Disclaimer: Harry Potter es de JK Rowling y yo no gano dinero con esto T-T

N.A.: Este fic está escrito para odisea_strauss, por el san_drabbletin de LiveJournal. Por tanto, está basado en la idea que tiene ella sobre los personajes de Rita Skeeter y Ludo Bagman, que es la siguiente: "Rita tiene un año más que Ludo, se conocen desde niños por comidas y fiestas de gente sangrepura. Ambos fueron a Slytherin."

Espero que te guste, Odisea, aunque esto llegue un poco tarde :)

Repollo

Había dos cosas que daban más miedo que pasar una noche entera en el Bosque Prohibido: pasar una noche entera en el Bosque Prohibido sin varita y Rita Skeeter a la caza de una nueva noticia. Y quién dice "noticia" dice "indicio", que no es sino una manera bonita de llamar a un vulgar rumor de los de toda la vida. Los preferidos de la señorita Skeeter, orgullosa Slytherin y directora y solitaria integrante del único periódico existente en Hogwarts. "La Voz de Hogwarts", lo llamaban algunos. "Cuatro papeluchos llenos de tonterías", lo llamaban otros.

Aunque eso a Rita le daba igual. Ella seguía y seguiría publicando mientras continuase habiendo noticias. Sin embargo, éstas habían empezado a escasear en los últimos tiempos. Cualquiera diría que la gente se estaba escondiendo de ella. Imposible. Nada escapaba a su ojo clínico y su lengua viperina. ¿Nada? ¿Acaso el último escándalo en Gryffindor no había pasado delante de sus narices sin enterarse?

Pero no iba a volver a ocurrir. Tenía la sospecha de que Katie Armstrong estaba engañando a su novio Phillippe Potts, ambos alumnos supuestamente ejemplares de la casa Ravenclaw. Pero no era nada que no supiera todo el mundo. Así que necesitaba algo más. Carnaza que ofrecer a sus lectores. Tenía que saber quién era el tercero en discordia en aquel affair.

Y era por eso que aquella tarde de mayo, en lugar de estar estudiando para sus TIMOs, Rita Skeeter se encontraba escondida tras unos setos, al lado del lago, observando cómo Katie fingía estudiar apoyada en el tronco de un árbol. Porque la muchacha tan sólo lanzaba miradas fugaces al libro, y el resto del tiempo lo pasaba mirando a su alrededor con cara aburrida, como si por sujetar aquel pesado mamotreto los conocimientos le fueran a pasar por ósmosis. O como si estuviera esperando algo. O a alguien.

A su amante.

Sin embargo, aun después de media hora, allí no había aparecido nadie. Lo más interesante que había pasado era que Katie se había sacado un moco y lo había pegado en el árbol, pensando que nadie la veía. "Maldita sea", musitó Rita, entre dientes. Eso no le daba para una noticia de portada.

Y lo peor es que empezaba a tener calambres en los muslos por la postura forzada. Intentó acomodarse, sin más éxito que mancharse la falda de barro y despeinarse sus rizos, cortos y rubios. Aquellos rizos que, según algunas opiniones, le daban el aspecto de cierta hortaliza.

–Eh, Repollo.

Rita Repollo Skeeter se dio la vuelta, alarmada, para descubrir a un ufano Ludo Bagman con su uniforme de quidditch de Slytherin, agachado tras ella. Pronto su expresión de sorpresa se tornó en una de impaciencia.

–¿Ya has estado siguiéndome otra vez, Bagman?

–Yo no te sigo, Skeeter. Es que tus rizos se ven desde cuatro millas a la redonda. Y yo me siento inevitablemente atraído por la fuerza de su gravedad –replicó, mofándose.

Rita torció la boca y decidió ignorarle. Lo único que quería ese maldito niñato era un poco de atención. Y ella no pensaba dársela. Y menos ahora que Katie parecía haber encontrado un punto interesante en el horizonte, posiblemente su amante, aunque lo cierto es que Rita no podía distinguir nada. Sólo esperaba no estar perdiendo vista, encima. Lo que le faltaba, tener que llevar gafas. Seguro que al imbécil de Ludo Bagman se le ocurrirían mil bromas sobre eso.

–Oh, vamos, Repollito, no te enfades. Ya sabes que a mí me encantan tus rizos –dijo, y le revolvió el pelo con su enorme manaza de Golpeador, como acostumbraba a hacer.

Rita se apartó como si le hubieran quemado, y lo fulminó con sus penetrantes ojos azules.

–No me toques.

Cualquiera hubiera sabido que aquello era una amenaza de muerte, cualquiera excepto Ludo Bagman. Él se lo tomó como una invitación.

Así que agarró a Rita con un brazo y comenzó a frotarle el cabello con el otro, mientras ella intentaba librarse desesperadamente. Forcejearon, mientras Ludo reía y Rita intentaba alcanzar su mochila para coger la varita, en vano. Hasta que Ludo perdió el equilibrio y cayó hacia delante con Rita todavía en sus brazos, aplastando el seto y descubriéndose ante Katie. La Ravenclaw dio un gritito y se levantó, asustada.

–Slytherins –murmuró, con desprecio, antes de coger su libro y alejarse con paso presuroso.

Ludo Bagman soltó una carcajada, y al fin dejó libre a Rita, que se arrastró torpemente por la hierba y se levantó, un poco aturdida. Y enfadada. Muy enfadada.

–Acabas de hacerme perder la noticia de la semana, imbécil. Me las vas a pagar –escupió, amenazante.

–Uuuh, qué miedo, Repollo –rió él, aún tumbado en el suelo–. ¿Sabes que estás preciosa con el pelo alborotado?

Ella lo miró con una mueca de profundo asco desde arriba, mientras él se incorporaba un poco, apoyándose en sus brazos, demasiado musculosos para un chico de catorce años.

–Vete a la mierda, Bagman.

Y dicho esto, recogió su mochila, junto con la poca dignidad que le quedaba, y se marchó.

oxoxoxoxoxoxoxoxoxoxoxoxo

Las semanas siguientes no mejoraron en lo que a noticias se refiere. Rita no sabía si es que todo el mundo estaba encerrado estudiando o es que de repente se habían vuelto unos santos. Tenía que conformarse con escribir ridiculeces que no le interesaban a nadie, como "Consejos para la época de exámenes" o "¿Quién decide el menú de Hogwarts?: La vida de un elfo doméstico en las cocinas". Y, francamente, para escribir eso, prefería no escribir nada.

Así que, muy a su pesar, se metió con sus libros en la biblioteca y prácticamente no salió de allí. Estaba estudiando más que en toda su vida. Hasta sus rizos, normalmente tiesos y vivarachos, se resintieron, quedándose lacios y opacos, sin vida.

Era el sábado justo antes de los exámenes, y Rita estaba pasando a limpio los últimos apuntes de Historia de la Magia, materia de la que se examinaría el lunes. Había conseguido mantenerse más o menos alejada de Ludo Bagman, pasando la mayor parte del tiempo en su habitación o en la biblioteca, lugar que el muchacho no había pisado en todo el año. Hasta que, justo cuando estaba terminando de escribir el apartado de las revoluciones de los duendes, Ludo Bagman descubrió su nuevo escondite. Quitó la mochila de Rita del asiento contiguo y se sentó a su lado sin preguntar, con su sempiterna e impertinente sonrisa en la boca. Ella hizo como si no lo hubiera visto, aunque sus labios se apretaron con disgusto.

–Hola, Repollo.

Rita hizo caso omiso y continuó escribiendo, con tanta fuerza que pareciera que el pergamino se iba a romper de un momento a otro. Podía notar la mirada de Ludo en su nuca, esperando alguna muestra de atención. Pero ella no pensaba dársela.

–¿Qué les ha pasado a tus rizos, Repollito? Están como tristes. Creo que necesitan mi toque especial...

No la vio, pero Rita supo que la mano del muchacho se acercaba peligrosamente a su pelo. Se dio la vuelta de repente, como si alguien hubiera pulsado un resorte, con la varita en ristre. No pensaba volverse a dejar pillar por sorpresa.

–Ni se te ocurra, Bagman –dijo, y su voz sonó amenazante y áspera incluso en susurros.

Bagman se quedó petrificado, y por un momento su sonrisa tembló. Pero se recuperó enseguida.

–¿Vas a atacarme, Repollito? –rió, socarrón.

Rita lo miró de una manera que decía que sí, que planeaba atacarle de un momento a otro.

–Vale, vale, no sabía que eras tan susceptible –dijo él, poniendo las palmas en alto, como si ella le estuviese atracando.

Los ojos de Rita echaron chispas.

–¿Susceptible? –escupió–. ¿Susceptible? –repitió, subiendo el tono de voz, con lo que los estudiantes de alrededor le lanzaron miradas iracundas.

–Sí, bueno, pensé que una periodista como tú –comenzó Ludo, con cierta mofa– sabría lo que significa esa palabra.

–Sé perfectamente lo que significa, imbécil.

Y dicho esto se levantó, aún con la varita en la mano. Ludo puso cara de que Rita le hubiera lanzado una maldición de mocomurciélagos.

–¿Qué mosca te ha picado? –musitó él, dolido.

–Tú, Bagman, tú me has picado. Todo el día detrás de mí, revolviéndome el pelo y llamándome por ese ridículo mote. ¿Es que acaso te crees gracioso? Noticia de última hora: no lo eres.

–Rita...

–Ni Rita ni hostias. Por si no tengo bastante con tener que aguantarte en las fiestas de mis padres, te tengo que aguantar aquí. ¿Por qué demonios te ha dado este año por perseguirme? ¿No tienes nadie más con quien demostrar tu "genial ingenio"?

–Rita, creo que...

–No me interrumpas. Me arruinaste la única noticia que había tenido en meses, y encima ahora me vienes con recochineo. Tienes suerte de que no te deje lisiado para el resto del añ...

Y Rita hubiera seguido por mil años más, posiblemente, pero justo entonces la señora Pince apareció como de la nada, colérica, y les echó entre gritos, completamente indignada porque alguien osara perturbar la paz de su biblioteca.

Rita huyó rápidamente hacia su habitación, con sus libros hechos un gurruño en la mochila, sin darle oportunidad a Ludo de contestarle.

Pero lo cierto es que no hubiera hecho falta. Porque Ludo Bagman, temible Golpeador de Slytherin y ocurrente cómico con una broma siempre preparada en la punta de la lengua, se había quedado sin palabras.

oxoxoxoxoxoxoxoxoxoxoxoxo

"Esta vez la he cagado pero bien", pensaba Ludo, tumbado en su cama la noche de aquel mismo sábado. No podía quitarse esa sensación opresiva que se había instalado en su pecho desde que Rita le había gritado en la biblioteca. Tampoco podía dejar de pensar que no era para tanto, qué demonios, Rita siempre había sido un poco histérica, y más cuando se trataba de "sus noticias". Sí, una maldita histérica.

Pero era su histérica.

Y por eso la sensación opresiva seguía ahí, impertérrita, omnipresente, fuera donde fuera. Por las barbas de Merlín, ni siquiera tenía ganas de comer. Ni de dormir. Y eso era más que preocupante, teniendo en cuenta que comer y dormir eran dos de los pasatiempos favoritos de Ludo Bagman. Tampoco tenía ganas de estudiar, pero eso ya era más normal en él.

Por suerte, Ludo no era una de esas personas que se dejan sobrepasar por las circunstancias. Así que iba a tomar cartas en el asunto.

oxoxoxoxoxoxoxoxoxoxoxoxo

Lunes. Primer día de los TIMOs. La luz de la mañana inundaba los terrenos de Hogwarts, los pájaros cantaban, y no había ni una sola nube en el cielo. Era como si el tiempo hubiera decidido hacer rabiar a los alumnos de quinto, mostrando su mejor cara cuando ellos no podían disfrutarla. Y es que todos los alumnos de quinto año pululaban en una nube de ansiedad en la antesala del Gran Comedor, haciendo vanos repasos de última hora, mordiéndose las uñas, y muriendo de nerviosismo. La misma cantinela de todos los años, vamos. Algunos suspenderían, otros aprobarían, y unos pocos destacarían. Nada nuevo bajo el sol.

Rita Skeeter se pasó los dedos por el pelo, en un vano intento de arreglar el despropósito capilar que se había instalado en su cabeza. Sus rizos estaban más tristes que nunca. No podía esperar a que terminasen los exámenes para volver a casa e ir a la peluquería.

Y en esas fruslerías estaba pensando cuando oyó la explosión. Tras unos instantes de tenso silencio en los que el castillo entero pareció contener la respiración, el caos en forma de murmullos y gritos indiscriminados se expandió entre los alumnos.

Nadie supo exactamente cómo había ocurrido, pero un incendio se había producido cerca del despacho de Belvina Cramps, profesora de Defensa Contra las Artes Oscuras. El fuego se había mezclado con algún producto que Belvina tenía allí guardado, y todo había explotado en una orgía de luz y de color.

A pesar de que la administración de la escuela trató de esconderlo, de alguna manera se filtró que los productos que Belvina Cramps tenía escondidos en su despacho eran Bienes no Comerciables de clase A, que la mujer había estado guardando y con los que comerciaba en secreto durante sus visitas a Hogsmeade. Según el artículo aparecido en "La Gaceta de Hogwarts", antes de que varios miembros del Ministerio de Magia se la llevaran de la escena del crimen, gritó que "el sueldo de profesora era una mierda". Dicho artículo, firmado por la joven aspirante a periodista Rita Skeeter, fue todo un éxito, y se vio publicado posteriormente en "El Profeta", donde la muchacha hizo unas prácticas aquel verano, y donde más adelante comenzaría a trabajar como reportera.

Y así, durante muchos años, Rita Skeeter no tuvo que volver a preocuparse por sus rizos, para regocijo de ella y de Ludo Bagman, con quien misteriosamente se había congraciado de nuevo tras aquel incendio.