al fin otro capitulo, perdóneme la tardanza, he estado muy ocupado, me han dado exámens tareas informes y no pude dar la entrega de éste capítulo antes porque estaba escribiendo una tesisi para castellano n bueh perdónenme denuevo onegai, les dejo este chapter que me salió medio enredado espero les guste n


Entre la oscuridad y la nieve Mio corría sin parar, a todo lo que daban sus a fatigadas piernas, sentía una molestia en la pierna izquierda, un golpe suave con cada paso que daba, no le hizo caso y continuó corriendo por otros 10 minutos hasta que encontró un pino grande y frondoso cubierto de nieve, excepto sus raíces, se acercó hasta él y se sentó en la base del árbol (que por su altura y por el tamaño del tronco debía de tener como mínimo 100 años, enterró sus sable en l tierra y destapó el frasco que Ritsu le había dado.

Un intenso olor a duraznos y naranjas le inundó la nariz –estúpida Ritsu, apúrate en regresar- maldecía para sus adentros a los Natsuyama, cada vez los odiaba más y más, el olor a naranjas y duraznos le había recordado los divertidos momentos en el palacio con Ritsu sintiendo una gran nostalgia y pena, la que a su vez alimentaba el odio por los Natsuyama. Tapó el frasco y lo guardó en el dobladillo de la manga de su kimono, desenterró el sable y lo envainó.

La horas pasaban y Ritsu seguía sin regresar, Mio se fue quedando lentamente dormida a causa del frío de la noche y la gran cantidad de lágrimas que derramaba por causa de la tardanza de Ritsu, aunque cuando cerró los ojos sintió un calor agradable en todo el cuerpo.

-Mio, oye Mio, despierta, no seas dormilona—Mio sintió la voz de Ritsu, y por un momento pensó que estaba de vuelta en el palacio, acostada abrazando un almohadón y que era despertada por Ritsu, su adorada chica de ojos ambarinos, pero luego sintió frío en los muslos y en su trasero, ¿nieve quizás?, si eso, pero ¿de dónde?, oh cierto cierto, debajo del pino en la montaña, y en ese mismo momento cayó como un balde de agua fría todo lo que había sucedido hasta hace apenas un día, la traición de Arai, la caída del palacio, su huida con Ritsu a la montaña y la pelea con los soldados a la salida del refugio que Ritsu había hecho y como ésta le había hecho huir mientras ella peleaba sola contra esa veintena de perros sarnosos.

Se incorporó de golpe –Ritsu- sintió como alguien le lamía la mejilla, se dio vuelta y vio a un hermoso zorro color ámbar dorado, con una gran cola felpuda, hermosa y brillante, le recordaba a Ritsu, sobre todo el color de los penetrantes ojos del animal, se quedó sorprendida, pero recordó que había escuchado la voz de Ritsu, se puso de pie en un saltó –Ritsu, ¿dónde estas?- no respondió nadie, ni se asomó nadie, solo estaban ella, el zorro y los árboles.

-Mio- otra vez sonó la voz de Ritsu, Mio se daba vueltas y corría como loca alrededor del árbol buscando a su chica –Cielos Mio aquí-sintió nuevamente, y el zorro dio una patada en el suelo, Mio se quedó perpleja -¿cómo es que puedo entenderte?- el zorro arqueó la cabeza y después salió corriendo, Mio lo perseguía desesperada, tomó su sable y se encaminó en la persecución del hermoso mamífero, quien cada cierto tiempo se quedaba quiero para esperarla, hasta que se metió en una gran cueva detrás de una cascada.


Mugi estaba caminando por la montaña en el atardecer, desde que Ritsu se había quedado con la señora Akiyama Mugi se fue junto con Azuza y Yui al palacio de los Fuyuyama, ahora estaba ella allí dando un paseo un tanto extenso puesto que estaba comenzando a oscurecer –no te preocupes, tu puedes ir más allá- se dio ánimos así misma.

Caminó hasta que sintió un extraño olor a humo y el lejano ruido de un sable al cantar su canción del juicio final antes de caer sobre el cuello de un guerrero, aceleró el paso y lo único que encontró fue a una veintena de hombre muertos, vestidos con ropas militares pero sin abrigos y unos restos de refugio quemándose entre unas llamas crepitantes y fuertes, Mugi tomó una de las ramas que se quemaba para usarla de antorcha, se acercó a uno de los soldados caídos y acercó la llama a su espalda, en la coraza estaba labrado el blasón Natsuyama –Maldición- se le escapó, en ese momento la alertó un movimiento de uno de los soldados que cargaba unos abrigos en la espada y arrastraba un sable recién usado, el soldado se dio vuelta y quedó tirado, Mugi se le acercó y descubrió que era una chica, le acercó la llama a la cara y vio el rostro manchado de sangre de Ritsu y lo que la heló de terror, su costado sangrante.

Tomó la espada que llevaba la chica y cortó uno de los abrigos en varias tiras y se las amarró como vendas para tratar de detener la hemorragia, se cargó como pudo a la chica en la espalda que balbuceaba sin parar –Mio, perdóname, Mio perdóname, Mio perdóname…-


-Mio, perdóname por favor, yo te fallé- Ritsu estaba en un estado como de trance, no estaba segura si estaba muerta, o si estaba viva, podía verse a si misma suspendida, en un estado como catatónico, era un estado curioso, sentía todo y a la vez nada, no estaba segura si lo que veía era todo oscuro, si tenía los ojos cerrados o acaso estaba ciega. A su alrededor todo se sentía espeso y viscoso, pero a la vez como agua pura y cristalina -¿pero qué es esto? Yo estaba en la montaña- apenas terminó de decir la palabra montaña todo a su alrededor giró una y otra vez, una masa de colores y de repente todo se quedó quieto y la montaña se formó ante ella, pero ya de día, estaba donde mismo había caído, los soldados a su alrededor estaban cubiertos por una capa de nieve pero ella también, se podía ver a si misma en la nieve, Ritsu trató de moverse y se movió ligeramente, como un fantasma, se movió hasta el árbol dónde se había despedido y donde la había besado, pero ella no estaba allí, en su lugar había un mapache curioso de penetrantes ojos grises perlas con un penetrante aroma a jazmín.

Era raro, ese pequeño mapache le recordaba mucho a Mio -¿y por qué crees que será?- la voz de Mio surgía de todos lados y de ninguno al mismo tiempo, Ritsu hubiera caído si su cuerpo hubiera estado con ella, buscó por todos lados y solo estaba el pequeño mapache –aquí aquí, el mapache, ¿a quién buscas?- Ritsu lo miró curiosa pero solo habló –a Mio, Akiyama Mio- el mapache subió hasta una rama para quedar a la altura del rostro de Ritsu –Akiyama ¿eh?, bueno, ella es muy importante en estas tierras, ¿pero tu qué eres?- Ritsu no sabía que responder –yo, soy Tainaka Ritsu, de la familia Tainaka, de la tribu- el mapache se rascó la oreja –la tribu, ¿y qué eres tu para Mio como para que la estés buscando así?- Ritsu sintió como su cuerpo se solidificaba –yo, bueno, este…- no sabía qué responder, ella solo era un capricho de Mio, una chica que se mudó de una licorería a un palacio por el capricho de una señora de la guerra.

Mientras pensaba la montaña comenzó a caer en el vacío, excepto el árbol en el que estaba el mapache, parecía que estuviera en el aire, su cuerpo caía lentamente al vacío –no soy nada, soy un capricho, solo un capricho de una señora de la guerra- su caída aceleraba de a poco, cuando estaba a punto de seguir a la montaña al vacío se aferró a las raíces del árbol –no me importa si soy un capricho, ella me dijo que soy su amiga, acepto un beso mío- se aferraba con fuerza a la rama, de pronto pudo ver como todo otra vez giraba excepto el árbol, y el mapache seguía inmóvil en la rama, Ritsu se mareaba cada vez más -¡BASTA!- gritó a pleno pulmón y la montaña entera se volvió a armar, Ritsu quedó de pie otra vez frente al mapache -¿y cuál es tu respuesta?- Ritsu tomó aire y apretó las manos –yo soy la amiga de Mio, y no me importa perder la vida por ella si es necesario mientras la busco- el mapache sonrió y sus ojos plateados brillaron –excelente respuesta, Mio esta en la cueva detrás de una cascada congelada, sigue la nube azul-.

Ritsu despertó exaltada y se sentó de golpe, pero sintió una punzada en el costado y se vio obligada a tumbarse de nuevo –vaya, al fin despiertas Ritsu, ya me preocupaba porque te quejabas mucho mientras dormías- Ritsu reconoció la voz en se guida –Mugi, ¿cómo….dónde estoy? – Mui se arrodilló al lado de Ritsu para cambiarles las vendas y colocarles nuevas cataplasmas para apresurar la curación de la herida –estas en mi casa, casa de los Kotobuki, te encontré en la nieve, malherida y rodeada de soldados Natsuyama muertos -¿qué hacías allí?- Ritsu apretó las manos –Arai traicionó a Mio, ayudó a Natsuyama para que invadieran el palacio, cien mil soldados, tomaron el castillo, el resto de nuestras fuerzas están dispersas, solo contábamos con 50.000 en el palacio, hui con Mio, armé el refugio para que Mio descansara y salí a colocar trampas para conseguir comida y cuando volví Mio estaba luchando con una veintena de soldados que la emboscaron, me la llevé de allí para que huyera mientras me encargaba de ellos, pero me hirieron- Mugi no tenía palabras,, estaba simplemente sorprendida, y sin querer apretó la herida de Ritsu quién se retorció –perdón perdón, es demasiada información, pero ¿dónde esta Mio, qué pasó con ella?- Ritsu recordó el mapache –necesito salir ahora- se puso de pie, y apenas dio un paso su herida comenzó a sangrar –No puedes Ritsu, estásela herida, debes descansar- Ritsu cerró los ojos y ralentizó su respiración, al segundo su herida estaba cerrada, Ritsu se quitó las vendas y en lugar de una herida solo había una cicatriz plateada que le atravesaba el costado del cuerpo.

-Increíble- fue lo único que pudo decir Mugi al ver desde tan cerca como una herida para muchas personas mortales se cerraba en un abrir y cerrar de ojos, se acercó a Ritsu y punzó con el dedo la cicatriz, Ritsu no hizo ningún movimiento –esto es sencillamente increíble, ¿es acaso alguna otra de las habilidades de la tribu?- Ritsu se encogió de hombros, se quitó las vendas ensangrentadas –ni yo sabía que podía hacer eso, para mí también es nuevo, pero qué importa mientas me sea útil?- .

Se dirigió a la puerta corredera y una brisa helada le estremeció la piel y estornudó, cerró la puerta y se dio la vuelta – ¿me podrías dar mis ropas por favor?- Mugi le señaló un bulto que estaba al lado de donde Ritsu estaba durmiendo hasta hacía unos minutos, mientras la chica se vestía Mugi le hizo una pregunta -¿qué se supone que esta haciendo la tribu en estos momentos?- Ritsu recordó a su moribunda amiga, la cual estaría muerta para ese entonces –de seguro esta escondida, Arai los pudo cazar porque fue de improvisto, nadie sospechaba, pero lo más seguro es que estén escondidos, al menos las familias leales a Mio- Mugi asintió.

Cuando Ritsu ya se hubo puesto todas sus ropas y se preparó para partir se percató que Mugi la estaba siguiendo, se dio la vuelta antes de abrir la puerta –oh no no no no, tú te quedarás aquí, necesito que alguien de aviso a todos los demás sobre la traición de Arai y su aleación con los Natsuyama, reúne a los ejército de todos los territorios, tantos como puedas, pero hazlo, es preciso que superemos en número a 60 mil, puede que ese perro bastardo tenga muchos más, pero por la batalla y la caminata a través de la nieve debe de tenerlos con la moral baja y fuerza mermadas, consigue tantos arqueros como puedas y déjalos en lugares estratégicos, ahora en voy a buscar a Mio, gracias por todo- y dicho esto partió de un salto a la montaña en busca de Mio, debía de buscar esa condenada cueva.


Mio persiguió al zorro hasta que este se detuvo en una cascada congelada -¿para llevarme hasta aquí corrí toda esa distancia? Cielos, me recuerdas a la tonta de Ritsu- dijo en un tono de enfado, que a pesar de la gravedad de la situación en la que se encontraba, sonó entre risas melancólica –no juzgues todo por su portada, a veces puedes estar en lo correcto, como lo hiciste con Ritsu, pero otras veces puedes equivocarte- dijo la voz de Ritsu saliendo desde ningún lado y todos l a vez, como lo hacía cada vez que el zorro hablaba, se puso de pie y caminó por detrás de la cascada, Mio lo siguió y se sorprendió al encontrar una gran entrada a una cueva, caminó por ella siguiendo la silueta cada vez más oscura del zorro, la oscuridad era tal que ya no podía verse la mano aunque se la pusiera a un centímetro de la cara, pero sentía el olor y el calor del zorro y se guio por él.

Caminó lo que para ella parecían minutos interminables, si es que no una hora, hasta llegar a una parte más amplia e iluminada por cristales azules que resplandecían de una forma antinatural, el zorro se sentó al fondo de la cueva y en seguida se transformó en una anciana, que pudo haber tenido unos 100 años o más, por su aspecto, pero su postura era firme y rígida.

Habló con voz profunda y armoniosa –bienvenida Mio Akiyama, señora de los terrenos Akiyama directamente, e indirectamente de las tierras de todos sus ancestros- Mio se sintió impactada, pero se permitió hacer una corrección –perdone pero solo se las señoras Fuyuyama y Haruyama, se podría decir que soy señora indirecta, lo otro pertenece a los Natsuyama- La anciana negó con la cabeza –en eso estas errada tú, señora de la montaña mágica de las cuatro estaciones, en la cual los dioses de las estaciones se manifiestan con más fuerza y en cada lado abundan las esperanzas y las bondades de la tierra siguiendo su respectiva estación, tú Mio Akiyama, eres mucho más de lo que aparentas hasta para ti misma- Mio estaba sin habla y no se movía, lo único que atinó a hacer fue arrodillarse ante esa anciana –la anciana se movió hasta quedar cerca de Mio y tocó su frente con su dedo corazón –dime Mio Akiyama ¿quién eres?-

Mio estaba impactada por la pregunta, si al anciana lo sabía todos ¿por qué la pregunta? –Soy Mio Akiyama, señora de las tierras Akiyama y heredera legítima del regio señor Akio, quién fundara mis tierras y mandara a forjar el glorioso sable cantor de nuestro clan- la anciana colocó otro dedo en la frente de Mio –no pregunté qué eres, si no quién-

Mio tragó saliva –soy Mio Akiyama, una joven de apenas 18 otoños, mi cabello es negro, mis manos grandes, mis ojos grises como la luna, mi personalidad fría como el hielo o cálida como la brisa veraniega de la costa, heredera de los señores Akiyama, prima de los señores Fuyuyama, Haruyama y desgraciadamente Natsuyama, amiga de la familia Kotobuki y Hirasawa, principalmente de sus hijas mayores, Mugi y Yui, prima y amiga de Azuza Nakano, y amiga de Ritsu-

La anciana colocó otro dedo en la frente de Mio -¿quién es Ritsu?-

Mio trató de recordar todo lo referente a Ritsu –Tainaka Ritsu, miembro de la tribu, una de las mejores ninjas que he conocido, cabello castaño claro, ojos de color ámbar dorado, piel blanca, personalidad dulce y juguetona como los duraznos y la miel, suave y cálida pero fiera como un zorro en peligro, y como ya he dicho, es amiga mía-

La anciana colocó otro dedo en la frente de Mio -¿solo es una amiga?-

Mio comenzó a sentir calor en sus labios, los labios que Ritsu había tocado con los suyos, eso no lo hacía una amiga, ella era algo más -¿qué sientes por ella?- preguntó la anciana colocando sus cinco dedos en la frente de Mio –yo….yo la amo- la anciana meditó -¿y qué serías capar de hacer por ella si estuviera en peligro?- Mio respiró hondo- daría mi vida con tal de protegerla, pero ella sabe defender se sola, con todas sus dotes extraordinarias de la tribu, a veces me siento una carga para ella porque tiene que compartir algunas conmigo- la anciana puso la palma entera en la frente de Mi ¿y porqué no usas las tuyas propias? Entres todos tenían la habilidades extraordinarias de la tribu, pero las fueron olvidando, es hora que lo recuerdes Mio Akiyama-sentenció la anciana empujando suavemente la palma

En ese mismo momento Mio sintió cómo algo n su interior se comenzaba a mover lentamente y cada vez aumentaba su velocidad y le recorría todo el cuerpo, de pies a cabeza, era un flujo muy potente, sus ojos se iluminaron se elevó unos centímetros en el aire y cayó exhausta, cuando avió los ojos habían cerca de 15 copias de ella, todas confundidas al igual que la Mio original –es un escape de poder acumulado- dijo al anciana –solo debes pensar en desaparecerlas y desparecerán- Mio hizo lo que la anciana le decía y todas sus copias desaparecieron, de repente un olor a pinos y moho le llegó a la nariz y en ese mismo momento se dio cuenta que todos sus sentidos se habían agudizado, podía sentir la respiración de los pequeños pájaros escondidos en los árboles fuera de la cueva, podía sentir el olor de todo y lo que la impactó, podía ver todo claramente, el interior de la cueva los rasgo de la anciana, todo se formó frente a ella –te tomará un par de días acostumbrarte a esos sentidos, pero no serán un gran problema, ahora- dio unas palmadas al aire y todas las rocas azules que iluminaba la cueva tomaron forma aves y salieron en bandada de la cueva –serán la guía de una invitada, ahora, mejor siéntate y come algo- Mio se sentó pero no comió porque no llevaba nada para comer -¿estas segura de ello?- preguntó a la anciana como leyendo los pensamientos de Mio –mira tu pierna- Mio hizo caso a la anciana y pudo ver la bolsa de cuero en la que Ritsu llevaba las barras de caramelos, Mio sonrió y se llevó2 a la boca, le ofreció al a anciana pero esa se negó.


Ritsu saltaba entre las copas de los árboles a todo velocidad, saltó hasta encontrar las cenizas del campamento que había armado la noche anterior para que Mio durmiera tranquila, los cuerpos habían sido enterrados por la nieve, ahora solo la primavera los desvelaría o los animales, recorrió el campo de batalla, haciendo memoria de sus movimientos hasta que llegó al pino en el que había dejado mio, caminó tratando de seguir alguna pista. Rodeó el pino hasta cansarse y se sentó, en eso él llegó a la memoria las palabras del mapache –esta en una cueva detrás de una cascada congelada, sigue la nube azul- suspiró -¿Dónde puede haber una nube azul?- apenas terminó de decir la frase una bandada de pájaros azules apareció, y se quedó fija sobre ella –oh bueno, esto no es lo que esperaba pero parece es una nube azul, más les vale guiarme con Mio o los haré a todos un pastel de pájaros azules- las aves volaron rápidamente y Ritsu las seguía desde tierra lo más rápido que daban sus piernas.

La nube la guio hasta el pino dónde Mio había descansado y pasado la noche, pero después continuó su vuelo apresurado, durante unos minutos Ritsu corrió detrás de las aves hasta que pudo divisar la cascada congelada, en eso pudo ver como una figura aparecía detrás de la cascada y corría hacia Ritsu -¡RITSUUUUU!- al instante reconoció la voz de Mio y después pudo ver cómo su melena negra azabache revoloteaba detrás de ella, se abrasaron con fuerza y se besaron con pasión y alegría –bienvenida- dijo Mio –he regresado- contestó Ritsu.

Caminaron hasta la cueva, dónde estaba la vieja, ahora la entrada no le parecía tan larga a Mio, de hecho era apenas de 5 metros, Ritsu pudo ver a la anciana y algo en los ojos de la veterana le prendió algo en el interior que hizo que su cuerpo ardiera con renovado vigor y entusiasmo –bienvenida seas Ritsu Tainaka, el mapache hizo su trabajo al igual que el zorro, bueno era yo, pero lo importante que os juntasteis, ahora, debemos hablar sobre la guerra- Mio y Ritsu recordaron de golpe en qué momento estaban –solo recordad que no debéis separaros en ningún momento, desde ahora vuestro destino esta unido y no se podrá romper, solo actúen bien y la paz volverá a la montaña de las 4 estaciones-


perodnenme si es que este capitulo esta algo raro, pero es que simplemente me salió así, les prometo que el próximo tendrá mas guerra y sangre n nos leeemos luego matta ne~~