Pelea

Yuuki sabia que cuando su hermano mayor se enojaba sin importar nada no le perdonaría sencillamente. En momentos como estos cuando no tenia en quien confiar ni quien lo protegiera se sentía perdido y solo. Continuo vagando por la ciudad no mantenía relación con nadie por lo que no podía ir a la casa de cualquiera a pasar el tiempo. Estaban Chizuru y Shun pero era seguro que el primero con todo el ruido que hacia no lo dejaría de molestar con sus tonterías y de seguro si iba con Shun una de dos o se ponía del lado del mayor (después de todo el pelirosa gustaba del mayor de los gemelos) o comenzaría a insistir que como hermanos debían llevarse bien etc. etc.

Sin saber bien a donde dirigirse dejo que sus pies lo llevaran a algún lugar seguro y cálido. Camino hasta encontrarse frente a la casa del tsundere de Kaname, dudo entre tocar o no después de todo lo podía correr. Tocó, nada perdía, escucho tras de la puerta un voy y en unos cuantos segundos ya estaba dentro de la casa.

Kaname lo miró molesto le estaba estorbando para la limpieza por lo que Yuuki se sentó en el sillón con el fin de dejar de molestar a Kaname y este quisiera correrlo de todas formas no sirvió, el chico de lentes llamó a su hermano para que se lo llevara. El saber que Yuuta ya no le quería en casa lo destrozo aun más.

De forma extraña el que Kaname lo reconfortara un poco le obligaba a pensar que quizá, solo quizá no estaba tan solo como creía después de todo el megane también se preocupaba por él.

En cuanto escucho el timbre supo de inmediato quien era. Abrió la puerta ansioso encontrándose a si mismo parado del otro lado. Yuuta no dijo dos veces nos vamos cuando Yuuki ya estaba recogiendo su abrigo y despidiéndose de la madre de Kaname.

_Gracias por cuidar de mi hermano - realizo una leve reverencia.

Kaname no contesto puesto que Asaba ya le daba la espalda. Justo como un remolino llegó el menor ya con el abrigo puesto y dispuesto a alcanzar a su hermano quien ya estaba afuera, Yuuki observo a Kaname unos momentos más antes de besar la mejilla del delegado de clases y echarse a correr impidiendo que el otro lo regañara. Al final él sabía que aunque su hermano se alejara siempre contaría con la hospitalidad (obligada) del pelinegro quien a regañadientes estaría para él.