Discalmeir: Los personajes Harry Potter no me pertenecen, ya quisiera yo – pero si no me creen pregúntenle a J.K. Rowling o a la Warner- por que si lo fueran, Sirius ni Lupin hubiesen muerto y Snape se hubiese ido algo más dignamente al "patio de los callados"… T.T

Discalmeir 2: Las canciones que aparezcan –de vez en cuando- en este fic, pertenecen completamente a sus autores, yo solo utilizo su música como banda sonora para esta historia y no gano nada con ello (lamentablemente, dado que les doy algo de publicidad gratuita)… así que, por favor, abstenerse de demandarme =P

Advertencia: Tienes spoiler del séptimo libro y se necesita conocer el final de la saga, por que es una especie de continuación. Así que para aquellos quienes no lo han terminado, lean bajo su propio riesgo.

Prólogo

Resumen: Después de la muerte de Voldemort, el mundo mágico –y Harry Potter- tratan de volver a la normalidad, pero esto no es fácil. Las pesadillas y la culpabilidad atacan durante la noche, por lo que Harry decide finalizar sus estudios para mantener la mente ocupada y ahuyentar a los múltiples fantasmas que le acosan, sobre todo después de que Hermione mencionara: "Voldemort fue el mago más malvado y cruel de los últimos tiempos, pero no fue el primero y probablemente, no será el último". De vuelta en Hogwarts, el joven mago se encontrará con una niña que tomará bajo su cuidado y tendrá que cambiar su rol de aprendiz por uno de mentor, comprendiendo así lo difícil que es guiar a otra persona.

Once años antes

La oscuridad se cernía sobre el paisaje y una poderosa tormenta se desataba sobre un frondoso bosque, mientras que los truenos retumbaban con fuerza como gritos de un gigante adolorido y la lluvia caía con tanto ímpetu, que parecía querer limpiar al mundo de todos los pecados. Pero fue la aparición un gran relámpago, el que dejo ver que tres figuras corrían con mucha urgencia a través de estrechos y poco transitados senderos en esa noche imposible, evitando como mejor podía las zarzas y ramas que podían lastimarlos, aunque sin mucho éxito.

Estas tres figuras antes mencionadas, llevaban largas capas ondeantes y la cabeza descubierta, siendo despeinados por causa del fuerte viento. Esto último, era lo que producía que la tormenta fuera más molesta aún para estas tres personas, ya que la lluvia golpeaba con agresividad sus rostros, siendo las capuchas inservibles en un clima como ese. Los tres desconocidos parecían temerosos y expectantes, ya que continuamente miraban por sobre sus hombros, como esperando que tarde o temprano algo maligno cayera sobre ellos.

Dos de los tres fugitivos tenían una estatura y complexión similar, pero uno de ellos se aferraba —casi con desesperación— a un bulto que llevaba, el cual parecía demasiado delicado como para tratarlo sin miramientos; mientras que el tercero, que era más alto que el resto de sus acompañantes, corría detrás, al parecer, cubriéndoles la retaguardia mientras mantenía una expresión alerta.

—Escondamos en los matorrales, de momento, para descansar― dijo uno de los de menor estatura con una voz masculina de mando, mientras los otros asentían y lo seguían.

Se desplazaron cautelosamente hacia la derecha, internándose entre los zarzales que en un principio trataron de evadir, buscando un lugar donde refugiarse. Después de unos minutos de inspección, por suerte o gracia del destino, encontraron un árbol ahuecado en el cual la lluvia no se colaba y podían caber los tres individuos.

—¿Cuánto nos falta para salir de la propiedad, Zack? ―preguntó una voz femenina que pertenecía al desconocido que cargaba el bulto. Esta era una mujer de cabellos largos, rostro pálido y facciones aristocráticas.

—No más de quince minutos, Zafire ―respondió el mencionado. Un hombre de la misma edad de la mujer, cabellos cortos y facciones similares a la de su acompañante femenina, lo que se debía a que ambos eran mellizos.

El más alto no dijo palabra por unos instantes, este era un hombre de pelo completamente gris y de rostro surcados por arrugas profundas, además de algunas cicatrices que le daban aspecto de vejez; pero sus ojos grises despedían un brillo, en el que podrías reconocer una fuerza y un temple, que seria la envidia de cualquier hombre con la mitad de sus años.

—No puedo creer que nos siguieran buscando— habló finalmente el hombre alto a sus acompañantes―. Riddle lleva desaparecido más de siete años…

—Tal vez, pero no es el que-no-debe-ser-nombrado el que nos caza, Marcus― respondió la única fémina del grupo, muy preocupada―. Creo que nunca lo fue.

—Zafire tiene razón, Black ―habló Zack—, aunque puede no ser el Que-no-debe-ser-nombrado, pero eso no significa que sea menos peligroso.

Zafire, que era una joven que no pasaba la veintena, suspiró; sacudió un poco su cabello empapado de color castaño oscuro, mientras sus ojos —que eran de un color azul profundo—, miraron con preocupación el bulto que traía en sus brazos, para luego liberarlo suavemente de las mantas que lo cubrían.

Marcus miro con interés todo el cuidadoso procedimiento de Zafire, para luego dirigir su mirada hacia su hermano Zack, que montaba guardia. Este joven era casi una copia fiel a su hermana, solo que su rostro era un poco menos fino y su cuerpo menos curvo; y este parecido, a pesar de los años que llevaban conviviendo, todavía sorprendía al hombre de sobremanera, porque sus caracteres no podían ser más distintos.

—Me preocupa, el hecho que nos hallan descubierto tan rápido— soltó Marcus de improvisó, dirigiéndose a los hermanos—, creo que teníamos o tenemos un traidor entre nosotros.

—Eso es imposible, Marcus― se sobresaltó Zafire, negando fuertemente con la cabeza y desestimando la afirmación del hombre.

Mientras discutían, un leve llanto los sobresaltó. Todos dirigieron sus miradas al bulto que la mujer cargaba, este contenía un bebe de nos más de diez meses, al cual la joven acunó y arrulló con una leve tonada, para que este se calmara y dejase de llorar, ya que podía alertar a sus perseguidores.

—Creo que deberíamos volver a movernos― dijo Zack, después de suspirar con alivio cuando el bebe se calmó―, tiene que ser de manera diagonal entre los arbustos para que no nos detecten, tal vez nos demoremos un poco más, pero…

—…es lo más seguro— terminó la frase su hermana con convencimiento, mientras volvía ha arropar al bebe, para que la lluvia no lo empapara.

Las tres personas salieron finalmente de su escondrijo y, como habían convenido, empezaron a zigzaguear entre los árboles lo más silenciosos que pudieron, tratando de encontrar el camino más fácil de transitar, ya que en este bosque en particular, las zarzas se habían desarrollado de forma demasiado abundante.

Luego de veinte minutos y un poco más de zigzagueo, al fin pudieron encontrar un sector en el que podía moverse libremente, por lo que comenzaron ha correr con la mayor rapidez que podían, pero muy pronto se dieron cuenta que un grupo compacto de personas les seguía. El grupo perseguidor se apresuró para alcanzar a sus presas y con varita en mano, estos nuevo desconocidos lanzaron rayo tras rayo que parecían ser hechizos para detenerlos, pero Zack y sus compañeros lograron esquivarlos y a su vez los hermanos lograron contratacar, pero sus hechizos resultaron ser mucho más certeros .

Solo pasaron algunos instantes, para que el ambiente se viera saturado de hechizos que iban y venían, mientras que la tormenta recrudecía por momentos. Marcus, que iba en la retaguardia, se dio cuenta que sus perseguidores se iban acercando con demasiada velocidad y Zack, que iba en la delantera observó que como otro grupo aparecía delante de ellos, para cerrarles cualquier clase de escapatoria.

—¡Entréguenos al bebe! —gritó uno de sus perseguidores, al cual no se le veía el rostro—, y el líder les mostrara clemencia.

—¡No! —gritó Zafire, acercando al bebe a su pecho con un ademán protector.

—Tendrán que matarnos primero —apoyó Marcus a su compañera.

—Pues… si así lo prefieren —dijo el mismo desconocido con tono burlón.

Pero al terminar el incógnito atacante de decir estas palabras, el bebe —que ya estaba gimiendo de forma leve desde el comienzo de la persecución—, comenzó a llorar con un ímpetu impensado para un cuerpo tan pequeño. Esto hizo parecer que, a medida que el llanto se intensificaba, las ráfagas de viento también lo hacían, por lo que, muy pronto se formo un remolino de tamaño medio entre el grupo de perseguidores y perseguidos.

Este remolino —que a pesar de no ser de un tamaño muy grande— tenía la fuerza de un huracán, se precipitó hacia los atacantes que les cortaban el paso. Marcus vio una oportunidad en este hecho y se abalanzó con todo su cuerpo, contra el que parecía ser el líder del grupo, mientras gritaba:

—Rápido, salgan de aquí.

Zack tomó fuertemente el brazo de su hermana, dirigiéndola al sector donde nadie se interponía, haciéndole caso a Marcus pero rehusando prestar atención a las protestas de Zafire, que hablaba de ayudar a su compañero que no tenía la habilidad de defenderse de ningún hechizo. Finalmente, Zafire cedió ante la fuerza de su hermano y se lanzaron a la carrera, mientras el grupo perseguidor se sumía en un estado de gran confusión que solo fue momentáneo, en eso la joven volteó su rostro hacia el grupo atacante y se percató que de uno de ellos salía un rayo verde, para luego ver caer el cuerpo de Marcus, inerte.

—No… Marcus —pronunció Zafire mientras las lágrimas se deslizaban por sus mejillas, a la vez que trataba de calmar al bebe que aún lloraba.

—Salimos de la barrera… —pronunció Zack, con un hilo de voz.

Miraron hacia atrás y se percataron que sus perseguidores volvían a reorganizarse y que pronto se lanzarían tras ellos, Zack soltó la mano de Zafire y se separó un poco de ella.

—Debemos despistarlos —habló con decisión—, así que nos separaremos aquí, luego nos reuniremos en el lugar acordado —y con un movimiento de su varita creo una replica del bulto que contenía al bebe.

—Entiendo, yo me llevo a la pequeña —le respondió la muchacha con una dureza que sorprendió a su hermano, ya que no iba con su temperamento.

Sin agregar nada más, ni darle tiempo al joven a refutar su decisión, la joven tomó el camino contrario al de su hermano sin mirar atrás, para minutos después escapar con el sonido característico del hechizo de desaparición, el cual fue cubierto por un poderoso trueno.

Cuando Zafire llego al lugar de reunión horas después, un pequeño departamento en el centro de Paris, dejó al dormido bebé en la única cama de la habitación y se cercioró de que su hermano no hubiese llegado y de que su nuevo hogar, por esa temporada, fuera completamente seguro.

Finalmente, y viendo que el bebe seguía durmiendo apaciblemente, decidió darse una ducha; con la cual trató de deshacerse de todo: el cansancio, la suciedad, el frio, el miedo y el sordo dolor en su pecho por la muerte de Marcus, mientras que sus abundantes lágrimas se mezclaban con el agua de la regadera, cuando ya estaba dentro de la ducha.

Cuando termino de asearse, volvió rápidamente con el bebe, que aún dormía plácidamente en la cama y lo observó por unos momentos, prestando especial atención a la única herencia que le había dejado sus recientemente fallecidos padres; una cadena dorada de la que pendía una brillante lágrima de cristal.

—Mi pobre bebe —dijo la mujer en voz muy baja—, has perdido mucho esta noche, pero te juro que pase lo que pase, te protegeré —prometió la joven veinteañera, mientras besaba con cariño la frente del infante que aún dormía