¡Atención, atención! Por un gran fallo mio terrible, se me ha borrado este maravilloso fic, así que lo volveré a subir cap. por cap.

¡Lo siento! Con lo que a mi me gustaba

Este es un capi, bueno, una historia que estará algo editada. Realmente, y aprovechando eso, necesito mejorar algunas cosas de este fic. Espero que no os molesten los cambios, siempre son para mejor. :)

adv: romance, drama, risas, lemon, lime y universo alterno (personajes con caracteres diferentes)

Bienvenidos a...


Guerra de amor

de

Jan di-chan


Capitulo 1-Hinata Hyuuga

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Los primeros rayos del sol se asomaron por las altas y rocosas montañas, despertando a los aldeanos de Konoha. Una aldea tradicional, cubierta de campos de maíz, arroz y demás sembrados, tranquila y poblada por gente amable y trabajadora.

Más alejados de las humildes casas, una gran mansión se alzaba imponente ante las demás. Con muros altos cubriendo la casa, un gran jardín de entrada con árboles de sakura y extensiones de campos tras ellas, ganados y cobertizos para los caballos. Un pequeño lago de aguas cristalinas y una pequeña zona para rezar.

En aquella magnifica mansión, escaleras arriba y al fondo del pasillo, en una habitación decorada con elegancia, dormía plácidamente una joven de apenas 17 años de edad. Su largo cabello azulado se esparcía por la almohada, siendo iluminado por el sol. Era de piel blanca, muy fina y tan solo la cubría una gran camisa blanca, que debido al movimiento, se había enroscado hasta su vientre. Sus largas piernas se veían cubiertas por una manta que debido al tiempo caluroso de la primavera, había decidido apartar.

La puerta de esa habitación se abrió y alguien entró muy sigilosamente, de puntillas, y se acercó a la cama. Inclinó su cuerpo, comprobando que aquella chica durmiera profundamente. Una sonrisa curvó los labios de la persona, que se separó para coger aire.

-¡ONE-CHAN BUENOS DÍAS!- gritó a todo pulmón, asustando a la que yacía dormida, que instantáneamente se sentó en la cama, no sin antes pegarse un gran susto.

-¡Hanabi-chan!-exclamó la recién despierta, con una mano sobre su acelerado corazón- ¿Por qué siempre tienes que despertarme así?- se quejó, mirándola molesta.

-Hinata-nee, si no lo hago así, no despertarías nunca- respondió ella sonriendo.

Hinata observó a su pequeña hermana, de cabello castaño hasta la cintura, ojos blancos, piel blanca y de tan solo 12 años. Muy parecida a su padre. Una joven con mucho carácter y gran belleza…belleza que era opacada por esa cabezonería y ese mal carácter que había heredado de su padre.

Todo lo contrario que ella. Hinata era tranquila y pacífica. Muy tímida y educada, pero que muchas veces saltaba y atacaba como le era su padre. La gente decía que se parecía mucho a su madre. Pues su cabello azulado, su nariz respingona y el cuerpo pequeño y delgado de ella eran clavados a los de su madre cuando era joven. Sin embargo, sus ojos eran igual que los de su padre y su hermana, blancos como la nieve, aunque su hermana siempre decía que podían reflejarse destellos violetas en ellos.

-El desayuno está listo. Mamá te está esperando- dijo Hanabi, alejándose hacia la puerta.

-Siii- respondió ella, volviendo a tumbarse en la cama para estirar su cuerpo. Viró su rostro, encontrándose con la ventana y el nuevo día. Sonrió cuando el sol llegó a su rostro.

Hoy era uno de esos días en los que únicamente deseaba pasear junto con su caballo negro Khan. Correr por los grandes prados al viento y jugar con los niños de la aldea.

-Buenos días bella durmiente-

Escuchó una voz y miró a un lado, pero se sentó al no ver a nadie.

-Aquí abajo- cuando ella bajó la mirada, una sonrisa apareció en su rostro

-¡Ryu!-

El pequeño dragón rojo saltó al colchón y se colocó sobre sus rodillas. Hinata le observó. Ese animal tan pequeño se suponía que era su dragón protector. Aquel que la ayudaría y defendería en cualquiera momento. Su guardián protector, Ryu.

Un protector que al cumplir los 16 años apareció en su vida y que desde entonces, se había vuelto inseparable.

-¿Todavía dormida?-preguntó él, palmeando con su pequeña pata su mejilla- despierta, hoy tienes muchas cosas que hacer-

-¡Exacto!-exclamó ella emocionada- hoy podremos montarnos a Khan y correr por los prados para…despu…es… ¿por qué dices que no, Ryu? ¿Acaso no quieres?-

El dragón seguía negando, cruzado de patas.

-¿No recuerdas que día es hoy?-

-¿Hoy? 3 de abril ¿no? ¿Por qué…-y sus ojos se abrieron de golpe al recordar- ¡Hoy es el día!- apartó las sabanas y rápidamente abrió su armario, buscó su ropa de montar y entró corriendo al baño- ¡Ryu porque no me despertaste!-

-Ya lo hizo tu hermanas ¿recuerdas?- masculló el dragón saliendo de entre el lio de sabanas- Yo también lo intenté, pero te volteabas y acababas aplastándome o mandándome contra la pared- gruñía molesto, mientras estiraba las sabanas.

-¡Demonios!-salió ella del baño

-No blasfemes- dijo el dragón, observando a la chica que iba de un lado a otro con un pantalón negro ajustado, una camisa de botones mal abrochada metida dentro del pantalón y unas botas de montar que iban por la rodilla. Su cabello lo había recogido en una cola alta. Sonrió- sabes que es de mala educación que una joven dama diga eso-

-L-lo sé- respondió ella, terminándose de abrochar la camisa y agarrar una chaqueta-¡nos vemos luego!- y salió a prisa de la habitación.

-¡Buena suerte!-gritó el dragón con una sonrisa.

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-¡Buenos días!- agitada, Hinata llegó hasta el comedor y haciendo una reverencia, se sentó y empezó a desayunar.

Hanabi a su lado, comía tranquilamente.

-Llegas tarde- la otra voz autoritaria le hizo alzarse de hombros y mirar con la boca llena de arroz y demás almuerzo, a su padre.

-Papá…-

Hiashi negó al verla.

-Hinata, no es correcto que una dama duerma tanto. Además…-miró las ropas mal colocadas que llevaba- ¿para qué sirve todo el conjunto de vestidos y kimonos que te compré?-

Hinata tragó y se alzó.

-Lo siento, pero no me siento cómoda con las faldas y los corsés ¿y mamá?-

-Te está esperando- respondió Hanabi, llevándose a la boca un trozo de arroz.

-¿Ya está allí?- agarró más comida, se la metió en la boca y haciendo una reverencia, despareció de nuevo por la puerta.

Hiashi pasó una mano por su cara, negando.

-¿Qué es lo que hice para que fuera de esa forma?-

-Somos hijas de un general del imperio papá. Todo es culpa tuya- respondió con una sonrisa Hanabi, provocando que Hiashi suspirara.

-Si…culpa mía-


Una hermosa mujer de largo cabello azulado y ojos violetas, vestida con un elegante kimono azulado estampado con decorativas hojas de lirio en las mangas y al final de color blanco, observó el cielo, antes de cerrar sus ojos y suspirar.

Hana Hyuuga, la mujer del general Hiashi Hyuuga esperaba con pesadez la llegada de su traviesa hija. Que como cada seis meses, llegaba tarde.

-Hana-san, ¿todavía no?- una mujer bajita y rechoncha, con su cabello recogido en un moño alto, sacó medio cuerpo por aquella puerta.

Hana negó y la mujer rodó los ojos, sonriendo.

-Hinata-chan es una muchacha única eh- y sin dejar de sonreír entró de nuevo a la tienda.

Demasiado única. Pensó ella, recordando las travesuras que había cometido, las ropas tan poco femeninas que llevaba y su carácter aventurero. Ciertamente, eran tan parecidas a su padre que tenía la sensación de no ser la madre de ninguna de las dos niñas. Agradecía que por lo menos, en cuanto a físico se refería, Hinata era casi clavada a ella.

Los pasos acelerados de un caballo se escucharon a lo lejos y Hana viró su rostro para observar.

-¡Mamá!-

-¡Eh!-exclamó un hombre esquivando de bien poco al gran animal.

Hinata llegó pronto a ella y con una sonrisa, bajó de un salto del caballo.

-¿Justo a tiempo, no?- dijo ella inocentemente, sin embargo, Hana elevó una ceja y Hinata se sonrojó, bajando su cabeza-l-lo siento. M-me quedé dormida-

-Otra vez- suspiró Hana, negando mientras Hinata chocaba las puntas de sus dedos-Vamos entra, la señora Yumino te está esperando-

Ella así asintió y entró en la tienda. Hana agarró la cuerda del caballo y lo ató a uno de los postes.

-No tiene remedio ¿verdad?-le preguntó sonriendo al caballo, que relinchó y movió su cabeza. Hana le dio dos toquecitos suaves y entró en la tienda, justo cuando habían metido a Hinata tras un biombo para quitarle la ropa.

-Hinata, hoy no pueden haber errores- puntualizó Hana, cruzada de brazos

-P-pero mamá yo… ¿eh?- se extrañó cuando se vio cayéndose sobre una bañera, a la cual tiró casi el agua sobre el suelo. Poco segundos después asomó la cabeza y se abrazó- ¡Está helada!-

-Estaría caliente si hubiera llegado a tiempo-

Enfurruñada Hinata miró al frente, mientras la otra señora le lavaba el cabello. Hana, al otro lado, la observaba con una sonrisa

-Hija, sé que no te gusta esto. Pero debes aprender a ser una buena esposa y ama de casa-

-Lo sé mamá, pero…- todo un cubo de agua le cayó sobre la cabeza, provocando que tosiera y se frotara los ojos.

-Ya tienes 17 años, estás en edad de buscar un prometido- continuó ella, mientras la señora limpiaba ahora su cuerpo- sabes que ni tu padre ni yo estaremos para siempre. Y por eso…-

-Queréis que me busque un hombre que me cuide y me proteja- respondió Hinata, suspirando ante siempre el mismo tema- mamá, sé que papá y tu buscáis lo mejor para mí, pe-pero yo…-miró a un punto fijo del agua llena de espuma- quiero enamorarme. No quiero…un matrimonio concertado- masculló frunciendo el ceño- quiero elegir por mi misma al hombre con el que quiero casarme.-

Otra cascada de agua sobre su cabeza provocó que cerrara los ojos mientras Hana suspiraba.

Ese era uno de los temas más tocados en su casa y que no tenía lugar a discusión. Así lo mandaba Hiashi. Hinata debía de casarse con los mejores y ricos hombres de la aldea. Hombres que eran estrictamente seleccionados por su padre, hombres que a Hinata nunca llegaban a enamorarles.

Quiero enamorarme

Observó a su hija mientras la sacaba de la bañera y le colocaban las ropas adecuadas para la ceremonia.

-Enamorarte eh…-y suspiró de nuevo-que voy a hacer contigo…-

Y entre jabones y ropa limpia, salió de una tienda para ir a otra, esta vez a una en que dos mujeres se encargaban de arreglar el cabello. La sentaron sobre un cojín y empezaron a peinarla y tirar de su largo cabello, terminando con un elegante moño recogido en una trenza sobre la cabeza que le hacía ver por completo sus facciones. Tras eso fueron a la tienda de ropa.

Hinata pensó que en ese momento moriría. Jamás llegó a pensarse que podría probarse tantos Kimonos en tan poco tiempo. ¿Por cuantos había pasado? ¿10, tal vez? Finalmente, su madre se decantó por uno rosa clarito con flores bordeando el final del traje y las largas mangas, un obi negro y ancho rodeaba su cintura y la estreñía haciéndola más pequeña.

Por último, llegaron a la tienda donde la maquillarían. Una base blanca sobre su ya pálido rostro, un color rosado claro sobre sus ojos y unos labios pintados de un rojo pasión.

Cuando le mostraron en el espejo se extrañó al verse de esa forma. Las mujeres sonreían, viéndola hermosa, sin embargo ella se veía tan…distinta.

-Hinata- su madre se acercó por detrás, sonriendo y ella le correspondió, aunque algo melancólica- sólo queda una cosa- y de su bolsillo sacó algo que colocó en su cabeza.

Hinata quedó asombrada ante la peineta blanca con una gran flor rosa con pequeños brillantes.

-Es preciosa-la tocó maravillada

-No es que la peineta sea hermosa, sino que la hace hermosa quien la lleva- ante ese suave comentario, Hinata se sonrojó, sonriendo levemente.

-Gracias- murmuró ella, cabizbaja

Hana la alzó del suelo y volteó para observarla.

-Sin duda, la hermosa heredera Hinata Hyuuga. Una princesa de pies a cabeza… Aunque una princesa bastante revoltosa.-

Hinata rió por lo bajo y Hana, sonriendo, le agarró las manos, provocando que le mirara.

-Da tu mayor esfuerza, hija- una de sus manos acarició su mejilla.

Mirando a su madre, asintió, prometiéndose interiormente que se esforzaría al máximo para conseguir convertirse en una gran dama.

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Y pronto llegaron a una gran casa. La casa de la señora Po. Una mujer que se encargaba de evaluar a aquellas jóvenes que se convertirían en hermosas damas adecuadas para los más galantes caballeros. Una mujer grande, bajita y rechoncha, pero muy educada y elegante.

Una mujer que Hinata intentaba convencer desde que cumplió los 15 años.

Sin embargo, parecía que no le caía muy bien…

-Hyuuga Hinata- la nombrada abrió sus ojos y la miró. Esta sólo le indicó con la cabeza que entrara.

-Si-murmuró ella, metiendo al pequeño dragón en su kimono mientras se adentraba en la casa.

Todo estaba decorado con gusto, elegantes cortinas, muebles, biombos, incluso las tazas de té parecían ser de una calidad única y muy cara.

La mujer se paró y la observó. De cabeza a pies, evaluándola.

-Es increíble lo que puedes llegar a parecerte a tu madre. Serás hermosa, sin duda alguna-

-Gracias-hizo una pequeña reverencia ella.

-Pero veo que no has hecho caso a mi consejo.- Hinata no la comprendió y ella rodó sus ojos- Tu cuerpo chiquilla. Debes compensar ese pecho con esa cintura, una cintura muy delgada y a la cual te advertí que engordara-

¿P-pecho? Se miró sus pechos, sonrojándose al verlos un poco más crecidos. Odiaba eso. Estaba muy delgada sí, pero sus pechos parecían negados a querer adelgazar.

No tenía mucho pero el suficiente para una chica de su edad.

Suspiró deprimida

-Debes engordar si quieres crear a un hijo en tu vientre-

-Si- respondió cansada

-Y responde siempre con energía-

-Si- se puso firme ella.

La mujer suspiró negando con la cabeza.

-Está bien, continuemos- pidi Po, cada vez más cansada mientras Hinata asentía.

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-¡KYAAAHHH!-

Los madres y aldeanos que esperaban en la entrada de la casa se asombraron al escuchar gritos dentro de la casa. Ruidos, golpes, gritos, jarrones rompiéndose… Hana juntó sus manos y miró al cielo.

-Por favor, que no sea ella-

-¡Socorro!- La Señora Po salió corriendo de la casa con el trasero en llamas y su cabello mojado-¡Por favor, que alguien apague esto! – gritó moviéndose por todos lados, asustada.

-¡Voy!- Hinata trajo corriendo el té demás que había hecho y se lo echó encima, haciendo que toda ella y su trasero, quedaran empapados.

Todo quedó en absoluto silencio tras eso mientras Hinata se mordía el labio y Hana negaba.

-Señora Po…-se atrevió a llamarla Hinata, con voz temblorosa y una sonrisa nerviosa- ¿he pasado?-

La señora Po, con el ceño aún más fruncido la miró y ella se asustó.

-Nunca más. Se terminaron las clases contigo- dijo, mirando ahora a Hana- búsquese a otra porque no pienso aguantar otro año más con alguien tan torpe e irresponsable- y miró de nuevo a Hinata- jamás te convertirás en una buena dama- y tras esas palabras, entró en su casa y cerró de un portazo, que asustó a Hinata.

Mordiendo su labio, miró a su madre, que bajó su mirada, avergonzada. Hinata miró el suelo, entristecida y dolida.

-Lo siento-


Cuando el sol se escondía detrás de las montañas...

Sentada sobre un cojín y delante de su padre, Hinata mantenía la cabeza baja. Su madre y hermana estaban a un lado, escuchando sin interponerse la reprimenda que, sin ser nueva, le dictaba su padre.

¿Pero qué podía hacer ella? Esas cosas de servir té, o recitar poemas y arreglar flores…simplemente es que no le salían. Sus manos parecían temblar al hacerlo, su mente se negaba a hacer caso…estaba realmente cansada.

Únicamente quería montar sobre su amigo y salir en busca de aventuras

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Hiashi la observó atentamente. Sin duda, su hija estaba hermosa con ese kimono. Parecía una princesa, una Hyuuga en todo su esplender. Sin embargo…de princesa sólo había en ella el físico. Ese carácter, la torpeza en sus palabras, su timidez y a veces esa valentía que podía ofender a cualquiera…

SI, era cierto que parte de su carácter aventurero era suyo. Pues por las noches se pasaba a contarles historias de las batallas cuando eran pequeñas, pero jamás llegó a pensar que eso fuera a influir tanto en su primogénita. Él esperaba ver a su hija convertida en una gran dama y agarrada del brazo del mejor de los hombres, no viéndose rechazada por la mejor profesora.

Aquella era la tercera vez en tres años. Y ya no podía continuar así.

Esa libertad que tanto les había ofrecido, debía terminarse cuanto antes.

-A partir de mañana, tienes prohibido salir a montar a caballo-

-¿¡Qué!-exclamó ella asombrada

-No jugarás con los demás niños del pueblo y permanecerás en casa aprendiendo de las lecciones de tu madre-

-P-papá no puedes…-

-También iras a pedirle disculpas a las Señora Po como es debido y le rogarás que vuelva a cogerte-

-Papá…-

-Señor- un sirviente abrió la puerta- hay un hombre de la guardia imperial que trae un mensaje para usted-

-¿La guardia imperial?-

-Así es mi señor- reclinó su cabeza el sirviente

-Enseguida salgo- el sirviente cerró de nuevo mientras Hiashi se alzaba, agarrando el bastón que le ayudaba a mantenerse en pie y se encaminó a la salida- se me olvidaba- se detuvo y volteó- Hinata, también asistirás a las citas previstas con los demás caballeros. Y no habrán excusas que valgan- tras eso, se dirigió a la salida.

Ella quedó boquiabierta, mirando a su padre con gran asombro.

¿Sin montar, aguantando esas clases, yendo a esas citas?

Miró a su madre, que sin hacer caso a su mirada suplicante, se levantó y acompañó a Hiashi.

-Lo tienes difícil, nee-chan- comentó sonriendo Hanabi mientras Hinata le fulminaba con la mirada. Pero ignorándola, la pequeña se alzó y asomó por la ventana. Un hombre montado en un caballo con una gran armadura entregaba a su padre un pergamino- nee-chan, mira-

Hinata se levantó y observó también a ese hombre. Parecía cansado y venía muy sucio. Posiblemente por haber cabalgado durante horas. Llevaba espadas y una armadura bien equipada.

Desvió la mirada a sus padres, que leían atentamente el mensaje. Pero, sin tener en cuenta eso, se fijó en la expresión de su padre y luego en su madre. Él con el ceño fruncido y ella muy preocupada.

¿Qué ocurría?

El hombre volvió a partir con un nuevo mensaje de su padre, luego ambos entraron en la casa, pero no se dirigieron a la sala a continuar con su reprimenda, sino que continuaron.

Curiosa, Hinata le dijo a su hermana que esperara ahí mientras iba a investigar.

En silencio los siguió y los encontró en aquella sala al cual su padre nunca le dejaba entrar. Era grande y oscura, con pilares de color rojo y únicamente aguardando un armario con los más precisos detalles de oro y madera. Vio a su padre acercarse a él y abriendo las dos puertas. Hinata se sorprendió al ver ahí una gran espada con el mango de oro que deslumbraba tras esa funda negra en el cual un dragón la cruazaba. Hiashi la agarró y Hinata abrió sus ojos asombrada mientras escuchaba las palabras de su padre.

Una invasión


La cena transcurrió en total silencio. Hana comía cabizbaja, Hanabi, después de enterarse, comía aun sin tener hambre y su Hiashi disfrutaba de la cena tan serio como siempre. Hinata se llevaba el arroz a la boca, sin ganas de comer, sin nada que pudiera entrar en su vientre. Después de tal noticia, el hambre y el enfado habían desaparecio por completo y ahora sólo tenía una preocupación en su mente.

Su padre.

Le miró de reojo, preocupada. Una invasión. Su padre debía partir a defender al rey del posible ataque de uno de los malvados que anteriormente quisieron matarle. ¿Por qué él? Sabía que su padre había sido uno de los mejores guerreros al mando del rey. Pero era eso, había sido, ahora ni siquiera, podía caminar sin su bastón en la mano.

Dejó la taza de té sobre la mesa.

-No es tu obligación- masculló mirando a un lado- no tienes por qué ir-

En la mesa, las miradas se posaron ella.

-Hinata- advirtió su madre

-¡Pero es cierto mamá!-la miró alarmada y preocupada- ¡papá no tiene por qué ir! Ahí fuera hay muchos jóvenes que podrían…-

-Hinata - Hiashi le interrumpió- siéntate-

-Pero papá…-

-Ese es un tema que a ti no te concierne-

Hinata frunció el ceño, molesta.

-Por supuesto que me concierne, eres mi padre. Pretendes que me quede callada sabiendo que podrías…-

-Es un honor para mí proteger a mi país y mi familia- interrumpió Hiashi con tono serio, tomando su taza de té.

-¡Esto no tiene nada que ver con el honor papá! Tu salud es lo primero y sabes que no puedes…-

-Hace mucho que dejé de luchar, lo sé. Pero eso no significa que haya dejado de ser un guerrero. Si el rey solicita mi ayuda es porque algo grave ocurre. Y mi deber es ir a ayudar a mi rey y proteger mi país-

Hinata le miraba incrédula

-¿Acaso es más importante el rey que tu familia?-

Hanabi tenía la mirada puesta en la mesa, preocupada, Hana miraba a un lado, mordiendo su labio y Hinata, empuñando sus manos, esperaba una respuesta de su padre. No, espera la respuesta.

Porque sabía que el rey era importante. Pero debería contar con más de un millón de guerreros. No podía exigir que un señor como su padre que ni siquiera podía pararse a correr con la pierna herida, fuera de nuevo a pelear.

¡Demonios! ¡¿Es que acaso el rey no sabía que su padre ya era un hombre retirado?

-No es algo en lo que debas inmiscuirte Hinata- dijo finalmente Hiashi- pero me presentaré ante el rey si eso es necesario-

Hinata se mantuvo segundos mirándole, antes de dar media vuelta y salir de la sala.

-¡Hinata!-se levantó Hana, pero Hiashi la detuvo- querido…-

-Déjala- dijo él, volviendo a agarrar su taza.

Hana volvió a sentarse, preocupada mientras que Hanabi miraba la puerta con una extraña sensación llenando el pecho.

Tenía la impresión de que algo no iba a salir bien.


Hinata cerró la puerta de su habitación y tumbó en la cama, boca abajo, apretando entre sus brazos el peluche de un conejo. Sentía ganas de llorar, de gritar, de ir corriendo al palacio aquel y cantarle las cuarenta al rey.

-¿Una invasión?-

-Así es. Los Akatsuki quieren el corazón del rey en sus manos-

-P-pero….¿no habían desaparecido?-preguntó Hana preocupada- ¿por qué…-

-Al parecer estaban escondidos- Hiashi desenfundó la espada y la elevó ante sus ojos- ahora buscan venganza-

Hana miró preocupada a su marido y esa gran espada. Una hoja plateada que brillaba a la luz de la tarde, tan poderosa como en los viejos tiempos.

-Debo proteger al rey-

Se escondió al ver a su madre abrazar a su padre, mientras él le rodeaba con el brazo sus hombros.

No. No podía permitirlo. Si su padre fallecía…enterró la cara en su peluche, cerrando sus ojos con fuerza para evitar ponerse a llorar.

De pronto abrió sus ojos, pero no fijó la mirada en nada.

-Ryu-

El pequeño dragón saltó a la cama, con cara apenada y se acercó a ella.

-Necesito que me ayudes-

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La noche había caído y el reloj marcaba las 12 de la noche. La aguja de los segundos era el único sonido en aquella sala, sala que cruzó una sombra negra para llegar hasta la otra y abrir la puerta con mucho cuidado. Se adentró y con la luz en su mano, se acercó a aquel mueble. Lo dejó sobre el suelo y abrió ambas puertas. La espada, tan imponente, relució ante la poca luz con elegancia. Hinata la agarró con mucha fuerza y la plantó ante sus ojos. Aquel dragón dorado en la funda, la empuñadura de oro…

Ryu apareció tras ella, mirando preocupado aquella gran arma.

-Lo siento, papá…- y con una sonrisa, desenfundó la espada

Ryu se obligó a apartar la mirada.

Aquello no podía traer nada bueno.


-¡Papá! ¡Mamá!-

Hanabi entró corriendo a la habitación de sus padres.

-¿Qué ocurre Hanabi?-preguntó asustada Hana al ver a su hija tan alarmada. Hiashi se sentó en la cama con cuidado.

La niña se acercó a la cama y le mostró en su mano una mata de cabello azulada. Hana se asombró y miró a Hiashi, que miraba incrédulo a su hija

-Papá, mamá…creo que Hinata-chan ha huido de casa…-pegó la mata de cabello contra su pecho, bajando su rostro- y se ha llevado…tu espada-

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Continuará


¿Y bien? ¿Qué opinais? Son pocos los cambios realizados nee? :) Realmente pienso que este fic necesita un vistazo. Pues hay cosas que ocurren muy rápido y no me gustan.

Espero que de esta forma os siga gustando también

¡Nos vemos en el proximo!

pd: menudo error el mío. Por cierto, para aquellos que lo lean de nuevo, se agradecera un RR! y para los que lo leen reciente...Comentad! ^^