Antes que nada, me disculpo por no haber subido capítulo durante más de un mes y medio (creo que fue casi un mes y medio). Me tenían completamente estresada con tareas, trabajos, y demás situaciones. Apenas me pude dar el tiempo, tanto para escribir como para ver series. Bueno, diario escribo, aunque no son fanfics. También, quiero agradecer a todos los que han seguido esta historia muy de cerca, o no tan de cerca, pero igual, han leído este fanfiction. Ya le quedan pocos episodios. Y en serio, estoy muy agradecida con todos ustedes.

Ahora, los dejo con un episodio, que estaré subiendo uno o dos cada semana durante mis vacaciones, y tal vez hasta finales de febrero (que aunque ya no estaré de vacaciones, el principio de semestre no es tan pesado como parece. Ahora sí, comencemos.

Capítulo 6: El pasado que no es pasado.

La mudanza a la casa de la hembra de múltiples posesiones no fue tan exitosa; tan pronto como llegamos, nos fuimos de ese sitio. Los cazadores furtivos de Mako, Korra y Bolin (en especial de Korra), nos habían obligado a escapar de allí, y más cuando el padre de Asami se unió a aquella manada.

Mientras mis ojos veían a la nada, o a una especie de nada, me perdí entre lo que creo no sé qué era. No sé si dormía, o no sé si seguía despierto.

Recuerdo que cuando intenté abrir mis ojos, vi una especie de hueco en la pared por donde entraba el sol. Parecía una mañana hermosa, y más cuando me percaté de que mi cuerpo no estaba cubierto de pelaje como siempre, y mis patas delanteras volvían a ser de humano, de un macho humano adulto para ser exactos.

Nada de esos trozos de tela me recubrían, excepto por uno muy gigante. Eso no era lo increíble, sino que esa hembra de piel morena y pelaje blanco estaba justo a mi lado.

-Buenos días, cariño – me susurró en el oído, y me causó cosquillas

-¡Basta! – le contesté impulsivamente mientras reía, como si no pudiera controlar mis palabras, mis gestos, como si solamente estuviera siendo manipulado, como cuando Bolin me tomó de mis patas para invitar a Korra a nadar en el estanque caliente del refugio de Asami.

En ese instante juntamos nuestros rostros, y lo que siguió fue algo inherente, algo que no entiendo muy bien, y sigo sin saber por qué lo hacíamos exactamente. Solamente recuerdo que cuando terminamos, ella se levantó, poniéndose uno de esos trapos. Me quedé allí recostado, aún sin saber qué pasaba. Miré hacia todos lados para intentar conseguir una pista de un por qué, o mejor dicho, el por qué de todo esto.

De repente, di con unos pequeños "nosotros", una especie de imagen donde ella y yo permanecíamos juntos, tomándonos con nuestras patas delanteras, pero nuestros trapos no parecían aquellos que parecía que usábamos diario; eran más bien, para una ocasión especial, tal como Mako y Bolin cuando acompañaron a la hembra rica al tributo por el espíritu de la tierra, que era Korra.

-¿Quién quiere desayunar? – entró ella con un trozo de madera en donde transportaba algunos alimentos dulces junto con agua. Su expresión era feliz, adorable, haciendo que mi marcha se acelerara. Enseguida se sentó a mi lado, y durante un rato intercambiamos palabras, risas, gestos, alimentos, y no recuerdo cuantas veces rosé mi nariz con la de ella.

En cuanto terminamos de comer, sus ojos polares se clavaron en los míos, y con mi pata delantera tomé su rostro, justo antes de que ella me dijera:

-Te amo. No sé qué sería de mi vida sin ti.

Me quedé atónito. No sabía si esas eran las palabras que deseaba oír, o si nunca imaginé que ella diría eso, y me alegraba por ello. Nos rodeamos con nuestras patas delanteras como señal de afecto, y luego nos volvimos a poner los harapos encima.

Por más que pensé, no daba con la respuesta de por qué no podía dominarme a mí mismo; no tenía control sobre lo que hacía o decía, pese a que hacía un esfuerzo incomparable por recuperar mi voluntad.

-Te veo en la noche – me dijo antes de tomar su abrigo

-No creo que deberías ir a trabajar, cariño – le contesté, pero sin saber qué significa "cariño".

Viró hacia mí, y rosó con su mano mi rostro:

-Estaré bien. Lo prometo.

-Dudo que estés en las mejores condiciones.

-En verdad deseo ir a trabajar. No creo que sea tiempo desperdiciado… - dijo, y en eso di un pequeño suspiro resignado.

-De acuerdo – temía por ella. Sé que sabía algo, pero que en ese momento no sabía por qué me aquejaba eso que se supone debía saber –, aunque sabes que no hay mucho tiempo. Te lo dijeron. Debes guardar reposo.

-Créeme. Estaré muy bien. Solamente es un día de trabajo. Has hecho lo mejor por cuidarme, quererme, apoyarme; me siento afortunada de tenerte conmigo.

La volví a apretujar:

-Te amo. No lo olvides – susurré, y nos miramos por un momento.

Nos despedimos, y cada quien partió a donde debía de partir, aunque se me achicaba ese espacio que hay en mi pecho; ya no sentía una marcha acelerada y alegre, sino una lenta y un tanto dolorosa. ¿Por qué?

Yo no sé qué clase de vida teníamos en ese entonces, y menos porque no sé si en realidad fue una vida o solamente un sueño. Dudo que sea capaz de imaginar compartir con Naga una vida completa, pero parece que fue cierto; cuando la veo, sé que no la conocí hace apenas unos muchos días, sino hace unos muchos años.

¡Ya veo la isla! – exclamó Bolin.

Finalmente llegamos al refugio de Korra, a donde todos nos estábamos dirigiendo. Tendría que ver a Naga frente a frente, me gustara o no. Y seguía sin saber con exactitud por qué me causaba dolor pensar en aquella extraña visión o sueño que tuve…¿Qué éramos? O mejor dicho ¿Éramos un "nosotros"?

Ya tenía más preguntas y más dolores. En días así, quisiera volver a tener el estómago relleno de fideos.