto con dos alas entre amarillo y violetas, ambas muy pequeñas, acordes con su altura. Tiene el cabello corto color violeta con un flequillo que caía en puntas sobre su frente que le hacían homenaje a sus hermosos y claros ojos, su pelo acababa en dos puntas, dividiéndose en diferentes longitudes de más cortas a más largas y que caía en una pequeña parte de su cuello, tapándole sus orejitas. Tiene una nariz respingona y unos grandes ojos de color celestes. Su cara es fina y sus facciones no están demasiado marcadas a excepción de una gran marca que empieza por el lado derecho de su ojo del mismo sentido y que se extendía a la dirección de su nariz hacia arriba y luego, hacia un circulo entre pequeña parte de la frente y su ojo izquierdo, dejando una pequeña zona sin marcar y rodeaba sus dos ojos y que, finalmente, dicha marca acababa en su mejilla izquierda en forma de ganchillo, por lo que su cara, realzaba mucha dulzura nada más mirarla.

Sus dientes eran tan blancos como el resplandor de una luz cegadora, cuando sonreía, se podían apreciar sus diminutos y afilados colmillos que tenía lo que le hacía tener una bonita y mona sonrisa

Era muy dulce, mucho, también muy libre y costaba lo suyo hacerle entender las cosas por su gran y limpia inocencia, aún pese a tener catorce años de edad y ser ya, en su especie, toda una ninfa apta para tener ya, un matrimonio y descendencia, pero, ahí estaba el problema... Ella no quería a ningún joven, apreciaba y se aferraba a su libertad como si de ello le fuera la vida... Por lo que su madre, Polimnia, una ninfa de grandes conocimientos matemáticos y geológicos, decidió ponerle fin a buscar esposo para su hija y dejar que esta misma, decidiese el amor de su vida.

Hoy, el Bosque Hechizado, se festeja con elegancia por la celebración que recién se estaba organizando; las pequeñas hadas de entre ocho y nueve años, se entretenían haciendo flores de un material especial para no contaminar el ambiente, las otras que tenían entre diecinueve y veinte años, hacían el banquete que sería devorado por los invitados, los ninfos, jóvenes muchachos, muchos de ellos, algo torpes, corrían de un lado para otro para decorar el lugar…

Thalia y Melpómene, dos chicas de catorce años ya cumplidos, ayudaban a Polimnia, la reina del Bosque Hechizado cuyo aspecto, era casi idéntico al de su hija solo que sus ojos, eran verdes y no tenía muchas marcas en su cuerpo, su pelo era del mismo color pero llegaba hasta las rodillas, vestía un vestido blanco, haciendo juego con sus amarillas entre rosadas alas grandes y majestuosas.

Pepe, el que podría definiros como organizador y ayudante de la reina del bosque, decoraba con sumo cuidado y detalle la comida que iba a ser ofrecida para los invitados de la fiesta y para que tuviera un buen punto de vista, había que decorarla como uno mejor sabía, y, ¿Qué mejor que el artista del lugar?

La fiesta iba a ser grande, no solo por el cumpleaños de la joven Tily si no porque se celebraba de además, la fiesta en homenaje y gratitud a la naturaleza tan bien conservada en este misterioso y oscuro lugar y en donde otros pueblos vecinos, acudirían para festejar juntos.

- ¿Y mi hija? ¿Dónde está Tily? – Polimnia se puso enfrente de Thalia.

- No lo sé, majestad. Hace rato que se fue a quien sabe donde… - Dijo esta mientras miraba a su superior con ojos de perro degollado, para que la reina, no le regañase si es que pensaba hacerlo. Después, miró a su amiga que pareció enredarse con una rosa para decorar y el pegamento, parecía no querer despegarse ni a tiros…

- Espero que venga pronto, la reina de la fiesta no debe faltar a su cumpleaños – se resignó Polimnia – Thalia, encárgate de vigilar las entradas por si mi hija regresase – suspiró y continuó. – No quisiera que hiciera de las suyas una vez más.

- A sus órdenes – acató la joven ninfa para hacer lo que su reina le había pedido aunque aquello, le resultase ser algo pesado…

Mientras tanto, cinco quilómetros de allí, Tily paseaba saltando de un lado para otro, como si se tratase de un ciervo… Miraba todo a su alrededor, se tiraba al suelo para tener contacto con las plantas que parecían estar vivas y decirle que no hiciese eso; no habían muchos animales allí de carne y hueso, pero si habían muchas mariposas de diferentes tamaños y colores y que todas dejaban ir polvillo de hada, también habían luciérnagas que bailaban al compás de sus compañeras en honor a la luna que pocas veces se veía; nuestra amada ninfa, disfrutaba plenamente de ese momento de tranquilidad.

Con tanta calma, a la hada no se le hubiera ocurrido regresar a casa y hubiera continuado con lo suyo, olvidándose de algo muy importante…

De repente, tropezó con algo y cayó al piso… Con su mano derecha, se toco la zona levemente golpeada; miró hacia atrás, dispuesta a echarle en cara a todo aquél que hubiera osado hacerle caer pero se llevó una sorpresa… Un joven muchacho, de, tal vez, cabeza y media más alto que ella, de aspecto noble y leal, estaba tirando en el suelo…

Se escondió rápidamente en un árbol en lugar de atenderlo, al pasar unos tres minutos y ver que nada pasaba, Tily asomó su cabeza por detrás del árbol en el que se encontraba… Vio que el muchacho con el que tropezó, aún estaba en el mismo sitio en el que estaba antes; se fijó en su aspecto… Su piel era color canela, tenía dos mechones de pelo rubio que se asemejaban a las orejas de un conejo, parecía ser de estatura medía y sus ojos, se encontraban cerrados lo que le hacía imposible saber su color… El muchacho, tirado en el suelo, carecía de cuello por lo que su cabeza, parecía flotar sola, al igual que sus manos, ya que también carecía de brazos.

Llevaba una camiseta violeta con un pañuelo rojo parecido a la capucha de alguna sudadera, tenía unos pantalones vaqueros largos y unas zapatillas amarillas con toques del mismo color en un tono más oscuro, alrededor de estas, se podía visualizar el color blanco que las decoraba junto a un par de pequeños y rojos círculos al final de estas y a cada lado del talón de cada pie.

Tily se le quedó mirando por unos instantes, salió del árbol y se aproximó al chico; cogió una pequeña ramilla de branca caída en el suelo y con ella, empezó a pinchar al muchacho para ver si era algo raro… El muchacho pareció responder a los molestos pinchacillos que hacía la pequeña hada y, tras unos momentos, despertó.

Tily se asustó tanto que se levantó torpemente y se escondió estruendosamente detrás de un árbol tal vez, dos veces más grande que el otro. El chico de pelo rubio, consciente ya de la presencia de la chica, se levantó y se tocó la cabeza, parecía haber recibido un fuerte golpe; Tily, desde detrás del árbol, observaba al muchacho que, para sus sorpresa, sus ojos eran iguales a los suyos, solo que un poco más grandes y de un tono azul marino y por delante de su camiseta, veía un gracioso círculo blanco; empezó a dedicarse a mirar al muchacho de arriba abajo; el chico, parecía llamarle la atención y para su sorpresa, se paró justo enfrente del árbol por el que ella estaba asomada, rápidamente, se escondió de nuevo.

- Oye… - Llamó el muchacho intentando que saliese de su escondrijo - ¿En dónde me encuentro? – Tily parecía no escucharle. - ¿Por qué no me respondes? ¿Y qué haces ahí escondida? – Seguía preguntando, intentando sacarle algo que pudiese aportarle algo útil de información; cansado de esperar a que la hada respondiese, rápidamente se paró enfrente de ella y la cogió de las muñecas sin mucha fuerza para no lastimarla y evitando que volviese a escaparse o, más bien dicho, a esconderse. - ¿Me vas a respon…? – El muchacho calló cuando se fijó en el bello rostro del hada que estaba enfrente de él, sin mirarle. – "Es… Pero… ¿De dónde sale semejante belleza? Jamás he visto una ninfa tan hermosa…" – pensó, engatusado por esa dulce mirada. – Mira… - Continuó hablando para intentar relajar el tenso ambiente que se formó entre ambos en pocos segundos. – Yo no quiero hacerte daño y no pienso hacerlo… Pero necesito que me contestes… ¿En dónde estoy? – Tily le miró.

- Si te digo en dónde estás, ¿Me soltarás? – La pequeña hada miraba los ojos marinos del muchacho de pelo de oro, a su parecer, y por algún motivo, sus ojos no podían evitar mirarlo de cara… De repente, sintió un pequeño calor, proveniente de su corazón que parecía palpitar con suma fuerza.

- Si, te soltaré – acabó suspirando él - ¡Pero no quiero que te escapes! ¿De acuerdo? – La miró rápidamente para que no volviera hacer lo que había hecho antes.

- De acuerdo – acató ella, dispuesta a no irse a otro escondrijo; el chico de pelo rubio la soltó y ella no se movió de donde estaba.

- Ahora dime, ¿En dónde me encuentro? – Habló él, mirando el alrededor con sumo detalle, le era curioso este lugar… - Recuerdo haber estado en la orilla del río cuando de pronto sentí unos sonidos extraños… Me adentré a este… ¿Bosque? Si creo que es un bosque… Y de ahí solo recuerdo haber recibido un golpe; cuando desperté solo te encontré a ti – la miró.

- Estás en el Bosque Hechizado – le respondió Tily con tranquilidad, el muchacho puso una cara de: ¡¿Cómo has dicho? Y así fue, el muchacho no creyó lo que acababa de oír…

- ¿Perdón, cómo decías? ¿Esto es el Bosque Hechizado? – El chico de ojos marinos pareció asombrarse más de lo que ya estaba, Tily le miró con una sonrisa tonta, se le hacía curioso ver a alguien asombrarse por algo…

- ¿Nunca has venido aquí? – Habló ella para ver qué respuesta decía el otro.

- No, nunca… Estoy de viaje – informó el chico.

- ¿A dónde vas? – Le preguntó Tily ilusionada, el otro le miró sorprendido, pues parecía que la chica nunca había ido de viaje a ningún lado.

- Er… - Tartamudeó él – Voy hacía el Templo de Gema, un templo budista muy antiguo… Tengo ahí a un familiar al que quiero ir a visitar… - Miró el alrededor para evitar mirar los ojitos brillantes de Tily. – Vine aquí con una amiga y me parece que por un accidente aéreo cuya máquina ha acabado hecha trizas, hemos acabado en direcciones diferentes… - Suspiró hondo y finalizó – Después sucedió todo lo que te conté antes.

- Oh – se sorprendió ella – Que mal que hayas tenido ese accidente y encima haber perdido a tu amiga; ¿Y si te quedas aquí conmigo? – propuso la hada.

- ¿Quedarme? – Repitió él - ¿Aquí? – Miró, una vez más el alrededor.

- Jejeje – rió ella, le encantaba la torpeza del chico que acababa de conocer – No, aquí no te puedes quedar – sonrió y continuó – conozco un lugar en el que puedes hospedarte.

- ¿Cuál? ¿En tu casa? – Volvió él a meter la pata lo que causó la risa de Tily - ¿Qué pasa? ¿Qué te hace tanta gracia? – Se confundió el rubio.

- En mi casa no puedes ir, en donde yo vivo, que es el corazón de este bosque está prohibida la entrada a seres extraños y desconocidos como tú – le respondió ella entre risas.

- Ah – suspiró él – Entonces tendré que quedarme aquí a la intemperie… - Se resignó, no sabía a dónde estaba su amiga y si iba a buscarla, corría el riesgo de acabar en donde la pequeña hada que le hacía compañía le mencionó antes… Y por si fuese poco, su avioneta quedó hecha trizas… ¿Qué hacer en casos como este?

- Yo sé en donde hay un lugar en el cual puedes hospedarte – le informó Tily más feliz que un regaliz – Pero debes prometerme que te portarás bien y no harás nada malo – paró para respirar aire y continuó – Está algo lejos pero si me sigues a mí no te perderás. – Señaló hacía atrás mientras miraba en esa dirección, segundos después, volvió a mirar al chico.

- ¿Cómo sé que no me estás engañando? – Asaltó el rubio con la pregunta que tanto le reconcomía.

- Porque mis ojos no mienten – le expresó una profunda respuesta que, tal vez, podía contener profundos sentimientos. – Cuando miento es fácil darse cuenta por mis ojos – volvió a parar unos segundos para mirarse cara a cara con el muchacho y continuó su discursillo – Además, ¿De qué me sirve engañarte?

- "Sabia pregunta la suya…Eh no, enserio, ¿De dónde ha salido semejante belleza?" – pensaba el muchacho que se partía una y otra vez con la misma pregunta. – Cierto, no te serviría de nada – contestó después de unos momentos.

- Bien entonces – sonrió ella – quiero que sepas que si te estoy ayudando es porque me gusta ayudar a todo el mundo, no solo a ti por ser diferente.

- Oh… Vaya pues muchas gracias – contestó el chico mirándola de forma irónica – "¿Tengo que tomarme eso como algo bueno o me estará tomando el pelo?" – después de esos momentos, recordó algo importante que decirle a la hada de claros ojos – Casi se me olvida – dijo él – Mi nombre es Rayman, mucho gusto. – Se presentó con retardo para su parecer.

- ¿Rayman? – Tily paró su caminar, ese nombre se le hacía familiar, como si lo hubiera escuchado un millón de veces y olvidarlo en un periodo de tiempo muy corto.

- Si no te gusta ya no es problema mío… - Se cruzó de brazos.

- ¡Para nada! – La hada se giró - ¡Tú debes de ser Rayman, el chico del clan M!

- Er… Si… Eh… Soy yo… - Contestó de forma vacilante y dudosa, ¿Qué tipo de hada era esa chica? Jamás había conocido a alguien así…

- ¡He oído mucho de ti! ¡Eres todo un héroe! – Alrededor de Tily se formó un fondo tan brillante que dejó a nuestro querido Rayman fuera de tema…

- "Creo que la pobre está enferma de la cabeza… Está fatal… ¿Qué son esos cambios de humor tan repentinos? No espera… No es que esté mal de la cabeza… ¡Es que está realmente loca! ¡Estúpido tenía qué ser! ¡Y encima acepté ir con ella a quién sabe dónde! ¡Por el amor de Dios! ¡¿A dónde me va a llevar?" – Se decía Rayman totalmente histérico en su interior, dudando o no si la hada estaba loca o simplemente no la conocía poco todavía...

Tily cogió la mano de Rayman una vez que se enserió, algo así, hizo dudar al muchacho una vez más… ¿A qué venía ese acto? ¿Y esa cara?

- ¿Qué pasa? – Preguntó él fuera de tema; veía la cara seria de la hada, hasta le provocó preocupación.

- Vamos, tenemos que darnos prisa en llegar – le contestó ella, a los ojos de Rayman, parecía estar alarmada por algo.

- ¿Llegar? – Dudó él poniéndose pensativo - ¿A dónde?

- Ah… - Suspiró ella resignadamente – Al lugar en donde te vas a hospedar, cabeza de chorlito.

- ¡Eh, eh, eh! – Se enfurruñó el rubio - ¡¿Cómo que cabeza de chorlito? ¡No me conoces lo suficiente, así que no me faltes el respeto!

- ¡Cállate! – Le tapó la boca con su mano mirando el alrededor y miró a Rayman con el que apenas tenía unos centímetros de distancia – Ya son altas horas de la noche y me deben de estar buscando – Rayman la miraba y pudo deducir que estaba como asustada…

- ¿Quiénes te están buscando? – Habló cuando apartó la mano de la hada de su boca y la continuaba mirando.

- Ninfos que viven en mi casa… - Le respondió Tily que volvía a mirar el alrededor.

- No te pasará nada. – Intentó él tranquilizarla, sabía que sentía miedo, ahora lo veía más claro que antes; gracias a su fino oído, sintió voces que venían hacía ellos, Rayman, rápidamente, cogió a Tily de la mano.

- ¿Pero qué…? – Intentó decir ella pero el rubio no se lo permitió.

- No hay tiempo para explicaciones, hay gente que vienen hacía aquí y por sus voces puedo deducir que se trata de quienes tú me has dicho antes. Si es cierto lo que pienso que eres, estoy seguro que si te ven conmigo podría pasarte algo grave, así que es mejor que me sigas sin rechistar; puede que no me conozca este bosque pero tú si lo conoces, así que para regresar a este punto e ir hacía ese lugar que me mencionaste antes, tendrás que guiarme – le informó Rayman y sin que Tily tuviera tiempo, se vio corriendo junto al chico que la tenía cogida de la mano, eso, le sacó color en sus mejillas sin razón aparente…

Corrieron bosque abajo, atravesaban densas plantas que parecían no querer permitirles el paso, Tily era presa del miedo y Rayman, intentando aparentar estar tranquilo, hacía lo que podía para evitar el desastre… El rubio intentó ir por la derecha pero el hada que iba con él, le indicó la dirección opuesta. Él no se hizo de rogar y fue por la izquierda, aunque dudaba del porque tomar esa decisión.

Como por arte de magia, acabaron cayendo a un río y que este, a través de una catarata, les llevó hacía la punta abajo, justo al final del Bosque Hechizado, hacía nuevos y desconocidos parajes; salieron rápidamente del agua y se escondieron entre los árboles para evitar que los viesen de lejos. En esos momentos y por causas desconocidas, Rayman aferró a Tily en su pecho para, tal vez, proporcionarle calidez…

Después de media hora para esperar a ver si sucedía algo, ambos salieron de su escondite tras dejar ir un suspiro aliviado. Los ninfos parecían no haber tomado la misma dirección que ellos dos; salieron del escondite y se encontraron con un entorno un poco diferente…

El color verde abundaba en todas partes, el río, que parecía mágico, tenía un pequeño arco iris lo que daba un ambiente algo romántico, el cielo estaba realmente extraño… Parecía estar dividido en dos colores: la joya del Bosque Hechizado y el cielo normal de cada noche…

Rayman fue a buscar algo de leña que hubiese tirada por el suelo y después regresó a donde Tily le esperaba, el chico, con sus poderes, encendió una fogata lo más suave posible para evitar una explosión; se sentó enfrente de la hoguera y como el hada, empezó a calentarse, momentos después, sacó un poco de fruta que había encontrado en algunos árboles y que él solía comer desde que tenía memoria para ello.

Miró a Tily que parecía totalmente en otro mundo… Su mirada solo se concentraba en un punto mientras pensaba quién sabe qué cosas… Rayman se sintió culpable… Culpable por haberla apartado de tan cerca de su casa, de haber impedido que su gente la fuera a buscar y de haberla arrastrado con él hasta donde se encontraban ambos en estos momentos…