Título: Con lavanda, por favor
Autora: Fanfiker_Fanfinal

Beta: Dybbo
Pareja: Harry/Draco
Rating: NC-17
Género: Romance

Universo: Post-Hogwarts
Advertencias: Slash
Disclaimer: Harry Potter es propiedad de J. K. Rowling, Bloomsbury Publishing, Scholastic Inc. y AOL/Time Warner Inc.Nadie gana ningún beneficio económico con esta historia ni se infringen deliberadamente derechos de autor.

Nota: La idea de esta historia me asaltó el año pasado, en mi viaje a Cuzco, Perú, en uno de esos días en los que decidimos descansar y meternos a unas cabinas de masajes. Esto es un drarry de unos diez capítulos y aunque no tiene trama, espero que os guste.

Agradecimientos: A Dybbo, por su constancia y ganas de betear mis fics.


CON LAVANDA, POR FAVOR

Fanfiker_Fanfinal

Beta: Dybbo

CAPÍTULO 1: LA VISITA AL QUIROMAGO

Harry Potter suspira al ver todos los papeles frente a su mesa: de nuevo toca rellenar informes sobre la última misión. Harry bebe un poco de su té negro, de ese modo es como si dejara un poco de lado el trabajo para más tarde: ama ser auror, pero la parte de rellenar papeles no es para él. Un poco de tranquilidad después de la acción viene de perlas, si no es porque hay que rellenar todo eso. Se pregunta por qué el Ministerio no mete allí a Hermione Granger: acabaría con el papeleo y les evitaría a ellos pasar por ese trabajo tan tedioso.

—Bueno, supongo que todas las cosas tienen sus pros y sus contras.

Su compañero, Wellington, un hombre de la edad de Remus Lupin, lo contempla desde su mesa.

—¿Qué, te toca rellenar formularios?

—¿Cómo lo sabes? —suspira el Héroe, fastidiado.

—Porque conozco tus caras. Y esa es la de "toca rellenar informes".

—¿Por qué no me ayudas? Mi redacción es horrorosa. Ya has visto la cara que pone Kingsley cuando se los entrego.

Un grupo de aurores entra al Departamento, charlando animadamente entre ellos, interrumpiendo la conversación de ambos amigos. Se sientan en las mesas y siguen comentando lo que quiera que vinieran contando desde la cafetería; su conversación es audible hasta para Harry, cuya mesa se sitúa junto a una de las ventanas, la más alejada a la puerta.

—Yo voy a volver, es caro pero merece la pena.

—Se nota que Malfoy ha contratado a los mejores —Harry vuelve la cabeza, curioso. ¿Ha oído el apellido Malfoy?

—Sí, pero ¿a ti te ha atendido alguna vez? Porque yo llevo yendo meses y el heredero Malfoy nunca me ha dado un masaje.

—Qué quieres que te diga, yo creo que él solo lleva el negocio. ¿Acaso tú le ves tocando nuestros cuerpos? Con lo especialito que es con eso de la sangre, me sorprende que haya dejado entrar magos mestizos y traidores a la sangre.

—Se reducirían muchos sus ingresos, ¿no crees? Le guste o no, el local está abierto a todo el mundo —Harry lleva un tiempo mirándolos, tratando de atar cabos. ¿Malfoy, llevando un negocio? ¿Un negocio donde al parecer dan masajes?

—Se reservará el derecho de admisión —risas.

Una pregunta viene de otro sitio, al parecer dirigida a él.

—¿Y tú, Harry, has ido allí? —el moreno parece regresar de su ensimismamiento, sacudiendo la cabeza.

—¿Eh?

—Al local de Malfoy, ¿has ido alguna vez?

—N-no.

—Bueno, Harry, yo también te lo recomiendo —habla el Auror Wellington—. Sobre todo después de una dura misión, allí te quitan cualquier contractura.

Harry imagina a Draco Malfoy apretando los músculos de otros hombres y le parece gracioso.

—¿Qué? ¿De qué te ríes? Si no me crees, ve a visitarlo. Eso sí, prepara la cartera. Es bastante caro.

Harry quiere explicar que le cree, que solo se le hace raro imaginar un negocio como aquel a manos de Draco.

—No creo que Malfoy quiera verme por allí —dice, solícito, más para sí mismo.

—No suele dar masajes a nadie. Por lo menos aquí en la oficina nadie ha tenido cita con él. Creo que se reserva para gente con otro estatus.

Harry medio sonríe. Eso sí le cuadra más, eso sí le parece razonable dentro del carácter del rubio. Draco Malfoy. ¿Qué ha sido de él? Desde que dejaron Hogwarts, Harry ha perdido el contacto con algunos de sus amigos, salvo los Weasley, Hermione, Luna -localizada unas plantas más allá, en el Departamento de Criaturas Mágicas-, Neville -que continúa estudiando aún para ser profesor en una Academia Mágica- y pocos más. Harry mira su té y le da otro sorbo, pero ya está frío, así que lo deja a un lado y se dispone a rellenar los informes de las últimas operaciones e incursiones.

Kingsley no queda convencido de su trabajo y le manda repetirlo varias veces. Harry tarda tres días en rellenar todo de nuevo y cuando su jefe le da la aprobación, Harry decide irse a tomar algo con Ron después del trabajo. A Ron siempre le hace gracia que Harry, en lugar de celebrar haber atrapado a magos oscuros o peligrosos delincuentes, lo haga cuando ha cumplido con el papeleo. El moreno disfruta de sus salidas con Ron, quien le relata cómo va con Rastreo, Ocultación y las demás asignaturas enseñadas en la Academia de Aurores y de la que él salió años antes.

Días después, Harry es llamado para investigar la posible falsificación de documentos mágicos por una organización ilegal junto a su compañero Wellington. Cuando la misión acaba, encerrando a los culpables en tiempo récord, Harry vuelve a rellenar informes. Aquella tarde se queda en la oficina más horas de las habituales para terminarlos, pero a las siete su cuello se resiente.

—Necesito un buen masaje —se dice, y entonces recuerda la conversación semanas atrás en la que sus compañeros hablaban del local de masajes tan famoso. Recoge sus cosas, deja pinchada en el corcho una nota para el departamento y es entonces cuando ve la tarjeta: Casa Salud Malfoy pegada al corcho por, obviamente, algún cliente asiduo. La nota tiene escrita en admirable caligrafía la dirección del local, y aparece adornada con narcisos en un lateral. Quiromagos, pone justo debajo del nombre del local. La quiromagia, según Hermione, es una rama de la medimagia aplicada a trabajar manualmente sobre el cuerpo humano. También aplica la sanación del cuerpo a través de pociones. Quizá Malfoy solo se dedique a hacer pociones y no a tocar músculos. Pero la curiosidad siempre lo ha ganado, así que, tras mirarla detenidamente, Harry se la lleva.


Harry toma té en su día libre. Molly Weasley lo invita a casa y él declina a su pesar la invitación porque necesita descansar; aún le duele el cuello y además tiene contracturas en el trapecio. Vive solo en la enorme y lúgubre casa de cuatro plantas; entretanto, ocupa su tiempo pensando mientras le da vueltas a la tarjeta de los masajes. No sabe por qué motivo, Harry ha querido evitar ir allí, como si fuera reticente a ver algo que no quiere. Pero ese día se harta y, sabiendo que tiene una buena excusa para ir, se desaparece en la zona de Knights Bridge, localiza la calle Pavilion, así como el edificio que simula una gran torre, y que solo los magos pueden ver.

Hace años, el Ministerio habló de un nuevo emplazamiento para la sociedad mágica y, teniendo en cuenta que ya tienen el Callejón Diagón, decidieron abrir un enorme edificio de siete pisos para los nuevos negocios de los magos; establecieron un hechizo desilusionador para protegerlo y de momento cinco de aquellas plantas estaban ya habitadas con negocios en funcionamiento, como restaurantes, salas de juego, oficinas, clínicas y un largo etcétera; obviamente, el Ministerio no lo había puesto al alcance de todos los bolsillos y se notaba que el edificio en sí era una gran obra de ingeniería.

Harry entra al salón principal, donde hay una pequeña fuente rodeada de plantas y bancos para sentarse, varias hadas traviesas que arrojan su polvo a los visitantes y escaleras semi huecas para alcanzar los otros pisos.

Harry sube las escaleras localizando restaurantes y pequeñas sucursales de otros negocios, pequeños locales, hasta llegar a la última planta, y al fondo, junto a una oficina de trasladores, lo ve. Es probablemente el local más grande de cuantos hay allí; acristalado, de modo que puedes ver su interior desde fuera; la recepción, adornada con varios jarrones de flores con algún encantamiento imperecedero; estanterías en madera de color blanco. A Harry le llama la atención la estética del lugar; todo es completamente neutro, salvo el color que dan las flores y alguna bandeja con caramelos o grageas; y la luz es tenue, como si el lugar invitara a relajarte. Harry se imagina de repente a Draco Malfoy vestido como aquel chico de la recepción, y es entonces cuando piensa haberse equivocado; su antiguo rival de Hogwarts siempre ha vestido con colores oscuros. ¿Qué ha cambiado en la vida de Malfoy para que él haya levantado un negocio donde todos los magos tengan semejante atuendo? Sin embargo, un rápido vistazo a la tarjeta le asegura que se halla en el lugar correcto. Inconscientemente, se pasa una mano por el cabello y entra. Un chico joven de pelo corto y castaño, delgado y de aspecto amable le sonríe.

—Buenos días, señor.

—Buenos días —responde Potter, con mirada distraída, contemplando los techos y paredes. Debe de pasar algún tiempo porque el recepcionista pregunta:

—Señor, ¿qué se le ofrece?

Harry se encuentra cara a cara con el chico: ojos marrones y rasgos dulces; debe tener poco más de su edad.

—Eh... hola, yo, bueno, me han recomendado este sitio, ustedes hacen masajes, ¿verdad? —de repente piensa que el chico debe haberse llevado una total decepción de Harry El Héroe porque es evidente por aquella mirada que lo ha reconocido.

—¿Quiere información?

Harry asiente. Entonces, el chico extiende un folleto y comienza a explicar a grandes rasgos los diferentes tratamientos disponibles. Cada cierto tiempo se abre una puerta y otro empleado vestido de blanco sale de ella; Harry siempre vuelve la cabeza, por si alguno de ellos pudiera ser Malfoy. Aquella debe ser la sala de espera, donde son visibles varios sofás de cuero blanco empotrados en las paredes.

—... señor Potter.

—Ah, sí, disculpe.

—Le decía que si está interesado en contratar alguno de los paquetes disponibles.

—Pues... disculpa, es la primera vez que vengo aquí.

El chico sonríe ligeramente.

—Sí, se nota. No se preocupe, yo puedo ayudarle. ¿Qué necesita exactamente, es para usted o piensa hacer un regalo?

—Es para mí —dice Harry aún ausente.

—¿Le duele algo?

Harry entonces se percata de que no está prestando atención a quien le habla. Sobre cada camiseta blanca hay una pequeña ficha con el nombre del empleado. La suya dice "Kevin Rogel".

—Um, señor Rogel...

—Llámeme Kevin, señor Potter —Harry le mira de nuevo a los ojos y se da cuenta entonces de que el joven es bastante atractivo; y la identidad de aquel muchacho despierta curiosidad en él. Deja atrás todo pensamiento sobre Malfoy, y le sonríe ligeramente.

—Disculpa, estoy un poco perdido. Nunca he venido a un sitio como éste, y además nunca me han dado un masaje.

Kevin corresponde a su sonrisa indicando:

—No tiene que preocuparse; muchos de nuestros clientes son aurores, algunos vienen sabiendo qué quieren y otros ni siquiera saben qué pedir.

—Cuéntame en el segundo grupo —bromea Harry divertido, y de repente la energía entre ambos se transforma. Harry está seguro desde ese instante, por una breve mirada, de que a Kevin -como a él- le gustan los chicos.

—¿Le duele algo? Si no quiere un tratamiento podemos darle un masaje de mantenimiento. Son más baratos y puede elegir masaje fuerte o masaje de relajación. Personalmente soy bastante bueno en los primeros.

—Creo que me vendría bien; me duele mucho el cuello.

Kevin saca un pergamino y comienza a anotar algo con una pluma blanca. Caramba, hasta las plumas a juego con el local, se dice Harry; Malfoy y su perfección. Pero le resulta divertido, de hecho ese color blanco y la voz de Kevin están ayudándole a sentirse bien. Hace tiempo que no está con un chico y el mago recepcionista parece bastante agradable. Tiene unos rasgos hermosos.

—¿Cuándo quiere la cita?

—¿Perdón? —dice Harry alterado, sonrojándose.

—Para el masaje, ¿qué día quiere?

—Ah. ¿Puede ser hoy?

Kevin coge un libreto abierto sobre la mesa y pasa varias páginas.

—Tenemos todas las horas completas, pero a las cuatro y media puedo hacerle un hueco. ¿Le viene bien?

El moreno sonríe y asiente:

—Está bien. Vendré a esa hora, entonces, como me ha indicado.


CONTINUARÁ...