6.- Confesiones

La visión de Michiru tocando el violín a la luz de la luna la dejo sin habla. Sus hermosos ojos azules la miraron con fijeza y volvió en si.

Las notas de la melodía estaban tan llenas de poder que le agitaron la respiración, mientras la escuchaba atentamente como grabándola en su memoria hasta que bajo el arco del instrumento.

—Wow, eso fue increíble ¿una composición tuya? —preguntó Haruka, mirando hacia abajo a la violinista.

—Así es ¿te gustó?

—Muy hermosa, un poco apasionada para una chica tan sosegada.

—Algunas personas despiertan la pasión del amor hasta en las almas más tímidas.

—Oh ¿Así que te has enamorado apasionadamente de alguien? Que envidia...

—La envidia la tengo yo.

— ¿De quien? Si se puede saber.

—De una mujer que puede estar al lado de la persona que ama.

—Si es amada también sin duda es digna de envidia ¿no crees? Algunos tenemos la desdicha de naufragar en el mar de los amores no correspondidos —dio un fingido suspiro.

—Desconozco si es amada, pero es cercana al corazón de una persona especial para mí

—Es una chica llena de virtudes y belleza igual que tú ¿le envidias su condición de soltera?

— ¿Es que sabes de quien hablo?

Haruka sonrió ligeramente.

—Mmm todas la mujeres están llenas de belleza y virtudes, incluyéndote.

—También estas incluida.

—Ah cierto... Gracias —le sonrió de nuevo—. Pero no todas tenemos el mismo estado civil... ¿Envidias a tu rival de amores por eso?

Michiru ladeó la cabeza.

—Puede ser.

—Entonces gracias por la melodía, fue hermosa... —le sonrió—. Pero estas acciones son de enamorados, tu novio se enojará...

La joven cabello color mar vio la luna y después a Haruka.

—Ya que en unas horas amanecerá ¿Crees que podamos pasar el día tú y yo a solas?

—Tengo planes con alguien.

—Entiendo, podemos salir en otra ocasión supongo, si me haces un espacio.

—Puede ser...

—Dijiste que siguiéramos como hasta ahora... ¿Vas a empezar a evitarme?

—Jamás, es solo que ya tenía planes, pero si no quieres que te evite puedes venir si gustas.

—A la Sta. Oka no le agradaría.

—Obviamente —sonrió ante la perspicacia de la ojiazul.

—Sobretodo si me vez así todo el tiempo, se pondría celosa —le dijo Michiru con una sonrisa.

Haruka se quedo sin habla, le había pasado de nuevo...

—Eres demasiado encantadora Michiru.

— ¿Mas que ella?

—No sabía que eras tan competitiva.

—A la gente le gusta ganar.

—La derrota te hace aprender de los errores

— ¿Me estas diciendo que no tengo oportunidad?

—Michiru... Tienes la misma oportunidad que cualquier chica.

—No me siento nada favorecida con eso, tal vez también deba rendirme —guardo el violín en el estuche y después le sonrió a la rubia en la distancia—. Solo bromeo, a diferencia de cierta persona he decidido seguir adelante y alcanzar el corazón de un príncipe que conocí en mi infancia. No se como resultara todo, ya que soy inexperta en cuestión de amores...

— ¿Inexperta señorita? Con un compromiso en puerta nadie se lo creería.

—Como dije, espero que me tomes en serio en el futuro, mientras sabré navegar en ese mar de amores no correspondidos y esquivar icebergs de desprecios.

Haruka volvió a reír.

—Disculpa, he sido descortés, pero supongo que me comprenderás un poco.

—Lo hago, desconfías de mí por mis acciones que no tuvieron nada que ver con mis palabras.

—Pero dejemos de hablar así o seremos el tema de conversación. Entenderás que no quiero causarte problemas.

—Cierto, tus admiradoras podrían accidentalmente lastimarme.

Haruka le sonrió.

—Si, tendrás que tener cuidado ¿Quieres que te escolte hasta tu habitación?

— ¿Y ser el tema de conversación? Subiré sola y te desearé buenas noches.

La pelimar desapareció de su vista. Haruka salió al pasillo y esperó.

Michiru apareció tras la puerta del elevador minutos después y le sonrió. El sonido de sus tacones lleno el entorno al acercarse a la ojiverde.

—Fue un honor escuchar la melodía que toco para mí. Gracias.

—Un placer que me escucharas ¿de verdad fue apasionada?

—Mucho, al menos para mi... ¿No era esa la intención?

—La intención era que llegara a ti y se quedara en tu memoria. Algún día, la tocare en un recital y espero te vuelva alcanzar, por que la escribí pensando en ti.

—Me vas a sonrojar —se acercó a la pelimar para tomar su barbilla—. ¿Quiere decir que yo fui quien despertó la pasión del amor en ti? —Michiru rio—. ¿Me equivoco?

—Puedes despertarla en cualquier persona, aunque quizá no sea muy conveniente para mí que tengas tal don... Tal vez nunca pueda salir del mar —suspiró con fingida melancolía.

—Déjame preguntarte de otra forma ¿estas enamorada de mí?

—Creo que la respuesta es obvia —Michiru tomó la mano de la rubia que estaba tocando su barbilla y la bajo lentamente—. Aun cuando no me vayas a dar preferencia ante cualquier mujer, me gustaría que pensaras de vez en cuando en mí.

—Lo haré —la ojiverde la acompañó a la puerta de su departamento. Michiru le dio en la mejilla un beso de buenas noches.

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Michiru despertó mas temprano de lo que hubiese querido en la mañana, había tenido un lindo sueño y quería disfrutarlo un poco más.

Se volvió a acomodar en la cama.

Hacia días que no se encontraba sola y disfrutando de lo delicioso que era quedarse recostada en las mañanas. Siempre tenía algo que hacer, algún lugar al que llegar temprano y presentable. Se cubrió con la sábana y respiro profundamente el cálido aroma de su propio cuerpo. Minutos después, se levantó.

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La cafetería ya estaba en funciones. Haruka se encontraba en una mesa del fondo que le pareció seria su favorita mientras estuviera en la Universidad Mugen.

Comió su desayuno en silencio y lentamente. Las chicas que estaban frente a ella comían a su ritmo y le daban rápidas miradas. Sonrió internamente, sabia que querían que hiciera, pero no tenia ganas de conversar con desconocidas, dejaría los galanteos para después. En esos momentos, pensaba en una joven que le había quitado el sueño en la madrugada.

Sonó su teléfono

"My sweet Aya".

—Hola preciosa, justo pensaba en ti...

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Un vestido negro con lunares blancos sin mangas, cubría el cuerpo de Michiru. Su cabello estaba recogido en un peinado nada sofisticado que en ella lucía elegante, que solo dejaba libre el fleco en su frente. Los labios en rojo carmín, combinaban a la perfección con sus zapatillas.

Sonrió frente al espejo, la verdad esperaba encontrarse a Haruka y que la encontrara bella, como seguramente Michiru la encontraría a ella.

Tomó su bolso y salió de su departamento. Iría a la cafetería del campus a desayunar, sola pues su príncipe había dicho tener planes.

«No pierdo nada con invitarla, me dijo que no podía pero...» Se debatía la pelimar bajo los rayos del sol de la mañana y con el celular en la mano «no debo ser tan impaciente» guardo su teléfono, pero lo sacó nuevamente «solo un detalle para que piense en mi» sonrió y escribió un mensaje de texto.

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"Que tengas un hermoso día Haruka, estaré esperando mi turno"

La rubia no puedo evitar sonreír.

— ¿Una buena noticia? —preguntó Aya, los ojos verdes de Haruka se posaron en los suyos.

—Algo así, solo una chica deseándome un buen día —tocó ligeramente los dedos de la pelicastaña sobre la mesa.

—Oh que pronto ¿a cuantas chicas ya les diste tu número?

—A las de mi piso, ya sabes, por si necesitan algo...

—Ah que gentil

— ¿Verdad? Eso mismo pensaron ellas.

—A propósito, cuando caminé hasta aquí me enteré que alguien tocó el violín para ti anoche, que fue muy romántico y no se que tantas cosas mas...

— ¿Una escena de celos tan temprano?

—Lo es —quitó la mano de la mesa para tomar su taza de té—. Nunca piensas lo que haces y dices.

—Bueno, no hice nada, no tienes por que estar molesta... Seguramente escuchaste rumores exagerados... —la risa de Aya la hizo callar.

—Olvídalo Haru, que te excuses así me hace pensar que piensas un poco en mi al menos.

—Pensé en ti anoche, antes de dormir... Mi cama huele a ti —el ligero rubor que se hizo presente en la blanca piel de su acompañante la hizo sonreír.

—No digas eso en público.

— ¿Te dije que te vez preciosa hoy?

—Ya basta —dijo la pelicastaña con una sonrisa que no fue devuelta, pues algo había llamado la atención de Haruka que miraba hacia el exterior. Siguió su mirada y se encontró con Michiru se había sentado en una de las mesas de afuera.

El sonido de la taza que había sido dejada pesadamente sobre la mesa hizo que Haruka volviera su atención a la blanca castaña.

—Parece que haga lo que haga no voy a desplazar a la "princesa" de tu mente —dijo Ayame con una amplia sonrisa que no reflejaba la rabia que sentía—. Creo que debo irme, mañana entro también a clases así que... —se levantó.

—Siéntate —dijo la rubia—. Por favor —agregó—. Solo fue una mirada, se ve preciosa como tú ¿Es que no puedo voltear a ver a una chica linda?

Ayame guardó silencio, el sentimiento en el estómago la hacia querer llorar.

—No te enojes conmigo —dijo la ojiverde.

—A ella no, no quiero que la veas —dijo con voz apenas audible.

—Preciosa, no digas eso...

—Mejor me voy...

—Dijiste que querías estar conmigo hoy... No mentí cuando dije que pensé en ti.

— ¿Por que tienes que decirme esas cosas? Al final me dejaras sola para estar con ella... Y yo no tengo ningún príncipe que me rescate ¿No te has puesto a pensar en eso?—lo había dicho, eso que había estado pensando durante tantos días, lo había dicho claramente.

Haruka separó los labios como si estuviera a punto de hablar, pero no dijo nada, todo se había atorado en su garganta.

La pelicastaña tomó su bolso y salió lo más rápido que pudo del lugar, incrédula de lo que acababa de decir.

Michiru vio salir una cara familiar de la cafetería, algo alterada ¿furiosa o a punto del llanto? ¿Avergonzada quizá? No sabia, no tenía amistades para descifrar las emociones de los demás, ella misma desconocía como lucirían en su propio rostro.

Se quedó sentada, de pronto todo tuvo sentido. Haruka salió del establecimiento y detuvo a la pelicastaña, que forcejeó en vano para soltarse.

« ¿Una discusión?» Se preguntó Michiru, dando un sorbo de su té para calmar su estómago.

A metros de la pelimar, Haruka abrazaba a Ayame por la cintura con la espalda de la joven en su pecho y susurrando palabras a su oído, que poco a poco la fueron tranquilizando. Se veían bien juntas, la joven pelicastaña tenía una imagen fresca, su cara lucía bella incluso con esa expresión de tristeza. Su cabello trenzado a un lado, le llegaba hasta el ombligo que estaba descubierto por ese flojo sweater de lana... Descubierto igual que sus hombros.

De verdad lucían bien juntas, fundidas en ese abrazo que fue perdiendo fuerza, Haruka puso sus manos en la desnuda cintura de la joven.

A Michiru se le erizó la piel al ver la delicadeza de ese contacto, tan intimo ¿Dormían juntas? Se preguntaba la ojiazul

«Me voy a ahogar en el mar» dejó la taza en la mesa y se levantó lentamente. Se le había ido el apetito.

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Horas después la joven de cabellos castaños se asomo por el balcón del departamento del "príncipe". Su peinado estaba desarreglado y vestía una camisa blanca que le llegaba a los muslos.

Desvió la mirada y vio la ventana abierta del balcón de al lado, donde vivía la joven violinista.

— ¿Espiando a los vecinos? —la pregunta de la rubia la hizo dar un respingo.

—Amor... Por supuesto que no —dijo acercándose a Haruka. La abrazó por el cuello y le dio un suave beso en los labios, después se alejo para sentarse en el barandal—. Me gustaría poder vivir contigo algún día, en un lugar donde solo estemos nosotras, una isla desierta tal vez...

Haruka sonrió y vio el mar a lo lejos.

— ¿A las chicas lindas les gusta estar solas? No entiendo la fijacion por las islas.

— ¿Por que lo dices?

—Por nada, hablaba conmigo —dijo sonriéndole.

— ¿Te gustaría vivir en una isla desierta conmigo?

—Sería un poco aburrido... Podría ir a visitarte... —Ayame rió.

—Es más que suficiente, con un poco de ti yo soy feliz.

—Vas a matarme Aya —se acercó a abrazarla. La pelicastaña la rodeó con las piernas y acarició su cabello.

—Quiero hacerlo...

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El corazón de Michiru latía apresuradamente, le dolía el pecho y respiraba con dificultad. Estaba triste, pero más que eso, estaba asustada, realmente temerosa de lo que veían sus ojos.

La imagen de Ayame y Haruka besándose en el balcón no podía quitársela de la mente, se le había grabado en la retina. ¿Es que iba a perder la lucha?

Respiró profundo y cerró las cortinas de su departamento. Poco a poco fue tranquilizándose.

No le asustaba el hecho que su príncipe besara otros labios, la idea que alguien entrara en su corazón si la aterraba... Ese corazón que había tenido en sus manos días antes, esas palabras que había escuchado días antes... "vas a matarme"

—Voy a morir...

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Haruka se recostó en su habitación. Tenía una extraña mezcla de sentimientos en su interior.

"No me abandones...

Por favor, perdóname por ser tan egoísta...

Esta bien si me odias... No merezco que me ame una mujer como tú... Sin embargo es algo que agradezco...

Así que... No pongas esa cara por mi"

Fueron sus exactas palabras en las afueras de la cafetería. No las había pensado, habían salido por si solas... De verdad el hecho que Ayame no estuviera a su lado le inquietaba, no quería perderla.

«Tal vez Michiru si es una ilusión»

«Michiru es una ilusión»

«Michiru»

—Michiru... —dijo en voz baja.

—Haruka... —la voz de la pelimar hizo que se sentara de pronto y dejara de respirar para escuchar cualquier sonido ¿había escuchado mal?—. Haruka... —Era Michiru sin duda, se levantó de la cama y fue corriendo a la puerta, al abrir la vio ahí, con un semblante de tristeza que nunca había visto en ella.

—Michiru ¿Que sucede? ¿Estas bien? —la pelimar no respondió, clavó la mirada en el piso.

—No quiero ahogarme...

— ¿De que hablas? —preguntó Haruka con preocupación tomando el suave rostro de la violinista para ver sus ojos.

—No dejes que me ahogue en ese mar... —La rubia trago saliva, los ojos de Michiru estaban mas profundos que nunca y sus delicadas manos apretaban su camisa, como evitando que fuera a salir volando, como se lo había dicho una vez... "Si no fuera imposible para el ser humano diría que puedes volar"—. Elígeme Haruka, sálvame.

—Michi... —los suaves y cálidos labios de la pelimar evitaron que terminara su nombre, había atrapado los suyos en un beso. Un beso rápido y desesperado pero suave, que le provoco un cosquilleo cuando la violinista separo sus húmedos labios de los suyos.

Michiru abrió los ojos y se encontró con los de Haruka que en ningún momento se había cerrado. Observándola con esos ojos verdes que le decían tantas cosas pero nada a la vez, hipnóticos. Mordiendo sus propios labios como tratando de probar otra vez la sensación que había dejado el fugaz beso.

La princesa ya no sentía mariposas en el estómago, ya no sentía el estómago.

—Haruka... —se acercó una vez mas a su rostro y volvió a besar a la rubia, esta vez sintiendo el tibio interior de los labios de su príncipe y sus manos tocando su cintura, atrayéndola hacia su cuerpo. Se dejó llevar y escuchó el sonido de la puerta al cerrarse. La correspondía, sus labios se movían y también besaban los suyos, los atrapaban, masajeaban. Los probaba con dulzura, como teniendo algo delicado en la boca, que manejas con cuidado para no morderlo. Algo que te gusta tanto que no quieres comerlo aun.

Michiru se sintió feliz que la estuviera sosteniendo, evitaba que se cayera al suelo, por que tampoco sentía las piernas. Era como si fuera una muñeca de trapo. La muñeca de Haruka...

Podía quedarse así por siempre... Si era Haruka, podía quedarse a su lado por siempre.

Los labios la abandonaron y sintió su cálido aliento en el rostro. El pulgar de la mano que tocaba su mejilla le recorrió los labios, quitando la humedad, dejándolos secos y mas suaves aun. Michiru los volvió a humedecer con la lengua, mordiéndose el labio inferior.

Haruka sonrió y volvió a besarla. Michiru atesoró el momento, el primer beso que le daba. Los dos anteriores ella los había empezado.

El príncipe la había besado por primera vez.

Las mariposas volvieron...

—Esa fue la confesión de amor mas extraña que me han hecho —dijo la ojiverde una vez que liberó sus labios.

Michiru rió con una especie de alivio y consuelo.

— ¿Me vas a aceptar?...

Haruka no respondió, se limito a abrazarla y acariciar su cabeza.

—Dame tiempo... Ahora mismo no puedo responder.

—Dijiste que con decir "ven" te hechizaría y atraparía. Mentiste.

— ¿No estoy aquí ahora?

—No te he atrapado aún...

— ¿Te quieres rendir?

—No... Veo la luz del faro a lo lejos, puedo sobrevivir un "tiempo"... Solo no me dejes morir.

—Morir de amor no es tan malo como crees... —Michiru le dio un empujón y simulo un llanto, que en realidad era una risa.

—Eres tan cruel Haruka... ¿Te gusto aunque sea un poco?

—Mmmm ¿Tú que crees?

—Creo que te gusto...

—El sexto sentido de las mujeres no miente...

—También creo que te gusta la Srta. Oka...

Haruka se quedo callada, no encontró ningún comentario que hacer. Y detuvo sus caricias.

—Esta bien, ya lo sabia... —se abrazaron en silencio unos instantes—. Supongo que debo irme, tenemos clase temprano.

—Es verdad, pero quiero abrazarte un poco mas ¿Te quedas conmigo?

Michiru acarició la espalda de Haruka

—Amo tu voz...

— ¿Eso es un si?

—Amo tu voz que dice mi nombre... Suena bien viniendo de ti...

—Michiru...

—Dime...

—También amo tu voz...

— ¿Solo mi voz?

—... ¿Te quedarás conmigo?

—Tus cambios de tema no son sutiles— se rió.

—No te comeré, no tengas miedo.

—Me quedaré... Aun si no dejas nada de mi —se miraron a los ojos fijamente, Michiru tocó delicadamente el rostro de Haruka, pasó los dedos entre los rubios cabellos que caían delicadamente en su frente y después le cubrió los labios con la mano—. No eres suplente... —Haruka levantó ambas cejas—. Desde hace años eres el príncipe de mis sueños... El único, el primer lugar de mi corazón... No dudes eso.

Haruka tomó la mano que cubría su boca, besó los dedos y después la palma.

—Vaya... ¿Es una reclamación?

Michiru sonrió.

—Solo quería dejarlo claro...

—Perdona, te dije que soy un alma sensible... A veces me dejo llevar por lo que siento.

—Trate de terminar con él —la rubia ladeó la cabeza—. Con Kaede...

— ¿Trataste?

—Si... Al parecer no me hice entender... Cree que tengo una confusión respecto a mis preferencias sexuales.

Haruka rió.

— ¿Y la tienes?

—Solo estoy enamorada de un alma sensible ¿Eso es tan malo?

La rubia volvió a abrazarla.

—Michiru...

—Dime...

— ¿Intentas matarme?

—Si...

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Quedó un poco confuso el capitulo, pero fácil para los que siguen el fic... Ya solo quedan dos o uno más para terminar la historia... Esperemos un final feliz... O no :)