Disclaimer: Todos los personajes pertenecen a Stephanie Meyer. Solo la trama me pertenece.

Hola a todos… Bienvenidas y bienvenidos a mi nuevo invento…

Mudos Desencuentros ha sido registrada, por autoria de Betzacosta. Todos los derechos reservados. Cualquier distribución, copia o plagio del mismo acarrería las consecuencias penales y administrativas pertinentes.

Primero que todo quiero disculparme, el mundo DI me absorbió con el regalo y no me dejo escapar para poder traerles el capitulo. Cuando por fin lo hice luche, batalle, pelee, recibí amenazas, cambios de dirección, flujo de ideas en MSN, correos electrónicos, notas de voz…, canas verdes, purpuras y violetas… Después, con la poca fuerza que nos quedo después de ello… la trifecta cumplió y se los traje por fin… XD.

Soundtrack: Comienzo del final, de Jeremias, www . youtube watch?v=8iids6Mnm9A

"…Y ahora el silencio empieza hablar
y abre diciendo que es el comienzo del final,
y no sabemos si llorar o si muriendo
darnos un beso de amistad
con sabor a soledad…"


Bella salió del Swedish Medical Center sintiendo que sus manos temblaban y que casi no podía respirar. Aunque también la invadía una extraña sensación de calma, como si todo a su alrededor se hubiera detenido…

Había desarrollado una especie de costumbre morbosa desde que era muy niña, casi como una forma de exorcizar lo que sucedía a su alrededor. La primera vez que le sucedió fue cuando su conejo Sassy enfermó, ella se había sentado a su lado, acariciándolo y había imaginado qué pasaría si el conejo moría, si le dolería, qué sentiría…

Por supuesto, la angustia fue tan enorme que comenzó a llorar desconsoladamente. Su madre había llegado desesperada pensando que se había hecho daño, cuando había comprendido que no era así, la abrazó con fuerza y le dijo que nunca quería volver a verla llorar así. No tenía más de cuatro o cinco años, pero había aprendido bien la lección… Jamás volvió a llorar, sucediera lo que sucediera… Ni siquiera cuando su madre había muerto, seis años atrás.

Se montó en su Bentley negro y jadeó en busca de aire un par de veces pensando en cómo el destino se encargaba de torcer las cosas de acuerdo a su capricho. Años atrás se había visualizado en este momento; claro, quizás no específicamente en ese escenario, tal vez otro distinto, pero igual creyó que estaría dando brincos, gritando, llorando y exigiendo… algo; jamás pensó que estaría sentada en su vehículo en un estado de enmudecimiento y entumecimiento, pensando en el pasado, en su perecido conejo Sassy o en sus instintos morbosos.

"Diablos… debo haberme vuelto totalmente loca…", meditó pasándose una mano por su cabello largo y ondulado, el cual acarreaba mucho trabajo en mantener y que siempre le llevaba demasiado tiempo arreglar para que luciera como si estuviese listo con poco esfuerzo.

Si hubiese sido por ella nunca lo hubiera llevado así, desde años atrás lo habría cortado hasta su cuello y llevaría liso; pero a Edward siempre le había encantado verla con ese estilo, también adoraba acariciarlo o jugar con él. ¿Ahora qué iba a hacer con su cabello?

Se abrazó a sí misma ya que no tenía respuesta a esa pregunta tan idiota y se dio cuenta que de verdad estaba desquiciada, no era normal que de todas las cosas que pudiera pensar, su pensamiento se disparara a su estúpido cabello; pero se le hacía más fácil, era mucho más sencillo pensar en nimiedades que meditar sobre su presente, su vida… o el fin de ésta.

Sintió que su teléfono vibraba por enésima vez desde los últimos diez, veinte minutos o quizás mucho más y lo sacó de su cartera; su Blackberry casi ardía en sus manos.

Observó los distintos avisos de mensajes electrónicos, personales, de texto y gimió estimando que los pulsos en su cerebro se multiplicaban con cada aviso. Entró una llamada y se mordió el labio inferior, aunque respiró aliviada cuando vio que se trataba de su asistente.

—Hola, Diego —saludó aún sin moverse, ni siquiera había intentado encender el vehículo.

—¿Te falta mucho, jefa? —preguntó con tono ligeramente desesperado y Bella arrugó la cara.

Quería decirle que sí, que le faltaba demasiado tiempo, que incluso no se acercaría a ese sitio ese día, quizás tampoco el siguiente… o nunca… que pensaría solo en ella esa vez y que debía irse.

—¿Qué sucede? —interrogó, huyendo de sus pensamientos

—Tenemos organizados los cuatros segmentos para mañana, pero Alice… pues, está un poco indecisa respecto del domador de serpientes… —indicó y Bella suspiró.

—Ya voy para allá, dile que me espere en mi oficina —le pidió y después trancó la llamada.

Encendió el vehículo y se sorprendió de que en ese momento sus manos no le fallaran, la calma la invadiera, y pudiera concentrarse en las cosas pequeñas. Inhaló profundamente un par de veces.

Había escuchado una vez que cuando se está en medio de una crisis de nervios lo primero que debía hacer era respirar, una cosa pequeña después de la otra. Eso era lo que haría.

"Respiraría… Arrancaría el vehículo… Regresaría a su trabajo"… y todo estaría bien, porque haría una sola cosa a la vez, porque podría concentrarse en algo más que su presente.

Se preguntaba cómo estaría Sassy en el cielo de animales; sí, era claro que no sabía si existía ese dichoso cielo pero allí era que le gustaba imaginarla, junto con su perro Chispitas, su tortuga Tommy y su gata Lena… Obviamente tenía una pésima suerte con los animales.

Presionó el pedal del freno cuando observó una luz roja frente a ella y reposó su cabeza en el respaldo de su asiento. Pensando en sus animales, en el cielo y en el pasado… eso era sencillamente tan cómodo.

¡Chispita! Gritó Bella mientras salía corriendo detrás del chihuahua marrón que saltaba por la acera. Estaban en un nuevo vecindario, ya que su padre había sido transferido a la Policía de Forks como el nuevo jefe. ¡No! Se quejó cuando lo vio llegar al asfalto, su madre la mataría si se le moría otro animal, ya le había amenazado de dejarla sin mesada por un mes si eso ocurría y nunca comprarle otro. ¡Chispita! Chilló corriendo con más fuerza.

¡Lo tengo! Le dijo un niño que salió de la casa del lado y rápidamente tomaba al perro por el pescuezo.

Bella separó los labios para decirle que aunque era chiquita la perra era salvaje con la gente que no conocía; pero no le dio tiempo cuando escuchó el grito del niño porque le había mordido.

¡Chispita, no! Se quejó cuando llegó al lado de los dos y vio la sangre botando de su mano.

¡Debería haber dejado que la mataran! explotó el niño lanzando al animal hacia adelante y con su cara toda arrugada, sus ojos verdes estaban llorosos y Bella saltó para tomar a Chispitas.

¡No digas eso! Le gritó de vuelta empujando al niño causando que se cayera contra su trasero. ¡Eres malo!

¡Me mordió! le escupió el niño mirando con odio al animal.

Abrazó a Chispitas contra su pecho para que no la tocara.

¿Qué está sucediendo? Escuchó que su mamá le preguntaba y Bella corrió hacia ella para esconder su cara en sus piernas.

¡El perro me mordió y ella me golpeó! gritó el niño y Bella se giró para sacarle la lengua y mirarlo con odio.

¡Ahora de seguro le quitarían la mesada!

¡Bella! se quejó su madre horrorizada. La apartó y ella bajó la cara. ¿Es eso cierto? le preguntó severamente.

¡Dijo que iba a matar a Chispitas! contestó al borde de las lágrimas ya que si su perro se moría nunca le darían otro animal y ella los amaba. Renée la abrazó y miró al niño.

En ese momento otra adulta llegó frente a ellos, y comenzó a hablar con su mamá. Bella se giró para ver al niño y le entrecerró los ojos cuando vio que le estaba sacando la lengua.

Lo siento mucho… escuchó que su mamá se disculpaba mientras caminaban hacia la casa vecina para que limpiaran la herida del niño.

Ella se concentró en Chispita mientras su mamá contaba las cosas aburridas como que ahora se habían mudado allí y que venían de Indianápolis. La madre del niño le limpió la mano y dijo que no fue nada serio. Luego se dirigieron a la cocina y la dejaron frente a él.

Aleja ese monstruo de mí… le amenazó el niño y ella le sacó la lengua he hizo como si quisiera lanzárselo, pero al mismo momento se detuvo ya que aún temía por su mascota.

¡Bella! Le regañó su madre y ella saltó asustada mientras abrazaba a Chispitas. Discúlpate inmediatamente con…

—Edward, mi hijo se llama Edward le susurró la otra mujer y Bella lo miró con furia, no por mucho tiempo por la mirada de advertencia de su madre… Más tarde llegarían las palabras…

—Lo siento… Edward —dijo entre dientes y el niño sonrió con suficiencia.

—"Te gané…" —le dijo en mímica y ella pataleó molesta. Sus madres comenzaron a hablar de nuevo y él se acercó a ella—. ¿Qué edad tienes? —le preguntó.

—Siete… —contestó aún enfurruñada.

—Tengo nueve… ¡Te gané otra vez!

—¡Edward! —Le gritó su madre y ambos saltaron asustados.

Sintió que su teléfono vibraba de nuevo mientras se estacionaba frente al edificio Seattle Entertainment, lo tomó sin siquiera ver quién le llamaba.

—Estaré sobre tus talones en dos minutos, Diego, ¿podrías bajar el dramatismo por un segundo y darme un respiro? —Preguntó mientras tomaba su cartera y se preparaba para salir del vehículo.

—Hola, no soy Diego…

Ella quedó muy quieta mientras escuchaba su voz, respiró varias veces, y su único signo de tensión fueron sus uñas clavadas contra la piel de su mano.

—Hola… —respondió en un susurro.

—¿Podríamos hablar hoy? ¿En este momento?

Bella se mordió el labio inferior con fuerza y cerró sus ojos. El sosiego aún estaba allí, lo cual demostraba que ya mucho había pasado desde que dejó de ser la niña que lanzaba cachorros salvajes cuando se molestaba. Pero claro, habían transcurrido veintiún años desde que eso había sucedido, una vida entera.

—Estoy apunto de entrar a la oficina, ¿no puede esperar?… —le respondió para escuchar después una especie de bufido. Ella tragó grueso y se adelantó a lo que sea que fuera a decir—. Nos vemos mejor en la noche, ¿te parece?

—No… Estaré en tu oficina en unos minutos —contestó y trancó la llamada dejándola con el teléfono en su oreja, la presión en su pecho y la nada en su mente.

Salió del vehículo y se dirigió al ascensor, saludando a las personas que veía pasar, aunque más que todo sintiéndose como una autómata.

Cuando llegó a su piso la gente comenzó a explotar alrededor, mientras caminaba hacia la oficina.

—El agente de Paul nos confirmó para el viernes —le indicó Jessica.

—El elenco de When you're gone vendrá completo en dos semanas —saltó Ben.

—Jacob dice que no soportará estar en la misma habitación de Caius, que con la promoción de When you're here fue suficiente… —le espetó Jessica.

—Hablaré con Jacob… —comentó Bella sintiendo que su cabeza iba a explotarle.

—¿Ahora? —insistió Jessica.

—Después…

—Pero…

—¡Después! —Gruñó Bella tocando su cabeza y maldiciéndose por atacar a una buena asistente—. Lo siento… Diego… ¿Pastillas para el dolor de cabeza?

Su asistente la miró preocupado, pero finalmente asintió diligentemente mientras ella entraba en la oficina para encontrar a Alice sentada en el sofá de cuero.

—La única forma en el mundo que tenga una serpiente cerca es en mis pies, bien muertas y utilizándose como Dios lo deseó cuando las creó… como mi calzado… —indicó Alice y Bella suspiró profundamente.

—Hola para ti también, Alice —saludó antes de caminar hacia su silla y tirarse en ella.

—¿Dónde estuviste en la mañana? Eres nuestra productora ejecutiva, todo pierde sentido cuando no estás supervisando el programa, Jacob pierde veinte puntos de coeficiente intelectual si no estás para jalarle las bolas…

—Son las orejas —corrigió Bella.

—No lo creo, jalas lo que está cerca de la cabeza, y ciertamente en su caso son las bolas…

—¡Alice! —Le interrumpió negando con la cabeza. Ella enarcó una ceja al verla.

—¿Qué te sucede? —Le preguntó confundida.

Bella suspiró mientras miraba a la presentadora estrella de su gran bebé, el que creó dos años atrás, Great Day Seattle. Se la había robado a la competencia y fue uno de los principales activos con los que logró convencer a Bill para que le diera el espacio para producir un programa matutino de noticias y entretenimiento. Eso y que el compañero de ella fuera su hijo. Ese fue su gran dolor de cabeza, aunque poco a poco se fueron amoldando. Ahora eran una especie de familia.

—¿Bella? —llamó Alice y ella parpadeó confundida. Se había perdido de alguna manera.

—Nada… solo fui al Hospital —comentó y vio como la pelinegra sonreía.

—Isabella Swan, nada de visitas conyugales en horas laborales… —reclamó y después sonrió ampliamente—. Solo espero que realmente haya valido la pena y hayas tenido muchos orgasmos, es la única forma en que te perdonaré haberme dejado con Jacob versión Hyde…

Bella no sonrió como haría normalmente con el sobrenombre que usaban con Jacob, solo se quedó en blanco.

—¿Bella? —insistió Alice.

—Necesito que hagas el segmento de las serpientes… —la interrumpió recomponiéndose.

—Por favor no, les tengo terror. Pon a Jacob… compadécete de mí… —Ella le hizo un gran puchero y Bella apartó la mirada por un segundo.

—Vale, hablaré con él, pero debes secundarlo, eres una mujer de poder, Alice, ambas lo somos… Claro que puedes con una simple víbora…

Se mordió el labio al terminar esa expresión evitando la mirada de la que consideraba su amiga aunque fueran solo compañeras de trabajo.

—Oh, claro, muy fácil para ti que tienes la vida perfecta, todo es simple desde tu percepción, pero yo, a diferencia tuya, no encontré el amor de mi vida ni mi cuento de hadas, es necesario que viva para hacerlo… ¿y si me muerden? ¿Qué haré? Piensa en mi alma gemela… Quedará en la deriva porque yo no estaré en el planeta…

Bella la miró fijamente sin decir palabra. En ese instante Diego entró, gracias a Dios, con el agua y las pastillas, el dolor de cabeza solo se había intensificado en los últimos cinco minutos y había empezado a escuchar el zumbido permanente que la sacaba de quicio.

—Gracias… —susurró tomándoselas inmediatamente.

—Estás rara hoy, Bella —le comentó Alice negando con la cabeza.

—Únicamente quisiera que por una vez no tuviéramos que discutir por los segmentos de animales vivos… —le dijo, eludiéndola. Alice bufó.

—Bueno… intentaré hacerlo si significa tanto para ti, pero solo si Jacob está a mi lado todo el tiempo y con la aprobación de tu parte que cualquier cosa le lanzaré la serpiente a la tabla de chocolate que llama estómago —se acercó como si fuera a contar un secreto—. Si lo muerde allí nos haría el favor de evitar verlo una vez más sin camisa, en su complejo de condenado fisicoculturista frustrado…

Bella sonrió ligeramente, sin mostrar los dientes, mientras la veía salir de la oficina. Observó a Diego quien solo la miraba fijamente.

—¿Necesitas algo más?

—Solo silencio por unos cuantos minutos… —respondió Bella y lo vio asentir.

—Haré todo lo posible para parar a las fieras y mientras descansas considera mi petición de vacaciones… de verdad necesitas unas —contestó sonriéndole y ella lo le rodó los ojos, le había escuchado esa frase con demasiada frecuencia últimamente.

Ella se dejó caer en el respaldo de la silla de oficina giratoria mientras lo veía cerrar la puerta dejándola sola, el movimiento hizo que soltara un chillido oxidado y se fuera un poco hacia atrás. Observó fijamente su escritorio como si allí fuese a encontrar alguna respuesta. O algo en específico. Claro, no lo había.

Se mordió el labio inferior mientras pensaba en la declaración de Alice: una vida perfecta. Sí, ella ciertamente tenía eso, la maravillosa casa, el hombre deseado, el trabajo que había ansiado desde que su madre la había llevado a un show en vivo de una comedia cualquiera, cuando era una adolescente.

Muchas personas hubiesen deseado ser la actriz que el guapo hombre besaba y cortejaba, o los protagonistas. Ella había observado a un hombre con un micrófono colgado en sus labios, una tablilla en sus manos, gritando ordenes a su alrededor… y encontró su sueño.

Edward siempre le decía que había elegido ese trabajo de todos porque calibraba con su necesidad de controlarlo todo; era bastante posible que fuera cierto; pero era simplemente que ese hombre parecía tener todas las respuestas. Solo que en este momento ella no tenía ninguna, y se sentía como un total fraude, además porque cada día le resultaba más difícil simplemente levantarse y hacerlo, era totalmente agotador manejarlo todo, organizar segmentos y continuar equilibrando las cientos de bolas de su presente… y ahora...

"No pienses en el presente", se reprendió bajando su tumulto emocional y volviendo a concentrarse en hacer una cosa a la vez, como en seguir mirando el escritorio. Se fijó en la foto que desde tres años atrás se encontraba apoyada sobre la madera. Ese había sido un buen día, un maravilloso día.

—Por favor, ahórranos la admiración enfermiza. —Bella alzó la mirada para encontrar a Jacob mirándola frustrado—. No voy a entrevistar a ningún Caius Launner, creo que es gay y tiene una fijación conmigo, cada vez que me mira es como si hubiese encontrado a su otra mitad. Y yo siento que voy a vomitar…

—Caius no es gay… —indicó ella apartando por fin la visión del portarretrato—. Y estoy segura que lo harás maravillosamente… Eres el mejor para el trabajo. Además, no queremos que tus fans se den cuenta que eres un total homofóbico…

—¡No soy homofóbico! —Se quejó Jake caminando y tirándose sobre el asiento frente al escritorio—. Permíteme demostrarte mi punto… Acepta salir conmigo…

—Estoy casada… —La respuesta le salió ligeramente forzada y con voz muerta. Tanto que ambos dieron un respingo después de ella. Jake enarcó una ceja.

—¿Cuándo vas a dejar a tu marido y escapar conmigo?

—No podrías controlarme ni un día… —le comentó con su tono de vuelta a la normalidad y él sonrió ampliamente.

—Te aseguro que no te querría controlada, sino como una total dominatrix castigándome con un látigo porque me he portado muy... muy mal. Con gusto me pondría de rodillas ante ti... —le coqueteó y Bella rodó los ojos.

—Mañana estarás en el segmento de las serpientes con Alice…

—Cobarde… —comentó y ella no supo a quién de las dos se refería. Se levantó del asiento—. Pero bueno… ya sé que es una batalla perdida. —Se estaba refiriendo a ella.

—Jefa… —Bella parpadeó y observó a Diego abriendo la puerta de su despacho—. Tu esposo está aquí… —Asintió y observó a Jacob carcajearse.

—Hablando del diablo… —comentó jovialmente pero Bella no pudo seguir la broma, solo miró al frente mientras entraba a la habitación—. Hola, Edward —saludó—. Lamento que me hayas encontrado tratando de cortejar a tu esposa… —se jugó y vio como él lo miraba fijamente sin decir nada.

"¿Cuándo pasaron de los celos a la nada?", se preguntó observando cómo los orbes verdes traspasaban a su copresentador.

—Hola, Jacob —saludó ladeando la cabeza y girando hacia Bella.

Ella le sonrió sin decir palabra, sus ojos verdes siempre combinaban asombrosamente con su uniforme de cirujano azul marino.

—Pero bueno, nunca podríamos opacar al primero… —continuó Jacob.

—Eso sí es cierto —comentó ella apartando sin dejar de mirar a Edward—. Mi primer beso, mi primer amor… Mi primer todo… Nuestro…

Él parpadeó un par de veces y se quedó completamente estático. Lo miró como si deseara que recordara ese momento embarazoso y lo vio sonreír ligeramente por lo que le secundó.

—¿Hacia dónde vamos? —le preguntó a Edward mientras se dejaba arrastrar hacia adelante. Chispitas los seguía ladrando y Bella abrió los ojos ampliamente al ver que se acercaban cada vez más hacia los límites del bosque del parque que estaba detrás de sus casas—. A mi mamá no le gusta que vaya para allá.

—¿Y qué eres, una bebé? —le refutó él girando para verla.

—¡Claro que no! Tengo diez años, ¡ya soy grande! —se quejó apartándose de su agarre y enrollando sus brazos enfurruñada.

—¡Vamos, Bella, antes que nos atrapen! —le gritó Edward y al escuchar la voz de su madre salió corriendo detrás de él rumbo al bosque.

Ella se sentía asustada por los árboles gigantes y por el color verde que había por todas partes. Sin pensarlo abrazó a Edward y apretó con fuerza la correa de Chispitas.

—¿Tienes miedo? —le preguntó y ella negó con la cabeza, sin hablar y con los ojos muy abiertos—. Si quieres podemos regresar… Cobarde… —comentó y ella pateó el suelo con fuerza, antes de enfurruñarse de nuevo, soltarse y salir corriendo más adentro del bosque—. ¡Bella! —Gritó corriendo detrás de ella.

Se sentía tan molesta, ya le enseñaría que no era ninguna cobarde, iría a lo más profundo del bosque y conseguiría un tesoro. Allí se burlaría de él cuando volviera a verlo, o no volvería a verlo. Era malo, no sabía por qué siempre tenía que buscarlo, solo porque eran "vecinos".

Cuando llevaba unos minutos corriendo se tropezó con una raíz y cayó contra la arena raspando sus rodillas. Comenzó a llorar apretando el sitio donde se golpeó que estaba sangrando.

—¡Bella! —Gritó Edward cuando llegó a su lado y se sentó a su lado con la mirada asustada cuando vio la sangre.

—Me duele… —lloró ella soltando a Chispitas que en vez de salir huyendo se quedó acostado a su lado, gimiendo a su vez.

Edward estiró su franela y trató de limpiar su sangre.

—¡Es tu culpa! —le gritó Bella.

—¡Yo no te dije que corrieras! —le dijo él también enfurruñado.

Miró la rodilla y después a Bella. Un segundo después se había acercado a su cara y le dio un beso en los labios. Ella saltó y se apartó de él limpiando su boca un segundo después.

—¡¿Qué haces? —Le gritó horrorizada. Edward se encogió de hombros.

—Mi mamá siempre me besa cuando me hago daño, y besa a mi papá allí, además en la televisión siempre lo hacen… Quería saber qué era lo bueno de eso. Maibelline quería la semana pasada en el colegio pero… no sé… ¿Te gustó? —le preguntó mirándola fijamente. Bella se encogió de hombros.

—¿Y a ti?

—No sé… normal… —respondió rápidamente. Ella se encogió de hombros de nuevo, aunque había dejado de llorar.

—¡Oh no! —Escuchó que gritaba y parpadeó para ver a Alice frente a ellos—. Por favor, esto es demasiado… ¡Ustedes no consideran a los pobres! ¡Primero fue Bella y ahora tú! ¿Tienen que restregarnos que son la condenada pareja perfecta? Noticia para ambos, ¡ya lo sabemos!

Edward frunció el ceño y Bella se enderezó en la silla.

—Chicos…, ¿podrían disculparnos? —Le pidió y ambos alzaron las manos en rendición

—Estás actuando distinta… —le comentó Jacob pensativo.

—Es solo el dolor de cabeza que no pasa… Como si fuera a explotar en cualquier segundo…

—Déjala que tiene al médico a su lado para hacerle sana, sana… —se jugó Alice caminando fuera del despacho.

—Solo por ello no discutiré más sobre el condenado Caius, jefa —le dijo y ella sonrió ligeramente antes de ver como cerraba la puerta detrás de él.

Bella volvió a su antigua posición aunque esta vez no podría ver el retrato.

Cerraron la puerta y dejó a Edward frente a ella, en silencio.

—¿Tienes dolor de cabeza? —indagó.

—Estoy bien… ya tomé algo…

Él asintió y ella se quedó quieta mirándolo fijamente mientras recorría los adornos de la oficina, llegó a su escritorio y miró el portarretrato.

—Creía que la habías cambiado.

—Fue la noche que te nombraron jefe del departamento de Cardiología… —comentó Bella mirando la imagen—. Estaba tan orgullosa de ti…

Él se apartó dejando la fotografía sobre el escritorio y la miró fijamente.

—Quería hablar contigo… —comenzó.

—Me di cuenta… habla… —respondió y se mordió el labio inferior. Edward apartó su mirada.

—Pero no quería que fuera aquí… —dijo y ella lo miró por un segundo, preguntándose por qué no lo querría, cualquier lugar significaría lo mismo.

—No siempre se consigue lo que deseas, ¿no es así? —preguntó y él negó con la cabeza.

—No estoy seguro de ello, todo lo que has deseado lo has conseguido, Bella… —Lo vio pasarse una mano por el cabello como si estuviese tomando coraje—. Bien… Infiernos. Aquí será… Bella, yo…

—Jefa… —Los interrumpieron y él maldijo por lo bajo—. El señor Black quiere hablar contigo en forma urgente… está en su oficina.

—Edward… —pidió y lo escuchó bufar.

—Por supuesto, que Dios nos prevenga que lo hagas esperar a él…

Lo miró fijamente por un segundo, ¿volvieron los celos? Aunque sabía que con respecto a Bill Black era algo más visceral. Lo odiaba por lo que creía que había significado para ella, ella no lo entendía.

—Es mi trabajo… nada más —respondió y vio como la miraba con frustraciones pasadas—. Esperemos hasta la noche, ¿por favor? Llegaré temprano…

—Bien… —masculló pasando de nuevo una mano por su cabello.

Ella caminó a su lado y colocó una mano sobre su mejilla, la miró por un momento antes de apartarse y dejarla frente a su asistente sin decir otra palabra. Le sonrió a Diego mostrándole que nada anormal había ocurrido, como que su esposo no la hubiese besado al despedirse y después tomó los archivos que evidentemente necesitaría en su reunión.

Mientras caminaba hacia el ascensor se preguntó si esa vez, en el bosque, fue la primera vez que le ocultó efectivamente sus sentimientos, ya que aunque en ese momento no había sabido qué significaba, la verdad era que sí le había gustado y que había sentido algo maravilloso que solo había conseguido experimentar con él.

.

Bella se estacionó al lado del Audi de Edward y reposó sobre su asiento. Había retrasado su llegada lo más que había podido. Incluso cuando el estudio había quedado solo, rehusó a irse. Sabía que era ilógico, que la dilación solo empeoraría todo, pero no se sentía lista para lo que sea que estuviera esperando en esa casa.

Abrió la puerta de su vehículo y salió lentamente, tomó su cartera, su teléfono y caminó hacia la puerta. Cuando entró encendió la luz de la cocina; todo era blanco, mármol y metal, cada parte de su casa era esterilizada, tal vez fría, pero sobre todo ordenada. Sin embargo, resintió la falta de calidez en ese momento, la necesitaba.

—¿Edward? —llamó cuando llegó a la puerta de la cocina.

—En la sala —escuchó que le contestaba y se dirigió hasta ese sitio. Llegó hasta allí y se detuvo en medio camino, cuando lo visualizó.

Estaba sentado en medio del sofá blanco, su traje un poco arrugado, su cabello castaño rojizo un poco desordenado, como si hubiese pasado las manos muchas veces por él, sus ojos verdes brillaban profundamente mientras la observaban sin parpadear.

Solo que eso no fue lo que la detuvo. Fue la maleta que reposaba a su lado.

Ella se balanceó hacia atrás y milagrosamente encontró una pared donde apoyarse. Sus brazos se sentían como gelatina y de nuevo… su costumbre morbosa estaba más fuerte que antes, ya que en donde debían estar los gritos, la furia, el dolor; solo había calma y una sensación muy parecida a derrota que luchaba con contrarrestar, nunca le había gustado antes.

—Podría engañarme a mí misma y preguntarte si hay algún congreso al que debas asistir… —le susurró y él parpadeó un par de veces por esas palabras.

—Podrías… pero ambos sabemos que nunca fuiste de las que te engañabas a ti misma, o me engañabas a mí… —respondió pasando una mano por su cabello.

—¿Por qué? —preguntó abrazándose a sí misma. Refutando las palabras de Edward sin duda, ya que con esa pregunta los estaba engañando a ambos.

—Hace mucho tiempo que este matrimonio está acabado… —le respondió y ella negó con la cabeza. Deseaba el fuego, la furia, no el dolor… no la tristeza—. Lo sabes, lo hemos intentado, Bella, Dios sabe que lo hemos hecho, pero yo ya no puedo más… Solo debemos aceptar que todo se terminó.

Ella se apoyó contra la pared con más firmeza, como si eso fuera lo único que la resistiera para evitar desplomarse contra el suelo.

—¿Por lo menos ella te ama? —le preguntó y él parpadeó un par de veces antes de fruncir el ceño y negar con la cabeza, viéndose perturbado por esa pregunta.

—No hay nadie más… solo que ya no hay nada más aquí tampoco para mí…

Lo miró fijamente por lo que se sintieron minutos. Lo observó pasar su mano por su cabello y girar su mirada hacia la maleta, ansiosamente. En ese instante fue que su corazón se rompió. Suspiró hondo y asintió por lo cierto de esas palabras… dolorosas, pero tan verdaderas.

—Tienes razón… aquí ya no hay nada más para ti…

Edward la miró con dolor y tristeza, tanto que su corazón dio un retumbo. Como si evidentemente no hubiese sido ni cercana a la respuesta correcta.

—Debo irme… —comentó él entonces.

—Sí… debes hacerlo…

Edward negó con la cabeza, suspiró y caminó hacia la puerta, con la maleta rodando detrás de él, haciendo un sonido estrepitoso en la habitación. Cuando llegó allí en vez de abrirla, giró hacia ella, mirándola un par de segundos, y debió de verse endemoniadamente mal, ya que su cara se arrugó con expresión adolorida.

—Cielos… —susurró él antes de abandonar su equipaje junto a la puerta y caminar hacia ella. Llegó a su lado e iba a tocarla, pero en vez colocó la mano en la pared que sostenía su cuerpo—. Bella…

Lo escuchó tan cerca que parpadeó levantando su cabeza, para mirarlo fijamente a él en vez de a la maleta, que era donde había fijado su atención cuando comenzó a caminar hacia donde estaba.

Eso hizo que su corazón apretara con más fuerza, ya que así eran ellos. Uno se caía y el otro corría a su lado, o por lo menos así había sido él, desde el principio, lo cual también conllevaba a la ironía que lo hiciera incluso cuando estuvieran en el final.

—No me iré esta noche… tengo que ver que estés bien…

Bella sonrió, con tristeza.

—No tienes que hacerlo… Estoy bien…

—Claro… siempre lo estás… —Se pasó una mano por el cabello—. Solo que… quiero que entendamos ambos que nada cambiará porque me quede esta noche…

Ella parpadeó y se quedó pegada contra la pared, sintiendo cómo la piedra angular de su mundo se desmoronaba y todo empezaba a caer

—Es mejor que te vayas ahora, Edward —le rogó—, no te quedes aquí por lástima o algo parecido, quieres destruir lo que somos, entonces debes ser fuerte y hacerlo de una sola vez… Eres cirujano y sabes que lo mejor es un corte limpio

Él la miró con aún más tristeza, lo cual la descolocó totalmente. Era su decisión, quien la había estado esperando con una maleta y quien quería terminar su matrimonio. ¿Por qué parecía que le doliera que le dijera que se fuera?

—¿Prefieres que sea así? —le preguntó con voz ahogada.

Ella simplemente asintió incapaz de poder emitir sonido alguno, observando miles de escenarios en su cabeza. Ninguno alentador. Él se separó de su lado y caminó en silencio hasta la salida. Abrió la puerta y se giró para mirarla, haciendo que regresara su atención hacia el frente.

—Me llevaré el resto de las cosas el viernes mientras estás en la oficina… —le anunció y ambos se quedaron viéndose uno al otro, su corazón se había detenido, mentalmente, inconscientemente, quería gritar, ahogar y rogar…

La realidad era que solo podía mirarlo y dejarlo ir…


Aquí esta mi nuevo bebé… espero sea de su agrado aunque será ligeramente complicado, como podrán haberlo notado.

Espero publicarlo cada jueves, como se ha vuelto la tradición.

No creo que sea tan largo como mi historia anterior, es más estoy segura que es así, y se ha metido en mi corazón poco a poco y espero que pase lo mismo con el de ustedes.

Agradezco a las personas que me han ayudado en este proyecto.

A mi Gine, por su corrección y aguantarse mis ánimos activos por falta de sueño.

Y a mi Gisela, muchas gracias por estar acompañándome en esta historia con ánimos purpuras, la cual no sería lo mismo sin tus análisis, palabras y trasnochos... mi editora ;)

PD: Muchísimas gracias a todos los anónimos por sus comentarios. Si quieren que les responda déjenme el correo, háganlo sin el arroba —que yo lo entiendo— y en espacios, o colóquenlo en el titulo del review. así, betzacosta gmail . com. (RECUERDEN LOS ESPACIOS PORQUE FF LOS BORRA)

Gracias por leer. Si les gusto o no dejen reviews :D