Disclaimer: I don't own the characters or the series of Thundercats 2011, this belong to Cartoon Network and Warner Bros.

Notas de Autor 1: Este fanfic lo he convertido en una continuación desde episodio 26 de los Thundercats 2011, por la cancelación de la serie. Primero lo quería hacer una historia de Lion-O y Mandora, pero con la cancelación de los ThunderCats quiero usar mis conocimientos en la serie para darle un final digno.

Este relato esta bajo revisión y quizás esta historia completa vaya a cambiar conforme se pule el guión. Actualmente la historia que se tiene escrita no se ha publicado actualizada, pero puede decirles que se traducirá en un fancomic de los Thundercats 2011 para un total de 200 páginas.

Si buscan "El matius dibujando" en su buscador podrán encontrar mi sitio con las imágenes desarrolladas para este proyecto, donde pueden dejar sus impresiones y encontrar las fichas desarrolladas de los personajes de este fanfic. Conforme se avance se crearan ediciones en otros idiomas.


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Aterrizaje y destino

La explosión ocurrió al sudeste de la gigantesca ciudad flotante de Avista que giró lentamente sobre su propio eje, los giroscopios de la nave se desestabilizaron y un movimiento bamboleante se sintió por toda la nave, los pernos explosivos automáticamente se dispararon, habían pasado casi mil años desde que fueron usados para elevar la ciudad que una vez estuvo atracada en la ciudad del puerto de Avista del reino de las Aves.

Fue nombrada Nueva Avista, pero con el paso del tiempo adquirió el nombre de la abandonada ciudad, con casi un kilómetro de largo y 2.2 millones de toneladas estaba sostenida de superestructuras de nanotubos de carbono y grafeno, recubierta de planchas de diferentes materiales ultraligeros, que formaba grandes anillos concéntricos. Eran el soporte central, la columna vertebral de la nave que soportaba las enormes tensiones de pesados edificios construidos con el paso de los siglos que duplicaron su peso original.

Ser una ave de Avista no garantiza poder volar, es más, la mayoría de los habitantes de la ciudad eran incapaces de tal proeza.

La sociedad de las aves progresó rápidamente de un sistema monárquico a uno colegiado, protegidos por el auspicio de Prefectos, muchos de ellos curiosamente extranjeros alados, aunque no siempre, eran notablemente serviles en extremo, bajo su servidumbre la ciudad prosperó, su fama y prestigio mantuvo una impecable racha de administraciones impecables o eso se quería hacer pensar.

Vultaire, era un bruitre desagradable que había llegado a su puesto por su propio manejo político rompiendo con la antigua tradición, se negó a portar la capa de liderazgo, en cambio, prefería mostrar gustoso sus grandes y negras alas.

La población estaba aterrorizada del resultado, su ciudad se precipitaba a la tierra dura. Varios edificios se deformaron y se separaron, cayendo con estruendo a una gran velocidad, desintegrándose al contacto con el suelo, siendo tragados por una enorme polvareda.

Un campo antigravitacional residual permitía a la nave deslizarse, pero por el daño al campo sincrónico del sistema de flotación, algunos motores de monopolos fueron arrancados de su lugar y salieron disparados, los reactores enviaron más energía de la necesaria y provocaban más destrucción

¡Kaboom!

Las mesas de los enormes comedores de las plazuelas de los edificios al aire libre salieron disparados hacia la proa de la ciudad, con sus relucientes vajillas llenas de gusanos, hormigas, insectos, frutas y todo tipo de bebidas coloridas.

Muchas aves les siguieron hacia un fatídico destino, de los costados de la ciudad aparecieron antiguos alerones envueltas en chorros de vapor que compensaron los errores de estabilidad de la eslora negativa de proa. El tirón ahora era hacia abajo, el estruendo fue seguido por una desaceleración repentina de Avista dejando una enorme estela de humo negro y luego blanco, que llenó el ambiente de un olor nauseabundo del combustible sólido siendo consumido por los retro cohetes, el sistema de seguridad que una vez hizo elevar la ciudad y que reposaron cientos de años dormidos en la panza de la enorme construcción.

Fueron dejados en su sitio por seguridad, aunque estaban diseñados para separarse automáticamente en el primer vuelo, por fortuna no fue así, Avista nunca fue perfecta, vibraba de cuando en cuando por los errores y cambios repentinos de los monopolos, incluso con la piedra de la tecnología, mandando sobre el intrincado sistema de motores que permitían convertir una gigantesca estructura en un barco volador.

Panthro reconoció la señal en los tableros antiguos de la nave que con dificultad alcanzó y que expulsó los controles de los retrocohetes, la plancha del escudo frontal fue la que hizo contacto a una velocidad moderada que fue arrastrándose sobre cientos de metros de tierra.

Cientos de heridos, Lion-O cayó de espaldas, agarrado de último momento por Panthro, aferrándose a su vez de los felinos. Cheetara y Tygra, maniobraron para quedar colgados de uno de los barandales del antiguo centro de control que todavía usaba palancas mecánicas y botones.

Un leve impulso verde intenso, que se tornó rojo, apareció por toda la panza de la nave, que frenó de súbito la ciudad entera, al sentir que esta había hecho contacto, ascendió unos metros y se impactó en el suelo, el último grito de los motores antigravitacionales.

La pesadilla se terminó, pero lo peor estaba por venir, ver, admirar su milenaria ciudad destruida, los más nuevos edificios recargados sobre los viejos, millones de artículos acumulados con los años de trabajo se arruinaron, quien sería el culpable.

-Vultaire nos traicionó, dijo uno. Había miles de personas siendo evacuadas, de pronto la ciudad era coordinada por un grupo variopinto de animales no alados, entre los que destacaron enormes gatos.

-¡Es un horror! Gatos en nuestra amada ciudad, dijo uno.

-¡Shh!Cállate, o te van a escuchar, dijo otro.

En el centro el consejo de Avista que hablaron con un felino pelirrojo.

-¿Un león?... ¿Acaso no son la rama real de los thunderianos?, le hablo con asombro un pesada lechuza a su amigo, un viejo papagayo historiador.

-¡Hurrrac, hurac!Cantó con pesadez con un gesto afirmativo, agitando la cabeza y su cuello.

-Eso, aunque debo decir, no son muy abundantes mi querido Mortimer, -hurrrc- Lupin secó sus empañados lentes rotos, que eran un fetiche del romanticismo papagayista. - Es increible veralgúnn ejemplar joven, tienen la tendencia a matarse entre sí, son unos bárbaros, pero se cantan epopeyas juglares en su nombre -huurc-

-¡Problemas!-Uuu- chirrió asustado.

-Ju, ju, mi querido amigo, al contrario, como yo lo veo, es una solución.

-¿Uuuu?

-Allí tienes a nuestro próximo Prefecto, ¡Mira!, mis cansados ojos no me engañan.

Mortimer vio con detenimiento, uno de los miembros del consejo trajo la capa, no lo dudaron un instante, ni lo pensaron con detenimiento, era una salida realmente obvia.

-Pobre pequeño -Uuu-, le compadezco. Cambió el tono de voz conmiserándose.

-Aunque por lo que veo, no parece interesado.

-Hmm, eso solo el tiempo lo dirá, respondió con una cara enigmática Lupin, observando la indistinguible marca de un Señor de los Thundercats, su espada de guerra.


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El luto de un rey muerto

Cheetara vió a lo lejos a Lion-O levantar su espada, sin sonreír, el grupo de animales vitorearon al rey Lion-O, Wily Kit sonrió al monarca que en el fragor de la batalla de Avista había congregado a los habitantes del tercer mundo, ella era besada por Tygra su amante y futuro esposo, por el que había decidido romper su papel de tutora, por el que había decidido su lealtad, a pesar de ello, parecía que Lion-O había encontrado su camino y una compañera con la que parecía formar un fuerte lazo de unión, eso la tranquilizó, el hecho de no tener que lidiar con una relación rota.

Tenía su propio carácter y determinación, Lion-O lo había conocido en el peor momento, desde entonces el rey estaba solo, era bueno para él que aprendiese a discernir, se consolaba la clériga, ellos únicamente supieron que Pumyra había traicionado a Lion-O, que desde un principio trabajó para su enemigo Mumm-Ra, pero nada más les confesó.

Parecía en un inicio muy interesado en hablar con Aburn el elefante, pero se frustró cuando de él solamente obtuvo una jerga de ideas inentendibles.

Cheetara estaba hablando a los habitantes de Avista sobre los trabajos de los Berbils reparando la ciudad, fue cuando vió a Lion-O sentado lejos de la muchedumbre, se preocupó, por desgracia no se sintió con la suficiente fuerza moral para preguntarle cómo se sentía, Wily Kit fue su mejor opción y parece que logró subirle el ánimo lo suficiente, por que inmediatamente se puso a trabajar con los Berbils y los habitantes de la ciudad, calmando su conciencia.


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Las semanas de trabajo no le vinieron nada bien al joven rey, ahora con la responsabilidad de dirigir una nave de miles de aves que no daban abasto a sus cansados párpados que amenazaron con cerrarse, esa capa de liderazgo que le dieron, no parecía ir con él, ni con sus capacidades felinas.

Lo que en un principio fue la manera perfecta de distraer su mente de la presión de su vida personal, se convirtió en una obsesión, una manera de desahogar su dolor y vergüenza, amplificando esa sensación desagradable de desasosiego.

Lion-O estaba sintiendo el peso de los sucesos, era realmente doloroso sentirse traicionado, no podía hacer nada, ella no estaba allí, no estaría allí nunca, su corazón se sintió roto, él solamente no quería sentirse agobiado por sus sentimientos por la clérigo y eso lo había llevado a repetir una experiencia de abandono constante, de ser traicionado, se daba asco así mismo por despertar esos sentimientos.

¿Con quien se quejaba, a quien le pediría cuentas? Se veía a sí mismo, estaba más preocupado por su relación por esa chica maravillosa, que nuevamente se volvió a olvidar de su papel como rey, ese odiado papel impuesto por un padre que únicamente en su muerte fue capaz de decir que estaba orgulloso.

Le había arrebatado un oportunidad perfecta para maldecirlo, Tygra cuando lo rescató de Pumyra, no le dejó ni eso, siendo sincero, era algo que le parecía cada vez más un error.

Él era un tonto y estúpido muchacho que había sido infeliz la mayor parte de su vida, escondiéndose de las victorias de su hermano, de los enfados y decepciones de su padre, de su poca valia.

¿Cómo había podido siquiera pensar que alguien le querría verdaderamente por lo que él era?

Cheetara le servía al Rey, no a él, se vió como una tutora y el estúpido de él se enamoró por una cuantas palabras dulces, le abandonó cuando vió que no eran las necesidades de un rey las que necesitaba de ella.

Pumyra todo el tiempo lo culpó por su papel de gobernante, le culpó antes de siquiera hacer o decir nada, Tygra no le vió como un hermano, sino un obstáculo a sus propias ambiciones hacia la corona y su padre, su difunto y pobre padre que nunca le trató como a un hijo, sino al fallido intento de un Rey sostenido por su legado de sangre.

"Ellas eran callejones sin salida" Se decía a sí mismo.

La única persona en que podía pensar, a la que veía en su atribulada mente, era la madre que nunca conoció, de la que apenas sabía nada, de la que su padre no guardó ningún recuerdo para él, era demasiado doloroso, los muertos, muertos estan le decía, debía ser responsable con su sacrificio al darle la vida, Tygra era tanto o igual de hosco hablando de ella, no le daría el gusto, se la había quitado, a causa suya ella había muerto, era cruel, pero era la verdad, era mejor la verdad que descubrir que todo había sido una mentira, una ilusión.

Seguramente su madre le habría amado tanto para haber muerto por él, le debió amar tanto que todo ese amor le sostenía, aunque no le hubiese sostenido nunca, le necesitaba más que nunca, ¡Oh Madre!, si pudieras estar aquí, no sabes cuanta falta me haces.

¿Pero y qué si ella también lo vió como una obligación para su reino?

¿Y qué pasaría si ella, al igual que todas las personas importantes en su vida, únicamente le vió, no como a un hijo, sino su deber como reina de dar un heredero, un sucesor a la corona?

-No no, eso no. dijo Lion-O, mientras negaba con la cabeza que tenía recargada sobre la rejilla anti-estática con la que recubrieron la electrónica vital de la torre del radar, que había quedado expuesta en la batalla.

-Te sientes bien polluelo, dijo una ave que le miró extrañada, cuyo brazo estaba recargado con un cabestrillo, aún así trabajaba como los demás para recuperar su ciudad. ¿En qué estaba pensando, como podía ser tan insensible con el dolor de estas personas?

Lion-O lloraba y sus lamentos llamaron la atención de sus compañeros.

-Se encuentra bien joven rey, dijo otra ave que era una cacatúa en el otoño de su vida.

-Es mi culpa, dijo Lion-O en un tono que se le quebraba la voz, intentó acercarse al señor, pero cayó de rodillas.

-L-lo siento, lo siento mucho, lo siento, es mi culpa. El ave de más edad puso su mano sobre su hombro en señal de conmiseración.

-Es natural que sintamos culpa muchacho, pero no te des por vencido.

Él trató de hacer una reverencia con la cara al suelo, como si se tratase de una vil criatura que suplicaba por perdón con todo su corazón, pero Tygra lo detuvo con una mano, la escena era realmente terrible, Cheetara, los niños y Panthro vieron el alboroto causado...

-Lion-O, no puedes, Lion-O, eres el rey de Thundera.

-Es mi culpa, mi culpa, dijo, Tygra desde niño no había visto llorar a Lion-O, eso lo aterró.

-¡Lion-O! repitió su llamado, pero este no hizo caso. Era como alguien del que la locura se había apoderado completamente.

-¡No, no, suéltame, quisiera morir, quisiera morirme, mor... ! La violenta bofetada de Tygra hizo vibrar el desvencijado cuerpo de Lion-O víctima del agotamiento, de los días trabajando sin descanso, apenas parando para mal alimentarse, sus turbaciones se fueron apoderando de su cuerpo, se sintió mareado y débil.

-Yo... lo siento. Dijo mientras la presión de sus brazos se desvaneció con su conciencia intranquila.

Cheetara se acercó para ayudarle, pero fue Panthro quien finalmente lo llevó en brazos.

Estaba agotado mental y físicamente.

Un grupo de aves le observaba desde lo lejos, sin participar en los trabajos de reconstrucción, había funcionado se miraron complacidos


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-Quiero morir... ¿Pero qué demonios fue eso? Fue lo primero que gritó Tygra al dar un puñetazo en la pared del improvisado hospital donde otras cientos de Aves eran atendidas, a Lion-O se le dió una de las habitaciones preferenciales.

-Tranquilízate Tygra, es solo agotamiento, verás como se recupera con el tiempo.

-No es lo que quiero decir, esa maldita felina... ¿Cómo es que no lo vimos venir? Era bastante evidente que algo mal había con ella. Fui un ciego.

Cheetara se sintió culpable, ¿Era el resultado de haberle abandonado? No lo sabía, únicamente estaba segura de que era demasiada presión para Lion-O.

Ella se quedó sentada a su lado con las luces apagadas debido a las insuficiencias de corriente dirigidas a mantener la maquinaria más esencial, únicamente podían encenderse en caso de extrema necesidad, el aire intranquilo de su rostro era iluminado por la tenue y rojiza luz de la tarde, Lion-O, si dormía, lo hacía sin placer alguno.


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Era en Lion-O en quien recayeron los trabajos de reconstrucción desde un inicio y mientras estaba convaleciente el consejo de Avista ratificó su nombramiento de prefecto de la ciudad, cuando la presión por la traición de Vultaire les amenazó a todos.

La opinión pública estaba conmovida por el Rey de Thundera que había trabajado hasta el agotamiento para poner a flote su ciudad, que a pesar de la destrucción volaba sobre los cielos del Tercer mundo a Thundera regresaba paulatinamente a la normalidad.

Algunos del consejos lo vieron como una oportunidad para darles un respiro y si las cosas salían mal, culparle de los fallos, como ocurría desde siempre con los Prefectos, aunque estaba ese grupo por encima del consejo mismo que no se inmutó, ellos tenían sus planes, no había necesidad de salir de la sombra.

Horus se sentía el peor de todos ellos y soportaba la peor posición, de segundo al mando y ex-consejero de Vultaire, que conservara su posición no había sido una suerte, era el destino que le aguardaba si fallaba.


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Lion-O vió a Pumyra al borde del viejo embarcadero Thunderiano, sus coletas se mecían con el viento, ella paseaba sus hermosas piernas sobre el agua fría, era una un cuadro lleno de paz, decía algunas palabras al cielo que a la distancia no pudo reconocer.

Él se acercó lentamente admirando su frágil contorno a la luz de fondo de una dulce celebración de antigua memoria, las luciérnagas inundaron el cielo, ella le miró con una sonrisa que calentó su corazón, hubo un sonido en el cielo describiendo extrañas luces multicolores...

Ella no estaba, su corazón latió con desesperación, corría hacia el borde del embarcadero, pero sus piernas se movía con lentitud, era la sensación de correr hundido en lodo.

¿Donde estas Pumyra...? ¿Pumyra...?

Sintió un frío intenso en el pómulo, el agua recorría su mejilla y caía bajo sus pies.

Allí estaba ella con ese rostro hermoso de mirada críptica hundiéndose lentamente.

Su cara sobresalía de la superficie y uno de sus brazos se levantó, él quiso alcanzarla, pero algo le jalo e hizo que cayera, aterrorizado, observó, varias manos se alzaron alrededor de la joven thunderiana, una enorme garra negra, su cara se fue sumergiendo inexorablemente.

-¡Pumyra, Pumyra, toma mi mano! Gritó, pero su boca no emitía sonido alguno, su rostro iluminado fantasmagoricamente fue desapareciendo entre las aguas.

Traba de alcanzarla, pero era arrastrado con más violencia, su mano tocó las puntas de los dedos de Pumyra, trataba, pero la respiración lo alejaba, gritó de furia, pero nada se escuchó.

Ya no pudo sentirla, giró su rostro enojado con el responsable de que no pudiera llegar a ella, para su horror era una monstruosidad cadavérica que le asía de las piernas, le reconoció por el color rojo de su cabellera desaliñada y perfecto pelaje bicolor.

Sus poderosas manos huesudas se posaron bajo su garganta y un horrible alarido fue lo que salió.

-¿Lion-O? ¿Estas bien? Dijo una dulce voz que en su aturdimiento solo asoció a una figura femenina, ella se sentó próxima a él preocupada, ¿era ella? ¿estaba allí?

Él se abalanzó y la abrazó, ella tembló, pero no le rechazó, su cabeza se posó sobre su pecho.

-¿A donde habías ido? Creía que te habías ahogado...

-"¿Ahogado...?"

-Traté de rescatarte, traté, pero no podía, por más que intentaba.

-Estoy aquí Lion-O, dijo esa voz con un tono paciente.

-No me vuelvas a dejar, no me vuelvas a dejar jamás. Yo... te amo Pumyra.

-"..." la voz no respondió esta vez.

-¿Lion-O... has despertado?, dijo otra voz masculina tras un leve rechinar, el cuarto por alguna razón se iluminó.

-¿Pumyra? preguntó Lion-O al cuerpo esbelto y suave que estaba abrazando.

-Pero que dem... dijo la otra voz, Lion-O salió de su aturdimiento y abrió los ojos que no se acostumbraron a la luz inmediatamente, pero era algo seguro... no era ella.

La chica le miraba con amabilidad, su pelaje rubio contrastaba con esos profundos ojos rojos.

Inmediatamente se apartó, casi cayendo de la cama, allí estaban todos, excepto "ella".

De inmediato recordó su situación.

Cheetara no podía imaginar el dolor que sentía, su reacción fue tomarse la cabeza con las manos y con las puntas de los dedos recorrió su contorno, hasta que estuvieron encima de sus cejas, temblaba.

Sus ojos estaban abiertos completamente leyendo sus memorias, lo había recordado. Lloró en silencio abrazado por sus propios brazos encorvándose sobre sí mismo.

Se recostó lentamente, la habitación se quedó en completo silencio mientras temblaba sollozando.

Ella ya no volvería, ella estaba muerta.


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Continua en: La Semilla de Odio