Disculpen la tardanza, aquí les dejo el nuevo capítulo. Como pequeña sugerencia, aunque creo que algunos lo hacen, podrían escuchar la banda sonora de Clannad. Para este capítulo me inspiré especialmente al final en el tema de "Nagisa" y "Shining in the sky" de Ushio. Espero les guste, adorados lectores.


IV


Kyou POV

No supe en qué momento me quedé dormida. Entreabrí los ojos con ligera pesadez, dejando que la luz del verano se colara entre mis pestañas. A mi lado seguía acurrucada ¿Shio? ¿Cómo es que seguía ahí? Fruncí el ceño buscando al tonto de Tomoya, pero sólo éramos ella y yo. La presioné contra mi pecho disfrutando de la calidez que emanaba su pequeño cuerpo y la acompasada respiración de su pecho. Besé con suavidad su frente mientras despertaba completamente. Me sentía totalmente mejor, completamente sana. Quizá sólo me hacía falta ese par. Dibujé una ligera sonrisa en mi rostro mientras me incorporaba y dejé que los pies colgaran solo un poquitín desde la cama, antes de colocarme las pantuflas. Sin escuchar ni el más mínimo sonido, caminé con cautela hacia la sala. Ya era sábado por la mañana, y mi gemela doblaba turnos especialmente hoy. Suspiré abatida, la extrañaba mucho, pero entendía lo demandante de su empleo, que por suerte ella amaba. Como siempre, nuestra manera de comunicarnos cuando no nos veíamos era por pequeños papeles pegados en cualquier lado imaginable de la casa. Esta vez, junto al teléfono, un post-it rosado, con la ovalada letra de Ryou decía: "No me ha dado tiempo de preparar el desayuno, lo siento. Estoy segura de que tu pequeña ayudante puede auxiliarte con ello. Deberías planear salir con ellos, ya que el lunes es feriado ¿recuerdas? Hablando de eso, Youhei habló para confirmar la cena del viernes. Sólo te recuerdo, dile a Tomoya-kun. Me alegra que estés mejor, te quiero muchísimo. Ryou."

–Kyou-san. –Me llamó una tierna y somnolienta vocesilla desde el fondo del pasillo. Aún restregaba sus ojos con sus manos, la mirada ligeramente distraída y tambaleante. Solté una pequeña risa, me acerqué a ella y la tomé entre mis brazos.

–Buenos días dormilona. –La saludé con un sonoro beso en su mejilla. –Creo que hemos hecho una pijamada sin quererlo ¿ah? –sentí un ligero bochorno, no quería presionar en ningún sentido a Tomoya y mucho menos que Shio recibiera la impresión equivocada. Aunque por dentro quería pasar mucho, mucho más tiempo con ella.

–¡Sí! –aplaudió por fin saliendo de su letargo. –Fue divertido, en especial esas historias que me contaron papá y tú sobre sus días en el instituto y . . . sobre mamá. Es más sencillo para papá hablar de eso cuando estás tú. –Abrí los ojos sorprendida. –Debieron de haber sido muy felices ¿verdad? –preguntó inocentemente fijando la réplica de los ojos de Nagisa en mí.

–Sí, Shio-chan. Éramos felices. . . por cierto, el viernes el tío Sunohara vendrá a cenar. Estás cordialmente invitada, quizá también veas a las tías Tomoyo y Kotomi. –La anime haciéndole pequeñas cosquillas. No obstante, ambas guardamos silencio cuando vimos una especie de bulto removerse en el sofá más grande.

–Ese es papá. –Me susurró al oído y yo asentí. La cabellera azul y despeinada revelaba la identidad de quien dormía.

–¿Le preparamos el desayuno? Creo que le gustará. –Propuse con cierta alegría.

–Sí. –Asintió con entusiasmo moviendo sus piecitos a la altura de mi cintura. –Sopa de miso. –Pensó en voz alta cuando la bajaba con cuidado en la cocina.

–El arroz que tanto te gusta. –Revolví sus cabellos. –Y. . . ¡pescado asado! –exclamamos en coro mientras lavábamos nuestras manos. Media hora después la pequeña Shio y yo terminamos de colocar la mesa. Debo aceptar que se veía bien. . . quizá la miré demasiado porque ella preguntó:

–¿Qué pasa, no se ve bien? –ladeó su cabecita observando con detalle.

–Oh, no es eso. –Exclamé colocando mi mano sobre su hombro con cariño. –Normalmente. . . desayuno y como sola, en mi habitación o en el sofá. Sólo utilizo la mesa con Ryou por las noches y creo. . . creo que ¡nunca la había puesto bien! –terminé de confesarme con horror. Ella soltó una carcajada cantarina y alegre.

–No creo que eso sea un problema, tu comida sabe deliciosa. Es mi favorita, con la de Sanae-san. –Me dijo sonrojándose ligeramente.

–Muchas gracias, Señorita Ushio. –Le agradecí colocándome a su altura. –También por ayudarme con la mesa, quedó hermosa. –Ella se sonrojó más, supuse que los cumplidos no eran parte de su vida diaria. –Ahora. . . ¿lo despertamos? –señalé a Tomoya. Sin respuesta alguna, salió disparada y se lanzó sobre su papá.

–¡Papá! –comenzó a saltar sobre él riendo. Yo la seguí y observé como abría los ojos. –Buenos días, Tomoya. –Sonreí ampliamente. –El desayuno está listo. –Se incorporó con cuidado, mientras tomaba a su hija sobre sus brazos. –Es también una disculpa porque se quedaran tan tarde anoche y tuvieras que dormir aquí. –Señalé el sillón con algo de pena.

–No fue ningún inconveniente, Kyou. –Me devolvió la sonrisa, y ese pequeño e insignificante gesto derritió por completo mi corazón. Quizá era el hambre, o que apenas me había recuperado pero él. . . lucía distinto. Sí, como si estuviese determinado a algo.

–¡Papá! –habló de nuevo Shio-chan. –El viernes vendrá el tío Sunohara, y Kotomi-chan. –Movió sus manos emocionada. Y no la culpaba, Sunohara siempre la hacía reír y Kotomi le traía muchos regalos extraños además de enseñarle cosas nuevas. Él me miró en busca de respuestas y yo sólo asentí mientras me sentaba junto a la mesa.

–Creo que el pobre de Sunohara necesita un descanso de ese trabajo tan asfixiante. ¿No crees? –comenté pasándole su tazón con miso.

–Será bueno verlos. –Añadió sin borrar esa sonrisa.

Tomoya POV

–¡Itadakimasu! –exclamamos al unísono. La sopa estaba realmente buena, al igual que todo lo demás. Observé con cuidado a Shio, quien aún tenía problemas con el arroz y los palillos, pero Kyou era muy paciente al enseñarle sus "pequeños trucos". Coloqué una mano sobre mi mejilla, observando como aquel cuadro tan familiar se representaba frente a mí. Me llenaba completamente y por esos breves instantes olvidaba el dolor crónico que se había instalado en mí. Sentía como conservaba esa sonrisa estúpida con la que había despertado, las risas de mi ángel y ella, con su rostro dándome la bienvenida a un nuevo día, el aroma a lavanda de sus cabellos y esa sonrisa apenas descubierta.

–¿Podemos, podemos, podemos? –mi dulce hija tiraba de mi pantalón con aquellos ojitos de cachorro que seguramente ella le había enseñado.

–¿Qué es lo que quieres, cariño? –atendí pensando que me había perdido la conversación.

–Ir a la playa. –Formó un puchero. –Ir juntos. –Extendió sus brazos cuán largos eran. Miré a Kyou, quién me miraba con la misma expectación. Un ligero brillo se traslucía entre sus pupilas violetas.

–La playa. . . ¿por qué no? –admití mientras tomaba el último trozo de pescado. – Debemos preparar lo necesario si queremos salir hoy. –Comencé a planear. –Conozco un buen lugar donde hospedarnos y tiene buena vista. ¿Qué les parece? –me sentí extraño, pero bien. Era la primera vez que le preguntaba a dos personas y no sólo a Ushio. Y así, las reminiscencias de la soledad comenzaron a desvanecerse de mi interior.

Mi , ahora hiperactiva, hija, corría por todos los rincones de la casa. –¡Rápido, papá! ¡Rápido! –guardaba juguetes, pantaloncillos, calcetines, y una pequeña libreta que nunca había visto.

–Hey, cielo ¿qué es eso? –señalé con curiosidad al cudernillo de color turquesa que se encontraba dentro de su bolso azul.

–Es un regalo. –Me lo mostró con una sonrisa gigantesca. –De Kyou-san. Es mi diario. –Abrió un par de páginas, me mostró en especial un dibujo. –¿ves? –Se había dibujado a la orilla del mar, con ambos sosteniendo sus manos.

–Es muy hermoso. –Comenté, pero ella me miraba dudosa.

–Papá. . . ¿mamá no está molesta conmigo, verdad? –su pregunta me dejó helado. Lo que no me esperaba fue lo siguiente.

–Mamá estaría molesta de que estuvieran siempre tristes. –La fina voz de Sanae-san se abrió paso desde el umbral de la entrada. –Señaló una bolsa con víveres. –Vine a entregarles esto para el viaje. –Se acomodó a lado de su nieta y susurró con dulce voz. –Tu mamá está más alegre ahora, que te ve sonreír a diario. Desde allá arriba. –La abrazó con fuerza. –Ushio, las personas que se van siempre se quedan aquí. –Apuntó hacia su corazón. –Pero no podemos vivir atados a sus recuerdos, tenemos que crear nuevos, cada vez más y más felices. ¿No crees? Todos merecemos siempre la oportunidad de sentirnos completos y alegres. –Esta vez ella me miró, como si pudiese leer mi alma. ¡Ánimo! Me transmitían sus chispeantes ojos cafés, asentí con una sonrisa y los ojos acuosos. Era hora de dejarlo ir.

–¡Papá, vamos a llegar tarde! –Shio me llamaba desde la puerta con desesperación saltando sobre sus nuevas sandalias rojas, regalo de su abuela.

–¡Ya voy, cielo! –la calmé durante unos segundos. Me encontraba frente a su fotografía, su sonrisa imperturbable me observaba distante. –Gracias, mi amor. Gracias, por enseñarme que este mundo no debe ser gris siempre, y que todo es posible si tenemos voluntad de cambiar las cosas. Siempre te voy a amar, Nagisa. Siempre, pero creo que es hora de decirnos adiós una vez más. ¿No crees? –deslicé con cuidado el anillo de mi dedo anular izquierdo guardándolo en el fondo del cajón, junto a su fotografía. Sentía que podía ver sus manos moviéndose en señal de despedida y una sonrisa mayor de lo normal. No necesitas que te lleve, ya estás en el lugar donde los sueños se hacen realidad, gracias por una hermosa vida , te amo, adiós. . . la brisa vespertina se llevó el último susurro de aquella historia que viviría eternamente en mí, sin embargo, era tiempo de escribir una nueva, más y más alegre ¿cierto? La luminosidad en los ojos de Shio y aquel cabello violeta ondeando con el viento me dieron la respuesta.


Ya saben, me encanta ver sus comentarios y sugerencias ahí en la cajita de abajo :)

Gracias por leer ^-^ , Moon~