Disclaimer: Los personajes de Bleach son enteramente propiedad de Tite Kubo. Yo soy tan sólo una fanática loca que intenta emparejar por todos los medios a Ichigo y Rukia para su satisfacción.

Notas de la autora:

Otro One-Shot nocturno. Según yo, ya no subiría más, pero no me resistí —le arrojan muchas bolas de papel y piedras—. El título lo saqué de un vídeo de youtube que me mata de risa. Quizá use esta misma historia para poner otros One-shots, aunque todavía no sé ¿Ustedes que opinan: por separado o aquí mismo?

Como siempre, las amo.


Soy copa A

Se observó largo y tendido en el espejo de cuerpo completo, en la habitación de Ichigo. En el Instituto, seguramente estarían en clase de educación física. Se escapó de ésta porque no pudo soportarlo. Sonaría muy estúpido para una Shinigami, pero en su papel de adolescente, estaba totalmente justificado: no quería que la vieran así.

Se quitó el saco del uniforme y permaneció con su blusa blanca abierta.

—Son demasiado pequeñas —musitó irritada, con la imagen que le regalaba aquel cristal. Por Dios ¡Tenía más de ciento cincuenta años! Ellas ya no crecerían.

Jamás le había importado algo tan trivial, pero desde que vivía en el mundo humano, esto comenzaba a traumarle. Es decir, no únicamente las humanas tenían un buen tamaño de pechos; Isane, Matsumoto, Nemu, Yoruichi, entre otras, eran los dignos ejemplos de que la sociedad de almas también contaba con buenas delanteras. Se deshizo con brusquedad de su blusa y su sujetador rosado: tabla de planchar, regla parada, campeona de natación (porque nada de pecho, y nada de espalda), maga (nada por aquí, nada por allá), entre muchos otros apodos crueles, servían para describir su situación.

—Debería hablar de mi gigai con Urahara —se ordenó, buscando una solución para sus pequeños problemas. Su piel en esa zona era, aún, más blanca. Palpó delicadamente sus pequeños bultos y encontró graciosas esas pequeñas entidades rosadas que se erigían en el centro.

En ese momento, escuchó que la puerta se abría.

—¡¿Q-qué putas haces… Rukia? —exclamó Ichigo escandalizado ¿Y cómo no iba a estarlo? La ojiazul se encontraba semi-desnuda en su cuarto.

—¡T-tú qué haces aquí! —respondió atónita. Él debería estar en el Instituto.

—Saliste corriendo de la escuela, idiota —murmuró Ichigo, con el rostro completamente rojo— ¡C-cúbrete!

La morena reaccionó y tomó su blusa del suelo para cubrir su torso desnudo.

—¡Vete! —vociferó avergonzada.

El chico de cabellos naranjas parecía en trance, esto era demasiado para él.

—¿Por… qué te fuiste? —musitó Ichigo, ignorando su orden.

—Por… —se detuvo, no le diría al cabrón de Ichigo Kurosaki uno de sus mayores complejos— ¡Por que sí! Lárgate —sentenció enfadada, cruzándose de brazos.

—¡Eso haré! —Le espetó molesto— A mí que me importa que te saltes clases para… irte a toquetear —expresó la última palabra con bastante dificultad— ¡Solo hazlo en otro lugar que no sea en mi habitación!

—¿Toquetear? —Repitió indignada— ¡Tú no sabes lo que es para una chica estar más plana que una tabla de planchar e ir a clases de educación física junto a otras chicas como Orihime! —soltó furiosa, se arrepintió con creces cuando tomó conciencia de sus palabras.

El rostro del ojimiel se pintó de mil colores.

—¿Por esa razón te fuiste? —inquirió sorprendido. Ella asintió— A-así s-son b-bonitos… —explicó atropelladamente, observando el suelo— no tienes por qué avergonzarte.

Rukia le miró boquiabierta.

—¿Es en serio?

—S-sí —afirmó con pudor, rascándose la cabeza.

Afonía.

—¡Vete! —le espetó la chica Kuchiki con furia renovada. Él salió velozmente, dando un portazo. Cuando comprobó que el estúpido de Ichigo abandonó por fin la pieza, esbozó una gran sonrisa.

La única opinión que realmente le interesaba, era la de él.